viernes, 8 de mayo de 2026

“Españoles primero”

 


Todos los que tuvimos la suerte de sobrevivir al naufragio del Titanic, aquella noche triste de abril de 1912, llevamos en el tímpano la frase sacramental, «Mujeres y niños primero». Era, todo en uno, invitación cortés, orden terminante y amenaza subrayada por el cañón de un revólver. Esto último, poca cosa frente a una multitud enloquecida, cuando intuimos el nulo propósito de hacerse obedecer a rajatabla. [1

Aquella frase, con su situación dramática, viene ahora evocada por otra en paralelo: «Españoles primero». La propuesta del líder de Vox está sacudiendo a medio espectro político, que clama alarma social, insulto a la Constitución, a la Carta Internacional de Derechos Humanos (1948, 1966), y hasta blasfemia contra el Espíritu Santo, azuzando a la Conferencia Episcopal española contra estos renegados del Evangelio y el Decálogo en su versión cristiana (Mateo, 22: 39). Eso, sin olvidar los principios y valores morales de la izquierda progresista, incompatibles con cualquier prioridad de España y lo español frente a su contrario, lo no español, en cualquier sentido y circunstancia próspera o adversa. Hasta ahí podíamos llegar.

Lo curioso es que, en esa voz de alarma, esta clase política docente no representa a su discente feligresía, que en alta proporción comulgaría con el lema nefando, según encuestas fiables. En cuanto a la derecha, tampoco los votantes del PP hacen tanto remilgo como sus votados portavoces del partido, porque lo de ‘españoles primero’, en España, les parece  de sentido común. 

¿De verdad, dos palabras juntas dan para tanta guerra? Es lo que aquí se trata de entender.

Su misma literalidad, ‘españoles primero’, parece inspirada en el lema ‘América primero’: traducción literal de un ‘America first’ (1915) nada inclusivo, pues se refería a los Estados Unidos de Norteamérica, y a nadie más del continente americano. Esto es lo único fijo e invariable en la semántica de la expresión, ambigua y cambiante desde hace más de un siglo. La misma ambigüedad y multiuso del lema, aplicado a España y los españoles, obliga a leerlo en su contexto político actual: como respuesta al Real Decreto de 14 de abril pasado. Estudiado con calma, hasta es posible que tenga sentido razonable y acorde con la gran mayoría del pueblo español.

En primer lugar, ese real decreto no tiene nada que lo justifique como tal. Dentro del récord de reales decretos –unos 165– que lleva acumulados el gobierno Sánchez, éste es de relevancia particular, porque toca nada menos que al corpus y quórum del Pueblo Español, S. L.: el conjunto de individuos que conforman la nación y estado llamado España, dentro de la Unión Europea. Algo que está definido en la Constitución española, y no se puede cambiar por decreto. Más aún, su cambio es de los que piden referéndum, como está ocurriendo en Suiza sobre una propuesta interna de limitar su población a 10 millones (numerus clausus). Cierto que Suiza no forma parte de la Unión Europea, pero sí del espacio Schengen, a efectos de libre circulación de personas. Cierto también que la Confederación Helvética es de democracia directa, muy consultiva popular; pero en este caso vale la analogía, porque se trata de lo mismo, aunque tratado al revés: allí, para conservar la población autóctona suiza, evitando su dilución en aluvión de inmigrantes; aquí, para lo contrario: acelerar la dilución y ‘reemplazo’ de los españoles, ya ‘en agujas de extinción’, por dejadez de la función reproductiva.[2]


Españoles por españoles: la teoría del reemplazo

Esta intencionalidad no vendrá expresada ni reconocida en los textos legales, aunque sí en soflamas populistas. Un ejemplo: la eurodiputada Irene Montero, en un mitin de su partido (Zaragoza, 31 de enero), pedía «por favor» a las personas «migrantes y racializadas (?)» que «no nos dejen solas con tanto facha». 

     A propósito, hablo con la IA sobre eso que dicen, de la sustitución o reemplazo intencionado de nativos por foráneos, como pesca de votos para la izquierda. Cortés como siempre, al principio la doña me presentaba la ‘teoría del reemplazo’ como una mera suposición en el debate político, una teoría conspiranoica de la derecha. Apretándole yo un poquito, reservas fuera, me llevó derecho a las fuentes sobre lo de Zaragoza, donde la líder insistió textualmente: «Claro que yo quiero el reemplazo: reemplazo de fachas, reemplazo de racistas y de vividores en este país, con gente trabajadora». Como también –según mi citada informante–, en aquellas ocasión se exigía al gobierno que la regulación de inmigrantes incluyese de inmediato el derecho a voto, bien fuese agilizando la nacionalidad, o cambiando la ley electoral. Ergo…  

Según eso, la intencionalidad reemplazo no es fantasía, más allá de lo natural que cualquiera puede ver a diario, cuando se cruza por la acera, o en el metro cede el paso a una dama entre dos niños, el más pequeño, de la mano, mientras con la otra empuja un cochecito con un bebé (si no son dos), y ella luciendo vientre curvo de buena esperanza. ¿Racializada, por multípara? Dígalo doña Irene, pero por supuesto, no española. A ese paso, reemplazo seguro, aunque los votos de los españoles nuevos están por ver. 


