sábado, 23 de abril de 2016

Reinsertado, candidato a Lendacari




A Parmenio, que en un texto conciso y claro 
me indujo a conocer el contenido de la entrevista 
que aquí se relata.


La salida de prisión de Arnaldo Otegi  se ha hecho notar, no tanto por la esperada acogida triunfal y homenajes de los suyos, como por la pleitesía mediática. En especial. la entrevista de Jordi Évole en su programa ‘Salvados’, a la que se se anticipó la RTV Vasca improvisando  otra entrevista un tanto peculiar, en el contexto de un telediario.
De ninguna de ellas pensé ocuparme aquí, pues aparte de parecerme impropio tal despliegue, se trata de un personaje que no me inspira simpatía alguna. Con lo cual sobra todo comentario.
Sin embargo, el jueves 21 de abril se ha dado a conocer una macro encuesta ‘Focus’, de alta fiabilidad según dicen, lanzada también por la RTV vasca. Allí aparece Otegi como líder político vasco, en cotejo con otros que no han estado en la cárcel por delito común, ni llevan sobre sí el estigma de doble sentencia firme por pertenencia a banda armada y terrorismo, sin que ello le impida alcanzar cota de valoración popular aventajada, incluso como presidenciable. Casi 13 de cada 100 votantes le desean como próximo lendacari. Sólo el actual, Íñigo Urkullu, le gana en ese aspecto.
Esta puntuación, más la combinatoria política que arroja la encuesta, hacen previsible que el ex convicto Arnaldo Otegi pueda ser, si no el lendacari, al menos vice. En todo caso, entraría de nuevo con fuerza en el Parlamento Vasco, si resultare vana la pena que se le impuso de inhabilitación para cargo público.
Es decir que ese hombre de ETA entra de nuevo en nuestras vidas –válgame la expresión–, y con él de algún modo ETA regresa al Parlamento Vasco. Por esa razón, venciendo la repugnancia, he visitado la entrevista de ‘Salvados’, para conocer en directo las últimas declaraciones públicas de quien puede jugar un papel político importante en nuestro próximo futuro.
Otegi empieza diciendo que su regreso ha puesto nerviosos a sus adversarios políticos del Estado español, que que quieren verle de nuevo en la cárcel. Como simple ciudadano, a mí la vuelta de este sujeto al ruedo político no me pone de los nervios, simplemente me pone los pelos de punta; y no tanto por miedo a él, como a la sociedad en que me ha tocado vivir.
No voy a incidir en lo que otros han destacado de esa entrevista, situada en el escenario rural y solitario de un caserío. (¡Ah, siempre el dichoso caserío en toda la perorata nacionalista! Todo empezó en el caserío Larrazábal, en Begoña, 3 de junio 1893.) Si me he metido en un espectáculo de exhibicionismo obsceno en toda su duración de una hora larga, no es para emitir apreciaciones siempre subjetivas, sino para situar y decorar el ‘escenario’ –por decirlo en término caro a la izquierda patriótica vasca– que nos aguarda, si finalmente se impone el ideario de Otegi.
Una primera dosis de entrevista me hizo ver, desde el principio, que el entrevistado se contradice una y otra vez. Así me propuse ir sacando las contradicciones, analizarlas y tabularlas de forma sistemática. Algo así como se hacía con las ‘proposiciones erróneas’ en el debate escolástico. Pronto vi que era trabajo inútil, pues las aparentes ‘proposiciones’ son todas ellas facetas y visos de un mismo monocristal, una sola y misma contradicción de cabo a rabo. Contradicción que radica toda ella en la perversión del lenguaje.
Nosotros/ellos, el pueblo, el Estado, violencia, terrorismo, sufrimiento, paz, ética…; hasta el verbo existir (¡quién lo diría!): en la dialéctica de Otegi no son términos con significado preciso, ni siquiera aproximado. Son comodines dialécticos. Como podrían ser comodines matemáticos, según se tercie.
Tras un Preludio (3 m) sobre la salida en triunfo del protagonista preso, viene el Psicodrama Catártico en tres actos, seguidos de un Epílogo (2 m). Los títulos de los actos, acertados o no, son de mi cosecha:
Acto I: Tras la experiencia carcelaria   (0:04:00-0:09:30)
Acto II: De terrorista a hombre de paz (0:09:30-0:43:39)
Acto III: Preparándonos la paz (0:43:39-1:02:00)


ACTO I.
Exterior rural, junto a un caserío. AO y JÉ, en pie frente a frente.
–Para muchas personas, tú sigues siendo un terrorista. Para otros, eres una pieza fundamental en la consecución de la paz en Euskadi.
Yo no me considero un terrorista para nada. Para nada. Sobre la definición de terrorismo habría un gran debate que hacer..., y hay grandes dificultades para definir lo que es y no es terrorismo…  El debate semántico no nos conduce a muchos sitios. Bueno, la gente juzgará cual es mi contribución, o no, a la causa de la paz en este país.
El debate semántico: ¡pero si es AO quien lo plantea! Si hay algún terrorismo de libro es el de ETA, que como tal terrorismo lo diseñó (dentro de su concepto de ‘lucha armada). Mal empezamos. Otegi «respeta a la gente» que le tiene por terrorista, como también apela a la gente sobre su papel de pacificador. Lo uno y lo otro debe de ser cosa de opinión pública, nada personal. Lo que salga de las elecciones. Por lo demás,
–Nosotros nos hemos hecho una autocrítica, hemos reconocido el dolor causado, y yo no tengo ninguna duda, ninguna duda (bis), de que tenemos que hacer más. Esto también genera problemas entre nosotros, porque hay gente que dice: ‘Y ellos, ¿cuándo van a pedir perdón?’ Y yo les digo: Ellos no van a pedir perdón nunca. Pero nosotros tenemos que hacernos las autocríticas necesarias, porque nosotros no somos como ellos. Porque el día que ellos consigan que nosotros seamos como ellos, es que han ganado, y nosotros eso no lo podemos permitir.»  
Obsérvese la reciprocidad: Nosotros hemos reconocido el dolor causado, pero ellos no van a pedir perdón nunca. También la ambigüedad: Nosotros (¿los terroristas, los etarras, los nacionalistas, los vascos?) y ellos (¿nuestras víctimas, el estado y sus fuerzas represoras, el GAL, los españoles?). Luego volvemos sobre la meritada ‘autocrítica’. De momento nos quedamos con el tonillo moralizante de Arnaldo a los suyos.
Min. 07:20. Evocación de la dureza de la cárcel:

«Seis años y medio: no tan larga como la de compañeros y compañeras que siguen en las cárceles españolas», a los que saluda. Otegi ha perdido a su madre, a su suegra, amigos… y eso « se vive con angustia y con mucha impotencia» –aunque entre dientes reconoce que él pudo estar con su madre y despedirse de ella–, recordando, «para que la gente se haga una idea», cómo «de pronto te avisan que llames urgentemente a casa, y uno se da cuenta de que  ha pasado algo grave, lo peor de lo peor».
Y aquí el hombre se embarca en una reflexión sentimental, sin desperdicio (8:15):
«Eso a mí me llevó a una reflexión: cada vez que ETA cometía un atentado, con resultado de muerte, o de heridos, alguien llamó también por teléfono a los padres, o a los amigos, o a los hijos de esa persona, y les dio la brutal noticia de que su ser querido había muerto. Entonces, lo que dices es, joder, es un motivo de reflexión. Porque, luego también, a la hora de analizar la violencia hay que distinguir varios planos. Uno es el plano humano, otro es el ideológico y otro es el político, ¿no? En el plano humano, creo que tenemos la gran posibilidad de encontrarnos.»
El sofisma es tan rudo, que hasta Jordi corta el rollo, y el propio Arnaldo se da cuenta de que alguna diferencia hay entre que te avisen de una muerte natural, o de otra, digamos, artificial o preternatural. Y Otegi reconoce lo obvio, aunque sólo sea para remachar el mismo clavo (8:50):
«Es evidente. No estoy diciendo que sea en el mismo plano. Pero en el plano humano, el nivel de sufrimiento que se da en un caso y otro es… ¡Bueno! Quie… No lo sé, no lo sé. Pero yo creo que es sustancialmente bastante parecido. Otra cosa es que no pueda ser comparable, evidentemente. Si yo he dicho antes ... pido perdón. Yo no quiero comparar para nada una y otra situación. Lo que quiero decir es que …. aproximarnos en términos humanos a la tragedia que ha vivido el país en una parte en otra, yo creo que sería un buen instrumento para avanzar.»
Análisis fino, como de cirujano discutiendo sobre lesiones. El socializador del sufrimiento ha querido hacerse el melindroso y no se le da. Hasta para el actor AO la situación resulta incómoda y los montadores escénicos así lo entienden. Cae el telón.


ACTO II
Caserío de Txillarre. Salón del mismo, reformado a la moderna. JÉ. y AO. sentados a uno y otro lado de una mesa, junto a un ventanal al campo, departen ante sendas tazas de cafe.
Jordi inquiere sobre la implicación política de Arnaldo (9:30):
–¿En tu casa se hablaba de política?
–¿De joven? Yo pertenezco a una familia ... (?) de la Guerra Civil, y en ese ambiente nosotros nos reivindicábamos como claramente antifascistas, como claramente de izquierdas y como claramente independentistas. Pero tampoco era un tema de que se hablara habitualmente. Estaba en el ambiente, más que otra cosa… Yo pertenecí a la rama político-militar de ETA durante el franquismo (sic).
–Pero tú fuiste miembro de ETA en democracia.
–No. Yo fui condenado por el secuestro de un directivo de Michelin, Luis Abaitua Gomeza, que además creo que después falleció creo que falleció con un cáncer.
Entonces fuiste detenido como miembro de ETA, creo que en el año 87.
–Sí, pero yo fui detenido viviendo en Iparralde, que es lo que nosotros llamamos, en la zona norte del país, haciendo vida normal allí, ¿eh? Me detienen entonces. Entonces es cuando me arrearon los sumarios que tengo en la Audiencia Nacional.
Que eran de estos secuestros del año 89 (sic! lapsus, por 1979)...
–Eso es, eso es. Pero yo siempre negué mi participación en esos hechos. Yo fui condenado negando mi participación en los hechos. Y además yo puedo acreditar el nivel de la denuncia de torturas que yo sufrí por manos de la Guardia Civil, que fue incluso denunciado delante de Naciones Unidas.
–Pero fuiste condenado.
–Fui condenado a 6 años de cárcel por ese secuestro, de los que cumplí prácticamente cinco y algo…
–¿Jamás has participado en el secuestro?
–Jamás. Yo negaré siempre que haya participado en el secuestro.

