martes, 4 de agosto de 2009

Precisión



El Diccionario de la RAE registra varias acepciones del término precisión. He aquí dos de ellos:

2. f. Determinación, exactitud, puntualidad, concisión 4. f. Fil. Abstracción o separación mental que hace el entendimiento de dos cosas realmente identificadas, en virtud de la cual se concibe la una como distinta de la otra.

A lo que se ve, la Academia no recoge otra acepción retórica de precisión en el sentido de reticencia, cuando empezamos a decir una cosa y, por algún respeto, cortamos el discurso dejándola a entender.
Aquí vendría bien un ejercicio de aplicación para usar con propiedad la palabra. Empezando por la acepción número 2, haremos la siguiente

1. Precisión sobre la novedad del término vasco.

Escribiendo la entrada anterior (miércoles 29 de julio), no tuve a mano algunas fuentes habituales, que ayer he podido consultar. Sin quitar nada de lo dicho, me gustaría puntualizar y completar algún dato. Me refiero a los dos diccionarios de la lengua más importantes de los siglos XVII y XVIII respectivamente.


1.1. Sebastián Covarrubias Orozco (1539-1613), toledano, canónigo de Cuenca, fue autor del Tesoro de la Lengua Castellana, o Española (Madrid, Luis Sánchez, 1611; 2ª ed. añadida, 1673/4). Uso la edición de Martín de Riquer.


Por supuesto, la palabra 'vasco' le es totalmente desconocida. Tampoco registra 'vascongado' como gentilicio (sólo como nombre de la lengua, vascongada), aunque ya lo usó en el siglo XVI Martín de Azpilcueta, el 'Doctor Navarro' (derecha), en su Manual de confesores y penitentes (1553), que Covarrubias tuvo que conocer necesariamente.
Aquí nos interesan primeramente dos entradas sinónimas: Gascuña y Vascuña:

Gascuña. Es lo mesmo que Vascuña. Gascones y vascones.
Abraham Ortelio dice ser Navarra, según la opinión de Tarafa, y añade: Postquam autem ex Hispania in Galliam se transtulere, Gascones dicti fuere, ut hactenus vocantur.
De allí se dixo su lengua gascuence o vascuence.
Verás al padre Pineda en su Monarquia Ecclesiástica, en la segunda parte, lib. 14, cap 16, § 5, y dize assí:
«Vasconia, que agora se llama Gascuña, de la otra parte de los Pirineos; y dize bien Blondo Fabio Forliviense que Vasconia quiere dezir en lengua góthica Gothia Occidental; y en tal caso no Vasconia sino Vasgothia se avía de llamar; y es creyble aver sido assí, sino que con la corriente de los tiempos se mudan las cosas y sus nombres». Hasta aquí Pineda.

[El Tarafa citado es el canónigo catalán Francesc Tarafa, en su deficiente Crónica de los Reyes de España (Amberes, 1553), traducida del latín por Alonso de Santa Cruz (1562). Pineda es fray Juan de Pineda, franciscano, autor de una Historia Universal del Mundo, titulada extrañamente Monarquía Eclesiástica (1ª edic. completa, Salamanca 1588). No confundirle con el padre Juan de Pineda, docto escriturista e inquisidor jesuita o 'teatino', que según Góngora, tenía más de 'tea' que de 'tino', al menos como censor; y no le andaba lejos Quevedo. El Forliviense fue Flavio Biondo de Forlì (1392-1463), un secretario papal humanista y arqueólogo, precursor de Gibbon como historiador del decadente Imperio Romano. Ortelius fue el realizador del primer atlas mundial, el Theatrum Orbis Terrarum, con 31 ediciones entre 1570-1612, donde se habla de los vascos franceses como emigrantes desde España.]

Vascuña. Por otro nombre dicho Gascueña y por otro Lipúzcoa y Cantabria; comprehende en sí los pueblos de Bizcaya y parte de Navarra. La lengua de los desta tierra llamaron vascongada. Tiénese por cierto que la primera población de España fue la de esta tierra, por Túbal, tataranieto de Noé; y es cosa admirable que hasta nuestro tiempos se aya conservado sin mezcla de otra alguna, excepto algunos vocablos que por la comunicación de los demás pueblos se avrán introducido. Esta gente hasta la predicación del Evangelio vivió en la ley de naturaleza, adorando un solo Dios verdadero. La Cantabria, Guipúzcoa, Álava, Vizcaya y las demás partes del reyno de Navarra que han participado y participan desta lengua, es de la gente más antigua y más noble y limpia de toda España.

