sábado, 11 de diciembre de 2010

Lo vasco que nunca existió (2)



Cuando Molière titulaba su última comedia El enfermo imaginario (1673), no quería significar que todos lo fuesen. Él mismo era un enfermo de verdad, que por poco no se murió en escena, mientras representaba a su personaje, el protagonista.
Del mismo modo –y guardando mis distancias con el gran farandulero–, lo vasco que nunca existió es, ni más ni menos, lo vasco que nunca existió, no lo que existió alguna vez, ni lo que existe. Que, por otra parte, no tienen por qué ser siempre y en todo la misma cosa.

¿Qué es lo vasco? Algo que es «hermético para el que no es vasco» (Caro Baroja). No nos agarremos a esta boutade del maestro, que dio de lo vasco otras señas y pistas bastante más positivas, al alcance de todo el mundo. Además, conociendo a don Julio, seguro que fue ironía de las suyas, para decir que si todos somos unos incomprendidos, salvo para nosotros mismos, el vasco-vasco es una incógnita incluso para sí, a nada que procure objetivarse, distanciarse de su ego. Sólo en el tercer cielo del ensimismamiento empieza el vasco a verse y oírse en esencia, del mismo modo que los místicos intuían el misterio trinitario sin poderlo comunicar, ni siquiera a su propio intelecto. Tan sólo la intoxicación patriótica –mejor en grupo y con ayuda etílica– puede dar idea aproximada de lo que es la vasquidad en sí.

«En el espantoso crimen de la guerra civil española nadie ha sufrido más que el Pueblo Vasco. Ninguna otra zona de España, ha dado más soldados a los bandos en lucha, ni más muertos, ni más exilados, ni ha perdido mayor riqueza, ni bienestar, ni corre el riesgo de ver exterminadas por la persecución implacable, características raciales ni espirituales, salvadas milagrosamente durante milenios, por la fortaleza moral, la tenacidad y la energía, que a los vascos de todos los tiempos ha distinguido en el cuidado y mantenimiento del patrimonio de su formación y tradiciones.»

He aquí un texto hermético trismegístico, ininteligible y vacuo para quien no sea vasco de pura cepa, o aun siéndolo, no sea el mismísimo vasco en persona que lo concibió. La vasquidad es incomunicable. Como para la Escolástica los ángeles, cada individuo vasco-vasco es una especie distinta.
En serio. ¿Puede alguien reconocer como ‘vascas’ las pinturas de Santimamiñe? ¿Cómo caristias, tal vez? Imposible. Eso nos llevaría a reconocer que nuestros rivales los cántabros –los artistas de Altamira– tuvieron una cultura muy superior a la nuestra. O tal vez nuestros antepasados estuvieron también allí. O tal vez… O tal vez…
En tiempos de Humboldt y del Volksgeist –el duende (‘dueño de’) cada pueblo– no se conocía el arte rupestre, y la expresión más auténtica de lo vasco era la lengua, vehículo de una cosmovisión exclusivamente vasca.
No es lo mismo, por ejemplo, decir:

Sagardoteitik irten det
txixa egitera

que decir:

De la sidrería salgo
a echar una meada

–Hacer (chis), echar (meada), dos mundos diferentes Y todavía aquí estamos a nivel muy superficial, fisiológico. El abismo se ensancha si ahondamos en el pensamiento, en la cultura, explorando por ejemplo la distancia en parsecs que media entre Eusko Jaurlaritza y Gobierno Vasco, ¿a que sí?
–Un pequeño problema es que Jaurlaritza es de ayer, concretamente de 1934. Anteayer era Gobernu (registrado desde 1571). Y en tiempos antiguos los vascos ‘prístinos’ (que diría Otegi), libres y no maleados por otros pueblos, a buen seguro ni necesitaban gobierno.
–¿Qué palabra se nos ocurre, entonces, que no pudo faltar en vasco desde lo más remoto? Ya está: el equivalente de ‘guerra’. Porque, como bien dijo el informadísimo Oihenart, a diferencia de «los oscuros e imbeles autrigones», los vascongados propiamente dichos fueron todos temibles guerreros.
–¿Y cómo decían ‘guerra’?
Gudua. En euskera de siempre, guerra es gudua.
–Pues no señor; decían guerra.
–Pero guerra es palabra de origen gótico. A través del bajo latín pasó tal cual al romance y al vascuence.
–No pensaba lo mismo el padre Larramendi (Diccionario trilingüe, t. 1,  pág. 406 San Sebastián, 1745):











