lunes, 13 de mayo de 2013

‘Udaltop’: edilicias topaketas (1)


Logotipo presentación de UdalTop

Udaltop es un matojo en el matorral de entes de sinrazón que brotan y prosperan en el jardín del vascuence, merced al abono inagotable de dinero público.
Como el nombre indica, Udal + Top, la misión que se han autoencomendado los ‘udaltópicos anónimos’ es organizar edilicias topaketas  o ‘encuentros’  (del cast. topar, ‘encontrar o encontrarse con alguien o algo’; y éste del griego τόπος, ‘lugar de topaketa’ [1].
Pero uda remite también a udaberri, la primavera. En efecto, cada año el encuentro tiene lugar en esa estación. Topaquetas: encuentros anuales vernales, un amor, událico, edílico, idílico, eudélico… etílico también, por qué no, si los encuentros van «dirigidos a los servicios municipales de euskera».
Eso sí, el neologismo topaketa habría estado mejor como sinónimo de la topeka, el ‘deporte’ rural de la lucha de carneros a topadas, con fortísimas apuestas a beneficio de los dueños. Celebraciones que también solían coincidir con el signo vernal de Aries [2]. 
 
Del libro ‘1000 juegos y deportes populares y tradicionales’
por P. Lavega y S. Olaso, Paidotribo, 2007, pág. 172.
 Pero esos son otros otros carneros. Hablemos de los amos y empresarios de este otro ruedo ibérico (todavía).

La idea de Udaltop surgió en el Ayuntamiento guipuzcoano de Lasarte-Oria. Lasarte se integra en la pintoresca comarca y mancomunidad de Buruntzalde, en la Guipúzcoa profunda, que agrupa así mismo a Andoain, Astigarraga, Hernani, Urnieta y Usúrbil. Objetivo: la euscaldunización o ‘normalización’ lingüística de este tramo del valle del Oria.
Por lo visto, o no han hecho bien los deberes, o la tarea les supera. Según estadísticas –que luego veremos– el vascuence es todavía minoritario frente al español. Y eso a pesar de la inmersión escolar y de la presión agobiante en todos los ámbitos.
Para poner remedio a semejante estado de cosas se han discurrido, entre otras, el Udaltop con sus Topaquetas.
Este año iban por la V Topaqueta. Quiere decirse que Udaltop no es invento de Bildu, no malpensemos.  Por ejemplo, en la III Topaqueta 2011, siempre primaveral, colaboraron la Diputación Foral de Guipúzcoa de Markel Olano (PNV), la Viceconsejería de Política Lingüística del Gobierno Vasco y Eudel («asociación autónoma», sic!), con el patrocinio de Kutxa (aka ‘Tu/mi/nuestro/su Dinero’). Martín Garitano –el ‘independiente’ de Bildu– no fue Diputado General hasta junio.
Así Garitano no tiene por qué responder de despilfarros anteriores, con los suyos bastante tiene. El más reciente600.000 euros –unos 100 millones de ‘las antiguas pesetas’– para la renovación y ampliación de la ikastola privada ‘Xalbador’ en Cambó-les-Bains (Francia). 

«Suscribieron el convenio  Garitano y la presidenta de este centro educativo, Teresa Lekumberri. En el acto participaron asimismo Zigor Etxeburua, director de la Dirección de Euskera de la Diputación Foral de Gipuzkoa; Koldo Tellitu, presidente de la Federación de Ikastolas; y Paxkal Indo, presidente de Seaska

Seaska: federación de ikastolas del País Vasco Francés. Seaska «es la organizadora del Herri Urrats (HU), y pertenece a la Confederación de Ikastolas de Euskal Herria». Todavía en marzo pasado el presidente de Seaska era Hur Gorostiaga, vasco-francés de toda la vida. Como Teresa Lecumberri. Ahora preside el músico francés-vasco Paxkal Indo.
 Herri Urrats (Paso Popular) es como aquí la Korrika: un festejo anual de fachada, para aparentar que de esa limosna vive el vascuence. La concurrencia al festejo francés, mayoritariamente española, transportada en autobuses. Antaño el destino de los creyentes era Lourdes, hogaño todos al HU. Esta primavera ha sido en Senpere, junto al hermoso lago de Senpere. Y en este XXX aniversario del HU, junto al lago de Senpere, Radio Euskadi hizo una entrevista a Mr. Indo.
¿Que dónde cae Senpere? Buena pregunta. Quiza sea más conocido como Saint Pée. San Pedro, en castellano. Lo que me plantea un par de dudas:

1ª) ¿Por qué el vascuence aquí y allí, para distanciarse de la lengua nacional respectiva, sigue normas contrarias? Allí el vascuence recupera la erre, Pée > Pere; aquí al revés, desechamos las enes intervocálicas por sistema: Lemona > Lemoa, Lejona/Lexona > Leioa, Galdacano > Galdakao, Ochandiano > Otxandio etc. Y Sopelana = Sopelana,  porque no se gustó a sí misma como Sopelaa/Sopela, que escrita la vimos. Y con razón, si –aparte de lo feo y cacofónico– Subijana no es Subija...jajá, disfrazada de Subillana, pero con la ene de las narices. ¿Tendrá algo que ver, aquí o allá, la influencia gascona, perdón, gascoa? En cuyo caso, ¿qué ente de razón o sinrazón vela por los derechos del gascón en la zona vasco-francesa?

2ª) Escuchen ahora la entrevista y oirán, como yo, que allí Guipúzcoa se pronuncia hoy Chipuscóa. Antes era ‘Le Guipuscoa’, y así se pronunciaba y se pronuncia en el resto de Francia. Y no me burlo del Chipuscóa, me parece perfecto, y sólo reclamo el mismo derecho para pronunciar en español Jipuzcoa, si el nombre oficial, incluso para la RAE, es Gipuzkoa.

En la entrevista, don Paxkal acentuó el tono victimista de la causa del vascuente en aquella parte de Francia. Tanto así que escuchándole se diría que esa causa perdida –tan perdida como el indígena gascón, no le quepa duda–  es responsabilidad nuestra, más que de Francia. Porque el tipo sabe nadar y guardar la ropa, allí no es como aquí, todo el monte orégano.
Obviamente, la gratitud del músico se centró en la esperanza respecto al Gobierno Vasco (español, se entiende), pero sobre todo al donativo suscrito por Garitano.
       Por su parte, el Diputado General jipuzcoano lo justifica por la «responsabilidad institucional para con el euskera», y obligada solidaridad con los oprimidos de Iparralde, por «todos los obstáculos que la Administración francesa pone a la normalización». «El Estado Francés está planteando toda clase de dificultades a la normalización de la vida en euskara».
Y dale. Lo mismo pudo justificarlo porque ese colegio y finca privada tiene su acceso en la malhadada Avenida de España.
Garitano se dispara:

Es «obligación del conjunto de los vascos» garantizar ese derecho. Según él, en Gipuzkoa esta medida «lejos de suscitar críticas, suscita numerosas adhesiones y simpatías». El Gobierno foral «no está invirtiendo en el extranjero», puesto que «Ipar Euskal Herria no lo es». En fin, ese dinero «está bien gastado en formación para ciudadanos vascos que van a trabajar en el futuro en Euskal Herria, a un lado o a otro de una frontera que nosotros no reconocemos».

Pues si eso piensa, lo que tiene que hacer el Diputado provincial y provinciano es promover una ley al respecto.  Lo que no es de recibo es que una Diputación provincial se atribuya competencias en la definición de estados y demarcación de fronteras entre ellos.
De ahí la arrogancia con que remata su alegato este supuesto ignorante:

«Si el Estado Español gasta en el Instituto Cervantes para enseñar castellano en China, por qué está mal que Gipuzkoa colabore con Lapurdi para que esos niños tengan el derecho a tener una educación secundaria en euskera».

Pues por eso mismo que usted acaba de reconocer, señor diputado provinciano: porque es el Estado Español. Como existe el Estado Francés y otros muchos estados que hacen lo mismo. Porque pueden lo que usted no. Porque son estados, no provincias de un estado, con fronteras interestatales reconocidas por  Naciones Unidas, por los Atlas Geográficos de algún prestigio, y por quien no sea un provinciano reyezuelo de taifa como usted. Lástima que no haya alguien del Gobierno de España y de su Poder Judicial que se lo recuerde en forma. 
Porque la importante distracción de fondos de Guipúzcoa podría tener otra explicación, si ‘Xalbador’ es en su origen criatura de Batasuna/ETA.  De ser así, he ahí al ‘independiente’ diputado barriendo para el convento.  ¿Apropiación indebida? Eso depende; pero extralimitación de competencias y por ende malversación de fondos públicos, en todo caso [3].
El Delegado del Gobierno en el País Vasco, Carlos Urquijo, se queda muy cortito al interponer recurso contencioso-administrativo, entendiendo que la Diputación de Guipúzcoa se ha excedido en su competencia territorial  en materia que compete al Gobierno Vasco. Porque si se refiere a «los 400.000 euros que destinará a los agentes sociales (sic) que trabajan en favor del euskera en el País Vasco Francés», seguimos en las mismas: ¿a santo de qué se nos obliga a todos, quieras que no, a cargar son ese mochuelo? Que ayuden los militantes aberchales, de su bolsillo. Lo demas es robar.