[Subrayo el entusiasmo de Covarrubias por la leyenda de Túbal y por una gente que le parecería familiar por su segundo apellido, Orozco. Nótese la inclusión sólo de «parte de Navarra», lo que lleva a una identificación del 'vascuence' como topos lingüístico.]

También conviene conocer del mismo diccionario el artículo siguiente, donde el gasto lo hace básicamente Garibay:

Cantabria. Provincia en la España Tarraconense, que confina con las Asturias, de donde el mar Océano, vezino a ella, se llama Cantábrico. Vulgarmente se dize Vizcaya, y por otro nombre Lipúzcua o Guipúzcoa.
De los vizcaínos se cuenta ser gente feroz y que no viven contentos si no es teniendo guerra; y sería en aquel tiempo quando vivían sin policía ni dotrina. Agora esto se ha reduzido a valentía hidalga y noble, y los vizcaínos son grandes soldados por tierra y por mar; y en letras y en materia de gobierno y cuenta y razón, aventajados a todos los demás de España. Son muy fieles, sufridos y perseverantes en el trabajo. Gente limpíssima, que no han admitido en su provincia hombres estrangeros ni mal nacidos. Dellos escribe Silio Itálico:

Cantaber ante omnes hyemisque, aestusque, famisque / invictus.

Y luego hablando de los mesmos:

Nec vitam sine Marte pati: quippe omnis in armis
Lucis causa sita est, damnatam vivere paci.

Escriven de los cántabros, que quando vencidos de sus enemigos los enclavaban en las cruzes, que en aquel tiempo eran como agora las horcas, mostravan alegría y contento, cantando canciones en su lengua. Díxose también Cantábriga, según algunos autores de Brigo. Vide Estevan de Garibay, lib. 4, caps. 3 y 7.

[Aparte la misma visión idealizada del 'vizcaíno', hidalgo noble por su propia naturaleza y virtud, conviene precisar lo de «aventajados en letras», que como explicó Caro Baroja, se refiere a lo que se llamaba 'cosas de pluma', es decir, de escribanía, empezando por la caligrafía y siguiendo por la redacción y la contabilidad –«cuenta y razón»–, lo que les hizo destacar como buenos secretarios. En cuanto a lo de «gente limpísima», se refiere a 'limpieza de sangre', con un toquecito racista que ya apuntaba en aquellos orgullosos hidalgos, en una tierra inhóspita para 'extranjeros y mal nacidos': los que finalmente se señalarían como maketos, pero que de momento eran sólo judíos y moros, como también gabachos, tudescos o ingleses apestosos de herejía. Los versos latinos de Silio Itálico (siglo I) son de Las Guerras Púnicas,), poema épico muy apreciado entonces porque se creía que el autor fue sevillano de Itálica.]

Covarrubias no dedica entrada al vascuence. Sin embargo, en Bizarría propone esta etimología: «Otros dizen ser nombre bascuence 'bizarría' y 'bizarro', y que vale tanto como 'hombre de barba'…; y assí la bizarría no sólo se muestra en el vestido, pero también en el semblante y en la postura de la barba y vigotes». El mismo origen vascongado (bizarro = bizardun o 'barbado', de bizar, barba) había publicado poco antes Baltasar de Echabe en sus Discursos de la antigüedad de la lengua cántabra bascongada (Méjico, 1607), opinión que conoce la Academia, como vamos a ver.

1.2. El primer diccionario de la lengua autorizado fue el de la Real Academia Española (6 tomos, 1726-1739), llamado 'de Autoridades', por las citadas para ilustrar las entradas. Veamos las que no interesan:

Despachamos primeramente Bizarría, artículo basado en Covarrubias, suspensa la etimología entre el árabe, el italiano y el bascuence. Opinión esta última que subleva a don Juan Corominas en el extenso artículo Bizarro, a favor del italiano (Corominas-Pascual, Diccionario etimológico castellano e hispánico, 1: 595-597).