Quien hace un cesto, digo, un decreto …

Pasemos ahora de arrebatos mitineros, para reparar en lo que importa, y ni nos damos cuenta. Porque, en efecto, por este real decreto «se modifica el Real Decreto 1155/2024, de 19 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento de la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social». 

La explicación burócrato-críptica –valga el pleonasmo–, se refiere a un mero cambio en el Reglamento de Extranjería, introduciendo una regulación extraordinaria para inmigrantes ‘sin papeles’. Dicho así, una norma reglamentaria sin rango de ley, potestativa del gobierno sin pasar por las cámaras. Ahora bien, si la regulación ‘introducida’ por decreto resulta ser tan ‘extraordinaria’ y tan permisiva que infrinja la propia Ley de Extranjería, en su letra o su espíritu, burlándola por un coladero, ese fraude de ley viciaría de nulidad el decreto, cabe pensar, pero allá los expertos en funambulismo legal y saltos a la torera. [3] – Según eso –me planteo–, lo que el gobierno realmente modifica de urgencia por decreto en abril de 2026 es su propio Reglamento de Extranjería, aprobado también por decreto en noviembre del 24, pero que entró en vigor en mayo de 2025. El cambio de reglamento se justificaba, para eliminar estorbos burocráticos. Ahora, tras un año corto de rodaje, la urgencia del nuevo cambio se basa en razones morales, como nuestra «vocación de país garante de los derechos humanos», por la cual «esta norma incorpora la perspectiva de la infancia como principio informador del conjunto del texto»(¡?). Como también, «del mismo modo, la norma otorga un carácter preponderante a la perspectiva de género, que también actúa como principio informador transversal, de forma que el texto contribuye a generar un impacto positivo en términos de género» (sic), etc. ¡Pero qué broma es esta! ¿De verdad, tanta verborrea aguanta el B.O.E.?

– Tranquilo, Belosti –me respondo–. Si nos fijamos bien, es la versión galimatiprogre de ‘las mujeres y los niños primero’. Sólo que aquí se invierte el orden, porque los niños que le importan al gobierno decretista no son los hijos de las mujeres supuestamente migratorias, sino los menas, acrónimo, ‘menores extranjeros no acompañados, y que a menudo ni siquiera son menores. Luego, si quieres, hablamos de estos infelices que, por alguna razón adivinable, son casi todos (94%) del género masculino. 

Por otra parte, la ‘perspectiva de género con impacto positivo’ tampoco piensa en la mujer como principio biológico y cultural de la especie humana: mediante la producción de nuevos seres, y su primera incardinación territorial. Y esto es así en todas las razas y pueblos del planeta, como única máquina capaz y condicionante. Recordemos lo obvio, como Reg a su camarada transexual Stan/Loretta, en La vida de Brian’ (1979): «Tú tendrás los derechos que gustes, pero tú no puedes parir: no tienes matriz».

En fin, para colmar el insulto a la inteligencia, el decreto nos regala este ‘valor añadido’: «la aportación cultural y social de estas personas, cuya diversidad de orígenes, lenguas y tradiciones enriquece la vida comunitaria, refuerza la cohesión social y proyecta una imagen de país plural y dinámico. (Este valor añadido justifica también la adecuación de su situación administrativa al grado real de integración alcanzado.)

Para mayores sin reparos, el Decreto en cuestión puede leerse en el BOE de 15 de abril de 2026, N.º 92. Son sólo 21 páginas de nada. Tan de nada, que valen de hilo conductor en el laberinto sanchista, por lo que toca a ‘política’ migratoria desde que manda el ‘Puto Amo’ –así le aduló uno de sus domésticos–. Porque uno puede no ser de Vox, ni siquiera simpatizar con su líder, y sin embargo entender que «españoles primero», en la España del régimen, no es la barbaridad que algunos airean. 

