domingo, 16 de agosto de 2009

Hoy, San Roque



El pueblo cristiano prefiere los santos útiles. Le importa menos que sean especialistas o multiuso, con tal que sirvan de algo y se ganen la vela que consumen. De ahí también cierto reciclaje santoral, suplantaciones incluso descaradas, préstamos y trasiegos de vidas y milagros.
San Roque llegó a ser en el Barroco uno de los santos más populares, un okupa o heredero de nichos y ermitas que antes fueron de otros bienaventurados desventurados, por así decirlo, venidos a menos. Llegó con la Peste, y por la peste ganó la gloria y el fervor popular. Cesada la gran pandemia bubónica, el prestigio del santo sanador era ya imparable, e indiscutible su poder frente a otras plagas y otros bienaventurados curanderos. 
La Peste entró en Europa en 1347/1348, con terrible virulencia hasta 1350, y ramalazos hasta fin de siglo. Quedó el recuerdo del caos, la desmoralización, orgías pecaminosas por aquí, penitentes flagelantes por allá. Pero también hubo gente abnegadas y no poca organización asistencial. 
Eso sí, aquello no era la lepra de San Lázaro ni el fuego de San Antón. Era otra cosa. Y como siempre, a aprieto nuevo, santo nuevo. Así surge la figura de Roque en diferentes ciudades a la vez, como el hombre providencial al servicio del prójimo. Los rebrotes de peste en los siglos XVII y XVIII no harán sino ponerle de actualidad. Hoy, cuando los santos ya no sirven para nada de provecho, algunos como San Roque, titulares afortunados de iglesias y ermitas,  han quedado a perpetuidad como patronos y pretexto de romería y fiestas populares.
A todo esto, ¿quién fue san Roque?
¡Ah! Esa sí que es buena pregunta. Porque si hay pocos santos tan inconfundibles como él en la imaginería, yo no conozco ninguno de fama comparable que tenga una leyenda tan confusa. Y aun diría más: San Roque podría ser un destilado y un refrito de diferentes héroes anónimos en distintos lugares, dedicados todos al mismo servicio hospitalario. De ahí el primer rasgo para explicar la aparente ubicuidad del santo: fue un joven 'peregrino'. Un catalán (de Montpellier), que pasó por Italia haciendo el bien y curando apestados. Como buen catalán, viaje de ida y vuelta.

A un personaje así le cuadra ser misterioso. Y aquí vino de perlas la leyenda de otro antiguo santo peregrino y 'hombre de Dios': San Alejo, noble romano, que por amor a la castidad en la noche de bodas deja plantada a su novia y se embarca para Tierra Santa, viviendo de incógnito en Oriente, hasta que agotado por el servicio del prójimo vuelve a casa, donde nadie le reconoce hasta después de muerto.
Así también, nuestro Roque –de la familia de los Roch o Roq, grandes señores del Rosellón, con algunos altos magistrados en Montpellier (pues parece que Roque era apellido, no nombre de pila)—, huérfano rico, cede a un tío suyo el gobierno de la ciudad y a los pobres su herencia, y peregrina a Roma. Un viaje que le lleva al encuentro con la Muerte Negra. Y para que nada falte a estas vidas paralelas, cuando al fin vuelva a casa, nadie le reconocerá. Como en la leyenda de Alejo, la imprescindible anagnórisis o reconocimiento final vendrá, como deus ex machina, gracias a un oportuno papelito que aparece en la mano del cadáver.
Leyendas, como digo, confusas. Tanto así, que los buenos padres bolandistas, al llegar en sus Acta Sanctorum al 16 de agosto se ven en un brete, hasta hacer esta protesta enternecedora: «Nosotros, siempre a favor de los santos…» (En su crítica del profeta Elías como fundador de la Orden del Carmelo, estos jesuitas ya tuvieron buena agarrada con los carmelitas; los mismos que ahora eran propagandistas acérrimos de San Roque.)
El primer problema es situar al personaje en el tiempo. La opinión más probable sería que nació hacia 1295 para morir en 1327. «¿Pero quién garantiza una cronología exacta del santo?», se preguntan.

