martes, 13 de noviembre de 2012

Los catalanes y la violencia





«Procuren amb la major vigilancia y cuydado registrar y premeditar les veus que se han divulgat per atemorisar als Pobles Lleals y Fidelissims, y posarlos en lo mes sensible treball ab lo falso pretext de que: Lo Rey nos ha dexat; Esta Guerra es contra la voluntat del Rey; Los Privilegis sols son per los Nobles y Gaudints, puix clarament se ha vist convençut en est Capitol, esser tot fals y fingit per continuació de son perniciós engany.» 

(El Despertador de Cathalunya, 1713)



Más de una vez, abordando el caso vasco, he dicho que por principio evito compararlo con lo catalán, que conozco menos y no me es familiar. Sin embargo, la intemperancia del President Artur Mas en víspera de elecciones  pone a Cataluña en candelero, y quieras o no te haces idea.
Una supuesta diferencia clave entre las vías vasca y catalana sería la violencia como instrumento de acción política.  Los propios catalanes lo asumen: ellos no son violentos practicantes, incluso cuando son comprensivos con la violencia etarra.
       Así que ETA de un lado; y del otro, yo qué sé, pongamos al ‘Gandhi catalán’, aquel reverendo Lluís Mª. Xirinacs que fue candidato al Nobel de la Paz.  Seny  y civismo, frente a parabellum y bomba lapa. Diferencia de etos, con base cultural y, por qué no, incluso racial.
Esa pretensión tiene de malo que no se sostiene. La bipolaridad incluso contradictoria es innata al hombre, a un  mismo hombre. Como Xirinacs, que con todo su pacifismo llevaba dentro la capacidad de digerir el terrorismo, si venía adobado como lucha patriótica contra la opresión. Un caso típico de guerra justa, tal como lo expresó el ya ex reverendo en su discurso del Fossar (11/09/2002). Allí el nobelable de la Pau se pronunciaba sin ambages por ETA contra el Estado, sin reparar en las víctimas inocentes, salvo para declararlas daños colaterales no culposos:

«Eta, como está en guerra, mata, pero no arranca las uñas… ETA no tortura… ETA, cuando tira una bomba que pueda herir a gentes que no son militares, o que no estén relacionados con los opresores, avisa… y si a veces hieren a algún inocente, no es esa su voluntad. »

[«Si a veces hieren a algún inocente...», tiene coña el padrecito. “Hijo, ¿heriste, sí o no? ¿consentiste en ello? ¿cuántas veces, cuántos inocentes? ¿heridas veniales o mortales?”: preguntas que Xirinacs debió de conocer en su práctica de confesonario, antes de convertirse en un cínico o un descarriado moral, allá él.]

Y Artur Mas, ¿es también bipolar? El discurso de Mas es formalmente cívico, lo que no le impide sembrar a voleo expresiones de campo semántico violento. Sus bravatas sobre su referéndum catalán («con o sin la ley», «cuando empiecen las bofetadas fuertes», «movilización constante del pueblo», «golpear»rezuman violencia, aunque él la disfrace como «la fuerza de la democracia».
¿Metáforas? El Diablo las carga. Para romper la baraja cívica y violar el Derecho no hace falta una fuerza física, que tal vez no se posee o no conviene usar. También el radicalismo vasco desiste de la fuerza bruta por ahora, cuando ETA es un petardo de feria, y por otra parte ‘no toca’, porque el brazo político ya es legal, y el objetivo ahora es hacerse, no con el poder, sino con el control del sistema democrático.
       Como el discurso nacionalista vasco, también el nacionalismo de Mas es agresivo, aunque lo disimule haciéndose la víctima. Su intención es «no romper nada», es España la que rompe con Cataluña. Tan es así –amenaza el indefenso– que, en caso de separación, España tendría que vérselas con la Unión Europea, no Cataluña  («somos una vieja nación de Europa»). Un rupturista, al que sólo le falta pedir placa tectónica propia para que Cataluña vaya a su deriva continental, abomina de la ruptura.
A ratos la agresividad victimista remite, aunque siempre ataca: «He respetado el orden constitucional y no va a ser diferente.» Ah, pero «el Estado es el que lo incumple a cada paso contra nosotros…»

¿Violenta Cataluña?
Si Cataluña/Mas presume hoy de civismo no violento, como nota peculiar suya, toca preguntar: ¿desde cuándo?. Porque a los catalanes no siempre se les vio así, ni ellos mismos alardearon de eso.
No voy a descubrir el Mediterráneo, donde «ni un pez era osado de asomar sobre el agua, si no llevaba en la cola la enseña del Rey de Aragón por salvoconducto»[1].  No escribo para gente de la antigua escuela, donde todo niño español aprendía como historia propia la Expedición de Catalanes y Aragoneses a Levante. Compañías de aventureros, con aquellos almogávares tan feroces y rudos que pasaban como reliquia de los mismos bárbaros [2]. Pero, fuesen de donde fuesen, los gritos de guerra eran ‘Aragó, Aragó!’, ‘Sant Jordi!’, ‘Desperta ferro!’, catalán purísimo, igual que su ‘venganza catalana’.