El 'bascuence', escrito con be en el artículo 'bizarría', tiene en este Diccionario entrada propia con uve:

Vascuence. s. m. El idioma, ù Lengua de Vizcaya. Lat. Idioma Cantabricum. Ambr. Mor. lib 9, cap. 3. De lo dicho resulta entenderse, cómo no tienen buen fundamento los que quieren decir, que la lengua que los Vizcaínos agora tienen, y llaman Vascuence, fue la común antigua de toda España.

Vascuence Se llama también lo que está tan confuso, y obscuro, que no se puede entender…

Vascongado, da. adj. que se aplica al dialecto de Vizcaya. Lat. Cantabricus, a, um. NAVARR. Man cap. 22. El qual, si viera los Obispados de Castilla, Navarra, y Francia, en que hay Vascongados, y Romanzados, no dixera esto.

[La 'autoridad' para el caso, Navarro, es el citado Azpilcueta en su Manual de confesores, lo que prueba que ya en el siglo XVI se decía vascongado, no sólo del idioma, sino de los que lo hablan, los euscaldunas.. La otra autoridad anterior es Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II y contrario a la tesis vascoiberista de Garibay]

Lo que no existe para el Diccionario es el término vasco, ni como adjetivo ni como gentilicio. Sólo unas décadas más tarde el adjetivo hará inclusión como galicismo, desde Francia.
Sin embargo, hay una entrada que a primera vista haría suponer la presencia de 'vasco' desde mucho antes. Me refiero a la voz

Basquiña. s. f. Ropa, o saya que trahen las mugéres desde la cintúra al suelo, con sus pliegues, que hechos en la parte superior forman la cintura, y por la parte inferior tienen mucho vuelo. Pónese encima de los guardapieses y demás ropa, y algunas tienen por detrás falda que arrastra. …

La relación entre 'basquiña' y 'vasca' es obvia para Corominas. Incluso existe la variante basca, 'especie de jubón' (dice), V. basquiña. Veamos pues:

Basquiña, del port. anticuado vasquinha íd., diminutivo del gentilicio vasco. 1ª doc.: 1547, Palmerín.

En portugués se halla también desde el s. XVI. El uso en la Península ha de ser algo anterior, pues el fr. basquine, de uso frecuente en el siglo XVI y tomado del castellano, ya aparece en 1535 (Schmidt, ref.). Baltasar del Alcázar emplea la forma castellanizada basquina, de donde viene el fr. basquine, ya en Rabelais, Gargantua, cap. 56 (Sainéan, la Langue de Rab. I, 164). Ast. basca 'vestidura parecida al jubón, hecha de bayeta' (V.). El hispano-árabe gaskûn traducido "camisia" por R. Martí, y procedente también del lat. VASCONEM (>gascón) ha de tener origen semejante; pasó al val. basquinya (= cat. faldilla) a. 1575… (Corominas-Pascual, 1:536).

¿Qué decir de ello, y en especial de lo que marco en negrita y amarillo? Con todo respeto a filólogos tan autorizados, creo que la palabra no deriva del castellano 'vasco', sino del francés basque. De hecho, ya dice que la variante arábiga para Ramón Martí (siglo XIII) en femenino sonaría igual que 'gascona'.
La primera referencia francesa, 1535, es precisamente el año de publicación del Gargantua. El citado cap. 56 es muy interesante para la nomenclatura del traje, tanto femenino como masculino, pues describe la supuesta moda de vestir en la imaginaria Abadía mixta de Thélème. Allí se dice que las monjas, por debajo de la camisa, «vestoient la belle vasquine, de quelque beau camelot de soye» (vestían la hermosa vasquiña, de cierto hermoso camelote de seda). Un oximorón irónico, pues los camelotes se hacían de pelo de camello, o en su defecto de cabra, algo insoportable para las refinadas telemesinas. De camelote eran, por ejemplo, los cilicios de penitencia que se llevaban a flor de piel, como aquí la basquiña monjil, que siendo de seda, bien estaba para por debajo de la camisa.
Por cierto, la anotadora de la edición que uso de Rabelais, Oeuvres complètes, París, Seuil, 1973, pág. 200, despacha la vasquine definiéndola como 'corset très raide' (corsé muy tieso), que no sé de dónde lo saca, para señoras tan finas como las del camelote sedoso. Camelote (dice): forte étoffe de poil de chèvre (paño fuerte de pelo de cabra). Y así todo por el estilo. Sin comentario.

