miércoles, 27 de enero de 2010

Pedernales





Hace tres meses hice aquí un sencillo elogio de los Territaifas Históricos vascos, ese hecho tan diferencial nuestro que son las Diputaciones forales con sus Diputados generales. Fue con ocasión de su epifanía o manifestación pública. Porque esos entes poderosos que hoy acosan al Gobierno de Vitoria, bien se guardaron en tiempos de Ibarretxe de exhibir la grandeza de su poderío. Sobre todo la diputación vizcaína, la más rica y soberbia de las tres.

Se dirá que los diputados generales, siendo del mismo partido que el lendacari, tenían que remar juntos. Valga. Aunque ¡bueno era el caudillo como para irle con historias forales! Ni con historias de partido, él era el partido. Sea como fuere, el hecho demostrado por cien encuestas es que el 'hombre de la calle' (que le dicen) jamás supo en aquella era cómo se llamaban los diputados generales; y apurando, apurando, ni que existieran. Incluido el superdiputado de Vizcaya, un perfecto desconocido entonces.

Pero cayó Juan José, al toque de sus propias trompetas, más que a la embestida de los bárbaros PSE-PP. Y es entonces cuando los tres entes se erigen en reductos de contrapoder ultra-autonómico, como la resistencia romana ante Breno en el Capitolio. Es también la hora de los gansos capitolinos.

Así paradójicamente, gracias a un insignificante Patxi López y al fulgor de su Gobierno espectral, el ciudadano se entera de que hay diputaciones, o por lo menos, diputados generales. El de Vizcaya en particular, con la caída de su jefe descubre al político que lleva dentro –un líder, el próximo lendacari, ¿por qué no tú?– y prodigándose en imagen y verbo, en breves semanas a todo el mundo le sonaba su nombre.

Nuestro Marco Manlio se llama José Luis Bilbao, el político peneuvista que más en serio se ha tomado lo de 'gobernar desde la oposición'. Oposición que, para el Sr. Bilbao, significa quien o lo que se le ponga por delante en su forma de gobernar. Gobernar: otro término que, en el mismo léxico personal, equivale a ordenar y mandar como un auténtico Señor de Vizcaya. Es como le llaman sus aduladores, y a él le halaga.

Con el mutis de Ibarretxe, cada diputado ha dado lustre a su faceta más personalista. Y esa faceta en José Luis Bilbao se llama 'ego'. Bilbao como político tiene muchos partidarios y enemigos, cosa que a su ego le complace. En cambio, el ego de don José Luis sólo tiene un partidario –él mismo, obviamente– y un sólo enemigo. Pero un enemigo mortal, que se llama hybris. La hybris (desmesura) es un enemigo íntimo, que según las leyes de la tragedia lleva a la perdición. Es un demonio sin grandeza. Sus posesos, como los fantasmones de Don Quijote, «gente descomunal y soberbia». Algunos frivolizan esa condición humana del superdiputado: que si es un fanfarrón, un bocazas, que si las suyas son chulerías o bilbainadas –doblemente, en su caso–, que si cosas de Joselu y eso. Bobadas. Lo suyo tiene toda la pinta de una hybris de libro, cosa mala, porque ese desarreglo no hay dios que lo sufra. Al tiempo.

En el campo me metí
a lidiar con mi deseo:
conmigo mismo peleo,
defiéndame Dios de mí,
si yo mismo me guerreo.

El gran peñazo que Manlio Bilbao levanta para arrearle al Breno López en toda la tiña es el Guggenheim II de Urdaibai. No es ninguna iniciativa de gestión, donde usando la razón quepa discutir sobre prioridades, adecuación de medios y fines, esfera competencial y otros aspectos técnicos. Es un proyecto de lujo, un riesgo voluntarista, desafiante, polémico en sí y por su ubicación, en nuestra pequeña y única Reserva de la Biosfera. Total para implantar allí, precisamente allí, un macromuseo que podría funcionar igual en otra parte...

No digo nada del proyecto en sí. Sólo de su primera víctima anunciada, la Colonia Escolar de Pedernales, obra entrañable de don Ricardo Bastida.


Es curioso que para ir 'orientando' a la opinión pública se pongan tachas al valor arquitectónico del edificio: que si no es monumento, que si no es tan original, ni de gran mérito... Todo eso es muy secundario, frente al atentado a la memoria vivencial que se va a perpetrar.