       La pregunta me ha valido de excusa para espigar en unos textos sobre cómo eran los catalanes, según ellos o según otros. Tipología nacional, poco valorada hoy, antes era casi de rigor como preámbulo de las historias particulares, notando casi siempre la relación entre el país y la complexión e índole de sus pobladores. Así, un territorio áspero y de casería muy dispersa, como Cataluña, tenían que habitarlo  

«hombres fuertes…, celosos de su reputación y honra… Gozan el ámbito de sus heredades con absoluto dominio, lo que les hace mal sufridos. No ven agravios ajenos, por vivir solos, lo que causa no consolarse de los propios. »

Eso escribía un catalán, Francesc de Gilabert (1559-1638), gentilhombre de la boca de Felipe III [3]. Tal calidad agreste de sus paisanos incluía una familiaridad muy estrecha con las armas, de la que el Gobierno podía sacar buen partido en la defensa de la integridad territorial. Por lo mismo, el autor echa pestes contra la ‘Premática de los pedreñales’. 
Pedrenyal (pedernal) era lindísima sinécdoque catalana para denominar un tipo de arcabuz corto o pistolete, que en vez de mecha incorporaba llave de chispa, y en el Principado casi formaba parte del paisaje, pues todo el mundo lo llevaba. Covarrubias lo despacha con que «desta arma usan los foragidos». Injustamente, porque aquí lo manejaba por igual el hombre honrado y el bandolero, no siempre fáciles de distinguir, ya que a menudo resultaban ser la misma persona. Porque lo de ir el catalán a lo suyo prescindiendo de la legalidad tampoco es invento de Mas ni de hoy.
¿Qué pragmática era esa ‘de los Pedreñales’? Firmada por Felipe II en El Escorial (21 de julio 1591), prohibía todo uso de «pistolete alguno que no tenga cuatro palmos de vara de cañón». La ley era para «todos nuestro Reynos», sin especial mención de Cataluña. Pero siendo esa arma la preferida en esta tierra, ya está el  greuge (agravio) servido; otro más del Gobierno contra los catalanes. Para el payés viajero, el pedreñal al cinto era como la butifarra en la alforja, incluso en cuaresma. Porque aquella insumisión civil se extendía también al agravio dietético eclesiástico (‘ayunar a la catalana’ era proverbio en el Mediterráneo). 
     Quitarle al catalán su pedreñal –arguye el cortesano Gilabert– era privarle de su continuo entrenamiento, dejándole inerme y «quedando todo el Principado por preda (presa) y despojo de sus vecinos». La pragmática no hablaba de arcabuces y escopetas, pero esta especialidad «nunca les hará pláticos (prácticos)», por tratarse de armas pesadas y caras. Al catalán, su pedreñal. Que tampoco tenía por qué ser solo uno. Roque Guinart, el simpático bandolero que sale al paso a Don Quijote y Sancho camino de Barcelona, llevaba hasta cuatro de ellos, dos a cada lado. 
En fin, que «la calidad e inclinación deste Principado da afición a las armas, lo que asegura la aspereza de la tierra…, cuya soledad pide armas.»  Y lo ilustra con la autoridad de Tito Livio:
«habiendo conquistado Catón a Cataluña, visto tumultuavan cada día, les quitó las armas; y fue tanto el sentimiento de los moradores della, que tomaron por mejor partido muchos dellos la muerte, como de hecho se mataron, que el viuir sin armas. «Ferox gens, nullam vitam ratam absque armis esse arbitrata est» (gente feroz, para ellos vivir sin armas no era vida).
       El mismo texto de Livio citará, como precedente y ejemplo patriótico, El Despertador de Cathalunya (Barcelona, 1713), folleto emanado del Brazo Militar en manos del radical Casanova, y repartido por la Diputación para levantar ánimos en el cerco de la ciudad por el Duque de Pópuli, tras los acuerdos de Utrech [4].

«No hi ha cosa mes segura que tenir les Ciutats á sos Ciutadans ab armes, y exercitats en elles», frente a «lo fatal sistema en que agonitza la antiga Fama y Honra de tota Espanya. […] Imponderables son les conveniencies de la manutenció de les armes, com los graves inconvenients y absurdos que se seguexen de subjectarse un Regne al abominable cástich de quedar sense elles: puix sens temeritat se deu dir, que val més quedar tots sos naturals sens les amables vides».

¡Antes muertos todos, que desarmados! Sólo la coyuntura bélica disculparía tamaña hipérbole. Hoy en día, pasado aquel susto, El Despertador hace sonreír recordando cómo «Porcio Catón, de paso por Cataluña, se dio cuenta de que no podría dominar a los naturales sin arruinar y estropear las murallas y quitándoles las armas». Como si una medida militar tan elemental no tuviese razón de ser en cualquier parte, dicho sea sin poner en duda la bizarría de los barceloneses destinatarios del Despertador. El cual, por si acaso, apela al individualismo y a la motivación de la defensa propia de cada uno en la vida civil:

«Si los catalanes se precian de legítimos sucesores y descendientes de los antiguos, aténganse a este dictamen, y consideren los payeses qué será de sus casas, si aun teniendo armas no están libres de asaltos… ¿Qué reparo encontrará un ladrón u otro facineroso para ejecutar cualquier atrevimiento, en la seguridad de que el amo no tiene armas?  

