Fe es creer en lo que no tenemos ni
idea.
Claro que cuando tocan a
desmitificar todo el mundo arrima el hombro, y no queda títere con cabeza. Aquí
la Entmythologisierung laica devalúa la presencia real española en el
escenario bélico vitoriano. ¿Estuvimos allí, junto con los británicos y
portugueses a las órdenes de ‘Vellintón’? ¿Merecimos la Cruz de la Batalla
de Vitoria?
Como en todo ‘paisaje
tras la batalla’, no faltaron aquí tampoco los tipejos habituales del rebusco, a por unas
buenas botas, un reloj, una bolsa de monedas… En el caso especial de Vitoria,
el vencido José I huía con una impedimenta fabulosa que, paradójicamente, le
libró de caer prisionero, pues no tuvo más que ir soltando lastre para clavar a
sus perseguidores en el sitio, legua tras legua. Ingleses, portugueses, hasta
franceses disfrazados de pordioseros, se aplicaron a fondo al botín, lo mismo que guerrilleros
españoles, y los relatos hablan de caravanas de aldeanos vascos que con sus carretas de
bueyes y sus mulas trajinaron como el que más.
¿Fue esa toda la mano de
obra vasca y española en Vitoria? A los críticos nacionalistas de la Guerra de
Independencia les gusta verlo así. Y aunque ese tipo de apreciaciones no sea de
las que me sacan de quicio, ésta en concreto me la tomo un poco en plan
personal. Me explico.
Es ello que en el
tesorillo familiar tenemos un ejemplar de dicha cruz. La ganó algún antepasado
de mi mujer, y por alguna carpeta anda el papel acreditativo, sin el cual no
era permitido usarla. Y aunque en la Red hay alguna imagen de esa insignia, procuraré
ofrecer la nuestra con cierta calidad, por el interés de los detalles.
La Cruz de Vitoria
La creó Fernando VII a
propuesta del guerrillero vizcaíno, reconvertido en mariscal de campo (general
de división), don Francisco Tomás de Anchía y Urquiza, llamado Longa por su
caserío natal en Mallavia (1783-1831). A Longa le pilló la guerra afincado en la
Bureba (Burgos), donde se había casado con la hija de su patrón.
Aquí se puede ver el
texto de la Real Orden (Madrid, 2 de abril 1815), tal como apareció en La
Gaceta de Madrid (martes 25 de abril), tomo 1, pág. 430. Y que no se
concedió a voleo lo prueba el párrafo donde se fija el procedimiento, tan
riguroso como el aplicado para las distinciones de San Marcial (Irún) y de
Tolosa.
¡Pues claro que hubo
españoles en la compleja ‘Batalla de Vitoria’! Además de Longa y el pariente, de
entre más de 16.000 compatriotas –de un total de 76.000 aliados– , muchos
supervivientes pudieron acreditar su derecho a la recompensa.
Con la imagen delante,
fijémonos en el texto descriptivo de la Real Orden:
«formando el centro de la cara principal un
círculo en campo roxo, con tres espadas, atadas con cinta blanca,
y en ella el lema en bascuence Irurac-vat [sic], y en el reverso sobre
campo blanco la inscripción ‘Recompensa de la batalla de Vitoria’;
debiéndola llevar pendiente del ojal de la casaca o chaqueta con cinta, compuesta
de tres listas iguales de los colores azul, roxo y negro, distintivo de las
tres Naciones que concurrieron a la referida acción, ocupando el color
roxo el centro.»
Pasando por alto el
regio lapsus o errata –vat, repetido por respeto en todos los textos que
he visto, aunque enmendado en la propia medalla–, cabe preguntar qué sentido
tiene aquí el lema Irurac bat. No me refiero al significado gramatical –“los
tres uno”, o tres en uno–, sino a qué trinidad concreta se refiere, y cuál es
aquí el dogma trinitario.
irurac bat era el lema escogido por el Conde de Peñaflorida, Xavier María de Munibe, y cofundadores para su Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Fundada en Azcoitia (Guipúzcoa), en la Nochebuena de 1764, por 16 próceres vascos, Carlos III la aprueba como ‘Real Sociedad’ en abril de 1765, esto es, en vísperas de la expulsión de los jesuitas del Reino (abril 1767).
irurac bat era el lema escogido por el Conde de Peñaflorida, Xavier María de Munibe, y cofundadores para su Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Fundada en Azcoitia (Guipúzcoa), en la Nochebuena de 1764, por 16 próceres vascos, Carlos III la aprueba como ‘Real Sociedad’ en abril de 1765, esto es, en vísperas de la expulsión de los jesuitas del Reino (abril 1767).
La Bascongada fue modelo para otras
análogas ‘sociedades económicas’ en diversas provincias del Reino, todas con
base en la Amistad o Amitié, de inspiración francesa. De hecho aquel
lema se plasmó en un logotipo (como hoy decimos), obra del artista Manuel
Salvador Carmona: Tres manos unidas y enlazadas por el Irurac bat. Era
la expresión de las tres Provincias Vascongadas unidas en el esfuerzo de promocionar
el País, en la línea y filosofía del Despotismo Ilustrado que nuestros próceres
encarnaban. Veinticuatro a la sazón, ocho por cada provincia de Guipúzcoa,
Vizcaya y Álava.
Por cierto, dos de las
manos son diestras, mientras que la central y vertical es siniestra (pudiendo
no serlo); y la unión es más bien fría, nada de apretón. Ignoro si todo ello es
porque sí, o encierra algún misterio. Todo el emblema responde a una estética ‘masónica’,
muy de entonces; pero, casualidad, todo ha resultado luego bastante profético.