Hay que reconocer que Jordi Évole no trae bien hechos los deberes, no se sabe bien la vida y milagros de su entrevistado. Y éste se aprovecha  para seguir equivocando:  « –¿Tú fuiste de ETA en democracia? –No; yo fui condenado por el secuestro de un directivo…»  Veamos eso de ‘ser de ETA’ y ‘en democracia’.
La expresión ‘en democracia’, como referente cronológico, se entiende al menos desde que se aprueba la Constitución española de 1978. En rigor sería correcto adelantar la democracia española post franquista al año anterior, 1977, en que se celebran las primeras elecciones democráticas. La retórica disidente gusta de hablar de seudo democrácia, o democracia deficiente, pero es sólo eso, retórica. AO dice que él no fue de ETA en democracia, lo cual es más falso que verdadero. Fue y se hizo de ETA durante el franquismo, pero siguió siéndolo en la Transición democrática (1975-1978) y en democracia. La cuestión es si ha dejado de serlo, y desde cuándo.
A la pregunta de JÉ, AO sale por la tangente de su detención y condena, en 1987, por un secuestro que tuvo lugar en 1979 (lo de JÉ es obviamente un lapsus), y cuya víctima fue el directivo de ‘Michelín’ en Vitoria, Luis Abaitúa. A éste, AO le pone un segundo apellido falso, Gomeza. ¿Lapsus también? Curioso lapsus, en todo caso, pues Abaitúa Gomeza, José Ignacio, (“Marquín»), fue un etarra huido a Francia en 1972, amnistiado en 1977 y vuelto a España en 1984.
Otegi fue condenado por su participación en el secuestro de Luis Abaitúa Palacios durante 10 días. Condena que cumplió en su mitad –bastante menos de lo que él reconoce–, aunque niega su implicación, con la coartada de vivir entonces al otro lado de la frontera con Francia, « haciendo vida normal». Todo lo normal que pueda ser la vida de un huído de la policía española en 1977 (durante la Transición), al descubrirse su militancia en ETA.

Para contraste con esa negativa, aparte del sumario, sirva esta versión reciente de los hechos. Por ella parece que Otegi por entonces, como carcelero, no había hecho autocrítica ni alcanzado los niveles de humanidad que ha descubierto en Logroño.  

Dejar ETA, y por qué: catarsis fallida
(11:37)