–Cosas de Larramendi. También Covarrubias dice que es hebreo: גרה (garah), pelear. Pero hasta el Corominas sabe que viene del germánico werra, discordia. 
–De todas formas, en euskera tenemos gudua y guduka. El propio Larramendi registra  guda, como también burruka.
–Sí, para traducir ‘lucha’, no ‘guerra’. Burruka, o más antiguo, burreka: a mí eso me suena a gerundio, ‘haciendo el burro’, a coces. Algarada, como en la moderna kale-borroka. Aunque también podría venir de burru, el sayón.
–¿Y lo otro? Gudari significa guerrero; de gudu.
–¿Desde cuándo? Aquí hay un malentendido. Seguramente en la Edad Media hubo un tiempo en que el vasco indómito se vio rodeado de godos por todas partes. Cada vez que desde sus riscos el vigía oteaba una hueste, tocaba el cuerno al grito de Gudua! gudua! ¡El godo, el godo!...
–Estará usted de guasa.
–No le quepa la menor duda.

Música en las esferas

¿Por qué será, que los vascos pioneros descubridores de lo vasco tuvieron que inventarlo? Como si no les bastara abrir los ojos en derredor y describir lo que hay, los entornan hacia dentro para soñar a pierna suelta.
A esta casta de soñadores perteneció Manuel Larramendi (1690-1766). Si construye una gramática y diccionario del vascuence, tendrá que ser ‘normalizando’, de acuerdo con su visión interior. Ya sesentón, el jesuita de Andoáin emprende una guía de Guipúzcoa. La tituló Corografía, que normalmente significa ‘descripción de un país (incluido paisaje y paisanaje)’, donde tampoco desentona decir algo del subsuelo, amén de la situación en el globo. Ya, ya. ¡Chitón! El soñador nos revela «una Guipúzcoa como nadie de nosotros haya visto jamás » (M. Azurmendi*):

«Aquí tenemos más cerca la Estrella del Norte que en Castilla. Vemos más cerca la Osa Mayor y Menor, y demás constelaciones boreales… Vemos a Bootes conducir su carro luminoso, oyéndole cantar la gloria de Dios, en metros iguales y celestiales…
Aquí las auroras boreales, a modo de decir, las tocamos con las manos… Aquí, al acercarse el Sol al Cangrejo, tenemos el gusto de verlo salir del mar y ponerse en el mar; y unos crepúsculos tan prevenidos y madrugadores, que en nuestros puertos parece día claro tal vez a las dos de la mañana. Aquí señalamos los puntos de la eclíptica, que no puede pasar el sol…
¿Ve Usted la cima de aquel monte? Pues es la raya que no pasa jamás el Sol hacia el Polo Ártico… ¿Ve Usted hacia ese otro lado la cima de aquel otro monte? Pues es la raya que no pasa jamás el Sol hacia el Polo Antártico… »

–¡Con que Corografía! Con tanta música celestial y danza estelar, no es extraño que para Google sea coreografía, y así nos lo enmienda, y hasta lo pone en la Wikipedia
–Claro está que si un pequeño país es el referente privilegiado de la esfera armilar tiene que ser por algo. La Providencia Divina tiene designios muy altos sobre ese pueblo…
–Y usted que lo diga. O mejor, que lo diga el padrecito:

«La nación de los Vascongados, y particularmente la de Guipúzcoa, ha tenido el ser mirada y atendida de Dios con especial cuidado entre todas las de España, y pudiera decir del mundo todo. Esta nacioncita siempre ha estado en este ángulo septentrional, jamás se ha confundido ni mezclado con ninguna de las naciones que vinieron de fuera, ni de moros, ni de godos, alanos, silingos, ni de romanos…
Y la demostración de esta verdad es el vascuence, lengua que evidentemente nos distingue de esas otras naciones. Sabe Guipúzcoa que la sangre de los suyos no tiene que ver con la de estas naciones, y que a ninguna de ellas tiene que recurrir en busca de su principio, de su alcurnia, de su genealogía…
Sabe, en fin, positivamente, que viene en derechura y sin cortaduras, de la familia y de los hijos de Túbal que poblaron España: cuya sangre nobilísima y limpísima ha mantenido en tantos siglos, a pesar de bárbaras naciones que inundaron el resto de España

