lunes, 9 de septiembre de 2013

“Solo JEL basta”




«Tenemos de religión justo la bastante para hacernos odiar, aunque no la suficiente para hacernos amar el uno al otro.»




La cita es de Swift, y encima auténtica: inicio de su folleto, ‘Pensamientos sobre asuntos varios’ [1]. La extensión de este opúsculo viene a ser igual que la de los ‘Pensamientos’ más los ‘Apuntes íntimos’ de Sabino Arana [2]. De las sustancias respectivas nadie dirá lo mismo.
Por desgracia, ahora toca Sabino, no Swift. Y ya que hemos rozado su mitomanía religiosa aplicada al plano político, veamos de profundizar en el fenómeno, con su consecuente mística del odio como virtud política teologal.

El Tratado Teologiko-Politiko sabiniano
Los hermanos Arana, Sabino sobre todo, impregnaron de verbo religioso su proyecto político. Esto no lo inventan ellos, era bastante normal entonces en la retórica de partidos confesionales: integristas, carlistas, neocatólicos…  Trasladaban a la palestra política la peor apologética católica del siglo XIX, olímpica y agresiva, con ramalazos de odio teológico.
La novedad del tándem Arana-Goiri fue su extremismo histriónico paranoide, con una visión pseudo-cósmica maniquea, religiosa y bélica. Su mitología patriótica y su automito profético-redentor no escaparon a ese dualismo militante, asimilado en la familia y en el colegio. Su política es religión, en versión católica integrista. Su mito ‘Euzkadi’ es historia sagrada. Euzkadi es el pueblo de Dios, regido por su Ley Vieja.
Para Sabino, la finalidad del hombre es Dios, la salvación eterna. Esto en el plano individual. Pero todo individuo pertenece naturalmente a un linaje y pueblo, que en cierto modo es vehículo de salvación colectiva: «Caminar a Dios: este es el fin de todos los pueblos» [3].
Lo singular del fenómeno vasco deriva de la singularidad de este pueblo, superior a cualquier otro de la Península, y del mundo entero, por su antigüedad de origen y solar, pureza de sangre, religión, lengua, libertad y leyes propias.
Allá otros pueblos y su destino; la única patria/iglesia de los vascos es Euskadi. Y así como la Iglesia de Cristo se define por cuatro ‘notas’ –una, santa, católica y apostólica–, cuatro también definen la patria/iglesia terrenal Euzkadi. Cito al pie de la letra:
«Dios, Ley, Raza, Lengua: he aquí los cuatro elementos inseparables de la entidad de nuestra Patria.
1. Dios, esto es, la Religión Católica Apostólica Romana íntegramente manifestada en la teoría y en la práctica, en las leyes y en las costumbres y usos.
2. Ley, esto es, la ley tradicional, pura, sin sujeción a Estado alguno, absolutamente independiente, sólo dependiente de las leyes divina y natural y de las buenas costumbres y usos del pueblo como determinantes inmediatos de la ley positiva.
3. Raza, a saber, la euskeldun pura y sin mancilla o mezcla de extraña raza, y determinada por la naturaleza de los apellidos.
4. Lengua, esto es, el Euskera perfectamente definido y depurado de parásitos que le afean.
Los tres últimos elementos, Ley, Raza y Lengua, que pueden reducirse a uno como positivos que son, e ir incluidos en la idea de ‘Ley’, forman el cuerpo del Estado. El elemento Dios, constituye su espíritu.
Y así como el cuerpo debe sujetarse al espíritu, y los fines inferiores subordinarse a los superiores, así también el segundo elementos de nuestro lema, Ley, debe subordinarse al primero, Dios.
En la idea de Dios se encierra, pues, nuestro ideal, el objeto de nuestro amor patrio.» [4]
Dios, Patria, Ley, tríada indivisible:
«No se puede atacar a Dios en Euskelerría sin atacar la existencia de este Estado, ni se puede destruir éste sin atentar contra Dios.
Y esta idea de Patria, que es aplicable de deber a toda otra nación, lo es a la nuestra de hecho; pues desde el origen de nuestra raza, los elementos de Ley y Dios han sido inseparables, y de la naturaleza indicada.» [5]
Y termina este pensamiento (y ‘Pensamientos’) con esta efusión patrio-devota, digna de un libro de lectura escolar:
«¡Cuán grande es nuestra Patria! ¡Gracias, Dios mío!»

La Verdad es única: «Jaungoikua eta Lagizarra» (‘Dios y Leyvieja’), abreviado JEL. El profeta de JEL es Sabino. La salvación de los vascos como pueblo pasa por JEL. Los fieles de JEL  forman un cuerpo místico, Euzkadi, en el seno de una iglesia militante visible, el Bachoki primero, el PNV después. Por lo demás, «Solo JEL basta.» [6]
La jerarquía de valores fundamentales reza así:
«Nosotros, para la Patria, y la Patria, para Dios»
Esa es la voluntad de Dios, descubierta por los hermanos Arana.