–¿Por qué decides dejar ETA?
Un reinsertado convencional respondería algo así como que lo hizo tras percibir la fealdad del crimen. Quien no se reconoce terrorista y niega haber cometido el crimen por el que cumplió condena, insinuando tal vez que le fue imputado bajo tortura, tiene que buscarse otra coartada. Un poco de teoría puede ayudar:
–Porque en un momento determinado considero que existen canales para hacer actividad política, ¿no? El debate de la violencia ha existido en la izquierda a lo largo de la historia… La izquierda siempre se ha debatido entre la toma del poder por las masas revolucionarias y la toma del poder por las vías democráticas.
–O sea que si no se utilizaba la violencia no se podía llegar a donde queríais llegar.
–Eso es. Pero no es algo que yo consideraba, es algo que la izquierda revolucionaria del mundo ha considerado siempre. Nosotros somos hijos de la lucha vietnamita, de la lucha argelina, la revolución cubana. Somos hijos de esas experiencias históricas... Conseguir un socialismo, un régimen de igualdad, en un determinado país, era imposible si uno no tenía capacidad también en términos militares. Eso visto desde ahora puede parecer algo absolutamente brutal, pero lo que quiero con esto es transmitir que no era algo, digamos, que se movía sólo en el País Vasco, o que la violencia nació en la historia de la humanidad con ETA. No, no, no. Es que la utilización, o no, de las vías armadas en la izquierda mundial es permanente.
Proyectar la noción de ‘izquierda’ a la noche de los tiempos, acaso hasta Caín y Abel, y la de ‘vías democráticas’ a los tiempos antiguos, se antojará tal vez anacronismo ingenuo. Lo que ya tiene menos pase de ingenuidad es insultar en bloque a todas las luchas nobles habidas por la libertad y la justicia, metiéndolas en el morral del terrorismo etarra. Para ello basta con hacer de la violencia y de la lucha armada comodines multiuso. De paso tomemos nota sobre la filiación democrática de la Izquierda Abertzale: hijos de la Revolución Cubana.
–Pero en la historia de ETA ha habido más de 800 asesinatos… Uno de ellos fue el de Fernando Buesa.
–Sí.
–Había sido vice lehendakari del Gobierno Vasco, compañero tuyo en aquel momento en el parlamento Vasco…
–Sí.
Arnaldo asiente con la cabeza, sabe de qué va Jordi, y a dónde quiere llevarle… ¿O no? Pues parece que no:
–Quisiera que escuchases a su hija, a Sara Buesa.
Jordi Évole tira de tableta, y aparece en pantalla la joven. ¿Una amargada vengativa? ¡Quiá! Tan campechana, para contar una anécdota chusca de su aita. De cuando aún vivía, claro, antes de su ejecución por ETA en febrero de 2002.
En una sobremesa familiar, el padre fumador saca un mechero, y he aquí que lleva el emblema de Euskal Herritarrok. ¿Cómo así? Se lo había regalado Arnaldo Otegi. Al parecer, Fernando en una intervención parlamentario no recordó el nombre de guerra de sus adversarios políticos. Luego, en la cafetería, se le acercó amablemente Arnaldo, que le regaló el mechero en cuestión, para que tal olvido no volviese a ocurrir.
Toda una advertencia. Sin embargo, en su bonhomía, los Buesa no lo entendieron así, y la hija, con amplia sonrisa, explica cómo
–Él (por su padre) lo vivía con la naturalidad de un detalle que había tenido Arnaldo Otegi; un detalle,  como que eran adversarios políticos, antagónicos,  pero compañeros al fin y al cabo, ¿no? Y de hecho recuerdo que le dijimos: “Bueno, pero tampoco hace falta que lo lleves, ese mechero…”  “¿Y por qué lo tengo que tirar?” Pocas semanas después ETA le asesinó. Y mi reflexión, o mi pregunta, que me queda: en el momento en que asesinan a esa persona, a ese compañero, que unas semanas antes Arnaldo Otegi le había regalado aquel mechero, ¿qué se movió dentro de él? Más allá de que Otegi era representante de EH, en lo político; en la persona, ¿se movió algo dentro de él? Porque públicamente no fue capaz de rechazar ni condenar aquella acción. Pero a nivel humano, ¿lo sintió? ¿se movió algo? Para mí eso es muy importante.
Ninguna persona de bien es insensible al impacto de este parlamento, a la catarsis de este alegato. Hasta el corcho de Otegui parece conmovido por un momento, pero hombre de muchas tablas, se rehace y pronuncia... ¡un epitafio y elogio fúnebre del finado!:    
–Es conmovedor, ¿no? Es evidente que algo se movía en términos humanos (?) Es evidente. ¿Por qué? Porque efectivamente éramos grandes adversarios; pero yo le tenía mucho respeto en términos intelectuales a Fernando Buesa, porque era un gran parlamentario. Era capaz de poner patas arriba el debate parlamentario, porque tenía solidez. Pero lo que sí le quiero manifestar, es que claro que se conmovió (sic) con cada asesinato, con cada muerte de las que ocurrían en el país, en un lado y otro, yo me conmovía en términos humanos, ¿no?
Habrá quien llame a esto cinismo, vileza, infamia. Califique cada cual, teniendo en cuenta que califica a todo un colectivo. El propio Otegi se precia de no ser ningún bicho raro, en este país. No hablamos de un enfermo, sino de una epidemia. La huérfana de Fernando Buesa no califica, sólo relata, pregunta, presenta un espejo.
Volviendo ahora a lo de pedir perdón –eso que Otegi no espera de la otra parte–, ¿tendrá Sara que pedir perdón, en nombre propio o de su padre, por haber puesto a ETA en la desagradable situación de tener que asesinarle? Otegi no cree que eso ocurra, «porque somos diferentes: nosotros nos hemos hecho la autocrítica, y ellos no».
(16:10)
¿Hemos tocado fondo? No. Sólo que en adelante no hablamos más de catársis, porque al interpelado ya nada le coge por sorpresa. La entrevista es un pasapalabra:
–‘Hipercor.
–Una convulsión absoluta en el seno de la Izquierda Abertzale. Absoluto desgarro, personal y político. Porque además muere gente trabajadora, gente humilde, gente que está haciendo las compras. Y que, por lo tanto, uno se siente absolutamente abrumado. Yo creo que el proceso de reflexión en la IA sobre el tema de la violencia, entre otras cosas, tiene un punto de inflexión en Hipercor. Ya sé que esto a mucha gente… Dirán, bueno, les importaba nada, y tal, porque su objetivo era matar. No, no, yo puedo asegurar que el sentimiento era de abatimiento total , total. Recordar que en la propia sentencia de Hipercor… : que ETA dio al menos tres avisos de que existía una bomba colocada en Hipercor. Eso está claro. Pero la intención no era matar. Eso déjalo claro… Si no, ¿por qué avisas? Eso no quita para que al final, el resultado final…
Aquí el discurso se embarulla, porque ante el insulto a la inteligencia Jordi reacciona. Ex excesivo culpar de la catástrofe a la policía, que por negligencia criminal o con intención ignora los avisos repetidos de bomba. Incluso cuesta creer que quien sólo intenta daños materiales no atente de noche, mejor que en día de labor, a tienda llena. Otegui, aunque ya para entonces contrario a las ‘acciones’ de ETA, se embala en su defensa, a propósito de ataques a las Casas cuartel de la Guardia Civil (18:40):
–Si uno se atiene a los datos objetivos, ETA avisó a la GC en muchísimas ocasiones de que desalojara a familiares y niños de sus cuarteles… Yo en todos los momentos he manifestado que no justifica nada el que las mujeres y niños mueran en un cuartel de la GC…
Aquí también es fuerte admitir que la Benemérita utiliza a las esposas e hijos de sus propios agentes como escudos humanos. Por lo cual, Arnaldo zanja la discusión:
–En cualquier caso, hoy, eso ya no pasa. ¿Por qué? Porque ETA ha decidido dejar las armas hace cinco años. ¿Sabes el problema? Que yo tengo la impresión de que siempre se habla de lo mismo...
–Yo también. Me encantaría ver otras cosas, te lo digo de verdad. Yo creo que es necesario que hablemos de esto.
–No, yo no considero que no sea necesario. Lo que digo es:  ¿quién pone permanentemente a ETA en el candelero político? ¿La izquierda independentista? No: los medios de comunicación, la derecha española. Eso sí, hay un intento permanente por recordar una situación que ya no existe. No existe. Eso ya ha desaparecido.

De nuevo la perversión linguística. Existir. «Una situación que ya no existe». ¿Cómo, que no existe? Porque ETA tomó esa decisión. Pero la propia ETA, ¿también ha dejado de existir? Si no se la menciona, como que no existe, para la IA. Pero existe, porque la mantienen viva la derecha española y los medios.
Habrá ocasión de volver sobre el ‘ser y no ser’,  sobre la basura bajo la alfombra. Por hoy, más que suficiente.


