lunes, 16 de julio de 2012

ETA en agonía




Florencio Domínguez, La agonía de ETA.
Madrid, La Esfera de los Libros, 2012, 341 págs.

       Florencio Domínguez Iribarren, periodista especializado en ETA, escribe como habla, con laconismo directo, sin florituras ni pasión. Un informador nato, a quien se lee para enterarse.
       Sus módulos de expresión ordinaria son artículos o columnas de prensa. También publica libros, que no son colecciones de artículos o refritos de su propia cocina. Rigurosamente inéditos. En unos y otros ejerce autoridad periodística: sabe de qué habla, sin sentirse obligado a declarar sus fuentes. El nuevo libro suyo que tengo delante, La agonía de ETA, no lleva ni una sola nota a pie de página. «Florencio Domínguez dice…»: es así como hay que citarle.
       No digo más de Florencio. Que algún émulo suyo nos revele ahora cuántas veces este periodista se ha visto desmentido o ha tenido que desdecirse de algo. Ese sería su mejor elogio.
       La agonía de ETA –como tema del libro, se entiende– va desde 2002 hasta el comunicado de la organización anunciando su abandono de la violencia: 20 de octubre 2011.
       En el título, agonía no es metáfora, y un subtítulo lo confirma: una investigación inédita sobre los últimos días de la banda. Según eso, la cosa se las trae, porque

«en estas páginas se estudia lo ocurrido dentro de ETA a lo largo de la última década».

       Diez años agonizando, ¿no es un poco mucho? Y lo que venga, porque el moribundo se resiste a dar las boqueadas, y así «ni se muere padre, ni cenamos». Es más, hay quienes auguran que un acta formal de defunción de ETA nunca se levantará. Este libro no incluye esa acta.
       También es posible que lo de ETA sea Tod und Verklärung, ‘Muerte y transfiguración’. O ni siquiera muerte, sino dormición y tránsito a una vida perdurable. Para la propia ETA sería más gratificante perpetuarse así, como ángel tutelar de la Patria Vasca, pues igual de sempiterno es el enemigo de dentro y de fuera, que para esa patria es la razón de ser. El que ETA sea aceptada en ese papel de ángel custodio, dependerá de cómo pretenda interpretarlo, frente a su vencedora Batasuna. Por la Historia sabemos que a veces un nuevo régimen o estado eliminó a los violentos que le ayudaron a nacer.

       Adiós a las armas
       Cuando ETA da su adiós a las armas está a punto de cumplir sus 53 años. ¿Adiós sincero, o fingido? ¿de grado, o por la fuerza? Hasta hace bien poco, la lucha armada era irrenunciable para la banda, de modo que este desistimiento no admite más explicación que su debilidad. Acoso policial y desmoralización propia. Debilidad de ETA percibida por su segundona Batasuna, su brazo político, y aprovechada por ésta para desafiar al brazo militar y arrebatarle el  liderazgo. 

No es para menos: si en noviembre de 2002 la propia ETA estimaba tener 517 militantes en libertad y 514 en la cárcel (50 %), hoy los encarcelados en España y Francia andan por los 700, y los militantes en libertad no pasarían de 50-60. El resto andan huidos. “Ya sólo faltan 324”, titulaba Santiago González la entrada de su blog el 26 de junio de 2012, glosando la captura de Ugaitz Errazkin, presunto asesino de un concejal socialista y un empresario vascos.

       El término a quo de esta larga agonía se toma en 2001/2002, cuando una contraofensiva policial conjunta hispano-gala marca un punto de inflexión y decadencia irreversible para ETA. No es sólo el repliegue defensivo, ni tampoco una debilidad coyuntural; es una degradación de la propia banda, donde la obstinación ideológica contrasta con la inercia práctica, más una incapacidad de reclutar y preparar a gente nueva que retarde la derrota.
       Derrota que, por otra parte, tampoco llega a producirse. Veamos, por parte de ETA sí, derrota técnica sin paliativos. El autor así lo afirma sin ambages, y en este sentido es optimista. Pero flota la impresión de que el Gobierno no ha jugado bien del todo sus bazas, las altas instancias de la Justicia no han sido coherentes, y la derrotada ETA nos ha ganado una partida capital en Estrasburgo.
       Esta paradoja, junto con otros movimientos en orden a reflotar el brazo político de ETA, Batasuna, bajo pabellones de conveniencia y en unas condiciones de auténtica franquía, corona la nueva fase de ETA hibernante y cautiva, amparada ella ahora por su brazo político en triunfo.
       Esta es, como lector, mi reserva de pesimismo frente a la expresión escatológica optimista, «los últimos días de la banda».

       Agonizante locuaz
       Si los vascos de antes eran –como españoles de primera– «largos en facellas y cortos en narrallas», ahora es distinto, todo se registra, esto se ha burocratizado. Vaya eso por delante.
       Ello es que, en su medio siglo largo de existencia, ETA ha generado mucha información en forma de registros contables y de otros tipos. Pero quizá lo más llamativo ha sido su decidida vocación historiográfica.
       No se malentienda. Nada de historiografía científica ni cosa que lo parezca, pero sí una sobreabundancia autobiográfica, como una compulsión de dejar su testimonio de sí para la Historia. 
       Estas confidencias al papel o al ordenador no escapan al axioma evangélico: al final todo sale a la luz. FD aclara que el fenómeno no es exclusivo de ETA. También las Brigadas Rojas, por ejemplo, en la Italia de los 70, tuvieron vasta producción burocrática que por pura lógica, tarde o temprano acababa en manos de la policía.
       Incidentalmente: ¿en qué lengua están esos registros? En español, mayormente. El paso al vascuence en ETA es reciente. Hoy no tiene sentido seguir dando mal ejemplo, cuando la consigna es ‘normalizar’ el uso del euskera. Pero tampoco confundamos la retaguardia con el frente y la trinchera. No sería prudente entre gudaris euscaldumberris (nuevos vascohablantes) confiar información ‘sensible’ a un idioma que tal vez les resulta premioso.
       A mucha gente se le atraganta el vascuence, qué se le va a hacer. Lengua que para andar por casa no es nada difícil, pero sí muy distinta del español en su chip, y que en opinión de la lingüista vasca Karmele Rotaetxe, se ha complicado en la lengua oficial unificada (batua) sin necesidad ni provecho.
       Más de un etarra debe su euskera, bueno o malo, a la cárcel, que al menos asegura una disponibilidad imposible en la vida activa. Aunque también los hay negados, como ‘Thierry’, alias de Javier López Peña (Galdácano, Vizcaya, 1958):

«Por su culpa, en los lugares en los que se mueve, el español es el idioma que prevalece. Esto ocurre también en el Zuba (órgano de dirección), donde a veces llegamos a preguntarnos nosotros mismos a ver dónde hostias estamos.» (Mikel Carrera, ‘Ata’) [1].

