martes, 8 de noviembre de 2011

Inocencio



       Creo que voy a zamparme entera (si el cuerpo aguanta) toda la nueva serie ‘Borgia’.  Sin mucha convicción. Entra bien, pero se ve poco fuelle, una historia que se agota en sus propios planos.
Pero salga como saliere, es un espectáculo que, a la vez que entretiene, invita a repasar la vieja chismografía de época: los Infessura, Burchard, Platina/Panvinio, Pontano, Baronio/Rainaldi, Egidio de Viterbo…, cada loco con su tema. Meditar (¿para qué?) sobre el eterno problema: la Historia imposible. [1]
Por lo demás, estos Borgia son ya un tópico en la pantalla, como fueron en la novela. Ayer el folletín, hoy el serial, artículos de entretenimiento que piden complicidad, entrar en el juego, y sobre todo no dar por malgastado el tiempo. A cambio, claro, de no creerte todo lo que ves, o te hacen que ves. Lo que vale es la recreación ambiental y animación visual de lo leído. Lo verosímil ante todo, dejando la veracidad en cuarentena.
Los autores de esta serie ofrecen, por lo que he visto, alguna justificación en esta misma línea, sacando a relucir, cómo no, el aforismo clásico de Ranke sobre la esencia de la Historia: «como propiamente fue». 
Als es eigentlich gewessen war. Clarísimo. ¿Y ahora, qué? ¿Qué hacemos con esa perogrullada? Los primeros en saltarse la regla fueron los testigos contemporáneos, que nunca hablaron porque sí,  arrebatados platónicamente por la ‘Verdad verdadera’ rankiana. Cada cual servía a un patrón o tenía una causa. ¿Cómo tomar sus testimonios?
La saga de los Borja o Borgia es clásica en este sentido. Es casi imposible construirla de forma que no asome el folletín, porque los testimonios directos ya  son folletinescos, o tomaron la pluma para desmentir folletines.
Si ninguna historia se resuelve como un teorema matemático, la de los papas del Renacimiento tiene más de conjetura que de teorema. Empezando por la pregunta: ¿en qué creía de veras aquella gente?
Con este preámbulo teorizante, entremos en el serial y centrémonos en el personaje que desaloja el Vaticano y este mundo, para que Rodrigo Borja los gane en buena lid, según las reglas-trampas de aquel juego. Nada de hacer historia, hablamos sólo de una película.

Las fiestas del Cibo              
El 25 de julio de 1492 muere Juanbautista Cibo. La confirmación científica de su fallecimiento corre a cargo del protomédico apostólico. Pero la declaración oficial la pronuncia el que a mí me parece el personaje mejor caracterizado de lo visto hasta ahora: ese ceremoniere impecable, como salido de alguna tabla de Piero della Francesca.
Nombro a este  pintor, entre otros –Mantegna, Ghirlandaio, Pinturicchio etc.–,  porque también él moría precisamente aquel año, el 12 de octubre, cuando Colón zarpaba a descubrir América… ¡para mayor gloria del difunto Inocencio VIII! Esto último es lo que insinúa, traído por los pelos, la inscripción que en 1621 pegaron a la tumba del papa. La única, o de las pocas, del viejo San Pedro que se repuso en el nuevo. Una obra maestra de Pollaiolo, profanada por ese letrero. El otro, el original, es más simple: «Yo en mi Inocencia he caminado…»
Inocencio, Inocencia, inocente… Era el mismo lema que Cibo había hecho grabar en su anillo. El mismo anillo que el maestro de ceremonias rompe con unas pinzas y un martillo ante el Colegio de cardenales, en señal de que no hay papa, ellos son el poder en la Iglesia.
«En mi inocencia he caminado». Un lema como de encargo para la sátira. Sannazaro, por ejemplo, jugando con Inocencio/Inocuo, le saludaba como semental de Roma [2]:

Innocuo priscos aequum est debere Quirites:
     Progenie exhaustam restituit patriam.
(Los antiguos quirites en justicia lo deben al Inocuo:
Él restauró la patria exhausta de descendencia.) 

A Inocencio-Inocente ya en vida le llamaban ‘Nocens’, el Nocivo; y como era Octavo de su nombre, pues eso:

Octo Nocens pueros genuit totidemque puellas:
  Hunc merito potuit dicere Roma ‘patrem’.