Ahora bien, por muy a favor de los santos que un bolandista quiera estar, su erudición no le dejará comulgar con ruedas de molino. Y lo poco que encuentran de Roque es todo tardío, indocumentado y contradictorio; un collage de episodios, unos prestados, otros de relleno. Además, el desparpajo de los 'hagiógrafos' es asombroso. En Roma, el uno pone a Roque en contacto con un cardenal, que le presenta al papa; cuando es sabido que en aquel tiempo no había papas en Roma, porque vivían en Aviñón. Por otra parte, si muere en 1327 no pudo cuidar y curar a verdaderos apestados, porque lo plaga apareció más tarde en Italia.
Tampoco se sabe quién ni cuándo le canonizó. Lo que dice por su cuenta otro biógrafo es que, reunido el Concilio de Constanza «para suprimir la herejía de los griegos», el mismo Concilio en 1414/1415 declaró a Roque santo abogado contra la peste, por haber librado de ella a la ciudad. Pero, como bien notan los citados autores, ni el concilio se juntó allí para ese fin de acabar con el cisma de Oriente, sino con el de Occidente, ni consta que por aquellas fechas hubiese peste en toda la zona, ni (por decirlo en dos palabras) nada de nada, pues para entonces ya nadie se acordaba del tal Roque.
De un santo se puede ignorar casi todo, menos una cosa: su muerte. San Roque estuvo a punto de morir contagiado, y en efecto habría sido un hermoso fin para un héroe de la caridad. Pero no fue así, porque mientras estuvo enfermo y abandonado de todos, un perrito caritativo impidió que muriese de hambre trayéndole en la boca el pan de cada día, hasta que se curó. Fue entonces cuando emprende el viaje de vuelta a casa. Para más intriga, en algún lugar le toman por espía y da con sus huesos en la cárcel. Unos dicen que fue en el norte de Italia, otros que en su propia patria, Montpellier. En cualquier caso, parece que murió en la mazmorra olvidado, tal vez sin sacramentos, cinco años después. 
Naturalmente, la cosa no podía quedar así, valiente final. Por eso, los mismos que habían adornado el nacimiento de Roque con una 'anunciación' celeste, y su vida como bebé con las repetidas historias de rechazar la teta los días de ayuno, etc. etc., ahora imaginan al carcelero viendo por la mirilla de la celda a un joven resplandeciente que ayuda al preso a bien morir, dejando luego discretamente un carnet de identidad entre los dedos del cadáver.
De un santo así, las reliquias abundan de forma prodigiosa. Omitiendo detalles prosaicos de su cráneo, espinazo y otras piezas de su osamenta, baste citar para muestra su bordón de peregrino, del que existen varios ejemplares, siendo el más famoso y copiado el de París, llamado el 'bordón hexápodo' porque mide seis pies.
Aunque también, por otra parte,se afirma que en 1485 el cuerpo entero de san Roque fue robado y llevado a Venecia. También ahí ven los bolandistas algún problema. Aunque en verdad, más problema es darle cuerpo a un fantasma que cambiárselo de lugar, pienso yo. En todo caso, otros dicen que para entonces estaba en Arlés y no se movió de allí. Y lo de Venecia, bienvenido sea, si ha dado pie al Tintoretto y otros artistas venecianos para pintar tantas superficies.

La devoción de San Roque ha tenido grandes promotores en los franciscanos y capuchinos, por la pretensión de que fue terciario de la Orden. Tampoco esto último lo ven los bolandistas nada claro. Y si ellos no lo ven, menos lo verá un lego como yo, que además escribo en un pueblo donde San Roque es sólo un santo más, en nada comparable a San Antón, nuestro patrono, que sin hacer concesiones al veraneante, tiene su fiesta en el crudo enero.
No obstante, con esto de la porcina peste o gripe A, sin cura científica hasta la fecha, decid conmigo por si acaso: Sancte Rocche, ora pro nobis.

martes, 4 de agosto de 2009

Precisión



El Diccionario de la RAE registra varias acepciones del término precisión. He aquí dos de ellos:

2. f. Determinación, exactitud, puntualidad, concisión 4. f. Fil. Abstracción o separación mental que hace el entendimiento de dos cosas realmente identificadas, en virtud de la cual se concibe la una como distinta de la otra.