Y concluye el Despertador («y en él la más ingenua verdadera Católica Fidelidad Catalana»): «Tratemos Catalanes de imitar a vuestros antiguos nobles progenitores». A cuyo efecto trae lista nominal de modelos, desde los Moncadas y los Pinosos, hasta los Fivaller, los Blanes  «y otros infinitos valerosos héroes».
Lista incompleta, por otra parte. No hace justicia a cierta clase de valientes compatriotas, que al pueblo llano le sonaban mucho más que los de aquellos próceres. No figuraban, por ejemplo, Rocaguinarda ni Serrallonga, por citar a dos popularísimos bandoleros.

Bandolerismo catalán
    A Rocaguinarda le acabamos de ver, aunque con grafía algo diferente: Roque Guinart. Este es uno de los personajes del Quijote que bajo ligero disfraz onomástico tuvieron existencia real y Cervantes le conoció, siquiera de oídas. El bandido de carne y hueso fue Pedro Rochaguinarda, cuya masía natal arruinada existe en Oristá, con partida de bautismo de 19 /12/1582. Su nombre figuró en bandos contra él y otros bandidos, Tallaferro, Trucafort, Serrallonga, desde 1607.
El encuentro de Don Quijote y Sancho con la partida del Guinart se lee en la Parte segunda, capítulo 60 [5]. El preludio es de un realismo, de puro espeluznante. cómico. Es de noche, metidos en un bosque, cuando el fiel escudero de pronto descubre que «todos aquellos árboles estaban llenos de pies y de piernas humanas». Su amo lo comprueba y explica:
«Estos pies y piernas que tientas y no ves, sin duda son de algunos foragidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados, que por aquí los suele ahorcar la justicia cuando los coge, de veinte en veinte y de treinta en treinta; por donde me doy a entender que debo de estar cerca de Barcelona. Y así era la verdad, como él lo había imaginado. »
Pero si malo fue el susto nocturno, peor la amanecida, con 
«más de cuarenta bandoleros  vivos que de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que estuviesen quedos, y se detuviesen hasta que llegase su capitán.»
Roque se presentó a sí mismo como un caballero ‘compasivo’, y la misma versión sobre él pone un impresionado Cervantes en boca de un estudiante, en su entremés de ‘La Cueva de Salamanca’
Aquella campechanía no era excepcional. Lo notable de aquellos bandidos es que mayormente gozaron de favor popular. No eran sólo la versión catalana del ‘bandido generoso’, suplidor del Estado y de la Iglesia en la redistribución de la riqueza. Eran muy a menudo carne del mismo pueblo, humillados y ofendidos que se echaban al monte, muchas veces sin idea de profesar con votos perpetuos. Religiosos-militares a su aire, su devoción a San Dimas (el Buen Ladron) era compatibles con el robo sacrílego, y un olímpico desprecio al privilegio del foro eclesiástico y el anatema del Concilio Lateranense II (1139), ‘Si quis, suadente diabolo’, poniendo «las manos violentas sobre clérigo o monjes». Las manos, y todo lo demás, si se trataba de monjas. 

       La clave psicológica de aquellos tipos  podemos verla en la Historia del  escritor-soldado portugués Melo, sobre la guerra separatista de Cataluña [6]. Melo reproduce los tópicos conocidos sobre la relación entre el país y y su gente:

«Hombres de durísimo natural, sus palabras pocas, a que parece les inclina también su propio lenguaje, cuyas cláusulas y diciones son brevísimas [¡lo que va de ayer a hoy!]… inclinados a la vengança; estiman mucho su honor, y su palabra; no menos su exención…
La tierra, abundante de aspereças, ayuda y dispone su ánimo vengativo a terribles efectos, con pequeña ocasión. El quejoso, o agraviado deja los pueblos, y se entra a vivir en los bosques, donde en continuos asaltos fatigan los caminos. Otros, sin más ocasión que su propia insolencia, siguen a estotros. Éstos y aquéllos se mantienen por la industria de sus insultos. Llaman comúnmente ‘andar en trabajo’ aquel espacio de tiempo que gastan en este modo de vivir….
No es acción entre ellos reputada por afrentosa, antes al ofendido ayudan siempre sus deudos y amigos. Algunos han tenido por cosa política fomentar sus parcialidades, por hallarse poderosos en los acontecimientos civiles.
Con este motivo han conservado siempre entre sí los dos famosos vandos de Nârros y Cadeles, no menos dañosos a su patria que … los Beamonteses y Agramonteses de Navarra, y los Gamboynos y Oñasinos de la antigua Vizcaya.»

La descripción evoca tramas sociales de tipo mafioso aceptadas con toda naturalidad, aceptando de buena gana sus servicios los nobles reñidos entre sí. Nobles que, por su parte, también podían comportarse como auténticos salteadores en sus dominios.
Lo malo es que empiezas por una causa noble –lucha por las libertades, liberación nacional, romería a Montserrat–, y terminas haciéndote una forma de vivir del secuestro y la extorsión del impuesto revolucionario. Ocurría sobre todo en tiempos difíciles, que era como decir casi siempre. Las autoridades, ya entonces, intentaban con ellos una reinserción social, bien metiéndoles al remo una temporada en galeras, o mejor aún, asentando a los mejores en la milicia.
Por desgracia, no todos eran recuperables, o no estaba el horno para bollos cuando el bandolerismo cobraba proporciones de levantamiento social. Ocurrió en el siglo XVI, cuando Carlos I de España y V de Alemanis, y luego su hermano y sucesor en el Imperio, Fernando I, se enfrentaron al problema. Caudillos mesiánicos en el centro de Europa, liderando revueltas campesinas y gremiales; o en España los alzamientos y bandolerismo en Aragón, Cataluña y Valencia.
Promulgada la pragmática de 1539, el virrey Lombay (más conocido como san Francisco de Borja, 1539-1543), por las buenas no logró prácticamente nada en el Principado. Su sucesor en el cargo, Manrique de Lara (1543-1553), con mano más dura tuvo éxito echando el guante a Moreu Cisteller (1539) y sobre todo a Antoni Roca (1546).