       Este reproche de un etarra a otro hace recordar que el euscaldumberri suele ser una criatura frágil y vulnerable. Pagado de sí frente a los erdeldunes o bárbaros, el complejillo de superioridad se le invierte entre euscaldunas auténticos, cuya conversación es incapaz de seguir. El socialista vasco Jesús Eguiguren presume de haber explotado ese talón de Aquiles en sus conversaciones con ETA, para confundir a interlocutores poco puestos, como López Peña:

       En las negociaciones entre representantes del gobierno socialista y ETA, Eguiguren «discutía también a viva voz con ‘Thierry’, pero utilizando un euskera tan perfecto que el etarra no podía seguirle. Los etarras le tenían que pedir finalmente que, por favor, hablara en castellano, que era la lengua que entendían todos…» [2]

       30.000 años de razones para matar
       De ese archivo vamos a conocer un documento algo especial, que da cuerpo a un artículo sabroso, dentro del capítulo 4 del libro. El autor titula irónicamente, “Y el hombre de Cromañón se hizo vasco” (pp. 135-143).
       Es una visión global de la Historia vasca, desde y para ETA, a modo de catecismo canónico con doble objetivo: justificar/motivar la lucha.
       Que ETA produzca panfletos doctrinarios es lógico. Es un movimiento que sistemáticamente se autodefine socialista de izquierda, y por muchos años ha proclamado su raíz marxista-leninista, aunque de tiempo acá no lo airea tanto, salvo en alzar el puño. A la izquierda siempre le ha tirado adoctrinar. En estos tiempos atribulados, cuando la banda recluta a gente de la borroka callejera, donde cabe cierta proporción de lumpen ideológico, nunca está de más un barniz de conocimientos.
       La existencia del activista, por agitada que sea, siempre conoce períodos de ocio forzoso, en libertad o en prisión, cuando el gudari en algún momento se topa con las preguntas, digamos, ‘trascendentales’: quién soy, qué hago y por qué. Aquí el maestro, el teórico, está al quite. Para que esas preguntas no generen dudas, el antídoto es propinar dogma.
       Ese hueco perece querer llenar un Manual de Formación ‘Lee y aprende’, en euskera Irakurri eta Ikasi. El proyecto trilingüe que tengo delante por gentileza de Florencio habla de ‘Textos para la formación política de los miembros de ETA’. La cual se autodefine así:

       «ETA es la organización que asegurará la dirección y dinamización del proceso de liberación de Euskal Herri. Euskadi Ta Askatasuna es una organización política que utiliza la lucha armada para conseguir la Independencia y el Socialismo.»

       Todo ello es parte de material capturado en un zulo a principios de la década agónica (pág. 132), cuando el debate interno de 2002 llevó a la conclusión de que formar parte de ETA comprometía a adquirir ciertos conocimientos (pág. 137):

«Los miembros de ETA, en la medida de que somos de izquierdas y abertzales, conoceremos el modo de vida llevado cabo [sic] por nuestro pueblo a lo largo de la historia, y conoceremos las planificaciones que están trabajando en cada ámbito las organizaciones de la izquierda abertzale, para con nuestro hacer, y en la medida de nuestras posibilidades, impulsarlo.»

       Llama la atención que a estas fechas todavía se plantee algo tan fundamental como la identidad vasca, eso de una parte; y de otra, que asunto tan vasto y tan grave se despache con tamaña frivolidad. Tampoco es que el magisterio espere mucho del nivel intelectual y cultural del catecumenado, si para consigo mismo es tan poco exigente:

«Este manual no está en absoluto terminado, por dos razones principales:
a) Porque está preparado para una formación de base.
b) porque siendo el proceso de liberación dinámico, se va escribiendo y logrando día a día.
Por tanto este manual para la formación se irá completando con nuevos textos. Y claro, es tarea de todos los militantes el completar estos textos de base con otros textos o con material para la formación de cada uno.
En cuanto al idioma, muchos textos recopilados en torno al punto de vista histórico están en castellano, ya que son textos o informes publicados solamente en ese idioma. Ese es uno de los fallos más grandes que tiene este manual de formación, siendo el euskera el idioma de la Organización y de sus miembros. Es un fallo a corregir en el futuro.
Por último, no hay necesidad de decir que la mejora de este manual es responsabilidad de todos, enviando notas para la corrección de los fallos que encontréis, añadiendo nuevos informes, o presentando ideas que se os ocurran.
Sin más, buena lectura!
Jo eta Ke hasta lograr la Independencia y el Socialismo!!!»

         La Historia acaba en la Prehistoria

                 «Nosotros sin historia somos la historia misma» (Oteiza)
        El manual tampoco cubre la Historia entera del Pueblo Vasco. ¿Por qué había de hacerlo, tras este hallazgo sorprendente?: «La historia de Euskal Herria es la prehistoria»:      

Averiguando las raíces de Euskal Herria
«Euskal Herria es un pueblo que tiene por lo menos 30.000 años de historia.
El siguiente ejemplo es para entender lo que suponen 30.000 años: Hay que retrasarse 6 veces más que el periodo de tiempo que hay hasta la creación de la civilización egipcia, para encontrar las primeras huellas de Euskal Herria.
Por tanto no es de extrañar que Euskal Herria haya conocido y vivido numerosos cambios a lo largo de su historia.»

Euskal Herria en la prehistoria. Nacimiento de la civilización vasca
 «La historia de Euskal Herria es la prehistoria.
Como el salto de la prehistoria a la historia lo sitúan las primeras apariciones de escritos, y como los vascos entraremos en la historia gracias a los primeros escritos de los romanos (sobre el siglo II A.C), está claro que la el periodo más grande de nuestra historia, lo coge la prehistoria.
Aunque la historia oficial (las versiones oficiales escritas por los imperios) describa la prehistoria como una época sin sentido, estamos en la obligación de decir que es totalmente al contrario. La prehistoria es una época muy importante, y en la prehistoria aparecerá precisamente, el carácter y cultura actual de Euskal Herria.»

