viernes, 3 de junio de 2011

Cien años de paro (y 2)



El espejo soriano
La reseña más extensa sobre Luis de Marichalar a mi alcance es esta de F. del Campo García, ‘El Vizconde de Eza y la Cooperación’ [2], francamente hagiográfica. La pertenencia a la nobleza agraria conservadora condicionaba su visión del mundo obrero, y sin poner en tela de juicio la honestidad del prócer, todo indica que en ese campo de la sociologia era un diletante en sus pagos provincianos.
Dice don Luis: “Yo, que gusto de la ciencia experimental, …”
Con que un científico empírico, siquiera aficionado. Sigámosle:

… “aprovechando la coincidencia de haber estado tres días en un finca cercana a Soria, y teniendo allí grandes relaciones, por todo extremo cordialísimas, con los Centros Obreros, les pedí algunos datos que poder traer aquí, y aunque no pueden ser ni completos ni instructivos, no deja de tener alguna curiosidad el hecho de que, siendo una de las provincias tenidas por más humildes y menos industriales (aunque para mí no hay virtud más hermosa que la de la humildad), sea la única de que pueda –sin duda, por ser a la que más ligado estoy por toda suerte de vínculos– deciros algo respecto de cómo se plantea allí ese fenómeno…” (pág. 12).

¡Soria! La monotonía de un apresurado Madoz y su vulgar rasero fiscal hizo perder de vista tantas diferencias entre provincias y regiones de España, en todos los órdenes.
La ‘humilde’ Soria de nuestro Vizconde es singular en más de un aspecto. La repoblación desde el siglo IX por mozárabes, cántabros, vascos configuró una sociedad peculiar de rasgos arcaicos, con economía también peculiar en la extensa zona NE llamada ‘de pinares’ (aunque también hay hayedo y robledal), con reparto vecinal de ‘pinos de privilegio’ y ‘suertes’ en Molinos de Duero, Vinuesa, Covaleda, Duruelo de la Sierra, Salduero, Vadillo… [3]

El mismo sistema del NO pinariego soriano se extiende, con diferencias en lo jurídico, por el SE de Burgos, en una extensión total cercana a los 1.700 km2 con 34 municipios. Además, en esa ‘tierra pinariega’ la explotación forestal se combina con la trashumancia pastoril y la carretería [4].



No se olvida de ello el autor, que también recuerda , en los escenarios de la serranía de Piqueras y de Urbión, los hotelitos y chalets de los sorianos emigrados de niños, que volvían de hacer las Américas, dando su construcción trabajo a los parados de invierno. Era una emigración institucional y regulada, ‘de ida y vuelta’, podría decirse [5].

Pero fuera de aquellos paraísos serranos, es Soria capital donde nuestro experimentador científico toma el pulso a la cuestión social en el área de la industria, mayormente al servicio de una población flotante de empleados:

“Para que juzguéis de ese movimiento industrial…, según cálculos aproximados, el número de obreros clasificados… por oficios es el de 40 carpinteros y 80 albañiles, … agrupados en una Federación de obreros que comprende 14 de los primeros y 18 de los segundos, a pesar de haberse fundado el año pasado con el triple de socios, decaimiento que acaece corrientemente cuando no hay, en realidad, una resistencia, un choque, algo que promueva una causa de lucha… 70 es el número  de zapateros, 41 de los cuales constituyen una Asociación de resistencia que lleva un año de vida; 25 son los tipógrafos, 10 los pintores, 8 los herreros; sastres, pueden considerarse todos patronos, porque tienen taller y sirven cada uno por sí a sus parroquianos. Los dependientes de comercio… y los oficiales de algunas barberías” (ibíd., págs. 12-13).

Así pues, hemos terminado con la industria y entrado en el sector servicios. Da igual, un parado es siempre un parado, aunque no estaría de más explicar la diferencia entre una crisis industrial o agrícola y una crisis específica de mostrador, o incluso de barbería. En todo caso es interesante saber que dichos trabajadores por cuenta ajena tenían una Asociación boyante, integrada en la Unión General de Dependientes de España, que conseguía “que se cumpla la Ley del Descanso Dominical”. Además –y aquí entraban de nuevo los referidos tipógrafos, que como gente leída solían ser de izquierdas–, la asociación soriana editaba La Voz del Dependiente, “de carácter socialista”.
Pues bien, entre tan pocos, ¿a cuánto paro tocaban? Vaya por Dios, ni tan siquiera en Soria

“no puede determinarse exactamente el tanto por ciento mensual de obreros sin trabajo. Únicamente puede decirse que los que no trabajan son más jornaleros y braceros, pues los obreros de oficio, si no hallan colocación en Soria, la consiguen temporal en los pueblos de esta misma provincia”.