2. La precisión como operación lógica y figura retórica.

Aquí podríamos tomar como ejemplo las declaraciones de Joseba Egibar sobre ETA que publicaba ayer El Correo. No sobre el final de ETA, sino sobre su «decisión de parar», cosa que según el político jeltzale debe tener «un final dialogado», porque si no, ya se sabe (o por lo Menos Egibar lo sabe), «este tipo de fenómenos puede rebrotar».
Aquí sí que hay 'precisiones' a barullo (abstracción, reticencia, de todo...). Lástima que lo anterior ha salido un poco largo y no queda sitio para otro tanto. Otro día será.

miércoles, 29 de julio de 2009

A vueltas con lo vasco




 

Por una experiencia estrictamente familiar, tengo la idea de que el término 'vasco', tan extendido hoy, estaba mucho más restringido en la época de mis abuelos. Recordando …, me queda la impresión de que para ellos el término 'vasco' era algo que sólo usaban para 'pelota vasca', para 'Pais Vasco' (el de Francia), y poco más. Que la idea de 'cultura vasca' es algo que les hubiera producido una carcajada, y que el término aplicado a una persona les hubiera resultado directamente ofensivo.
La pregunta es: ¿En qué contexto / significado figura el término 'vasco' en la literatura de, digamos, antes … de Arana? ¿Aparece con su significado moderno con alguna frecuencia?
Por supuesto, digo esctrictamente 'vasco'. No vale ni euskérico, ni euskalerríaco, ni vascongado, ni cualquier otra variable que podría parecer comparable, pero es bien distinta.

Esto decía y preguntaba PLAZAEME (27 de julio, 20:43), como puede verse completo en su lugar, junto con mi respuesta de alcance, donde le ofrecí tocar el tema, no sin antes «invocar a santa Ana y a los Catorce Auxiliadores».
Ahora (resuelto un problema de conectividad a Internet), he ahí la pregunta y mi reflexión, bien poco autorizada en verdad, sobre esa faceta de la 'cuestión vasca'.

1. Si se permite empezar con una boutade, el término vasco es traducción del alemán, die Basken, baskisch, 'los vascos', 'lo vasco', a través del francés, basque. Es un modo de recordar que los vascos del siglo XIX se enteraron de que también podían denominarse así, porque así era como les llamaban estudiosos foráneos de la etnia y lengua éuscara o vascongada, como el alemán Alejandro de Humboldt (1769-1859)(foto), o el francés Luis Luciano Bonaparte (1813-1891).
No obstante, la prioridad de hecho respecto a España fue francesa. Basques era sinónimos de aquitanos, los franceses de Aquitania-Gascuña, incluido el Pays Basque. El origen del término es oscuro, aunque es patente su relación con gascón, equivalente a vascón. No faltó la seudoetimología: basco, de baso, monte (la gente montaraz).

2. Antiguamente los nombres de pueblos y gentes eran plurales: Vascones. En los autores latinos, eran una de las 'tribus' entre el Pirineo occidental y el Ebro, junto con los Varduli, Caristii y Autrigones. Superpuestos al mapa moderno regional, es debatida la correspondencia con las provincias de Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya nuclear y Encartaciones/Mena/Merindades de Castilla-Vieja.
Este esquema deja fuera a los vascos franceses (lo que ahora llaman los nacionalistas Iparralde). Algún tiempo se supuso que eran 'invasores', procedentes del país vasco-navarro español (lo que ahora se llama en nacionalista Egoalde). Coincidiendo en parte con esa idea, la citada prioridad del francés basque respecto al español vasco ha hecho que a menudo 'vasco' haya significado 'vasco francés', o bien como adjetivo, lo propio de allí.