(El Nocivo engendró ocho chicos y otras tantas chicas: 
    Roma con toda razón ‘padre’ le pudo llamar) [3]

Siempre se exagera, y más en estas hazañas. Infessura, por las fechas del papado de Cibo, casi le disculpa bajo ese concepto, «teniendo en cuenta que es hombre joven, y genovés, con siete hijos entre varones y hembras, habidos de distintas mujeres». Más grave era, según él, «la calidad de su elección, mucho peor que la de Sixto V, lo que hace prever secuelas muchísimo más negativas».
En fin, los más prudentes se quedaron con la mitad de la mitad. Como el sabio agustino fray Onofre Panvinio, que sólo nombra a una hija y un hijo (Teodorina y Franceschetto), más una nieta, pasando los demás por ‘nepotes’. Pero eso sí, todos coinciden en que si no fue el primer papa con hijos, ni tampoco el inventor del nepotismo, Cibo fue el primer ‘Papa-papá’, que reconoció en público a sus vástagos y convirtió el Vaticano en hotel para sus banquetes de bodas.
El Inocencio de la serie ‘Borgia’ queda desdibujado con acierto, porque debuta ya viejo y enfermo y no debe quitar relieve al protagonista Alejandro. Pero es que también el Inocencio histórico es borroso, como si en vez de un solo retrato viésemos superpuestas transparencias varias. Panvinio le trata bien, pero lo hace en tono panfletario contrarreformista, a la defensiva. Y aunque cuando él quiere no se muerde la lengua, tampoco la suelta lo que quisiéramos nosotros:


«Liberal, humano, diligente… en él no había soberbia, sólo humanidad infinita y compasión hacia los pobres… enemigo de guerras, gran observante de la justicia… fue también de agudísimo ingenio y penetración.» 

Suena a hueco ese tono hagiográfico, empalagoso, cuando por otra parte vemos que fray Onofre en sus vidas de papas no hace ascos a tanta canonjía y abadía, tanta mitra y capelos otorgados a voleo, incluso a jovenzuelos viciosos; como tampoco habla mal del derroche en lujo, bambolla y francachela.  
Al bueno de Inocencio le gustaba complacer. Dinamarca, Noruega, tenían un problema: allí arriba no había vino de consagrar, o si lo había se helaba en la misa. «Pues digan ustedes misa seca», les dijo el papa en una bula muy comentada [4].
¡Que si le gustaba complacer! Esteban Infessura en su Diario cuenta que el obispo vicario de Roma prohibió a clérigos y laicos, so pena de excomunión, tener concubinas, porque el escándalo minaba la fe del pueblo [5]

«Enterado por las quejas el Santo Padre, le llamó al orden con aspereza, ordenándole retirar de inmediato el edicto, pues no había prohibición formal. El resultado fue que apenas hubo nadie sin concubina, o en su defecto alguna prostituta, para alabanza de Dios y de la fe Cristiana.» 

La noticia es rigurosamente cierta, y el edicto está en el Archivo Vaticano, con fecha de 14 de agosto 1489. Pero hubo más, según el diarista:


«Debió de ser con tal ocasión cuando se censaron las meretrices públicas de Roma, hasta 6.800, sin contar las que viven en concubinato y las que ejercen en privado, en grupos de cinco o seis mujeres, cada una con uno o varios chulos. Así es cómo se vive en Roma, la ciudad Santa y capital de la fe.»

Bajo aquel papa tan celoso de la justicia la corrupción era rampante. La falsificación de bulas y diplomas era tan corriente, que en la propia Dataría Apostólica se montó una oficina paralela de lo falso, de modo que el que se agenciaba un beneficio podía tener la sorpresa de no ser el único comprador. Y más dice Infessura: los que planeaban algún delito, antes de acometerlo hacían componenda con el juez, que era como pagar la licencia.

¿Qué queda entonces del otro Inocencio? «Su bondad fue tanto más alabada, por contraste con las cualidades de su sucesor» [6], dice fray Onofre con cierta incongruencia, pues nadie en vida de un papa sabe qué tal va a ser el siguiente. Y el siguiente fue nuestro Borgia, al que el mismo biógrafo hará muchísimo peor por contraste, al decir mucho de él y poco bueno. Después de todo, era español y marrano.