Volviendo a Buruntzaldea y sus Topaquetas
La I edición se titulaba así: Impulsar el uso del euskera en el ámbito familiar.
¿Por qué y para qué? ¿Qué interés legítimo puede tener un gobierno, un ayuntamiento, nadie, para invadir la intimidad familiar lingüística? Se podrían entender campañas informativas para mejorar hábitos higiénicos, dietéticos etc., y aun eso con tacto. ¡Pero discurrir artilugios para que la gente en su casa se comunique precisamente en vascuence! (O en castellano, o en turco, daría la mismo.) Decididamente, estos totalitarios toman a los ciudadanos por monos de imitación o zoofauna amaestrable, de otro modo no se explica. ¡En el ámbito familiar! ¿Pero no quedábamos en que el bilingüismo era un instrumento para la convivencia entre vascos? Pues métanse ahora en las casas, donde una de dos, o toda la familia se lleva bien, y hablan en lo que les parezca; o algunos de los miembros están mentalizados,  y  ya la tenemos montada con la discordia lingüística. 
El portal ‘Buruntzaldea euskaraz’ (Buruntzalde, en euskera) con su propio título indica que su finalidad no es ‘normalizar el bilingüismo’, sino más bien  combatirlo,  para imponer el monolingüismo vasco. ‘Vive en euskera’, así de claro.

       Sus preocupaciones incluyen: ‘Compra el pan en euskera’, ‘Compra la fruta y verduras en euskera’,  ‘Pida la carne en euskera’, ‘Compro el pescado en euskera’, ‘Mi primer plato en euskera’

       Tras las cosas de comer, viene la ‘Declaración de la renta’, el ‘Permiso de conducir’, las ‘Gestiones económicas’ etc., siempre en euskera. 

       Y por fin, cosas más caprichosas (‘Quiero que me peinen en euskera’); o más preocupantes: Apelliduak abizendu, o sea, cómo euscaldunizarse los apellidos. Como quien se riza el pelo.

       En esta línea de euskaldunización, los editores del portal no olvidan las estadísticas. Que, como digo, no son muy lucidas, para tanto esfuerzo y derroche. Partamos de un dato: la comarca en conjunto  contaba un total de 69.159 habitantes (2012). Pues bien:

«Sociolingüísticamente hablando (sic), también es una comarca con una amplia diversidad» (¿!). Y sigue:
«Los datos que se recogen son únicamente los referentes al euskera. Esto es, número de personas que conocen el euskera, número de personas que tienen como primera lengua o lengua materna el euskera, y aquellos que hablan euskera en casa, respectivamente.»

Hemos leído bien: «número de personas» que sí así o asá. Y aunque para «más información» se nos remita a documentos del Gobierno Vasco, concretamente a la EncuestaSociolingüística del 2006, que perpetraron la inefable consejera Miren Azkarate y su viceconsejero el inevitable Patxi Baztarrika, no nos confundamos. Se podrá estar o no de acuerdo con la Inkesta/Encuesta, en cuanto a utilidad, bondad y método; pero es una encuesta, no un censo. Mientras que lo que va a mostrarnos Buruntzalde es el censo exhaustivo de sus ciudadanos categorizados en función de su bilingüismo, su lengua materna, y por si fuese poco, por el uso del vascuence en sus hogares.
Aquí lo tienen. No es menester leerlo entero, un golpe de vista es suficiente. Todos y cada uno numerados, desde los niños de 5 años para arriba: 
 