Teología del odio salvador
El lema sabiniano JEL sería inocuo si no fuese maniqueo de origen. La fórmula en sí es la expresión de un plan divino, que versa sobre un mito cósmico dualista, de buenos y malos.
Tal mito y lema obliga a odiar cordialmente todo lo que se oponga o se interponga en esa «unidad  de destino en lo universal», por decirlo en fórmula no menos rimbombante, aunque ya de la siguiente generación [7].
Como cristianos devotos, los Arana saben que el mandamiento primero es amar; pero como integristas católicos saben también que la Verdad/Bondad absoluta está en guerra con enemigos mortales irreductibles. A éstos hay que odiar, si no para destruirlos –empresa imposible–, para tenerlos a raya, pero sobre todo para no hacerse como ellos.
Euzkadi, conjunto de los vascos en su tierra vasca, está en guerra con el enemigo invasor, España/Maketania. El enemigo tiene un plan diabólico y un arma no menos diabólica. Su arma: un virus letal encapsulado en cada maketo, portador de semen maldito, de apellidos nefandos, instintos bestiales, costumbres infectas.  Su plan: invasión masiva de maketos, hasta la degeneración total y la extinción del pueblo vasco.
Con su tesis conspiranoica, los perfectos adanitas que son estos hermanos Arana irrumpen como misioneros autoenviados por Jaungoikua para gestionar en exclusiva la salus populi. Ellos en exclusiva, esto es, no sólo contra el maqueto, sino también frente al maketófilo, llámese carlista, fuerista, regionalista, euskalerríaco etc.; nada digamos del liberal, socialista etc., que mayormente coinciden con el maketo.
Sabino Arana ha dejado tras de sí fama de gran sembrador de odio. Habría que tener a mano unas concordancias de su obra escrita, o mejor la obra completa en OCR, para contar las veces que invadió el campo semántico del odio, desprecio, rechazo, enemistad…; en primera persona y enfilando a ‘enemigos’ nada ideales, todos de carne y hueso.
Por lo demás, de tal siembra, tal cosecha. Si su odio fue sólo retórica, si sus adeptos han tomado el rábano por las hojas, qué más da: el odio que practican es sincero, incluso mortal.
Pero vamos a ver, ¿tan malvado, requetemalvado, era el buen Sabin? ¡Qué va! Su odio era, por así decirlo, profesional. Fuera de su horario de trabajo como hombre público, en la intimidad era todo bondad, con efusiones de amor universal. ¿Odio, él?:
«Nunca debe el hombre odiar o aborrecer al malo; porque es ilícito todo ataque a la personalidad. Pero sí se debe aborrecer y odiar el vicio y el error del hombre malo…  […]  Haz siempre todo el bien posible a tu prójimo…»
Otra cosa es que, por sus grandes amores, le guste ser odiado. Era la medida de su importancia social:
«¡Feliz, dichoso yo si llego a tener muchos enemigos que lo sean de la Iglesia, muchos que lo sean de Bizkaya! Sólo entonces podré llamarme con razón católico y patriota.»
Esto escribía Sabino en enero de 1889. En mayo, con la Naturaleza en flor de promesas, los ansiados enemigos no brotaban por ninguna parte. Seguía siendo un Don Nadie:
«Nada he debido de hacer a favor de Bizkaya, pues aún no tengo enemigos. Esta idea me apena profundamente.»
Sabino no odia por gusto, aunque necesita enemigos que le odien a él.  Quiere la paz,  pero el cuerpo le pide lucha:
«Si mi Patria fuese feliz, iría a buscar la lucha entre los leones del Atlas, el oso gris y el tigre de Bengala . Pero los enemigos de mi Patria son en verdad más indomables que el león, el tigre y el oso.»
Este pujo cinegético inspiró a Juaristi unas páginas hilarantes sin odio, sobre ‘Tartarín en Vizcaya’ [8]. Pero a lo nuestro: ¿Qué Sabino no odió? He de conformarme con un espigueo aleatorio:
«Nosotros a ningún maketo, a ningún españolista odiamos tanto como al español que, conociendo de alguna manera la historia de Bizkaya, se la da falseada, adulterada y españolizada al pueblo bizkaino…» [9]
«Los bizkainos que queremos la restauración de nuestra antigua Patria aborrecemos a España… por cualquier lado que la miremos. Y este mismo odio nos tienen los españoles.»
«Ya ve El Basco que en odio al español como invasor, andamos muy cortos los bizcainos patriotas de hoy, comparados con aquellos de otros siglos.» [10]