Mi contacto con la Colonia fue ocasional, aunque impactante para toda la vida. Pedernales era todavía Pedernales, medio siglo antes de inventarse Sukarrieta. Veraneando de crío en Pedernales –el Bar de Pacho, creo que se llamaba la fonda–, la Colonia de la Caja de Ahorros me parecía un paraíso en el Paraíso.

Por cierto, de todas las instalaciones de la Colonia –un modelo a nivel europeo, para la época– mi preferida era la más discutible: aquellas playas artificiales, donde los niños con gafas protectoras se tostaban a la luz UV, no sólo tomando color para la vuelta a casa, sino como refuerzo vitamínico. Aquellas playitas pocholas, ideadas en los años de la gran depresión, quedarían relegadas a piezas de museo por el avance médico, pero también gracias al avance dietético.

Nunca fui colono en Pedernales, pero como si lo hubiera sido. Uno de mis primeros premios escolares fue el libro de Julián Zugazagoitia, Pedernales: Itinerario sentimental de una Colonia Escolar (1929). Es un libro muy cuidado, muy bien impreso. Por dentro, todo él un poema en prosa cargada de humanismo y melancolía. Me sabía de memoria párrafos enteros, y aunque en parte los olvidé, las ilustraciones de Ricardo Arrúe todavía las llevo en la pupila interior.


Yo creía que la Colonia de Pedernales era intocable, que su demolición sería sacrilegio nefando, para escrito en los anales de los paraísos perdidos.

Cuando he aquí que un graznido estentóreo de ganso sobresalta mi ingenuidad. ¡La piqueta para esa maldita colonia!

Dicen que el diputado general Bilbao se ha armado de una docena de informes técnicos para justificar la empresa que va a realizar él solo, si no puede ser en compañía de otros. A ese material hay que juntar el coro de opinión de gansos que le animan a dar el paso, unos porque sí, otros porque joroba a Patxilo. Todos, sin embargo, respecto a la Colonia suelen ver su desaparición como mal necesario, mal menor, o ni mal siquiera, una pérdida sólo sensible o indiferente.

Faltaba el ganso de los gansos. Alguien que, con base en un trauma personal, recomienda la destrucción del edificio donde la infancia vasca se vio sometida a vejaciones patrióticas. Nuestro ganso pedernalino se firma Yo, y su alegato dice así:

«Respe[c]to al edificio actual ¡QUE LO DERRIBEN! allí obligaban a los niños de Bizkaia a cantar el cara al sol y desfilar con mosquetones averiados (no todo ha sido lúdico en esa colonia ) además los niños iban al mando de monjitas adictas al ré[g]imen que ponían gran entusiasmo en los cánticos. ¿Qué os parece? Si alguien quiere conocer algo más le indico la fecha de cuando se hacían esas demostraciones patrióticas. ¡QUE LO DERRIBEN!»

Con que ya tiene el Señor de Vizcaya un argumento tumbativo que añadir a sus informes. El franquismo contaminó la Colonia, afuera con ella. Claro que luego, por la misma higiene, habrá que derribar las escuelas, los ayuntamientos, sin dejar uno, y finalmente la Diputación, pues yo mismo vi a Franco en el balcón, aclamado por los diputados y la muchedumbre. O sea que, si no arrasamos también la Villa entera, al menos deberíamos fumigarla.

En cuanto al amigo ganso, lástima por él, si la monserga franquista le pudo tanto que no le deja recordar lo bien que se comía en aquella casa, los viajes maravillosos en 'gasolino' a la playa, o el buen ambiente de camaradería. Máxime si, como él dice, «los niños iban al mando de monjitas», qué gozada. Aunque fuese con mosquetones averiados, lo que me perdí...

En serio, lo más de compadecer a este buen hombre es, en aquellos años de caralsol, no haber leído Pedernales, de aquel socialista de las gafotas redondas, buen hombre y escritor que fue Zugazagoitia, 'Zuga'. Asesinado por rojo-separatista.

¡Qué! ¿quemamos también el libro, para que no nos amargue la memoria?

