lunes, 26 de octubre de 2009

Territaifas Históricos y Gansos de Capitolio




Mi 'Ajuria Eneida' crece muy despacio. El poema heroico burlesco que dedico a ese gran palacio fortaleza, Ajuria-Enea –su modernidad milenaria, su pujanza, su caída súbita en poder del enemigo y la profecía de su reconquista, purificación y restauración– se mueve con vertiginosa lentitud, y a duras penas corono el canto quinto (de los diez proyectados); lo que quiere decir que mi musa se ve desbordada por la vorágine del tiempo varado.
¿Por qué esa sequedad, esa acedia? No me lo pregunten, porque yo mismo lo hago, y no me respondo. No se me ocurre otra cosa que echarle la culpa... ¿a quién ha de ser?: al PP. Casi ni me atrevo a decirlo, tanto suena a tópico, y lo es. Pero no en el caso presente.
Recapacitemos: un Partido Popular vasco, que de la noche a la mañana, al ir a sonarse las narices, toca en el bolsillo, con el pañuelo, un objeto duro. ¿Pero qué es esto? Diosss… ¡El talismán de Ajuria Enea! La ciudadela ha caído. Paso franco al centro neurálgico del poder vasco, hasta la sala salísima de la chimenea con el chipendale de oír música… «¡Tenemos las llaves de Ajuria-Enea!», proclamaba como para autosugestionarse un todavía incrédulo Basagoiti…

«Bien, ¿y qué?», rezonga mi Musa; «¡Habrán quemado Troya, qué menos!» Pues no. Con crueldad tan mezquina como inútil, estos peperos de la llave en mano han entregado la casa a Patxi López. Se habrán reservado alguna habitación, si no en la planta noble, al menos downstairs. Pues ni eso. Ni siquiera en la portería, como San Pedro, a guardar la entrada del paraíso. Raro ejemplo de altruismo en la jungla política. ¿Generosidad, ingenuidad, miedo escénico? De todo un poco.

El hecho es que se han conformado con esa profanación. Inútil, repito; porque no se habrán figurado que el dueño legítimo y natural del palacio, vuelto del exilio, sea quien le pegue fuego, evocando aquello del Tenorio: «Mas, con lo que habéis osado, / imposible la heis dejado / para vos y para mí». Ni hablar. Los del PNV son gente práctica, y un rito lustral será suficiente. El chipendale, ese sí, habrá que mandarlo al tapicero.

Dejado yo, como digo, de la épica Calíope, recurro a su hermana gemela Clío, que escribe las mismas historietas, sólo que en prosa. Busco para mi poema un episodio que rasgue la niebla ominosa que nos envuelve. Y aquí el reencuentro con los latines de la infancia, las perícopas de Tito Livio y el Breviario de Eutropio, el relato del primer 'Saco de Roma' por los galos de Breno.

El episodio, tan doloroso que dejó huella imborrable en la memoria romana, se inserta en la ejecutoria del cónsul y dictador Furio Camilo, a fines del siglo IV a. de JC. Este personaje, en el filo de la navaja, por haber excedido sus atribuciones tuvo un revés de la Justicia, y en la siguiente campaña sus enemigos, que eran los enemigos de Euskadi, digo, de Roma (disculpas por el lapsus), vieron el momento de acabar con él y, lo que realmente les importaba, acabar con Euskadi, vuelvo a decir, con la Urbe.

Una horda de galos secuanos acaudillados por el régulo Breno, ayudados por otra tribu de galos cisalpinos, marchan contra Roma. El patriciado –el PNV de entonces, para entendernos–, ha blindado sus intereses en puestos seguros para sí y su clientela. En Roma queda el Senado, que ante el empuje españolista, digo, galo, llama a somatén (tumultus) del frente patriótico. Todo en vano. Los bárbaros, mejor situados, tienen su primer éxito cerca de Roma.

