jueves, 18 de junio de 2009

Hoy se lee Peru Abarca




Hoy 18 de junio, en el Teatro Arriaga de Bilbao.

Lectura pública de la obra Peru Abarca. de 8 de la mañana a 8 de la tarde.

Organiza el euscaltegui Bilbo Zaharra, por encargo del Área de Cultura (Euskera) del Ayuntamiento de Bilbao, Bilboko Udala.

Con que Bilbo. Allá el nombre, para quien le guste. Insultar así al Bilbao de Unamuno, a mi Bilbao, es y será un disparate toda la vida, para ignominia de la Academia de la Lengua Vasca.

Y gracias a que en el Ayuntamiento manda quien manda, pero sobre todo, gracias al Athletic, por quien la Villa de Don Diego es conocida en el mundo entero por su único y auténtico nombre. Lo que es por lo euskotalibanes, el día menos pensado me despierto 'bilbotarra', incluso en castellano.

Con la toponimia vasca se vienen cometiendo despropósitos sin perdón de Dios. Se encorseta el mapa, se nivelan localismos de forma mecánica, indocumentada o mal entendida. Resultado empobrecedor. Procurando, eso sí, premiar como vascas de verdad las formas más alejadas del 'castellano' (¡?)…Pero vamos a ver, entre tantos miles de topónimos que cubren este país, ¿es creíble que haya tan pocos idénticos en vascuence y en la 'lengua oficial del Estado'?

Y lo más raro y sospechoso, la facilidad con que los nativos de cada pueblo acogen tanto rebautismo. Incluso con fruición. Cuando lo normal sería lo contrario, una sana remolonería en cumplir las ordenanzas.

Algún día volverá la sensatez, y aprenderemos a distinguir entre coloquialismos e hipocorísticos por un lado, seudocultismos escribaniles por otro, y entre los dos extremos viciosos, esas formas vivas que siempre hemos conocido, machacadas por la apisonadora batuesca y oficialesca.

¡Y Bilbo Zaharra, para decir Bilbao la Vieja! ¿Qué pinta esa hache y esa segunda a en un topónimo vizcaíno? Lo dicho, eso será una traducción al batúa, pero nunca el nombre auténtico de un rincón histórico entrañable allende la ría. Bilbo Zaharra no es más que el nombre de un euskaltegi. Peor para el euskaltegi.

De pura lástima, casi me olvido de Peru Abarca.

Es la obrita del presbítero Juan Antonio de Moguel (1741-1804), párroco de Marquina. Descendiente de médicos y cirujanos, su padre Juan Ignacio Moguel Almazán fue un ilustrado, de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. El hijo sería el primer escritor distinguido en vascuence vizcaíno, aunque dominaba todos los dialectos de la lengua vasca. Y aunque escribió varias obras y ensayos, su fama se basa en la que hoy se lee íntegra en público, Peru Abarca.

Ayer me puse en contacto con Cultura-Euskera del Ayuntamiento Bilbaíno, preguntando si la lectura se haría por el original vizcaíno, o traducida al vascuence unificado. No supieron darme razón, y me remitieron al euscaltegui de tan feo nombre. Llamo, repito la pregunta, y le reacción, muy de aquí, no se hizo esperar:

«La lectura es en vizcaíno… Pero oiga, ¿quién es usted? ¿por qué lo pregunta? ¿qué es lo que quiere saber?...»

Natural. Ese género de preguntas entre nosotros es de lo más mosqueante. Se puede uno interesar por el lugar del acto, por la hora, por si abre la lectura el señor Alcalde, o incluso por si hay traducción simultánea a las lenguas propias de Galeusca. Pero, ¿preguntar si se lee en batúa o en dialecto? ¡Vaya usted a saber, con qué intenciones viene un tipo que, encima, saluda y hace la consulta en castellano!

«Quién es usted?...» A punto estuve de descubrirme como Belosticalle, o Belosti a secas. Preferí lo otro, callar, como desconocido que soy, y nada profeta en mi tierra. Relacionarme con esta bitácora sólo podría empeorar las cosas.

En cualquier caso, excelente ocasión para releer, después de tantos años, una obra casi olvidada.