Eso sin contar

“el importantísimo elemento de vida que Soria tiene en la emigración, que organizada y reglamentada como se encuentra allí por las propias y exclusivas fuerzas sociales, va a la Argentina y Méjico, y trae constante y periódicamente un gran caudal de capitales y no menor de personas que vuelven con esos capitales a emplearlos en su provincia…”

Mal de pocos, medicina casera
Avanzando Eza en su investigación improvisada sobre el obrerismo soriano, que desconoce, se lo pregunta a un amigo, el presidente de la Sociedad de Obreros soriana: ¿cómo hacen frente al paro eventual? Y esta fue la respuesta:

“Existe en Soria una Sociedad de Socorros Mutuos de obreros, en la que hay mezclados patronos y obreros, que puede servir de modelo entre todas sus similares de España, y que difícilmente existirá en el Extranjero… Por la cuota de 6 a 8 reales mensuales, tiene derecho el socio y su familia a la asistencia médica, botica y cirugía menor; a poder sacar de los fondos de la Sociedad el 50 % de su cuota corriente; a tomar en préstamo sumas de 150 y 200 pesetas, con un interés del 4 % anual; a recibir durante su enfermedad 2 ó 3 pts. diarias durante 60 días, y 30 más si fuere necesario, en cada año; cuatro pensiones vitalicias a ancianos que no pueden trabajar, y por último, a que todas las cuotas que hayan ingresado durante su vida se la entreguen a su viuda o herederos, con sólo el descuento del 10 % por gastos de administración. La Sociedad cuenta con 500 socios y un capital efectivo de más de 40.000 pts., en su mayor parte repartido entre los socios al 4 %.”

Esta aproximación al Estado del bienestar, desarrollada en “ese lugar tranquilo, tenido por muchos como poco progresivo”, contenía sin embargo “en embrión, intuitivamente, la solución que más adelante habremos de ver preconizar a la Ciencia moderna como su última palabra” (pág. 14).

¿Sorprendente? Pues había más en Soria:

“… la Escuela de Artes y Oficios, donde los obreros y sus hijos pueden recibir gratis la enseñanza de las asignaturas de Caligrafía, Francés, Música, Aritmética… Maestros y profesores del Instituto desempeñan gratuitamente estas clases; la Escuela se sostiene con subvenciones del Gobierno, Ayuntamiento, Diputación y particulares…
Si a estos dos organismos añadimos la reseña de la Cocina Económica, admirablemente sostenida, que reparte diariamente, durante 6 meses, raciones, aprovechándose principalmente de su funcionamiento las familias jornaleras…” (pág. 15).

Ahora en serio: causas y remedios del paro
Sobre las causas del paro –el paro a lo grande, no los endemismos aldeanos–, fuera de banalidades poco se podía decir, “entre otras razones, por la desgracia o infortunio que hoy se padece de que nunca se llega a estar de acuerdo en ningún asunto, descubriéndose cada día alguna teoría nueva que echa por tierra a aquella que teníamos por novísima”.
Como para confirmarlo, el conferenciante acude a dos autores novísimos ingleses, Keeble y Beveridge.
El primero le facilita una lista de causas de paro [6]: mala distribución de la riqueza, la “cuestión de la tierra (land question), que tanto preocupa en Inglaterra, y que tanto debiera preocuparnos aquí”; sobreproducción, falta de preparación ante una revolución técnica demasiado rápida; trabajo femenino e infantil, desajuste profesional, paro estacional…
Para Beveridge –uno de los padres del ‘Estado del bienestar’–, eso era clasificar ‘tipos de desempleo’, no causas del mismo, eludiendo la raíz del problema: la desorganización del mercado de trabajo, corregible mediante la ‘reserva de empleo’ (bolsas de colocación o labor exchanges) [7].