«Abandonad, abandonad ese léxico traído de Castilla: pues existe demasiado sabor de moro, olor de sucio judío, de negro y de villano en esas tierras. Anotad que en vuestra casa, en Guipúzcoa, y sin ir a ninguna otra parte, tenéis una pureza que no encontraréis en ningún otro lugar. Y si esto es así, mejor haréis en casar esa vuestra hija limpia con un tratante de ganado de aquí, que no con muchos hidalgos haraganes de Castilla.»

Amén; que quiere decir: ‘esto me suena’.
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*) Mikel Azurmendi, Y se limpie aquella tierra. Madrid, Taurus, 2000, pág. 181.


domingo, 5 de diciembre de 2010

Lo vasco que nunca existió (1)


A estas alturas, ya mucha gente sabe que la verdad del político no siempre coincide con la verdad a secas, pero a menudo ni siquiera con la verdad científica. Mucha gente lo sabe, otros lo sospechan. Pero también hay quien sigue en la higuera. Como el Dr. Ibarretxe, que lleva años repitiendo que el pueblo vasco tiene 7.000 años de antigüedad. A propósito, el lingüista Joaquín Gorrochategui ironizaba: 


«¿El pueblo vasco? Ya se sabe que, popularmente hablando, el pueblo vasco, remonta a la más oscura prehistoria de los tiempos. Así, el anterior lehendakari le había conferido, no sé por qué, 7.000 años de antigüedad, aunque para nosotros eso no tiene ningún sentido

Para Ibarretxe, sí. Esa es una de sus grandes verdades de político, y hasta ahí, todo normal. Lo grave es que incluso reciclado como profesor universitario y conferenciante por esos mundos, el ex lendacari ha seguido repitiéndola como mantra. Hasta se murmura que a punto estuvo de meterla en su reciente tesis doctoral. El colmo, un científico tomando en serio su propia verdad de político.
La cita del profesor Gorrochategui la tomo de un librito reciente, que acabo de leer de un tirón: Actas del ‘Encuentro sobre la Prehistoria Vasca: Presente y Futuro’– El Escorial, 9 de mayo de 2009. (Madrid, 2010, 175 págs., pág. 25). Organizado por Euroforum y la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, es una síntesis interdisciplinar de expertos (Lingüística, Antropogenética, Arqueología), donde a este profano le interesa la mirada al futuro de esa ciencia, la Prehistoria Vasca, pero muchísimo más el panorama de su estado presente.
–Bueno, ¿qué importancia tiene todo eso? Después de todo, la Prehistoria como ciencia no es relevante en lo político.
Así es, por regla general. Pero se da la circunstancia de que en Euskadi, durante toda una generación –desde la transición democrática–, la política real está basada en supuestos de proyección prehistórica. Borremos el imaginario prehistórico del nacionalismo, y toda su política se viene abajo. El nacionalismo reivindica un pueblo independiente, en unos territorios históricos, hablando una lengua propia, todo ello con una sola base: la Prehistoria. A Sabino Arana le quitas la sustancia prehistórica, y es que no queda nada, nada en absoluto, salvo trifulcas de taberna contra el maqueto.
Trataré de hacerlo ver, discurriendo por tres temas de calado político:

