lunes, 31 de octubre de 2011

Los chivatos de la paz



En esta curiosa paz que dictan los vencidos, para que los vencedores crean haber ganado ellos también,  habrá cosas que cambien para que todo siga como hasta ahora, de victoria en victoria hasta la derrota final del otro. Entonces reirá el último, que de momento sólo sonríe a la manera etrusca.
Cosas que cambien: como la violencia armada, como los guardaespaldas, y como los chivatos. La figura siniestra del chivato que recoge información sobre el objetivo del atentado terrorista, sus itinerarios, horarios y hábitos, para que el sicario vaya seguro sobre seguro, ha llegado a formar parte de la cultura del País Vasco, y en algunas zonas profundas hasta se dice que los chivatos de mérito gozan de predicamento social.
Esa gente vocacional durante años  y años ha acumulado una experiencia que en adelante no va a ser de utilidad. ¿O sí? Mirándolo mejor, sí. Los vencidos acaban de recordarlo: esto no es la paz, ni cosa que lo parezca; sólo el comienzo de una ruta hacia el objetivo ineludible, la independencia. Ahora más, si cabe, va a ser precioso para la neodemocracia vasca saber quién es quién, y para ello confeccionar el censo del auténtico Pueblo Vasco y los ficheros de afección y desafección al régimen. 
Los expertos en delación siguen siendo necesarios, aunque ahora su trabajo no será el de antes. Pero bueno, el que nació con talento para recopilar datos sobre los movimientos del vecino y la matrícula de su coche, bien puede ahora sentarse a leer blogs y comentarios a las noticias de prensa. Es la hora de los chivatos de la paz.
Esta reflexión ya me la hice en julio pasado, a propósito del ‘observatorio’ o behaterio de doña Garbiñe Petriati, en un artículo (‘Morir en euskera’), que por cierto anda en PDF por la red, bajo marbete de EKE (Euskara Kultur Elkargoa), sin haber contado conmigo ni para eso, ni para publicarlo en su boletín Sarea Gizarte (2011/08/08), bajo el epígrafe Besteak (los otros).
De nuevo, hace un mes, hube de reflexionar sobre lo mismo (‘Zigor’), al saltar la noticia de don Zigor Etxeburua y su proyecto de ‘registro completo’ de vascohablantes para la Diputación de Guipúzcoa.
Y una vez más –ésta ya con cierto sobresalto– acaba de aparecérseme la sombra del chivato husmeando en este blog.
En principio, nada anormal. Los índices están a la orden del día. ‘Blogger-Index’, por ejemplo, es un directorio visual mundial  que trabaja sobre más de 700.000 bitácoras en la Red fijándose en las de contenido de calidad y actualidad. Ahí entran algunas de mis páginas. No las que más me gustan, pero menos es nada. Este índice reproduce íntegros, con ilustración y notas (salvo los comentarios), mis artículos ‘Patria o lógica’, ‘Dos siglos de revolución vasca (1)’, ‘Laicosde mucha fe (2)’, ‘Los santos lugares’, ‘Morir en euskera’, ‘Cosillas deBerlanga’, ‘El que bien lee’ y ‘¡Por fin beato!’.

 «¡Vaya! Por fin alguien reconoce el trabajo bien hecho», me dije, olvidando por un momento la modestia que me es connatural.
Presa de la autoestima, deseoso de conocer mi propia valía, de tecla en tecla llego a otro contador, ‘PR-PostRank’. Y aquí empezó el mosqueo.
Estoy ante un listado de un centenar y medio de bitácoras –149 para ser exacto– seleccionadas como Blogs Proceso de Paz, por un paulrios sin más retrato que una silueta.



Ni reparé en detalles. Me busco y me veo ascendido en la semana, desde un puesto #46 a un decente #13, a sólo  2 puntos de un prócer bloguero como es don Josu Erkoreka (caído del #4 al #11); y de acompañarme la buena estrella otra semanita, desbancando nada menos que a don Iñaki Anasagasti (ascendente de #15 a #4 en el momento).
El paso siguiente del bloguero vanidoso es averiguar el color de sus plumas más cotizadas. Pues bien, esto es lo que parece decir una persiana emergente:



Con que 9 dieces y un 1.0 pelado, ¡qué raro! Además, ¿qué tiene que ver esto con la paz? ‘Sorbete de lágrimas’ es la reseña del último libro de Santiago González, el exitoso Lágrimas socialdemócratas. En cuanto a ‘Cándido en Fukushima’, el propio título indica que ni siquiera se habla de aquí.
Mejores entradas, la semana pasada, serían ‘Morir en euskera’ (10.0), ‘Chacolí-1’, ‘Cándido en Fukushima’ y ‘Los santos lugares’ (9.0), seguidas de ‘Zigor’ (8.5). ¿Qué hace ese ‘Chacolí’ en un proceso de paz? Como no sea para el brindis…
¿Y qué pinta aquí un blog de Pepe Blanco? ¿Haciendo además el #34, y sin que se pueda ver ni una sola entrada? En suma, no acierto a descubrir  pistas ni criterios de evaluación, tan sólo ese patrón tan raro, y en apariencia caprichoso, de los 9 dieces seguidos de un egregio suspenso.
¿Caprichoso? Para mayor perplejidad, sólo hay otro blog donde idéntico patrón se repite: el de doña Regina Otaola, #37, con 9 dieces y un 4.3. Un poquito mejor que mi 1.0, pero suspenso al fin. Como es bien sabido, Regina Otaola ha sido la portavoz del PP en Juntas Generales de Guipúzcoa, y en 2007 fue notoria su valentía de aceptar la alcaldía de Lizarza hasta 2010, en que renunció y anunció su retirada de la política. No conozco su blog, y no puedo decir si versa sobre la paz. Lo que parece notorio es que  la Sra. Otaola es un azote de ETA, y no pierde ocasión de expresar su antipatía frente a la banda terrorista.
Tal coincidencia de patrones y tan singular, lo reconozco, me puso algo receloso, y pareciendo matemáticamente imposible, sospeché si bajo la apariencia de una evaluación lo que se escondía era una manera de señalar. Algo así como un aviso dirigido a alguien: «Nueve dieces seguidos de un suspenso = ojo con este blog». ¿Chivato a la vista?
En este punto reparé en el blogmáster, el empresario y organizador de lo que parecía concurso inocente o carrera a la excelencia en pro de la paz. Fue un momento de zozobra, seguido de un respiro. Paul Ríos, Paul Ríos…  Toma, el anfitrión de lo de Ayete, el coordinador y portavoz de Lokarri. ¿Chivato Ríos? Quita, hombre, eso sí que no.
Lo curioso es que Paul Ríos tiene su propio blog. ¿Por qué no lo mete en lista? ¿Tan poco le importa conocer el ‘impacto’ de lo que escribe? Sin evaluación de impacto, hoy no se existe.
Hace tres días Ríos concedió a EL País una entrevista que levantó revuelo, por el titular que le pusieron, y él mismo en su blog se defendía como puede verse. En general, lo mismo que Lokarri, su coordinador ha pasado por ‘equidistante’ respecto a ETA y sus víctimas; un sambenito que él se quiere sacudir, con mejor o peor fortuna. Lo último de su blog es ofrecer por separado, bajo un mismo título (‘Empatizar con el sufrimiento’), sendos artículos testimoniales, uno de Borja Semper (PP) en ‘El País’, el otro de Axun Lasa, en ‘Gara’.
Al Sr. Ríos tengo que reconvenirle cariñosamente por el susto que me ha dado. Sin querer, por supuesto. ¿Qué sabe él ni siquiera que existo? Al mismo tiempo, recomendarle que depure la técnica de selección y evaluación, explicando con claridad sus objetivos y los criterios y parámetros que usa. Pero sobre todo, evitando esos imposibles numéricos, que cualquier despistado pueda toma por chivatazos. Por último, si es tan amable,  yo preferiría desaparecer de sus listas, para lo bueno y lo malo.
Lo cual no quita para que, a propósito del incidente, yo me reitere en la sospecha de que, en el silencio de las armas, podría ser la hora de los chivatos de la paz.






lunes, 24 de octubre de 2011

”Primero la verdad que la paz”



Vuelvo a Salamanca, y mi primer impulso me lleva a visitar la Casa-Museo de Unamuno. En la fachada, con un Víctor pintado, esta dedicatoria:
   
    
¿Es buena esa divisa? Pero ante todo, ¿qué significa?
El propio Unamuno lo explicó más de una vez:

«Mi divisa es: veritas prius pace, primero la verdad que la paz. Es mejor verdad con guerra que mentira con paz. Y, aquí por lo menos, los conservadores nos traen la paz de la mentira[1]

Aquella divisa quedó enmarcada el mismo año en el brevísimo ensayo De la correspondencia de un luchador (1909), incluido en ‘Mi religión’ y otros ensayos breves (1910). El ‘luchador’ era el propio don Miguel en su época de ‘agonismo’, tras la crisis religiosa que tuvo desde 1897. Esta vez decía:

«No me prediques la paz, que la tengo miedo. La paz es la sumisión y la mentira. Ya conoces mi divisa: primero la verdad que la paz. Antes quiero verdad en guerra que no mentira en paz.»[2]

Es aventurado trasponer una paradoja interiorista y casi teológica a una situación política laica, como la generada esta semana última con la Declaración de Ayete y el Comunicado de ETA sobre el cese definitivo de su lucha armada. Hay, sin embargo, entre las dos un aire de familia y una semejanza, en lo que tienen de psicodrama, histrionismo y teatro. Porque don Miguel tuvo toda la vida sus ribetes de histrión [3]. Y el engolamiento histriónico para lo solemne es otra seña de la identidad neovasca nacionalista.
Fuera de eso, la divisa viene como de encargo.
‘Primero’  y ‘antes’ son adverbios de orden, con sentido de prioridad en el tiempo, el espacio o, en este caso, la preferencia. Sólo en casos extremos puede implicar disyuntiva o alternativa, como en «antes  muerto que vencido»[4].
La expresión «verdad antes que paz» no debería llevar los sustantivos con mayúscula, porque no se trata de la Verdad ni de la Paz abstractas o absolutas; tan absolutas, que cada cual tiene la suya, y tan abstractas que en lo práctico sólo sirven para inscripciones.
Lo que queremos realmente es ambas cosas a la vez, adjetivándose mutuamente: paz verdadera y verdad pacífica. «La verdad y paz se besan» (Salmo 84/85: 11). Siempre con la verdad por delante, porque sin verdad no puede haber paz, sólo chapuza. 
Si el terrorismo se disfraza de ‘enfrentamiento armado’, si se habla de conflicto donde no lo hay, si se equiparan delincuentes y policías, víctimas inocentes y malhechores perseguidos y condenados por la justicia…, entonces no hay verdad, y cualquier apaño que resulte no merece el nombre de paz. El que pique en la feria del “todos ganan” hace mal negocio.

Votantes de diseño y habas contadas
Mucho se ha comentado la clarividencia del etarra ‘Antza’ en sus pronósticos de 2004, sobre resultados electorales de la Izquierda Abertzale a ocho años vista (2004-2012):

«Para las autonómicas de 2005, 'Mikel Antza' previó el logro de 150.000 votos y hay que decir que sacó un pleno al quince porque con la lista pantalla de EHAK obtuvieron 150.188 sufragios. Para las municipales de 2011, el jefe etarra dejó escrito que Batasuna sacaría 300.000 votos. El día 22 se verá si acierta.» [5]

Esta vez ‘Antza’ no acertó: se quedó algo corto, sin duda por computar sólo a los suyos, sin tener en cuenta los votos prestados.
¿Adivino? ¿profeta? ¿zahorí? Dejémoslo en contable. Se limitaba a echar cuentas, como cualquiera puede hacerlo.
No hay más que partir de la fecha en que la CAV asume la competencia de educación (1980). El nacionalismo radical siempre tuvo claro que la escuela en sus manos era una fábrica segura de votantes, y con entrega ejemplar fueron colocando a gente suya en toda la escala educativa, desde la guardería a la universidad. Tanto el PNV como su socio el PSEE les dejaron las manos demasiado libres; más aún, financiaron su penetración en tromba en Navarra y el País Vasco Francés. En este último, es bien sabido que algunos etarras capturados cubrían las apariencias como profesores de ikastola, pagados desde aquí con nuestro dinero.
En 1993-94, la primera hornada de currículo escolar completo accedía al voto, y muchos de ellos encontraban trabajo en la enseñanza, más y más radical. Así no parece difícil sacar las cuentas de los votantes previstos para la causa en 2011 o 2013. Yo no me voy a molestar en ello.
Eso de que «se abre un nuevo ciclo», que suena como a frase hecha,  es rigurosamente correcto si se refiere al ciclo escolar. Año tras año, la ikastola-ferrería  ha ido produciendo colada radical, y ya hay masa crítica de votantes para tener hasta grupo propio en las Cortes Generales de España. Si ahora cambiamos la metáfora fabril por la frutícola, la izquierda radical no va a compartir nueces con nadie, las quiera todas para sí, que su astucia y esfuerzo le han costado.