       Con que, para la «historia oficial», la prehistoria carece de sentido. ¿De dónde ha podido salir esa ocurrencia? Una vez más: del adanismo consustancial a la mentalidad aberchale, cuando contrapone a la ‘historia oficial’ su ‘historia verdadera’, esto es, su propia oficialidad histórica. Por otra parte, como hemos sido un pueblo de ágrafos impenitentes, nuestra prehistoria por poco nos pisa los talones. De no ser por los romanos, que nos metieron en la Historia a golpe de latinajos, allí seguíamos unos cuantos siglos más.
       Eso a parte post. A parte ante, nuestra prehistoria es con mucho las más larga de todos los pueblos: 30.000 años, la edad del cromañón.
       Antes de bucear en esa inmensidad, previa multiplicación por 6 (como sugiere nuestro pedagogo) de los años que duró la civilización egipcia, nos preguntamos: ¿Pero por qué la Prehistoria? ¿qué interés tiene una materia tan remota y especulativa para el hombre de acción armada que mira a la construcción nacional?
       Es que, como bien observa FD, no sólo se trata de construir futuro, el nacionalismo también construye el pasado hasta las raíces
       Por eso, para la idiosincrasia nacionalista, el pasado trasciende el ámbito histórico para llevarnos al ámbito intemporal del mito. El tiempo no va con nosotros –«los vascos no datamos»–, salvo para echar ceros a voleo. Y así como se desmiente toda ‘historia oficial’, también nuestra prehistoria es ideal y mítica, una creación de la voluntad. «Encontrar las primeras huellas de Euskal Herria», ¿cuándo? ¿dónde? En uno mismo, en la introspección proyectada al infinito.

       Lo que los historiadores nos ocultan
       Una mística que daría risa, de no ser por su horror como inspiradora de un terrorismo sanguinario. Los mitos de ETA/Batasuna son los mismos del nacionalismo al uso, sólo que aquí con carga explosiva al pie de la letra.
       Treinta mil años, 300 siglos. ¿Por qué esa cifra? Porque corresponde a la aparición del cromañón en la Aquitania vasca. El primer europeo habla vasco (¡vale, ‘protovasco’, tampoco exageremos!), y en esa lengua implanta la primera cultura revolucionaria en la Tierra. Ese primer hombre civilizador es el vasco autóctono, el Hombre de las Cavernas. Aquella civilización vasca tuvo uno de sus primeros pilares en la existencia de una «red de ciudades compuestas por cuevas».
       Difundida con rapidez por Europa y hasta África –por su mérito intrínseco, no por imperialismo bélico–, la superioridad cultural vasco-aquitana tuvo su réplica en la llamada ‘Europa Antigua’ –el cuadrado que incluye como vértices a Creta, Sicilia, Hungría y Ucrania, desde el 10.000 a. de n.E. hasta la caída de Creta, h. –1500. ¿Y eso? Es que desde el 5.000 a de JC más o menos, los indoeuropeos, invasores asiáticos con base social «clasista, patriarcal y posesiva», y con una «cultura de guerra» entran

«fácilmente en esa Europa que vivía de alguna manera vacía y repartida, y realizarán el mayor genocidio de la historia, haciendo desaparecer toda la cultura desarrollada en la antigua Europa. Así, las lenguas indoeuropeas oprimirán todas las demás lenguas de Europa. Casi todos los idiomas que hoy en día se hablan en Europa provienen de los indoeuropeos (traídos a Europa a través de esas invasiones), el euskera es la única excepción.» [3]

       En esa visión simplista, los tres enemigos de lo vasco en la historia primitiva son los indoeuropeos, primero como griegos, luego en su avatar romano; pero también como celtas, que nos acosan por el norte, sin olvidar a los iberos, que lo hacen desde el sur. En suma, todos esos invasores oprimen al pueblo vasco, lo acorralan por ambos lados del Pirineo, entre el Garona y el Ebro, y desvirtúan su cosmovisión, amén del retardo cultural que le imponen, como un lastre. De todas las formas de opresión, la más odiosa es la lingüística.  Lo que no impide en modo alguno que lo protovasco se perpetúe siempre idéntico a sí mismo.
       Los vascos, adalides de la cultura, siempre agredidos y oprimidos por bárbaros. Todo esto contado en primera persona de plural es la expresión de un pensamiento autista, narcisista, acomplejado y psicótico. Como en la fábula ‘El lobo y el cordero’ («si no fuiste tú, fue tu padre»), el agravio es de siempre, desde las primeras hordas indoeuropeas hasta las hordas franquistas. Por eso se mata: por eso, en el doble sentido de la expresión, como causa y como finalidad.
       A todo esto, igual que somos los vascos alérgicos a la Historia, tampoco la Prehistoria nos va como ciencia, sólo como evasión. Las nociones de nuestro manual estarán todo lo mal escritas que se quiera, pero su contenido no dista mucho de las quimeras oníricas de Oteiza:

Se ha explicado el Genesis sin contar con la versión oculta
que tratamos de desocultar aquí
de nuestra cultura original de cazadores
los primeros cazadores de caballos
y de artistas cazadores descubridores de Dios [4]

       Prosigue el manual:

1. Religión Panteísta: A los vascos nos han atribuido el no tener ni templos ni dioses. La religión que desarrollará la civilización vasca es la naturista. La naturaleza es de admirar y por tanto no hacen falta templos. Cree en la unidad entre los vivos y los muertos. Mari es la diosa que admira la fecundidad de la naturaleza, el mito más importante de la mitología vasca. Mari puede coger la forma de cualquier fenómeno, animal o planta de la naturaleza: cabra, roble, rayo…
2. Tenemos a la mujer Mari como figura de la mitología vasca. La mujer vive en igualdad y en libertad. Admiran la luna y el calendario original vasco es de 3 días: lunes, martes y miércoles. Esto prueba el carácter naturista de la civilización vasca: Los ciclos de la luna son más admirables que los del sol, y estos ciclos tienen mucha relación con muchos fenómenos de la naturaleza (menstruación, estaciones, cosechas…).

       ¿Es esto Prehistoria? Vamos entendiendo, lo entendimos desde el principio: ningún lógos o discurso racional serviría para justificar a ETA; tiene que haber otra cosa, el mito:

3. Nacerá la herramienta para guardar y transmitir la cultura vasca: la mitología: Así, en los siglos XIX-XX recibieron toda esta cultura que estaba a punto de perderse, J.M. Barandiaran entre otros. Así, podemos encontrar en la mitología vasca cuentos que dicen que el hombre salió de las cuevas, los que cuentan como construyeron los pastores los dólmenes, como se consiguió el trigo, como se adiestró el ganado, los que dicen como hacían los puentes los romanos… La mitología guarda una historia y pensamiento vasco completo. A día de hoy es todavía una lástima, que sea tan pésima la investigación y reflexión sobre este tema. El antiguo pensamiento vasco está escrito en los mitos , a la espera de que los recuperemos.
4. No hay propiedad privada, y la estructura social es de carácter colectivo. Las huellas de este comunismo colectivo han llegado hasta nuestros días. Los países de la Tierra, el trabajo comunal, el modelo de mayorazgo colectivo… son los restos de la no-partición de la Tierra o la propiedad colectiva.