3. La gente de 'aquí' se llamaron primero vascones (o báscones). La toponimia de repoblación medieval registra nombres relacionados, como Báscones, Vasconcillos, Bascuñana (Basconiana) etc. En toda la época goda y hasta la Baja Edad Media se habla de vascones. En el siglo XV aparece vizcaíno, que terminará suplantando a vascón. Pero, como me hace notar Jon Juaristi*, en Lope García de Salazar era todavía término nobiliario, reservado a las Familias de los 'Parientes Mayores' que se repartían el señorío. Liquidadas las guerras banderizas, vizcaíno se extiende a todos los naturales de Vizcaya, y aun a todo el País Vasco, donde se hablaba el 'vizcaíno' o vascuence (eusquera).
Una consecuencia de tal generalización fue que el sello nobiliario del término se generalizó en forma de 'hidalguía general', que funcionó como privilegio foral hasta la abolición de los estamentos nobiliarios. Para toda Cantabria y Castilla, vizcaínos eran todos los que hablaban el vizcaíno o vascuence, a menudo con connotaciones no tan positivas. (Ya Iturriza recogió la 'etimología' Bizcaínos, bis Caines –doblemente Caínes−, tan improbable para puesta en la augusta boca de nuestro frustrado conquistador romano.)

4. En la época de la Ilustración (siglo XVIII) se usa mucho el término 'vascongado'. A algunos les ha molestado ese nombre, y recuerdo que el desaparecido filólogo Hendrike (no sé si lo escribo bien) Knörr arremetía contra la denominación 'Provincias Vascongadas', suponiéndola más joven de lo que es, pero sobre todo atribuyéndole valor, que no tiene, de sujeto pasivo: «¿vascongadas, por quién?», preguntaba retóricamente. ('Vascongado' existe al menos desde el siglo XVI.)
De aquel siglo XVIII data la todavía viva Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, con el lema bíblico juaneo (1 Juan, 5: 7-8), Irurac bat, mero deseo piadoso, por lo que respecta a las tres Provincias Vascongadas. La difusión de sociedades ilustradas filiales o similares dio pie a la extensión Laurac bat, comprendiendo también a Navarra, pero no con el anhelo anexionista de hoy, ni nada parecido.

5. El primer romanticismo, con Herder (m. en 1803, un siglo antes que Sabino Arana) supondrá un redescubrimiento del 'pueblo de los Vascos', con todas sus consecuencias ideológico-políticas, pero también como cosa de interés científico, en especial en la lengua. Humboldt, el gran científico universal romántico, fue también el divulgador universal del término 'vasco', aplicado a unas gentes y a su lengua. Humboldt era prusiano, pero aparte de conocer el español, la lengua científica de la época era el francés.
A fines de aquel siglo XVIII y principios del XIX ya la influencia francesa ha introducido aquí el galicismo 'vasco'. Pero un Mogel, o un Astarloa, todavía no dicen, por ejemplo, «Fulano es vasco», o «nosotros los vascos». Lo emplean como adjetivo, sobre todo para la lengua vasca, la que antes se llamaba lengua vizcaína o vascongada y vascuence. Vascuence (del adverbio latino vasconice, 'a la [manera] vascona') es el equivalente literal castellano de eusquera; pero 'el vascuence' ha tenido también la acepción geográfica de 'el territorio donde domina el vascuence'.
Aquella primera entrada tímida de 'vasco' al sur de Pirineos será seguida por la incursión en tromba del mismo término, ya en la época romántica, y su implantación en la post-romántica, es decir, a lo largo del siglo XIX. 'Vasco' seguirá siendo adjetivo; pero más importante es su consagración como sustantivo, suplantando a los viejos términos como nombre principal gentilicio: los vascos. Así el navarro Navarro Villoslada subtitula su novela romántica imaginaria, Amaya, o los Vascos en el siglo VIII (desde 1877).
Es por otra parte una época empapada en las fantasías y paparruchas dieciochescas del 'celtismo-druidismo' y las supercherías osiánicas. Dejado el estudio de lo vasco en manos de diletantes, el resultado se puede imaginar.