A lo que se ve, la Academia no recoge otra acepción retórica de precisión en el sentido de reticencia, cuando empezamos a decir una cosa y, por algún respeto, cortamos el discurso dejándola a entender.
Aquí vendría bien un ejercicio de aplicación para usar con propiedad la palabra. Empezando por la acepción número 2, haremos la siguiente

1. Precisión sobre la novedad del término vasco.

Escribiendo la entrada anterior (miércoles 29 de julio), no tuve a mano algunas fuentes habituales, que ayer he podido consultar. Sin quitar nada de lo dicho, me gustaría puntualizar y completar algún dato. Me refiero a los dos diccionarios de la lengua más importantes de los siglos XVII y XVIII respectivamente.


1.1. Sebastián Covarrubias Orozco (1539-1613), toledano, canónigo de Cuenca, fue autor del Tesoro de la Lengua Castellana, o Española (Madrid, Luis Sánchez, 1611; 2ª ed. añadida, 1673/4). Uso la edición de Martín de Riquer.


Por supuesto, la palabra 'vasco' le es totalmente desconocida. Tampoco registra 'vascongado' como gentilicio (sólo como nombre de la lengua, vascongada), aunque ya lo usó en el siglo XVI Martín de Azpilcueta, el 'Doctor Navarro' (derecha), en su Manual de confesores y penitentes (1553), que Covarrubias tuvo que conocer necesariamente.
Aquí nos interesan primeramente dos entradas sinónimas: Gascuña y Vascuña:

Gascuña. Es lo mesmo que Vascuña. Gascones y vascones.
Abraham Ortelio dice ser Navarra, según la opinión de Tarafa, y añade: Postquam autem ex Hispania in Galliam se transtulere, Gascones dicti fuere, ut hactenus vocantur.
De allí se dixo su lengua gascuence o vascuence.
Verás al padre Pineda en su Monarquia Ecclesiástica, en la segunda parte, lib. 14, cap 16, § 5, y dize assí:
«Vasconia, que agora se llama Gascuña, de la otra parte de los Pirineos; y dize bien Blondo Fabio Forliviense que Vasconia quiere dezir en lengua góthica Gothia Occidental; y en tal caso no Vasconia sino Vasgothia se avía de llamar; y es creyble aver sido assí, sino que con la corriente de los tiempos se mudan las cosas y sus nombres». Hasta aquí Pineda.

[El Tarafa citado es el canónigo catalán Francesc Tarafa, en su deficiente Crónica de los Reyes de España (Amberes, 1553), traducida del latín por Alonso de Santa Cruz (1562). Pineda es fray Juan de Pineda, franciscano, autor de una Historia Universal del Mundo, titulada extrañamente Monarquía Eclesiástica (1ª edic. completa, Salamanca 1588). No confundirle con el padre Juan de Pineda, docto escriturista e inquisidor jesuita o 'teatino', que según Góngora, tenía más de 'tea' que de 'tino', al menos como censor; y no le andaba lejos Quevedo. El Forliviense fue Flavio Biondo de Forlì (1392-1463), un secretario papal humanista y arqueólogo, precursor de Gibbon como historiador del decadente Imperio Romano. Ortelius fue el realizador del primer atlas mundial, el Theatrum Orbis Terrarum, con 31 ediciones entre 1570-1612, donde se habla de los vascos franceses como emigrantes desde España.]

Vascuña. Por otro nombre dicho Gascueña y por otro Lipúzcoa y Cantabria; comprehende en sí los pueblos de Bizcaya y parte de Navarra. La lengua de los desta tierra llamaron vascongada. Tiénese por cierto que la primera población de España fue la de esta tierra, por Túbal, tataranieto de Noé; y es cosa admirable que hasta nuestro tiempos se aya conservado sin mezcla de otra alguna, excepto algunos vocablos que por la comunicación de los demás pueblos se avrán introducido. Esta gente hasta la predicación del Evangelio vivió en la ley de naturaleza, adorando un solo Dios verdadero. La Cantabria, Guipúzcoa, Álava, Vizcaya y las demás partes del reyno de Navarra que han participado y participan desta lengua, es de la gente más antigua y más noble y limpia de toda España.

[Subrayo el entusiasmo de Covarrubias por la leyenda de Túbal y por una gente que le parecería familiar por su segundo apellido, Orozco. Nótese la inclusión sólo de «parte de Navarra», lo que lleva a una identificación del 'vascuence' como topos lingüístico.]