       Mitomanía exculpatoria
       Los mitos tienen esa ventaja. Frente a la Historia, con sus documentos y su crítica, todo en prosa, la Mitología es proteica y poética, creativa y recreativa. Pero sobre todo ‘recuperable’: «El antiguo pensamiento vasco está escrito en los mitos , a la espera de que los recuperemos». Insuperable doble oxímoron:
       1. Escrito en los mitos; y
       2. Mitos a la espera de ser recuperados.

       ¿Y de dónde los vamos a recuperar? Por favor, de nosotros mismos. Los mitos son nuestros y nos los narramos como nos da la gana. Adanismo puro.
       De nuevo, Oteiza:

Veneramos el círculo de la piedra
veneramos el caballo el cielo el árbol
veneramos en la oscuridad nuestro pasado
frente al mar que siempre está empezando [5].

Adán pregunta a Eva si ella era su madre
Eva le señala el gran Hueco – madre del cielo
Hombre he ahí tu Madre [6].

       ¿Es esto malo? Desvarío o no, al buen Oteiza ese pensamiento mítico se le volvió pulsión creativa, no asesina. La mitología en sí no legitima la violencia, y menos con el fatalismo típico de ETA, «la expresión actual de un conflicto centenario o milenario». Me quedo con Oteiza, mejor que con estos otros:

       «España y Francia nos han oprimido durante mil quinientos años, dejando a un lado algunos períodos de calma», escribe un etarra en un documento presentado al debate de 2007. Mil quinientos años de opresión. Todavía estaba vivo Rómulo Augústulo, el último emperador romano, cuando españoles y franceses ya debían estar oprimiendo al vasco.
       Esta visión determinista conduce en último término a la exoneración de las responsabilidades presentes por lo desmanes cometidos. Cómo se pasa de esa teoría general a la exculpación personal del asesino directo, lo vemos en una entrevista… a Kandido Azpiazu, el vecino de Azpeitia que asesinó en 1980 al militante de UCD Ramón Baglietto, que le había salvado la vida cuando Kandido era un bebé de meses. Al salir de la cárcel, Azpiazu regresó a su pueblo e instaló una cristalería en la puerta de la casa donde vivía Pilar Elías, la viuda de Baglietto.
       Cuando el entrevistador le preguntó cómo se convirtió en asesino, Azpiazu responde que él no es un asesino.
       –Has matado–, le dice el periodista.
       –Por necesidad histórica –responde el etarra–, por responsabilidad ante el pueblo vasco, que es magnífico, que tiene una magnífica cultura, que habla una de las lenguas más antiguas de Europa, que nunca fue vencido por los romanos, ni por los visigodos, ni por lo árabes. Un pueblo muy distinto al de los españoles.
       –Fue la voluntad del pueblo la que me llevó hasta ETA –, apostilla más adelante Azpiazu, diluyendo su responsabilidad personal en el sujeto colectivo.
       El terrorista no quiere verse como un asesino voluntario y prefiere, en el peor de los casos, identificarse como la pieza de una destino inexorable del que él no tiene el control. Es la historia o la voluntad del pueblo la que le ha llevado a matar por la causa, no su propia decisión. Se siente un personaje de tragedia griega, movido por fuerzas superiores…
       Cuando tienen que buscar responsables, la vista siempre se dirige hacia sus enemigos, sus propias víctimas son culpables de lo que les ha pasado.»[7]

       De ahí, una vez más, la necesidad de reescribir la historia. A partir del mito de los 30.000 años, cualquier cosa.
       Navarra, por ejemplo.
       Una fase gloriosa de la vasconia medieval es la creación del reino de Navarra, cuya decadencia marca la de toda Euskal Herria. He ahí la razón de ser de ETA:
       «Euskal Herria está empequeñecida, resignada y vencida. Viendo que no va a venir ayuda internacional y viendo que los mandatarios del PNV tampoco hacen nada, la nueva generción de jóvenes de Euskal Herria le van a dar fuelle a las brasas de Euskal Herria que estaban a punto de apagarse: ha nacido Euskadi Ta Askatasuna. »

       Así pues, en glosa de FD, toda la Historia vasca se resume así: «al principio fue el hombre de Cromañón, y al final ETA» [8].
       ¡Matar por eso!

____________________________________________
[1] Citado por Pedro Agueda, ‘ETA contra ETA’.
       [2] Jáuregui Campuzano, Fernando, y Manuel Ángel Menéndez: El Zapaterazo. La negociación: el fin de ETA. Península, 2010, p. 171.
       [3] Cit. en p 139.
[4] Oteiza, Dios existe al noroeste. Paniela, Pamplona, 1990, p. 125; cit. por Evelyne Martín-Hernández, ‘De l’expression d’une sentisibilité basque dans les productions artistiques de l’après-guerre: Un “rêve de Pierre”’; en Agustín Redondo (édit.), Relations entre identités culturelles dans l’espace ibérique et ibéro-américain. Presses Sorbonne Nouvelle. 1995. pp. 135-146; p. 142.
[5] Ibíd., p. 67; cit. en p. 142.
[6] P. 26; cit. ibíd.
[7] La agonía de ETA, págs. 303-305
[8] Ibíd., p. 143

lunes, 2 de julio de 2012

‘Euskera macht frei’



Es la traducción al alemán del título de un artículo publicado en El Correo (sábado, 30 de junio): ‘Más euskera es más libertad’. ¿Qué no es traducción literal? Tampoco tan libre. Pero es rigurosamente fiel al sentido. Y por eso mismo, no tan libre como uno quisiera. 
Tal vez el autor no vea oportuno traer a cuento el alemán, los campos de trágico recuerdo, con aquella bienvenida sarcástica a los huéspedes forzosos: ‘Arbeit macht frei’ – El trabajo hace libre. Lo siento, señor Baztarrika, la asociación de ideas la ha provocado usted, no este lector. Y si algo hay inoportuno en esto, es asociar euskera y libertad, precisamente cuando se habla de censos de euscaldunas activos, y hasta la Universidad del País Vasco tiene diseñado un emblema para marcar al personal vascohablante, al mismo tiempo que anuncia la implantación del euskera como lengua primaria en la vida académica.

El vascuence tendrá sus ventajas e inconvenientes, como el castellano u otra lengua cualquiera, y como tal hay que venderlo; no como prenda de libertad o garantía de convivencia. Después de todo, tampoco quita las verrugas, ni es afrodisíaco de amplio espectro.