No nos desilusionemos. Salta a la vista que es poca cosa y algo atrasada. No es todavía el censo-censo ideado por Zigor, su «registro completo de vascoparlantes» para toda Jipúzcoa y bajo todos los aspectos: el euskera domi militiaeque, urbi et orbi, según horas del día y de la noche, etc. etc.  Y sobre todo, faltan los nombres con sus apellidos y DNI. Ellos los tienen y todo se andará. De momento, no se niegue a los ediles událicos de Buruntzaldea un celo cuasi etílico por aproximarse al ideal.
Las encuestas lingüisticas del Gobierno Vasco  a través de EAS («¿Qué es EAS?», se pregunta EAS a sí misma Otra sigla, ya, pero ¿qué más? El Sistema de Indicadores Lingüísticos de Euskal Herria; digamos, un método estadístico para evaluar esa ‘seña de identidad’); las encuestas lingüísticas tienen un método, que se explica y que más o menos se entiende.
Pues ahora que nos expliquen cómo, con qué autoridad y por qué métodos se ha confeccionado el censo lingüístico –que no encuesta– de Buruntzalde. ¿Declaraciones espontáneas? ¿Correo individualizado? ¿Buzoneo? ¿Chismorreo? ¿Chivatos de la paz? ¿Escucha transparietal? ¿Aquí todos nos conocemos?... Me quedo con esto último.
Y todo eso, ¿para qué?
Para cambiar los hábitos lingüísticos de la gente, siempre a favor del euskera. Lo vemos otro día, de la mano de ‘El Hombre que susurraba a los Maquetos’.
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[1] Aquí me río del Corominas-Pascual, 5: 547-549 (es broma). 

[2] Topaketas foráneas las hay también hasta en el remoto Afganistán. Doquiera que haya moruecos.


[3] Las icastolas del País Vasco Francés datan de 1983, el año en que el lendacari  Garaikoetxea, acompañado de Jordi Pujol, se entrevistó con Felipe González  para proponerle una plan de pacificación para Euskadi, con participación de su partido (entonces), el PNV, PSE y Herri Batasuna, representada entonces en el Parlamento. Eso era el 13 de enero. A las dos semanas, el 28, HB forzaba la suspensión de aquellos contactos.

Desde 1998, el Gobierno Ibarretxe tuvo que pagar fuerte tributo anual en forma de ayuda a las ikastolas foráneas. Sin negarle del todo la buena voluntad, fue como una figura de ‘impuesto revolucionario’, ya que algunas incluso daban trabajo a etarras ‘legales’. Un millón y pico de euros, año tras año, no es chocolate de loro.




miércoles, 1 de mayo de 2013

‘La Española’




El lunes 22 de abril tomé el autobús Madrid-Bilbao de las 14 horas. A mi lado se acomoda una joven que a primera vista me parece semipunk, por las áreas parietales rapadas y un como boceto de cresta, pero sin mayores argumentos para un indocumentado como yo. Imaginé a una trotamundos ligera de equipaje, mientras echaba un vistazo al correo, antes de ponerme a dormitar, como acostumbro.
 Andaríamos por Somosierra, cuando me di cuenta de que mi vecina entablaba por teléfono una conversación que le duró creo que hasta Aranda. El volumen de voz era el justo para no interrumpir mi duermevela, y a la vez transmitirme fragmentos de un discurso reiterativo. El timbre era ligeramente ronco, y eso sí, la entonación rebosaba franqueza y una sana seguridad en sí misma.
No entro en detalles de la conferencia, y no por discreción, sino porque realmente no suelo escuchar lo que no me concierne. Por lo oído supe que la joven había pasado una temporada en el norte de Navarra, en un curso de formación, y que disponiendo ahora de cierta ayuda de costa, su próximo destino era ampliar estudios en Viena.
Ni que decir que una persona así era como para caer simpática. Pero hubo un detalle que me chocó: citando diversos topónimos vascos, todos ellos los pronunciaba en riguroso vascuence impostado. Ella no había estado en Navarra, sino en Nafarroa, donde salieron a relucir Lekunberri  (no Lecumberri), Lesaka, Leitza (no Leiza), Iruña (no Pamplona), Iparralde… y por supuesto, Bilbo. Por ella supe que íbamos a Bilbo; ella para tomar el avión en el aeropuerto de Bilbo, y dale que te Bilbo.
Así, por tan leve indicio, y sin perder un punto en mi estima una señorita tan animosa, tuve la sospecha de estar viajando en compañía de una practicante aberchale. Nada de particular, pero que me intrigó, porque algunas piezas de lo oído no me cuadraban.