Héroes de cordel
El romance y la copla han sido la Historia rimada de la cultura popular y el homenaje del pueblo a sus ídolos. Resultó que ambos caballeros, el bandolero Guinart y el andante Don Quijote, ya se conocían, si no de vista, de coplas. Los dos eran leídos, y el catalán tampoco olvidó hacer propaganda de la Parte I del Ingenioso Hidalgo.
El romance caballeresco acogió entre sus tipos al bandido generoso. Pero también la otra clase de bandidos, los que acabaron mal como el Roca y compañía, anduvieron en coplas de ciego y en pliegos de cordel. Aunque mejor digámoslo en catalán, cançons de fil i canya, más bonito mil veces que mentar el cordel o soga en casa de ahorcados. 
Ahorcados o degollados, incluso descuartizados, según demandara la enormidad de los crímenes o el celo de los virreyes. El espectáculo público se prolongaba luego en la exhibición de los cuerpos que desde la Barcelona medieval tuvo su escenario sobre todo en el Carrer de Regomir, una importante arteria urbana–, pero sobre todo en las coplas.

       El caso Roca sería llevado al teatro por Lope de Vega. Pero ya en su momento fue versificado por un vate popular barcelonés. Mossèn Pere Giberga («lo qui fou del gran munt de Parnaso arbre / y del Olimpi ara es florida verga», como le rimó a él su amigo Pere Serafìn en un epitafio [7]) cantó el suplicio de Antoni Roca y su compinche Corts, en versos ‘de sang i fetge’ (sangre e hígado), como los llamaban por su morbo popular, con grabados al boj como suplemento visual [8]:

       Ab tenalles foguejants

el botxí lo festejaba

y ab aquests jochs semejants

per les carreres anava

ab aquell companyo seu

Corts que detràs lo seguia

rossegant amb gran menyspreu

no encara com devia.

       ‘A ti te lo digo, Pedro, para que me entiendas, Juan’. Juan era el pueblo llano, la gente que había simpatizado con los forajidos, que no había gritado el ¡Via fora! de rigor, a la vista de gente armada con pedreñales. Juan eran, sobre todo, los señoritos rurales y algunos señorones, para quienes los condenados habían hecho horas extra:

Quius veya fer sacrilegis,
robos y traycions devia
lora y el jorn queus acollia
perdre tots lurs privilegis.

       Y por supuesto, Juanes eran todos los bandidos sueltos que estaban al caer:

Malfactors, buydau la terra,
no us vullau detenir.
Guardau-vos de la desferra
del carrer de Regomir.

Aquí lo dejo. Ya sabíamos que el español ha sido animal de sangre caliente, que lo mismo en Madrid que en Barcelona o en cualquier sitio montaba en un santiamén una matanza de curas y frailes o una quema de conventos e iglesias, como en 1834-35. Cataluña en particular conoció su Semana Trágica (26 de julio a 2 de agosto, 1909) , y aunque no se señaló en las quemas de 1931 y 1934, vuelve en el 36 a enloquecer en  una violencia irracional autodestructiva y macabra.
Hybris frente a sophrosyne, que decían los griegos. O en catalán, rauxa frente a seny. Personalidad bipolar. Corpus de Sangre, al grito de «Visca la fe de Christ! Visca lo rey d’Espanya, nostre Senyor!» Y en cuanto te descuides, tocomocho.



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[1] «Ne sol nom pens que galera ne altre vexell gos anar sobre mar, menys de guiatge del rey d'Arago; ne encara no solament galera, ne leny, mas no creu que nengun peix se gos alçar sobre mar, si o porta hun escut o senyal del rey d'Arago en la coha, per mostrar guiatge de aquell noble senyor, lo rey d'Arago e de Cecilia.» (Dicho por de Roger de Lauria, según la Crónica de Bernat Desclot).
[2] Francisco de Moncada, Expedición de los Catalanes y Aragoneses contra Turcos y Griegos. Madrid, Sancha, 1777, pp. 37 y ss. Cfr. Ramón Muntaner, Crónica Catalana. Ed. bilingüe anotada por A. de Bofarull. Barcelona, 1860.  Bernat Desclot, Historia de Cataluña. Barcelona, 1616.
[3] F. de Gilabert, Discvrso sobre la calidad del Principado de Cataluña y inclinacion de sus habitadores, con el gouierno parece han menester. Dirigido al Príncipe don Felipe IV.  Lérida, 1616; 25 ff.
[4] Anónimo, Despertadorde Cathalunya. Barcelona, 1713; 89 pp.
[5] El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Ed. comentada por Clmencín. Madrid, Aguado, 1839, Parte II, t. 6, págs. 226 y ss.
[6] Francisco Manuel de Melo, Historia de los movimientos, separación y guerra de Cataluña. Ed. Madrid, Sancha, 1808. La obra apareció primero con seudónimo de Clemente Libertino (San Vicente de Rastello, 1645), dedicada al papa Inocencio X.
[7] Ver igualmente el soneto-epitafio al mosén (Ploreu vuy tots los trobadors sens mida – Llorad hoy todos los trovadores sin medida), junto con un soneto del  propio Giberga A un retrato  suyo que le pintó Serafín.
[8] Cobles novamente fetes per Pere Giberga: contra tots los delats de Cathalunya, y secaços de Antoni Roca. Año  1544).


