Preámbulo
En Bilbao, tomo el autobús municipal, o ‘Bilbobus’. Como quiera que el nombre oficial de la Villa de Don Diego es sólo Bilbao (que no Bilbo), y no por ejemplo Bilbao/Bilbo o viceversa, pues eso: Bilbo-bus. Lógica impecable.
Estos días, a los viajeros, las ventanas del bilbobús nos felicitan la Navidad en varias lenguas. Del chino y el japonés no puedo decir nada. Las demás –español, francés, inglés, ruso, árabe…, catalán–, todas hacen referencia a la Navidad, algunas también a Cristo. Todas… menos el vasco: Zorionak.
No sería mal estribillo para un bilbo-villancico de la nueva era post mesiánica.
Ni Navidades ni Cristo:
felicitades, y listo,
Bilbon, Zorionak!
No sería mal estribillo para un bilbo-villancico de la nueva era post mesiánica.
Zorionak, Felicidades. ¿Felicidades, a santo de qué? Se da por supuesto, pero se calla. Un silencio parlante.
Y tan parlante. El día siguiente, 13, venía en El Correo un artículo de humorismo peculiar (‘Ateos,mula y buey, en peligro de extinción’), con esta tesis:
«Estas fechas siempre han sido complicadas para los ateos»
Sorprendente, ¿verdad? Pues veamos la matización:
«para los ateos, … los que esgrimen la aconfesionalidad del Estado».
Un lector del artículo, algo enfadado, estampaba su comentario con la casi siempre mal traída paradoja de Böll:
« Como decía Heinrich Boll (sic), ‘los ateos me aburren, siempre están hablando de Dios’.»
Hombre, por aburrir, también aburren los ateos que se pasan la vida ‘callando de Dios’. Los que, a cuento del laicismo de Estado, no pierden comba para chistar que no se debe mentar la bicha, ni cosa que tenga que ver con el hecho religioso (sobre todo si es cristiano). En suma, los que por la vía del silencio forzado reniegan de algo que fue suyo. ¿Te engañaron? ¿te timaron? Pues avisado quedas, hombre, no eres el único. Pero tampoco te hagas un deber de airearlo a troche y moche, porque eso huele a proselitismo y a celo de neófito, con un pelín de mala conciencia. ¿A que sí?
Los ateos serios que conozco, empezando por mi más íntimo, no padecen esa superstición. Bien sea uno ateo de nacimiento o converso al ateísmo, el ateo de fuste sabe que la religión sigue ahí, siquiera reducida a tradición cultural; y la teología también está ahí, aunque sólo sea como parte de la filología y otros saberes, incluida la lógica. Lo que carece de toda lógica es apelar a la Constitución del Estado para aplicar la damnatio memoriae al pobre Jesucristo, aprovechando la ocasión de su cumpleaños. Si no se le felicita a él, ¿a qué viene felicitar al público?
Esa falta de lógica se hace chirriante en el caso de los pretendidos laicos nacionalistas, que so pretexto de liquidar lo religioso aprovechan para colar de matute su propia religión, secta e integrismo, no menos dogmático y alienante que cualquier religión convencional. Ellos también piden su oportunidad para dar –para imponer– su timo.
Como ese tema ya lo toqué en la miniserie ‘Laicos de mucha fe’, para no repetirme invito a un sorbo de esa savia de cultura nuestra común a creyentes y descreídos.
La letra redonda: curiosidades y misterios
Hoy 17 de diciembre empieza la Semana de la O, y mañana 18 se celebra la Expectación (del Parto) de María. La popular María de la O.
Este que parece nombre de una letra vocal es en realidad la exclamación ¡Oh! en latín, poniendo título a la serie de siete ‘antífonas mayores’, que todas empiezan por esa llamada al Mesías prometido, para reclamarle que venga [1]:
Diciembre,
17: O Sapientia (¡Oh Sabiduría!)
18: O Adonai (¡Oh Adonay!)
19: O Radix Jesse (¡Oh Raíz de Jesé!)
20: O Clavis David (¡Oh Llave de David!)
21: O Oriens (¡Oh Oriente!)
22. O Rex Gentium (¡Oh Rey de las Gentes!)
23. O Emmanuel (¡Oh Manuel!)
Sin entrar en cada uno de los textos, sólo quiero señalar el carácter judaico de los mismos, en los epítetos mesiánicos tomados del Testamento Viejo, dos de ellos incluso en hebreo: Adonai y Emmanuel. Sin embargo, entre ellos no se incluye el que debería ser principal, Mesías (el cristo o ungido).
Observemos que ‘O Oriens’ corresponde al solsticio de invierno [2].