Leche de mujer, sangre de niño
En la serie ‘Borgia’, Rodrigo Borja para ganar tiempo y votos procura alargar la vida del papa. Entran aquí dos escenas muy bien hechas: la ingesta de leche de mujer y de sangre infantil. Ambas son verosímiles, aunque no ciertas.
Empezando por la segunda, es verdad que el diarista romano Infessura habla de ello: 

«Cierto médico judío, que había prometido devolver la salud al papa, al efecto extrajo sangre de las venas de tres chicos de diez años, a los que pagó sendos ducados tras la flebotomía. Ellos murieron in continenti y el judío se dio a la fuga, pero el papa no sanó. » [7]
  
Esta anécdota de «la primera transfusión (sic!) de sangre en la historia de la medicina» por mano de un judío hay que tomarla con reserva. De vez en cuando resucitaba el rumor –propalado, supongo, por médicos cristianos para espantar a la competencia hebrea– de que la medicina judía no hacía ascos al infanticidio para obtener sangre. Tales hablilla se basaban, entre otras cosas, en un pasaje de la famosa Donación de Constantino; un documento que se había puesto de actualidad desde que el humanista Lorenzo Valla demostró que era falso. Falso o no, era lo de menos. La sangre juvenil venía recomendada muy en serio para la gente mayor por otro humanista médico y sacerdote cristiano de alta reputación: Marsilio Ficino (1433-1499).
Con el texto de Marsilio Ficino matamos de un tiro dos pájaros. Mejor dicho, tres. Vamos a verlo [8]:
Lib. II Longevidad. Cap. 11:  Uso de leche y sangre humanas para revitalizar a los ancianos

«A menudo recién cumplido el décimo septenario, y a veces ya tras el noveno, el árbol humano se va secando poco a poco. Lo primero que ha de hacerse entonces es regar ese árbol con líquido juvenil para que reverdezca. Escogerás por tanto una muchacha sana, hermosa, alegre y templada, y famélico chuparás su leche en luna creciente, tomando luego un poco de hinojo en polvo bien azucarado. El azúcar no deja que la leche se corte o se pudra en el vientre, mientras que el hinojo, sutil como es y amigo de la leche la expandirá hacia las extremidades.
A los devorados por consunción senil, los médicos diligentes procuran rehacer con líquido de sangre humana destilada en caliente hasta sublimación. ¿Qué hay de malo, entonces, en que a los ya casi agotados por la vejez les reconstituyamos a veces también con esta bebida?
Hay una creencia común y antigua, según la cual, ciertas vejezuelas brujas, o ‘lechuzas’, como las dicen vulgarmente, chupan sangre a los niños con el fin de rejuvenecerse en parte. ¿Por qué nuestros ancianos desahuciados no van a sorber sangre de adolescente? Adolescente voluntario, se entiende, sano, alegre, templado, con sangre de primera calidad, aunque tal vez excesiva. Así pues, succionarán como sanguijuelas de la vena del brazo izquierdo recién abierta, una onza o dos, tomando a continuación otro tanto de azúcar y vino; y esto lo harán estando hambrientos y sedientos, en luna creciente. Si la sangre cruda se digiere mal, cocerla primero junta con el azúcar; o bien, mezclada con el azúcar, destilarla con moderación al agua caliente y luego beberla.»

Ya tenemos los tres ‘pájaros’ juntos: la virtud reparadora de la leche joven, la de la sangre joven y el vampirismo de las brujas.
La obra dietética de Ficino iba dedicada a Lorenzo de Médicas, el Magnífico. No era, pues, ningún libro clandestino. Lorenzo era el padre de ese cardenal Juanito de Médicas, el gordito simplón y medio bobo que (ya fuera de la serie TV) será papa León X.
Antes Marsilio ha mencionado también el oro potable: otro reconstituyente precioso que la charlatanería médica preconizó, con los efectos nulos o más bien desastrosos que cabe suponer. A esa ingestión áurea alude César Borgia en un episodio, a propósito de su madre enferma.
En ‘Borgia’ la sangre no se chupa, se bebe, probablemente sublimada al modo que dice Ficino, esto es, aguada y hervida al baño de María, por la debilidad estomacal del enfermo. De hecho, el historiador Pastor da por supuesto que el padre santo la devolvió [9]. 
Más realista y muy conseguida en la artístico es la escena de la augusta mamada pontificia, en presencia del Sacro Colegio, con la oronda nodriza muy en su papel, dejando y tomando a su crío en brazos del estupefacto maestro de ceremonias y cobrando su salario con toda dignidad y distanciamiento. Un aplauso cinéfilo a una escena más hilarante que probable. Me explico.
En efecto, a diferencia de la sangre, sobre la leche no he visto nada a propósito de Inocencio, sí sobre algún otro papa más moderno, no recuerdo cuál. Debió ser bastante corriente. En el Archivo de Simancas hay una carta del Cardenal de Granvela (Madrid, 10-12-1582), sobre el ‘Alimento que tomaba el Duque de Alba en sus últimos días’ [10]:

«El Duque de Alba estaba indispuesto en Lisboa, y muy flaco por haberle sobrevenido cámaras y calentura lenta, pero como mamaba a una mujer se hallaba algo mejor. Dios le dé salud» etc. 