A los patriotas el despecho no les dejaba ver la realidad. «Adeo non fortuna modo sed ratio etiam cum barbaris stabat», que decía mi Livio ('con que no sólo la buena suerte, también la razón estaba con los bárbaros'). Los galos irrumpieron en la Curia, donde encontró a la mayor parte de un Senado antes campante, ahora medroso, al que arrebataron la mayoría absoluta. (Bueno, en realidad aquellos bárbaros les quitaron algo más. La Historia, afortunadamente, nunca se repite al pie de la letra.)

Dueños de aquella Cámara, Breno y su gente van a lo suyo, el saqueo y la destrucción de todo lo conseguido hasta entonces. (Galos, al fin; sucursalistas de los enemigos seculares de Roma allende la muga, a los que someterá un día Julio César.)

Puestos en seguro muchos patricios con toda su hacienda, los pobres plebeyos con el hatillo buscan en vano refugio en el Janículo, donde caen como ratas. En cambio, lo más granado de las fuerzas patrias se ha enrocado en el Capitolio con sus familias, armas y vitualla, junto con sus símbolos identitarios, pero sobre todo, con el tesoro de Roma en oro puro. Allí se disponen a la resistencia. «Seguiremos gobernando en la oposición, desde las instituciones», repiten a quien les quiera escuchar, es decir, a su propia gente.

El asedio se alarga, el hambre aprieta. Entre los enseres emblemáticos guardados en el castillo figura una diosa de reciente importación. Se llama Junón o Juno, y pasa por avispada. Apenas tiene devotos, por ahora, siendo popular sobre todo por un corral que posee de gansos sagrados. Aves orondas y despectivas, ahora corren peligro bajo las miradas sacrílegas de los sitiados famélicos. «Malesuada fames», la llama el poeta, «mala consejera». El racionamiento, que ya se ha impuesto hasta a los perros guardianes, se hace extensivo también a los gansos de Juno, que ahora tienen el sueño más ligero.

A unos bárbaros galos qué les importa Roma, lo que ambicionan es su oro. Así pues, tras varios intentos por la vía fácil y bien defendida, una noche se dispone al asalto del Capitolio por lo más escarpado. Y aquí leyendo a don Tito veo yo la primera descripción literaria de una colla de xiquets haciendo el castell.

Discúlpese, pues, mi extravagancia de traducir el pasaje de Livio, pero es que en su día me valió un notable, y demás de ser curioso, algún catalán de Valls o de Tarragona me lo puede agradecer. Dice así:

«Alterni innixi subleuantesque inuicem et trahentes alii alios, prout postularet locus, tanto silentio in summum euasere… 

Turnándose se apoyan y se van encaramando unos sobre otros, ayudándose entre sí según lo pidiera el lugar, hasta alcanzar la cumbre en el mayor silencio, burlando a los centinelas, más aún, sin despertar siquiera a los perros, animal atento a ruidos nocturnos. Mas no burlaron a los gansos, que por su condición sagrada, a pesar de la gran carestía se libraron del puchero. Lo cual supuso la salvación, pues su voz trompetera y el batir de sus alas despertaron a Marco Manlio, cónsul que fuera el trienio anterior y guerrero distinguido, que a todos da la alarma tomando él las suyas, y mientras los otros tiemblan, va él y de un umbonazo hace tambalear al galo», que sobre la cassola / haciendo el enxaneta  / asomaba la jeta / sin musitar ni '¡hola!'...

 Hasta aquí Tito Livio el Patavino (menos el final, de tufo apócrifo).

 
¿Milagro? Aunque la diosa se mostraría locuaz, eso fue más adelante. Aquella vez Juno, como dicen los filósofos escolásticos, «se valió de causas segundas», o sea los gansos, ánsares u ocas. Sea como fuere, aquella divinidad de importación, saludada desde entonces como Moneta (Juno Moneda, la Avisadora), ganó puntos ante los romanos, que le confiaron la custodia del erario público. Y al pasar Roma al sistema capitalista, el templo de Juno convertido en ceca fue la primera Casa de la Moneda. Gracias a esa circunstancia, Juno es la divinidad que más devotos ha tenido y tiene (sin saberlo ellos ni ella misma) en un mundo monetizado.