La burbuja del euskera
Patxi Baztarrika es un asiduo de este blog. Desde un primer comentario (21 febrero 2009), pero sobre todo a propósito de su libro ‘Babel o barbarie’ (20 abril a 8 mayo 2010), más alguna mención de pasada. Asiduo, pues, no como lector pues de seguro que ni sabe que existo, sino como paradigma de un modo especialmente odioso de hinchar la burbuja del euskera. 
       Todo el mundo sabe que sin dinero de por medio el vascuence no da de sí, y esa es la burbuja que hay que fomentar. Luego vendrá el tío que te entra por derecho: «Esta es Vizcaya, y a quien no le guste, que se vaya». Euskera por narices, luego inglés, y el español o castellano aquí como el chino o el suahili. Eso es hablar claro (en castellano, por supuesto, no irán ustedes a imaginar). Otros en cambio son tan listos que se pasan. 
El truco de los listos, como el de todo timador, es interesar al primo y asociarle al negocio de inflar la burbuja eusquérica. ¿Pero cómo, si eso va en contra suya? Haciéndole creer que él ya posee otra burbuja muchísimo mayor, injustamente mayor, como es evidentemente la burbuja del castellano, que no deja vivir a la burbujita débil. Y para compensar la injusticia tiene que ser generoso soplando él también la burbujita del euskera, que es un bien de todos. 
¿A cambio de qué? De nada, para ser exactos. De nada sirve al castellano corriente que haya personas hablando y escribiendo vascuence a la perfección, no digo ya si lo hacen mal. Ni tan siquiera le es de gran ayuda saber que cierto número de grandes escritores se han realizado en esa lengua. El genio sopla donde quiere, y en todo caso esos mismos artífices de la palabra lo son también en castellano, incluso traductores de sí mismos, vaya usted a saber en  qué lengua pensaron su literatura.
Por otra parte, tampoco los euscaldunas se enriquecen tanto (hablo de lo espiritual) con el boom lingüístico. La generación presente, la de la ‘Ley del Euskera’, ha producido ella sola un millón, diez millones, cien millones de veces más vascuence escrito que toda la etapa anterior, desde las Glosas Emilianenses, o desde la invención de la escritura. La producción es imparable, lo mismo que el chorro dinerario que la mueve. Pues bien, de esa ya inmensa literatura, la «inmensa parte» (por decirlo en expresión del Plan Estratégico de la Universidad vasca) pertenece al género Boletín Oficial y afines, monserga política y consumibles TV o fiestas populares.
El eslogan nazi era odioso por su cinismo. ¿Y el de Baztarrika? Leamos:
«¿Alguien cree honestamente que el avance del euskera en la CAV hubiese sido posible sin la adhesión de la ciudadanía, sin una política lingüística proactiva y sin un amplio consenso político?»
Lo que más tenía que joder a los judíos era que sus verdugos les presentaran el campo de exterminio como liberación. Aquí no es para tanto, hasta ahora. Pero al maqueto también le fastidia lo suyo cargar con un trasto tan inútil para él como es el euskera.  Por tanto, la argucia consiste en repetir, hasta que la gente se lo trague, que aquí no hay imposición que valga, porque todo este logro de una generación euscaldunizada en masa –un caso en la Historia de la Cultura democrática sólo comparable a la hebraización de Israel– ha sido efecto combinado de un gran mandato social, un gran consenso político y una enorme generosidad de todos. ¿Imposición? En Israel nadie la pone en duda. Aquí se niega (los demócratas, los que más), porque es vergonzante reconocer que nuestra política lingüística no tiene más función que sustentar la burbuja económica de la lengua propia, y mediante ésta hacer la construcción nacional.
Imposición, fea palabra. Busquemos otra para describir el avance prodigioso del euskera en estos 30 años. ¿Qué tal, milagro? Porque nadie, ni los más optimistas patriotas se imaginaron semejante bonanza. Pasta gansa como el maná para la impo…, perdón, para la euscaldunización. Euscaldumberris caídos del cielo como las codornices de la Biblia. El hundimiento de los muros de Jericó –los modelos A y B de enseñanza– al son trompetero del modelo D, la inmersión lingüística.
‘Milagro’ es más eufónico que imposición. Es además lo más creíble. Con lo difícil y raro que es llegar a acuerdos incluso en cosas de mucha más entidad, y aquí todos a una pidiendo que caiga el euskera sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Euskera über alles!

Que esa es otra. Don Patxi se enfada porque, según él, se ha «contrapuesto de forma absurda el conocimiento de las dos lenguas oficiales con la profesionalidad y calidad del servicio público». De absurdo, nada. Tal como se puntúa –sea mucho, sea poco–, eso es lo que hay, habas contadas. Podría arreglarse volviendo las pruebas del revés: evaluando primero la competencia profesional, y a partir de ahí, a igualdad rigurosa de méritos, añadir el perfil lingüístico. Lo que es absurdo y cínico es pedir un acto de fe en la ciencia infusa del vascoparlante por el hecho de serlo.
«El euskera necesita [sic] hablantes y usuarios… La sostenibilidad requiere que los erdaldunes [los que no saben vasco] den pasos hacia el euskera y que los bilingües lo utilicen –he ahí el papel de la persuasión, la voluntad y la adhesión… » ¿Pero no quedábamos en que todo el mundo está persuadido, adherido, decidido? Pues va a ser que menos, porque –prosigue Baztarrika– la misma ‘sostenibilidad del aumento del euskera en las próximas décadas’ (sic) requiere «que los poderes públicos contribuyan a prestigiarlo promoviendo su uso en todos los ámbitos –formales e informales– y garantizando su uso fuera de casa.» Vamos, que si la gente, en vez de tan afecta a nuestra amada lengua propia, fuese díscola, remolona y obstinada en su monolingüismo erdaldún,  habría que tomar medidas más drásticas y bildustánicas, más o menos como diz que se hacía (en sentido contrario, por supuesto, y con mala idea) bajo el franquismo.   
Vamos, que la sociedad vasca está hipotecada hasta Dios sabe cuando. O visto desde el ángulo optimista, hay burbuja del euskera para largo. 



miércoles, 20 de junio de 2012

‘Al Rey de los Ingleses…’

  

       A mis amigos y amigos entre sí, Félix GOÑI, cantor y médico como Alfano de Salerno, y Juan Luis INCHAUSTI, jurisconsulto y maestro de cata, compañero de viaje en la jornada salernitana