 Como vemos, se toca con discreción un acto obviamente discreto, nada de tetadas en público ni en pleno consistorio. Los clérigos y gente letrada de entonces se sabían al dedillo la anécdota bíblica del rey David, acurrucado en su lecho en brazos  de la doncellita Abisag, cuya misión por tanto no era la lactancia, sino caldear la fría decrepitud del viejo (1 Reyes 1: 2 y sigs.) Cualquiera sabe cómo resolverían en el Renacimiento una situación semejante.

Inocencio, el de las brujas
La serie ‘Borgia’ aprovecha la última enfermedad del papa para hacerle decir que se siente embrujado, y recomendar a los cardenales presentes que acaben con semejante peste. Algo que el cura César Borgia ejecuta con sus propias manos, estrangulando a una de ellas. Pero aunque el guión lo pide aquí, el caso de las brujas no era nuevo.
 Uno de los borrones mas negros en la memoria de Inocencio VIII en particular fue haber desatado en Europa la gran cacería de brujas que se hace oficial con su bula Summis desiderantes (1484). Una cacería que se hizo sistemática y tuvo sus manuales teórico-prácticos de justificación y procedimiento, empezando por el Martillo de Brujas.
Como de esto ya me he ocupado, a lo escrito me remito. Sólo añadiré que el papa Inocencio no dio aquel paso por crueldad, sino cediendo a la superstición de su tiempo, y tal vez sin darse cuenta en toda su magnitud del desastre que desataba.  Una vez más, quiso complacer: esta vez, a una pareja de locos inquisidores dominicos, fray Erique Institoris (h. 1430-1505) y fray Jacobo Sprenger (h. 1435-1495), los autores del Martillo.
Ciertamente el peligro de la brujería era serio… a condición de no olvidar que también existen otros delitos no menos graves [11]:

«Fulminó terribles decretales contra las mujeres maléficas, adivinadores y hechiceros… y contra los que defraudaban a la Dataría

Con lo dicho, no sé si tenemos idea clara de quién fue realmente el papa Inocencio. Para los puritanos del sexo, un tipo normal, después de todo.
¿O no? Por supuesto que no. No estaríamos hablando de aquel siglo, si no hubo nadie que habló de nadie sin acusarle de pervertido sexual. Pero como esto se alarga, quede para otro día la vista de otro testigo harto maldiciente y menos conocido: el judío converso siciliano Guillermo Raimundo de Moncada [12]. Bien merece capítulo propio.
 _________________________________

[1] Stefano Infessura,  Diario dellaCittà di Roma. Ed. O. Tommasini. Roma, 1890. (Istituto Storico Italiano. Fonti per la Storia d’Italia. Scrittori-Secolo XV.  Johannes Burchardus Argentinensis, Diarium. Florentiae, 1834. (A. Gennari: Gli Scrittori e i Monumenti della Storia Italiana). C. Baronii, Od. Raynaldi, Jac. Laderchi, Annales Ecclesiastici.T. 30 (1481-1512). Bar-Le-Duc/Paris, 1877. Onofrio Panvinio, en Bartolomeo  Platina, Le vite de' Pontefici. Venezia, 1703.
[2] Sannazaro, Epigrammata, 35.

[3] Epigrama atribuido al Humanista Marulli.
[4] Panvinio, o. cit. 249.
[5] Ibíd., pp. 259-260.
[6] Ibíd., 249 v.
[7] Infessura, Diario, págs. 275-6. (bW) 
[8] Marsilii Ficini, De Vita libri tres. 1489 (In Agro Careggio).
[9] L. Pastor, Geschichte der Päpste, 3/1: 281, nota 5.
[10] Documentos inéditos para la Historia de España (DIHE), 35: 354.
[11] Panvinio, o. cit., fol 247 v.
[12] Perani, Mauro y Luciana Pepi, Guglielmo Raimondo Moncada, alias Flavio Mitridate: un ebreo converso siciliano. Officina de Studi Medievali, 2008.