¿Qué es Peru Abarca? 'La primera novela vizcaína', se ha dicho y repetido, siempre con reparos. Y con razón, porque no es una novela. Su género literario es el diálogo instructivo, que tanto se cultivó en el Siglo Ilustrado, como secuela del diálogo renacentista. El tema principal de conversación es la lengua vascongada en todos sus aspectos, con especial énfasis en su léxico y pureza, propiedad, riqueza, proverbios. Según eso, la referencia obligada en castellano es el Diálogo de la lengua, de Valdés. Ya en el espíritu empírico de la Ilustración, se rompe el molde estático, buscando el contacto directo con realidades tangibles y situaciones prácticas. Pero a diferencia de tanto coloquio insípido que produjo aquella época tan pedante y moralizante, el Peru Abarca entronca con la tradición lucianesca, jocosa y satírica, con precedentes del Siglo de Oro, como El Viaje de Turquía, o El Crotalón.

Como todos los diálogos extensos, la obra se divide en episodios o jornadas, que Moguel llama 'autos', es decir, actos, como los de una comedia. He ahí otro punto de referencia, la tragicomedia más conocida como La Celestina, que también se divide así.

Ahora bien, quien quiera seguir diciendo que es 'novela' dialogada, añada al menos el adjetivo 'picaresca'. Ya el mismo título completo lo sugiere: El Doctor Peru Abarca, Catedrático de la Lengua Vascongada en la Universidad de Basarte. 'Basarte' hace alusión al medio rural cerrado y asaz asilvestrado, donde Peru, 'un rústico solitario' ha aprendido todo lo mucho bueno que sabe, o cree que sabe, presto a ejercer magisterio coloquial en la persona de maisu (maese) Juan, 'un barbero callejero'.

Ambos se conocen fortuitamente en una taberna-ventorrillo, pasando de la desconfianza a la franqueza y amistad, ya desde la segunda jornada, en que el barbero declara su admiración por lo bien que se expresa en vascuence el aldeano. No necesita más Peru para tomarle por alumno, invitándole a su casa, convertida para el efecto en un 'euskaltegi'. Así se van sucediendo los 'autos', hasta seis, en que se da por cumplida la formación, entre filológica, cultural y catequética, del pobre diablo.

Porque eso es maese Juan, un pobre diablo, que sólo a primer golpe de vista engaña al sapientísimo patán, por su traje elegante y su estudiada distancia, alardeando de triple título por Madrid y una formación moderna, muy lejos de los clásicos barberos y saludadores a la antigua. Sorprende como Moguel encarna el oficio de sus abuelos en un personaje con más apariencia que fuste, y que a la primera de cambio se revela un bribón con poca moral, que por no pagar a la ventera que pretende estafarles, atenta contra su integridad física y por poco la mata. El hombre tiene curiosidad, pero su saber depende de libros y apuntes que él mismo toma a cada paso, en la tradición de los médicos con su cuaderno de notas o rapiario.

Todo lo contrario Peru, el iletrado, debe sus conocimientos a la observación y reflexión, en una existencia con impresiones muy limitadas. Pero su sabiduría es, por así decirlo, innata, o al menos infusa a través de algo que le es connatural: el eusquera, la lengua primigenia. El autor no lo dirá expresamente, porque como clérigo sabe que la lengua del Paraíso debió de ser el hebreo. Pero a la vez que recuerda la génesis del lenguaje en boca de Adán, cuando éste puso a cada ser su nombre propio, Moguel presenta al omnisciente Peru como dominador de una lengua igualmente capaz y expresiva de las esencias de las cosas.

Otros personajes intervienen en los autos del diálogo: la vieja tabernera o ventera y su criada; los hijos de Peru (uno de ellos, estudiante); unos ferrones de una fragua que se visita, para muestra de dominio léxico del aldeano, extensivo a todo arte y oficio; unas obreras que elaboran la fibra de lino, más una hija del mismo Peru, que es tejedora; dos visitantes vascos, labortano y guipuzcoano, como representantes de sus dialectos; un cura cazador, igualmente aleccionado por Peru (esta vez en etimologías); y por último un alguacil que introduce un minuto de suspense, pues en principio debería detener al barbero por su fechoría. Cosa que no ocurre, porque Peru encubre a maese Juan, y la justicia sale burlada.