El Capitolio resistió, mientras Roma se rendía. Conocemos el desenlace. Se compra la retirada de los intrusos por 1.000 libras de oro. Breno pesa en libras galas, más pesadas que las romanas. Roma protesta, y el bárbaro les replica cargando con su espada en uno de los platos mientras dice aquello tan sonado: Vae victis!


¿Qué fue de los grandes protagonistas de esta leyenda tan titoliviesca? Pues verán, según mis noticias:

Tanto el galo como Manlio acabaron mal. El primero en un ataque de despecho, bien mamado en vino puro, se tiró al río y se ahogó. Manlio, también beodo, pero de triunfo, se erigió en tribuno popular, tanto así que le denunciaron de querer restablecer la monarquía (en su persona, obviamente), por lo que fue ejecutado.

También fueron ejecutados los perros por no cumplir su obligación, y lo que es peor, el sacrificio canino se hizo consuetudinario. Las ocas en cambio, de maravilla. Todos los años, el 3 de agosto, las sacaban en procesión, llevándolas a ver crucificar perros, para escarmiento; tras lo cual, recibían ración extra de grano.


Ahora queda justificada la perplejidad de mi musa, en la coyuntura histórica presente. También aquí la Historia se ha repetido, pero por tres, pues recordemos que nuestra Roma una es también trina en Diputaciones blindadas, ocupadas por tropa de choque, los verdaderos amos del tesoro. También aquí los gansos sagrados han clamado a voz en grito. Y ahora que Roma está en poder de los bárbaros, nuestros Manlios Capitolinos halagando el patrioterismo más cerril reniegan del Estatuto y apelan a no sé qué Ley de Territaifas Históricos para proclamarse reyezuelos y decidir lo que se hace o deja de hacer en cada taifa autónoma. Con eso, y con retener la Cuarta Taifa, alias EITB, todo se va cumpliendo según el programa.
Por eso llama la atención la flema del PP, que pudiendo exigir su taifa no lo hace con más convencimiento. Y yo, entre tanto, esperando el retorno de mi musa con oráculos frescos, a ver cómo acaba mi Ajuria Eneida.


miércoles, 21 de octubre de 2009

'deber' y 'tener': pues sí que es diferente, tiene gracia...




Hay frases que empiezan a oírse un buen día, se ponen de modo, y terminan siendo familiares. «ETA debe desaparecer». He aquí una de ellas. Muy repetida en los últimos años. ¿Cómo cuánto de repetida? Teste Google: 97.900 resultados, hallados en 50-90 milisegundos.

Una oración gramaticalmente perfecta. Oración: expresión de un juicio; aquí también de un deseo; una orden tal vez... Pero sobre todo, una expresión inquietante. Yo al menos siempre la he percibido con inquietud. Preguntándome siempre –y eso es lo malo–: «¿quién lo dice?»

Ese quién se despliega en amplio espectro social. Famosos y desconocidos, patricios y plebeyos, clérigos y seglares. Todos coinciden. Obispos 'vascos-vascos', como el de San Sebastián monseñor Uriarte; 'vascos-maquetos', como el de Bilbao monseñor Blázquez; 'no vascos-no maquetos', como el cardenal Cañizares, arzobispo de Toledo. Éste último justificaba ese deber de ETA, porque «con el terrorismo no se negocia», y en vez de ofrecerle algo en contrapartida, le imponía un segundo deber: «pedir perdón públicamente».

También del mundo seglar tiene ETA muy oída la misma antífona. A veces también con apostillas, algunas pintorescas. Así a principios de este año, Miren Azkarate, portavoz del Gobierno de Ibarretxe escribía: «ETA utikan, ETA debe desaparecer para siempre». Contundente, ¿verdad?...