Y no es que en el ardor de la polémica política al periodista Sabino se le caliente la pluma. También en frío, en sus catecismos como en las orientaciones de partido, fue un atizador de odio. Por ejemplo, en los ‘Deberes fundamentales del Nacionalismo Bizkaino’ se dice que todo afiliado
«trabajará diligentemente… por mantener la pureza de la raza en su familia y en aquellos a que alcance su influencia, y dificultar la invasión española, haciéndole aborrecible al español la vida en Bizkaya mediante el desprecio y el aislamiento». [11]
No es menester acumular más y más textos, siempre reiterativos. El mandamiento del odio al ‘otro’ es explícito y universal, motivado básicamente por motivo religioso, en cuanto que ‘el otro’ interfiere con el proyecto salvífico sabiniano y se opone a la voluntad de Dios.
Los textos donde Sabino predica el amor y parece excluir el odio entre humanos sólo pueden entenderse como un desiderátum para cuando la Patria sea libre. Y esa contradicción aparente de textos salidos de su misma pluma viene a confirmar que el antimaquetismo  preconizado no es circunstancial, coyuntural o abstracto, sino esencial y necesario, con base religiosa. Odio que no distingue entre España y el Estado español, provincias, grupos o individuos.
«Haz siempre todo el bien posible a tu prójimo». Sí, pero, como en la parábola del Buen Samaritano, ¿quién es mi prójimo? Uno de los textos más debatidos sobre el particular se titula ‘Egundokua’.  
Es el cuento del jebo o bato –el aldeano vascongado puro–, que llegando a Bilbao se dirige al alguacil maqueto, preguntando en vascuence por el hospital, donde tiene al hijo enfermo. El guardia enfadado le replica que deje de ladrar y hable en cristiano. «Baña nik ezdakit erderaz!» (¡pero si no sé en otra lengua!), se excusa el rústico.
El chascarrillo es aquí apólogo, con su moraleja:
«Si algún español te pidiera limosna, levanta los hombros y contéstale, aunque no sepas euskera: nik eztakit erderaz (yo no entiendo el español).
[…]
Si algún español que estuviese, por ejemplo, ahogándose en la ría, pidiese socorro, contéstale: nik eztakit erderaz
La conclusión no puede ser más cristiana: «ojo por ojo y diente por diente» [12].
La cáscara vacía
En el sistema  teológico-político sabiniano, el único ‘elemento’ definido con claridad es, paradójicamente, Dios. Lo trascendente se hace palpable aquí como familiar Jaugoikua, y en su avatar más integrista y ‘carca’ habita en Euzkadi. La fe católica y los dictados de la Iglesia regirán la futura patria libre. El primer elemento del lema JEL, o sea, Jaungoikua, implica:
«la constitución de Bizcaya como Estado esencialmente católico-apostólico-romano, que encamine derechamente a las familias y a los individuos, sus elementos, a la consecución del fin último del hombre, que es el mismo Dios… Bizkaya, pues, ha de acatar y obedecer cuanto la Iglesia Cristiana de Roma enseña y ordene, y ha de rechazar cuanto ésta repruebe y condene.» [13]
Por el contrario, lo que debería estar más claro para todo el mundo, creyentes o no,  que es la ‘Ley’ o constitución de ese estado Euzkadi, se queda en la inconcreción más desoladora, sin precisar siquiera la forma de gobierno y participación social, poderes y separación de los mismos… Lo dejo así, porque la República Sabiniana merece estudio aparte, donde se discutirá también el papel relativo de los otros dos elementos, Raza y Lengua.
Ahora bien, decir que Sabino Arana ha dejado claro y concreto un concepto, aunque sea uno solo en toda su vida, es hacer de menos su condición proteica irracional. Cierto que ha escrito, en otro ‘pensamiento’, «dad a Dios lo que es de Dios, a la Patria lo que es de la Patria» [14]. Pero El Reglamento del Bachoqui, ya desde su boceto, establecia para Bizkaya:
1.  «Una clara y marcada distinción entre el orden religioso y el político, entre lo eclesiástico y lo civil».
2. «Una perfecta harmonía y conformidad entre el orden religioso y el político, entre lo divino y lo humano».
3.  «Una completa e incondicional  subordinación de lo político a lo religioso, del Estado a la Iglesia».
Inquietante, incluso para los nacionalistas.

