domingo, 31 de mayo de 2026

Talismán

  © okdiario  

  «Os presto mi talismán, quedaos con este hombre bueno»: «La Mujer más poderosa de España, desde Isabel la Católica» –así autodefinida, con autolimitación tan generosa como gratuita–, invocaba a su mentor Rodríguez Zapatero en ayuda milagrosa de su electorado. Y aunque parezca mentira, al decirlo profetizaba. La sagrada Escritura conoce casos de gente no santa, incluso poco recomendable, que por su cargo, o por otra razones inescrutables, ‘profetizan’: dicen la verdad sin saberlo ellos mismos. Como Caifás, cuando en su condición de Sumo Sacerdote, explicaba al Sanhedrín el destino de Jesucristo (según Juan, 11: 50):

Vosotros no lo entendéis. Conviene que un hombre muera, para que se salve toda la nación.

Caifás, corto de mira, pensaba en la salvación del pueblo judío, pero como profeta ocasional inspirado anunciaba la redención del mundo. Algo así  –salvado el abismo entre lo sagrado y lo bufo–, Marisú Montero salía sibila profetisa diciendo una cosa que significaba justo la contraria. Corta de vista, en Zapatero sólo contemplaba su talismán, como su seguro de buena suerte, y por eso lo prestaba a sus votantes andaluces como garantía de victoria en las urnas. Y en este sentido, como estaba cantado, el fracaso fue morrocotudo. Ahora bien, como profetisa inconsciente, lo que realmente hacía, cual nueva Salomé, era poner a su Bautista en manos del electorado andaluz, el verdugo de ambos. Y tuvo que ser tremendo, lo que algunos aseguran que vieron flotar sobre el estruendo de los aplausos: la cabeza de José Luis en la bandeja de plata, como en los envenenados por  estricnina o por la toxina tetánica, mantenía el rictus y mueca sardónica que le caracterizó en vida.

La todavía candidata a la Presidencia de Andalucía había puesto de moda por un instante la palabra mágica, talismán, aplicada a su mentor y animador Zapatero. Como es norma en los profetas de chiripa, tampoco aquí la profetisa calaba en profundidad lo que su boca pronunciaba. Porque talismán, en su origen, significó y significa algo que tiene poco o nada que ver con la suerte buena ni mala, pero que resulta muy verdadero, y hasta profético, para describir la naturaleza del sanchismo y el estado cataléptico de un socialismo sectario. Es lo que vamos a examinar, a modo de divertimento, en este artículo.


Del talismán al telesma 

La voz talismán la divulgan en Europa los primeros traductores de Las Mil y Una Noches, empezando por Galland al francés (1707-1717), seguido de lejos por Lane y por Burton, al inglés. En esos cuentos orientales, un talismán es cualquier objeto con poder mágico efectivo en favor de quien lo posee;  a diferencia del amuleto, igualmente mágico pero defensivo, contrapoder protector. Talismán es préstamo del  árabo-persa medieval tilism, que a su vez era préstamo del griego bizantino télesma (pl. telésmata), con el mismo significado mágico. Sin embargo, en siglos anteriores de la época cristiana, el término griego todavía conservaba su sentido original, ligado no a la magia, sino al campo semántico religioso, en especial de las religiones mistéricas, en las que se incluye (no lo olvidemos) el cristianismo. Su raíz tel* implica fin(alidad) y acabamiento, compleción y perfección en doctrina y obra. En suma:  télesma –o telesma, españolizado–, expresa de maravilla el estado de perfección que puede alcanzar el iniciado, en religión ante todo, pero por extensión, en cualquier cosa: en virtud, ciencia, arte, oficio etc.; o en todo lo contrario … marrullería, astucia, maldad, infamia. No perdamos de vista el carácter social de esa perfección y virtuosismo, tanto en cofradías y sectas religiosas o escuelas de filosofía y arte, , como en sociedades secretas, mafias y patios de Monipodio.