No; creo que no me hago entender. Lo de contundente no se refería al «para siempre» (que nunca sobra), sino al utikan. Interjección imperativa donde las haya: ¡fuera!, sí, pero en vascuence, bien por ser este idioma más expresivo que el español, o porque así lo entiendan mejor los interesados. Es una palabra decimonónica, que muchos puristas prefieren, porque no suena tan a castellano como ese viejo kanpora , que usa el vulgacho, y lo entienden todos los canes de este país. ¿Qué digo? ¡hasta en Castilla funciona! Pues bien, volviendo al tema: Algún día las pintadas y pancartas se pasarán del kanpora al utikan. Y cuando eso suceda, siempre podrá doña Miren sonreír con sus claros ojos: «Yo fui la primera». Ahí queda eso.

Pero veo que se me va la olla. Lo que antes he dicho del pintoresquismo azkarateño iba por otro lado. La definición que la entonces Consejera de Cultura daba de ETA: «el último resto del franquismo». No creo que esas cosas a ETA le hagan efecto, y en cambio más de un prócer superviviente político del régimen anterior se habrá sentido ninguneado de forma injusta y gratuita.

Otro que por supuesto hizo uso de la frase de marras fue el lendacari Ibarretxe durante su mandato. No me tienta aproximar las veces que lo repitió. Eso sí, a cuál más preocupante. Serán figuraciones, pero cada vez que el de Llodio decía «ETA kanpora», o de otro modo la invitaba a desaparecer, jamás fue para abominar del día en que unos vascos malaconsejados eligieron el camino de la violencia terrorista. En su discurso, las condenas de la banda siempre sonaron a muy cerebrales y ponderadas, incluso sacrificando la moral y la decencia cuando así convino a la jugada política. Sólo en su última etapa, cuando la estrategia etarra interfirió y puso en jaque su plan soberanista, Ibarretxe llegó alguna vez hasta perder los nervios, expresando con demasiada franqueza su decepción y amargura, ante la insolidaridad de unos patriotas que, a fin de cuentas, iban a lo mismo. ETA, misión cumplida, servicios prestados a la causa, la paz de los valientes.

En el PNV, como en cualquier familia política numerosa, hay gente para todo. Hay bocas para todas las ocasiones y de todos los tamaños. Hoy toca boca, mañana boquilla, ayer bocaza. Como partido, eso da más juego.

Entre las bocas grandes del PNV, en este momento dan como chapeldún a Joseba Egibar, que además es todo un jatorra. Ahí se le ve, cómo se retrata departiendo con amigos, cómo inmortaliza un encuentro, qué estampa de familia. ¡Y cómo la goza el abuelete de la boina, con la lengua que se le sale de la boca! Unos años atrás, lo mismo va y les dice: «ego vos absolvo, ego vos coniungo». Otros tiempos. Hoy todo está muy secularizado.

Y bien, ¿qué estará diciendo Egibar a los colegas? Se adivina más fácil lo que no les está diciendo: que ETA debe desaparecer. ¡Cómo! ¿Es que este hombre no conoce la expresión de moda?

A mí no me cabe duda, es más, estoy seguro de que Joseba también ha pronunciado alguna vez la frase sacramental. Sólo o acompañada de otra frase, pero apostaría a que la ha pronunciado. También es verdad que no puedo demostrarlo. He picado en Google: 'Egibar dijo que ETA debe desaparecer'; y el buscador me responde con un «no se ha encontrado ningún resultado», añadiendo piadosamente: «Quizás quiso decir: "Egibar dijo que ERA debe desaparecer".» Pues no, admirado Google. De todas formas, muchas gracias.

Insisto, no obstante. ¿Qué tal así?: 'Egibar dijo: «ETA debe desaparecer»' Tecleo… y aquí Google pierde su flema proverbial y me larga con cajas destempladas a tres entradas:

1. Una que no habla de Egibar ni de ETA.

2. Otra es de una bitácora (Etimologías), preguntando «por qué Egibar dijo, hace ya unos cuantos años, que España le daba más miedo que la ETA». ¿Y que hay del verbo 'desaparecer'? Pues que, por lo visto, «las almadrabas pueden desaparecer de Cádiz».

