lunes, 13 de febrero de 2012

El Amigo Socialista


Hay en la vida quien tiene que conformarse con hacer el papel de Aquiles; otro no pasa de ser un Homero, y aun se da con un canto en los dientes. Luego vendrá la eterna disputa, quién tiene más mérito, si el héroe militar, o el poeta que cantó sus hazañas.
Más afortunado, Jesús Eguiguren resuelve el dilema siendo las dos cosas a la vez: el héroe vencedor de esta Troya que es ETA, y el cantor de su propia epopeya.
Tras la victoria sobre el Hacha y la Serpiente, Eguiguren ha compuesto una ‘Eusko-Ilíada’ y se la ha dictado a un amanuense, un tal Rodríguez Aizpeolea. Pero esto sólo para testimonio en las bibliotecas del futuro. Porque el poema en sí, en su fase oral, es para el público de hoy, para que lo aprendan los hijos y nietos mañana. Por ello don Jesús –‘Txusito’ en vasco para los vascos–, hecho un rapsoda andante, va de aquí para allá por ventas y castillos, recitándose para quien le quiera escuchar.

–Con que Troia  fuit! Se acabó. Gracias a ti, gran Jesús, ¡cesó la pesadilla para siempre!...
–Caray, no tan de prisa, dejad que me explique.

Y el guerrero-poeta, tomando las cosas ab ovo, repite y vuelve a repetir su matraca aprendida, los mismos versos, los mismos pies, el mismo cuento de la misma pipa. El poema en realidad no está completo. Como la Ilíada, esto es sólo un episodio a los principios de un cerco que, como el de Eguiguren a ETA, también duró diez años.
La Guerra de Troya se ha acabada. Ahora toca la Paz de Troya.
¿Fácil? ¿Difícil? Todo a la vez. Como irreversible-reversible, o como alegre-triste. Para este hombre, la magia de juntar contrarios no tiene secretos. Como buen profeta auto cumplidero, tiene que jugar al sí, pero no, sin perjuicio de lo contrario.

Los Evangelios según Eguiguren
La semana pasada (10 de febrero), el Presidente de los Socialistas Vascos hablaba en Gerona sobre el actual ‘escenario’ vasco. Tomando como lema ‘La primavera Vasca’, dijo que el proceso de paz está «muy avanzado». Como si hablara de una descomposición lenta, o tal vez de una momificación. Porque si bien «la banda ya no puede actuar», «ETA “difícilmente” se disolverá, ya que su actividad “forma parte de su identidad”». Y puso como ejemplo el IRA, tampoco disuelto.
Para entendernos, se trata de un problema tan sutil como el que tuvo divididos a los escolásticos, sobre si la esencia y la existencia de los seres creados se distinguen realmente. Si la identidad de ETA es actuar, y no está por la labor de disolverse, significa que cualquier día pega un susto.

–«Pues vaya contratiempo»–, piensa para sí el oyente.
–¿Contratiempo? «La desaparición de ETA no es el objetivo principal. Lo que importa son «las garantías de que ya no pueden actuar, y para ello necesitamos estas entidades internacionales que tanto nos cabrean en España».

El oyente ahora no sale de su estupor. Tenía entendido que esas entidades internacionales no las ha designado el Estado, ni tampoco un plebiscito social español ni vasco. Que sin carácter oficial, representan sólo a  su cliente, Batasuna/ETA. Eguiguren no desmiente la evidencia, pero va largando sus claves:

–«Necesitan de alguien que les legitime, y eso sólo se lo puede dar el Partido Socialista, pues el PP es un recién llegado en esta batalla… El gran error que arrastra la paz en el País Vasco es que en los últimos años las instituciones han estado prácticamente paralizadas… La consecuencia es que la sociedad vasca cree que Batasuna ha traído la paz».

Ahora sí, en el oyente, el estupor cede paso a la indignación. Este hombre nos toma el pelo. Todas y cada una de sus afirmaciones coinciden con los planteamientos de la Izquierda Abertzale, y en este caso de Bildu. Un amigo y abogado de ese brazo político de ETA no hablaría de otro modo.




Pues claro, así es. Hace unos meses (23 de oct. 2011) Eguiguren concedió una entrevista al ‘Follonero’, que le definió como «el socialista que más amigos tiene en la Izquierda Aberchale». Así lo reconoció Jesús, que bien puede llamarse ‘el Amigo Socialista’. Como primera persona amiga en el otro lado, siempre cita («para que la derecha me siga criticando») el mismo nombre:

–¿Cuándo crees que vas a ver libre a tu amigo Arnaldo Otegui?
–Pues… Bueno, “amigo” entre comillas. Amigo político, para hacer lo que hemos hecho, la paz en Euskadi.

