viernes, 4 de enero de 2013

Una leyenda en Begoña


Los eruditillos y eruditejos tenemos poco en común con los eruditos de verdad o los eruditazos de tomo y lomo. Así nadie nos confunde, fuera de nuestro bloguifundio.
Compartimos sin embargo una debilidad humana: nos gusta firmar lo que hacemos y por ello ser conocidos, o más bien, re-conocidos. Si algo hallamos, para todos lo hallamos, pero preferimos que se sepa quién lo halló. Que por lo general (dejémonos de historias) no suele ser el Pueblo ni su Volkgeist, sino un miserabile ‘ego’  que acertó a pasar por donde tantos pasan, y se picó de curiosidad que otros no sintieron.
Esta vez el eruditillo no iba de paso. Vivo a la sombra matinal de la Basílica de Begoña. Su reloj y carillón me gobiernan. Me relaja su interior, recreación tardogótica del viejo modelo basilical. En esta pila bautizaron a mi madre Rosario. Aquí pasó largas veladas de rezo, acompañado a veces por sus hijos, mi abuelo Isauro, cofundador del grupo de Adoración Nocturna en Begoña.  Me embelesa el órgano Cavallé-Coll bien tañido. Aún creo ver al que fue muchos años organista, Antón Juaristi, el padre de mi amigo Jon, leyendo el periódico en aquella sacristía, pastiche décimonónico entre jansenista y sulpiciano con toque ‘prerrafa’ en las bóvedas. Nunca me atreví a perturbar al maestro.
El interior del templo es vasto y abigarrado, lo suficiente para que no todo lo que hay allí me guste. Y aunque no voy a pasar lista, imposible olvidar lo más importante. Me repele el acabado espectral –no me sale llamarlo encarnación– de la imagen titular, Nuestra Señora de Begoña. Tal vez se ha querido aproximar su rostro a cierto tipo convencional de ‘mujer vasca’, con el resultado de una facies cadavérica, tanto en la Señora como en el Niño, cuando estas vírgenes-madres de la Baja Edad Media solían ser risueñas y rebosantes de salud. Un poco de colorete, por piedad. También una iluminación más cálida. Una Andra-Mari no tiene que parecer una etxekoandre a fin de mes.

Leyenda gótica
La nave norte o del Evangelio está presidida por un tabernáculo también tardogótico, tallado en piedra, con su puerta de hierro muy bien labrada, y en ella una inscripción de suprema elegancia, pero no tan fácil lectura. La ficha  explicativa que hay en el suelo ni la menciona. Más aún, debajo del tabernáculo está el sagrario funcional moderno, con un remedo de inscripción de traza como arábiga cúfica sin sentido, como si el orfebre ni sus asesores tuvieron idea de lo que imitaban.
Tengo fijación con las inscripciones. Las miras y remiras, memorizas y se te aparecen despierto y soñando. Hasta que, si hay suerte, algunas de pronto se te leen ellas solas. Es lo que me ocurrió con la del tabernáculo. Allí decía con toda claridad:

PORTA DOMUS DEI
PUERTA DE LA CASA DE DIOS

Nombre obvio para un sagrario. Aunque tambien hay que añadir, poco frecuente. ¿Podría encerrar misterio? Porque este mueble de piedra y hierro, dicen que flamenco, se trajo aquí de una iglesia de Navárniz dedicada a la Virgen. Veamos.
«Terrible lugar éste: es la Casa de Dios y Puerta del Cielo»: es lo que dijo Jacob al despertar de su sueño de la Escala (Génesis 28: 17).
La Casa de Dios era el Cielo arriba, pero en la tierra era el Tabernáculo o tienda móvil de Moisés, y más tarde el Templo de Jerusalén, con puertas que se mencionan en varias ocasiones. Pero además del Templo real la Biblia describe otro Templo ideal en la profecía de Ezequiel. Una de sus puertas, la de Oriente, era especialísima, porque por ella entró el Arca de la Alianza, y con el Arca, Dios. Así aquella entrada no sería practicable:
«Esta puerta permanecerá cerrada, nunca más se abrirá, ni varón alguno entrará por ella» (Ezequiel 44: 2).
Con su habitual crudeza, la teología mariana vió en aquella puerta y expresión literal una profecía de la virginidad perpetua de María. Buceando en la patrística latina, veo en san Ildefonso, arzobispo de Toledo (657-667) la expresión «porta Domus Dei» aplicada a la Virgen, precisamente en una obrilla polémica de juventud, en defensa de aquel dogma.