6. Todo esto es anterior a Sabino Arana y al nacionalismo vasco. Los vascólogos, que escriben, hablan y piensan fundamentalmente en términos y categorías, digamos, erdéricas, no-vascas, usarán 'vasco' como término principal, en paridad con 'vascongado' como adjetivo, reservando para momentos más líricos términos como 'vascón', 'éuscaro', 'euscariano' y otros. Unamuno, por ejemplo, en artículos escritos por los años 80, que recogerá en De mi País («País Vasco»), puede decir indistintamente «nosotros los vascongados», o bien «los vascos».
En cuanto a euscaldun, que de suyo designa al 'dotado de vascuence' o poseedor de la lengua vasca, al cavilador Sabino Arana le pareció que, en un momento en que muchos vascos no eran 'euskaldunes', convenía inventar término para ellos, ya que a todos iba dirigida la buena nueva de la patria nacional, Euzkadi*. De ahí surgió el neologismo sabiniano euzkotarra (oriundo de Euzkadi). Sin embargo, Arana como político no estuvo muy volcado en los vascos, sino en los vizcaínos o bizkaitarras. Su Partido Nacionalista Vasco tuvo como nombre de origen JELZ, acrónimo de Jaungoikoa Eta Legi-Zarrak (Dios y Leyes Viejas). De hecho, el afiliado o simpatizante del partido, y el propio partido, se llama jeltzale. En los años 70-80, Unamuno es más 'vasquista' que Arana.
Arana muere en 1903. Desde principio del siglo hasta 1920 aproximadamente, lo 'vasco' cobra y goza de gran prestigio, no necesariamente nacionalista. Se funda la Sociedad de Estudios Vascos, una Academia de la Lengua Vasca.

7. PLAZAEME en su exordio se ha referido a experiencias personales limitadas. Más o menos, todo es limitado, relativo, concreto y, sobre todo, mudable. El reciente fraude de Veleia, con todo lo lamentable y grotesco que ha sido, tiene al menos una enseñanza. Las inscripciones en vascuence, saludadas con inexplicable alborozo por una autoridad académica como el citado Knörr, se vinieron abajo en cuanto alguien inteligente las leyó y… las entendió. Bastante milagro es el eusquera real, como para colgarle ese milagro imposible, a saber, una fijeza que permitiera a un escritor del siglo III-IV comunicarse con cierta fluidez con lectores del XXI, cuando un euskaldun corriente de hoy tropieza en los textos vascos del siglo XVI-XVII. Todo evoluciona, hasta las lenguas milenarias, y también los vascos que, de puro antiguos, «no datamos». En efecto, pasa lo mismo con la 'raza'. Físicamente, los vascos como grupo humano son semejantes a su entorno racial atlanto-mediterráneo, aunque un acusado aislamiento haya acentuado algunas diferencias desde época incierta. La hipótesis de una raza preindoeuropea relíctica está en entredicho. Una tipología 'vasca' es más clara para los pintores y escultores post-románticos que para los antropólogos.
Visto muy por encima el origen intelectual de 'vasco' en su acepción moderna, tampoco debe sorprendernos, por una parte, cierta evolución semántica en este tiempo de unos 200 años, y por otra, la asimilación desigual de voces y acepciones en distintas áreas, momentos y hasta pueblos o barrios.
Al término euscaldún se opone erdeldún (ya discutido aquí en otra ocasión), que significa 'el que posee el no-vascuence'. Es pues ante todo una referencia lingüística. Sin embargo, en Caro Baroja leo que, siendo niño, en Vera de Bidasoa, algunos lo aplicaban a modas de vestir exóticas, 'no vascas'. Me dice Juaristi que en Maeztu, donde veraneaba, los veraneantes eran los 'vascos'. Y yo mismo recuerdo de niño y joven haber oído en la familia y entorno expresiones como 'muy vasco', para referirse a gente destacada por su acento, modismos de lenguaje o formas de vestir aldeanas (mujeres 'de pañuelo a la cabeza', bien entendido, el pañuelo negro con orejitas, que tan magistralmente se anudaba la madre de mi aña, aldeana ayalesa).
Finalmente, como curiosidad, recuerdo por los años 40 el uso corriente de vasco como sinónimo de bueno o excelente; pero jamás oído por mí en el País Vasco, sino en tierras de León.

8. Ser o no ser vasco (Espasa, 1998), es una recolección de artículos de don Julio Caro Baroja; un titulo puesto, a lo que veo, por el compilador y amigo mío Antonio Carreira. Se puede ser vasco como ser judío: quien dice que lo es. Se puede ser vasco como ser bilbaíno: naciendo donde a uno le da la gana. Se puede incluso ser y no ser vasco al mismo tiempo, como es mi caso: vasco, como nacido en Vasconia, hijo de padres vascos en igual sentido, ciudadano de la Comunidad Autónoma Vasca; pero no-vasco, por no tener ni un solo apellido vasco conocido, ningún antepasado vasco demostrable, y desde luego, por no experimentar en absoluto ciertos pálpitos que los que se nombran abertzales aseguran sentir, en relación con 'lo nuestro, lo vasco'. En esto último, como en identificar 'lo vasco' como 'lo nuestro', lo identitario frente a 'los otros', renuncio a toda pretensión de vasquidad, incluso ante testigos y notario, si no hay otro remedio.