No era así como la Marisú Montero entendía a su talismán, José Lui, aunque como profetisa de alcance daba en la diana del socialista cabal y pluscuamperfecto que su  Zapatero es y se está revelando por distintas fuentes. Nuevas luces sobre un mismo tipo camaleónico, ya viejo conocido de muchos. Alguien que se jactaba más de talante que de talento, hasta pasar por bobalicón. «Bobo solemne», le etiquetó Mariano Rajoy, con solemne pifia por partida doble: en lo humano y en lo político. Hombre de Dios, así no se insulta –y menos en el parlamento– a un adversario no tan bobo por ir de solemne, ni que tampoco te ha insultado a ti como el «Vago solemne», de toda solemnidad.

Pero no vamos a detenernos en el telesma particular de un individuo polifacético. Lo que se trata es de entender el término como descriptor aplicable en un partido con resabios cuasi religiosos, lo que el socialismo ha sido siempre. En efecto, en el social-comunismo histórico que definía la religión como «el opio del pueblo» administrado por el clero, llama la atención su querencia constante a sustituirla como nueva religión laica no menos opiácea, no sólo para el pueblo, también para sus nuevos guías, los propios socialistas y sus líderes del partido. Por ahí tengo un librito titulado en español Los socialistas pintados por sí mismos. "El demócrata socialista tiene la palabra." Este subtítulo era el verdadero título de la obra de E. Käser, traducida del alemán por Domingo Miral para Saturnino Calleja (Madrid, 1912). De las 200 páginas del libro, toda la III Parte (25 %) trata de la Religión, y la IV Parte (20 %), de la Moral, sólo para plantear la democracia socialista como el sucedáneo natural científico de ambas. Sin embargo, esa casi mitad del libro no debe engañar, ya que la otra mitad abunda en referencias directas o indirectas a lo mismo. El propio socialismo se presenta como sistema dogmático necesario y obligatorio para la salvación del mundo, de la sociedad y del individuo. Si católico quiere decir universal, nada falta al socialismo para ser un catolicismo más perfecto, por ser laico (pp. 144-145):

 «Los demócratas socialistas tienen su religión: así, por lo menos, lo expresa bellamente W. Liebknecht: “¿No tenemos nosotros lo que constituye la fuerza de la religión; es decir, la fe en los más excelsos ideales? ¿No es el socialismo la forma más alta de la moralidad, de la generosidad, del sacrificio y de la filantropía?” (Protokoll des Parteitages, Halle, 202) ... La humanidad es la última cosa santa que queda: “Las cosas santas y sagradas, así religiosas como profanas, deben desaparecer para que subsistea la única cosa santa, eterna y verdadera: la Humanidad.” (Dietzgen, J., Die Religion der Sozialdemokratie, 7ª ed., Berlín, 1906, pp. 13 y sigs.).»   


El telesma como estado de cautividad sectaria

Volviendo a Las Mil y Una Noches, sería imperdonable olvidar la traducción española de Rafael Cansinos Assens, sobria y estilizada, que publicó Aguilar. Pues bien, en la Noche 522 encontramos este texto:

«Salió después Halima de su litera y el padre del joven quedó maravillado al verla, … y le asignó en su casa un pabellón alto, cual si fuera un tesoro encantado, cuyos talismanes se hubieran soltado…» 

La metáfora de los sellos mágicos vale aquí para un cofre, como en la Biblia vale para un libro o rollo cerrado, cuyos siete sellos va rompiendo, uno tras otro, la virtud del divino Cordero (Apocalipsis, 6)

El talismán o telesma nos devuelve a las religiones de misterio, todas ellas con su secretismo, sus revelaciones graduales, y su ‘disciplina del arcano’: la prohibición de hablar de ello a profanos, pero ni siquiera a los iniciados de grado inferior. La infracción acarrea expulsión, pérdida de contactos y empleo, depresión y angustia… Disciplina practicada también en las sociedades secretas y las mafias, bajo amenaza de males imprevisibles  que pueden parecer accidentes. Todo está atado y bien atado, mientras el juego telésmico no se rompa en el grupo. He aquí el talismán o telesma como compromiso definitivo. Definitivo hasta la locura; lo que, sumado a la religión, hace el cóctel de la triple D: compromiso Divino - Definitivo - Demencial.