“Y paso a los remedios.”
Con esta transición (pág. 20 y sigs.) el conferenciante, sin decirlo expresamente, deja al ambicioso Beveridge para volver a métodos descriptivos, más asequibles en estos pagos donde hasta el proletario urbano se reconoce campesino frustrado. De ahí que sin demasiada sorpresa veamos hablar con elogio del Ejército de Salvación, con sus farm colonies y otros expedientes de llamada y retorno a la tierra (back to the land, retour à la terre).
Aquí entran también las agencias de colocación (privadas), bolsas sindicales y oficinas públicas de empleo. En especial, sobre el ‘seguro de desempleo’, el Vizconde se remite a otro vizconde, Las Cases, y su tesis doctoral (1906), de la que dice: “libro no ya muy moderno, porque hoy en día, todo lo que no sean libros que lleven la fecha del año en que se leen, parece que no es estar al corriente de la Ciencia moderna”, etc.[8]
El optimismo de nuestro autor y de otros, sobre el adelanto alemán en este punto (agencias de colocación, seguro de desempleo; iniciativas sindicales retomadas y complementadas por el Estado etc.) es desmentido en parte por la crítica, pero sobre todo por la realidad histórica posterior [9]
Es tremendo leer:

“En Alemania hay más de 500 Hospederías y de 1.000 Estaciones de socorro, algo que un autor inglés llama con mucha oportunidad Clearing houses, que sabéis que, en términos bancarios, son las Cámaras de Compensación de los Giros en Inglaterra.
En efecto, a estas Hospederías, a estas Estaciones de socorro va a parar el obrero que sale de una población provisto de su ticket, su carta de identidad, para ir a otro sitio. Ese obrero sabe que en todo el recorrido que tiene que hacer hallará hospedería, albergue, Estación de socorro de viaje, en donde encontrará estancia durante el tiempo que le sea necesario permanecer allí para hacer por etapas su recorrido.
Además, todas estas Estaciones u Hospederías se hallan en comunicación telefónica con las Agencias de Colocación de todos los municipios y provincias, con los organismo centrales y directamente entre sí, de modo que pudiera decirse que al minuto se puede saber dónde hay un obrero sin trabajo, y en donde hay una colocación sin obrero…
La organización –como alemana–es sencillamente un modelo, y no nos puede extrañar que halle colocación anualmente a más de 150.000 personas. Inglaterra lo copia en su nueva organización de Bolsas de Trabajo… Nombrado Beveridge… Jefe de este servicio, de esperar es que traduzca en actos positivos sus no menos positivas teorías” (pág. 24).

Este modo de ordenar un rompecabezas y encajar un obrero como se localiza hoy un taxi vacío, pone los pelos de punta si se lo toma como sistema a gran escala. Si al desarraigo social se suma el familiar, vamos listos. El trabajador honrado y voluntarioso tal vez no se convierta en delincuente, pero sí en descontento con toda probabilidad, y permeable a las prédicas del reformismo radical de izquierdas.

Paro forzoso y orden público
Los miembros citados de la AIPLT y otros como Salustiano Olózaga, José Maluquer y Salvador, Salvador Crespo y López de Arce etc. llevan todos marbete conservador, en una época crispada (salvo en oasis como el soriano) por la inestabilidad política, y, en lo socio-laboral, por el ‘pistolerismo’, un método expeditivo y auto explicativo de ventilar diferencias en este campo entre patronos y obreros, o amigos vocacionales del obrero. Sobra decir que, a la hora de la represión, los gobernadores civiles solían ser más comprensivos con la patronal, interpretando su violencia como ‘respuesta’ a otra violencia injusta por definición.
En lo relativo al mundo del trabajo y sus luchas, resuena mucho más la epopeya de las izquierdas, cantada por ellas mismas, que lo que hizo la derecha, siempre paternalista y conservadora, pero no necesariamente ni siempre más estúpida. Con todo, llama la atención que, entrado el siglo XX, la primera autoridad nacional para Marichalar en la ‘cuestión social’ sean las Cartas a un obrero (1880), escritas treinta años antes (una eternidad) por Concepción Arenal, reformadora penalista. Entiendo que es una forma de decir Marichalar a sus consocios Dato y Canalejas que, en político, el puño de hierro ha de llevar guante de terciopelo.
Canalejas y Dato (por este orden) caerán víctimas de sicarios anarquistas. Es aleccionador el papel del anarquismo violento en misiones redentoras de izquierda que, curiosamente, solían despejar el campo a la derecha.
José Canalejas era a la sazón Jefe del Gobierno desde el año anterior (1909), a raíz de la Semana Trágica de Barcelona. Católico practicante –hasta tenía en casa oratorio privado–, para el catolicismo clerical era la Gran Bestia Negra por su ‘Ley del Candado’ (1910). Una ley que, paradójicamente, retomaba propuestas reformistas de cuño eclesiástico, no sólo las del Sínodo de Pistoia (1786), sino del mismísimo Concilio de Letrán IV (1215), en cuanto a limitar la proliferación de órdenes religiosas.
Más afín político de Marichalar era Eduardo Dato, que siendo ministro de Maura en 1908 había creado el Instituto Nacional de Previsión y, como ya vimos, en el otoño de 1913 tuvo su primer encargo de formar gobierno.
No es cosa de resumir aquí la conflictiva etapa social española hasta 1921, año marcado por el asesinato de Dato (8 de marzo) y el Desastre de Annual (22 de julio), principio del fin para la Monarquía, y que ocurrió precisamente siendo ministro de la Guerra nuestro Vizconde de Eza. Éste, en 1919 había presidido lucidamente la delegación española al I Congreso Internacional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, Washington, octubre-noviembre), y el año siguiente se creaba el Ministerio de Trabajo.
El asesinato de Eduardo Dato, que guarda sus enigmas, pudo tener como pretexto su visto bueno a la llamada ‘Ley de Fugas’ (19 enero 1921), pero como explicación es simplista. La verdad es que al ejecutor material Pere Mateu (1898-1982) le salió relativamente barato sin arrepentimiento alguno de su ideal anarquista [10].