También conviene conocer del mismo diccionario el artículo siguiente, donde el gasto lo hace básicamente Garibay:

Cantabria. Provincia en la España Tarraconense, que confina con las Asturias, de donde el mar Océano, vezino a ella, se llama Cantábrico. Vulgarmente se dize Vizcaya, y por otro nombre Lipúzcua o Guipúzcoa.
De los vizcaínos se cuenta ser gente feroz y que no viven contentos si no es teniendo guerra; y sería en aquel tiempo quando vivían sin policía ni dotrina. Agora esto se ha reduzido a valentía hidalga y noble, y los vizcaínos son grandes soldados por tierra y por mar; y en letras y en materia de gobierno y cuenta y razón, aventajados a todos los demás de España. Son muy fieles, sufridos y perseverantes en el trabajo. Gente limpíssima, que no han admitido en su provincia hombres estrangeros ni mal nacidos. Dellos escribe Silio Itálico:

Cantaber ante omnes hyemisque, aestusque, famisque / invictus.

Y luego hablando de los mesmos:

Nec vitam sine Marte pati: quippe omnis in armis
Lucis causa sita est, damnatam vivere paci.

Escriven de los cántabros, que quando vencidos de sus enemigos los enclavaban en las cruzes, que en aquel tiempo eran como agora las horcas, mostravan alegría y contento, cantando canciones en su lengua. Díxose también Cantábriga, según algunos autores de Brigo. Vide Estevan de Garibay, lib. 4, caps. 3 y 7.

[Aparte la misma visión idealizada del 'vizcaíno', hidalgo noble por su propia naturaleza y virtud, conviene precisar lo de «aventajados en letras», que como explicó Caro Baroja, se refiere a lo que se llamaba 'cosas de pluma', es decir, de escribanía, empezando por la caligrafía y siguiendo por la redacción y la contabilidad –«cuenta y razón»–, lo que les hizo destacar como buenos secretarios. En cuanto a lo de «gente limpísima», se refiere a 'limpieza de sangre', con un toquecito racista que ya apuntaba en aquellos orgullosos hidalgos, en una tierra inhóspita para 'extranjeros y mal nacidos': los que finalmente se señalarían como maketos, pero que de momento eran sólo judíos y moros, como también gabachos, tudescos o ingleses apestosos de herejía. Los versos latinos de Silio Itálico (siglo I) son de Las Guerras Púnicas,), poema épico muy apreciado entonces porque se creía que el autor fue sevillano de Itálica.]

Covarrubias no dedica entrada al vascuence. Sin embargo, en Bizarría propone esta etimología: «Otros dizen ser nombre bascuence 'bizarría' y 'bizarro', y que vale tanto como 'hombre de barba'…; y assí la bizarría no sólo se muestra en el vestido, pero también en el semblante y en la postura de la barba y vigotes». El mismo origen vascongado (bizarro = bizardun o 'barbado', de bizar, barba) había publicado poco antes Baltasar de Echabe en sus Discursos de la antigüedad de la lengua cántabra bascongada (Méjico, 1607), opinión que conoce la Academia, como vamos a ver.

1.2. El primer diccionario de la lengua autorizado fue el de la Real Academia Española (6 tomos, 1726-1739), llamado 'de Autoridades', por las citadas para ilustrar las entradas. Veamos las que no interesan:

Despachamos primeramente Bizarría, artículo basado en Covarrubias, suspensa la etimología entre el árabe, el italiano y el bascuence. Opinión esta última que subleva a don Juan Corominas en el extenso artículo Bizarro, a favor del italiano (Corominas-Pascual, Diccionario etimológico castellano e hispánico, 1: 595-597).

El 'bascuence', escrito con be en el artículo 'bizarría', tiene en este Diccionario entrada propia con uve:

Vascuence. s. m. El idioma, ù Lengua de Vizcaya. Lat. Idioma Cantabricum. Ambr. Mor. lib 9, cap. 3. De lo dicho resulta entenderse, cómo no tienen buen fundamento los que quieren decir, que la lengua que los Vizcaínos agora tienen, y llaman Vascuence, fue la común antigua de toda España.

Vascuence Se llama también lo que está tan confuso, y obscuro, que no se puede entender…

Vascongado, da. adj. que se aplica al dialecto de Vizcaya. Lat. Cantabricus, a, um. NAVARR. Man cap. 22. El qual, si viera los Obispados de Castilla, Navarra, y Francia, en que hay Vascongados, y Romanzados, no dixera esto.