1.      Independencia vasca.
La eventualidad de un País Vasco independiente no es monopolio del nacionalismo. Yo, que no me considero nacionalista militante ni triunfante –si acaso, purgante–, contemplo tal posibilidad con estoicismo y flema. Eso sí, me gustaría verla fundada en verdades con más enjundia que las que nutren la política nacionalista.
Cualquiera entiende que un equipo de pensadores, sociólogos, economistas etc., tras estudiar a fondo la realidad del país, llegue tal vez a la conclusión de que, en la actual coyuntura, lo mejor para la ciudadanía vasca (supongamos que también para España) sería cambiar el estatuto actual por una secesión acordada y amable, abriendo cuanto antes un proceso de consulta, referéndum y autodeterminación.
–¡Pero eso es lo que propuso Ibarretxe!
Bueno, la propuesta de una consulta o referendo por ese comité ideal de expertos no sería técnicamente muy distinta del ‘Plan Ibarretxe’. ¿Entonces…? Pues que no sería el ‘Plan Ibarretxe’. No tendría nada que ver con él, ni en el punto de partida ni en el de llegada.
De partida, mi comité de expertos se basaría en considerandos científico-técnicos. De llegada, el nuevo estado surgido de ese experimento ideal tendría que dotarse de una constitución, conforme a un modelo de sociedad asumible desde postulados científico-técnicos.
Lo de Ibarretxe es otro mundo. Como nacionalista vasco, su Plan parte de una imagen política de Euskal Herria, lo que ellos toman como el pretérito indefinido de este país, proyectándola al futuro. Nuestros nacionalistas no quieren ser españoles, ante todo y sobre todo porque se tienen por distintos y por vascos desde mucho antes de existir España y cualquier otro ente político ajeno a ellos. Vascos desde la Prehistoria. “Los vascos no datamos”, que dijo el otro.
El mismo abismo separa los respectivos puntos de llegada. Podemos no tener idea clara del modelo de país que recomiende nuestro comité de sabios. Lo que podemos adelantar con certeza es la inclusión de un pluralismo real, en los antípodas de los bachoquis y herricotabernas, donde el pluralismo se excluye o se tolera como mal necesario.

2) Lengua vasca.
La política lingüística nacionalista va por la euskaldunización de toda la población de Euskadi, extensiva a todo el territorio de Euskal Herria, al Sur y al Norte de la raya pirenaica.
La euskaldunización, sobre el modelo lingüístico artificial del vascuence unificado (euskera batua), es un fenómeno singular en el mundo entero, comparable sólo a la hebraización masiva de la población de Israel. El costo de la llamada ‘normalización lingüística’ no se conoce, pero nadie discute que ha sido, es y va a seguir siendo fabuloso, por tiempo indefinido. Un cuento de nunca acabar.
La pregunta obligada es: ¿Por qué y para qué? Respecto a lo segundo –el ‘para qué’–, mejor será pasarlo por alto, para no distraernos de la proyección hacia atrás en esta diatriba.
Pero ese ‘para qué’ tiene por delante un ‘por qué’. El descomunal esfuerzo y gasto invertido en euskaldunización y, como la llaman, ‘normalización’ lingüística tiene como principio y fundamento un dogma político, con varios artículos de fe acerca del euskera:

El euskera es nuestra lengua propia como vascos.
El euskera es la lengua más antigua de Europa, o una de las más antiguas.
El euskera como lengua data del Neolítico, o de ahí para arriba.
El euskera se ha preservado maravillosamente desde la más remota antigüedad.
Por todo ello y algo más, por ser lengua única en el mundo y exclusiva nuestra desde siempre, es un bien cultural que, como pueblo, tenemos obligación de amar, conservar, conocer, hablar y propagar.