Ya en los últimos años del fundador aparecen textos más tajantes en cuanto a separación e independencia Iglesia-Estado [15]. La realidad es que «en la práctica, la separación entre lo político y lo religioso no se tuvo en cuenta» [16]. ¿Para qué? En caso de conflicto con la jerarquía eclesiástica, Sabino siempre tenía a mano el ‘pase foral’ («se obedece, pero no se cumple»).
La consecuencia de semejante engendro se veía venir. Con la secularización, cualquier sociedad racional desecha o fagocita la exuvia religiosa, y tras un reajuste discreto y poco o nada traumático de su estructura laica sigue su andadura. Aquí no. La sacralización y divinización del mito Euzkadi con sus «elementos inseparables» –en la medida en que se ha mantenido en serio el mito–, se ha traducido en una transferencia de la sacralidad al nuevo espíritu seglar de Euzkadi. Del totalitarismo de derecho divino, al totalitarismo de derecho sabino, cuya implantación está en marcha [17].
Queda por ver por dónde y hasta dónde llevamos el experimento patriótico, sin descuidar cómo se nos gestiona nuestro deber vasco de odiar.
____________________________________________
[1] ‘Thoughts on Various Subjects’. The Works of Dr. Jonathan Swift. Edinburgh, A. Donaldson, 1761. Vol. 4, págs. 383-392.
[2] J. Corcuera y Y. Oribe, Historia del Nacionalismo Vasco en sus Documentos (HNVD), 1: 107-116 (‘Apuntes íntimos’), 117-120 (‘Pensamientos’).
[3]  ‘Pensamientos’; HNVD 1: 117.
[4] Ibíd., pág. 120] El lema carlista-fuerista era ‘Dios y Fueros’ (traducido como ‘Jaungoikoa eta Foruak’.
[5] Sabino extrae este corolario práctico: «Luego no puede ningún euskeldun ser fuerista siendo liberal, pues peca contra Dios; ni puede ser católico siendo carlista, pues peca contra su Patria.»
[6] La máxima, calcada de santa Teresa («Solo Dios basta») sirvió de título al folleto de propaganda nacionalista de Ceferino de Jemein, ‘Amandarro’, Solo JEL basta (Bilbao, E. Verdes, 19**).
Este heredero espiritual de Sabino se habría escandalizado ante la estatua del Maestro erigida en Bilbao, cuya peana silencia lo esencial para quedarse con lo accesorio de su doctrina:
«Hay que destruir esas modernas teorías pseudo-nacionalistas que afirman que el eje central de las enseñanzas de Arana-Goiri estriba en esta afirmación: EUZKADI ES LA PATRIA DE LOS VASCOS. Porque esto no es así. Porque el eje central, y la idea madre, y el programa íntegro, netamente nacionalista, vasco y además humano –ya que tanto se habla hoy de humanismo- es este otro: JAUN-GOIKUA ETA LAGI-ZARRA.» (O. cit., pág. 6)
[7]  A los nacionalistas vascos les molesta que se les apliquen marbetes ajenos, soy consciente y lo entiendo, porque todo nacionalismo por definición se siente único, irreducible. En particular, los aberchales afectan repulsa total al ideario de un ‘fascista’ como José A. Primo de Rivera y su ‘Falange Española’. Desde fuera, sin embargo, al no nacionalista se le escapa esa supuesta singularidad, sea del nacionalismo español, catalán, etc., salvo en el énfasis religioso del nacionalismo sabiniano. ¿O será que los nacionalistas vascos de hoy no se reconocen en Sabino? Es lo que estamos examinando.
[8] El bucle melancólico, Espasa, 1997, págs. 143 y sigs.
[9] Bizkaitarra, nº 22. El tipo del maisu, el maestro de escuela maketo, fue para los vizcaitarras muñeco del pimpampún, cabeza obtusa en competencia con el tonto del pueblo, pero siempre un malvado antivasco. Lo mismo hizo el reverendo Azcue con su personaje de Vives, en su zarzuela ‘Vizcaitic Bizkayra’, tan aplaudida por el bando de Sabino, hasta que se pelearon con aquel cura de los euskalerríacos, vendido al capital, el capellán de postín entre las damas de la sociedad bilbaina.
[10] ‘El Basco’ (Bizkaitarra, nº 22, 24-02-1895)
[11] Hoja autógrafa de Arana, 5 de mayo 1896;  HNVD 2: 43 y 97.
[12] Bizkaitarra, nº 29 (20-06-1896). El título del chascarrillo, egundokua, pertenece a la neoparla sabiniana, con el sentido más o menos de ‘barbaridad, enormidad’.
[13]  Directrices de Sabino Arana para el reglamento del ‘Euzkeldun Batzokija’; HNVD 1: 74.
[14] «… y al pueblo tirano lo que se merece», añadía a guisa de coda, aunque arrepentido lo tachó.
[15] Algunos se incluyeron en las Obras Completas de S. A., aunque su autenticidad es dudosa para Javier Corcuera y Yolanda Oribe; HNVD 2: 46-49.
[16] Ibíd. 2: 49.
[17]  