Cierre con estrambote

“Entrego el tema sin desflorar a la Ponencia que ha de dar forma a los proyectos anunciados por el Gobierno, a la cual he sabido que tengo el honor de pertener por el Instituto de Previsión. Ella hará seguramente una obra maestra de lo que a mí sólo me es dado presentar como boceto o apunte.”

No quisiera yo deslizar ni un asomo de ironía ante el discurso de un caballero que, por su parte, se abstiene de toda crítica negativa a sus adversarios políticos y hasta a los enemigos del orden social. El Vizconde de Eza se atiene al posibilismo dentro del mismo orden, y aunque se declara optimista, tampoco se hace grandes ilusiones:

¿Podrá hacerse algo? ¿No cabrá llevarlo a cabo? No lo sé. Yo con mis optimismos me qued: ellos me bastan para darme una explicación de la vida y para retirar una satisfacción de vivirla; porque lo único que puedo aseguraros es que el problema será más o menos difícil o complicado, que tardaremos en darle una solución mayor o menor lapso de tiempo. Lo que sé es que hoy en día hay que vivir pensando en que no es posible ni hay derecho a formar parte de una colectividad… sin sentir y sin querer vivir la vida de relación, la vida del deber, la vida de la prestación personal a la obra de realización del bien.” (Grandes aplausos)  He dicho.”

Semejante pachorra de espaldas a la realidad apremiante  y vertiginosa no era, con todo, tan insultante para la inteligencia como pudiera parecernos hoy, y como desde luego denunciaban los agitadores de ayer. Si el problema social era insoluble sin revolución, tampoco un orden nuevo tenía futuro sin una humanidad nueva. Las utopías colectivistas no puede decirse que hayan fracasado, ya que para eso tendrían que haberse aplicado alguna vez a gran escala. El comunismo, como toda escolástica, se agotó criticando las contradicciones ajenas sin aplicarse a las propias: la primera y principal, pretender crear una sociedad de hombres nuevos sometidos a los hombres viejos de siempre.
En 1910, cuando don Luis disertaba, la población mundial sumaba unos 1.500 millones. A su muerte, en 1945, ya pasábamos de 2.500. Este año llegamos a 7.000 millones y para mediados de siglo se contempla la cifra de 9.000. Alarmante por varias razones, y no la más leve, que con toda probabilidad los herederos de la tierra  serán más pobres que mansos. Sombría ‘bienaventuranza’.
Qué pueda significar el ‘paro’ en un escenario así, más parece cosa de profetas que de científicos.
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[2] Estudios Cooperativos, 16 (1968): 27-40.

[3] Regina Mª Pérez Marcos, ‘El derecho de suertes en la zona de pinares de Soria’, BOLETÍN DE LA FACULTAD DE DERECHO, 4 (1993): 151-169.

[4] Cfr. José Luis Moreno Peña, ‘La Tierra Pinariega de Burgos y Soria’. Medio Ambiente en Castilla y León, 6 (1996): 22-35.

[5] A aquella emigración tradicional ha sucedido, desde los años 60, un éxodo paulatino, que junto con el descenso de natalidad ha dado en crisis demográfica, aunque no tan grave con en otras áreas rurales.

[6] Samuel E. Keeble, The citizen of to-morrow (Londres, 1906). Disponible en la Red (Open Library).

[7] Sir William Henry Beveridge (1879-1963). Unemployment, A problem of Industry (Londres, 1909).

