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«Os presto mi talismán, quedaos con este hombre bueno»: «La Mujer más poderosa de España, desde Isabel la Católica» –así autodefinida, con autolimitación tan generosa como gratuita–, invocaba a su mentor Rodríguez Zapatero en ayuda milagrosa de su electorado. Y aunque parezca mentira, al decirlo profetizaba. La sagrada Escritura conoce casos de gente no santa, incluso poco recomendable, que por su cargo, o por otra razones inescrutables, ‘profetizan’: dicen la verdad sin saberlo ellos mismos. Como Caifás, cuando en su condición de Sumo Sacerdote, explicaba al Sanhedrín el destino de Jesucristo (según Juan, 11: 50):
– Vosotros no lo entendéis. Conviene que un hombre muera, para que se salve toda la nación.
Caifás, corto de mira, pensaba en la salvación del pueblo judío, pero como profeta ocasional inspirado anunciaba la redención del mundo. Algo así –salvado el abismo entre lo sagrado y lo bufo–, Marisú Montero salía sibila profetisa diciendo una cosa que significaba justo la contraria. Corta de vista, en Zapatero sólo contemplaba su talismán, como su seguro de buena suerte, y por eso lo prestaba a sus votantes andaluces como garantía de victoria en las urnas. Y en este sentido, como estaba cantado, el fracaso fue morrocotudo. Ahora bien, como profetisa inconsciente, lo que realmente hacía, cual nueva Salomé, era poner a su Bautista en manos del electorado andaluz, el verdugo de ambos. Y tuvo que ser tremendo, lo que algunos aseguran que vieron flotar sobre el estruendo de los aplausos: la cabeza de José Luis en la bandeja de plata, como en los envenenados por estricnina o por la toxina tetánica, mantenía el rictus y mueca sardónica que le caracterizó en vida.
La todavía candidata a la Presidencia de Andalucía había puesto de moda por un instante la palabra mágica, talismán, aplicada a su mentor y animador Zapatero. Como es norma en los profetas de chiripa, tampoco aquí la profetisa calaba en profundidad lo que su boca pronunciaba. Porque talismán, en su origen, significó y significa algo que tiene poco o nada que ver con la suerte buena ni mala, pero que resulta muy verdadero, y hasta profético, para describir la naturaleza del sanchismo y el estado cataléptico de un socialismo sectario. Es lo que vamos a examinar, a modo de divertimento, en este artículo.
Del talismán al telesma
La voz talismán la divulgan en Europa los primeros traductores de Las Mil y Una Noches, empezando por Galland al francés (1707-1717), seguido de lejos por Lane y por Burton, al inglés. En esos cuentos orientales, un talismán es cualquier objeto con poder mágico efectivo en favor de quien lo posee; a diferencia del amuleto, igualmente mágico pero defensivo, contrapoder protector. Talismán es préstamo del árabo-persa medieval tilism, que a su vez era préstamo del griego bizantino télesma (pl. telésmata), con el mismo significado mágico. Sin embargo, en siglos anteriores de la época cristiana, el término griego todavía conservaba su sentido original, ligado no a la magia, sino al campo semántico religioso, en especial de las religiones mistéricas, en las que se incluye (no lo olvidemos) el cristianismo. Su raíz tel* implica fin(alidad) y acabamiento, compleción y perfección en doctrina y obra. En suma: télesma –o telesma, españolizado–, expresa de maravilla el estado de perfección que puede alcanzar el iniciado, en religión ante todo, pero por extensión, en cualquier cosa: en virtud, ciencia, arte, oficio etc.; o en todo lo contrario … marrullería, astucia, maldad, infamia. No perdamos de vista el carácter social de esa perfección y virtuosismo, tanto en cofradías y sectas religiosas o escuelas de filosofía y arte, , como en sociedades secretas, mafias y patios de Monipodio.
No era así como la Marisú Montero entendía a su talismán, José Lui, aunque como profetisa de alcance daba en la diana del socialista cabal y pluscuamperfecto que su Zapatero es y se está revelando por distintas fuentes. Nuevas luces sobre un mismo tipo camaleónico, ya viejo conocido de muchos. Alguien que se jactaba más de talante que de talento, hasta pasar por bobalicón. «Bobo solemne», le etiquetó Mariano Rajoy, con solemne pifia por partida doble: en lo humano y en lo político. Hombre de Dios, así no se insulta –y menos en el parlamento– a un adversario no tan bobo por ir de solemne, ni que tampoco te ha insultado a ti como el «Vago solemne», de toda solemnidad.