lunes, 31 de octubre de 2011

Los chivatos de la paz



En esta curiosa paz que dictan los vencidos, para que los vencedores crean haber ganado ellos también,  habrá cosas que cambien para que todo siga como hasta ahora, de victoria en victoria hasta la derrota final del otro. Entonces reirá el último, que de momento sólo sonríe a la manera etrusca.
Cosas que cambien: como la violencia armada, como los guardaespaldas, y como los chivatos. La figura siniestra del chivato que recoge información sobre el objetivo del atentado terrorista, sus itinerarios, horarios y hábitos, para que el sicario vaya seguro sobre seguro, ha llegado a formar parte de la cultura del País Vasco, y en algunas zonas profundas hasta se dice que los chivatos de mérito gozan de predicamento social.
Esa gente vocacional durante años  y años ha acumulado una experiencia que en adelante no va a ser de utilidad. ¿O sí? Mirándolo mejor, sí. Los vencidos acaban de recordarlo: esto no es la paz, ni cosa que lo parezca; sólo el comienzo de una ruta hacia el objetivo ineludible, la independencia. Ahora más, si cabe, va a ser precioso para la neodemocracia vasca saber quién es quién, y para ello confeccionar el censo del auténtico Pueblo Vasco y los ficheros de afección y desafección al régimen. 
Los expertos en delación siguen siendo necesarios, aunque ahora su trabajo no será el de antes. Pero bueno, el que nació con talento para recopilar datos sobre los movimientos del vecino y la matrícula de su coche, bien puede ahora sentarse a leer blogs y comentarios a las noticias de prensa. Es la hora de los chivatos de la paz.
Esta reflexión ya me la hice en julio pasado, a propósito del ‘observatorio’ o behaterio de doña Garbiñe Petriati, en un artículo (‘Morir en euskera’), que por cierto anda en PDF por la red, bajo marbete de EKE (Euskara Kultur Elkargoa), sin haber contado conmigo ni para eso, ni para publicarlo en su boletín Sarea Gizarte (2011/08/08), bajo el epígrafe Besteak (los otros).
De nuevo, hace un mes, hube de reflexionar sobre lo mismo (‘Zigor’), al saltar la noticia de don Zigor Etxeburua y su proyecto de ‘registro completo’ de vascohablantes para la Diputación de Guipúzcoa.
Y una vez más –ésta ya con cierto sobresalto– acaba de aparecérseme la sombra del chivato husmeando en este blog.
En principio, nada anormal. Los índices están a la orden del día. ‘Blogger-Index’, por ejemplo, es un directorio visual mundial  que trabaja sobre más de 700.000 bitácoras en la Red fijándose en las de contenido de calidad y actualidad. Ahí entran algunas de mis páginas. No las que más me gustan, pero menos es nada. Este índice reproduce íntegros, con ilustración y notas (salvo los comentarios), mis artículos ‘Patria o lógica’, ‘Dos siglos de revolución vasca (1)’, ‘Laicosde mucha fe (2)’, ‘Los santos lugares’, ‘Morir en euskera’, ‘Cosillas deBerlanga’, ‘El que bien lee’ y ‘¡Por fin beato!’.

 «¡Vaya! Por fin alguien reconoce el trabajo bien hecho», me dije, olvidando por un momento la modestia que me es connatural.
Presa de la autoestima, deseoso de conocer mi propia valía, de tecla en tecla llego a otro contador, ‘PR-PostRank’. Y aquí empezó el mosqueo.
Estoy ante un listado de un centenar y medio de bitácoras –149 para ser exacto– seleccionadas como Blogs Proceso de Paz, por un paulrios sin más retrato que una silueta.



Ni reparé en detalles. Me busco y me veo ascendido en la semana, desde un puesto #46 a un decente #13, a sólo  2 puntos de un prócer bloguero como es don Josu Erkoreka (caído del #4 al #11); y de acompañarme la buena estrella otra semanita, desbancando nada menos que a don Iñaki Anasagasti (ascendente de #15 a #4 en el momento).
El paso siguiente del bloguero vanidoso es averiguar el color de sus plumas más cotizadas. Pues bien, esto es lo que parece decir una persiana emergente:



Con que 9 dieces y un 1.0 pelado, ¡qué raro! Además, ¿qué tiene que ver esto con la paz? ‘Sorbete de lágrimas’ es la reseña del último libro de Santiago González, el exitoso Lágrimas socialdemócratas. En cuanto a ‘Cándido en Fukushima’, el propio título indica que ni siquiera se habla de aquí.
Mejores entradas, la semana pasada, serían ‘Morir en euskera’ (10.0), ‘Chacolí-1’, ‘Cándido en Fukushima’ y ‘Los santos lugares’ (9.0), seguidas de ‘Zigor’ (8.5). ¿Qué hace ese ‘Chacolí’ en un proceso de paz? Como no sea para el brindis…
¿Y qué pinta aquí un blog de Pepe Blanco? ¿Haciendo además el #34, y sin que se pueda ver ni una sola entrada? En suma, no acierto a descubrir  pistas ni criterios de evaluación, tan sólo ese patrón tan raro, y en apariencia caprichoso, de los 9 dieces seguidos de un egregio suspenso.
¿Caprichoso? Para mayor perplejidad, sólo hay otro blog donde idéntico patrón se repite: el de doña Regina Otaola, #37, con 9 dieces y un 4.3. Un poquito mejor que mi 1.0, pero suspenso al fin. Como es bien sabido, Regina Otaola ha sido la portavoz del PP en Juntas Generales de Guipúzcoa, y en 2007 fue notoria su valentía de aceptar la alcaldía de Lizarza hasta 2010, en que renunció y anunció su retirada de la política. No conozco su blog, y no puedo decir si versa sobre la paz. Lo que parece notorio es que  la Sra. Otaola es un azote de ETA, y no pierde ocasión de expresar su antipatía frente a la banda terrorista.
Tal coincidencia de patrones y tan singular, lo reconozco, me puso algo receloso, y pareciendo matemáticamente imposible, sospeché si bajo la apariencia de una evaluación lo que se escondía era una manera de señalar. Algo así como un aviso dirigido a alguien: «Nueve dieces seguidos de un suspenso = ojo con este blog». ¿Chivato a la vista?
En este punto reparé en el blogmáster, el empresario y organizador de lo que parecía concurso inocente o carrera a la excelencia en pro de la paz. Fue un momento de zozobra, seguido de un respiro. Paul Ríos, Paul Ríos…  Toma, el anfitrión de lo de Ayete, el coordinador y portavoz de Lokarri. ¿Chivato Ríos? Quita, hombre, eso sí que no.
Lo curioso es que Paul Ríos tiene su propio blog. ¿Por qué no lo mete en lista? ¿Tan poco le importa conocer el ‘impacto’ de lo que escribe? Sin evaluación de impacto, hoy no se existe.
Hace tres días Ríos concedió a EL País una entrevista que levantó revuelo, por el titular que le pusieron, y él mismo en su blog se defendía como puede verse. En general, lo mismo que Lokarri, su coordinador ha pasado por ‘equidistante’ respecto a ETA y sus víctimas; un sambenito que él se quiere sacudir, con mejor o peor fortuna. Lo último de su blog es ofrecer por separado, bajo un mismo título (‘Empatizar con el sufrimiento’), sendos artículos testimoniales, uno de Borja Semper (PP) en ‘El País’, el otro de Axun Lasa, en ‘Gara’.
Al Sr. Ríos tengo que reconvenirle cariñosamente por el susto que me ha dado. Sin querer, por supuesto. ¿Qué sabe él ni siquiera que existo? Al mismo tiempo, recomendarle que depure la técnica de selección y evaluación, explicando con claridad sus objetivos y los criterios y parámetros que usa. Pero sobre todo, evitando esos imposibles numéricos, que cualquier despistado pueda toma por chivatazos. Por último, si es tan amable,  yo preferiría desaparecer de sus listas, para lo bueno y lo malo.
Lo cual no quita para que, a propósito del incidente, yo me reitere en la sospecha de que, en el silencio de las armas, podría ser la hora de los chivatos de la paz.






lunes, 24 de octubre de 2011

”Primero la verdad que la paz”



Vuelvo a Salamanca, y mi primer impulso me lleva a visitar la Casa-Museo de Unamuno. En la fachada, con un Víctor pintado, esta dedicatoria:
   
    
¿Es buena esa divisa? Pero ante todo, ¿qué significa?
El propio Unamuno lo explicó más de una vez:

«Mi divisa es: veritas prius pace, primero la verdad que la paz. Es mejor verdad con guerra que mentira con paz. Y, aquí por lo menos, los conservadores nos traen la paz de la mentira[1]