(Concluirá)



jueves, 14 de abril de 2016

Meditaciones en Poblet (1)

El fantasma de los monjes blancos

Es la tercera o cuarta vez que visito Poblet. En cambio, sólo una he estado en Santes Creus (o Santas Cruces) y en Vallbona de las Monjas, los otros dos monasterios del triángulo que mi prospecto-obsequio de la oficina de  Turismo Catalán titula, con suficiencia algo pomposa, ‘La Ruta del Císter’. Cada uno de los tres monumentos tiene su atractivo, siendo Poblet en Cataluña la representación más antigua, la más grandiosa –también la más zurrada y resobada–, del ideal que preconizó san Bernardo. «Populetum… toto orbe Christiano nulli secundum», exageraba un historiador de la orden, el burgalés fray Ángel Manrique (1577-1649) [1].
Bernardo de Claraval (1090-1153): ‘El último de los Padres de la Iglesia’, le llaman [2]. Refundador y reformador de la recién fundada y reformadora orden del Cister, a su manera, puso énfasis en los aspectos estéticos del hábitat monástico. ¿‘Estilo cisterciense’? No, pero sí. No como creación consciente, ni con técnica propia, pero sí como resultado y efecto inconfundible. Resolvamos la paradoja.
Todo vino de un panfleto polémico de Bernardo contra la federación monástica de Cluny, los cluniacenses o ‘monjes negros’, capitaneados por su coetáneo Pedro el Venerable (h. 1092-1156) [3].  También estos fueron reforma en su día, pero la relajación vino inexorable. Por llevarles la contraria, el flamante Císter se viste de blanco, el color de los ángeles buenos.
Dos arpías enfrentadas, en Silos

En tono mordaz,  un joven y siempre seguro de sí mismo Bernardo se permite ridiculizar a sus rivales, que a expensas de los pobres de Cristo malgastan en construcciones y ajuar suntuario. Edificios enormes con decoración absurda, irreligiosa, plagada de monstruos como el que imaginaba Horacio al principio de su Epístola Poética:
«Pintura de testa humana unida a cerviz equina,
miembros heteróclitos vestidos de vario plumaje,
mujer hermosa rematada en cuerpo de pez…»
Sin citar aquí a Horacio, Bernardo le tiene bien presente en su descripción de los lectorios –los lugares de lectura de los monjes (que solían situarse en el tramo más confortable del claustro mayor)– en los monasterios cluniacenses [4]:
«Allá veas una cabeza con muchos cuerpos, y al revés, un cuerpo con muchas cabezas. A un lado se distingue un cuadrúpedo con cola de sierpe; al otro un pez con cabeza de cuadrúpedo. Allí una bestia que por delante es caballo, tirando de unos cuartos traseros que son media cabra; aquí un animal cornudo remata en equino… Con tanta figura que ver, sobra libro que leer. Pues, ¿cómo centrarse en la lectura, en aquella selva de fantasías?...» (Apología, 12, 29)
Decidido: un claustro como el de Silos no era lugar recomendable para san Bernardo. Tampoco la novedad gótica de Saint-Denis junto a París, con sus ventanales policromados y figurados carísimos, siendo así que un simple vidrio blanco, vidrio cisterciense, dejaría pasar la luz del sol más limpia, y distrae menos al que busca a Dios.
Pero todo esto, con ser grave, no es lo que más incomoda al reformador en las iglesias del Cluny:
«Paso por alto las alturas inmensas, las larguras desmesuradas, las anchuras excesivas, los labrados suntuosos, los pintados curiosos, que distrayendo a los orantes les quitan la devoción, y para mí en cierto modo reproducen el rito antiguo de los judíos. Paso por que todo eso se haga en honor de Dios. Sólo una cosa pregunto, de monje a monjes, lo mismo que un pagano argüía a paganos:
Decid, pontífices: en lo santo, ¿qué pintan oros?
(Dicite, pontifices, in sancto quid facit aurum?)»
La cita es auténtica, y aunque suene como de algún autor eclesiástico, es del satírico Persio [5]. La vieja religión romana se preciaba de una tradición sencilla y pobre, con divinidades toscas como su ajuar, que el oro de nuevos ricos desvirtuaba: este es el hilo de la sátira persiana. Bernardo por su parte en seguida nos da la respuesta, su peculiar versión del papel que jugaba aquel oro y aquel decorado de lujo en los altares, en las reliquias y en las figuras de los santos.
Pero antes reparemos en algo muy notable: cómo un hombre que no pasó del trivium (instrucción secundaria), sabe hacer uso de sus trivialidades. Citar a los poetas, a Horacio, a Ovidio, a Persio… no quiere decir que se los haya leído enteros. La pedagogía de entonces ya tenía sus antologías de lugares comunes. De hecho, en las obras completas de Bernardo aparece Ovidio citado, y no una sino dos veces, por este dístico archiconocido (menos de don Mariano Rajoy):
Principiis obsta, sero medicina paratur
     Cum mala per longas invaluere moras.
Corta desde el principio,
que a burro muerto, la cebada al rabo.
Es del poema Remedios de amor, complemento del Arte de amar, un pábulo espiritual que seguramente no entraba en el programa severo de los lectorios cistercienses, al menos en tiempos de san Bernardo. Pues bien, con tan ligero bagaje, más la Biblia, aquel talento aplicado es uno de los oradores y escritores más brillantes de su siglo. Prosigamos.