No hace falta excusa para conocer Salerno. Una vez conocido, en cambio –hablo por mí–, puede que haga falta algún motivo para volver. 
Si se llega a Salerno por tren, como nosotros, lo mejor que puede hacerse es ir de la Estación  directamente al Pennello, el muelle turístico, y desde allí con un vistazo entender la ciudad. A la izquierda, la parte antigua, la vieja Salerno recostada con holgura al pie de la montaña, dominada por la fortaleza inexpugnable de Roberto de Altavilla, el Guiscardo (o Astuto, h. 1015-1085).
El pensamiento volará entonces al tiempo de las conquistas normandas, y al complicado sistema feudal, que por una parte ayudo a poner orden en un mundo destrozado por razias de vikingos, magiares, sarracenos…, pero a la vez permitía el cambio de lealtades y, en definitiva, otra forma de desequilibro. El estado de Salerno, después de los lombardos, recomienza (1076) como una aventura personal ajustada al orden nuevo.
El feudalismo fue un sistema contractual sobre protectorados (feudos) que se hicieron hereditarios con distintos nombres jerárquicos: reinos, principados, ducados, señoríos... La cúspide teórica era el rey, y más en teoría aún el emperador.
Siendo el contrato feudal voluntario, el de más arriba (señor) no podía fiarse demasiado de los de abajo (vasallos), máxime coexistiendo otro poder universal, con facultad divina de atar y desatar toda clase de nudos.
El instrumento jurídico que la monarquía discurrió para sacralizar y amarrar lealtades fue la investidura. Inobjetable en principio («todo poder viene de Dios»), de hecho tocaba también a los señoríos eclesiásticos, que por definición no eran hereditarios, de modo que a cada fallecimiento del obispo, el rey o su lugarteniente confería al sucesor la investidura. Investir un príncipe seglar a un obispo, a un clérigo en general, chocaba de frente con el nuevo orden de la Iglesia, instaurado por el papa Gregorio VII (1073-1085). Quien justo aquí, en Salerno, desterrado de Roma,  dio su última batalla por su reforma gregoriana, otro de mis atractivos para la visita.
Homo medicus
Como biólogo o biologastro, mi interés por Salerno se debía sobre todo a su Escuela de Medicina. La he mencionado a propósito de los baños de Bayas/Puzol, donde me permití una ironía venial sobre el virtuosismo de la hidroterapia antigua, casi una división de la magia. Esta vez la ironía tendría que ser mortal de necesidad, si toca emprenderla con los matasanos.
Reírse de los médicos y de su ciencia ha sido una constante histórica, hasta que vino la Seguridad Social y no cobran por recetar. «¿Qué saben éstos?»: hace unas  décadas esa pregunta se oía hasta en las salas de espera de las urgencias.
Quitando una minoría de pacientes adeptos incondicionales a la clase médica, los demás mayormente han ido a la consulta mermados por el dolor, el terror o la angustia. Y ya se sabe, los más cobardes suelen ser los que luego, pasado el susto, hablan de los médicos como de charlatanes [1]. Además, qué caramba, leamos:

       Medicaster
Fingit se medicus quivis idiota, prophanus,
Iudaeus, monachus, histrio, rasor, anus,
sicuti Alchemista Medicus fit aut Saponista,
aut balneator, falsarius aut oculista.
Hic dum lucra quaerit, virtus in arte perit.

       El medicastro
Médico se finge cualquier mostrenco o profano,
monje, judío, histrión, barbero, vieja o anciano;
el alquimista el primero, lo mismo que el jabonero,
hasta el bañero, o el impostor anteojero:
todos por la guita, el Arte al fin periclita

        ¿Qué versos son estos? Un poco de paciencia, que pronto lo hemos de ver.

Hoy nos preguntamos cómo fue posible la Medicina en la Edad Media, qué clase de terapia pudo cultivarse en Montpellier, en Bolonia, Padua o Salerno.
Es como si el coche te deja tirado y lo pones en manos de un tipo que no tiene ni idea de lo que hay debajo del capó. O quizá peor, que conociendo la estructura de bielas, engranajes y émbolos, tiene de la mecánica un concepto mágico-metafísico, a base de corrientes simpáticas y antipáticas, en relación con el ying-yang y los influjos planetarios.
El avance del siglo XVI consiste en descubrir la ‘fábrica’ del cuerpo humano, intuyendo a la vez lo que tiene de ‘máquina’. Mas no impidió a la especulación seguir dándole vueltas al macrocosmos/microcosmos y otras fantasías, mientras las facultades médicas ponen la Astrología judiciaria como asignatura obligatoria, de modo que los que entonces se llamaban físicos nunca fueron más metafísicos.
Y no lo digo por los médicos de Molière, explicando el efecto del opio por su ‘virtud dormitiva’, un chiste de teatro. Todavía hoy no se toma del todo en serio la psiquiatría –no digamos el psicoanálisis–; y de las medicinas alternativas, homeopatía y todo eso, ni hablar.
Con todo, la medicina funcionaba. Siempre funcionó. Si el animal tiene instinto médico, algo nos toca también a los humanos: homo medicus. El médico antiguo, el sanador, era ante todo un psicólogo empático, sagaz y con vocación de ayudar.
Por ahí vamos bien. A partir de ahí, casi todo lo malo que pueda decirse de aquella medicina era ajeno al propio médico. Era el peaje de prejuicios y errores acumulados como ganga cultural. Como en cualquier gremio, sólo que en éste se nota más, por la desproporción entre el fin y los medios...

En estos considerandos iba yo por Salerno, camino de la catedral, que de milagro no me perdí de los compañeros, gracias a ser la Via dei Mercanti tan recta y tan estrecha. ¿Qué quedaría de aquella famosa Escuela? Algún anfiteatro anatómico, una sala de hospital, un aula, un estuche quirúrgico, cualquier cosa me habría interesado.
Cuando he aquí que la calleja se ensancha en el Larghetto San Gregorio. Allí, a mano derecha, está la antigua iglesita de San Gregorio Magno como nueva, enjalbegada al estilo del barrio. Ya no es un templo. Se anuncia como  ‘Museo Virtual de la Escuela de Medicina de Salerno’. ¡Tan chiquito!... ¿Qué puede caber ahí?
El título ‘virtual’ respondía a la pregunta: «nada». Por lo demás, la presentación es ingeniosa, atractiva. Miniaturas de códices que se animan, que hablan y gesticulan para dar idea de cómo operaba aquella medicina. Bien está, pero la verdad, para eso no es menester moverse de casa. 