Quién no ha visto repetirse la escena, día sí y día también. En urgencias hospitalarias, la madre extranjera, visiblemente racializada, con su criatura moribunda en brazos, retroceder ante la turba que le grita: «¡Españoles primero!» Triste espectáculo, en verdad. Bochornoso e inhumano… Ah, ¿que ustedes no han presenciado tal cosa? Yo tampoco; pero a que impresiona, ¿verdad que sí? Porque los sermones –también los de odio–, calan mejor predicados en parábolas.

En mi descargo, puedo decir que no me considero de la ultraderecha. De ningún extremismo, en general. Por razones varias, pero sobre todo por estética, porque alguien dijo que toda afectación es mala. Aun así, incluso yo entiendo que el lema puede no tomarse a mala parte. ‘Españoles primero’ es el reparo más cuerdo a la praxis migratoria de este gobierno, y no de este solo. El control de fronteras no es potestativo, es obligación primaria de todo gobierno. Si el dueño de un establecimiento, una cafetería, puede reservarse el derecho de admisión en ella, no es el caso de un gobierno que sólo administra un estado en nombre del pueblo soberano del mismo. 

Migración y emigración pueden ser cuasi sinónimos, pero inmigración no significa lo mismo.  Emigrar puede ser potestativo, pero la inmigración o ingreso y asentamiento en otro país está sujeto a normas. Al margen de ellas, y burlando todo control, la entrada es irregular y no genera derecho de admisión, más bien de suyo merece expediente de expulsión.

Fuera de Jauja, Magonia y algún otro paraíso imaginario, en todos los demás países los recursos suelen ser limitados y su distribución, delicada. Por lo mismo, un buen gobierno debe calcular la cuota y calidad de inmigración, exclusivamente regular, por algoritmo ajustado a cuatro criterios: necesaria, conveniente, sostenible y proporcionada. De no hacerse así, o peor aún, haciendo lo contrario, por desidia o por  solidaridad mal entendida –que suelen ser las tapaderas intercambiables de intereses espurios–, o descaradamente, por reemplazar a una parte de ciudadanos que otra parte decide, porque no le gustan, ninguna reforma reglamentaria de la extranjería surtirá ese efecto benéfico, soñado o señuelo, de enriquecimiento cultural, cohesión social y música celestial. Con regulaciones masivas exprés y por decreto, tal vez el poder apañe votos para que nadie gobierne, pero entonces, «españoles primero» será la consigna creciente y atronadora, aunque al fin sólo sea para disputar a los foráneos los puestos de mendicidad con alguna esperanza de llevar algo a la boca.

Se nos quiere vender que en la historia siempre se dio el fenómeno de las migraciones, con saldo positivos en términos de progreso. Sin ir más lejos: las invasiones bárbaras que transformaron el Impero Romano en la Europa de naciones. No tan simple. La Filosofía de la Historia está muy por hacer, y de su Teología –como le dijeron los atenienses del Areópago al apóstol Pablo–, «mejor si lo dejamos para otra ocasión» (Hechos, 17: 32).

El cambio que hoy nos pilla en pijama es la globalización tecnológica, sin contrapartida cultural equipolente. Se nos quiere vender la bondad intrínseca de las migraciones, como ejercicio y taller de derechos humanos para la convivencia. Ensayo tan peligroso devora esfuerzo, dinero y propaganda interesada, que mucha gente no acaba de entender ni agradecer. Sería más lógico invertir en ayuda al desarrollo de los pueblos de origen y la promoción interna de los individuos, moderando la emigración forzosa o forzada. Por desgracia, la corrupción de sus gobiernos consume con creces cualquier ayuda, y brinda ocasión a otros corruptos para el tráfico y comercio de personas…

Aquí mi demonio de la guarda me tira de la manga, que no me enrede, y punto en boca. Sólo una consideración, y concluyo. A la gente mayor por la general no nos tranquiliza que nos muden el paisaje físico y su decorado humano. Preferimos la variedad de países, al revuelto de culturas. De unos años acá, evitamos ciertos lugares de la propia geografía urbana que nos era familiar. Adelantamos la hora del retiro a casa y –por qué no confesarlo– vernos de repente solos en un concurso de ‘personas racializadas’, a veces nos desasosiega. Sin disculpas. Cosas de la edad.


Coda

Estaba despejando la pantalla para apagar el ordenador, cuando mi ángel de la guarda, sin decir palabra, me invita a darle un vistazo  al nuevo decreto dado a conocer este 6 de mayo. En su ‘virtud’ (¡?) –dicho en modo sarcasmo–, el Gobierno declara SECRETO o RESERVADO cualesquiera informes y documentación tocante a la regularización masiva de inmigrantes. Nadie de entrometa en lo que le meten en casa: mucha gente, sí, pero cuánta, su procedencia, antecedentes policiales y penales, etc., todo bajo secreto, hasta dentro de 35 años. En lo antiguo, el siempre presunto delincuente se ‘acogía a sagrado’ para entregarse a la justicia con seguridad. Ahora lo tiene más fácil: ‘acogerse a español’, para inmunizarse de ella.