[La 'autoridad' para el caso, Navarro, es el citado Azpilcueta en su Manual de confesores, lo que prueba que ya en el siglo XVI se decía vascongado, no sólo del idioma, sino de los que lo hablan, los euscaldunas.. La otra autoridad anterior es Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II y contrario a la tesis vascoiberista de Garibay]

Lo que no existe para el Diccionario es el término vasco, ni como adjetivo ni como gentilicio. Sólo unas décadas más tarde el adjetivo hará inclusión como galicismo, desde Francia.
Sin embargo, hay una entrada que a primera vista haría suponer la presencia de 'vasco' desde mucho antes. Me refiero a la voz

Basquiña. s. f. Ropa, o saya que trahen las mugéres desde la cintúra al suelo, con sus pliegues, que hechos en la parte superior forman la cintura, y por la parte inferior tienen mucho vuelo. Pónese encima de los guardapieses y demás ropa, y algunas tienen por detrás falda que arrastra. …

La relación entre 'basquiña' y 'vasca' es obvia para Corominas. Incluso existe la variante basca, 'especie de jubón' (dice), V. basquiña. Veamos pues:

Basquiña, del port. anticuado vasquinha íd., diminutivo del gentilicio vasco. 1ª doc.: 1547, Palmerín.

En portugués se halla también desde el s. XVI. El uso en la Península ha de ser algo anterior, pues el fr. basquine, de uso frecuente en el siglo XVI y tomado del castellano, ya aparece en 1535 (Schmidt, ref.). Baltasar del Alcázar emplea la forma castellanizada basquina, de donde viene el fr. basquine, ya en Rabelais, Gargantua, cap. 56 (Sainéan, la Langue de Rab. I, 164). Ast. basca 'vestidura parecida al jubón, hecha de bayeta' (V.). El hispano-árabe gaskûn traducido "camisia" por R. Martí, y procedente también del lat. VASCONEM (>gascón) ha de tener origen semejante; pasó al val. basquinya (= cat. faldilla) a. 1575… (Corominas-Pascual, 1:536).

¿Qué decir de ello, y en especial de lo que marco en negrita y amarillo? Con todo respeto a filólogos tan autorizados, creo que la palabra no deriva del castellano 'vasco', sino del francés basque. De hecho, ya dice que la variante arábiga para Ramón Martí (siglo XIII) en femenino sonaría igual que 'gascona'.
La primera referencia francesa, 1535, es precisamente el año de publicación del Gargantua. El citado cap. 56 es muy interesante para la nomenclatura del traje, tanto femenino como masculino, pues describe la supuesta moda de vestir en la imaginaria Abadía mixta de Thélème. Allí se dice que las monjas, por debajo de la camisa, «vestoient la belle vasquine, de quelque beau camelot de soye» (vestían la hermosa vasquiña, de cierto hermoso camelote de seda). Un oximorón irónico, pues los camelotes se hacían de pelo de camello, o en su defecto de cabra, algo insoportable para las refinadas telemesinas. De camelote eran, por ejemplo, los cilicios de penitencia que se llevaban a flor de piel, como aquí la basquiña monjil, que siendo de seda, bien estaba para por debajo de la camisa.
Por cierto, la anotadora de la edición que uso de Rabelais, Oeuvres complètes, París, Seuil, 1973, pág. 200, despacha la vasquine definiéndola como 'corset très raide' (corsé muy tieso), que no sé de dónde lo saca, para señoras tan finas como las del camelote sedoso. Camelote (dice): forte étoffe de poil de chèvre (paño fuerte de pelo de cabra). Y así todo por el estilo. Sin comentario.