miércoles, 7 de noviembre de 2012

‘Gamaliel’, o el dilema de Mas



«Sí, o sí, referendum de autodeterminación catalana. Con la ley o sin la ley.  Ni tribunales ni constituciones: este proceso no lo para nadie. La  fuerza de la democracia y el civismo se acabará imponiendo.»

Ante tales propósitos o despropósitos de todo un Presidente de Comunidad Autónoma española, me viene a la memoria un axioma bíblico: «Si esto es cosa de hombres, ello solo se hundirá; pero si es de Dios no hay quien lo derribe.» [1]  
Es lo que se llama a veces ‘dilema de Gamaliel’, por el político judío del partido fariseo que lo planteó en el Sanhedrín, cuando el apóstol Pedro lanzó un desafío muy parecido al de Artur Más: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».

Repasemos la situación.
Tras la ejecución de Jesús como falso mesías, el judaísmo se enfrenta al fenómeno de una secta pujante, merced a un proselitismo basado en la asistencia social y el curanderismo. Por lo demás, una secta como todas, con sus mitos y ritos, eso era lo de menos, salvo que imputaban al Parlamento judío la responsabilidad de aquella muerte. El partido saduceo, sobre todo, tenía la culpa, liderado por el alto clero. 
El Sumo Sacerdote hace arrestar a los apóstoles, y lo hace con publicidad, gran torpeza. La misma noche un ángel abre el calabozo, no para que los detenidos huyan como ratas a esconderse, sino para que a la mañana den un gran mitin en el Templo, justo a la misma hora en que el Parlamento se reúne para juzgarles.
Cuando los alguaciles van a la cárcel en busca de los presos, el chasco sólo cede en magnitud al ridículo de los jerarcas y de la institución parlamentaria en toda la ciudad. Vuelta a detenerles, con interrogatorio sobre la marcha:
–«¿No se os prohibió la  propaganda? ¿Cómo os atrevéis a hacer apología de un criminal ajusticiado por sus fechorías?»
Es entonces cuando Pedro, portavoz del grupo, responde desafiante:
–«Señores, esa orden no va con nosotros. Por encima de vuestras normas está Dios. Nosotros obedecemos a Dios».
Intolerable. Se habló incluso de aplicar a los insolentes la pena máxima («quitarlos de en medio», para ser exactos). Este era el parecer de los saduceos.
Entonces se levantó Gamaliel, del partido fariseo y persona de gran prestigio. Pidió sacar de la sala a los acusados y dijo:
«Señores Israelitas, pensadlo mejor.»
Y tras un repaso a la historia reciente de los falsos mesías, gente inofensiva todos ellos, pidió para los detenidos  la libertad sin cargos:
–«Soltadles. Si su empresa es sólo humana fracasarán. Si es divina, toda oposición será en vano.»
Este dictamen fue el que se impuso. Los apóstoles sufrieron un correctivo de azotes, con prohibición de seguir con su propaganda utilizando la sigla JHS. Una vez libres, obviamente, hicieron caso omiso de la advertencia. Ahora ya se habían convertido en mártires.

La lógica de Gamaliel era un tanto peculiar, hay que reconocerlo. Empezó como digo, trayendo una serie de casos de revoltosos judíos que al principio metieron bulla para acabar en nada, sin pena ni gloria. Desde este campo empírico, el orador daba el salto dialéctico: ¿Por qué fracasaron? Porque todo aquello ‘no estaba de Dios’. Conclusión: laissez passer, laissez tomber; no hacer nada, y sea lo que Dios quiera.
No hace falta ser muy laico para sonreír ante un discurso tan de corte providencialista (o fatalista, tanto da), pasando por alto el papel de la policía en aquellos fracasos y la represión del ocupante romano. Gamaliel razona como lo haría un simpatizante de los nuevos ‘jesuitas’ –llamados más tarde ‘cristianos’–, cuya secta saldrá adelante porque ‘estaba de Dios’, desde luego, claro que sí; pero también porque en el propio Sanhedrín tenían un lobby cripto-cristiano, encabezado por nombres poderosos, como Nicodemo y José de Arimatea, amigos del difunto Jesús.