[8] Philippe de Las Cases, L’assurance contre le chômage en Allemagne (Paris, 1909). Se tradujo tardíamente al español: F. de las Cases, El paro forzoso. Madrid, S. Calleja, 1920.
Si, como se dice, el verdadero objetivo del anarquista  Manuel Pardiñas era el rey Alfonso XIII, a quien de hecho apuntó y abatió con su pistola el 12 de noviembre de 1912 fue a Canalejas, el hombre más odiado por la derecha conservadora, y con él a todo el partido liberal. 
[9] Cfr. B. Zimmermann, La constitution du chômage en Allemagne: Entre professions et territoires. Pág. 3

[10] “Yo soy el asesino. No he matado a Dato, sino al presidente. He hecho justicia, ahora háganla conmigo”. Condenado a muerte, el rey le conmutó por cadena perpetua (1924), de la que sólo cumplió 10 años, hasta la II República. “... Éramos tres jóvenes trabajadores , con vida sindical intensa y quisimos redimir al proletariado catalán de la represión....” (PM desde Francia, en declaraciones al diario franquista Pueblo, 1967).


lunes, 23 de mayo de 2011

22-M


      
       Cuando Ibarretxe se vio desalojar de Ajuria Enea echó muy en falta los votos de Batasuna ilegalizada. Con los 100.000 anulados, el caudillo Juan José habría seguido impertérrito su Plan a la conquista de la Tierra Prometida. En el mismo sentido, es ejemplar el altruismo con que el nacionalismo democrático ha denunciado siempre la Ley de Partidos. Esa ley inicua y antidemocrática, que hasta ayer ha dejado sin voz a cierta ‘sensibilidad’ política de nuestro pueblo.
       Hoy, gracias al Tribunal Constitucional, vemos cuán justa era la queja, y el ‘déficit democrático’ bastante mayor que lo estimado. Porque 300.000 votos es mucha sensibilidad. Salir ahora siendo la segunda fuerza política vasca una opción recién excluida por el Tribunal Supremo, eso es algo más que sensibilidad, es cosa de teratología.
       No resulta difícil encontrarle al fenómeno explicaciones convencionales. Sin duda, la campaña electoral por cuenta ajena que ellos han sabido provocar y gestionar les ha supuesto un plus de éxito. Pero eso no quita la cuestión de fondo: el maese Pedro que ha montado el retablo tiene público, mucho público.
       ¿Es Bildu una marioneta de ETA/Batasuna? “Ahora lo veremos”, es otra reflexión que se oye, suscitada por el fallo del TC: Dicho a modo de consolación, la verdad, es triste consuelo. Aun suponiendo que, en efecto, resulte que los de Bildu son gente ‘legal’ (coloquialmente hablando), abstemios de toda violencia y demócratas ejemplares ‘de toda la vida’, una pregunta seguirá en el aire: “Y sus votantes, ¿cómo lo sabían?”. Eso, ¿cómo hasta 300.000 personas han podido estar tan seguras y convencidas de lo que en rigor es una incógnita?
       Porque mucha de esta gente, votantes suyos –y así lo manifiestan en infinidad de comentarios– está convencida de que son los de siempre, la misma izquierda radical, el mismo brazo político de ETA. Como para disipar cualquier duda, los mismos rostros sin máscara estuvieron a la presentación de Bildu, le han seguido en su campaña, y ahora salen en público a celebrar la victoria. Pero ETA por ahora sólo ha declarado una tregua discrecional. Compromisos, ninguno.  ¿Cómo hay 300.000 que han puesto la mano en el fuego por una esfinge?    

       Uno de los primeros comentarios leídos sobre la victoria de Bildu incluía esta advertencia: “Los que les llaman ‘etarras’ tendrán que moderar su lenguaje, o les lloverán querellas”. Es muy posible; otra cosa será que prosperen. No deberían. Si llamar al Rey de España “jefe de torturadores” no es que salga gratis al lenguaraz, es que hasta puede reportarle 23.000 euros libres de impuestos, no se ve razón alguna para que la simple omisión de un prefijo ‘ex’ en la etiqueta sea justiciable.
       Pues bien, sin llamar a los bildurris eso que al parecer no les gusta, cada cual es libre de sospechar que toda esta operación Sortu/Bildu es fruto de acuerdos y compromisos del Gobierno de Zapatero, en un intento de resolver a su manera el problema vasco.
       De ser así, eso sí que ha de verse más pronto que tarde. Lo del compromiso, digo. Porque la dichosa solución, siempre compleja, puede volverse endemoniadamente difícil tras el resultado global de estas elecciones. Queda por ver hasta qué punto lo atado y bien atado de ZP sea aceptable y aceptado por quien le suceda en Moncloa.