Monjes en discordia y arte de nuevo cuño
Sin discutir que se debate sobre espiritualidad entre religiosos, no se puede ignorar el trasfondo económico-político. Cluny era una máquina de poder envidiable, cuando Císter aspiraba a serlo. A Cluny, dos invenciones lo sacaron de la miseria. Una fue la estupenda del Purgatorio de los difuntos, con un nuevo estilo de sufragios automáticos mercantiles para sacar de aquel mini-infierno a los pobres seres queridos. En combinación con aquella, se crean rutas penitenciales de peregrinación. Jerusalén está en poder de los infieles, pero queda el viejo camino de San Pedro de Roma, y ahora la ‘Vía Láctea’, el nuevo Camino de Santiago a Compostela.
El mapa de los benedictinos negros se puebla de iglesias de peregrinación, que compiten en tamaño y lujo con las catedrales, con sus galileas o atrios, sus naves larguísimas y sus girolas, su cripta relicario, docenas de capillas, cada una con su altar o altarcito y su icono pintado y enjoyado, hierático como un ídolo, que no le quita el ojo al cepillo de las limosnas a sus pies. Cada monasterio tiene lugar de acogida para los peregrinos pobres, pero también buena hosteria para los que pueden pagársela.
Toda esta industria había convertido a Cluny, empezando por su gran Casa madre, en nuevo rico derrochador y a la vez enfermo de la hidropesía dorada. Y aquella ostentación figurativa en sus iglesias y monasterios, pretendidamente pedagógica, era otro invento extractivo diabólico, según Bernardo:


Efigie decorada
de Sainte-Foi (Conques)
«Hablemos claro: toda esa servidumbre de ídolos es truco de avaricia. Un artificio admirable de multiplicar el dinero. Se gasta como inversión, y cuanto más, mayor beneficio. Porque tanta maravilla suntuosa, con sólo verla, enciende a los hombres a ofrecer, más que a rezar. Es así como funciona ese ingenio extractivo, donde dinero llama a dinero. El mecanismo exacto no lo conozco, pero funciona: a más riqueza vista, mayor generosidad. El oro del relicario ceba el ojo y afloja el bolso. Se muestra la imagen preciosa de algún santo o santa, y tanto más santa parece cuanto más colorida. Allá corre la gente a besar, y de paso se les invita a dar. Y ese donativo de los pobres necesitados ya no revierte a ellos, sino a llenar el ojo a los ricos en el toma y daca... ¡Cuánto disparate! Si hasta el suelo del templo se adorna con figuras santas, sin la menor reverencia, donde un ángel recibe esputos en la cara, mientras los transeúntes machacan a pisotones el rostro de un bienaventurado…»
«Nada concitó mayor animosidad contra Bernardo que este panfleto contra los monjes cluniacenses. Estaban estos en tanto predicamento, que argüir contra ellos era visto algo así como criticar al mundo entero… Y no faltan quienes aquí acusen a Bernardo de celo excesivo.» Aunque en este comentario el editor de la obra bernardina, Juan Mabillon (monje benedictino negro, por cierto), hace como que no comparte la crítica, no puede ignorar lo que salta a la vista: el retorcimiento del hilo discursivo de la Apología, que para apretar mejor al contrario empieza ensayando el arma en cuerpo propio, criticando defectos de menor cuantía en el Císter, reprendiendo a sus cistercienses que murmuran de Cluny, cuando esta 0rden relajada lo que necesita no son críticas sotto voce, sino una invectiva en toda la línea. Aquí es donde Bernardo se aplica a fondo, y es con lo único que el lector se queda.
Esta sátira, que hará palidecer de envidia a un Juan Calvino [6] y otros censores de la Iglesia Católica, es obra auténtica de Bernardo de Claraval, también llamado el ‘Doctor Melífluo’, aunque su porte de asceta a duras penas dominaba y encubría un ánimo turbulento. En sus cartas no es raro encontrar explosiones de lenguaje violento o altivo. Una de sus biografías ‘auténticas’ le hace decir, hablando de su médico: «Estoy en manos de un bestia» (Cuidam bestiae datus sum). . La misma, a propósito de un robo de mayor cuantía: «Perdonemos a los ladrones: al fin, son romanos, y el dinero es demasiado tentación para ellos» [7].
En la práctica, la bernardina contra el exceso ornamental de Cluny se tradujo para el Císter en ordenanzas prohibiendo toda aquella hojarasca. El resultado fue dejar la arquitectura de entonces desnuda en su geometría funcional con su belleza intrínseca. Los propios constructores fueron los primeros en advertirlo, y en eso consiste el genio artístico cisterciense. Cosa que, por otra parte, ya estaba inventada en la tradición carolingia absorbida en el románico pirenaico. En Cataluña, por ejemplo, San Vicente de Cardona, románica pura (h. 1030), impresiona en su desnudez geométrica.
Por lo demás, nada es para siempre. También al Císter sus edificios se le quedaron pequeños, mientras volvía el gusto por la ornamentación historiada. La iglesia de Poblet, tres naves, mide más de 85 m de largo (sin contar el atrio), y a pesar de su gran altura, se rompió el crucero por arriba para encasquetarle, a modo de chistera, un cimborrio supergótico de nunca acabar. Hasta se recuperó algo de la denostada figurativa onírico-grotesca, nada menos que en el dormitorio de los monjes, como presidiendo sus ensueños.
Poblet a vista de ángel. Recinto interno