Aplicación al caso Mas
Una versión secularizada del ‘dilema Gamaliel’ aplicado a la coyuntura catalana sería: «Esperar y ver, si es sólo un delirio de Mas, o si hay algo de más sustancia. Algo catalán de verdad. Aunque sea también otro delirio, pero colectivo y tal vez irreversible.»
Hasta ahora, la actitud y el comportamiento del Gobierno de España para con el presunto delincuente en que se ha convertido el Presidente Mas ha seguido esa filosofía. Más o menos, la misma que con el caso vasco, donde a Bildu se le avisa que ha pisado la línea roja de la ilegalidad, bien entendido que mientras no la pise con aplomo y pertinacia suficiente, a juicio del Ministro del Interior, pierda la coalición toda esperanza de verse ilegalizada.
En tal supuesto, la conducta de Bildu, como la de Artur Más (si revalida su mandato) es previsible, igual que fue la de Pedro y los apóstoles: seguir a su bola. Y encima sin un palmetazo como el que recibieron éstos. Bueno, Bildu sí que tiene una especie de mártires vicarios, los etarras presos, y hay que ver lo que sufre por ellos, con ellos, en ellos. Mas en cambio ni es mártir ni tiene quien le haga las veces.
Tal vez por eso, porque el catalán se ve desnudo de toda legitimación martirial, él mismo se la toma al fiado y profetiza: «Vendrán por mí». ¿Quiénes irán por usted, don Artur? Su sueño dorado sería que fuesen los militares (una vez puesto a salvo el Honorable con su familia en Cataluña Norte), la artillería visando a Barcelona y los bombarderos sobrevolando la ciudad. También a Xabier Arzallus le ha gustado mucho fantasear con los tanques de la ‘Brunete’ sobre Euskadi, a sabiendas de que esas brevas no caen, a diferencia de las nueces.
«Tratarán de desestabilizarme», añade un Mas que ya canta victoria, y preñado de su Cataluña a término está a punto de ingresar en el paritorio de Europa. «Tratarán de hacerme que aborte».  Pero oiga, ¿quién va a intentar algo tan feo? El Gobierno central no, desde luego.  Rajoy hasta ahora ha sido un Gamaliel para Mas, y no un Sumo Sacerdote dispuesto a lapidarle, qué digo, ni siquiera a mosquearle con el azote. Y mira que Mas le ha chuleado a modo.
En cuanto al Parlamento de Cataluña, en todo él no hay una fuerza política que haga el papel de los saduceos y pida la cabeza de Mas. Al contrario, paradójicamente tiene a su favor al lobby fariseo socialista, que aunque vaya de rival político le hace el juego. Porque no otra cosa es sacar ahora la quimera de España federal, una metamorfosis inviable a corto plazo, ademá de inútil para frenar la loca aventura.

«Vendrán por mí, tratarán de desestabilizarme» ¿Desestabilizar a un tipo que hace el pino al borde del acantilado más alto de la Costa Brava? Vamos, eso no tiene mucho sentido. Pero quietos todos, que pronto llega el día de la verdad, y sea Cataluña la que estabilice o desestabilice, y nos resuelva el dilema de Gamaliel respecto al caso Mas.
Porque Cataluña es un problema, y su estrafalario Mesías es otro problema. No son el mismo problema. Aunque hay un hombre que cada mañana se saluda al espejo: «¡Buenos días, Cataluña!», Cataluña no es ese hombre. Y si Cataluña no es Mas ni se cree Mas, el 25-N es su ocasión de demostrarlo.
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[1] Hechos de los Apóstoles, 5: 38-39.


jueves, 1 de noviembre de 2012

La Desalmada de Matiscón


Muñeca (h. 1860) © Ruby Lane

En la madrugada del 28 de octubre  la policía francesa detuvo a la presunta etarra Izaskun Lesaka (‘Ane’), junto con Joseba Iturbide, su lugarteniente en la banda .  Se les confiscaron revólveres. ‘Ane’, pues,  estaba  de servicio, como cuadra a la que dicen ama de llaves del arsenal de ETA.
Desarmada, por tanto, no. ¿Y desalmada? Porque el hecho ha ocurrido en Mâcon, la antigua Matisco‘Ane’, la Desalmada de Matiscón...
Dirán, ¿y a qué viene eso? Pues sí. El nombre de la ciudad invita al calambur chinesco, desarmada > desalmada. Porque allí es fama que un concilio eclesiástico, en el siglo VI, definió solemnemente como dogma de fe católica que las mujeres son todas unas desalmadas. Vamos, que no tienen alma, y por tanto ni siquiera pertenecen a nuestra especie humana.
El bulo del Concilio de Mâcon el Matisconense II (año 581/583) prendió primero en la progresía de las Luces, de donde lo ha tomado la menos ilustrada progresía neofeminista.
Y la no tan menos. Recuerdo, hace 20 años, a Idoia Estornés en su columna de ‘El Mundo del País Vasco’, con una entrada (‘Misoginia Vaticana’, 16/11/1992) donde echaba en cara a la Iglesia el sobado concilio:

«Ni de lejos sospechaba yo que pertenecía a una confesión religiosa en la cual se había dudado que Cristo muriera también por las mujeres (Concilio de Macon), discutiendo incluso su pertenencia al género humano… »