Mucho se ha hablado del ideal moral ultraconservador que Moguel pretendería inculcar con su 'novela', amén de fomentar el buen vascuence representado por el vizcaíno de Marquina. No entro en ello. Lo que sí digo es que, tal como se desarrollan los autos, el Peru Abarca resulta mucho más cómico y divertido imaginándolo escrito por un ilustrado escéptico y crítico para con la sociedad vasca que le rodea, a la que satirizaría de forma críptica y sibilina.

Por supuesto, ese 'como sí' es indemostrable, y seguramente falso, pues Moguel fue toda su vida un cura ejemplar, y más que celoso, familiar del Santo Oficio. Sin embargo, con el Peru Abarca sucede un poco como con el Quijote, que a menudo no sabe uno a qué carta quedarse, en cuanto a la intención de Cervantes. Dicho sea sin ánimo de comparar ambas obras, salvo en el detalle de su lectura en público.

Se dice que Moguel escribió hacia el final de su vida. Sin embargo, el vasco francés se presenta como un desertor de la guerra declarada por España a la Convención (1793-1795), a modo de cruzada o guerra santa, en que salimos malparados, sobre todo por el Pirineo Occidental. Cataluña se portó mejor, a las órdenes del general Antonio Ricardos, hasta la honorable paz de Basilea.

Quedémonos, pues, con unos diálogos graciosos a su aire, en pro del purismo lingüístico referido sobre todo al léxico, pues fuera de eso y de sus castellanismos, el barbero se expresa con igual corrección gramatical y sintáctica que Peru.

Lectura pública muy indicada en Bilbao para la promoción de una lengua doblemente 'propia' (como vascuence y como vizcaíno), y más bajo el patrocinio de un euscaltegui que lleva su nombre, aunque sea tan desfigurado e infeliz como Bilbo Zaharra.

lunes, 15 de junio de 2009

Seny y discreción





«Un juez de Barcelona…»
La expresión nos resulta familiar como comienzo de una noticia. Por supuesto, cualquier juez puede aspirar a ser noticiable, y otros jueces no de Barcelona, ni siquiera catalanes, lo consiguen. Sin embargo, ahí están esas 10.600 referencias que salen, si uno le tienta a Google con la citada cadena de caracteres.
«Un juez de Barcelona…
… absuelve al segundo violador del Ensanche…
… absuelve a un joven que dejó morir de hambre a su perro…
… condena a un nudista, a pesar de saber que el nudismo no es ilegal…
… confirma el cierre de un bar…
… tumba otro intento de las operadoras contra la tasa local…
… censura el 'decretazo'…
… tiene dudas de que el canon sea justo…
… anula una sentencia dictada minutos antes por él mismo…
… cita un filme de Walt Disney para dictar condena…
… emprende una cruzada contra el Código Penal.»
Realmente, si nuestro Código es tan malo que hay que recurrir a las películas de Disney para sustanciar el Derecho, se comprende la cruzada del juez. La misma perplejidad nos embarga ante redacciones como ésta: «Un juez de Barcelona ha absuelto a un hombre acusado de maltratar y golpear a su mujer».
Pero no es mi intención tocar al foro secular, sino comentar otra noticia relativa al foro eclesiástico. Si en la búsqueda gugueliana reemplazamos juez por párroco, dos cosas llaman la atención. La primera, la relativa parquedad de resultados (233). La segunda, que casi todos ellos se refieren a un mismo párroco y un mismo caso, que ha sido noticia ayer y anteayer en toda la prensa nacional:
«Un párroco de Barcelona se niega a dar la primera comunión a una niña que padece del síndrome de Down».

Para no repetir lo que ya todo el mundo conoce, baste una referencia que parece fiable. El hecho ha generado interpretaciones diversas y hasta contradictorias. No hay más que asomarse al listado de 'opiniones' de cualquiera de los periódicos, donde hay para todos los gustos.
Los opinantes en su mayoría se muestran adversos, incluso airados. Hay quienes invitan a la represalia pecuniaria (estamos en Cataluña), omitiendo la cruz al clero en la declaración de la renta. Alguno es más expeditivo: «Hay que desertar(¿?) al cura del pueblo». Tampoco se echa de menos la jurisprudencia: «Esto ya pasó hace años en Sant Julià de Vilatorta con Mossén Jaume, el párroco del pueblo (aún en activo), que pertenece al Opus Dei…» Un agitprop aprovecha la ocasión y exige: «Primera Comunión por lo civil, ¡ya!» No podía faltar el diagnóstico nacionalista: «La gente no se imagina cómo está la Iglesia en Cataluña. Un altísimo porcentaje de curas son más políticos que curas; y si no, que les pregunten a los integrantes del Foro Joan Alsina.»