       Socialistas de Euskadi
       ¿Y el lendacari? Patxi López ha hablado de “interpretar bien el mensaje” de los vascos en las urnas. La expresión suena; es un latiguillo bastante oído en descalabros electorales. Sólo nos falta esta vez el buen intérprete (mejor si es adivino)  con la interpretación certera.
       Mientras llega el Tiresias, me quedo con la mía. Mucha gente ha hecho de tripas corazón, y hasta de corazón tripas, contenta sólo de ver roto el ensalmo nacionalista y su monopolio patrimonial de esta país.
       Tal vez López no era su ídolo, el santo de su devoción. Sin ser Patxi nuestro héroe, a la verdad, se esperaba en él algo más de autoestima. Pero desde que él mismo ofrecía su cargo en aras de la paz, ese sí que fue mensaje nítido y transparente. Además de una sinsorgada, fue como confesar que el gobierno es para él camisa de once varas, y que no está a la altura de las expectativas que generó aceptando el apoyo del PP para su investidura y como socio preferente.
       Mejor haberse dejado de bailar el agua al nacionalismo identitario. Si desde el principio veía que su aventura era irrepetible, al menos haberla aprovechado para dejar huella de su paso. ¿Está a tiempo, o ni siquiera ganas, nada de nada?

       Nacionalistas PNV
       Y para el Partido Nacionalista, ¿qué tal es el resultado? Otra incógnita. El presidente del PNV, Urkullu, para proclamar la renovada victoria de su partido en las urnas ha sacado una voz lúgubre. ¿Por qué? Cierto que han sufrido mengua de votos, pero no sería para tanto.
       ¿Con que no? Una cosa es contar con un rival teórico que, sin hacerte demasiada sombra, te pueda echar una mano puntual en un aprieto; otra muy distinta convivir con una masa competidora que se parece demasiado a la mitad de ti mismo.
       Aquí debe entrar el problema de la doble alma que aqueja al partido y lo parte en dos, cuando el común de los organismos se arregla mejor con un alma sola. Según esa teoría, el alma soberanista del partido se verá desbordada en la puja con los radicales, con peligro real de escisión y fagocitosis, como ha sucedido con el avatar Eusko Alkartasuna. Si, como bien dijo Arzalluz, EA era como “la silla en el pasillo”, un estorbo, más estorbará un sillón ocupando media sala.

       Euskadi invertebrada
       ¿Con que dos almas? Realidad o mito, hay quien hasta presume de ello en el partido. Sin embargo, no es privativo del PNV, sino cosa del carácter nacional. Porque la Comunidad Autónoma Vasca no se compone de tres provincias, Vizcaya, Álava y Guipúzcoa. Más bien se descompone en ellas.
       Si un día se proclama la independencia de Euskadi, lo más probable es que se concrete como estado cantonal de los tres Territorios Históricos (cuatro si se adhiere Navarra). Sin embargo, aun así nos parece a muchos inviable, dada la idiosincrasia autista de autrigones, caristios, várdulos y vascones. Unidos ahora de forma artificial como ‘pueblo vasco’, frente al enemigo común (España/Madrid), no sería extraño que vizcaínos y alaveses se pongan hasta las narices de los guipuzes y sus cosas, o que los babazorros quieran ir a su aire. Territaifas Históricos, es lo que somos, qué le vamos a hacer.
       Tanto es así, que no es improbable una eventual paradoja: que el nacionalismo vasco se diluya en su propia mismidad. Hoy por hoy es difícil que las pulsiones no nacionalistas cuajen en movimiento político capaz de contrapesar el aberchalismo imbuido en la educación familiar y escolar; en parte por complejo igualmente inducido, por razón de apellidos o por lo que sea. ¿Qué ocurrirá cuando la monserga nacionalista aburra? Porque aburrirá; porque de verdad es aburrida, además de vacua y cara.
       Eso sin contar con la cuestión de la capitalidad de estas ínsulas, no negociable para los blefuscuanos auténticos frente a los liliputienses, ni para cualquier cabeza capaz de soportar una chapela.
       He dicho.