Otro secreto de las antífonas O es que el conjunto incluye la respuesta a la llamada. En efecto, los epítetos del Mesías componen un acróstico inverso, que se descubre leyendo de abajo arriba las iniciales marcadas en rojo: ERO CRAS (‘Estaré mañana’). Lo que se cumple el día 23, víspera de Nochebuena. Si ese acróstico es casual, obra de ingenio humano o de inspiración divina, Adonay lo sabe, pero ahí está.
Las antífonas O aparecen documentadas desde el último
tercio del siglo IX pero son más antiguas, tal vez del VII, y su origen sigue
incierto [3].
El carácter ambiguo de estos fervorines, entre
ansiedad y esperanza por la salida de cuentas de María, aprovechó para aliviar
un poco el ayuno de adviento. En algunas partes la entonación de cada antífona se reservaba a un dignatario o un empleo del cabildo o convento, debiendo el interesado corresponder con una propina. La antífona central ‘O clavis’, por lógica, le tocaba al hombre de las llaves, el mayordomo o despensero, y se entiende que la tarde del 20 era especialmente generosa, con una pitanza o piscolabis después de vísperas. El yugo de Cristo siempre era suave, pero en ciertos días la ligereza de carga se notaba más.
En lo musical, una singularidad de estas piezas litúrgicas es el empleo del modo II en su melodía gregoriana. Escuchemos la primera, ‘O Sapientia’, en dos versiones:
1. Monodia coral masculina, con entrada:
2. Ahora a solo de voz blanca:
Conozcamos también ese artilugio curioso que en algunas iglesias se plantaba sobre un mástil durante los días de la O. Este modelo de madera taraceada, no muy antiguo, con firma pirograbada de Cerdá, muestra al Niño en el centro de un aro sentado en un trono a modo de columpio. Se trata, pues, de una figuración simbólica, donde la O y el trono representan en abstracto la matriz y la vulva de la Virgen. Lo cual nos lleva al otro motivo conexo: el fruto del vientre de María.
¿Qué llevó realmente durante nueve meses la Virgen en su seno?
Nada como abrirlo, para verlo.
Pero primero, kanpora!, despejen nuestros ‘laicos’, que el espectáculo es un poco fuerte y podría herir su sensibilidad. Y mientras nos deshacemos de ese incordio, aquí tenemos otra prosa de Adviento, de lo más judaico de la liturgia, lo mismo en la tonalidad que en la letra:
2. Y este milagro de monodia femenina.
Hasta mañana... si Adonay quiere.
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Destilad rocío, cielos, desde arriba,
y las nubes lluevan al Justo.
(Ábrase la tierra
y germine al Salvador) (Isaías 45: 8).
Autor del ritornello: Isaías II, un desconocido que compone posiblemente en Babilonia, por la década de los 550-540 a. de JC. Incorporado al libro de Isaías, su aportación (Isaías, 40:1 – 55: 13) se conoce también como El Libro del Consuelo. Recomendable todo él para tiempos depresivos, como el presente.
El Rorate, coeli es una de mis piezas preferidas. Y mientras hoy malamente la tarareo, todavía me escucho, cuando la cantaba como niño de coro. Y gustaba, pueden creerme.
De nuevo propongo dos versiones:
1. Antifonal, monodia masculina.
2. Y este milagro de monodia femenina.
Hasta mañana... si Adonay quiere.
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[1] Su horario varió, de Laudes a Vísperas, para resaltar su relación con la Virgen y su cántico, el Magníficat, mejor que con el Benedictus.
[2] Oriente, en griego ᾽Ανατολή (existe el nombre Anatolio), también el Amanecer; como nombre mesiánico figura en el libro de Zacarías (3: 8 y 6: 12-13), según la versión griega judía de los LXX, a la que sigue la Vulgata latina. En cambio, el hebreo masorético pone Pimpollo: צֶמַח, (tsémah, pimpollo, vástago, renuevo. El destinatario del nombre mesiánico esperanzador era el sumo sacerdote Jesús Ben Josédec, que a la vuelta del destierro de Babilonia ejerce en estado de miseria, más que pobreza, como una plantita humilde que dara origen al nuevo sacerdocio.
[3] En la Vida de Alcuino de York, el sabio inglés al servicio de Carlomagno, se dice que la antevíspera de morir (mayo de 804) cantaba con alegría la antífona O clavis David, lo que no prueba el origen inglés de estas piezas. ¿Españolas tal vez? No es imposible, y algo hemos de ver al respecto, en relación con el Concilio Toledano X (año 656).
También el número de antífonas, su orden y su contenido, variaron, hasta una docena, algunas invocando a María y una hasta al apóstol santo Tomás (fiesta el 21 de diciembre, hasta 1969). Se impuso finalmente la septena actual.