«Pero ha llegado la hora de la propaganda sabiniana, del NACIONALISMO INTEGRAL, que no es, como algunos creen, solamente INDEPENDENCIA VASCA, para que luego haga el pueblo lo que quiera de esa independencia… » (‘Amandarro’, Solo JEL basta, l. cit., pág. 6; cfr. nota [6]).

viernes, 6 de septiembre de 2013

Algo más sobre la raza y la degeneración por contagio


por Navarth

'Dantzaris', de Valentín de Zubiaurre


Así se dirige Sabino a sus paisanos en septiembre de 1894:
“Vuestra raza, singular por sus bellas cualidades, pero mas singular aun por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo, era la que constituía vuestra Patria Bizkaya, y vosotros, sin pizca de dignidad y sin respeto a vuestros padres, habéis mezclado vuestra sangre con la española o maketa, os habéis hermanado y confundido con la raza más vil y despreciable de Europa y estáis procurando que esta raza envilecida substituya a la vuestra en el territorio de vuestra Patria” (Bizkaitarra nº 15, septiembre de 1894)

Terrible panorama. Los maquetos, ante la pasividad de los vascos, se están mezclando con éstos y contaminando su raza. Es un problema serio, porque tanto más degenerará la raza vasca cuanto más se roce con la maketa; la cual, por su carácter genuino, es vil, rastrera, servil y fementida (Bizkaitarra nº 22, febrero de 1895)
Porque para Sabino la esencia vasca reside en la raza. El idioma, las tradiciones o las leyes se pueden aprender o cambiar. En cambio la raza no se puede adquirir, ni recuperar cuando se contamina:
“(…) mientras la lengua, siempre que haya una buena gramática y un buen diccionario, puede restaurarse aunque nadie la hable; la raza, en cambio, no puede resucitarse una vez perdida.” (Bizkaitarra nº 16, octubre de 1894)

Se trata de una visión platónica (aunque en bruto). La idea platónica de lo vasco permanece pura e inalterable en el éter (en este caso, la fantasía de Sabino), pero va degenerando, y alejándose del ideal, al mezclarse con lo maqueto. Para Sabino la raza constituye la sustancia de lo vasco, y todo lo demás es accidental:
”Si nos dieran a elegir entre una Bizkaya poblada de maketos que sólo hablasen el Euskera y una Bizkaya poblada de bizkainos que sólo hablasen el castellano, escogeríamos sin dubitar esta segunda, porque es preferible la sustancia bizkaina con accidentes exóticos que pueden eliminarse y sustituirse por los naturales, a una sustancia exótica con propiedades bizkainas que nunca podrían cambiarla”
A continuación la cosa se pone peor:
“Asimismo: si nos pusieran de un lado la muerte total y absoluta de Bizkaya, esto es, la extinción de su raza y su lengua y la desaparición de todo escrito y toda memoria referente a sus leyes e historia y hasta su mismo nombre, y del otro una Bizkaya maketa, independiente y regida por las leyes de nuestros padres, poseedora de nuestra lengua y heredera de nuestra historia, optaríamos por lo primero.”
Vizcaya sin la raza vasca está muerta, aunque perviva el idioma vasco, los fueros, las tradiciones.... y sus habitantes no vascos. Estos, en el mejor de los casos, le traen sin cuidado a Sabino: si desaparece la raza, mejor que desaparezca todo lo demás. Al menos así el vascuence y las instituciones vascas no quedarán contaminadas por lo maqueto. Lo corrobora en un artículo titulado La pureza de raza (Bizkaitarra nº 24, marzo de 1895):
“Si se diera una Bizkaya, libre sí, pero constituida por la raza española (..) no quedaría más que el nombre de Bizkaya, por causa de quedar el territorio que en otras épocas ocupaba la nación bizkaína. Verdad es que en ese caso valiera más le hundiera un terremoto a este último, para que así desapareciese también el nombre”
De este modo averiguamos cuáles son, de mejor a peor, los escenarios que Sabino puede imaginar:
  1. Vizcaya con habitantes de raza vasca, independientes, que hablan vascuence y se rigen por sus leyes.
  2. Vizcaya con habitantes de raza vasca, aunque hablen español y no sean independientes.
  3. Vizcaya hundida por un terremoto.
  4. Vizcaya poblada por maquetos, aunque hablen vasco.
Lo expuesto puede inducir al lector a sospechar que el vascuence no es para Sabino más que una herramienta para mantener separadas las razas, y como tal no debe ser revelado a los maquetos. Él mismo lo confirma:
“Tanto están obligados los bizkainos a hablar su lengua nacional, como a no enseñársela a los maketos o españoles. No el hablar éste o el otro idioma, sino la diferencia del lenguaje es el gran medio de preservarnos del contagio de los españoles y evitar el cruzamiento de las dos razas. Si nuestros invasores aprendieran el Euskera, tendríamos que abandonar éste, archivando cuidadosamente su gramática y su diccionario, y dedicarnos a hablar el ruso, el noruego o cualquier otro idioma desconocido para ellos, mientras estuviésemos sujetos a su dominio.”
La preocupación por la degeneración de la raza vasca debida a la mezcla con los maquetos impregnará toda la obra de Sabino. Véase otro ejemplo, de Baserritarra (Aldeano), el periódico que sustituirá a Bizkaitarra:
 “Nada importa, pues, la extinción de nuestra lengua; nada, el olvido de nuestra historia; nada, la pérdida de nuestras propias y santas instituciones y la imposición de las extrañas y liberales; nada, esta misma esclavitud política de nuestra patria; nada, absolutamente nada, importa todo eso, en sí considerado, al lado del roce de nuestro pueblo con el español, que causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón, apartamiento total, en una palabra, del fin de toda humana sociedad.” [1] (Baserritarra nº 11, julio de 1897)
'Romería vasca', de José de Arrúe