Aquella divisa quedó enmarcada el mismo año en el brevísimo ensayo De la correspondencia de un luchador (1909), incluido en ‘Mi religión’ y otros ensayos breves (1910). El ‘luchador’ era el propio don Miguel en su época de ‘agonismo’, tras la crisis religiosa que tuvo desde 1897. Esta vez decía:

«No me prediques la paz, que la tengo miedo. La paz es la sumisión y la mentira. Ya conoces mi divisa: primero la verdad que la paz. Antes quiero verdad en guerra que no mentira en paz.»[2]

Es aventurado trasponer una paradoja interiorista y casi teológica a una situación política laica, como la generada esta semana última con la Declaración de Ayete y el Comunicado de ETA sobre el cese definitivo de su lucha armada. Hay, sin embargo, entre las dos un aire de familia y una semejanza, en lo que tienen de psicodrama, histrionismo y teatro. Porque don Miguel tuvo toda la vida sus ribetes de histrión [3]. Y el engolamiento histriónico para lo solemne es otra seña de la identidad neovasca nacionalista.
Fuera de eso, la divisa viene como de encargo.
‘Primero’  y ‘antes’ son adverbios de orden, con sentido de prioridad en el tiempo, el espacio o, en este caso, la preferencia. Sólo en casos extremos puede implicar disyuntiva o alternativa, como en «antes  muerto que vencido»[4].
La expresión «verdad antes que paz» no debería llevar los sustantivos con mayúscula, porque no se trata de la Verdad ni de la Paz abstractas o absolutas; tan absolutas, que cada cual tiene la suya, y tan abstractas que en lo práctico sólo sirven para inscripciones.
Lo que queremos realmente es ambas cosas a la vez, adjetivándose mutuamente: paz verdadera y verdad pacífica. «La verdad y paz se besan» (Salmo 84/85: 11). Siempre con la verdad por delante, porque sin verdad no puede haber paz, sólo chapuza. 
Si el terrorismo se disfraza de ‘enfrentamiento armado’, si se habla de conflicto donde no lo hay, si se equiparan delincuentes y policías, víctimas inocentes y malhechores perseguidos y condenados por la justicia…, entonces no hay verdad, y cualquier apaño que resulte no merece el nombre de paz. El que pique en la feria del “todos ganan” hace mal negocio.

Votantes de diseño y habas contadas
Mucho se ha comentado la clarividencia del etarra ‘Antza’ en sus pronósticos de 2004, sobre resultados electorales de la Izquierda Abertzale a ocho años vista (2004-2012):

«Para las autonómicas de 2005, 'Mikel Antza' previó el logro de 150.000 votos y hay que decir que sacó un pleno al quince porque con la lista pantalla de EHAK obtuvieron 150.188 sufragios. Para las municipales de 2011, el jefe etarra dejó escrito que Batasuna sacaría 300.000 votos. El día 22 se verá si acierta.» [5]

Esta vez ‘Antza’ no acertó: se quedó algo corto, sin duda por computar sólo a los suyos, sin tener en cuenta los votos prestados.
¿Adivino? ¿profeta? ¿zahorí? Dejémoslo en contable. Se limitaba a echar cuentas, como cualquiera puede hacerlo.
No hay más que partir de la fecha en que la CAV asume la competencia de educación (1980). El nacionalismo radical siempre tuvo claro que la escuela en sus manos era una fábrica segura de votantes, y con entrega ejemplar fueron colocando a gente suya en toda la escala educativa, desde la guardería a la universidad. Tanto el PNV como su socio el PSEE les dejaron las manos demasiado libres; más aún, financiaron su penetración en tromba en Navarra y el País Vasco Francés. En este último, es bien sabido que algunos etarras capturados cubrían las apariencias como profesores de ikastola, pagados desde aquí con nuestro dinero.
En 1993-94, la primera hornada de currículo escolar completo accedía al voto, y muchos de ellos encontraban trabajo en la enseñanza, más y más radical. Así no parece difícil sacar las cuentas de los votantes previstos para la causa en 2011 o 2013. Yo no me voy a molestar en ello.
Eso de que «se abre un nuevo ciclo», que suena como a frase hecha,  es rigurosamente correcto si se refiere al ciclo escolar. Año tras año, la ikastola-ferrería  ha ido produciendo colada radical, y ya hay masa crítica de votantes para tener hasta grupo propio en las Cortes Generales de España. Si ahora cambiamos la metáfora fabril por la frutícola, la izquierda radical no va a compartir nueces con nadie, las quiera todas para sí, que su astucia y esfuerzo le han costado.