3. Sólo esta cita añeja de Mikel Azurmendi ('La cuestión', ABC, 2002): «Hace cinco años Egibar dijo: "No aceptaremos la derrota militar de ETA ni la derrota política de HB"… Esta misma semana dijo que ilegalizar al brazo político de ETA es preparar "un escenario de tintes diabólicos.

Ahora bien, es notorio que el buriquide guipuzcoano, alguna vez, ha deseado, rogado, recomendado, pedido o exigido que ETA desaparezca. Pero, ahora que caigo, no lo dijo como un deber, sino un tener: «(ETA) tiene que desaparecer por decisión propia», decía en mayo. Y un año antes pensaba lo mismo, para dar paso a la consulta del Plan Ibarretxe, etc.

Y ahora sí. Cruzando a Egibar con la ETA, en 90 milésimas de segundo Google encuentra hasta 1.000 veces en que el buruquide de la boca grande ha dicho eso mismo, al pie de la letra.

Aunque tampoco nos engañemos. Casi todo ese millar de referencias se reduce a unas mismas tres o cuatro veces, bastante recientes. Y siempre con apostillas, peros, condiciones y contrapartidas. Por ejemplo:

«Para que "el futuro de este pueblo sea sostenible…,ETA tiene que desaparecer", pero además el PP y el PSE tienen que"reconocer, desde el respeto, la existencia del pueblo vasco y su derecho a decidir".» Todo intento de acabar con ETA sin darle nada a cambio son ganas de que ETA se perpetúe y no desaparezca.

Según eso, aunque Egibar es capaz de repetir la frase, Google demuestra que no la prodiga. Y tanto Google como la foto de familia indican que en ese encuentro no la gritó ni coreó. Todo lo más, el ambiente distendido y jocoso podría dar esta lectura de labios:

 –Anda, Joseba, suéltalo de una vez, aquí, si te atreves.
–¿Soltar, lo qué?
–Eso. Que ETA debe desaparecer.
–Yo nunca he dicho tal cosa.
–¿Qué pues?
–ETA tiene que desaparecer. Deber, tener: no es lo mismo.
–Anda la hostia, pues es verdad. Apunta: deber…, tener… Muy bueno.

La misma foto demuestra que el jeltzale no fue personalmente mal recibido, como algunos han dicho. «Ayer no oí ni un sólo grito en contra del PNV, ni a favor de ETA», asegura Biturie, nacionalista, en 'La estrategia de E(T)A'. ¿Tapones en los oídos? Porque a otros sí les zumbaron los suyos. Por ejemplo a Urkullu, ausente de una «marcha que terminó, por cierto, siendo un clamor a favor de ETA», según Tonia Etxarri.

Sea como fuere, por propia voluntad o de encargo, Joseba ha sido de nuevo el celador de los derechos de la izquierda abertzale, el hombre de los contactos con ese mundo, para la nueva alianza, frente común, akordión o lo que suene. Con él, por él y en él, su Partido estuvo allí:

–Así que el PNV estuvo en Donostia.
–¿El PNV de Egibar?
–El PNV.

domingo, 18 de octubre de 2009

El Nobel de la vejez



El 5 de este mes era noticia: Nobel de Fisiología y Medicina 2009 para E. H. Blackburn, C. W. Greider y J. W. Szostak, por haber descubierto «cómo los cromosomas están protegidos por telómeros y la enzima telomerasa».
 


Noticia de obligada inserción en la prensa mundial, por tratarse del premio más prestigioso y conocido. Pero (salva la circunstancia de ser dos de las premiadas mujeres, y una de ellas la descubridora principal), un titular poco indicado para interesar a casi nadie. «¿Telo- qué?», habrá farfullado la mayoría; y a otra cosa.

Tal vez por eso, y algo también por inercia, el comunicado de la Real Academia Sueca que adjudica el premio cerraba la noticia con este estrambote: «un descubrimiento que abre perspectivas frente al cáncer o el envejecimiento humano», entre otros problemas.