Por supuesto, el párroco también tiene partidarios. Si la niña Carla, la paciente, ha demostrado en efecto ser deficiente mental profunda, hasta no discernir el pan eucarístico del pan cotidiano o común, entonces tendría razón mosén Josep Lluís Moles, el párroco de Teià (Barcelona), al decidir que la pequeña no necesita la comunión, aunque luego lo explique con un circunloquio eufemístico: «porque es un ángel de Dios». ¿Tanto puede un simple cromosoma de más? Porque esa es la causa asociada al síndrome, que antes se llamaba crudamente mongolismo. Con todo, lo más curioso es ver esa misma idea suscrita por otro opinante en este contexto:
«Vaya por delante que no soy católico. Ni siquiera religioso. Y sé perfectamente que lo que voy a decir no es políticamente correcto… Entiendo que para recibir un sacramento hay que ser plenamente CONSCIENTE. No se trata de integrar a esta niña con sus compañeros, o que pase un día contenta. No se trata de hacerle una gracia a sus padres. Actualmente la comunión para los niños se ha convertido en un festival familiar y social, pero creo que debería prevalecer su significado. En síndrome de Down, ¿es consciente de lo que está haciendo en la comunión?»
Tiene toda la razón el señor laico. A mí también me sorprendió, en un transporte público, un diálogo entre jovencitos, sobre dónde habían comulgado la vez primera:
Yo en la parroquia del Carmen.

Yo en mi colegio, el Urdaneta.

Pues yo en la capilla del convento de mi tía la monja.

Yo no hago la comunión. No somos practicantes…
¿Y tú, dónde has hecho la comunión?

Yo, espera... ¡ya!, en la 'Casa Vasca'.»
Debo añadir que nadie del grupo se rió de la salida. Muchos restaurantes anuncian (y dan o sirven) 'bodas, bautizos, comuniones'.
Pero si algo no ha podido estar ausente en el caso catalán es la voz del seny. Hablemos, pues, del seny.

Recuerdo mi primer contacto con el seny. Acababa de poner por primera vez los pies en Barcelona y subí a conocer Montserrat. En el viaje me tocó al lado un caballero con ganas de conversación. En cuanto me sonsacó que yo era de Bilbao, iba a decir que me felicitó, pero más bien se felicitó a sí mismo por ello:
–Los vascos y los catalanes tenemos mucho en común. Ustedes los vascos comparten con nosotros algo de esa característica tan catalana, tan nuestra: el seny
–Ya, el sentido común…
–No exactamente, oiga. Sentido común, sensatez, cordura, buen juicio; todo eso, y mucho más. El seny es intraducible, y es muy difícil que el no catalán comprenda el alcance de…
Sorprendente. Al cabo de tantos años, aquella explicación recibida de un eventual vecino de asiento vuelvo a encontrarla, casi en los mismos términos, y me pregunto si el mismo individuo, algo más joven que yo (y por ende, muy posiblemente vivo todavía), habrá sido el autor de la entrada seny
en la Wikipedia.