No se malentienda, por tanto. Ni primos carnales ni amistades particulares, sólo amigos políticos.

Teoría de Conflictos
No creo que me dé por leer el libro ETA: Las claves de la paz. No me parece bien que un político veterano, todo un doctor en Derecho y que se dice profesor universitario de Derecho Constitucional, para escribir un libro se valga de un periodista cofirmante. Para asomarse a la mente de Eguiguren creo que basta con sus balbuceos y sus charadas:

«La paz… todo esto está ya muy estudiado. La ‘Teoría de la Resolución de Conflictos’ y tal, hay un principio que dice que “la Paz es muy cara”. Los gobiernos que hacen la paz lo pagan, porque siempre queda la duda de si habrán cedido algo, ¿no? »

He cruzado para Google ambos lemas, la Teoría en cuestión y la carestía de la paz. No ha habido suerte, por ningún lado asoma ese principio, tal vez de la fantasía fértil de Eguiguren cuando se pone ‘Txusito’.
¿Y esto otro?:

«Es mentira eso de la memoria… porque la Historia se hace con memoria y con olvido».
–Si el Gobierno Vasco, o quien sea, se empeña en construir un único relato de lo sucedido en Euskadi en los últimos años, ese relato único «será falso».
–¿Diga lo que diga?
–Si el relato es único, por definición es falso. Porque no hay un solo relato, lo que hay son «varias visiones compartidas» (sic)

Eguiguren esgrime las claves o llaves de la paz, como negociador que ha sido de ella. «El último negociador, cuando ETA todavía mataba (3:17)» «Vale: el último negociador». Sin embargo, en otra entrevista dos meses después (2011, dic. 13), matizaba: «¿Negociador con ETA? No exactamente. Prenegociador. »
Se refería también esta vez a su contacto con Josu Ternera y Thierry:

–«Yo fui a lo que fui… He conocido cien Josu Terneras, cien Thierrys…»

Y dale con que

–«Hay toda una Teoría de Resolución de Conflictos… »

A pesar de los rigurosa que debe de ser tal disciplina –y lo es: una rama o aplicación de la matemática Teoría de Juegos–, cualquiera diría que el Dr. Eguiguren se la toma con ligereza, por no decir frivolidad.
El negociador-prenegociador con Ternera explica así cómo trabajan:

–«Hablamos de lo que hablamos los vascos todos los días. Una especie de psicoanálisis, a ver cómo ve cada uno el conflicto. Nosotros, con la visión socialista liberal. Ellos, su visión nacionalista vasca; prácticamente la misma que la nacionalista española: un pueblo indomable, en guerra contra lo extranjero, puro, salvador del mundo…»

A todo esto, se está refiriendo a un trabajo muy maduro, con 6 a 10 años de preparación; y he aquí que el diletante incorregible ‘Txusito’  que Eguiguren lleva dentro le brota del pecho, saca la cabezota por el esternón e interrumpe:

–Aparte de que yo soy medio historiador; muy político…; y para mí fue muy divertido… y ameno.

«Muy divertido y ameno», lo dice sin coña, será frívolo. Había una hoja de ruta muy bien trabajada en Ginebra con Josu Ternera. Se contemplaban dos mesas paralelas: una del Gobierno con ETA (mesa ‘Paz por Presos’), otra mesa política. Y hete aquí que el día que se reúnen para iniciar conversaciones aparece Francisco Javier López Peña (‘Thierry’) con otras pretensiones.
La ruptura estaba cantada. Nuestro héroe encara al intruso, le advierte que si rompe la tregua podrá ira a la cárcel. Thierry le recomienda que se vaya comprando una corbata negra.
De hecho, no una, hasta seis corbatas de luto, estrenando en cada funeral. ¿Divertido? ¿Está este hombre a lo que celebra?
 «A partir de ahí ya no es ETA, sino Otegui. El brazo político de ETA se da cuenta de que ETA no está en la realidad, se produce un enfrentamiento de la Izquierda Abertzale»:

–Yo tengo una explicación muy sencilla. Yo he sido profesor de Derecho Constitucional. Hay un libro magnífico, que ya no estará en las librerías, de un tal Ferrero. Se titula ‘El Poder: Los duendes invisibles de la ciudad’, y trata de descubrir lo que es la legitimidad, qué es lo que hace que la gente obedezca al que manda. Entonces vemos qué es la legitimidad en antiguo régimen, la legitimidad en democracia; y ETA era un pequeño estado, y la legitimidad la tenía ETA para dirigir, y con la T-4 perdió la legitimidad…

«Legitimidad = lo que hace que la gente obedezca al que manda»

«ETA era un pequeño estado, y la legitimidad la tenía ETA». Menos mal que con la T-4 la perdió. Aunque a qué costo. Costo para la sociedad inocente. No para el brazo político etarra, que desde entonces se alza con la legitimidad. O sea, que la gente desde ahora ya no obedece a ETA, sino al nuevo poder legítimo. Jesús Eguiguren/’Txusito’ concluye triunfante:

«ETA ha perdido el apoyo de una parte de la sociedad vasca, y no hay marcha atrás.»