2. La precisión como operación lógica y figura retórica.

Aquí podríamos tomar como ejemplo las declaraciones de Joseba Egibar sobre ETA que publicaba ayer El Correo. No sobre el final de ETA, sino sobre su «decisión de parar», cosa que según el político jeltzale debe tener «un final dialogado», porque si no, ya se sabe (o por lo Menos Egibar lo sabe), «este tipo de fenómenos puede rebrotar».
Aquí sí que hay 'precisiones' a barullo (abstracción, reticencia, de todo...). Lástima que lo anterior ha salido un poco largo y no queda sitio para otro tanto. Otro día será.

miércoles, 29 de julio de 2009

A vueltas con lo vasco




 

Por una experiencia estrictamente familiar, tengo la idea de que el término 'vasco', tan extendido hoy, estaba mucho más restringido en la época de mis abuelos. Recordando …, me queda la impresión de que para ellos el término 'vasco' era algo que sólo usaban para 'pelota vasca', para 'Pais Vasco' (el de Francia), y poco más. Que la idea de 'cultura vasca' es algo que les hubiera producido una carcajada, y que el término aplicado a una persona les hubiera resultado directamente ofensivo.
La pregunta es: ¿En qué contexto / significado figura el término 'vasco' en la literatura de, digamos, antes … de Arana? ¿Aparece con su significado moderno con alguna frecuencia?
Por supuesto, digo esctrictamente 'vasco'. No vale ni euskérico, ni euskalerríaco, ni vascongado, ni cualquier otra variable que podría parecer comparable, pero es bien distinta.

Esto decía y preguntaba PLAZAEME (27 de julio, 20:43), como puede verse completo en su lugar, junto con mi respuesta de alcance, donde le ofrecí tocar el tema, no sin antes «invocar a santa Ana y a los Catorce Auxiliadores».
Ahora (resuelto un problema de conectividad a Internet), he ahí la pregunta y mi reflexión, bien poco autorizada en verdad, sobre esa faceta de la 'cuestión vasca'.

1. Si se permite empezar con una boutade, el término vasco es traducción del alemán, die Basken, baskisch, 'los vascos', 'lo vasco', a través del francés, basque. Es un modo de recordar que los vascos del siglo XIX se enteraron de que también podían denominarse así, porque así era como les llamaban estudiosos foráneos de la etnia y lengua éuscara o vascongada, como el alemán Alejandro de Humboldt (1769-1859)(foto), o el francés Luis Luciano Bonaparte (1813-1891).
No obstante, la prioridad de hecho respecto a España fue francesa. Basques era sinónimos de aquitanos, los franceses de Aquitania-Gascuña, incluido el Pays Basque. El origen del término es oscuro, aunque es patente su relación con gascón, equivalente a vascón. No faltó la seudoetimología: basco, de baso, monte (la gente montaraz).

2. Antiguamente los nombres de pueblos y gentes eran plurales: Vascones. En los autores latinos, eran una de las 'tribus' entre el Pirineo occidental y el Ebro, junto con los Varduli, Caristii y Autrigones. Superpuestos al mapa moderno regional, es debatida la correspondencia con las provincias de Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya nuclear y Encartaciones/Mena/Merindades de Castilla-Vieja.
Este esquema deja fuera a los vascos franceses (lo que ahora llaman los nacionalistas Iparralde). Algún tiempo se supuso que eran 'invasores', procedentes del país vasco-navarro español (lo que ahora se llama en nacionalista Egoalde). Coincidiendo en parte con esa idea, la citada prioridad del francés basque respecto al español vasco ha hecho que a menudo 'vasco' haya significado 'vasco francés', o bien como adjetivo, lo propio de allí.

3. La gente de 'aquí' se llamaron primero vascones (o báscones). La toponimia de repoblación medieval registra nombres relacionados, como Báscones, Vasconcillos, Bascuñana (Basconiana) etc. En toda la época goda y hasta la Baja Edad Media se habla de vascones. En el siglo XV aparece vizcaíno, que terminará suplantando a vascón. Pero, como me hace notar Jon Juaristi*, en Lope García de Salazar era todavía término nobiliario, reservado a las Familias de los 'Parientes Mayores' que se repartían el señorío. Liquidadas las guerras banderizas, vizcaíno se extiende a todos los naturales de Vizcaya, y aun a todo el País Vasco, donde se hablaba el 'vizcaíno' o vascuence (eusquera).
Una consecuencia de tal generalización fue que el sello nobiliario del término se generalizó en forma de 'hidalguía general', que funcionó como privilegio foral hasta la abolición de los estamentos nobiliarios. Para toda Cantabria y Castilla, vizcaínos eran todos los que hablaban el vizcaíno o vascuence, a menudo con connotaciones no tan positivas. (Ya Iturriza recogió la 'etimología' Bizcaínos, bis Caines –doblemente Caínes−, tan improbable para puesta en la augusta boca de nuestro frustrado conquistador romano.)