Renuncio, pues, a comprender esa cualidad positiva que yo mismo, como vasco, en alguna medida debo de poseer, aunque no con la propiedad del identitario catalán. Como renuncio también a traducirlo o definirlo. En vascuence, aberri no es una patria cualquiera, sino 'la patria vasca'; como ikurriña es la bandera vasca, o erztaina un policía vasco. Pero patria, bandera, policía, al fin. Con seny la cosa se pone más difícil. No tiene equivalencia, y decir 'seny catalán' es un pleonasmo tan grande como el Tibidabo.
Otra cosa me enseñó aquel primer maestro catalán –que por cierto, también me salió luego catalanista–: para iniciar una aproximación provechosa al seny, nada mejor que acudir a su quintaesencia, es decir, El Criterio, de Balmes, cuya lectura me recomendó como indispensable. Más tarde he tenido amplia oportunidad de constatar cómo, en efecto, bastantes catalanes llevan un chip del Criterio balmesiano en el disco duro de la mollera.
De todo aquel fárrago –que si las 'víboras de Aníbal', o la 'mudanza de don Nicanor en breves horas', etc., yo me quedo con un capítulo: 'el hombre riéndose de sí mismo'; el que, por la práctica, parece que interesa menos a los propios catalanes.
Volviendo al tema. Esté tranquilo mosén Josep Lluís, que no seré impertinente con él. Eso sí, voy a recordar un ejemplo autorizado. Es un caso muy repetido en la Edad Media, cuya primera versión en Occidente se remonta a san Gregorio de Tours (siglo VI), que lo sitúa apud Bituricas, o sea en la ciudad de Bourges:
En una escuela primaria, los niños hacen su primera comunión. Uno de ellos, que era judío, también comulga. Al saberlo su padre, que era vidriero, monta en cólera y le mete en el horno encendido. La madre suplica en vano, sin poder hacer nada, hasta que se apaga el horno. Entonces aparece el niño dormido, ileso. Una señora con un bebé en su regazo le ha protegido de las llamas. La población cristiana exulta. El niño es bautizado, la madre se convierte. El padre judío es condenado al horno.
Esta leyenda se hizo muy popular, primero en anglonormando y francés, luego en otras lenguas. En castellano la recoge Alfonso el Sabio en las Cantigas, añadiendo de su cosecha los nombres del padre y de la madre, Samuel y Raquel, que le venían de perlas para rimar con menino d'Israel.

En este relato hay algo que no casa: a santo de qué comulga el niño judío en la escuela. En efecto, la misma historia tuvo otra versión recogida en la Historia Eclesiástica del sirio Evagrio el Escolástico, un abogado coetáneo de san Gregorio. Y aquí la cosa cobra sentido, si como apunta el historiador, el hecho sucedió en Oriente, concretamente en Constantinopla. En efecto, entre los orientales era costumbre renovar la eucaristía dando a consumir las especies viejas a los niños pequeños. Desde el patio de la escuela, la chiquillería oye al sacerdote que les llama para repartir el pan santo, y acuden a todo correr, antes de que se acabe. Entre los rápidos estaba el judío, y lo demás ya lo sabemos.
Leyenda o sucedido, esta anécdota del antisemitismo ancestral sirva al menos para meditar sobre las vueltas que da la vida. Ya sé que una historieta no va a darnos respuesta para las preguntas vitales: ¿Por qué un 'ángel de Dios' no puede recibir la eucaristía, si también la llaman 'Pan de Ángeles'? ¿Por qué para comulgar se requiere un discernimiento y asenso nunca exigido para administrar el bautismo? ¿Debe implantarse la comunión civil, y bajo qué especies civimentales? ¿Puede un agnóstico ser un padre de la Iglesia? ¿es correcto, incluso en Cataluña, expresar mediante sanciones pecuniarias la discrepancia religiosa? ¿Pueden el seny y el sentido común ir cada uno por su lado?...
Demasiada metafísica para esta humilde página.

jueves, 11 de junio de 2009

El Islam con esfuerzo (de género)


«Dios mío, ponme entre los que renuncian a sus apetitos mundanos por lo religiosos, y no a los religiosos por lo mundanos.» (A. Shariati, ideólogo iraní de la Revolución Islámica)

«Vuestras mujeres son vuestra labranza. Id, pues, a vuestra labranza, como y cuando queráis» (Corán Sagrado, 2: 223)

El Islam con sus Cinco Preceptos básicos pasa por ser una religión sencilla. Sin embargo, asimilarlo a lo talibán requiere esfuerzo. Esfuerzo de género. Talibán carece de femenino.


El pasado lunes TVE-2 reponía Osama (2003), película del director afgano Siddiq Barmak (1962- ), breve historia documental sobre la condición femenina bajo el régimen talibán.