En aquella entrevista ‘de las corbatas negras’ vimos algo tan ‘divertido’ como el cruce de amenazas: –«Pues iréis a la cárcel»«Pues y tú, de funeral». Este protocolo lúgubre, como aquellos que describía el ex masón converso Léon Taxil para las iniciaciones en la Masonería, se repetirá también con el amigo Otegi. La charla será más distendida, seguramente –«un guipuzcoano con otro guipuzcoano»–, pero «teníamos un papel firmado (la Izquierda Abertzale es muy formalista); un papel firmado, ‘que a mí me podían matar, y a él meterle en la cárcel’»…  

–«Estábamos hablando; o sea, que no cometimos ningún delito por hablar. Delito sería no haber hablado, cuando estaban matando todos los días a cuatro o cinco personas (sic).»

Volverá a reír la primavera

A todo esto, uno se pregunta: ¿Cómo y cuándo supo Eguiguren que amanecía ‘la Primavera Vasca’? Pues de la manera más guipuzcoana del mundo. Para los extraños a esa raza profunda, impenetrable, lo lógico sería una llamada del ‘amigo Otegi’ al ‘amigo socialista’, con las credenciales de la nueva ‘legitimidad’.
Pues no. Tiene que ser el propio amigo socialista el que de pronto intuye que algo pasa. «Gente del Instituto, con las que desde hace 20 año no te hablas, si acaso nos insultamos, de pronto empiezan a saludarte, a hablar».
A cualquier extraño al genio guipuze (Garibay dixit), semejante novedad le daría mosqueo, recelando que en vez de amigo político le tomaban por primo. El candor evangélico de Eguiguren está a prueba de esa mezquindad.
Eso sí, el anuncio del cambio de estrategia etarra, lejos de producirle alegría, como a cualquier bien nacido, al amigo socialista le produce... ¡tristeza! (minuto 11). Como suena. Esta salida inaudita es muy reveladora de una personalidad no muy fiable ni tampoco coherente consigo misma, incluso en el breve curso de una entrevista. Tanto es así, que lo que comenzó como un pucherito de tristeza autocompasiva, a renglón seguido es ya tristeza ajena, porque los compañeros socialistas se sienten perdedores. Y eso sí que no. Su Presi vasco les invita a la alegría:

«Hemos conseguido lo que en ninguna parte del mundo: que a pecho descubierto un grupo político ha derrotado a una organización terrorista.»

Pese a lo cual, «la gente se cree que ha ganado Bildu»

«Yo no he querido decir (en el libro) que esto lo haya hecho el PSOE. Podría decirlo tranquilamente, porque todo el mundo sabe que a la Izquierda Abertzale  la ha parado el partido Socialista. »

Por eso el amigo socialista ha escrito su libro. Porque no tiene nada que ocultar. Y porque es hora de que la gente sepa quiénes han traído la paz. Bildu, por supuesto. Pero ¿quién ha metido a Bildu en razón? ¿Quién?
Ahora el Amigo Socialista trata de verse con su amigo Otegi, «chivo expiatorio» (¡!) en su cárcel de Logroño. Después de todo, en otra de las visiones de Eguiguren, estamos en la recta final hacia la paz. «Lo que queda es lo más fácil.» ¿Oído bien? Lo más fácil, o sea:

1. La política penitenciaria negociada por el Gobierno Central con el Gobierno Vasco y el mundo de la Izquierda abertzale.
2. La propuesta de Constitución Vasca, y creación de un Órgano político común de Euskadi con Navarra, e incluso con el País Vasco Francés, dentro de los Estados español y francés.

O lo más fácil todavía:

3. La reconciliación definitiva entre vascos; porque somos así, nos sale de los genes, y por  reconciliarnos nos matamos, si no hay otro remedio.
4. Last, but not least, la redacción consensuada de los mitos o relatos diferentes, de acuerdo con cada una de las sensibilidades que animan nuestra sociedad plural.

Tan facilito todo, tan hermosa la fábula, que, a renglón seguido, don Jesús se siente obligado a puntualizar: «No pensemos en nosotros, todo esto es para nuestros nietos.»