4. En la época de la Ilustración (siglo XVIII) se usa mucho el término 'vascongado'. A algunos les ha molestado ese nombre, y recuerdo que el desaparecido filólogo Hendrike (no sé si lo escribo bien) Knörr arremetía contra la denominación 'Provincias Vascongadas', suponiéndola más joven de lo que es, pero sobre todo atribuyéndole valor, que no tiene, de sujeto pasivo: «¿vascongadas, por quién?», preguntaba retóricamente. ('Vascongado' existe al menos desde el siglo XVI.)
De aquel siglo XVIII data la todavía viva Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, con el lema bíblico juaneo (1 Juan, 5: 7-8), Irurac bat, mero deseo piadoso, por lo que respecta a las tres Provincias Vascongadas. La difusión de sociedades ilustradas filiales o similares dio pie a la extensión Laurac bat, comprendiendo también a Navarra, pero no con el anhelo anexionista de hoy, ni nada parecido.

5. El primer romanticismo, con Herder (m. en 1803, un siglo antes que Sabino Arana) supondrá un redescubrimiento del 'pueblo de los Vascos', con todas sus consecuencias ideológico-políticas, pero también como cosa de interés científico, en especial en la lengua. Humboldt, el gran científico universal romántico, fue también el divulgador universal del término 'vasco', aplicado a unas gentes y a su lengua. Humboldt era prusiano, pero aparte de conocer el español, la lengua científica de la época era el francés.
A fines de aquel siglo XVIII y principios del XIX ya la influencia francesa ha introducido aquí el galicismo 'vasco'. Pero un Mogel, o un Astarloa, todavía no dicen, por ejemplo, «Fulano es vasco», o «nosotros los vascos». Lo emplean como adjetivo, sobre todo para la lengua vasca, la que antes se llamaba lengua vizcaína o vascongada y vascuence. Vascuence (del adverbio latino vasconice, 'a la [manera] vascona') es el equivalente literal castellano de eusquera; pero 'el vascuence' ha tenido también la acepción geográfica de 'el territorio donde domina el vascuence'.
Aquella primera entrada tímida de 'vasco' al sur de Pirineos será seguida por la incursión en tromba del mismo término, ya en la época romántica, y su implantación en la post-romántica, es decir, a lo largo del siglo XIX. 'Vasco' seguirá siendo adjetivo; pero más importante es su consagración como sustantivo, suplantando a los viejos términos como nombre principal gentilicio: los vascos. Así el navarro Navarro Villoslada subtitula su novela romántica imaginaria, Amaya, o los Vascos en el siglo VIII (desde 1877).
Es por otra parte una época empapada en las fantasías y paparruchas dieciochescas del 'celtismo-druidismo' y las supercherías osiánicas. Dejado el estudio de lo vasco en manos de diletantes, el resultado se puede imaginar.

6. Todo esto es anterior a Sabino Arana y al nacionalismo vasco. Los vascólogos, que escriben, hablan y piensan fundamentalmente en términos y categorías, digamos, erdéricas, no-vascas, usarán 'vasco' como término principal, en paridad con 'vascongado' como adjetivo, reservando para momentos más líricos términos como 'vascón', 'éuscaro', 'euscariano' y otros. Unamuno, por ejemplo, en artículos escritos por los años 80, que recogerá en De mi País («País Vasco»), puede decir indistintamente «nosotros los vascongados», o bien «los vascos».
En cuanto a euscaldun, que de suyo designa al 'dotado de vascuence' o poseedor de la lengua vasca, al cavilador Sabino Arana le pareció que, en un momento en que muchos vascos no eran 'euskaldunes', convenía inventar término para ellos, ya que a todos iba dirigida la buena nueva de la patria nacional, Euzkadi*. De ahí surgió el neologismo sabiniano euzkotarra (oriundo de Euzkadi). Sin embargo, Arana como político no estuvo muy volcado en los vascos, sino en los vizcaínos o bizkaitarras. Su Partido Nacionalista Vasco tuvo como nombre de origen JELZ, acrónimo de Jaungoikoa Eta Legi-Zarrak (Dios y Leyes Viejas). De hecho, el afiliado o simpatizante del partido, y el propio partido, se llama jeltzale. En los años 70-80, Unamuno es más 'vasquista' que Arana.
Arana muere en 1903. Desde principio del siglo hasta 1920 aproximadamente, lo 'vasco' cobra y goza de gran prestigio, no necesariamente nacionalista. Se funda la Sociedad de Estudios Vascos, una Academia de la Lengua Vasca.