Toda la gran cultura de los Estornés no  había librado a Idoia de la pifia. Por eso, y por su militancia feministame hice un deber de responderle en ‘cartas al director’: si necesitaba pruebas de misoginia eclesiástica no iban a faltarle, sin recurrir al matisconense
Este concilio le habría servido, por ejemplo, para denunciar antisemitismo clerical. Incluso misoginia, si se toma por ese lado el empeño en evitar confianzas entre clérigos y féminas, o entre monjas y varones (¡sobre todo galanes judíos!) [1]. Pero ni una palabra excluyendo a la mujer de esa esencialidad de hombre reservada a la casta elitista de los meaparedes, que dice la Biblia [2].
¿De dónde salió el disparate? La historia, algo confusa, la fue reconstruyendo Bayle en su Diccionario [3]. 
El fundamento del bulo es un pasaje de san Gregorio de Tours en la Historia de los Francos, donde habla en efecto de un concilio o sínodo  celebrado en Mâcon por orden del rey san Gontrán, el año 24 de su reinado (585/586). Sería por tanto el Matisconense III, no el II (581/582). O quizás otro sínodo fuera de lista. Pues bien [4]: 
       «Hubo en este sínodo uno de los obispos que insistía en que ‘la mujer no se puede llamar hombre’. Finalmente se calmó cuando los otros obispos se lo explicaron.  El libro sagrado del Testamento Viejo (Génesis 5: 2) enseña que ‘en el principio, al crear Dios al hombre, dijo: Macho y hembra les creó, y les puso por nombre Adán, esto es, hombre de tierra; llamando por cierto así también a la mujer como al varón, pues a ambos les llamó ‘hombre’. Como  también nuestro Señor Jesucristo se llama ‘Hijo del hombre’ por ser hijo de la Virgen, o sea de una mujer. La misma a la que dijo, cuando se disponía de convertir el agua en vino, ¿Qué nos va a ti y a mí, mujer? etc. (Juan 2: 4). Con estos testimonios y otros muchos más, la cuestión se dio por zanjada.».

El incidente es de gran valor lingüístico para el origen del romance, y hoy en día se entiende perfectamente en francés, donde en efecto una femme no se puede llamar homme, como argüía el buen obispo, cuya habla latinoide incurría en la sinécdoque abusiva y machista de tomar homo por vir o masculum. Tampoco en el romance castellano dice bien la mujer hombruna.
Recordemos que el mismo Gregorio, en el prólogo de otra obra suya, por modestia retórica se hace el vergonzoso ignorante, que se mete a escritor cuando le falta no sólo talento, sino hasta primeras letras, «confundiendo los nombres y sus géneros masculino, femenino y neutro, y hasta colocando mal las preposiciones, trastrocando el acusativo y el ablativo.» [5] En suma, un debate de Gramática, no de Teología.
 Lo demás de toda la conseja sobre la mujer sin alma, o la mujer no humana, se diluye en erudición desde el siglo XVI, bien en la pauta de la diatriba teológica, o mejor en la del humorismo académico y la broma literaria. Suerte para nosotros, si gracias a Google Books podemos degustar directamente aquellos panfletos, en vez de conocerlos de segunda mano, o sólo por el título.
 Así, en el plan bromista, exhumó Bayle al misterioso Valente Acidalioseudónimo de un protestante prusiano, que al no encontrar en empleo en su religión se pasó al catolicismo y según se dijo se volvió loco mientras seguía una procesión del Corpus, tras lo cual murió o se suicidó [6]. Se le atribuyó un panfleto anónimo impreso en 1595: Nueva disputa contra las Mujeres, en la que se prueba que ellas no son Hombres [7]. 
  Humorismo acorde con el apellido,  Acidalius, más acidillo que chistoso, por lo visto aquello quería ser una sátira contra los socinianos antitrinitarios de Samaritia (o Sarmacia, la moderna Hungría-Transilvania), secta bárbara de moral licenciosa, incluso polígamos. Si para aquella gente Cristo no es Dios, lógico que la mujer tampoco sea humana, sino un animal incapaz de redención y bautismo. (Por suerte no todos fueron así. De la misma cuerda teológica había sido nuestro morigerado Miguel Servet, quemado por Calvino en 1553.)
Aquella «futilísima disputación» tuvo respuesta inmediata en una Defensa del sexo mujeril, por Simón Gedicco (Gedick), Doctor en Teología y pastor del Arzobispado de Magdeburgo. Magdeburgo se había pasado al luteranismo, pero mantuvo postura conservadora. Es la invectiva de un eclesiástico profundamente molesto contra un irreverente blasfemo. Hombre inteligente y culto, se da cuenta o le han dicho que el panfleto es una humorada. «¿Escribió por diversión? Pues haber elegido otro tema. La mujer es sagrada.» [8].


 Las dos obras entraron en el Índice de libros prohibidos, primer  en versión italiana (1609), luego en los originales latinos , en edición conjunta (1714). Lo de la Disputatio, pase; pero condenar también la Defensa no, una obra exquisitamente mariana y respetuosa incluso con la ceremonia de bendecir las campanas. Para coronar el esperpento, todavía veo las dos inofensivas antiguallas condenadas en la última edición del Índice (1948) [9].
Con lo visto, tenemos una idea de la cuestión, y podemos ahorrarnos lo demás. En el fondo de todo ello late en clave de humor –variable a gusto de cada época– la eterna lucha de los sexos.
El anticlericalismo, tan corto de humor como el clericalismo, descubrió el famoso y nunca visto ‘canon del Matisconense II’, como una de esas barbaridades vergonzantes que la Iglesia esconde en su trastero. Como ente de imaginación, el canon ‘de la mujer sin alma’ es indestructible.  Lejos de mi embestir contra fantasmas o molinos de viento. 
Termino donde empecé . Todo ha sido por una mujer de ETA, más desalmada que desarmada, detenida en Mâcon del desalme. Una operación policial que no ha caído nada bien en los medios de Bildu. Su candidata para acaudillar Euskadi, Laura Mintegui, nos deja de piedra. El Gobierno de Madrid, según ella, «debería a empezar a no detener a quienes leyeron el comunicado», refiriéndose por supuesto al de ETA hace un año, anunciando su definitivo adiós a las armas.
¡Hombre, digo, mujer (que no varón)! Unos delincuentes reclamados por las justicias francesa y española, cogidos en flagrante portando armas sin licencia, con un coche robado y la matrícula falsa, ¿no deben ser detenidos? ¿Y eso sólo por haber leído un comunicado  de que dejan las armas, contra toda evidencia? Si Bildu no es ETA ni tienen nada que ver con la banda, ¿qué les va ni les viene? Hagan ellos política, si saben, y dejen a la policía y a la Ley hacer su trabajo. Deje doña Laura que su congénere Izaskun declare ante la Justicia si tiene alma y es humana.