                                                                                (Dedicado a Gulliver)


martes, 17 de mayo de 2011

Cien años de paro (1)


       Un folleto y un vizconde

       Allá por el año de 1913, recién nombrado Jefe del Gobierno Eduardo Dato, iba el hombre rellenando con nombres propios su organigrama. Unas casillas le salían fáciles, otras más difíciles, y alguna se le atravesó. Como la alcaldía de Madrid.
       Una tarde soleadita de octubre estaba don Eduardo sentado en un banco del Paseo del Prado con su amigo el político malagueño Francisco Bergamín, y entre otras cosas le contó su problema:
       ―A ver tú, Paco, ¿a quién pongo aquí de alcalde?
       ―Ponle a eza.
       ―¡Anda!, pues tienes razón. Eza, ya está. ¿Cómo es que no se me había ocurrido?
Así Eza, el 2 de noviembre, era alcalde de Madrid. Efímero, como casi todos entonces; y en su caso más, porque el año siguiente dimitía

       [No sería el último caso de nombramiento por equívoco. Sesenta años después, el estrafalario Julio Rodríguez Martínez fue ministro de Educación y Ciencia (9 jun. 1973 a 3 ene 1974) por confusión con otro, aunque no se sabe cierto con quién; probablemente, con su tocayo el bioquímico Julio Rodríguez Villanueva.]

       Volviendo al banco del Prado, ‘eza’, la propuesta de Bergamín (esto lo han adivinado), era ‘esa’, una señora despampanante que pasaba por allí, imponiendo a los dos caballeros un breve silencio admirativo, roto por la ironía ceceante del malagueño. Y Eza, con mayúscula, era el noble de ese título, el Vizconde de Eza.
       Por lo demás, la anécdota puede ser tan auténtica o tan apócrifa como la otra, sin ningún inconveniente.
       ¿A qué viene este preámbulo?
       Estos días he tenido ocasión de revolver rincones de la biblioteca –harto descuidada, con esto de San Internet (cuya solemnidad hemos celebrado hoy precisamente) –y hete que en las guardas de un libro aparece encartado un folleto viejo de un siglo, pero con título de rigurosa actualidad: ‘El problema del paro forzoso’. Bueno, lo de ‘forzoso’ suena anticuado. ‘Paro’ a secas, es lo mismo. En fin, que me ha picado la curiosidad y he leído la “conferencia dada el día 11 de marzo de 1910 en la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia por el Excmo. Sr. VIZCONDE DE EZA”.
       Editaba el folleto la Asociación Internacional para la Protección Legal de los Trabajadores (Sección Española), con algunas informaciones sobre esta Sección constituida en 1907 y actividades suyas. Por ejemplo, presidía la Junta Directiva Eduardo Dato, y en el Consejo Directivo leo entre los nombres que me suenan Gumersindo de Azcárate, Adolfo Buylla, José Canalejas, Miguel Figueras, Gabriel Maura Gamazo, Pedro Sangro y Ros de Olano, Juan Vázquez de Mella… El órgano de la Sección se titulaba España Social, dirigido por el famoso y malogrado políglota Julián Juderías, que entonces preparaba un título en verdad legendario: La Leyenda Negra (1914, 1917). ¿Verdad que nos suena la expresión? Pues es de Juderías.
       Otro del Consejo era obviamente el Vizconde de Eza. Pero mientras todo el mundo en el folleto tiene nombre y apellido (o apellidos), sólo el Vizconde se emboza en su título nobiliario.
       A mí, como biólogo, lo de ‘Vizconde de Eza’ me sonaba solamente como nombre de un buque oceanográfico muy apetecible, puesto a flote el año 2000. Pido por ende disculpas a sus simpáticas Excelencias y Grandes de España Don Felipe Froilán y Dª Victoria Federica –ambos de Todos los Santos –de Marichalar y de Borbón, por mi incultura genealógica que no me ha dejado reconocer de inmediato en el Vizconde a su bisabuelo paterno, don Luis de Marichalar y Monreal (Madrid, 1873-1945).
       Eza era, como el Tomás Moro de Erasmo, un “hombre de todas horas”. O como él mismo se autodefine en el exordio de su intervención, un móvil perpetuo en toda suerte de empresas, con entrega sincera, aunque inevitablemente superficial en algunas.
       Porque esa es la impresión que se saca de la charla –mejor que conferencia– de don Luis, reflejo de lecturas amplias y sin duda bien asimiladas: Bourguin, Varlez, Booth, Keeble, Lazard, Lavergne y Henry, Beveridge, Les Cases… Los intelectuales hispanos de entonces no solían ser investigadores, pero tampoco estaban desinformados.
       Por lo que el propio autor confiesa (“obediencia debida” dice, nada menos, en el exordio; pág. 5), se ve que Dato tenía un problema con la conferencia programada que se echaba encima sin orador, y como en un ensayo o anticipo de la anécdota del Prado se dijo: “Eza, es mi hombre”.