Mitreo romano bajo Santa Prisca. © Turismo Roma


Entre las religiones de misterio, la más divulgada entre soldados fue la de Mitra, de origen oriental. Sus lugares de iniciación y culto, los mitreos, eran subterráneos, y los hay que precedieron a una iglesia cristiana edificada justo encima, como las basílicas romanas de San Clemente o santa Prisca. Lo de esconder bajo tierra las religiones de misterio parece lo más natural. En el casco urbano, un inconveniente podía ser, a veces, la vecindad con las cloacas; cosa que tambien ocurre, a lo laico prosaico, hoy en día.

[En este punto, me llegan las imágenes de la clausura del último Congreso Federal  de las Juventudes Socialistas, en Madrid, con intervenciones del líder supremo, Pedro Sánchez, y de la nueva secretaria general, Aránzazu Figueroa. Todo un paradigma vivo de telesma sectario, que hace superfluo cualquier esfuerzo mío o prestado para explicarlo. Elocuente la promoción de una joven lideresa radicalizada y totalmente identificada con su jefe en plena crisis política y judicial del sanchismo. Joven educada en un colegio religioso católico, y doble graduada universitaria, en Derecho y Economía, sin que ello le inhiba de usar una retórica agresiva de confrontación política y superioridad moral carente de toda finura y sutileza, despectiva y bordeando la ordinariez. Mal augurio para un saneamiento de la oratoria parlamentaria.]

 Quede pendiente una reflexión sobre otro aspecto del telesma cuasi religioso en el sectarismo político: el relativo a la divinización del déspota para inter nos, por mal nombre, ‘el puto amo’.


viernes, 8 de mayo de 2026

“Españoles primero”

Abriendo el baile con Gemini 


Todos los que tuvimos la suerte de sobrevivir al naufragio del Titanic, aquella noche triste de abril de 1912, llevamos en el tímpano la frase sacramental, «Mujeres y niños primero». Era, todo en uno, invitación cortés, orden terminante y amenaza subrayada por el cañón de un revólver. Esto último, poca cosa frente a una multitud enloquecida, cuando intuimos el nulo propósito de hacerse obedecer a rajatabla. [1

Aquella frase, con su situación dramática, viene ahora evocada por otra en paralelo: «Españoles primero». La propuesta del líder de Vox está sacudiendo a medio espectro político, que clama alarma social, insulto a la Constitución, a la Carta Internacional de Derechos Humanos (1948, 1966), y hasta blasfemia contra el Espíritu Santo, azuzando a la Conferencia Episcopal española contra estos renegados del Evangelio y el Decálogo en su versión cristiana (Mateo, 22: 39). Eso, sin olvidar los principios y valores morales de la izquierda progresista, incompatibles con cualquier prioridad de España y lo español frente a su contrario, lo no español, en cualquier sentido y circunstancia próspera o adversa. Hasta ahí podíamos llegar.

Lo curioso es que, en esa voz de alarma, esta clase política, meme de iglesia docente, no representa a su discente feligresía, que en alta proporción comulgaría con el lema nefando, según encuestas fiables. En cuanto a la derecha, tampoco los votantes del PP hacen tanto remilgo como sus votados portavoces del partido, porque lo de ‘españoles primero’, en España, les parece  de sentido común. 

¿De verdad, dos palabras juntas dan para tanta guerra? Es lo que aquí se trata de entender.

Su misma literalidad, ‘españoles primero’, parece inspirada en el lema ‘América primero’: traducción literal de un ‘America first’ (1915) nada inclusivo, pues se refería a los Estados Unidos de Norteamérica, y a nadie más del continente americano. Esto es lo único fijo e invariable en la semántica de la expresión, ambigua y cambiante desde hace más de un siglo. La misma ambigüedad y multiuso del lema, aplicado a España y los españoles, obliga a leerlo en su contexto político actual: como respuesta al Real Decreto de 14 de abril pasado. Estudiado con calma, hasta es posible que tenga sentido razonable y acorde con la gran mayoría del pueblo español.