Y a todo esto ¿de dónde ha salido esta raza vasca, tan singular?:
Esta raza originalísima no es celta, ni fenicia, ni griega, ni latina, ni germana, ni árabe, ni se parece mas que en ser humana a ninguna de las que habitan el continente europeo, el africano, el asiático, el americano y las islas de la Oceanía. Está aislada en el universo de tal manera que no se encuentran datos para clasificarla entre las demás razas dé la Tierra”. (Bizkaitarra nº 16, octubre de 1894)
La raza vasca no es comparable a ninguna otra de las conocidas. Pero ¿y las desconocidas? De la crítica que hace a De l’origine des basques de Lewy d’Abartiague se desprende que Sabino valora la posibilidad de que los vascos se desarrollaran simultáneamente en Europa y la Atlántida:
”La existencia de la Atlántida en algún tiempo la prueba M. d’Abartiague con datos tal vez incontestables; pero de ello no se deduce que nuestra raza pasara de ella al continente europeo, sino más bien que habitara simultáneamente el occidente y mediodía de éste, el norte de África y dicha extensa tierra hoy cubierta por el océano.”
En cualquier caso Sabino contempla con simpatía esta posibilidad:
“La hipótesis atlántica es, pues, la última consecuencia de su folleto, el cual es recomendable principalmente porque no se halla en él rastro de esa influencia española exenta de criterio científico
Porque cuando hay que ser científico Sabino acude al criterio de M. d’Abartiague. Seguiremos inevitablemente hablando de la raza en estas entradas.
_________________
[1] No parece muy alejado el planteamiento de Sabino de este otro:
 “Si el judío conquistara (...) las naciones de este mundo, su corona sería la guirnalda fúnebre de la raza humana y el planeta volvería a girar en el espacio despoblado como lo hacía millones de años atrás. (...).
De ahí que yo me crea en el deber de obrar en el sentido del Todopoderosos Creador: al combatir a los judíos, cumplo la tarea del Señor.

lunes, 2 de septiembre de 2013

‘Don Luis’, el hermano fabuloso de Sabino



Luis Arana Goiri fue una personalidad retraída, nada brillante, aunque muy en su papel de eminencia gris. Siempre detrás y a la sombra de su hermano, como su titerero.


«Pienso que don Luis sigue siendo un gran desconocido. Sabino fue un hombre muy importante, muy brillante, pero tengo la impresión de que ha hecho siempre lo que quería don Luis (Lezo Urreztieta) [1]
En lo religioso, no exteriorizó fervorines como el hermano, aunque también él era gran creyente:


«No he conocido hombre de más fe. Poseía una formación religiosa increíble. Sabía más historia sagrada que los evangelistas… Era un santo.» [2]