Medicina en Salerno
La Escuela Médica de Salerno tuvo de particular su origen monástico, filial de Monte Casino. De hecho, la propia catedral, consagrada por Hildebrando (san Gregorio VII, 1084), sería réplica de la abacial casinense del abad Desiderio (1058-1087).
Todavía en los siglos IX-X el cultivo de la medicina o la herboristería no registra nombres de monjes en Occidente. A partir de ahí sí, pero también se les prohibe la profesión médica de forma reiterada, como si en algunas partes se desafiara la medida, hasta fulminar la excomunión Honorio III (1217-1227).
Ahora bien, eso se refería al clero regular y al ejercicio profesional remunerado, lo mismo que la práctica forense civil, según el Concilio de Letrán II (1139):  «Los monjes y canónigos regulares no estudien leyes temporales (Derecho Civil) ni medicina gratia lucri temporalis». Por lo demás, Muratori comentando la Crónica de Monte Casino da fe del cultivo de la medicina incluso entre el alto clero [2].
Según eso, Umberto Eco imagina bien, en su gran monasterio, códices médicos iluminados, o la oficina de fray Severino de Sankt Wendel, el herbolario. Y ya que he mentado El nombre de la rosa, recordemos que el asesinato monástico medieval con veneno está rigurosamente documentado [3]
Fuera de esa relación con Casino, del origen de la Escuela no hay noticia. En su lugar se forjó una leyenda fundacional con cuatro actores: un rabino judío, un árabe, un griego y, como jefe, un latino, el epónimo Salerno. Bonita alusión a la simbiosis de culturas  favorecida en las Dos Sicilias bajo el dominio sarraceno y continuada bajo el régimen normando, luego por Federico II de Suabia [4].
Sin embargo, esa presencia judía no la confirma Benjamín de Tudela, que en su visita a Salerno conoce la Escuela Médica ‘cristiana’ y una gran aljama hebrea de 600 familias, pero ningún médico, mientras que en la vecina Amalfi una veintena de judíos cuenta con uno [5].
Entre los primeros maestros de Salerno figura Alfano (m. 1085), excelente  cantor y médico, abad de San Benito y promovido más tarde a obispo de la ciudad. Desde luego, no fue ni con mucho el único clérigo en la escuela. Esa circunstancia explicaría el poco interés de los salernitanos clásicos por la anatomía y la hidroterapia. Esto último a su vez daría base a la leyenda del ataque de los médicos salernitanos a las instalaciones balnearias de Puzol. Y aunque ya conocemos la obra sobre ‘Los baños puteolanos’, su atribución al salernitano Pedro de Éboli no es segura.
Paradójicamente, la propia idiosincrasia clerical pudo haber favorecido la promoción de matronas al magisterio, para ocuparse de la ginecología; como aquella contemporánea de Alfano, Trótula, autora de una ‘Patología femenina pre y postpuerperal’ . Es significativo que esa obra médica, alias la ‘Trótula mayor’, tuvo como apéndice o ‘Trótula menor’ una ‘Cosmética’ [6].
En fin, no se trata aquí de pasar lista de los maestros de Salerno, sus saberes y escritos; el misterioso Constantino el Africano, el maestro Cofón, el célebre valenciano Arnaldo de Villanova, Pedro de Éboli o al archiconocido Juan de Prócida, el cerebro de las Vísperas Sicilianas (30 de marzo 1282).


       El ‘Regimen sanitatis’, Flor de la Medicina de Salerno


Conozcamos al menos la obra más popular que produjo aquella escuela: la ‘Flor de Medicina’ (Flos Medicinae Scholae Salernitanae). Un poema a base de aforismos, que con el tiempo se fue ampliando aquí y allá, de modo que si la primera edición impresa (1479) sólo constaba de 362 versos, en la última ese número se había multiplicado por diez. Los versos son hexámetros latinos, en gran parte leoninos, –de rima interna entre ambos hemistiquios–, pero otras veces la rima es externa, en pareados, o el verso es libre. Al meterse manus sucesivas, el resultado quedó chapucero.
Dar la doctrina en versos mejor o peor rimados fue un recurso didáctico  muy común en la Edad Media, también para estudiar la gramática, la dialéctica, el derecho  y en general cualquier asignatura. No exagero: durante siglos, muchos médicos se han ganado el pan sin más conocimiento teórico que los versos de la Medicina de Salerno aprendidos de memoria.
Consta de 10 secciones o partes, con un prólogo y un epílogo.
Partes: 1. Higiene. 2. Materia médica. 3. Anatomía. 4. Fisiología. 5. Etiología. 6. Semiótica. 7. Patología. 8. Terapéutica. 9. Nosología. 10. Arte médica.
Es, pues, todo un compendio médico, aunque su interés y enfoque se centra en la Dietética o Régimen  (Regimen sanitatis es otro título de la obra), por aquello de que más vale prevenir que curar.

El prólogo es un dedicatoria que sin preámbulo entra en materia:

Anglorum Regi scribit Schola tota Salerni.
            
¿Qué rey era ése? Quien quiera que fuese, el chauvinismo galo no lo aguantó, y algunos manuscritos franceses lo cambiaron por Francorum Regi. ¿Carlomagno? Muy descarado el anacronismo.  Felipe Augusto, en cambio  resulta tardío [7]. El candidato tradicional y más votado es Roberto Duque de Normandía, el hijo de Guillermo I el Conquistador, que pasó por la consulta de Salerno en 1100. 

Dejémoslo así, «Rey de los Ingleses»:

Al Rey de los Ingleses escribió la Escuela de Salerno en pleno:
Si te importa tu salud, si deseas vivir sano, 
deja las procupaciones y prohíbete el enfado,
tasa el vino, cena poco, no tengas por vano
tras yantar moverte, evita el sueño meridiano,
no te aguantes la meada, ni aprietes con fuerza el ano.

Vaya, la primera en la frente. Con que ahora resulta que la siesta es mala (somnum fuge meridianum), esto nos suena de algo: el peligrosísimo ‘demonio meridiano’ (Salmo 90: 6). Y qué casualidad, prescindible siempre, la siesta no hace mal en los meses en -us (ianuarius, februarius etc.), pero en los meses frescos y fríos, los en -er (september a december), es francamente dañina. 
A este poema pertenece la receta famosa:

Sex horas dormire sat est iuvenique senique,
septem do pigris, nemini conceditur octo.

(Dormir seis horas le basta al joven y al viejo;
siete para el vago, pero ocho a nadie le dejo)

Higiene. La escuela de Salerno recomienda lavarse por la mañan, en ayunas, y los ojos con agua muy fría. Lavarse las manos a menudo evita enfermedades [9]. En cuanto a los baños, atención:

«En días de ayuno, con dolor de cabeza o de ojos, con fiebre, úlcera o llaga, con el vientre lleno y en los calores del verano, fuera baños. No importa que el mal sea leve, por ahí se empieza. Si te sientes mal, mejor que no te bañes. »


El sexo (machista, por supuesto) también cuenta para la higiene: 

Carmina laetificant animum, persaepe iocosa
femina: iucundam cole, desere litigiosam:
saepe tibi vestis novitas sit especiosa,
interdumque thoro sit amica tibi generosa...

(Los cantares alegran el ánimo, y la frecuente compañía femenina. Corteja a la risueña, planta a la peleona.  Estrena a menudo ropa elegante, y de vez en cuando comparte lecho con amiga complaciente.)