En primer lugar, ese real decreto no tiene nada que lo justifique como tal. Dentro del récord de reales decretos –unos 165– que lleva acumulados el gobierno Sánchez, éste es de relevancia particular, porque toca nada menos que al corpus y quórum del Pueblo Español, S. L.: el conjunto de individuos que conforman la nación y estado llamado España, dentro de la Unión Europea. Algo que está definido en la Constitución española, y no se puede cambiar por decreto. Más aún, su cambio es de los que piden referéndum, como está ocurriendo en Suiza sobre una propuesta interna de limitar su población a 10 millones (numerus clausus). Cierto que Suiza no forma parte de la Unión Europea, pero sí del espacio Schengen, a efectos de libre circulación de personas. Cierto también que la Confederación Helvética es de democracia directa, muy consultiva popular; pero en este caso vale la analogía, porque se trata de lo mismo, aunque tratado al revés: allí, para conservar la población autóctona suiza, evitando su dilución en aluvión de inmigrantes; aquí, para lo contrario: acelerar la dilución y ‘reemplazo’ de los españoles, ya ‘en agujas de extinción’, por dejadez de la función reproductiva.[2]


Españoles por españoles: la teoría del reemplazo

Esta intencionalidad no vendrá expresada ni reconocida en los textos legales, aunque sí en soflamas populistas. Un ejemplo: la eurodiputada Irene Montero, en un mitin de su partido (Zaragoza, 31 de enero), pedía «por favor» a las personas «migrantes y racializadas (?)» que «no nos dejen solas con tanto facha». 

     A propósito, hablo con la IA sobre eso que dicen, de la sustitución o reemplazo intencionado de nativos por foráneos, como pesca de votos para la izquierda. Cortés como siempre, al principio la doña me presentaba la ‘teoría del reemplazo’ como una mera suposición en el debate político, una teoría conspiranoica de la derecha. Apretándole yo un poquito, reservas fuera, me llevó derecho a las fuentes sobre lo de Zaragoza, donde la líder insistió textualmente: «Claro que yo quiero el reemplazo: reemplazo de fachas, reemplazo de racistas y de vividores en este país, con gente trabajadora». Como también –según mi citada informante–, en aquellas ocasión se exigía al gobierno que la regulación de inmigrantes incluyese de inmediato el derecho a voto, bien fuese agilizando la nacionalidad, o cambiando la ley electoral. Ergo…  

Según eso, la intencionalidad reemplazo no es fantasía, más allá de lo natural que cualquiera puede ver a diario, cuando se cruza por la acera, o en el metro cede el paso a una dama entre dos niños, el más pequeño, de la mano, mientras con la otra empuja un cochecito con un bebé (si no son dos), y ella luciendo vientre curvo de buena esperanza. ¿Racializada, por multípara? Dígalo doña Irene, pero por supuesto, no española. A ese paso, reemplazo seguro, aunque los votos de los españoles nuevos están por ver. 


Quien hace un cesto, digo, un decreto …

Pasemos ahora de arrebatos mitineros, para reparar en lo que importa, y ni nos damos cuenta. Porque, en efecto, por este real decreto «se modifica el Real Decreto 1155/2024, de 19 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento de la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social». 

La explicación burócrato-críptica –valga el pleonasmo–, se refiere a un mero cambio en el Reglamento de Extranjería, introduciendo una regulación extraordinaria para inmigrantes ‘sin papeles’. Dicho así, una norma reglamentaria sin rango de ley, potestativa del gobierno sin pasar por las cámaras. Ahora bien, si la regulación ‘introducida’ por decreto resulta ser tan ‘extraordinaria’ y tan permisiva que infrinja la propia Ley de Extranjería, en su letra o su espíritu, burlándola por un coladero, ese fraude de ley viciaría de nulidad el decreto, cabe pensar, pero allá los expertos en funambulismo legal y saltos a la torera. [3] – Según eso –me planteo–, lo que el gobierno realmente modifica de urgencia por decreto en abril de 2026 es su propio Reglamento de Extranjería, aprobado también por decreto en noviembre del 24, pero que entró en vigor en mayo de 2025. El cambio de reglamento se justificaba, para eliminar estorbos burocráticos. Ahora, tras un año corto de rodaje, la urgencia del nuevo cambio se basa en razones morales, como nuestra «vocación de país garante de los derechos humanos», por la cual «esta norma incorpora la perspectiva de la infancia como principio informador del conjunto del texto»(¡?). Como también, «del mismo modo, la norma otorga un carácter preponderante a la perspectiva de género, que también actúa como principio informador transversal, de forma que el texto contribuye a generar un impacto positivo en términos de género» (sic), etc. ¡Pero qué broma es esta! ¿De verdad, tanta verborrea aguanta el B.O.E.?