Iam seges est, ubi Troia fuit; resecandaque falce    
         Luxuriat Phrygio sanguine pinguis humus.
Semisepulta virûm curvis feriuntur aratris
         Ossa ; ruinosas occulit herba domos .

Ya hay mies donde hubo ETA.
Fertilizado
con sangre vasca lujuriante el suelo,
el curvo arado hiere
semienterradas
humanas osamentas.
Casas en ruina la maleza esconde.

 (‘Carta de Penélope a Ulises’; Ovidio, Heroidas, 1, 1, 53-56.)






martes, 7 de febrero de 2012

100.000




Hoy, por un breve rato, esta entrada se adornará con un detalle especial. En el contador Bravenet de visitas al blog, seis dígitos: 100000.
La cifra coincide con otros datos también numéricos: 6.562 puestos cedidos por este blog en el último mes; 8.084 en tres meses, desde noviembre. En noviembre de 2011, ‘Belosticalle’  tocó el cénit de su breve historia, en el puesto 3.731 de un ‘ranking general’ (sic), construido por Ebuzzing (antes Wikio). 
La clasificación es automática, calculada con un «algoritmo que tiene en cuenta los contenidos compartidos y recomendados en Twitter, Facebook y las principales plataformas de intercambio».
Tampoco Blogger coincide con Bravenet contando visitas. Es casi un 25 % más tacaño. Cierto que a Blogger le tengo encargado que no cuente las mías propias. Aun así, no creo, qué digo (con lo desordenado que soy), estoy seguro de no ser, ni con mucho, tan asiduo autovisitante.
¿Tiene eso algún significado?
Desde luego, no el que parece a primera vista. ‘Belosticalle’  no ha tenido 100.000 páginas o entradas leídas, ni siquiera vistas. Para mejor presentar mis ideas y hacerme atractivo, aprendí pronto a ilustrarme con fotos y grabados, sin tomar la precaución de camuflarlos con nombres crípticos. El resultado es que mis ilustraciones (lo de ‘mías’ es un decir) son localizables, y de hecho la gran mayoría de visitantes no viene por mí, sino por ellas. A ojo de buen cubero, o menos bueno, la cifra ‘lector-entrada’ no pasará mucho de la tercera parte de la global.

Tormento sin éxtasis
Después del último artículo sobre el Eclesiastés, pienso en la condición humana sedienta, condenados a rueda perpetua de «apañar y aparvar viento». Y la mención del viento y de la rueda me enlaza al hijo de Eolo, Sísifo, y a sus colegas de tormento, Ixión el de la rueda y Tántalo el de la sed.
¡Pobre Sísifo! Tal y como le vio en los infiernos su propio hijo Ulises. Si es que era hijo suyo; porque de Ulises, como de muchos héroes y algunos mortales, la madre era más cierta que el padre [*].
Mientras la mayoría de los muertos se aburrían mortalmente –permítase la redundancia– paseando con levedad de sombras por aquel Campo de los Asfódelos, o sea el Gamonal, algunos no tenían tiempo de aburrirse, acosados por el rencor eterno de un dios.
Sísifo, por haber metido las narices en los amoríos de Zeus, tenía que subir empujando una gran piedra hasta la cima de una colina. Y cuando estaba a punto de coronar su tarea, el peso le hacía caer de culo, y ¡zas! (ατις, o sea  ¡zas!, en griego homérico),

al punto rodaba de nuevo a la base la piedra insolente

                                                                           (Odisea, 11: 593)

Eso se repetía cada vez que el desdichado, con su peñazo a cuestas, ya se veía dominando el ránking del Ebuzzing del Hades.
De los otros infelices para qué hablar. Ixión, dale que le das a la gran rueda, que para mayor fastidio estaba que ardía. Y Tántalo sufriendo el suplicio de Tántalo, el nombre lo dice.
Este Tántalo recibía su merecido, porque invitado por Zeus a la mesa de los dioses, al catar la ambrosía y el néctar, les tomó tanto gusto que al final del banquete le pillaron hurtando un pequeño alijo. No para traficar, sólo para consumo propio y con amigos. Como si en el Olimpo las trolas tuviesen igual crédito que aquí abajo. Ahora, metido en agua hasta el cuello, rodeado de frutales exquisitos, todo se le escapa sin aplacar el hambre y la sed.
De Ixión, en cambio, la culpa está menos clara, aunque todo apunta al pecado de ingratitud. Si por eso fue, ‘Belosticalle’ no tendría que temer la rueda.
‘Belosticalle’ surgió como una barquichuela a remolque de una hermosa nave, la ‘Argos’ de Santiago González. Desde el principio lo reconocí, y así es como flota y navega.
Una sola vez he procurado corresponder a mi amigo. En la ocasión excepcional de aparecer su libro hoy archiconocido, Lágrimas socialdemócratas, me permití dedicarle una entrada. Una gotita en el lago de las críticas favorables; un soplido asmático en el alisio en popa de un crucero que ni siquiera es de vela, pues le mueve su propio y poderoso motor.
El beneficiado he sido yo. Santiago no habrá vendido ni un ejemplar gracias a mí. En cambio, el artículo Sorbete de Lágrimas es, con mucha diferencia, el más visto y leído de toda mi serie. Más de 2.100 visitas, casi triplican las 720 de ‘Primero la verdad que la paz’. Gente que acudió al Sorbete sólo por el libro de Santiago, no por ninguna ilustración que valiese la pena.