Muerto Sabino, Luis era el líder nato del PNV, aunque no se le entregó de pronto la presidencia (1908-1915). Su intransigencia, sus prontos, sus maneras, le crearon muchos enemigos domésticos –que hombre tan evangélico como él sabría son los peores (Mateo 10: 36)–, hasta verse expulsado de un partido, el suyo, en crisis y quiebra.
Escindido el PNV, Luis Arana preside la facción radical ‘Aberri’ (1922-1930).
Con la II República, reunificado el partido, repite presidencia (1932-1933); pero bien pronto vuelve a significarse en su radicalismo egocéntrico, no exento de extravagancias [3].
Todo ello, junto con su falta de carisma de bases, le llevó al retraimiento  y baja formal en 1936. Así no es extraño que, desde la tendencia pragmática dominante, cada vez se le miró más de reojo: integrista católico, germanófilo, enemigo del voto femenino y hasta de la voz femenina (la política activa no era para las emakumes); como también crítico del Estatuto Vasco pactado con la República, porque no incluía una reintegración foral completa...
La Guerra civil era para ‘Don Luis’ asunto entre españoles, por lo que defendió la no intervención [sic] de los vascos en la contienda, censurando ásperamente el alineamiento del partido y de Euzkadi con la República.
Refugiado en el País Vasco Francés, solitario, viudo..., con casi 80 años pide volver a Vizcaya y Franco se lo concede. A su muerte (1951), el ‘Euzko Deya’, boletín-órgano del PNV en el exilio parisino, envolvía en su habitual revoltillo de sueltos y gacetillas esta necrológica:


«A los 89 años ha fallecido en Santurce don Luis Arana-Goiri, hermano mayor de Sabino de Arana y su inspiración doctrinal en la fundación del Partido Nacionalista.» [4]



Necrológica de Don Luis
en ‘Euzko Deya’ de Buenos Aires (30-07-1951)

Mitología luisiana
Desde que muere Sabino, Luis pierde su vocación de segundón y su modestia taciturna para divulgar su automito. Él había creado la bandera y una serie de emblemas nacionalistas, así como el lema ‘Euzkadi, euzkotarren aberria da’ (Euzkadi es la patria de los vascos).
Si el mito de la iluminación-conversión de Sabino tiene toda la pinta de un constructo imaginario –como ya lo vio Juaristi–, tampoco es temerario ver detrás de todo aquello, y de mucho más, la mitomanía de Luis Arana Goiri.
Fábula sorprendente, pues aunque Sabino creyó que su hermano mayor había llegado a la verdad por sus propias luces y estudio, lo que menos imaginó fue que Luis también había tenido su ráfaga iluminativa. Y lo más increíble: el hombre que le abrió los ojos fue un nativo de Maketania, un anónimo santanderino.
Establecido el papel iniciático de Luis respecto a su hermano, la hagiografía peneuvista tambien quiso saber cómo fue el gran salto de aquél, desde su carlismo españolista fuerista hasta el nacionalismo antiespañol furibundo. Pero aunque muchos se lo preguntaron, él se resistía siempre a desvelar su secreto, ya que «Sabino fue quien había llevado a cabo la obra, y a quien la Patria debía eterna gratitud».
Ahora bien, tampoco pasarse de humilde, qué caramba. Así que, sabedor de que Ceferino de Jemein Lanbarri preparaba su Biografía de Arana-Goiri'tar Sabin (Bilbao, Edit. Vasca, 1935), Luis aprovechó para poner en este nido su propio huevo, enviando al autor un automito, que por cierto, el sabiniano celante que era Ceferino (o Keperin) desechó como de cuco.
No era para menos, porque el relato se las trae. El oficioso Luis debió de quedar muy corrido, pues sólo en 1954, después de su muerte, vio la luz aquella leyenda. Conozcámosla [5].



Aprender viajando
Pues, señor, érase que se era el joven Luis Arana Goiri quien, tras estudiar en los jesuitas de Orduña, viajaba en tren a los jesuitas de La Guardia (Orense), a empezar el preparatorio de ingreso en Arquitectura. Esto debió de ser en 1880.


«Llevaba el colegial (sic) en la solapa alguna insignia de carácter ‘fuerista’.
Un viajero santanderino que lo observó entabló con el joven estudiante un diálogo, poco más o menos así:
— ¿Tú eres fuerista, muchacho?
— Sí, señor!—, contestó con la energía que le era característica el interpelado.
— ¿Por qué?
— Porque soy bizkaino.
— ¿Y eres español?
— ¡Sí, señor! (con la misma energía y convencimiento).
— Pues mira, eso es lo que no entiendo bien. Si los vizcaínos sois españoles y vuestra Patria es España, no sé cómo queréis gozar de unos fueros que los demás españoles no tienen, y eludor obligaciones que a todos los españoles deben comprender por igual ante la Patria común. Gozando de los Fueros no servís en el ejército español, ni contribuis con dinero al Tesoro de la Patria. Nos sois buenos españoles…
Luis se encontró sin saber qué contestar. Hervía su bizkainismo ‘fuerista’ en lo íntimo de su alma, pero no encontraba la respuesta adecuada contra (sic) el razonamiento del santanderino. Sintió deseos de abofetearle, como seguramente lo hubiera hecho si hubiese sido un compañero de colegio el que le ponía en tal aprieto
(…)
Durante aquel curso de 1880-1881 se hizo en su conciencia nacionalista vasco.»