Eso es lo que se nos dice –todo de golpe, o a pequeñas dosis–, y vamos a suponer que con sinceridad. Eso es también lo que se inculca al niño vasco desde que entra en una guardería.
Pero es que todo ello es rigurosamente falso, de principio a fin, sin una sola proposición que se salve. En realidad ya lo sabíamos, pero por si acaso, el Encuentro sobre Prehistoria Vasca lo viene a recordar, punto por punto: nada de lengua propia ni exclusiva de un pueblo o área determinada; nada de antigüedad neolítica; nada de preservación. El vascuence actual no es más antiguo que el castellano, y en su evolución como cualquier otra lengua (máxime, siendo ágrafa) ha tenido cambios diacrónicos en su distribución geográfica y pueblos hablantes. Si realmente es bien cultural, no lo es en el sentido que se le atribuye, ni con las responsabilidades que se quieren deducir.
Si no queremos enredarnos en una catequesis buenista, al estilo de Babel o barbarie de Baztarrika, hay que preguntar con valentía qué clase de bien cultural es el vascuence. Humboldt y otros sabios del siglo XIX prestigiaron esta lengua pensando que, en efecto, era una reliquia prehistórica, un fósil viviente, cuyo estudio podía resolver puntos oscuros de la lingüística general e indoeuropea. Sólo por eso. Curiosidades tan curiosas como el euskera, un explorador tan viajado como Humboldt las había visto a porrillo. Si el vascuence le llamó más la atención fue sobre todo por la supuesta utilidad académica.
La epigrafía ha desmontado el mito del euskera milenario. Y aunque (por la razón que sea) los antiguos vasco hablantes debieron de ser muy reacios a la escritura, los vestigios que se adivinan, más que se ven, llevan a conclusiones más bien negativas. No sabemos ni el dónde ni el cuándo ni el cómo. Y sobre todo: de lengua prehistórica, nada.
Ante el vacío de cualquier evidencia objetiva, epigráfica, sobre la distribución diacrónica de hablas euscaroides, hay quien arguye: “Bueno, en alguna parte tuvo que hablarse el euskera”. Subrayo ‘el euskera’, en singular. ¿Y eso, qué es?
Notemos el razonamiento: hoy se habla euskera en alguna parte, luego en el siglo I en alguna parte tuvo que hablarse. Es como decir: hoy se habla castellano, luego en el siglo I alguien y en alguna parte tuvo que hablarlo.
—No vale: el castellano es lengua romance, derivada del latín, nace en la Edad Media, tiene sólo 1.000 años de antigüedad.
Así que me concedes que el castellano no es latín, y a la vez pretendes que yo te conceda que en el año 1000 y en el año 1 se hablaba el euskera?
El vascuence ágrafo de tiempos de Cesar y de Augusto, hablado no sabemos por quiénes ni dónde –gentes, eso sí, de contactos múltiples y móviles, debió de evolucionar mucho más de prisa que el latín. Con el trasiego cultural, la lengua no escrita se volvería incomprensible cada 3 o 4 siglos, por decir algo. El euskera empieza a fijarse por escrito en el siglo XVI. Leamos en público un texto de entonces; por ejemplo, un poema de Lazarraga, a ver cuántos ‘vascongados’ lo entienden. (Uso aquí ‘vascongado’ como el equivalente de euskaldunberri. Sé que puede sorprender o molestar, pero es correcto.)
En suma, lo que se pregunta: ¿cuál es concretamente el patrimonio cultural que tenemos que preservar? No ‘la lengua milenaria’, desde luego, pues sólo existe en la imaginación. ¿El euskera moderno? Pero llamar a eso ‘patrimonio sagrado de todos los vascos’ es excesivo y ridículo, cuando hasta sus dialectos vivos se han planchado con el batua. El euskera moderno tiene indudable valor afectivo y cultural para los euskaldunas que lo tienen como lengua materna. Para los demás no significa lo mismo, una lengua que no es más antigua que el castellano, que es minoritaria, sin apenas literatura, difícil y nada práctica.
–Bueno, es que fuera de eso, también hay otras razones para la euskaldunización. Y en último término, es lo que hemos aprobado como ley, y hay que cumplirlo.
No, si al final esta última va a ser la razón de peso. La sociedad vasca se ha impuesto a sí misma una cruz sólo porque sí, por puro masoquismo. O también porque es tonta, y se ha tragado lo del bien cultural prehistórico. Neolítico, para ser exactos.
Antes soslayamos el ‘para qué’, y ahora vemos que porqué y para qué son el misma cantar. En definitiva, nos euscaldunizan porque una minoría de vascohablantes, un reducido porcentaje de la sociedad vasca, así lo decidió. Lo de la Prehistoria y el patrimonio cultural era un embeleco. Nos euscaldunizan en aras de la construcción nacional. Totalitarismo camuflado de estafa.

3. Etnia vasca.

El argumentario racista, tan decisivo en los planteamientos del nacionalismo vasco primigenio, circula hoy como de incógnito y con sordina, después de lo de Hitler. Pero ni ha sido abolido, ni tampoco fue invento nacionalista:

“La etnicidad es algo que caracteriza hasta nuestros días a muchos vascongados de diferentes ideologías.”