        Más incógnitas que ecuaciones
       Tras la captatio benevolentiae en la línea retórica de antaño (“¿qué voy a decir que vosotros no sepáis?”), el orador esboza el

“contraste que a menudo se nos presenta (no hace muchos días le hemos presenciado en Madrid mismo a través de las calles) entre la vida, la animación y el bullicio de las grandes poblaciones, y esos obreros que nos salen al encuentro pidiéndonos limosna; y lo que es peor, de otros que no la piden, porque su dignidad no se lo permite, y sin embargo llevan días y meses sin encontrar ocupación…”

       El paro es hoy en día una institución. Entonces era sólo un problema, que aquí se parcheaba con

“sumas anualmente concedidas por el Estado, las Provincias y los Municipios a un verdadero reparto de limosnas…, esas obras públicas, todos esos jornales, todos esos paliativos, remedios de momento a los cuales se acude para evitar una cuestión de orden público”.

       “Y ya que hay un problema, ¿cuál es su extensión?, ¿cuál su intensidad?” El conferenciante se alegra de que nadie le haga esa pregunta temible,

“porque en España, por casualidad [sic, en cursiva], carecemos de los datos precisos…, no hay datos, ni cifras, ni estadísticas…: no sabemos más que el dato de Madrid [¿?] y de algunas que otras capitales de provincia, muy pocas, en que periódica, constante y fatalmente, en algunas épocas del año –que coinciden con las del invierno–, hay obreros… entre los cuales se reparten, pocas o muchas, unas cuantas papeletas de trabajo para obras municipales”.

       España era entonces un país rural, con una estructura agraria estancada, irreformable. La gran masa de los labradores autónomos luchaba por la subsistencia. Todos ellos conocían el paro estacional. En el mejor de los casos, funcionaba el sistema medieval mutualista de las cofradías religiosas, montepíos y arcas de misericordia, o sus derivados laicos. Y en cuanto a otra gente del campo, buena parte de los ‘ocupados fijos’ en España, como también en otras naciones de Europa, podrían incluirse en el gremio de ‘los Santos Inocentes’ (a lo Delibes): siervos ucrónicos de señores anacrónicos.
       Demasiado problema. Las derechas conservadora o liberal entendían, si acaso, del campo, donde cosechaban frutos y votos, quedando el obrerismo urbano para feudo de izquierdas embarulladas, hostiles entre sí, carne de utopía y demagogia.
       Un problema injertado aquí en otro problema, el de la incultura general. A él apuntaban libros como los que publicaba en Valencia Sempere; como uno que también tengo de John Chamberlain, El atraso de España (sin fecha, pero hacia 1909), “traducido del inglés” por Cazalla. Este era el seudónimo de Tomás Jiménez Valdivieso, que con esa mistificación de un supuesto autor británico se autorizaba y promovía ventas [1].
      
       Ociosidad, vagancia, discapacidad, huelga, cierre patronal, despido, paro estacional, paro técnico…; todo análisis debía partir de distinciones y definiciones exactas, hasta acotar el problema y abordar sus causas, antes de aventurar remedios. Pero una vez claros (más o menos) los conceptos, el paso siguiente, el diagnóstico, era del todo imposible por falta de datos estadísticos. Las únicas oficinas algo enteradas del quién es quién en el país eran... ¡las de Hacienda!
       En 1907 se había declarado una crisis pública muy grave, la llamada ‘de las subsistencias’. Pues bien, cuando el Gobierno se dignó abordarla “no se le ocurrió a nadie estudiar la cuestión en el Ministerio de Fomento ni en la Dirección de Agricultura…, no: se estudió en el de Hacienda.
       Hacienda –¡la de entonces, claro!– era también la única fuente de información para “conocer una vida económica, que suponemos existe en España, y acerca de la cual carecemos en absoluto del primero de los datos que nos es preciso para empezar a organizarla; a no ser –ironizaba don Luis – que sigamos yendo al Ministerio de Hacienda a preguntar cuál es la Industria…, en qué forma y medida la Industria se presenta en España”.

       “Esto nos retrata de cuerpo entero. ¿Hasta cuán seguiremos sin propósito de la enmienda? ¿Ni quién preconizará la creación de un órgano, llámese o no Dirección de Industria…?”

       Con toda esa carencia a cuestas, Eza nos va a sorprender con una estadística algo peculiar y más bien simplista, para un diagnóstico tan peliagudo, que al conferenciante ni le ha pasado por la cabeza. Pero como veo que se me apaga mi cabo de vela de hoy, quede el resto para mañana.
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[1] Cfr. Luis M. Lázaro Lorente, Las escuelas racionalistas en el País Valenciano. Valencia, 1992, pág. 17.

(Concluirá)