Desde su entrada en vigor, la consigna «españoles primero» decae en favor de un más lógico «sálvese quien pueda». Y muchos años antes del plazo señalado, alguien saboreará un puro mientras se fuma la película, ‘El hundimiento de una Nación, de cuyo nombre no quiero acordarme’.  

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Notas:

1. Para ilustración general, la Wikipedia ofrece un buen artículo sobre la historia y alcance del citado mandamiento. Por lo demás, en el Titanic real parece que no hubo disparos ni suicidio del primer oficial Murdoch, que murió por accidente.

2. DRAE, aguja, 16. No estamos en vías de extinción, todavía, pero entramos en agujas, en jerga ferrovial.

3. Dura Lex, sed toreram saltare, de Kalikatres el Sapientísimo, ¿alguien se acuerda?. 







domingo, 5 de abril de 2026

¿Asinóptico, o ultrasinóptico? El caso del Cuarto Evangelio



A mediados del siglo pasado, en Valladolid, el Real Colegio de Filipinos hacía gala de tener los servicios litúrgicos en regla. Para ello contaba con dos coros superpuestos, situados detrás (sic) del retablo mayor del templo. El bajo, a nivel del presbiterio, para las ceremonias privadas, con sillería de traza tradicional sencilla, servía también de sala capitular. Para la liturgia pública solemne se usaba el coro alto, con sillería dispuesta en torno a la consola exenta del órgano de tubos, espacio abierto sólo por encima de dicho retablo a la iglesia. Pero, sobre todo, una comunidad monástica numerosa convertía aquel espacio estático en máquina potente para mover pensamientos y emociones mediante el concierto de gesto, palabra, voz y música, con intervalos de quietud y silencio.

Esta parte del colegio  sigue igual que cuando lo viví, mediado el siglo pasado. Igual, o casi, menos en lo principal. Como tantos espacios similares, la vida monástica tradicional ha desaparecido por falta de quórum… perdón, de vocaciones. 

Años de juventud relativamente confortables, a la manera de entonces. Con más ponderación que entusiasmo, todavía hoy tengo por fortuna y hasta privilegio haber vivido y estudiado en un colegio como aquél: trato llano, maestros y compañeros, biblioteca y coro, disciplina y recreo, paseos y discusiones de nunca acabar… Tantas horas de curiosidad y sorpresa en aquellos ‘gabinetes’ de ciencias físico-naturales. O en aquel maremagno de cultura china y filipina, cuyo extracto organizado es el Museo Oriental, desde 1980. O en los fondos bibliotecarios, insondables, donde nos ofrecía tarea sin fin su ángel custodio, encarnado en aquel paradigma  de elegancia humana, el venerable padre Francisco Aymerich Codina (Berga, 1888- Valladolid, 1979), que no sé si le quieren hacer beato, cuando ya fue santo en vida... Por si algo se echaba de menos en aquella vida de pobreza rigurosa, cercana estaba una bonita finca de siete hectáreas, ribera del Pisuerga. Para nosotros, como ‘La Flecha’ de fray Luis de León. Allá íbamos todos, durante el curso, en días de campo, o en paseos largos por La Rubia. Pero lo bueno era en las vacaciones de veranos, en turnos de unos treinta. Lugar ameno, abierto al campo infinito para largas marchas deportivo- culturales. Allí los rezos se abreviaban, para estirar un poco la mesa. Allí este cuitado descubrió al Baroja de Camino de Perfección, mientras me reponía de una costalada en mis primeros ensayos de equitación a pelo, con una yegua blanca de tiro y labranza, no hecha a monturas, y más suya que mía trotando por el vasto pinar . En resumidas cuentas, por lo que me tocó en aquellos años: más de largo que de ancho, y más ancho que profundo. Porque, como enseña santo Tomás de Aquino, «lo que se recibe, al modo y medida del recipiente se recibe».[1]  

Lo declarado baste para fletar esta entrada que, a palo seco, no se entendería del todo.


Las Cuatro Pasiones de Cristo

La  ‘Semana Santa’ –Semana Mayor, de nombre oficial–, era la ocasión obligada para repasar la Pasión del Señor. Pasión única, pero no refundida en en un relato –como, por ejemplo, el de Giuseppe Ricciotti en su Vida de Jesucristo–, sino desdoblada en sus cuatro versiones del Evangelio: según Mateo (lunes), Marcos (martes), Lucas (miércoles) y Juan (viernes). Para casi todos nosotros, esta era la ocasión en todo el año de repasar textos bíblicos tan importantes.