– Tranquilo, Belosti –me respondo–. Si nos fijamos bien, es la versión galimatiprogre de ‘las mujeres y los niños primero’. Sólo que aquí se invierte el orden, porque los niños que le importan al gobierno decretista no son los hijos de las mujeres supuestamente migratorias, sino los menas, acrónimo, ‘menores extranjeros no acompañados, y que a menudo ni siquiera son menores. Luego, si quieres, hablamos de estos infelices que, por alguna razón adivinable, son casi todos (94%) del género masculino. 

Por otra parte, la ‘perspectiva de género con impacto positivo’ tampoco piensa en la mujer como principio biológico y cultural de la especie humana: mediante la producción de nuevos seres, y su primera incardinación territorial. Y esto es así en todas las razas y pueblos del planeta, como única máquina capaz y condicionante. Recordemos lo obvio, como Reg a su camarada transexual Stan/Loretta, en La vida de Brian’ (1979): «Tú tendrás los derechos que gustes, pero tú no puedes parir: no tienes matriz».

En fin, para colmar el insulto a la inteligencia, el decreto nos regala este ‘valor añadido’: «la aportación cultural y social de estas personas, cuya diversidad de orígenes, lenguas y tradiciones enriquece la vida comunitaria, refuerza la cohesión social y proyecta una imagen de país plural y dinámico. (Este valor añadido justifica también la adecuación de su situación administrativa al grado real de integración alcanzado.)

Para mayores sin reparos, el Decreto en cuestión puede leerse en el BOE de 15 de abril de 2026, N.º 92. Son sólo 21 páginas de nada. Tan de nada, que valen de hilo conductor en el laberinto sanchista, por lo que toca a ‘política’ migratoria desde que manda el ‘Puto Amo’ –así le aduló uno de sus domésticos–. Porque uno puede no ser de Vox, ni siquiera simpatizar con su líder, y sin embargo entender que «españoles primero», en la España del régimen, no es la barbaridad que algunos airean. 

Quién no ha visto repetirse la escena, día sí y día también. En urgencias hospitalarias, la madre extranjera, visiblemente racializada, con su criatura moribunda en brazos, retroceder ante la turba que le grita: «¡Españoles primero!» Triste espectáculo, en verdad. Bochornoso e inhumano… Ah, ¿que ustedes no han presenciado tal cosa? Yo tampoco; pero a que impresiona, ¿verdad que sí? Porque los sermones –también los de odio–, calan mejor predicados en parábolas.

En mi descargo, puedo decir que no me considero de la ultraderecha. De ningún extremismo, en general. Por razones varias, pero sobre todo por estética, porque alguien dijo que toda afectación es mala. Aun así, incluso yo entiendo que el lema puede no tomarse a mala parte. ‘Españoles primero’ es el reparo más cuerdo a la praxis migratoria de este gobierno, y no de este solo. El control de fronteras no es potestativo, es obligación primaria de todo gobierno. Si el dueño de un establecimiento, una cafetería, puede reservarse el derecho de admisión en ella, no es el caso de un gobierno que sólo administra un estado en nombre del pueblo soberano del mismo. 

Migración y emigración pueden ser cuasi sinónimos, pero inmigración no significa lo mismo.  Emigrar puede ser potestativo, pero la inmigración o ingreso y asentamiento en otro país está sujeto a normas. Al margen de ellas, y burlando todo control, la entrada es irregular y no genera derecho de admisión, más bien de suyo merece expediente de expulsión.