Pero no, no todo el monte es orégano, la oreja clerical asoma aquí o allá, en moralinas, sexo bien reglado, más alguna franquicia escatológica:


Mingere cum bombis res est saluberrima lombis.

«Mear seis veces al día, hacerlo sin interrupción», acaba de decir, y ahora añade que mejor con efectos sonoros, para bien de la riñonera. ¿Algo más?

Prolongat vitam coitus moderamine factus
quibus sit licitus; e contra, valde nocivus.

(El coito moderado alarga la vida a quienes les es lícito; de lo contrario, es muy dañino.)

Legitimam venerem cole.  Si male captum amorem
prosequeris vetitum,  formidans munera foeda.
Ut sis certa salus, sit tibi nulla venus;
ut sis certa venus, praesto tibi sit liquor unus,
quo veretrum et nymphae prius et vagina laventur.
Lotio por coitum nova fecerit hunc fore tutum;
tunc quoque si mingas, apte servabis urethras.

(Da culto a la Venus legítima. Si mal te enamoras / y faltas al deber, cuidado con los regalos desagradables / Para salud segura, nada de sexo. / Para sexo seguro, ten a mano agua limpia, / y asea antes la verga, ninfas y vagina. / Y tras el coito, nueva loción para seguridad. / Buen momento también para mear, y así mantén el miembro en condiciones.)

«La peor forma de acostarse a dormir es la supina; / boca abajo ayuda a la tos, pero daña los ojos; /lo mejor es de lado, a ser posible del derecho». En los internados masculinos siempre se miró mal dormir boca arriba, así como meter los brazos bajo la sábana. Que es precisamente lo que se suele hacer en invierno, con grave peligro de topar con el ‘diablejo del mediodía’ . Decididamente, esto tuvo que salir de algún convento. Adelante:

Quatuor ex vento veniunt in ventre retento :
spasmus, hydrops, colica, vertigo, quatuor ista.
  
(Pedo retenido, cuatro males siempre ha traído:
espasmo, mareo, cólico, ascitis, eso veo.)

A todo esto, el guarda del ‘Museo’ nos avisa que es hora de cerrar. Hagamos, pues, una última cata. Pero que no sea de orina, por favor,  que acabamos de ver a un galeno paladeando pis de enfermo como si fuese vino de marca. Veamos… ¿Qué tal andaban de anatomía aquellos doctores? Porque en Salerno no se practicó la disección de cadáveres humanos… Pero huesos al menos sí que verían. Según eso, nuestra pregunta será facilita: A ver, ¿Cuántos huesos componen el esqueleto humano?
       La miniatura del Códice Angélico en el ‘Museo Virtual’ se anima, nos encara, y responde de carrerilla:

Ossibus ex denis bis centenisque novenis
constant homo ; denis bis dentibus et duodenis,
Ex tricenis decies sex quinque venis.

Os, nervus, vena, caro, cartilago, corda,
pelli et axungia tibi sunt simplicia membra:
hepar, fel, stomachus, caput, splen, pes, manus et cor,
Matrix et renes et vesica sunt officialia membra.

(El hombre consta de 219 huesos, 32 dientes, 365 venas. Los miembros simples son: hueso, nervio, vena, músculo, cartílago, tendón, piel y enjundia. Los miembros funcionales son: hígado, vesícula biliar, estómago, cabeza, bazo, pie, mano, corazón, matriz, riñones y vejiga.)

       Ahí queda eso. Ahora sí, cerramos el Códice salernitano. Y como todo se pega, las infecciones y también los sonsonetes leoninos, uno de los visitantes lo ha cerrado con broche de hojalata y sale  del Museo recitando:   
               Vayase al infierno tu ‘Flor de Medicina’,  Salerno.
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[1] Muy diferente es la cirugía. El cirujano, el dentista, practicante, sangrador, algebrista, comadrona, siempre han sido vistos como técnicos en su especialidad, y juzgados por su pericia en ella, al margen de su ciencia médica.
[2] Concilio de Letrán II (1139), c. 9.; en G. de Rives, Epitome Canonum Conciliorum. Lugduni, 1663, pág. 313. A. Muratori, Rerum Italicarum Scriptores, t. 4 (Milán, 1728), pág. 309, nota 4, a León de Ostia, Cronicón Casinense, 1, 33.
[3] Por ejemplo, el Cronicón Monástico de Farfa refiere con todo detalle como el abad Ratfredo murió envenenado por una pareja de monjes desalmados, uno de ellos experto en medicina (en Mabillón, Anales de la Orden de San Benito, l.43, n. 74; Paris, 1706, t. 3: 431).
 [4] Federico fundó la Universidad de Nápoles (1224) y años después dio carácter oficial a la Escuela de Salerno; pero el nivel de facultad (Studium) no lo tuvo hasta su hijo y sucesor Conrado IV (I de Sicilia, 1252), o ya en la dinastía siguiente, bajo Carlos de Anjou (Studium Generale, 1280). Por otra parte, la Escuela fue suprimida de hecho por el rey napoleónico intruso Joaquín Murat, en 1811.
[5] Benjamín de Tudela, Masa‘oth/Itinerarium, Leiden, Elzevir, 1633,pág. 16.
«Salerno, donde los cristiano [lit. los Bney Edom, Hijos de Edom, Idumeos] tienen una Escuela de Médicos. Allí moran 600 judíos, cuyos sabios son R. Judá ben R. Isaac… De allí media jornada a Amalfi, donde hay una veintena de judíos, entre ellos el médico Hannanel…»
 [6] Salvatore de Renzi, Collectio Salernitana, 5 tomos, Nápoles 1853-1859. La ‘Trótula mayor’ es el poema también llamado De secretis mulierum, publicado por Renzi,t. 4, pp. 1-24; seguido de la ‘Trótula minor’, en Renzi Liber de Ornatu mulierum, ib. pp. 25-38. (No confundir este De secretis mulierum con el homónimo apócrifo de Alberto Magno.) Sobre Trótula, el mismo Renzi, Storia documentata della Scuola Medica di Salerno. 2ª ed., Nápoles, 1857,  p. 389
[8] De san Bernardo se cuenta una anécdota humillante para los médicos de Salerno, en particular porque juega con el tan recomendado aseo de manos. Incapaces de curar a cierto personaje de mucha cuenta, el santo que se hallaba en la ciudad acudió a la cabecera del enfermo, se lavó las manos como ellos hacían y le hizo beber el agua de la jofaina. La historia figura en la Vida de S. Bernardo compilada por Mabillón (AA. SS. Augusti IV, día 20, col. 291). En francés, Vie de St. Bernard, libro 2 (por Arnaldo de Bonneval), cap. 7 ; en M. Guizot, Mémoires relatifs à l’Histoire de France, t.10, Paris, 1825, p. 299.