La palabra en sí: ‘evangelio’

Es palabra griega, εὐαγγέλιον.[2] Curiosa, por cierto, por habérsela apropiado los cristianos, como su ‘buena noticia’ (εὐ-αγγέλιον): el mensaje de Cristo, y en especial la ‘buena noticia’ de su resurrección. 

En la gran pascua cristiana, los orientales se evangelizan unos a otros con este saludo: ‘¡Cristo ha resucitado!’ En la raíz de la palabra leemos ‘ángel’ (ἄγγελος, mensajero). La primera noticia de la resurrección de Jesús la transmiten apariciones angélicas, y precisamente a mujeres.[3] Por lo demás, la narrativa de la crucifixión, muerte, sepultura y resurrección de Jesús es confusa y prácticamente imposible de reducir a relato unificado, como veremos en otro estudio.  

Volviendo a la palabra, evangelio, el prefijo eu- –como no lo explica el DRAE– aporta el sentido positivo, tanto  al mensajero (evángelos, ‘ángel bueno’, o de buen mensaje), como a su mensajería (la angelía,  ἀγγελία): la función del mensajero, y su razón de serlo, el mensaje o noticia. 

Y aquí viene lo más curioso, o menos conocido. Para los griegos clásicos, evangelio no era la ‘buena noticia’ en sí –la evangelía–, sino la recompensa que se daba al evángelos, casi siempre en plural, euangelios o recompensas; como en castellano castizo, albricias (dar, pedir albricias). Evangelios eran también los sacrificios públicos a los dioses, con ocasión de buenas noticias, como la derrota de los persas y apertura del golfo –refiriéndonos, claro está, al Helesponto, y a una guerra muy anterior a la de Trump, cuyas albricias podemos esperar sentados.


Evangelios cristianos

No se sabe quién compuso el primer evangelio propiamente dicho, en sentido cristiano. ¿Marcos, tal vez? Quienquiera que fuese, individuo o grupo, fue como inventar un género literario, algo así como las creaciones atribuidas al Volkgeist, el alma popular. Por la segunda mitad del siglo II los evangelios o ‘buenaventuras’ se multiplican en marea de versiones, como instrumentos de propaganda tendenciosa. Ningún evangelio es, ni lo pretende, un documento biográfico ni histórico, en el sentido moderno. Los hay que se parecen a la novela, como los que cuentan la infancia (y travesuras) de Jesús niño. Por el lado contrario van los que ‘revelan’ misterios esotéricos, vías extrañas de salvación, con derivación a otros géneros literarios.

La llamada Gran Iglesia pronto seleccionó como auténticos y canónicos el cuarteto de libros que inauguran el Nuevo Testamento de la Biblia cristiana. ‘Los Cuatro Evangelios’ , según Mateo, Marcos, Lucas y Juan, respectivamente. Este ‘según’ era el reconocimiento de diferencias y discrepancias entre las versiones, dobletes y silencios significativos, incluso embarazosos, cuando no contradicciones. Muy pronto se advirtió que tres de los evangelios se parecían entre sí mucho más que el cuarto, tan diferente. Reducidos los cuatro textos a fichas, y ordenadas éstas en cuatro columnas, la vista conjunta (sinopsis, en griego) mostraba a las claras el parecido de los tres ‘sinópticos’, frente al evangelio según Juan, cuya columna con sus llenos y sus claros, denunciaba una obra distinta en su contenido. (Una muestra de lo dicho la tenemos más abajo.)

Quién copiaba a quién, o le corregía, o le ignoraba; y de dónde procedían las noticias con sus variantes, es un rompecabezas sin resolver. El caso particular de los sinópticos plantea la llamada Cuestión sinóptica, con la hipótesis de una fuente perdida (documento Q), y mucho, pero que mucho debate.[4]

Leído cada evangelio por separado, su singularidad no chirriaba tanto; pero aprendidos de memoria y comparados los cuatro, todo eran preguntas. Y las preguntas, ya se sabe, salvo las del catecismo, no son buenas para la fe. Los catequistas y su público, para no liarse, pedían con el deseo un evangelio total refundido de los cuatro, y pronto lo tuvieron. Más de uno, por cierto, aunque sólo uno se impuso y sobrevivió. Fue la obra del sirio Taciano (Tatianos), hacia el año 170 de la era cristiana. Su éxito fue colosal por razones obvias, incluida la económica y, desde luego, la pedagogía. En muchas iglesias, la lectura de los cuatro evangelios cayó en desuso, en favor del quinto Evangelio mixto, también llamado el Diatesarón (en griego, ‘pasa-por-cuatro’). [5]