Lo de mentar el cáncer es ya un latiguillo, en noticias de investigación biológica. Se supone que a la gente le gusta ver que su dinero se gasta en cosas prácticas de interés general, y un cáncer le puede tocar a cualquiera. Mucha gente piensa incluso que, en el reparto de fondos, la investigación del cáncer se lleva la parte del león, cuando es más cierto que otras áreas menos urgentes están mejor tratadas; por ejemplo, ese solapado mundo de la cosmética.

Esta vez, al consabido reclamo del cáncer se junta otra calamidad de la que nadie se libra, si vive lo bastante: la decrepitud. Hoy vivimos más, en parte porque vivimos mejor, y también porque se sabe más. Pero hoy como ayer y siempre, la vida humana individual pasa por un clímax, inicio del declive irreversible, inexorable. No hace falta dramatizar para entenderlo. No al menos por lo que toca a los directamente implicados, la 'gente mayor' que todavía esté en condiciones de darse cuenta. Porque muchos, ni eso.

Y bien, ¿qué promesas concretas trae el nuevo Nobel respecto al cáncer, que interesa a muchos, y a la vejez, que interesa a todos? Promesas, ninguna. Los heraldos suecos ejercen de suecos y no hablan de promesas, sólo de perspectivas.

Si esto fuese un blog como Dios manda, aquí vendría bien resumir en dos palabras qué son los telómeros y cómo funcionan. Lo primero, la palabra lo dice: telo-mero = segmento terminal. El descubrimiento de la señora Blackburn fue que los cromosomas –esas microscópicas salchichitas donde cada célula lleva empaquetada su dote o herencia biológica en forma de ADN– no se acaban de cualquier modo, sino que en cada extremo llevan una pequeña pieza especial, o telómero. No de adorno, precisamente.

1. Las células se reproducen por división, generación tras generación, y eso debe hacerse de forma correcta, equitativa.

2. Pero, por otra parte, en los organismos complejos, formados por muchísimas células, no todas (afortunadamente) son iguales y se dividen a su aire, sino que la inmensa mayoría se especializan, y en general pierden capacidad de dividirse. Sólo dos clases de células se mantienen 'inmortales' (linajudamente hablando, bien entendido): la células germinales sanas, y las células cancerosas. Les siguen en vitalidad las células embrionarias y juveniles. Las demás células del organismo forman linajes con 'fecha de caducidad', y las hay que como las neuronas del sistema nervioso, una vez maduras ya no se multiplican.

Pues bien, los telómeros son decisivos para lo uno y lo otro. Aseguran el que la división celular sea correcta en cuanto al reparto genético, y a la vez fijan el número de divisiones para cada linaje celular.

Los científicos no desdeñan explicarnos las cosas a los profanos mediante símiles fáciles de entender. Así Miss Blackburn comparó gráficamente sus telómeros a los manguitos protectores que protegen los cordones de zapato para que no se deshilachen con el uso. No estaba mal para explicar la primera de las dos funciones, la conservadora; pero nada más.

Esa campechanía a la hora de comparar me anima a mí también a ayudarme en mis cortas luces con otra parábola, para ilustrar el otro papel de los telómeros, como reguladores de la viabilidad celular.

Imaginemos un gran comedor de beneficencia, donde a cada reparto de comida accedemos la pobre gente presentando una tira de bonos personales intransferibles, de la que nos cortan uno por menú. Una tira larga, larga, significa una mayor esperanza de seguir comiendo, mientras que una tira corta de tres o cuatro bonos no augura gran porvenir.

¿Y los 'inmortales', esos privilegiados del bufé libre? Su telómero, digo, su tira debe de ser larga de verdad… Pues no. Su privilegio consiste en que llevan en el bolsillo un sellito de imprimir bonos, y así cualquiera. Ese 'sellito' con su tampón y tinta es la telomerasa, la enzima de hacer telómero. Sólo las células germinales y las cancerosas gozan de esa ventaja, que en parte también alcanza a las células embrionarias y células troncales de los tejidos en formación.