Fuera de Jauja, Magonia y algún otro paraíso imaginario, en todos los demás países los recursos suelen ser limitados y su distribución, delicada. Por lo mismo, un buen gobierno debe calcular la cuota y calidad de inmigración, exclusivamente regular, por algoritmo ajustado a cuatro criterios: necesaria, conveniente, sostenible y proporcionada. De no hacerse así, o peor aún, haciendo lo contrario, por desidia o por  solidaridad mal entendida –que suelen ser las tapaderas intercambiables de intereses espurios–, o descaradamente, por reemplazar a una parte de ciudadanos que otra parte decide, porque no le gustan, ninguna reforma reglamentaria de la extranjería surtirá ese efecto benéfico, soñado o señuelo, de enriquecimiento cultural, cohesión social y música celestial. Con regulaciones masivas exprés y por decreto, tal vez el poder apañe votos para que nadie gobierne, pero entonces, «españoles primero» será la consigna creciente y atronadora, aunque al fin sólo sea para disputar a los foráneos los puestos de mendicidad con alguna esperanza de llevar algo a la boca.

Se nos quiere vender que en la historia siempre se dio el fenómeno de las migraciones, con saldo positivos en términos de progreso. Sin ir más lejos: las invasiones bárbaras que transformaron el Impero Romano en la Europa de naciones. No tan simple. La Filosofía de la Historia está muy por hacer, y de su Teología –como le dijeron los atenienses del Areópago al apóstol Pablo–, «mejor si lo dejamos para otra ocasión» (Hechos, 17: 32).

El cambio que hoy nos pilla en pijama es la globalización tecnológica, sin contrapartida cultural equipolente. Se nos quiere vender la bondad intrínseca de las migraciones, como ejercicio y taller de derechos humanos para la convivencia. Ensayo tan peligroso devora esfuerzo, dinero y propaganda interesada, que mucha gente no acaba de entender ni agradecer. Sería más lógico invertir en ayuda al desarrollo de los pueblos de origen y la promoción interna de los individuos, moderando la emigración forzosa o forzada. Por desgracia, la corrupción de sus gobiernos consume con creces cualquier ayuda, y brinda ocasión a otros corruptos para el tráfico y comercio de personas…

Aquí mi demonio de la guarda me tira de la manga, que no me enrede, y punto en boca. Sólo una consideración, y concluyo. A la gente mayor por la general no nos tranquiliza que nos muden el paisaje físico y su decorado humano. Preferimos la variedad de países, al revuelto de culturas. De unos años acá, evitamos ciertos lugares de la propia geografía urbana que nos era familiar. Adelantamos la hora del retiro a casa y –por qué no confesarlo– vernos de repente solos en un concurso de ‘personas racializadas’, a veces nos desasosiega. Sin disculpas. Cosas de la edad.


Coda

Estaba despejando la pantalla para apagar el ordenador, cuando mi ángel de la guarda, sin decir palabra, me invita a darle un vistazo  al nuevo decreto dado a conocer este 6 de mayo. En su ‘virtud’ (¡?) –dicho en modo sarcasmo–, el Gobierno declara SECRETO o RESERVADO cualesquiera informes y documentación tocante a la regularización masiva de inmigrantes. Nadie de entrometa en lo que le meten en casa: mucha gente, sí, pero cuánta, su procedencia, antecedentes policiales y penales, etc., todo bajo secreto, hasta dentro de 35 años. En lo antiguo, el siempre presunto delincuente se ‘acogía a sagrado’ para entregarse a la justicia con seguridad. Ahora lo tiene más fácil: ‘acogerse a español’, para inmunizarse de ella.

Desde su entrada en vigor, la consigna «españoles primero» decae en favor de un más lógico «sálvese quien pueda». Y muchos años antes del plazo señalado, alguien saboreará un puro mientras se fuma la película, ‘El hundimiento de una Nación, de cuyo nombre no quiero acordarme’.  

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Notas:

1. Para ilustración general, la Wikipedia ofrece un buen artículo sobre la historia y alcance del citado mandamiento. Por lo demás, en el Titanic real parece que no hubo disparos ni suicidio del primer oficial Murdoch, que murió por accidente.

2. DRAE, aguja, 16. No estamos en vías de extinción, todavía, pero entramos en agujas, en jerga ferrovial.

3. Dura Lex, sed toreram saltare, de Kalikatres el Sapientísimo, ¿alguien se acuerda?.