Curiosamente, de aquel ‘quinto evangelio’, tan popular en griego, latín, siríaco y otras lenguas, no nos ha llegado ni un solo ejemplar para muestra. El  Diatesarón que hoy conocemos es una reconstrucción o montaje, lo más completo posible, a partir de sus citas fragmentarias en diferentes contextos y autoridades.[6] 


No poner de acuerdo consigo mismo al Espíritu Santo

Remendando, más que recordando, las impresiones del ‘colegial medio’ en aquellas Semanas Mayores de Valladolid, la cuestión sinóptica –tan memorizada en lecciones de curso–, referida a la Pasión de Cristo, no molestaba demasiado en las misas del lunes, martes y miércoles, que eran ‘rezadas’, donde los evangelios leídos en latín monótono se hacían algo pesados. La cosa cambiaba el Viernes Santo, con la misa y su evangelio todo cantado por el celebrante y una pareja de diáconos. El primero, desde su sitio en el altar, y los diáconos, con estolas moradas en bandolera sobre el blanco ropón, colocados en el presbiterio o en el crucero, como mandaba la rúbrica: renibus ad aquilonem versis, literalmente, «los riñones vueltos al aquilón». El aquilón, o bóreas, es el viento del norte. [7]

Así colocados, los tres clérigos procedían al canto dramatizado del evangelio, con este sencillo reparto: 

Cronista. Diácono 1º, barítono, para el recitativo de la narración.

Turba. Diácono 2º, tenor, para los parlamentos, salvo los de Jesús.

Cristo. Presbítero, bajo, para los parlamentos de Jesús.


Con este aparato, la del Viernes Santo se convertía en la Pasión por excelencia, secundum Johannem. El colegial medio apenas se daba cuenta de sus roces, empellones y encontronazos con las otras tres pasiones sinópticas. Pero, sobre todo, hoy creo que ni mi colegial medio ni la mayoría de sus compañeros entrábamos en la cuestión de fondo: no en las diferencias como tales, sino en la diferencia radical que es la marca de este Cuarto Evangelio, enmendando la plana a una terna tampoco totalmente de acuerdo consigo misma. 

Los relatos evangélicos de la Pasión comienzan después de la Cena, con la caminata de Jesús con sus discípulos al monte del Olivar. Allí solían, con buen tiempo, tener su velada de doctrina y rezos en el huerto de la Almazara (Get-Shemaní, en hebreo, ‘lagar de aceite’). No debieron de hablar mucho, tras la escena tensa que acababan de vivir como remate de aquel encuentro de despedida. A Jesús le turbaba el pensamiento de ser traicionado precisamente por uno de los suyos. Así, según el evangelista Juan, en su discurso se había ido alterando hasta no poderse contener:

–Os lo aseguro: uno de vosotros me va a entregar.

Cuando salieron, los discípulos eran sólo once. Judas ya se había ido del cenáculo,  sus colegas mirándose unos a otros a los ojos, preguntándose quién sería el canalla denunciado de repente por el Maestro, sin nombrarle. Eso sí, le dijo:

– Lo que vas a hacer, hazlo pronto.

 El mismo evangelista anota que Judas, tras comprobar que el Maestro conocíade lo suyo, «salió de prisa». Y concluye, sin más: «Era de noche». Los Cuatro concuerdan en que Jesús era consciente de lo que le aguardaba, y para facilitar las cosas no hizo cambio en su rutina de retirarse al mismo lugar tranquilo.

El recorrido no era corto ni derecho. Había que salir de la ciudad por calles tortuosas, cuesta abajo, al paso del torrente Cedrón, para subir el repecho del monte. Pero aunque, como había notado Juan, «era de noche», pudo añadir «noche clara», excusando la necesidad de faroles. Y eso gracias al calendario lunar, la víspera de la Pascua, «por ser entonces plenilunio, cuando la luna, bañada por el sol, como sol de la noche la convierte en día». [8] 

Marcos y Mateo concuerdan en que «cantado el himno» de acción de gracias, salen hacia el monte, y ha aquí que el Maestro les suelta otra andanada. Esta no iba por el traidor, ya identificado en ausencia. Iba por todo el cortejo (Mt 26: 30-31 = Mc 14: 26-27):

Esta noche todos vosotros os espantaréis de mí. Porque está escrito: «Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño» 

«Heriré al pastor». La cita es del profeta Zacarías (13, 4), pero tanto el texto hebreo como el griego lo dan como proverbio, en segunda persona: «hiere al pastor, y todo el rebaño se dispersa».  Jesús lo traduce a primera persona, de parte de Dios,  para acentuar su carácter profético.