Antes de proseguir, propongo un convenio. Todo el mundo sabe que talibán es el plural (uno de los plurales) de tálib, en árabe, 'estudiante' –el que estudia o investiga, para el caso, el Corán y los preceptos de la sharica islámica–. Siendo plural, no tendría sentido hablar de 'talibanes'. Sin embargo, a menudo se ignora el carácter formalmente plural de ciertas palabras, como biblia, o bacteria (los singulares respectivos serían 'biblio' y 'bacterio'), que por así decirlo se repluralizan. Lo mismo ocurre en árabe con tuáreg, plural de targuí, que repluralizamos como los 'tuaregs'. Por la misma regla, uso talibán en singular, y en plural talibanes; o también talibán como adjetivo (represión talibán, o talibanesca).

Basta de gramática, volvamos al cine.

Basado más o menos en un hecho real, el relato entra in medias res, cuando una manifestación de mujeres cubiertas con burka en demanda de trabajo y otros derechos, es dispersada sin contemplaciones por la guardia talibán. Un personajillo inevitablemente simpático hace su aparición como introductor, verdadero coprotagonista, y en definitiva intérprete de la obra. Se trata del golfillo Espandi. Ni siquiera es su nombre, sólo su mote: 'el de la ruda'. Es como se gana la vida, agitando un sahumerio de esa planta, mientras repite una fórmula mágica, por una limosna. Retrospectivamente, su entrada se revelará premonitoria: espand en iranio es la Ruta graveolens, planta apotropaica y mágica del folclore universal, que aunque en medicina popular es una panacea, en especial cohíbe el flujo menstrual. Y de eso se trata.

Una viuda sin trabajo, con la madre a cargo y una hija de 12 años (Marina Golbahar), son tres mujeres abocadas a la miseria, pues sin hombre que las proteja no tienen derecho al trabajo, según la ortodoxia impuesta por el nuevo régimen talibán. ¡Qué desgracia, ser mujer! Si la niña se hiciese pasar por chico… La abuela conoce una conseja poética: si se logra pasar bajo el arco iris, se materializa el deseo de cambiar de sexo.

La fantasía de la abuela es disparatada, no funcionará. La heroína es chica que no se propone cambiar de rol. Se sabe de muchas jovencitas y mujeres que se han hecho pasar por hombres, con éxito. Nuestra Monja-Alférez, por ejemplo. Catalina Erauso, la marimacho aventurera donostiarra que se fugó del convento para hacerse soldado, en el siglo XVII. No será el caso de la pequeña afgana, frágil y tímida, que hasta toma un mechón de su pelo recién cortado y lo planta en un tiesto. Su aventura se anuncia un fracaso ya desde el principio, y he ahí un acierto artístico, en la tónica sincera del filme. Desde luego, a Espandi no le engaña, y hasta se permite chantajear a la madre y la hija con delatarla, cuando no le dan dinero por su sahumerio. Al final, él mismo vendrá a ser su cómplice, su hombre protector, el que la avala ante los talibanes, y el que inventa para ella el nombre masculino, Osama.

Por lo demás, la trama es, puede decirse, inexistente, lo cual ayuda al verismo. Ni trampa ni cartón. Expresivismo, que puede llegar a la foto fija. Lentitud contemplativa administrada sabiamente. Parquedad de recursos, pero el director domina el oficio y obtiene planos eficaces. Se le nota la escuela moscovita. Quiero señalar la secuencia del chiquillo tullido que cojeando malamente trata de seguir a las manifestantes enburkadas, sin que se sepa bien a dónde va ni para qué.

Estamos en los antípodas de otra película igualmente verista y sincera, pero vibrante de acción, como es Las tortugas también vuelan (2004), película iraní más irónica (ésta no lo es en absoluto), y a la vez más honda, más poética. Ambas ofrecen en común la voluntad de supervivencia en el horror, y un paradójico esperar contra toda esperanza.

Muy bien planteado el proceso de descubrimiento del sexo de Osama. ¡Con lo fácil que habría sido un examen anatómico! Por ejemplo, en la escena del baño lustral, donde el viejo mullah instruye a los jovencitos en el modo correcto de lavarse los genitales después de cada polución nocturna o diurna. Es cuando de hecho el viejo verde intuye la verdad de Osama, aunque de momento sólo lanza la especie de que es una 'ninfa', una criatura invertida. De hecho, Osama será incapaz de bajar de un árbol sin ayuda, como haría un chico. Así pues, para escarmiento será colgada en el brocal de una cisterna. En el castigo, la primera menstruación delatora le sobreviene con toda naturalidad.