¿ETA, para qué?
En diciembre de 2010, el ex dirigente de ETA Eugenio Etxebeste (‘Antxon’) aseguraba que «la lucha armada ha tocado techo», y no por haber fracasado, sino porque «ha aportado todo lo que tenía que aportar en un momento determinado».
Cincuenta años casi de esa ‘lucha’, se nos antoja un ‘momento’ algo largo, y de su ‘aportación’ nada se nos alcanza que no sea malo sin paliativos.  Ellos lo ven todo de otro modo, y otros nacionalistas en parte también. Y aunque el brazo político, Batasuna, no para de pintar escenarios con mesas de diálogo y se transmuta en siglas y conglomerados, el hecho es que no ceden un ápice en sus planteamientos. Stat crux dum volvitur orbis. Ya puede dar vueltas el mundo, ETA/Batasuna sigue con su bandera de marxismo-leninismo a implantar en una Euskal Herria liberada y liderada por ellos. Ahí está su tendón de Aquiles.
El Jano bifronte ETA/Batasuna, como tantos otros grupos terroristas en declive, venden a los suyos la cesantía armada como ‘victoria’. Si el Gobierno central y el autonómico se coordinan para ponérselo más fácil, lo lógico es que ellos mismos se tomen en serio. ETA hace como que pasa a segundo plano, pero no se disuelve. Cualquier paso en falso de los poderes del Estado puede ser denunciado ahora por ellos ante la opinión internacional como ruptura de compromisos y legitimación del retorno a las armas. ETA desde la sombra nos seguirá tutelando a su modo, y cuidado con ellos, porque la naturaleza de la víbora es picar.
No es bueno subestimar la inteligencia del adversario. En la izquierda abertzale hay mucha masa fanática, pero también mucha disciplina, y sobre todo una élite directiva muy motivada y capaz. Se han equivocado como cualquiera, pero siempre han sabido rectificar a tiempo y tomar la delantera, marcando tiempos y objetivos. Últimamente han demostrado que hasta saben anudarse una corbata.
Frente a ellos, una democracia dividida y miope. Para colmo, dos legislaturas seguidas deplorables, con este final de entreguismo bochornoso; y ellos en las instituciones por muchos años, cabe suponer.
De momento están actuando con contención inteligente, sobre todo allí donde gobiernan. Tal vez su peor enemigo sea su misma ideología y talante totalitario en un cóctel con el éxito político, chi lo sa.
Pero nadie se engañe. Como decía Unamuno en el ensayo citado, referido igualmente a la religión, pero válido en política:  «Nada más triste que entercarse en vivir de ilusiones, a conciencia de que lo son».
Y aun sin esa conciencia, Maestro.
____________________________________

[1] Carta a los Redactores de ‘La Organización’, periódico de Medellín (Colombia), fechada en 1 de enero 1909. En: M. de Unamuno, Epistolario americano: 1890-1936. Ed. de Laureano Robles,  Univ. de Salamanca, 1996. Nº 155,  pág. 315.
[2] Unamuno. Obras completas, IX. Edic. Ricardo Senabre. Fundac. José Antonio de Castro. Madrid, 2008.  ‘Mi religión’… pp. 49 ss. (De la correspondencia…, pp. 64-68).
[3] «Se puede decir, aunque sea con muchas salvedades, que Unamuno, con todas sus penas, tuvo mucho de farsante, de histrión. Hacía a veces para el público, y aun para sí mismo, el “papel” de Unamuno. Un papel que no era en él siempre tan sólo ese ‘representar” que es en cualquiera inevitable al tratar de expresarse. Unamuno muchas veces exageraba y dramatizaba su dolor. Y hablaba de él cuando ya no lo sentía, o era éste sólo un reflejo; aunque a menudo encontrase entonces nuevo dolor y una renovada angustia al darse cuenta de que estaba haciendo “novela”, literatura, de su tragedia verdadera.» (Antonio Sánchez Barbudo, en Unamuno: Del sentimiento trágico de la vida; La agonía del cristianismo. AKAL, 1983, Introducción, pág. 29)
 [4] Aun en éstos, la Academia sólo habla de ‘preferencia’, no de disyuntiva (s. v. antes,3).
         [5] Florencio Domínguez, Los 300.000 de ‘Mikel Antza’’.