‘Ego’ miserabile y existencia caduca
Resuelto el enigma del texto venía ahora darlo a conocer; pero antes compulsar si era noticiable.  No es cosa de echar campanas a vuelo por algo ya resuelto.
Un amigo me puso en contacto con el rector de la Basílica, don Jesús Garitaonaindia. Hombre cordial, le pareció muy bien mi idea de preparar una publicación –un artículo de periódico me parecía suficiente–, pues en su conocimiento mi lectura era nueva.
Con su permiso para tomar las fotos necesarias, preparé un PDF didáctico, explicando por ejemplo cómo la anamorfosis, el escorzo o raccourci, facilitan la lectura de grafías góticas tan estiradas como ésta, o más aún la inscripción mural  de Alaiza (Álava).

También incluí una carta al rector, adelantándole aquella primera exploración sobre el posible doble sentido de una expresión en principio banal para un tabernáculo, pero también aplicada por san Ildefonso al sexo de María. Esto era a principio de abril pasado. (Hay errata en el año: debí poner 2012.)
Así las cosas, el 14 de noviembre vuelvo a ver a don Jesús. A mano tenía mi informe. Al decirle yo que tenía listo para publicación el material, me hizo saber que le había gustado tanto, que pensaba aprovecharlo para la tarjeta de felicitación navideña. Lo cual me pareció un gran honor, entendiéndolo como el anuncio de mi fazaña. Aunque también tuve cierta aprensión, todo sea dicho.
Pues nada, que el 2 de enero corre la noticia triste, no esperada: la víspera, el buen Rector ha muerto. Mañana asisto a su funeral. Entre tanto, pasé a preguntar por la tarjeta, y aquí la tengo. Las fotos son mías, el texto y datos también. Todo desde el más riguroso anonimato.

Todavía no he salido del estupor. ¡Cualquiera diría que esa leyenda se ha entendido desde  siempre! ¡Y lo de san Ildefonso de Toledo y demás lo sabía todo el mundo!  No apunto a don Jesús ni a nadie, no hay cuestión de mala fe. Lo lúdico, más que nada, tiene que ser deportivo. Quien finalmente haya sido el responsable del entuerto, sepa que ha hecho polvo mi ego miserable. Eso no se hace, y menos con gentecilla famélica de afanar pequeños méritos y prestar pequeños servicios a nuestra cultura vascongada.
En cuanto al Rector de Begoña, desde donde se halle, sepa que sigue siendo honorable para mí haber colaborado en la tarjeta.  Hoy don Jesús F. Garitaonaindia ha recibido descanso eterno en su tierra que tanto amaba. Que ella le sea leve.

viernes, 28 de diciembre de 2012

La letra, con verso entra




En fecha tan señalada, quiero hacer a mis lectores partícipes de esta rigurosa primicia en exclusiva. 
Un comunicante anónimo cuyo nombre (por discreción y lógica) no debo ni  puedo revelar– me envía el prospecto de una obra que el nuevo Gobierno de la Generalidad de Cataluña piensa publicar por sorpresa el 1 de Enero, en edición facsímil, con destino a las bibliotecas de todos los colegios inmersos del Principado. 
Una tirada especial en papel de hilo verjurado y rigurosamente numerada, con las firmas conjuntas del Muy Honorable Artur Mas y de su ángel custodio, el historiador Oriol Junqueras, se reserva para los centros  así mismo inmersos de Barcelona y su Condado.
Lo primero y más urgente que se me ocurre es avisar a los íntimos que me frecuentan y poner a su disposición sendas copias del original en PDF, para que se las bajen gratis. Y ándenme listos, que en cuanto salga a luz la edición en papel,  todo esto ya será de pago (+ IVA, + 3% + recargo transitorio pro independecia).