La menstruación es la prueba irrefutable de la inmundicia femenina. El Corán Sagrado sigue en esto la tradición judía: «También te preguntarán sobre el menstruo. Diles que es cosa mala. Así pues, apartáos de vuestras mujeres durante el menstruo». No obstante, el casuismo ha discurrido solución para todo. Una tradición ortodoxa (aunque poco acreditada hoy, según parece) permitía el sexo anal, aplicando el varón a la mujer una compresa para evitar mancharse él mismo, cosa muy peligrosa para la salud.

Descubierta, la niña debería sufrir la pena capital. Sin embargo, el viejo mullah la rescata de la muerte, pidiendo le sea cedida como esposa. En realidad, la cuarta esclava sexual del vicioso hipócrita, que asegura la fidelidad de su harén a base de cadenas y candados. Aquí lo fácil y complaciente habría sido un gesto de rebeldía en Osama, matar al viejo abriéndole la testa con aquel candado enorme. Con todo acierto, eso no ocurre. Por el contrario, la historia se cierra en negro sobre la escena del baño purificador que se administra el polígamo, tras consumar la violación de su nueva doncellita.

Mientras disfruta de su baño caliente, el viejo feliz da gracias a Dios, porque este mundo es nada, comparado con el Paraíso, con aquella huríes siempre jóvenes, bellas, amenorreicas.

Para el buen musulmán integrista, la mujer es el ensayo fallido de hombre, el fracaso de Dios en su intento de crear al ser humano. Por lo visto, su plan original era una humanidad sólo masculina. Pero tampoco era cosa de cargar al varón con las molestias del embarazo, la lactancia y el trabajo doméstico. De ahí la mujer, ese mal necesario.

¿Tienen ellas alma? Al cabo de la película, saca uno la conclusión de que esa pregunta no interesa demasiado a los talibanes. En todo caso, si ellas tienen alma, no es de la misma especie que la viril. Si tienen alma, que les aproveche. Para el buen musulmán, lo importante es que ellas tienen cuerpo.

La violencia late en toda la película, pero apenas se nota en crudo. El director sigue el precepto horaciano para la tragedia: «Que Medea degüelle a sus hijos, pero no en escena» Eso significa 'obscenidad', lo impresentable en un tablado. Una lapidación femenina sólo se plantea, se deja adivinar la salvajada, pero se corta en el momento justo. Lo mismo la ejecución de un periodista despistado que filmó la manifestación prohibida. El pobre diablo no acaba de creerse que se lo van a cargar. Hasta que se escucha el disparo.

Sin cargar las tintas, queda al desnudo la hipocresía de un sistema seudo religioso. Todo son invocaciones a Dios, a su bondad y misericordia, amo y señor de un mundo miserable y siniestro. No se olvide que estamos en una zona de metafísica dualista, donde hay adoradores de Dios y adoradores del Diablo, dos Entes trascendentes, no tan fáciles de distinguir. Repulsivo el juez para los delitos religiosos, el vicediós que fuma recostado en un diván, mientras falla los juicios sumarísimos y preside las ejecuciones. El mismo que hace de perdonavidas, y decide la suerte de la muchacha. Adiós Osama. Figura perpleja, achinada en su rostro, los ojos levemente oblicuos, el gorro y la túnica.

Es sorprendente la transculturación arábiga impuesta a través de la religión. El buen talibán pronuncia y entona el Corán en árabe perfecto. Notable la escena de un muchacho que en la madrasa o escuela coránica se promociona porque sabe meldar las azoras como un almuédano. Todos los muchachos se aplican a imitarle, mientras se balancean sobre los ejemplares del Libro sacro. Unos coranes, se dice, que en los años 80 llegaban impresos desde Chicago, llevados por elementos de la CIA cuando, para contrarrestar la influencia de Rusia, promovieron la resistencia talibán afgana dirigida por Al-Qaida. Sí, la de Osama bin Laden.

En verdad, era una alianza de civilizaciones bastante curiosa.