Coda
En francés, el acento circunflejo representa una abreviatura; como en Mâcon, de Mascon / Matiscon; âme, de anme / anime, el alma (masculina y femenina) etc.  Mâcon es la capital del Mâconnois o Maconés, en Borgoña. Fue también título de un condado carolingio autónomo hasta 1476, en que se une a la corona de Francia, conservando sus Estados particulares durante todo el Antiguo Régimen. Pese a lo cual, el Maconés por ahora no reclama su derecho a la autodeterminación, y menos la independencia.
Al condado de Mâcon desde el siglo X les sale un grano muy molesto al fundarse una abadía en el vecino Cluny. Los condes anduvieron siempre a la greña con aquellos abades cada vez más ambiciosos, más poderosos y más santos, que se comportaban como auténticos papas.
En los años 1170 el enérgico conde Gerardo aprovecha la decadencia de Cluny para humillarlo, no sin apoyo de los nuevos monjes de Císter. Los cluniacenses recurren a la pedagogía medieval de los castigos celestes, inventando historias de terror. ¡Ay de los que osan tocar a Cluny!
De esas historias, la más efectista, la más romántica y verdaderamente fáustica, es la de aquel conde que en mitad de una fiesta... 
Pero, como Sherezade, veo que apunta el día. Quede la historia fáustica para otro relato.
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[1] «Para evitar maledicencias… se ordenó que los dichos [obispos, presbíteros y diáconos] eviten toda libertad culposa con mujeres extrañas, habitando sólo en caso de necesidad con la abuela, la madre, la hermana o la sobrina… Que ningún clérigo ni seglar entre sin necesidad en monasterios femeninos, ni resida en ellos o converse en privado con las religiosas. Valgo lo dicho en especial para los judíos… Que no se permita a mujer alguna entrar en la alcoba del obispo sin compañía de dos presbíteros… Que se niegue a los judíos permiso desde el jueves santo hasta primero de pascua para circular  por las calles o la plaza de forma insultante, que hagan la reverencia a todos los señores clérigos, y delante de los sacerdotes no tomen asiento hasta que se les ordene…»

[2] En hebreo, mashtîn beqîr, el que orina en la pared; en la Vulgata, mingens ad parietem). Media docena de veces aparece la expresión, siempre refiriéndose a una masacre: «no dejar ni un mea-en-pared» (1 Sa 25: 22 y 34; 1 Reyes 14: 10; 16: 11; 21:21; 2 Reyes 9: 8.). Por influencia de la Historia Sagrada y en igual contexto usa también Gregorio de Tours la expresión en su Historia de los Francos (4, 38 y 7, 38).

 [3] Dictionnairehistorique et critique de Pierre Baile. Paris, Desoer, 1820. Buen resumen de la cuestión en Wikipedia: Légende du Concilede Mâcon’ y su ‘Discussion’. En inglés, Michael Nolan, ‘The Mythof Soulles Women’ (el Mito de las Mujeres Desalmadas).

[4] Historia de los Francos, 8, 20; PL 71: 462.

[5] La gloria de los santos confesores, Prólogo; PL  71:828-829.

[6] Bayle, Dictionnaire, ed. cit., t. 1, págs. 174-177.

[7] Disputatio Novacontra Mulieres. Anno M. C. XCV., 24 págs. Tal cual, un impreso bien anterior a la invención de la imprenta. Errata o broma, se entiende 1595. El carácter anticatólico se  manifiesta en expresiones como ‘los papistas’.

[8] Sobre 'Gediccus (Simon)' v. Bayle, o. cit., t. t, pág. 46Defensio Sexus Muliebris. Leipzig, 1595; 60 págs. sin numerar. Bayle cree que Gedick ni siquiera captó la intención del panfleto que refutaba. Posteriormente se hicieron ediciones juntando ambos textos, la Disputatio y la Defensio, probablemente para producir vis cómica, si tomamos como ironía la frase, «donde varonimente se enervan uno a uno los argumentos del Anónimo».

 [9] La versión italiana se titula, Discorso piacevole, che le donne non siano delle spetie degli huomini, tradotto da Oratio Plata. La publicación latina dice, Disputatio periucunda, qua Anonymus probare nititur, mulieres homines non esse; cui opposita est Simonis Gedicci Defensio sexus muliebris. Index librorum prohibitorum. Typis Polyglottis Vaticanis, 1948, págs. 139 y 140.