Lo dijo Julio Caro Baroja, nada menos. Razón de más para andar con pies de plomo cuando el nacionalismo lo trufa en su concepto de ‘pueblo vasco’. Cuando el Dr. Ibarretxe repite –como hizo en la presentación de su ‘tesis-libro’ (15-04-2010)— que «los Fueros del pueblo vasco, siguen siendo la auténtica Constitución del pueblo vasco», es obvio que no se refiere a todo el batiburrillo actual de ciudadanos a los que presidió, sino sólo a la pars sanior, al elemento genuino de esa sociedad mezclada; en suma, al auténtico pueblo vasco milenario y prehistórico.
La etnia o raza son también términos del léxico científico, bien entendido que no significan lo mismo que en boca del político. La Antropología Física tiene hoy una herramienta muy poderosa para caracterizar a grupos humanos como pueblos y etnias, analizando ‘marcadores genéticos’ que pueden rastrearse hasta la prehistoria.
En el Encuentro sobre Prehistoria Vasca, la Genética antropológica estuvo representada sobre todo por Concepción de la Rúa, que presentó una ponencia muy interesante por lo documentada y razonada, amén de pedagógica.
Aprender es siempre hermoso, pero la emoción es inexplicable cuando quien te enseña es un antiguo alumno o alumna, convertida en autoridad mundial. De la intervención de ‘Conchi’ sólo diré que no habrá hecho muy felices a los hinchas del pueblo vasco autóctono, prehistórico, homogéneo, perdurable, continuo, aislado, uno y único...
Notable paradoja: Al contrario de la epigrafía, pobre de solemnidad, aquí el problema es una sobreabundancia de trabajos, a menudo mal diseñados y peor interpretados, que representan ruido y artefacto a la hora de hacer las comparaciones de rigor con otras etnias, muchísimo peor estudiadas, incluida esa Aquitania que es como una pesadilla para los soñadores del Pirineo como Edén vascongado.
La pregunta, entonces, es: ¿Por qué, ese exceso? ¿Por qué somos el pueblo más onfalóscopo del planeta? Una vez más, Caro Baroja tenía razón.
(¿Qué qué quiere decir onfalóscopo? El que practica la onfaloscopia. La palabra lo dice: del griego ómfalos, ombligo, y skopein, observar. Podríamos anteponer el prefijo auto-, para indicar que el ombligo que contemplamos los vascos con fruición y embeleso es el nuestro propio. Preocupante.)


lunes, 29 de noviembre de 2010

Chacolí (y 2)




Pues, como iba diciendo: El patio de mi casa antiguamente no se mojaba, porque no era patio. «¿Qué hubo aquí, señor Demetrio?», pregunté al anterior dueño. «Un lagar. En el pueblo hubo varios» Uno tras otro, han ido desapareciendo en Valdivielso, aunque algunos quedan. Éste era del siglo XVI, pero hay restos muy anteriores dispersos.

De todo eso pensaba hablar, al hilo de la diatriba sobre el chacolí, pues lo que se producía en el corazón de las Montañas de Burgos no era otra cosa. Dejando aparte el nombre, que por allí se difunde algo después que en Vascongadas, los documentos que he manejado ponen aquel vino en la misma categoría barata de los del norte de Burgos, Santander, Encartaciones –Enkarterri, que dicen ahora, como llaman también a la Ribera alavesa Arabako Errioxa, con el mismo fervor cómico de reconquista–, Mena o Ayala. Es decir, la mismísima realidad que la Real Academia registró como chacolí (1729).

Ahora se me han ido las ganas de hablar de ello. Las ganas y el humor. No hay lugar para una discusión amable y educada. El cerrilismo nacionalista vuelve por donde solía, bronco y desaforado. Su txakolina se les ha subido a la cabeza, y ojo, que aunque flojo, tuvo fama de ‘mal vino’: «borracho, y de chacolí», cosa mala. Cambiemos, pues, de registro sin perder la compostura.

Nos ayuda, como casi siempre, el amigo Horacio. Le recordaba aquí mismo hace poco, mostrando su genio para condensar arte y filosofía en píldoras coloquiales de fórmula griega. Esta vez le dejaremos que empiece por una traducción literal y casi pedestre de Alceo, el gran poeta báquico:

μηδν λλο φυτεσς πρότερον δένδρον μπέλ
Nullam, Vare, sacra vite prius severis arborem
Ningún árbol plantes, Varo, antes que la vid sagrada

Por lo visto, ese Varo, venido a más –de barbero y zapatero en Cremona, en Roma se hizo abogado y entró con buen pie en política– estrena villa en Tívoli, donde va a ser vecino de Horacio, que le da un consejo: lo primero, las uvas.