lunes, 17 de octubre de 2011

Patria o lógica


       En agosto pasado, con ocasión de las Fiestas de Bilbao, el grupo municipal de Bildu en el Ayuntamiento emitió una ‘fatua’ –del arábigo fatwa, dictamen, no vayan a pensar– , apostando (sic) por el laicismo.

[Esto de apostar hay que ver lo que mola entre políticos, que parecen ludópatas apostando a todas horas por lo que sea. De boquilla, claro, no de bolsillo. Así de fácil, sin jugarse nada, apuestan por la paz, por la convivencia, el bienestar, la cultura, el aire limpio, los perdigones sin plomo; o como en este caso, por el laicismo.]

El acto popular que preocupaba entonces a Bildu era una romería. Y la romería vasca (como el patio de mi casa) es muy particular: arraiga en la tradición cultural del pueblo y es ambivalente por la fusión inseparable de lo social y lo religioso.
Es palmaria la incoherencia de reivindicar la integridad identitaria de un pueblo-nación, y a la vez censurar ésta o la otra seña particular, porque no la necesito o no encaja en mi proyecto de construcción nacional.
¿Que hoy la sociedad vasca es más laica, los creyentes menos católicos? Claro que ha habido cambio; y no sólo en lo religioso, en muchas cosas. La lengua, por ejemplo, otra seña de identidad. Por cierto, nuestros laicos deberían darse una vuelta por esa misma romería, y hacer la estadística de las lenguas que allí se hablan. A ratos, hay que entrar a la iglesia para poder escuchar algo de vascuence. Litúrgico, por supuesto.
No quisiera repetirme, aunque sí abundar un poco en el doble rasero de medir la convivencia ciudadana, según interese al nacionalismo o a todo lo demás, incluida la religión.
El martes 11, fiesta de la Virgen-Madre, la titular de Begoña, volvió a haber romería. La misma compenetración de lo religioso con otros elementos culturales vascos profanos, música, trajes y demás. Lo de toda la vida, como aquí se dice.
La nota de prensa en el Correo estuvo ilustrada con unos cuantos comentarios mayormento burlescos, que no críticos. Hay quien no cree «que 50.000 personas creen que la ‘virgen’ era virgen después de concebir un hijo, y que al que se le apareció en ‘Bego-oña’ no sufría de trastorno alucinatorio». Según otro, «da pena que en pleno año 2011 sigamos con estas tontería propias del oscurantismo medieval».
No pidamos calado racional a esos desahogos. Lo que revelan, y eso sí que da pena, es ignorancia arrogante sobre lo que el fenómeno religioso ha significado en el devenir individual y social, y lo que para mucha gente aún hoy en día representa. «Oscurantismo medieval»: una fórmula-comodín. Con ella me quito de encima el compromiso de averiguar en qué consistió tal oscurantismo, y si otros oscurantismos antiguos o modernos son menos malos.

[La expresión oscurantismo medieval está validada por el uso y el Diccionario, y yo mismo recuerdo haberla usado aquí alguna vez
Sin embargo, en rigor histórico es casi un oxímoron,  pues los ‘oscurantistas’ propiamente dichos no vivieron en la Edad Media. 
Oscurantismo se dijo por los autores ficticios de las Epistolae Obscurorum Virorum (1515-1517), la célebre sátira del Renacimiento alemán en forma de cartas contra el humanismo y los humanistas. Aquellos obscuri viri –término equivalente a ‘desconocidos’– se llamaron en alemán los Obskuranten. Fueron por tanto gente de la Edad Moderna, siendo su defecto haberse equivocado de siglo.] [1]