Complicarse la vida
Cohelet, mi Charlatán, salta de pronto (7: 29):

«Mira no más lo que he encontrado:
Dios o la Naturaleza hizo al Hombre derecho,
y ellos se buscaron muchos problemas».

Tiene que haber cientos de tesis doctorales y gigas de tesinas sobre el porqué de este fenómeno global, esta pandemia y pandemonio de las bitácoras. No he leído ningún estudio de esos, ni me interesan.
No hace mucho di por casualidad en una centralita de blogs, donde se hacía mención de éste con un comentario curioso: « interesante, si supiésemos de qué va». ¿Lo sé yo acaso?
Los artículos más leídos no siempre son mis preferidos. Los temas que más parecen interesar no son los que más me importan. Si escribiese sólo de lo que más me gusta, creo que me gustaría a mí solo.
Pero un simple 100.000 tampoco es como para contemplarse uno el ombligo. Recapitular un poco, eso sí. Tengo que dar un repaso a lo escrito, que ya ni me acuerdo, y me repito.
Con la fiabilidad de las cosas que tocan a la vanidad vana –no a la vanidad metafísica de Cohelet–, y concedida su parte a la impostación del personaje-avatar que el autor manipula, me digo a mí mismo que  en este pequeño infierno de ‘Belosticalle’, donde no hay Tántalo, sí que hay Sísifo e Ixión.
Nuestro Ixión que mueve la rueda es conmigo el grupúsculo de lectores, encabezado por los adictos y amigos de la ‘Argos’. Mucho agradezco sus comentarios, motor principal de la rueda. Sólo les pido me hagan la caridad de no abrumarme con desmesuras que yo no pueda tomar y llevar a cuestas.
¿Y Sísifo? Nuestro Sísifo es Ebuzzing. En esta fase, la piedra rodando cuesta abajo. Hasta que amigos influyentes como Jon Juaristi o Hermann Tertsch vuelvan a ver aquí algún motivo para citarme. O mejor, que Santiago González saque otro título (que lo hará); y entonces sí, al rebufo del nuevo libro tendremos la próxima remontada. 
_____________________
[*] El hijo de Anticlea tuvo por padre a Laertes, y así consta en la Ilíada; incluso en este Canto XI, la Nekyia o ‘Auto Infernal’, tenido por apócrifo. Pero otras leyendas y los trágicos hacían a Ulises hijo de Sísifo. 







martes, 31 de enero de 2012

El Charlatán



Hay un libro en la Biblia por el que siento especial debilidad. No será el mejor, y tampoco su lectura levanta el ánimo. Desconcertante, irritante por sus inconsecuencias, cuesta leerlo de corrido, aunque es breve. Pero siempre vuelvo a él. Y cuando más me gusta, me doy cuenta de que es porque me lo estoy tomando en clave de humor. Como lo que no es. O lo que dicen que no es.
Es evidente que hablo de Cohelet, el Eclesiastés.
Este librito figura entre los ‘sapienciales’ o filosóficos del Testamento Viejo.  Yo diría (si no es mucha irreverencia) que ese etiqueta de ‘sapiencial’ no es como para abrir el apetito. La ‘sabiduría’ bíblica es una filosofía poco comprometida con la lógica, el método, o simplemente con el orden. Si Filosofía es ante todo rigor, o como dijo el otro, un «discurso del método», entonces un libro bíblico tan sapiencial como los Proverbios es –como cualquier refranero– una cita con el psiquiatra. Y mira que me chiflan los refranes; pero como lo que son, no la quintaesencia del pensamiento.
Cohelet es otra cosa. Su apariencia es la de un manualito filosófico, de filosofía vital. ¿Un soliloquio? Podría ser, pero en voz alta, porque –el nombre lo dice– se pronuncia ante un cahal, un sínodo o asamblea. El sabio Salomón, nada menos, presenta su case history, como muestra y como prueba de que es inútil brujulear en metafísicas, para buscarle un sentido especial a la existencia humana. Lo que pomposamente se dice, ‘el destino del hombre’. Gran empeño. Pero a poco que arañas –sobre todo, si arañas poco– te suena a monserga y filosofía barata.
Claro que, viniendo de Salomón, tampoco cabe esperar finuras. Su colección de Proverbios, antes citada, es bastante pedestre. ¿Y su ejecutoria como sabio? Aquel juicio ‘salomónico’ de rajar a un bebé es decepcionante. Señor juez, las mujeres –las madres incluso– pueden ser algo cortitas, pero no hasta ese extremo. Bueno, tampoco el Salomón refranero, o aquí el pensador, se hace grandes ilusiones con las féminas. Que, por otra parte, le traían loco, pero en la cama. Sus ‘tetonas’, es como las llama (luego lo vemos).