6 comentarios:

  1. Genial, Don Belosti ¡Bravo!

    Últimamente "la Dipu" nacionalista está mostrando su cara más soberbia y más "cara", embarcando a los vizcaínos en proyectos faraónicos al servicio de demagógicos intereses privados. Que el dinero que obtienen de TODOS los vizcaínos sea a mayor gloria de una particular franquicia de la Fundación Guggenheim o vaya a parar en una infraestructura de ese club privado y privativo de las esencias xenófobas que es el Athletic es una verdadera vergüenza.

    Ánimo y leña al mono, que es de talo.

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  2. Con respecto al paisano al que la indignación ha privado de algunas consonantes, no me queda claro es si lo que le molestaba es que le obligaran a cantar el ‘cara al sol’ o que los mosquetones estuvieran averiados. Saludos.

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  3. Mi estimado BELOSTI, apasionante el concepto griego de la hybris, que tanto puede aplicarse al apogeo y caída de los imperios, el hundimiento del Titanic o el proyecto "Tabacalera" de Odón (fatale) Elorza, que no vaya a creerse que nuestro donostiarra primer edil no sabe comportarse con vocación bilbaina (a quien eche de menos la tilde, ahí le va: "'").
    No sabe usted bien cómo me gustaría que conociese la descripción (casi desencriptación) mítica que el gran Lanza del Vasto supo entrever, con su enorme alma de poeta, al relato de la Caída en el Génesis, el verdadero Pecado Original que, lógicamente, está en el origen seminal de Adam (el Hombre... ese que al principio se menciona "hombre y mujer los creó") y Eva (Heue, la Vida), por no haber sabido disponer adecuadamente del fruto (nada de "fruta") de ese Árbol que nunca ha pertenecido a especie botánica alguna y de cuyo uso deficiente (comerlo, es decir, matarlo, degradarlo, incorporárselo) se deriva el trastueque e inversión de la Ciencia del Bien y del Mal, haciéndonos buscar lo uno para conseguir, habitualmente, lo otro.

    ¿la consecuencia? el alejamiento del Edén, al que no puede regresarse porque una espada flamígera (que NO la sostiene ningún Ángel que custodia el Paraíso, cuestión que no contiene la Biblia: "Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida" Génesis 3:24) lo impide.

    También la hybris está narrada (¡y de qué manera!) en el famoso Libro de libros, lo que otras hybris, religiosas o no, impiden ver a más de uno (esta vez don UNO, quien encabeza estos comentarios, no tiene nada que ver), cuyo nombre es Legión.

    Aparte de la mi dama, soy también un devoto lector de sus reflexiones, querido amigo.

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  4. ¡Cuánto me alegran los comentarios que me ponen aquí! No porque sean elogiosos, eso es lo de menos, tampoco me ofenden las discrepancias, la crítica...

    Aunque no escribo para el palique, escuchar voces alivia, porque ves que no estás hablando solo.

    Sin hacer de menos a tan buenos amigos como Uno que arregla... y Lindo Gatito, expreso mi hilaridad ante la duda de Navarth por el detalle de los mosquetones.
    Yo tenía entonces un amigo ‘flecha’, con su mosquetón de madera para los desfiles. Entiendo que en Pedernalas, a falta de esos juguetes, los reemplazarían por mosquetones de verdad. Eso sí, averiándolos primero para evitar accidentes y, sobre todo, para fastidiar a nuestro informante.

    Muy de acuerdo con L. G. sobre la espada del Paraíso. Un artilugio automático, maravilloso, de película.

    Tengo una traducción sefardita que dice: «y una espada flamante que se trastornaba».
    Podía ser que giraba en molinete, o pienso tal vez que se volvía acá o allá contra el que se acercaba.

    Lo que ciertamente no tiene base es (en este caso concreto, no en otros) el icono del ángel con espada flamígera. Jode el invento.

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  5. Qué bonito, Belosticalle. Me han entrado ganas de leer a Zugazagoitia. Voy a ver si lo encuentro.

    *Me ha encantado la referencia a la Hybris trágica. Hay un libro, mi favorito, de un tal Cristopher Booker – Seven Basic Plots. (Me gusta más el subtítulo: “Why we tell stories”) donde por primera vez oí hablar de la hybris y de las leyes de la narrativa.

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  6. ¡Qué bien escrito y cuánta maldad hay en cierta casta vasca!. Esa chulería de Bilbao (apellido... ¿eh?)

    Gracias, D: Belosti,

    arcu

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