Digresión sobre creencias 
«Estas tonterías». Nunca se me habría ocurrido, de los romeros de Begoña, decir o pensar que son tontos. Ni siquiera cuando muchos hacían algo que hoy apenas se ve: subir por todas Las Calzadas de Mallona de rodillas, los brazos en cruz. ¿Masoquismo? La religión tiene sus ramalazos masoquistas, pero no se olvide que esa ‘perversión’ es una forma de descargo y alivio.
Habrá quien diga: «No, esas frases van contra la superstición, no contra la religión.» ¿Y dónde está la raya, si puede saberse? Esa es precisamente la arrogancia de la expresión ‘oscurantismo medieval’, aplicada por aspersión a tanta gente y tan diversa como la que concurre a cualquier romería popular.
Conste que mi punto de vista no es agnóstico. El agnosticismo no niega lo trascendente, no niega a Dios; sólo lo pone fuera de tiro para la razón. En este sentido, todavía tiene el agnóstico el beneficio de la duda, «quién sabe, ya veremos». Tal vez sea la estación terminal lógica para el no creyente. A mí me parece un apeadero para no llegar hasta el último andén, con los topes definitivos del non plus ultra.
El ateísmo, más aún que el agnosticismo, produce una sensación de orfandad, de infancia perdida, y cierto pesimismo, porque un mundo con imprevistos y con milagros es más curioso, más divertido, qué duda cabe, que este otro «diseñado a la medida, número y peso» [2]. ¡Ya! ¿y el infierno?... Al diablo con él, ¿qué tiene que ver eso con lo que discutimos? Además, aunque lo hubiera, el castigo sería para los malos. Con ser buena persona, asunto resuelto. Y si encima Dios ayuda y Dios perdona, no te digo.
Creer, o no creer, o dejarlo en suspenso, he ahí tres posturas respetables y hasta razonables por igual, según la mentalidad que a uno le toque en suerte. Al buen creyente –del hipócrita, ni caso– se le puede envidiar, quién sabe, hasta compadecer, pero sin el desprecio arrogante que hemos visto. Porque por ahí se va derecho a la intolerancia. 

Retomando el hilo
En efecto, los mismos nicks que se burlan de algo tan genuinamente vasco como es una romería, esas mismas personas, en el mismo periódico, reaccionan con acritud si alguien se permite una crítica, y no digamos una mofa, sobre el oscurantismo de la euscaldunización: ese derroche absurdo para ‘normalizar’ una lengua que sus propios hablantes desecharon en su momento por inservible.
Y no es que tengan razón o no la tengan, en lo uno y en lo otro: es que no tiene lógica discurrir con doble lógica, según para qué. Si las creencias y valores religiosos, por muy vascos que sean o hayan sido (Aránzazu, Begoña, Loyola…), son piedra de escándalo para la convivencia, no lo son menos otros valores de motivación política, como la imposición de una lengua, por muy ‘propia’ que se la quiera vender.
El nacionalismo nos ha programado un ‘menú vasco’, el mismo para todos, con ligeras variantes de presentación, más que de dietética. Una tabla de platos ‘auténticos’, donde entra también algo de ‘nueva cocina’ [3]. Fuera del menú no hay vasquidad. Así, de forma selectiva arbitraria, sin base histórica ni antropológica, unos doctrinarios deciden e imponen su estereotipo de lo vasco, a su imagen y semejanza. Lo ‘nuestro’, tal como se dogmatiza desde el jardín de infancia.
Guárdeme yo para mi fuero interno mi religión o mi ateísmo, y guárdate tú para ti tus convicciones sobre el ser o no ser vasco. Basemos nuestra conviencia en el máximo de libertad en lo que nos une y el mínimo de coacción en lo que nos separa.
Si la única garantía de convivencia entre creencias religiosas diferentes es el laicismo, la lógica pide algo así también para la convivencia entre modos distintos de creerse y sentirse ciudadano vasco. Lo demás es totalitarismo. ¿Apuesta alguien por el totalitarismo? Nadie lo hace en voz alta. Y eso, en una cultura de apostadores compulsivos que también juegan al mus, es mosqueante.
 ________________________

[1] Cfr. Epistolae Obscurorum Virorum / Cartas de Desconocidos. Edic. de J. Moya, Universidad de Málaga, 2008; Introducción, pág. 9.
[2] Sabiduría, 11: 20 (21).
[3] Aquí entre el rock vasco o el euskoheavy etc., pero también la chalaparta o el Olentzero, tradiciones de ayer, o que hasta ayer tarde fueron desconocidas a media legua de su aldea.