¿Dónde y cuándo apareció Cohelet?
El libro es tan ‘salomónico’ como aquellas cuatro columnas helicoidales que Constantino trajo de no se sabe dónde, para adornar el presbiterio de San Pedro del Vaticano. En la Edad Media se dijo que procedían del Templo de Salomón. Rodeadas de misterio, en el nuevo San Pedro no hubo más remedido que imitarlas, lo que hizo Bernini en su colosal  baldaquín en bronce, sobre el altar del Papa.
Excluida toda relación con Salomón, este es uno de los libros más modernos de la Biblia hebrea. Su postura es opuesta a todo entusiasmo religioso o nacionalista judío, y por la ideología y lenguaje no puede ser muy anterior al siglo II [1].
Cohelet repudia el particularismo judío exaltado en movimientos de autocomplacencia o de esperanza mesiánica; lo que finalmente será el judaísmo farisaico y rabínico. En ningún momento se enfrenta a la religión oficial, pero deja bien clara su convicción de que la sociedad real en que vive no tiene nada que ver con la ‘restauración’ autista en la línea de Esdras o de los Macabeos: legalismo, ritualismo, racismo.

Libro sagrado
La verdad es que, con este libro,  la Iglesia cristiana, como antes la Sinagoga judía, tuvo dolores de cabeza para tomarlo como ‘palabra de Dios’. Porque, en efecto, varios de sus capítulos lo mismo podría haberlos escrito un descreído o un cínico [2].
Baruc Spinoza fue buen lector del Eclesiastés, pensamiento muy conforme con su panteísmo: aquello suyo de «Dios, o bien la Naturaleza» (Deus, sive Natura). Al Dios de Cohelet no se le conoce como ser, sino como obrar, y su obra eterna y cíclica es ese ser vivo natural, el Mundo.
El Elohim de Cohelet se parece demasiado a una tríada femenina de lo más pagana: Fortuna/Necesidad/Némesis. Estos eran los verdaderos nombres divinos en la época helenística tardía, cuando se compone esta obra, en una sociedad corta de valores, sin orden ni concierto.
Un punto álgido es, por ejemplo, la condición animal del hombre (3: 18-22; cfr. 6:12, 7:14, 9:3):

«Hombre y bestia, allá se andan. Uno y otra respiran igual, y como muere el hombre muere la bestia. Su destino es el mismo: del polvo salen, al polvo vuelven.
¿Quién sabe de cierto que el espíritu de los humanos sube a lo alto, y el de los brutos baja a tierra? Nada mejor cabe al hombre que disfrutar en lo que hace. Es toda su paga.»

Lo que está diciendo Cohelet es que la dicha o la desgracia en la vida no tienen nada que ver con la conducta moral. En este punto la llamada Providencia («la mano de Dios») no trata a nuestra especie de forma distinta a las demás, sujetas al encuentro fortuito y ley del más fuerte, del más astuto o del más afortunado.
Contra la gente como Cohelet tronó otro predicador bíblico, el misterioso Malaquías, último  de los profetas (3: 14):

«Y aun decís, ‘¿Qué hemos dicho o hecho contra Ti?’ Habéis dicho: ‘Servir a Dios es inútil. ¿Qué se saca con cumplir sus mandamientos, o si no, arrepentirse?»