No hay símil perfecto. Mi comedor y sus bonos de comida resuelven a su modo la supervivencia individual, no la social. Aplicado a la realidad, no se trata de 'mesa' sino de 'cama': no es la comida, sino la reproducción celular. Cada individuo somos una gran república de células repartidas en clases y linajes sociales, donde la desigualdad social es la base y la clave del todo.

Obviamente, este plan orgánico no lo ha diseñado ningún 'progre' igualitario, enemigo del clasismo. Afortunadamente. Porque en Biología Celular, ese carácter y comportamiento 'progre', igualitarista –«¡vida eterna para todos!»– tiene nombre poco simpático: cáncer.

Todo esto es apasionante y nadie dirá que el premio Nobel no ha estado justificado. Un hallazgo modesto en principio abre un gran capítulo de la Biología Celular. ¿El cáncer? La telomerasa es un marcador de células tumorales, y por tanto un blanco para inhibirlas o destruirlas de forma más selectiva y segura. Por ahí, las perspectivas podrían traducirse en promesas a medio plazo. Lo mismo la obtención masiva de células troncales y células cuasi-embrionarias, sorteando el problema ético de utilizar embriones humanos.

 

Otra cosa es la cuestión del envejecimiento humano, la posibilidad de retrasar la decrepitud, o prolongar la vida a base de telomerasa. El organismo es una máquina compleja donde no todos los sistemas y piezas envejecen a ritmo igual. Pasa como en los coches: neumáticos, carrocería, motor, frenos, cada cosa tiene su desgaste y recambio.

Las mismas palabras 'viejo', 'envejecer', significan cosas muy variadas y complicadas. No todo es cuestión de telómeros y divisiones celulares. Las neuronas, por ejemplo, son células que, una vez diferenciadas, no se dividen de forma apreciable, son para toda la vida y sin recambio. Con la edad se alteran también las relaciones entre células del mismo organismo, apareciendo autoagresiones y enfermedades autoinmunes.
Cuentan de un predicador que  desde el púlpito decía: «Hermanos, como dice el apóstol san Pablo, todos hemos de morir una vez.» Más allá del chiste de citar la Biblia o cualquier autoridad en apoyo de una verdad trivial, quedan los interrogantes: ¿por qué? ¿tiene que ser así, o se puede hacer algo?
Todo indica que la morbilidad, el envejecimiento y la mortalidad vienen escritas en nuestro programa biológico. Hasta se dice que las familias longevas, vistas al microscopio, andan mejor surtidas de telómeros que la gente caduca. Veremos lo que hay de verdad en ello, y hasta que punto se puede manipular. Eso sí, una buena herencia biológica personal es una ventaja de partida, y en eso no todos somos iguales, con un premio general relativo a favor del sexo femenino.

Expresiones como «mujer enferma, mujer eterna», o «tener una mala salud de hierro», marcan la distinción entre longevidad y vida sana. Por otra parte, entre personas de la misma edad y forma física se aprecian diferencias muy grandes en las facultades mentales, que no sólo interesan a la lucidez, sino también a la memoria y la afectividad.

Y para terminar. Ante un incremento de la población provecta, con una buena proporción de individuos in bona senectute, todavía hay que tener en cuenta el rol social que se reserve a esas personas. La edad de jubilación administrativa no se corresponde con la edad fisiológica del jubilado. Además, el sistema de jubilación, a la vez que ofrece bienestar, promueve la marginación del mayor, independientemente de la edad fisiológica. Un mismo club de 'tercera edad' reúne a personas activos y a carcamales pasmarotes. Esto se traduce en pérdida de autoestima, depresión y en definitiva un desapego vital ya conocido entre los antiguos. Y eso que antes por lo general la influencia social de los ancianos lúcidos era mayor que hoy.

Una vida interior rica y a la vez abierta al mundo y al prójimo es el mejor complemento que se puede dar a la dote genética que a uno le haya tocado en suerte. Súmese a ello un régimen saludable, más cierto grado de seguridad económica, un razonable bienestar, integración familiar y social; en fin, todas esas cosillas que hacen la vida agradable y dichosa –que tampoco es tanto pedir–, y olvidémonos de contar telómeros.