Nada plantes, nada, Varo, antes que la vid sagrada
en el labrantío Tívoli, cabe el muro de Catilo.
A los secos, los más duros recuerdos el dios evoca,
Y si algún afán remuerde, sólo bebiendo se espanta.
Tras el trago, ¿quién denuesta la milicia o la pobreza?
¿quién te olvida, padre Baco, y a ti también, Venus santa?

La oda transcurre, incisiva, en asclepiadeos mayores. Transparente, se la ve venir: «ahora va a hablar contra el exceso en la bebida, seguro.» ¡Buen ojo, sí, señor!:

Pues para que nadie exceda del beber justa medida
la riña de los Centauros y Lapitas, por el vino,
que en Tesalia acabó en guerra, un severo Baco avisa…

Pero, pero… Aquí hay gato encerrado. Vamos a ver. Asclepiadeos mayores…, Varo… Varo… ¿No es éste el Alfeno Varo al que Catulo apostrofa igualmente en asclepiadeos de a quince –una docena justa, que hacen la Oda 30–, poniéndole de vuelta y media, fementido traidor a no sé que amistades particulares que se traían?

A Horacio aquello ni le va ni le viene. Como tampoco los quidprocuós del tipo aquel con el amigo Virgilio, otro que tal: la égloga 7 de las Bucólicas virgilianas está dedicada precisamente a un Varo, entre alusiones y equívocos, llevándole al espectáculo de un Sileno durmiendo la mona crónica, sin soltar el cántaro desportillado vacío... No, no puede ser casualidad: el tal Varo se iba de la mui, porque el muy maricón alcahuete tenía además mal vino.


Centauros y lapitas eran primos hermanos que se llevaban bien, hasta que en una boda familiar a los primeros se les sube el vino a la cabeza, suscitándose una quimera que degeneró en guerra. El pretexto, como dice Horacio: «una diferencia sobre el filo de la navaja –el fas y el nefas, el bien y el mal–, a la luz del egoísmo».

Al nacionalismo vasco le encanta ese juego de pisar la raya, y siempre con intereses mal disimulados. Tal se ve ahora al PNV pidiendo al Gobierno Español que blinde en Europa los términos txakoli, chacolí, txakolin, chacolín y txakoina, para que fuere de Euskadi no puedan aplicarse a ningún otro vino. ¿Egoísmo? Mucho más que eso: «este vino blanco está vinculado al País Vasco, con su historia y sus raíces como pueblo» (Joseba Agirretxea, PNV). Vamos, que lo llevamos en la sangre, corre por nuestras venas y forma parte de «nuestros preciosos fluidos corporales» ('Dr. Srangelove').

Europa pensará, «pero estos Centauros están locos». Toda Europa acude a Europa para ampararse frente a otros estados . Sólo España lleva allá sus guerras intestinas, euskadianos contra burgaleses y cántabros, lapitas contra centauros … Vayan otros a Europa a hacer cola; nosotros, a hacer colada.

A nuestros centaurillos pottokas, a los jaunchos de los territaifas vascos, Europa acaba de darles buen revés por las vacaciones fiscales. Otra batallita que nos sale cara, y mira que estaba cantada la derrota. Pues como si nada. «No vamos a sufrir que Burgos se beneficia de nuestro esfuerzo, de lo gastado por el anterior Gobierno Vasco y las Diputaciones del PNV para convertir una purrela en vino de prestigio y calidad. Llegaremos hasta donde haga falta.»

Nadie niega que con dinero público a raudales (como se hacen aquí las cosas) se ha logrado un producto de nivel; como cuánto de alto nivel, allá los expertos. Baste al menos que se reconozca gasto público en lo que para unos será prioritario; para muchos más, no tanto, y aun habrá quien lo mire como despilfarro, pues el erario no recupera todo lo invertido en ayudas de todo género.

Tampoco atenta contra el buen hacer de los productores recordar que la enología no nace con el chacolí. Al contrario, lo mejor de ese buen hacer ha sido buen aprovecharse de la mejor tecnología actual.
Hay quien estima que el chacolí está sobre preciado y aguanta a fuerza de proteccionismo. De ahí el pavor ante la competencia, porque el tinglado se viene abajo, a poco que las cubas vecinas fermenten.