Pero esto no es nada. Todo un libro entero se escribió para refutar a Cohelet, sin nombrarle, aunque muy elocuentemente titulando Sabiduría de Salomón, haciendo de este rey un verdadero sabio, en los antípodas del despreciable charlatán.
Sin embargo, los judíos no recibieron a este Salomón piadoso en su Biblia, y sí en cambio al «impío necrófilo», que es como llama el de la Sabiduría a su rival. ¿Cómo así?
Por lo visto, el panfleto de escándalo cayó en manos de algún judío ortodoxo, y en vez de refutarlo con otro escrito, como suele hacerse, él fue más original: lo arregló sin misericordia, hasta volverlo como un calcetín. Lo copió entero, y de trecho en trecho, cuando algo le parecía mucha barbaridad, metía un correctivo a modo de antídoto. Acabada su chapuza, el buen hombre la remata estampando un Epílogo de su cosecha, donde incluso se permite recomendar las obras completas de Cohelet –es decir, de Salomón–, una vez que le ha hecho decir unas cosas y sus contrarias. Como explicaron algunos rabinos: «‘Vanidad de vanidades’, sí, pero ‘bajo el sol’. Del Sol para arriba, las cosas son muy diferentes.»
La teoría de los dos autores es ingeniosa: Cohelet el escéptico, y el Dr. Pío sobre la marcha enmendándole la plana. Pío es la traducción más que aproximada del hebreo hasid, individuo de la secta de los hasideos o ‘piadosos’, los precursores de los fariseos.
Es como si el Santo Oficio, en vez de meter el Cándido de Voltaire en los libros prohibidos, lo hubiese canonizado e indulgenciado interpolando sentencias del abate Bergier:

Cándido (espantado, desconcertado, perdido): «–Si este es el mejor de los mundos posibles, ¿cómo son los otros?»
Bergier: «–¿Qué nos importa que exista Dios, si nosotros no le importamos a Él? ¿De qué sirve un Dios que no cuide de todas sus criaturas?»

Así visto el libro, habría que imprimirlo en consecuencia, como en los diálogos y comedias, señalando quién dice cada cosa. Tal como está en las biblias –incluso en una tan cuidada tipográficamente como es la ‘Biblia de Jerusalén’– es muy difícil aclararse. Más difícil todavía, teniendo en cuenta que los traductores en general siempre han procurado armonizar las discordancias y limar asperezas.


Propuestas de lectura
El gran respeto que inspiraba la Biblia no permitió hasta el siglo XVII a los estudiosos atreverse a criticarla. El primer investigador sistemático en este sentido fue Richard Simón (1638-1712) sacerdote católico que vio, de entrada, que el Génesis comienza contando dos historias del Creación diferentes e incompatibles [3]
Respecto al Eclesiastés, su incoherencia es palmaria.  ¿Estaremos ante un libro descabalado? Jirones tal vez de un rollo mal recosido o de un códice con las hojas trastrocadas. Pero los ensayos de montaje no lo arreglan todo. ¿Y si un texto molesto ha sido manipulado, interpolado? Es lo que aquí parece.
Uno de los primeros que pensó en varias manos fue Juan Enrique van der Palm, en una tesina juvenil defendida tal día como hoy, 31 de enero, a las 10 de la mañana  (Leiden, 1784) [4]. Partiendo de la incoherencia notoria e invencible –hubo autores que incluso lo achacaron a la idiosincrasia hebrea, incapaz de pensamiento analítico–, pensó como otros, que el texto estaba trastrocado, pero sobre todo se atrevió a proponer algo nuevo. Aquí habla más de una boca.
Algunos intérpretes habían buscado otra solución más simple. No es un discurso, sino varios. Cohelet es el presidente del Cahal de sabios de distintas tendencias o escuelas, que hablan por turno –un poco como Job y sus amigos en el libro de Job–, abriendo aquél la discusión y cerrándola con este broche de oro: «Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque eso es ser persona cabal». Un final así lo absuelve todo.
O bien, en versión más económica, los hablantes se reducen a dos: un tálib o estudioso que va largando sus dudas, y un maestro que se las quita sin más.
En fin, podría tratarse de un soliloquio. El pensador recurre al dialogismo retórico, planteándose propuestas alternativas, que el mismo rechaza, más que refuta.
En todo caso, tratándose de Biblia, los intérpretes han procurado quitar la mala impresión de pesimismo y fatalismo que rezuma este libro por la mitad de sus versículos. Algunos lo han tomado tan a pechos, que creen ver una demostración de la inmortalidad del alma y la vida futura, por reducción al absurdo. Asombroso. 

El ‘Auto del Charlatán’
De todas formas, sin poner en duda una teoría que convence, creo que la alternativa del autor único se puede mantener en parte. Eso sí, a condición de entenderle como un dialéctico humorista que nos embroma poniendo en solfa las disputas teologales.
Mi Cohelet o Predicador podría titularse también Auto del Charlatán. No es un texto para leído, sino para representado por un juglar que se presenta en plaza disfrazado de Sabio Salomón. Un Salomón de feria. Para más efecto, y como quien da una pista, mi ‘Charlatán’ probablemente luce también algún atributo de loco o de payaso. Porque una vez formado el corro de oyentes, en vez de contarles un cuento o recitarles un poema, les va a entretener con una lección de filosofía, sin dejar títere con cabeza.
Mezclando prosa y verso, palabras y música, gravedad y gestualidad, mi Charlatán pantomimo va a ser a la vez el Sabio y el Gracioso, el malo y el bueno, el filósofo y el devoto, o a ratos el tartufo.
Pero como buen juglar, no dejará que el argumento se le vaya de las manos. A intervalos, cuando la broma va demasiado lejos, una morcilla ortodoxa restaura el orden. Claro que el efecto cómico se acentúa, por contraste, pero ni el rabino de paso ni el alguacil ni el chivato tendrán por dónde atrapar al atrevido. Que, por si acaso, al final lo dejará todo en regla, con un toque sensato:

«Basta de palique. He dicho. Tú teme a Dios y guarda sus mandamientos, que eso es ser persona cabal. Y en cuanto a las obras, Dios lo juzgará todo, también lo escondido, sea bueno, sea malo.»

Como debe ser. Los charlatanes y cómicos de antes siempre terminaban con una moraleja conservadora. Había que seguir actuando.

Un hombre feliz
En el capítulo 2 el supuesto Salomón habla de su desengaño con lo placeres. Y para convencernos, nada mejor que enumerarlos todos. Nadie gastó tanto como él en darse buena vida. Y por lo visto, el colmo de los colmos fue procurarse…, procurarse… ¿qué cosa?
La ‘Biblia de Jerusalén’, siguiendo aquí a la Vulgata latina y al griego de los LXX, más que el hebreo, traduce (2: 8-9):

 «Me procuré cantores y cantoras, toda clase de lujos   humanos, coperos y reposteros

Las palabras traducidas en negrita son en hebreo una misma, femenina, en singular y en plural: shiddah ve-shiddoth. Un término que sólo aparece aquí, y en toda la Biblia no se repite (lo que se llama técnicamente un hápax). Así el rabino provenzal David Kimhi (m. 1235), por paralelismo con los ‘cantores y cantoras’, conjeturó ‘sinfonía y más sinfonía’. El griego alejandrino había puesto ‘escanciador y escanciadores’, que la Vulgata latina convirtió en un juego completísimo de aparador: ‘copas y botellas’. Para otros, aquel placer sumo fue la variedad de ‘baños’ (o el baño con sus secciones habituales:  tepidario, caldario, frigidario…). Jacques Gousset (1702) tradujo «los placeres devastadores», pensando tal vez en las enfermedades venéreas de su tiempo.
Para mí, el que acierta es el gran erudito  Juan Cocceius (1603-1669): shiddah viene de shod, que en Isaías y en Job significa ‘ubre’ o ‘teta’.
La palabra pervive en el árabe sitt, ‘dama, señora’. Todo lo cortés y pulida que se quiera, con el debido respeto, etimológicamente es lo mismo que en latín, mammosa: ‘la de (hermosas) tetas’; o sea, la ‘tetuda’.
No perdamos el contexto: Salomón está hablando de su ensayo con los placeres. Y aunque insista en que fue sólo por probar, y no por vicio, nos explica al detalle qué entendía él por vivir «a cuerpo de rey»: palacios, jardines, una alhambra con su generalife y todo, esclavos y criadas, buena mesa y mejor bodega…; y el no va más, «las delicias de los hombres»…
       ¿A alguien se le ocurre que podía olvidarse de su harén? El polígamo empedernido, que tras la hija del Faraón coleccionó hasta 700 esposas y 300 concubinas; el enamorador de la Reina de Saba, a la que «no negó nada de cuanto ella le pidió, hasta dejarla sin respiración y hacerla exclamar, ‘¡olé tus mujeres!’»   (1 Reyes, 10), ¿iba a salirnos ahora con que el clímax de su goce lo tuvo… oyendo músicas? ¿O peor aún, viendo el garbo de sus maîtres escanciando  las bebidas? Seamos serios, como nos invita el gran Coccejus.
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[1] Se ha pensado en la ciudad egipcia de Alejandría, hacia el 205 a. de C. La pista no es segura. De pronto el autor comenta: «¡Ay del país que tiene por rey a un crío!». Tomándolo como alusión política, se puede pensar en Tolomeo V Epífanes, que efectivamente reinó siendo un niño juguete de sus tutores.

[2] Se ha visto influencia estoica, aunque también epicúrea. Extraño epicureísmo, en verdad, el de uno que dice: «Mejor ir de funeral que de banquete; porque aquello a todos toca». Lógico: no perdiendo funerales haces más probable que tengas gente en el tuyo.

[3] Histoire critique du Vieux Testament, Paris, 1678; 2ª ed., Rotterdam, 1685. 

[4] Ecclesiastes philologice et critice illustratus, Leiden, 1784.