Así de fácil: o patriota español sin fueros, o fuerista fuera de España. Nuestro vizcaino antepuso los fueros y se dio a leer historias de Vizcaya donde se hablaba de la independencia originaria, muy antes de que España existiera, y muy antes también de las ‘uniones’ de los vascos a Castilla. Con tanta lectura histórica anticuaria, no tiene nada de extraño que Luis tuvo que repetir preparatorio de Arquitectura, en Madrid.
Salta a la vista el formato ‘catecismo de Astete’, por preguntas y respuestas, del diálogo automítico. Donde el que pregunta, y en definitiva, el docente, no es ni siquiera vasco bueno ni malo, sino peor que eso, un despreciable ‘cuco’. Así llamaban en Vizcaya a estos vecinos cántabros, porque cuando los Fueros, muchas santanderinas de la parte de Castro y Laredo, Ramales etc. venían acá a parir, para que si era varón se librase de la mili.
Por lo que fuese, el biógrafo Jemein desechó la anécdota luisiana. Y por lo mismo, Luis no tuvo más remedio que inventarse otra no menos estrafalaria [6]:


El tertium exclusum: entre la lógica y la falacia
Pues, señor, habíase que se había en el colegio de jesuitas de La Guardia un padre profesor de Geografía, que era vizcaino. Con éste se encara Luis un día, y señalándole con el dedo el conjunto de alumnos y profesores oriundos de toda España le espeta:


— Padre, ¿usted cree que nosotros somo españoles? Yo creo que no, que somos distintos de todos estos castellanos, aragoneses, andaluces…, de todos esos españoles que veo aquí. ¿Qué cree usted?
— Pues ahora que lo dices… Mira, Luis, si todos esos son españoles, nosotros no lo somos. Y si nosotros somos españoles, esos no lo son…  
«Luis de Arana-Goiri había comprendido perfectamente el porqué de su derrota dialéctica ante el santanderino.»


De nuevo, así de sencillo. A golpe de vista, sin ilustraciones históricas ni zarandajas. No hay más que verlos: somos diferentes, y punto. Lógica sin otro fallo que ser válida para todos: el aragonés, el andaluz, hasta el  santanderino…  Cualquiera podía autodefinirse como diferente de los demás, y por tanto ‘no español’.
El resto lo conocemos. El recién converso no tuvo más urgencia que convertir a su querido hermano menor en la célebre escena del jardín pascual, dejándole entregado a su nuevo destino.


El huevo de Pascua
Y venga mito. En relación con éste último, Luis inventa como efeméride aniversaria el ‘Aberri Eguna’ (Día de la Patria Vasca), cuya primera edición presidió él mismo, como presidente del Partido, el Domingo de Pascua, 27 de abril de 1932.
La razón que se dio para elegir esa fiesta no fija del calendario fue que la revelación de Luis a Sabino, 50 años atrás, tuvo lugar precisamente en Pascua. Y ya forzando el mito religioso, la resurrección De Cristo prefiguraba la de Euzkadi, en las personas de ambos hermanos.
Sin embargo, hay razones para sospechar que todo esto fue fabulación añadida, pues la pascua que desde años atrás traía locas a las Juventudes Vascas era otra: la de 1916, en que se produjo el alzamiento irlandés contra Gran Bretaña, y así la jaleaban en su órgano, titulado precisamente ‘Aberri’. Luis habría desviado esa atención hacia su ego y propia fábula, la del Jardín-Edén de ‘Sabin-Etxea’ la casa natal de los Arana-Goiri, que por entonces acababa él de restaurar e inaugurar para central del partido en Vizcaya.
Sabino y Luis, Luis y Sabino:  A ze parea, caracola ta barea! [7]


(Concluirá)
__________________________________________


[1] Citado por Elías de Amézaga, Biografía sentimental de Sabino Arana. Txalaparta, 2003, pág. 189.
[2] Ibíd.
[3] Por ejemplo, rechazó que la bandera bicrucífera (‘ikurriña’) se adoptara como emblema del nacionalismo vasco, pues si sabría él, su inventor, que era sólo para Vizcaya. De haberle hecho caso, la Comunidad Autónoma Vasca tendría hoy por bandera una barrada roja y verde.
[4 ] Euzko Deya de Buenos Aires (30 de julio 1951) fue más cortés, aunque reticente, desconociendo incluso la edad exacta del finado «Don Luis, el hermano del Maestro».
[5] Cfr. HNVD, 1: 105-106; texto de ‘Marcos de Urrutia’ (Manuel de Eguileor).
[6] Cfr. ibíd., pág. 106.
[7] «El caracol y el limaco, valiente pareja».