Pero no vamos a detenernos en el telesma particular de un individuo polifacético. Lo que se trata es de entender el término como descriptor aplicable en un partido con resabios cuasi religiosos, lo que el socialismo ha sido siempre. En efecto, en el social-comunismo histórico que definía la religión como «el opio del pueblo» administrado por el clero, llama la atención su querencia constante a sustituirla como nueva religión laica no menos opiácea, no sólo para el pueblo, también para sus nuevos guías, los propios socialistas y sus líderes del partido. Por ahí tengo un librito titulado en español Los socialistas pintados por sí mismos. "El demócrata socialista tiene la palabra." Este subtítulo era el verdadero título de la obra de E. Käser, traducida del alemán por Domingo Miral para Saturnino Calleja (Madrid, 1912). De las 200 páginas del libro, toda la III Parte (25 %) trata de la Religión, y la IV Parte (20 %), de la Moral, sólo para plantear la democracia socialista como el sucedáneo natural científico de ambas. Sin embargo, esa casi mitad del libro no debe engañar, ya que la otra mitad abunda en referencias directas o indirectas a lo mismo. El propio socialismo se presenta como sistema dogmático necesario y obligatorio para la salvación del mundo, de la sociedad y del individuo. Si católico quiere decir universal, nada falta al socialismo para ser un catolicismo más perfecto, por ser laico (pp. 144-145):
«Los demócratas socialistas tienen su religión: así, por lo menos, lo expresa bellamente W. Liebknecht: “¿No tenemos nosotros lo que constituye la fuerza de la religión; es decir, la fe en los más excelsos ideales? ¿No es el socialismo la forma más alta de la moralidad, de la generosidad, del sacrificio y de la filantropía?” (Protokoll des Parteitages, Halle, 202) ... La humanidad es la última cosa santa que queda: “Las cosas santas y sagradas, así religiosas como profanas, deben desaparecer para que subsistea la única cosa santa, eterna y verdadera: la Humanidad.” (Dietzgen, J., Die Religion der Sozialdemokratie, 7ª ed., Berlín, 1906, pp. 13 y sigs.).»
El telesma como estado de cautividad sectaria
Volviendo a Las Mil y Una Noches, sería imperdonable olvidar la traducción española de Rafael Cansinos Assens, sobria y estilizada, que publicó Aguilar. Pues bien, en la Noche 522 encontramos este texto:
«Salió después Halima de su litera y el padre del joven quedó maravillado al verla, … y le asignó en su casa un pabellón alto, cual si fuera un tesoro encantado, cuyos talismanes se hubieran soltado…»
La metáfora de los sellos mágicos vale aquí para un cofre, como en la Biblia vale para un libro o rollo cerrado, cuyos siete sellos va rompiendo, uno tras otro, la virtud del divino Cordero (Apocalipsis, 6).
El talismán o telesma nos devuelve a las religiones de misterio, todas ellas con su secretismo, sus revelaciones graduales, y su ‘disciplina del arcano’: la prohibición de hablar de ello a profanos, pero ni siquiera a los iniciados de grado inferior. La infracción acarrea expulsión, pérdida de contactos y empleo, depresión y angustia… Disciplina practicada también en las sociedades secretas y las mafias, bajo amenaza de males imprevisibles que pueden parecer accidentes. Todo está atado y bien atado, mientras el juego telésmico no se rompa en el grupo. He aquí el talismán o telesma como compromiso definitivo. Definitivo hasta la locura; lo que, sumado a la religión, hace el cóctel de la triple D: compromiso Divino - Definitivo - Demencial.
Mitreo romano bajo Santa Prisca. © Turismo Roma
Entre las religiones de misterio, la más divulgada entre soldados fue la de Mitra, de origen oriental. Sus lugares de iniciación y culto, los mitreos, eran subterráneos, y los hay que precedieron a una iglesia cristiana edificada justo encima, como las basílicas romanas de San Clemente o santa Prisca. Lo de esconder bajo tierra las religiones de misterio parece lo más natural. En el casco urbano, un inconveniente podía ser, a veces, la vecindad con las cloacas; cosa que tambien ocurre, a lo laico prosaico, hoy en día.
[En este punto, me llegan las imágenes de la clausura del último Congreso Federal de las Juventudes Socialistas, en Madrid, con intervenciones del líder supremo, Pedro Sánchez, y de la nueva secretaria general, Aránzazu Figueroa. Todo un paradigma vivo de telesma sectario, que hace superfluo cualquier esfuerzo mío o prestado para explicarlo. Elocuente la promoción de una joven lideresa radicalizada y totalmente identificada con su jefe en plena crisis política y judicial del sanchismo. Joven educada en un colegio religioso católico, y doble graduada universitaria, en Derecho y Economía, sin que ello le inhiba de usar una retórica agresiva de confrontación política y superioridad moral carente de toda finura y sutileza, despectiva y bordeando la ordinariez. Mal augurio para un saneamiento de la oratoria parlamentaria.]
Quede pendiente una reflexión sobre otro aspecto del telesma cuasi religioso en el sectarismo político: el relativo a la divinización del déspota para inter nos, por mal nombre, ‘el puto amo’.

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