¿Hubo agonía en la Oración del Huerto? ¿Hubo siquiera oración?

En el monte de los Olivos está la basílica de Getsemaní, o de la Agonía, con la peña tradicional de la oración agónica de Cristo.[9] Pero no es el lugar físico lo que nos importa, supuesto testigo de algo que tal vez no ocurrió, sino el lugar literario de los tres Evangelio sinópticos, en sinopsis con el Cuarto. 

Es aquí donde el relato de la última velada y reposo de Jesús con los suyos, a la espera de la visita de Judas,  da pie a una discrepancia notable entre evangelistas, ¿Discrepancia? Juan llega a contradecir a sus colegas; más aún, a negar con su silencio un episodio tan significativo como la Agonía de Jesús.

Según los Cuatro:

 

Marcos

Mateo

Lucas

Juan

Jesús entra con ellos al lugar llamado Getsemaní

Entran 

al lugar llamado Getsemaní

Iba, según costumbre, al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos. Y llegado al lugar, 

Jesús salió con sus discípulos allende el torrente del Cedrón, donde había un huerto, al que entraron él y sus discípulos.

y dice a los discípulos: «Quedáos aquí mientras me retiró allá y hago oración.»  

y dice a sus discípulos:

« Quedad donde estáis

mientras hago oración.»  

les dice:

« Orad para no ser puestos a prueba» 



Y tomando  a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, de pronto empieza a entristecerse y abatirse. 

Y toma consigo a Pedro y a Jacobo y Juan, y empieza a angustiarse y abatirse



Entonces les dice:

“Mi alma padece tristeza mortal. Permaneced aquí y velad conmigo.” 

y los dice:

“Mi alma padece tristeza mortal. Permaneced aquí y velad.



Y adelantándose un poco cayó de bruces orando y diciendo:

“Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa. Salvo que no como yo quiero, sino como tú




Y adelantándose un poco cayó desplomado a tierra, y oraba, para que, de ser posible, pase de él la hora, y decía:

« Abba (padre), todo te es posible, aparte de mí esta copa. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú.

Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo:

«Padre, si quieres aparta de mí esta copa. Salvo que no sea haga mi voluntad, sino la tuya.”



Y se le apareció un ángel venido del cielo y le confortaba.

Y puesto en agonía, con más y más tensión oraba, hasta que su sudor se hizo como gotas de sangre que bajaban a tierra.


40Y va adonde sus discípulos, y les encuentra durmientes. Y dice a Pedro:

« Así que no habéis aguantado una hora de vela conmigo. Velad y orad para que no se os ponga a prueba; porque el espíritu es valiente, pero la carne débil. 

37Y va y les encuentra durmientes. 


Y dice a Pedro: « Simón, ¿duermes? ¿no has aguantado una hora de vela? 


Velad y orad, para que no se os ponga a prueba, porque el espíritu es valiente, pero la carne débil.



42De nuevo por segunda vez apartado hacía oración, diciendo: « Padre mío, si esto no puede pasar sin yo beberlo, hágase tu voluntad.” 

39De nuevo 

apartado 

hacía oración, diciendo el mismo discurso




Observamos el silencio clamoroso de Juan. No es una distracción, un olvido, todo lo contrario, es el rechazo a relatar algo que, si de verdad sucedio, no debe ser mencionado, por lo menos aquí y ahora. Anteriormente, Juan ha recordado (12: 27) cómo Jesús pasó por el mismo trance, y su oración fue muy distinta de la de los sinópticos:

–Ahora mi alma está turbada, ¿y qué diré? ¿«Padre, líbrame de esta hora»? ¡Pero si por  eso he venido! ¡¡Para esta hora!!

Aunque la puntuación venga añadida, es así como la frase cobra sentido. Un sentido opuesto por el vértice a la rogativa de los sinópticos, por conformista que ésta sea. Pero es que ni siquiera se pronunció en esta ocasión. Al Getsemaní de Juan, Jesús trae a sus once leales (por el momento), sólo para que asistan a su entrega por Judas, no para que ellos duerman mientras él ora, y menos sudando sangre. No hubo tiempo para nada, cuando la turba de esbirros con el traidor venía pisándoles los talones. El blanco de la columna de Juan muestra que conoce bien a sus colegas sinópticos, y su silencia es de ‘ultrasinóptico’, si así puede llamarse. 