Por lo demás, los fundadores
de la Bascongada, aunque ilustrados y atentos a los aires cultos de Francia y
Europa, eran gente religiosa, y si en su biblioteca tenían y leían La Enciclopedia
y otras obras prohibidas, era con licencia de Su Majestad y de los respectivos
directores espirituales. Todo ello no impidió el que los «caballeritos de
Azcoitia» –como les llamó con sorna el jesuita José Francisco de Isla, ya desterrado
en Bolonia– tuviesen sus más y sus menos con el oscurantismo local y nacional.
Misterio trinitario
Muchas veces me he
preguntado de dónde salió el Irurac bat, y siempre llego al mismo sitio: al Comma
Johanneum. ¿Y eso qué es?
El ‘Inciso de Juan’ es un misterio dentro del misterio. Es lo que aquí va en negrita, en
este texto tomado de la Epístola I de Juan, 5: 7-8, según la Vulgata
latina:
Tres son los que atestiguan en el cielo: el
Padre, el Verbo y el Espíritu Santo: y los tres son uno. Y tres son los que
atestiguan en la tierra: el Espíritu, el Agua y la Sangre: y los tres coinciden
[1]
Omítase el inciso en
negrita, y el texto ya no dice lo mismo. No es que resulte más claro o más
oscuro, es otra cosa. Y sólo aparece en latín, desde el siglo III. El original
griego lo ignora, y los orientales no lo admiten. El tal inciso (o comma)
fue sin duda una glosa explicativa añadida para poner de relieve el misterio de
la Trinidad. Erasmo, en la primera edición del Nuevo Testamento griego (1512),
lo suprimió sin más, con muchos dolores de cabeza. Para entonces ya estaba impreso
(a espera de permisos) el Nuevo Testamento de la Biblia Políglota de Alcalá,
donde no sólo se mantiene el comma en latín, sino que se interpola
traducido en el griego. La expresión esencial es idéntica en griego, latín o
vascuence:
ΟΙ ΤΡΕΙΣ ΕΝ ΕΙΣΙΝ
HI TRES UNUM SUNT
IRURAC BAT
El coma juaneo entraba en la cultura general religiosa media. Por
otra parte, Munibe y otros caballeritos eran buenos músicos y cantores, que ejecutaban
con gusto el famoso motete de Tomás Luis de Victoria Duo seraphim, con
su coda archifamosa, et hi tres unum sunt.
El Irurac-bat,
con guión o sin él, irá cobrando cariz más y más político en la Revolución Vasca. Así se llamó un diario
bilbaíno (desde 1856); como también se inventó una bandera roja con el mismo
motivo de la Bascongada (1859), la primera enseña vasca unificada [2]. Por
otra parte, el Tres se hizo Cuatro con Navarra (Laurac bat) –por
ejemplo, en otras banderas de 1881 [3]–, y Siete (Zazpiak bat), en
evocación larramendiana de irredentismo. Un proceso aritmético que arruina la
belleza mistérica trinitaria derivada precisamente del comma. Bien es
verdad que el Siete también tiene su morbo. Lo que queda chato y de pata de
banco es el Cuatro ese, que ha dado pie al engendro de escudo oficial que
tenemos en la Comunidad Vasca, con un cuartel rojo mudo, en cuarentena por
prescripción facultativa y obstinación política.
Volviendo a la insignia
de la Batalla de Vitoria, vuelve también la intriga sobre el Irurac bat.
¿Quiénes son aquí los, o las Tres? Deberían ser las ‘provincias’, Álava,
Guipúzcoa y Vizcaya, pero no es posible sin hacer un feo a Navarra, que
también luchó.
Recordemos que se trata
de una distinción nacional. A mi ver, las tres espadas o sables cruzados
no son las Vascongadas, como a primera vista parece decir la letra, sino lo
mismo que representan los tres colores de la cinta: «las Tres Naciones que
concurrieron a la referida acción». Gran Bretaña, España, Portugal: esta
fue la Trinidad Unida vencedora de la Francia de Napoleón.
De los tres colores, el
rojo de en medio apunta a España. El reparto de los otros dos debe de ser
sencillo para los que entienden en símbolos, para mí un misterio. Igual que en
el emblema de la Bascongada, representando a Guipúzcoa, esa inquietante mano
izquierda a contrapelo.
[1] ‘Y los tres son uno’: en latín, et hi tres unum sunt. El original griego dice en cambio ‘y los tres son para uno’; esto es, los tres testigos coinciden.
Para mi pobre cabeza, fe es lo que puse al principio. Y en esto de
los jeroglíficos identitarios unitrinos al gusto de mi tierra, me confieso poco dotado, hombre de
poca fe.
_________________________________[1] ‘Y los tres son uno’: en latín, et hi tres unum sunt. El original griego dice en cambio ‘y los tres son para uno’; esto es, los tres testigos coinciden.
[2] Irurac-bat, bajo el emblema de la Bascongada,
fue en su tiempo el periódico más leído de Bilbao, portavoz de un fuerismo liberal
unitario moderado y autonomista, precursor del de los euskalerriacos. Sobre la
bandera trinitaria, v. el excelente artículo de Coro Rubio Pobes, ‘La primera
bandera de Euskal-Erria’, Sancho
el Sabio, 20 (2004): 173-179.
[3] Ibíd., págs. 174-177. Una
de éstas, netamente monárquica y atribuida a la Guerra de la Independencia,
sería la que da título al artículo: la primera bandera de la Euscalerría
peninsular.