A todo esto llegamos a Lerma, con parada y fonda de 30 minutos. Casi todo el mundo bajamos, salvo un par de personas negras (¡lo que viaja esta gente!) que siguieron en sus asientos.
Desde mi mesa, con un bocadillo y un café, veo a mi vecina sentada en un taburete alto tomando lo suyo. Fue entonces cuando observé, arriba de su cabeza,  colgados del techo unos cartelones de anuncio con textos  en inglés, francés, español y, en letra algo más chica, en eusquera.
En las tres primeras lenguas, los textos decían lo mismo: «No olvide hacer sus compras en nuestra tienda». El cuarto discrepaba en un matiz: «No olvide sus compras en nuestra tienda»: Ez ahaztu gure dendan zure erosketak,  si mal no recuerdo.
A la salida se lo comento a la cajera. Ni se había fijado en los carteles, colgados la semana anterior «por los de la San Miguel». Nos reímos un poco sobre la diferencia sutil entre ‘olvidar comprar’ y ‘olvidar lo comprado’ en una tienda –«¡la de cosas que se dejan, no lo sabe usted bien!»–, y eso fue todo.


De nuevo en marcha, aquello me pareció buen pie para pegar la hebra con mi navarrica. Tampoco ella había reparado en los carteles. Y aunque hubiera, pues de vasco no entendía nada. Resultó que era toledana-manchega, de los Montes de Toledo, lindando con la Mancha.
Resultó también que la chica tenía una ganas enormes de conversación. Muy espontánea, era de las que te dan con la mano en el antebrazo, y aun con las dos, como expresión comunicativa.
Me contó un poco de su vida. Había tocado algo de Arte, que dejó para ser guía turística en su tierra. Comarca maravillosa, por cierto, aunque la conozco poco y de paso. El Parque Nacional de Cabañeros le despertó un interés, que tras su experiencia en Nafarroa pensaba completar en Austria.
–¿Por qué Austria, y no Osterreich? ¿o Wien, en vez de Viena?– bromeé.
–No le entiendo…
Y claro que me había entendido. De tonta, ni un pelo.
–Mujer, si hablando en castellano dices Nafarroa y Bilbo…  Lo de Bilbo sobre todo. Es que ni en vascuence le veo fundamento, salvo como forma coloquial entre aldeanos de Munguía…, vamos, la zona del Aeropuerto. ¿Qué es eso de que Bilbao no es nombre vasco? Tan vasco como castellano, y todavía estoy por conocer a nadie que se apellide Bilbo, o Fulanito de Bilbo. Sencillamente porque Bilbo es un coloquialismo. Todo lo simpático que se quiera, pero una deformación coloquial, un mote.
¡Toma Belosti! La chica, muy seria, ¡me prometió enmendarse! No, por Dios, si a mí me daba igual. Sólo que me parecía que sus mentores navarros (o lo que fuesen) eran unos doctrinarios. Porque, por supuesto, allí todo lo aprendió en castellano. Todo, menos la toponimia sagrada, ‘los santos lugares’.
Bueno, la toponimia, y algo más. Me dijo que todo el mundo la había tratado muy bien –también es verdad que ella hizo todo su posible por asimilarse–; pero entre veras y bromas, para ellos era siempre ‘la Española’.
Todavía un par de veces se le escapó el ‘Bilbo, perdón, Bilbao’, nuevo motivo de chanza. ¡Pero hay qué ver con qué saña machacan el hierro dócil los aberchales!
–Amiga mía, si un día decide usted quedarse en Bilbao, será bienvenida y una bilbaina de pro. Pero no le dé vueltas, para cierta gente usted no será jamás una de los suyos.
–La verdad, esa misma impresión saqué yo.
 Aun así, tiene su toque de extravagancia el que alguien pueda ser motejado de ‘español’, en Navarra.

Nos apeamos, le indico el bus al Aeropuerto. Ella (no sé su nombre) pensaba hacer noche allí mismo y volar de mañana.  Amiga mía, en Viena o donde fuere, tiene usted buenas bazas para ser feliz. Pues que lo sea. Y si, como usted se prometió a sí misma, lee ‘Belosticalle’, reciba este cordial saludo desde Bil… bao.





lunes, 29 de abril de 2013

Mala facha


El Caco de Bandinelli – Florencia

Al referir una simple ‘Aventura en Sierra Morena’ no era mi intención relacionarla de manera subliminal con la situación general del país, proyectando en derredor un panorama más negro que el que hay. Aparte de que esto último es imposible.

Aquel mal encuentro puedo haber sucedido en cualquier otro sitio, y no sólo en territorio nacional. Como pudo también no haber sucedido. No es la primera vez que me roban, tampoco la primera que pierdo cosas, no de gran valor material, aunque sí sentimental.