Juegan, por otro lado, las contradicciones del nacionalismo. Chacolí de Burgos, no. ¿Y qué hay de Navarra? ¿Y de la bien amada (y subvencionada) Iparralde? Si les pagamos ikastolas por su bien, también en esto podemos ayudar, por ejemplo, otorgándoles bula y dispensa, y hasta subvencionándoles, si son buenos… En serio, cualquier chacolinero francés se reiría de la pretensión prohibitiva.

«Nuestro esfuerzo, nuestro talento.» El prejuicio sabiniano del vasco laborioso y emprendedor, frente a los otros, obtusos zánganos de colmena. Y esta vez no va por los madrileños, los extremeños o andaluces. Ahora son nuestros vecinos inmediatos, de los que nos separa esa raya fina, horaciana, entre el bien y el mal: la dichosa, la asfixiante ‘muga’.

¿Pero qué digo, ‘nuestros vecinos’? ¡Nosotros mismos! Yo no sé hacer buen vino, pero como decía, en casa lo he visto hacer año tras año a mi vecino, como una querencia ancestral hacia el lagar que allí existió. Con unos cestos de uva asilvestrada obtiene un caldo blanco que, con segunda fermentación en botella, es chacolí auténtico. Con denominación de la Real Academia.

Pues bien, como bilbaíno que pago mis impuestos en Vizcaya, si un buen día en el pueblo me da por copiarle a mi vecino su vino, pregunto: ¿a quién debo pedir permiso para etiquetarlo como tal chacolí, diputado Agirretxea?

Que responda Horacio:

Cándido zorruno, amigo,
yo contigo no me meto, ni te robaré el secreto
que entre pámpanos escondes. Deja en paz la chalaparta
y el tamboril agresivo, que mueve egoísmo ciego,
esa gloria patriotera tan altiva como huera,
porque más que el vidrio claro, Varo, se te ve el plumero.

«Cándido zorruno». ‘Zorrunos’ (bassarei, de ‘zorro’, en griego) llamaban a los bacantes en los misterios dionisíacos, por algún gorro o prenda de esa piel que se ponían. Cándido zorruno, como anillo al dedo aquí, para quien confunde marca de vino y seña de identidad. «Se quieren aprovechar de nosotros, quieren explotar nuestra marca.» Perlucidior vitro!, termina esta oda, que toda ella hace literal otra metáfora también de Alceo: el vino es el espejo del hombre (de ciertos hombres, en particular):

ονος γρ νθρώποις δίοπτρον

¿Verdad que la pieza horaciana, tan anodina en primera lectura, parece una profecía? Con razón llamaron vates a los poetas.

«Iremos a Europa, y a donde sea». Pues ea, señores, tengan ustedes buen viaje. Solamente dejen de tirar con pólvora del rey, y en vez de ir de estudiosos primero y de pleiteantes ahora, páguense de su peculio unas vacaciones. Con las fiscales que nos han dado ustedes, nosotros vamos bien servidos.

_______________

Para quienes no hayan reconocido a Flaco en mis torpes glosas en prosa y verso, aquí va el texto latino de la Oda 1, 18 (léase marcando las cesuras):

Nullam, Vare, sacra / vite prius / severis arborem
Circa mite solum / Tiburis et / moenia Catili;
Siccis omnia nam / dura deus / proposuit, neque
Mordaces aliter / diffugiunt / sollicitudines.
Quis post vina gravem / militiam / aut pauperiem crepat?
Quis non te potius, / Bacche pater, / teque decens Venus?
Ac ne quis modici / transiliat / munera Liberi,
Centaurea monet / cum Lapithis / rixa super mero
Debellata monet / Sithoniis / non levis Euhius,
Cum fas atque nefas / exiguo / fine libidinum
Discernunt avidi. / Non ego te, / candide Bassareu,
Invitum quatiam / nec variis / obsita frondibus
Sub divum rapiam. / Saeva tene / cum Berecyntio
Cornu tympana, quae / subsequitur / caecus amor sui.
Et tollens vacuum / plus nimio / Gloria verticem
Arcanique fides / prodiga per- / lucidior vitro.