Una propuesta reciente viene a decir que la cuestión sinóptica, planteada en su enunciado tradicional (sinópticos: 3 / asinóptico :1), es incorrecta, al excluir a Juan de la sinopsis. Es un modo nuevo de expresar una verdad antigua. El evangelio según Juan es el de Jesús-Verbo de Dios, frente al Jesús-Hijo del hombre, de los sinópticos. Mateo y Lucas, como seguidores del lacónico Marcos, echan de menos una progenie humana para su Filius hominis, y cada uno  propone la suya… que bien miradas de nada sirven, si una y otra, o más bien ninguna de las dos, es la de José, el esposo de la virgen María y sólo padre putativo del hijo de ella. . 

Juan, para su Verbo hecho carne, también conoce la expresión enigmática, ‘Hijo del hombre’. Pero diríase que la usa lo menos posible. Menos que cualquiera de los sinópticos  –cinco veces, creo, frente a las 13 veces de Lucas, 10 de Mateo,  8 de Marcos–; y pone en contrapunto con ‘Hijo de Dios’ (Juan, 5: 27-28), o con su ‘clarificación’, cumplida ya desde el presente, en su vida mortal (Juan 13: 31-32). A Juan le parece que sus colegas se quedan cortos en reconocer la naturaleza divina de Jesús, y para compensar empuja el péndulo hacia lo divino.


Bastante lectura para esta velada. Valga para tomarle gusto a la ultrasinopsis, método potente para abordar una literatura bíblica y extrabíblica tan especial –el género evangelio–, todo aquél que se sienta atraído por  ella. 


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1. Quidquid recipitur, ad modum recipientis recipitur. Cfr. Summa Theol., I, q. 75, a. 5; III, q. 5. Robidoux, Dunstan (2009, “Applying a Thomist Principle: Quidquid recipitur, ad modum recipientis recipitur”.

2. En griego, el fonema ng (νγ) se escribe gg (γγ).

3. La palabra en sí nada indica sobre la naturaleza espiritual de tales personajes, cuya función es traer recados y avisos de parte de Dios. La Biblia habla mucho del ‘Ángel de Dios’, o ‘del Señor (Yahveh)’. Unas veces como tal ángel (o ángeles, sobre todo en plural), pero a menudo como un comodín, a modo de ‘telón de fuego’, protector de los efectos devastadores de la divinidad en directo. En los evangelios, ‘angel del Señor’, en singular o plural, siempre se refiere a ángeles materializados en voces o visiones con algún recado para los mortales.

4. El misterio de los tres sinópticos, no está resuelto del todo, pero se da por cierto que Mateo y Lucas dependen sobre todo de Marcos, el más antiguo, que a su vez dependería en parte de una o más fuentes  hipotéticas, mayormente colecciones de dichos atribuidos a Jesús. Marcos, discípulo, intérprete y secretario de Pedro, según la tradición habría publicado su evangelio en Roma, para una comunidad judeocristiana de habla griega y cultura grecorromana, hacia el año 70, con una generación de adelanto con respecto a Mateo y Lucas, dependientes de Marcos, al que completan en extensión y expresándose en un griego más refinado que el suyo. Naturalmente, los críticos discrepan prácticamente en cada punto de lo dicho, incluida la autoría del propio Marcos.

5.  Taciano, cristiano converso y conocedor del griego, estuvo en Roma donde fue discípulo de san Justino el mártir. Allí pudo hacer su trabajo teniendo a la vista los evangelios originales griegos por lo menos, y aunque hay indicios de que usó su idioma materno siríaco, es lógico que hiciese también una edición en griego. La acogida fue entusiasta para obra tan solicitada, en contraste con el autor, rechazado como hereje, pese a tan gran servicio a la Iglesia, al que añadió  una Defensa de la religión cristiana.

6.  Paradójicamente, para la crítica textual de los evangelios es una mina de información, porque conserva variantes mucho más antiguas que las disponibles en códices griegos o latinos, medievales todos ellos.

7. Por tanto, una manera de decir que, si el templo estaba bien orientado, ambos clérigos miraban al ala izquierda (lado del evangelio), con el ábside a su derecha. Algunas iglesias tienen dos púlpitos o ambones, uno a cada lado, para esta representación.

8. La bonita expresión barroca no es del evangelio, obviamente, sino de la Pasión según fray Luis de Montoya, que por turnos se cantaba en el púlpito del refectorio del Colegio con tonadilla particular. Por haberme tocado alguna vez cantarla, se me pegó que este día santo es de luna llena.

9. Excuso el enlace a un youtube cargado de publicidad impertinente. No confundir esta basílica con el vecino Claustro del Pater Noster, en el mismo monte, ya visitado en este blog (2017), a propósito del Padrenuestro según Sabino.