[Curiosamente, en esta malandanza – o ‘fortuna’, que diría mi paisano Lope García de Salazar–, haré reír si digo que el objeto que más añoro entre  los perdidos son unas viejas tijeras de Solingen, compañeras a todas partes desde mis once años, cuando mi madre me las puso en la maleta camino del internado. Supongo que habrá chismes igualmente servibles para mondarse uno las uñas y callosidades, aunque tampoco estoy cierto, pues nunca hasta ahora he tenido ocasión de comprobarlo. Yo quería mucho a mis tijeras.]

Por eso, al agradecer la solidaridad que se me ha expresado, invito a todo el que me lea a extender ese sentimiento a todo este país, con esta marea ascendente de parados y desatendidos, que cualquier día puede anegarnos a otros tantos más. Y eso sin aguardar al final de esta legislatura, que es toda la preocupación de este gobierno y, a lo que parece, toda la esperanza de la oposición para desbancarlo.

 Descubrir a estas alturas que don Mariano y su equipo no tienen mucha idea de cómo sacarnos del atolladero es un ejercicio de obviedad. Más preocupante es que esta comparsa de genios de la comunicación y la ilusión se feliciten antes nosotros de que Europa les palmotea la espalda, «pero qué bien lo hacen ustedes, sigan, sigan por ahí».

Si algo está claro como el mediodía en este eclipse total es que, en una Unión más monetaria que otra cosa, el dinero que se debe hay que devolverlo con los intereses «usque ad novissimum quadrantem», hasta el último maravedí. Así que sigan apretando, que mientras el enfermo no se les quede entre las manos hay esperanza de que les viva hasta el siguiente ahogo. Y si al final cabe alguna duda, será por dónde empezamos la dación en pago: si por el Museo del Prado o por El Escorial. 

Mi buen amigo Psikofonías me invita a leer The Great Degeneration, de Niall Fergusson (Penguin Books, 2012). Se lo agradezco, aunque ¿realmente vale la pena? Esta nueva y sofisticada  versión de la ‘Decadencia de Occidente’ resulta optimista para un lector español, que tiene abierto delante el cuadro clínico pavoroso de la Gran Enferma de Europa. Somos un caso límite, donde los diagnósticos y los peores pronósticos que el escocés aventura para Occidente se cumplen con creces. Y más, de que él ni habla. Sólo pensar que un día toda Europa llegue a estar como estamos nosotros da vértigo.

¿Y dónde estará España entonces? ¿Se lo preguntamos a Artur Mas? ¿A Íñigo Urkullu? De esos ya se sabe la respuesta. Mejor preguntarlo al Archipámpano  de Andalucía, que siempre estará con nosotros, como acreedor eterno de una deuda histórica imposible de cuadrar y saldar. 
Andalucía tiene una de las culturas más envidiables de la Península. Pero al mismo tiempo adolece de la contra cultura del Patio de Monipodio, que el poder político predica con el ejemplo 
Ahora parece que los alemanes mayormente ven a España, en el club de sus pigs, como país corrupto y poco de fiar, atrasado y ocioso, con otras notas negativas que contrastan con su opinión hace 20 años. Sin duda, desde lo de Zapatero nos miran en el espejo de nuestra clase política.
Esto en sí es normal, el empobrecimiento no genera estima. El peligro está en que esa apreciación del socio nórdico más rico repercuta en rechazo xenófobo al emigrante hispano, y en que los políticos de Europa la tomen como índice a la hora de hablar de negocios con Rajoy.
Otro efecto lamentable es la baja de autoestima, algo que pude comprobar muy pronto en un Primark malagueño, donde entramos a reponer algo de ropa, lo más indispensable. Era casi hora de cierre, con cierto revuelo y mucho género por el suelo, donde no faltó algún mal ejemplo de rapiña. Malo sobre todo por ser la protagonista una señora con niño de la mano y sin pinta de miseria.  Por lo demás, sólo alumna modosa del alcalde de Marinaleda, pues si le hubiesen reclamado la prenda o su valor, seguro que la devuelve por las buenas y sin pegarle a la cajera un meneo.
Una golondrina no hace primavera en Málaga ni en parte alguna, pero primaveras de estas hacen sarpullido en la geografía nacional. Vergüenza de clase política opulenta, autoprivilegiada. Y encima trincona.