¿ETA, para qué?
En diciembre de 2010, el ex dirigente de ETA Eugenio Etxebeste (‘Antxon’) aseguraba que «la lucha armada ha tocado techo», y no por haber fracasado, sino porque «ha aportado todo lo que tenía que aportar en un momento determinado».
Cincuenta años casi de esa ‘lucha’, se nos antoja un ‘momento’ algo largo, y de su ‘aportación’ nada se nos alcanza que no sea malo sin paliativos.  Ellos lo ven todo de otro modo, y otros nacionalistas en parte también. Y aunque el brazo político, Batasuna, no para de pintar escenarios con mesas de diálogo y se transmuta en siglas y conglomerados, el hecho es que no ceden un ápice en sus planteamientos. Stat crux dum volvitur orbis. Ya puede dar vueltas el mundo, ETA/Batasuna sigue con su bandera de marxismo-leninismo a implantar en una Euskal Herria liberada y liderada por ellos. Ahí está su tendón de Aquiles.
El Jano bifronte ETA/Batasuna, como tantos otros grupos terroristas en declive, venden a los suyos la cesantía armada como ‘victoria’. Si el Gobierno central y el autonómico se coordinan para ponérselo más fácil, lo lógico es que ellos mismos se tomen en serio. ETA hace como que pasa a segundo plano, pero no se disuelve. Cualquier paso en falso de los poderes del Estado puede ser denunciado ahora por ellos ante la opinión internacional como ruptura de compromisos y legitimación del retorno a las armas. ETA desde la sombra nos seguirá tutelando a su modo, y cuidado con ellos, porque la naturaleza de la víbora es picar.
No es bueno subestimar la inteligencia del adversario. En la izquierda abertzale hay mucha masa fanática, pero también mucha disciplina, y sobre todo una élite directiva muy motivada y capaz. Se han equivocado como cualquiera, pero siempre han sabido rectificar a tiempo y tomar la delantera, marcando tiempos y objetivos. Últimamente han demostrado que hasta saben anudarse una corbata.
Frente a ellos, una democracia dividida y miope. Para colmo, dos legislaturas seguidas deplorables, con este final de entreguismo bochornoso; y ellos en las instituciones por muchos años, cabe suponer.
De momento están actuando con contención inteligente, sobre todo allí donde gobiernan. Tal vez su peor enemigo sea su misma ideología y talante totalitario en un cóctel con el éxito político, chi lo sa.
Pero nadie se engañe. Como decía Unamuno en el ensayo citado, referido igualmente a la religión, pero válido en política:  «Nada más triste que entercarse en vivir de ilusiones, a conciencia de que lo son».
Y aun sin esa conciencia, Maestro.
____________________________________

[1] Carta a los Redactores de ‘La Organización’, periódico de Medellín (Colombia), fechada en 1 de enero 1909. En: M. de Unamuno, Epistolario americano: 1890-1936. Ed. de Laureano Robles,  Univ. de Salamanca, 1996. Nº 155,  pág. 315.
[2] Unamuno. Obras completas, IX. Edic. Ricardo Senabre. Fundac. José Antonio de Castro. Madrid, 2008.  ‘Mi religión’… pp. 49 ss. (De la correspondencia…, pp. 64-68).
[3] «Se puede decir, aunque sea con muchas salvedades, que Unamuno, con todas sus penas, tuvo mucho de farsante, de histrión. Hacía a veces para el público, y aun para sí mismo, el “papel” de Unamuno. Un papel que no era en él siempre tan sólo ese ‘representar” que es en cualquiera inevitable al tratar de expresarse. Unamuno muchas veces exageraba y dramatizaba su dolor. Y hablaba de él cuando ya no lo sentía, o era éste sólo un reflejo; aunque a menudo encontrase entonces nuevo dolor y una renovada angustia al darse cuenta de que estaba haciendo “novela”, literatura, de su tragedia verdadera.» (Antonio Sánchez Barbudo, en Unamuno: Del sentimiento trágico de la vida; La agonía del cristianismo. AKAL, 1983, Introducción, pág. 29)
 [4] Aun en éstos, la Academia sólo habla de ‘preferencia’, no de disyuntiva (s. v. antes,3).
         [5] Florencio Domínguez, Los 300.000 de ‘Mikel Antza’’.