El monasterio-empresa, en el pre capitalismo europeo
A diferencia de Cluny, ávido de donativos, y que a menudo se comportaba como auténtico gorrón, el Císter de Bernardo no quería regalos de los reyes y señores. Lo que esperaba de ellos era la cesión de lugares y condiciones donde ganarse la vida con su industria. Aplicando un conocido ejemplo, no les interesaba recibir la cesta de peces, ni siquiera la caña de pescarlos (que esa ya la tenían ellos), licencias de pesca, y aguas para  instalar piscifactorías.
El monasterio cisterciense ideal era el autosuficiente. Quien quiera hacerse una idea siquiera remota de lo que eso significa, repase los libros populares de John Seymour y otros apóstoles del tema, empezando por la agri- y horticultura. Esta fue la base de la economía medieval, complementada con industrias de transformación; la primera de todas, la panadería, seguida de la quesería, la bodega, destilería etc.
En la idea originaria del Císter, el monasterio llevaba doble vida, según horario: la vida del coro y la del trabajo, a partes iguales. Esta teoría pronto dio paso a otra solución más llevadera, y sobre todo más práctica: repartir ambas tareas. La comunidad monástica principal se dedicará exclusivamente al coro y a tareas intelectuales. La labranza y demás trabajos manuales recaerá sobre otra comunidad de legos ‘conversos’ (o barbones), auxiliada eventualmente por seglares ‘donados’ (voluntarios con compromiso temporal), más los siervos y esclavos del monasterio.
Toda esta gente cargaba con el trabajo físico en condiciones de generar excedentes de valor económico. Incluso donde faltaba buena tierra de labor, como en Gales, los cistercienses se hicieron pastores y productores de lana, origen de la industria textil lanera británica [8].
El mismo ideal de autosuficiencia puso a la orden en cabeza del desarrollo técnico industrial, mientras la colocación de sus excedentes les hizo fuertes en el comercio y las finanzas. Más tarde los economistas hablarán mucho de la ‘ética protestante’ en el desarrollo del capitalismo. No se debe olvidar que primero fue el monasterio-empresa precapitalista, cuyo modelo fue el Císter.
El lego y el ‘donado’ –auténticos pilares económicos de la ‘pobreza’ bernarda– eran hombres devotos, sin la menor duda; pero muchos de ellos, al ser admitidos en el monasterio, mejoraban de condición socioeconómica. A propósito se contaba un anécdota chusca [9]:
Un campesino llama a la puerta de un monasterio solicitando ser converso. Postrado ante el abad, éste le hace la pregunta ritual:
–Hermano, ¿qué pides?
La respuesta acertada era: “Pido la misericordia de Dios y la de vuestra Orden”. El muy simple, sin embargo, fue sincero:
–Pido pan. Mejor si es blanco, y buenos pedazos.
Este buscaba alimento. Otros, seguridad. En todo caso, la separación entre ambas comunidades en la iglesia, el refectorio y el dormitorio, la prohibición a los legos de usar libros y alfabetizarse etc. acentuó la relación amos-criados dentro de los muros, mientras en las granjas los conversos despreciaban al campesino seglar.
Así que el sistema funcionó mientras hubo bonanza de legos y donados, es decir, hasta mediados del siglo XIV. Entre 1350 y 1450, esta mano de obra gratuita escasea. La Peste negra primero, la elevación del nivel de vida después, redujeron la proporción de legos anulando su importancia económica. Con el recurso a jornaleros y al arriendo a campesinos, la rentabilidad decae.
En todo eso, Poblet fue un caso bastante típico. Lo crea el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV el Santo en 1151, cuando a san Bernardo aún le quedaba un par de años de vida. Entre monjes negros y blancos, el conde no tuvo duda. Su idea era repoblar ‘Cataluña la Nueva’, ganada a los moros, salvo el nido de Águilas de Siurana y algún reducto más. Al efecto, contrata con la Abadía de Fontfroide en Provenza  la fundación de una filial en Populetum (Poblet, la Alameda) en la Conca de Barberá (Tarragona).
Aquel exordio berengueriano no fue brillante. Sólo en 1163, muerto el Conde, se inician obras de cantería, ya reinando su hijo y de la reina doña Petronila, Alfonso II el Casto de Aragón (reinado: 1164-1196). Dejamos el matrimonio y reparto de coronas para otra meditación y capítulo.
Poblet alcanzará su apogeo material en el siglo XIV, con señorío ‘de horca y cuchillo’ –jurisdicción civil y criminal– sobre unos 60 lugares y una decena de villas.