La obra y su Autor
Se trata del Sumario Histórico-Cronológico, en verso, de los Condes de Barcelona, con la cronología de estos Soberanos, para instrucción de la Juventud Catalana. Barcelona, 1836.
Dedicado –, como reza el título y se repite a vuelta de hoja– a la susodicha  Juventud Catalana, el Autor de la publicación firma modestamente como

                            Vuestro apasionado P. de B.

P. de Bofarull, por Vallmitjana (1860)
Estas iniciales, en su tiempo, a nadie escondían la personalidad del poeta didáctico, aunque hoy Don Próspero de Bofarull y Mascaró (Reus, 1777-1859, Barcelona) está algo apolillado para la Nueva Cataluña. Digo yo, si es por esto que el actual Gobierno catalán desea hacer desagravio, dando a conocer al que fue organizador y casi segundo creador del Archivo de la Corona de Aragón, que a su llegada era un trastero en desorden.
Es proverbial la dificultad que los escolares han tenido siempre para memorizar la lista de los Reyes Godos. Pues bien, la de los Condes de Barcelona no le va en zaga, desde Wifredo el Velloso (que a veces confundíamos con Vellido Dollfuss), con tanto Ramón Berenguer y Berenguer Ramón, más los reyes de Aragón y de España con sus números condales cambiados.
Para estas cosas, nada como las coplas y pareados, a poder ser con música, pero al menos la letra y rima, que en este caso se grabarán sin dificultad y para siempre en el barro nuevo de los cerebros infantiles, como dijo Horacio. 
A Don Próspero ya le conocíamos nosotros aquí, citado por su obra de más aliento, Los Condes de Barcelona vindicados, y Cronología y Genealogía de los Reyes de España, considerados como soberanos independientes de su Marca. Barcelona, 1836, 2 vols. En la misma incluye versificado el mismo Sumario cronológico, que publicó aparte el mismo año.
Dedicada la gran obra al Sr. Rey D. Fernando IV de Barcelona y Aragón, VII de Castilla, es muy probable que el mismo Gobierno de la Generalitat decida reeditarla el año próximo por estas fechas, si para entonces tiene un respiro de las fatigas económicas que a todos nos agobian, pero al Principado mucho más, con España a cuestas y encima les rob... (qué feo).
 Desde luego, este obsequio digital a nadie excuse de consultar directamente la nueva edición en prensa, cuando aparezca. Porque según me dicen, como propina incluye un Apéndice también en verso, a la manera de las profecías de Nostradamus, con estrofas halladas en unos pliegos sueltos, en papel y letra como del siglo XVII, con alusiones bastante claras al destino de la Nueva Cataluña, ese carromato de Tespis arrastrado cuesta arriba por la noble yunta ‘Mas-Junquera’.
 Que lo disfruten.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Un árbol, ¡pero qué árbol!




       Cada año por esta fecha, Ostra nos roba…

– ¡Ostras, tú! ¿Lo ven? No, si ya lo digo… Española la Ostra, claro…
–No es eso, don Arturo. Más adentro. Donde usted lleva un escarabajo como un puño de piedra. Eso que a usted le falta: nos roba el corazón.

Lo ha vuelto a hacer, con este abeto navideño. No es sólo el regalo de su tiempo, que también. Pero es sobre todo la atención personalizada que nos presta esta mujer ingeniosa y amable. En sintonía con todos y cada uno de los participantes en el ‘Blog de Santiago González’.

       Es eso lo que renueva (por estos días al menos) una atmósfera especial, como de familia. Familia numerosa, pues por lo visto este año somos 683.
¿Cómo no sentirse contento en una compañía que por cada Navidad recibe tan precioso aguinaldo?
Desde mi chalupa, siempre a remolque de la ‘Argos’, invito a ponderar este proyecto de amistad que el Patrón nos brinda y Ostra nos dibuja.
Ella siempre, Ostra; esta vez como cabeza de equipo, asistida por Dafne, Catalina, Fumario.
 A todos cinco, un triple ¡hurra!