7. PLAZAEME en su exordio se ha referido a experiencias personales limitadas. Más o menos, todo es limitado, relativo, concreto y, sobre todo, mudable. El reciente fraude de Veleia, con todo lo lamentable y grotesco que ha sido, tiene al menos una enseñanza. Las inscripciones en vascuence, saludadas con inexplicable alborozo por una autoridad académica como el citado Knörr, se vinieron abajo en cuanto alguien inteligente las leyó y… las entendió. Bastante milagro es el eusquera real, como para colgarle ese milagro imposible, a saber, una fijeza que permitiera a un escritor del siglo III-IV comunicarse con cierta fluidez con lectores del XXI, cuando un euskaldun corriente de hoy tropieza en los textos vascos del siglo XVI-XVII. Todo evoluciona, hasta las lenguas milenarias, y también los vascos que, de puro antiguos, «no datamos». En efecto, pasa lo mismo con la 'raza'. Físicamente, los vascos como grupo humano son semejantes a su entorno racial atlanto-mediterráneo, aunque un acusado aislamiento haya acentuado algunas diferencias desde época incierta. La hipótesis de una raza preindoeuropea relíctica está en entredicho. Una tipología 'vasca' es más clara para los pintores y escultores post-románticos que para los antropólogos.
Visto muy por encima el origen intelectual de 'vasco' en su acepción moderna, tampoco debe sorprendernos, por una parte, cierta evolución semántica en este tiempo de unos 200 años, y por otra, la asimilación desigual de voces y acepciones en distintas áreas, momentos y hasta pueblos o barrios.
Al término euscaldún se opone erdeldún (ya discutido aquí en otra ocasión), que significa 'el que posee el no-vascuence'. Es pues ante todo una referencia lingüística. Sin embargo, en Caro Baroja leo que, siendo niño, en Vera de Bidasoa, algunos lo aplicaban a modas de vestir exóticas, 'no vascas'. Me dice Juaristi que en Maeztu, donde veraneaba, los veraneantes eran los 'vascos'. Y yo mismo recuerdo de niño y joven haber oído en la familia y entorno expresiones como 'muy vasco', para referirse a gente destacada por su acento, modismos de lenguaje o formas de vestir aldeanas (mujeres 'de pañuelo a la cabeza', bien entendido, el pañuelo negro con orejitas, que tan magistralmente se anudaba la madre de mi aña, aldeana ayalesa).
Finalmente, como curiosidad, recuerdo por los años 40 el uso corriente de vasco como sinónimo de bueno o excelente; pero jamás oído por mí en el País Vasco, sino en tierras de León.

8. Ser o no ser vasco (Espasa, 1998), es una recolección de artículos de don Julio Caro Baroja; un titulo puesto, a lo que veo, por el compilador y amigo mío Antonio Carreira. Se puede ser vasco como ser judío: quien dice que lo es. Se puede ser vasco como ser bilbaíno: naciendo donde a uno le da la gana. Se puede incluso ser y no ser vasco al mismo tiempo, como es mi caso: vasco, como nacido en Vasconia, hijo de padres vascos en igual sentido, ciudadano de la Comunidad Autónoma Vasca; pero no-vasco, por no tener ni un solo apellido vasco conocido, ningún antepasado vasco demostrable, y desde luego, por no experimentar en absoluto ciertos pálpitos que los que se nombran abertzales aseguran sentir, en relación con 'lo nuestro, lo vasco'. En esto último, como en identificar 'lo vasco' como 'lo nuestro', lo identitario frente a 'los otros', renuncio a toda pretensión de vasquidad, incluso ante testigos y notario, si no hay otro remedio.

* Agradezco a Jon su información y datos sobre el tema, sin hacerle responsable de errores, deformaciones y malentendidos, exclusivamente míos. La bibliografía de Jon Juaristi es bien conocida y asequible.

** El neologismo sabiniano Euzkadi se ha criticado como incorrecto, porque el sufijo –adi es propio de especies vegetales. Sin decir que la palabra me guste ni poco ni mucho, pienso que Arana pudo inspirarse en gizadi, 'gentío'.