Fabulación compulsiva
B de Bernardo, capital en página decorada.
Canonizado san Bernardo, la severidad
ornamental de la orden se relaja
El Císter bernardino tuvo un gran sentido de la propaganda. Lo hemos visto en la polémica con Cluny, y se demuestra en la primera historia de la orden, los dos ‘Exordios’, el pequeño y el grande.   Casi todas las religiones han cojeado del mismo pie, el císter no tuvo la exclusiva. Sólo que ahora hablamos del Císter, y cualquiera diría que el plan divino era cubrir la Borgoña, Francia y el mapa de Europa con abadías cistercienses.
En especial, el aparatoso Exordium magnum es una obra desconcertante, de difícil deglución. Tan difícil de interpretar y tragar como lo es la personalidad del propio creador Bernardo. Dicho Exordio a ratos deja de ser historia, y más parece el bloc de notas de algún remoto adelantado de Freud registrando sueños y fantasías de pacientes. La misma perplejidad producen otros escritos cistercienses publicitarios, como El libro de los milagros, la Historia de los milagros, o incluso el Cronicón Claravalense, sin contar la Vida fantástica que escribió Juan Ermitaño (1181), a poco de la canonización, en obsequio de ilustres devotos. Este Ermitaño debió de ser hombre de mucha moral, para decir en el prólogo: «Quien se propone escribir vidas de santos debe primero enmendarse de mentiras».  
Algo anterior es el Libro de los milagros (1178), de Herberto, un español que fue monje de Claraval y finalmente obispo en Cerdeña. Fué el primero que habló de un muerto resucitado, con los recuerdos del difunto en el más allá, su alma camino del infierno, obligada por  san Bernardo a volver al cuerpo para salvarse. Era el arreglo de una historia más sencilla: un coma por caída de caballo, curado por el santo; que no es poco, pero la devoción pedía algo más fuerte.
En 1145 llega a Europa la noticia de la caída de Edesa, en Oriente. Bernardo reacciona proyectando una II Cruzada que se publica el mismo año y es acogida con frialdad. El propio abad de Claraval se encarga de la propaganda, y con su verbo hace el milagro, primero en Francia. En vista del éxito, pasa a Renania (1146-1147) y durante cuatro meses, al frente de una comitiva de obispos, abades,  clérigos y escribanos recluta  gente. El efecto superó toda expectativa, pero a la vez se produjo un fenómeno inédito. Aunque a Bernardo ya se le atribuían milagros, jamás se había visto cosa parecida. A 3 de enero de 1147 ya circulaba una primera entrega de Milagros, y quince días después la segunda. Una tercera y última tampoco se hizo esperar mucho. Es la Historia de los milagros realizados en el Viaje a Alemania.
«Más que relato, proceso verbal, dialogado en su mayor parte, tejido de milagro único en su género. El abad de Claraval aparece menos como predicador de la Cruzada que como taumaturgo. El número de curaciones es prodigioso. No menos de 235 paralíticos o cojos, 172 ciegos, 3 locos o locas, no sé cuántos sordos y mudos… Y eso que el registro no es completo, aseguran los compiladores. Ni los más entusiastas pueden creer lo que están viendo» [10].
Estaría fuera de lugar aquí hacer crítica de esta literatura. Los propios historiadores del Císter hoy en día pasan como por ascuas sobre estas historias narradas con pelos y señales, con nombres de testigos. Entre los miraculados figura algún señor obispo, y entre los confirmantes hay cronistas y notarios principescos. Diríase que san Bernardo, olvidando su verdadera misión, se ha montado una gira de autopromoción santoral rodeado de escribanos. ¿Prueba del apoyo divino a la guerra santa? Extraña prueba, desmentida muy pronto por el fracaso de la Cruzada bernardina.
Cerremos esta meditación evocando a la madre muerta. Bernardo perdió a su madre siendo niño. Aleth o Aletta (¿Alicia, Isabel?), aquella orfandad le marcó de por vida. A menudo creía verla y oírla, sus consejos, sus regañinas. Bernardo y su hermano Andrés jugaban a veces a que veían a la madre.
Aquella mujer, cada día más idealizada y más borrosa, tuvo su sustituto en la Virgen María. El trato con ésta era afectivo. Se muestran estatuas de la Virgen que, al ‘Ave, María’ de él, se inclinaron respondiendo, ‘Ave, Bernardo’. Alguna vez, sin embargo, la relación fue más íntima.
Bernardo expresó sus emociones al respecto en forma de Comentario al Cantar de los Cantares, un poema dramático bíblico que de filial no tiene nada, pues su erótica es de otro género. Ahora bien, allí el novio alaba los pechos de su novia, «mejores que el vino» (1: 1); dos pechos retozones «como cabritillos gemelos»  (4: 5). Un buen sitio, piensa ella por su parte, para tenerle a él recostado en medio (1: 12).   
Entre las leyendas místicas marianas, es conocida la ‘mamada’ (lactatio) de san Bernardo. La versión original es cruda: María abraza a Bernardo como a su bebé, e introduciéndole el pezón en la boca le amamanta. Luego vendrá la censura y las representaciones edulcoradas. En la de Murillo ni siquiera hay contacto físico, sólo un rayo de leche exprimida por la Señora. Aquí, por supuesto, María no alimenta al santo abad, solamente se dispone a dar el pecho a Jesús niño.
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[1] Ángel Manrique, Anales Cistercienses, Lion, 1642, 4 t. (Obra dedicada al Rey de España Felipe IV ‘el Grande’.
[2] San Bernardo fue canonizado en 1174, sólo veinte años después de su muerte. Sin embargo, no fue Doctor de la Iglesia hasta tiempos modernos, en 1830.
[3] Epístola apologética al abad Guillermo de San Teodorico. En Opera Omnia, ed. de Dom. Juan Mabillon (2 vols. en 4 tomos), 4ª ed., París, Gaume, 1839. Este panfleto es uno de los primeros opúsculos bernardinos, h. 1125, cuando san Pedro el Venerable iniciaba su abadiato en Cluny.
[4] Apologia, 12, 28-29; en Opera, 1: col. 1243.
[5] Sátira 2, v. 67, y n no importa aquí si la lectura correcta es ‘en lo santo’ o ‘en lo sagrado’.
[6] Pienso sobre todo en su ‘aviso’ burlesco sobre las reliquias (1543). Jean Calvin, Traité des reliques. Introd. y notas por Albert Autin. Paris, 1921. El título del panfleto es Advertencia muy útil sobre el provecho que reportaría a la cristiandad si se hiciese inventario de todos los cuerpos santos y reliquias que hay tanto en Italia como en Francia, Alemania, España y otros reinos y países, por Monsieur Jehn Cavin. Prevaleció el título más conciso, aunque menos propio, Tratado de las reliquias. En esta vena satírica Calvino es un adelantado del Pascal de Las Provinciales (1655-57).
[7] E. Vacandard, Vie de Saint Bernard. 4ª ed., París, 1910, 2. tomos. Las citas en t. 1, pág. xlii, con referencia a la Vita II del santo, 1, 4, 33 y 3, 7, 24.
[8] Louis J. Lekai (cisterciense), Los Cistercienses: ideales y realidad. Barcelona, Herder, 1987; cap. 22 (Los hermanos conversos), págs. 433 y sigs.
[9] Lekai, o. cit., pág. 439.
[10] Vacandard, o. cit., pág. xxxii.