Ostra, Catali, Dafne, Fumario (si por aventura deja el tabaco), Santiago, con todo el gentío de los 683 (más que el número de la Bestia): algún día, casi sin sentirlo, se habrán vuelto ustedes mayores, añorantes. Y añorando, recordarán su árbol de 2012. Y con  el árbol, quizá mis versos; y con ellos a mí. Y entonces, de algún modo, en alguna parte, Belosti volverá a vivir un momento. Hasta puede que tome conciencia y él también añore, qué sabemos de por allá.

Con el fausto motivo del Árbol de Navidad dedicado, he puesto en la ‘Argos’ unos  textos que también tienen sitio aquí.

Empecé con esta 


En este abeto boludo,
en fulgurantes destellos
aparecen ellas y ellos,
del Mayor al más menudo.
Trabajo morrocotudo,
para quien bien lo analice,
y los globos localice,
donde con arte y rigor,
sin fórceps ni calzador,
Ostra, Catali y Fumario
meten en el escenario
hasta el Brassi y la Charlize.


La primera en la frente. Una de las artífices del Árbol se me fue con las Musas.
Lo ‘arreglo’, pero ahora mi ‘décima de a doce’ ya tiene catorce versos.
¡¿Catorce?! Dafne cara, les debo un soneto.

[Después de las deudas del juego (y algunos ponen también las del amor mercenario), ninguna obliga tanto como un  soneto prometido. Sobre todo, si el soneto ha de ser malo, por defecto de natálibusQue todo lo supla la buena voluntad.]

El Árbol 2012

Este que veis aquí sencillo abeto,
árbol de Navidad como cualquiera,
es singular, pues lo que muestra afuera
sólo es de sus entrañas el boceto.

Abridlo: es todo mágico, repleto
de nombres que son almas. Quién pudiera
poner a todas rostro, gran quimera:
tres y ochenta y seiscientos, dan respeto.

Este es el mástil de la marinera
Argos, y tanto adorno es cosa fina,
ya que la dotación está al completo.

¿Quién hizo tal milagro? La perlera
Ostra, Dafne, Fumario, Catalina:
artistas que no caben en soneto,

pues con benedictina
paciencia, en conjunción (pronto se dice)
triangulan al Patrón, Brassi y
 Charlize.

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Nota: Se recomienda pronunciar Charleeze, para que rime con ‘dice’. Si alguien prefiere la pronunciación correcta, puede pronunciar también ‘dice’ como si fueran los dados en inglés.
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A todo esto, ya bien anochecido, una voz rompe el silencio de mi estudio:
–«Gran soneto, don Belosticalle.»
 ¿Quién va? ¿Quién es el bromista?...
¡Pero si es Micer Jon!
Él tenía que ser. Y desde Roma:

No confío en que les llegue a todos los remeros mi felicitación navideña, porque ando con cobertura limitada. He llevado mi iPad esta mañana a la Plaza de San Pedro, y la bendición papal me lo ha dejado p’allá. Con todo, ahí les va, con mis mejores deseos.

Eso dijo. Pero primero había dicho aquello otro, que me acaricia las trompas de Eustaquio, y aun las de Falopio que tuviera:

–«Gran soneto, don Belosticalle.»

¡Ah, maestro Jon! Virtuoso entre los virtuosos de la especialidad. Todavía debo de tener por ahí un papelón amarillento con un rosario de sonetos vuestros, para  castigo, zumba y conhorte de Garaikoetxea, cuando de los suyos recibió, no intercostal estocada, pero sí buena ostikada en todo el sacro.  ¡Ay mi Alhama! ¿Los recordáis? Seguro que de coro, con vuestra memoria elefantina.
«Gran soneto». Y sin ironía que se note. Estoy que no me quepo en mi persona.
¡Que viva el Señor Papa y la Madre Iglesia que le parió, que me ha dejado ‘p’allá’ a micer Juaristi, junto con su iPad!

A todo el mundo, por encima de insalvables coincidencias, Felices Pascuas.