* Agradezco a Jon su información y datos sobre el tema, sin hacerle responsable de errores, deformaciones y malentendidos, exclusivamente míos. La bibliografía de Jon Juaristi es bien conocida y asequible.

** El neologismo sabiniano Euzkadi se ha criticado como incorrecto, porque el sufijo –adi es propio de especies vegetales. Sin decir que la palabra me guste ni poco ni mucho, pienso que Arana pudo inspirarse en gizadi, 'gentío'.


domingo, 26 de julio de 2009

Hoy, Santa Ana


A mi Ana, y a todas las Anas.

Vergine madre, figlia del tuo figlio. Con este par bien puesto de oximorones abre San Bernardo su panegírico en honor de María, desde el púlpito del empíreo, ante la Corte Celestial. Al menos, eso dice Dante que vio y oyó, al abrir el último canto de su Comedia.

Entre los oyentes del Doctor Melifluo, una Matrona reventando de orgullo pasea la vista por aquel excelso auditorio, como diciendo a todos los inmortales: «¿Qué os parece? Maravilloso, ¿verdad? ¡Pues la madre y la abuela SOY YO…!»

En efecto, la Matrona no se sienta en un lugar cualquiera, sino a juego con San Pedro, nada menos:

Di contr' a Pietro vedi seder Anna,
tanto contenta di mirar sua figlia,
che non move occhi per cantare 'Osanna'.

Disculpable ripio: Ana… 'Hosana'. ¿Y por qué había de virar los ojos una santa para entonar el 'hosana'? Quiere decirnos el divino Alighieri, que tan embelesada estaba la buena Señora oyendo las alabanzas de su Hija, que ni se acordó de volver la vista al trono del Dios Trino para rendir alabanza. Disculpable ripio en el poeta, y disculpable falta de protocolo en la Santa.

En la mitología cristiana, Santa Ana vino a ocupar el lugar de alguna diosa desplazada. Lo que no sabemos es de quién. Teniendo en cuenta su función parental, se ha pensado en distintas divinidades genésicas, patronas de la fecundidad, la gestación y el parto.

Pero por la fonética del nombre, la figura más parecida sería la itálica Anna, si ésta misma no fuese un misterio. Anna Porenna se hizo más popular como Perenna, porque en latín daba juego de palabras: la 'Patrona de Todo el Año, y de Todos los Años'.Mejorando el desiderátum de Alicia, que se conformaba con celebrar el no-cumpleaños, Anna no descansaba un solo día, aunque sin renunciar a su fiesta propia. Noche gozosa de plenilunio, plazas y descampados florecidos de tenderetes de ramaje, más bien indiscretos, donde las parejas se encuentran, retozan, se invitan, brindan todos por todos, tantos años de vida cuantos vasos de vino aguante el cuerpo… Así lo pinta Ovidio, bien como descripción de lo real o sólo como propuesta de futuro. Porque no lo olvidemos: la Roma preautonómica de Augusto ya practicaba el deporte de inventarse tradiciones propias.

El matrimonio Joaquín/Ana vino a ser una protesta lógica contra los evangelistas Mateo y Lucas, que por motivos políticos se limitaron a recoger supuestas genealogías de Jesucristo sólo por parte de su padre José. Al afirmarse la idea de Jesús sin padre carnal, hijo virginal de María, se hizo inevitable dar nombre a una pareja de la tribu de Judá y linaje de Jesé por David. Ana, la abuela de Jesús, recibe el nombre bíblico de la madre del gran profeta Samuel, el artífice de la monarquía hebrea y el que finalmente consagró a David como rey dinástico.

Todavía hubo algún forofo que, rizando el rizo, imaginó concepción virginal también para la madre de la Virgen. Vade retro! Contra semejante idea, el clero encarga a los imagineros que representen a Joaquín y Ana en casto abrazo. Así les vemos en equilibrio subidos sobre el Árbol de Jesé, de la mano maestra de Gil de Siloé, en la catedral de Burgos, Capilla de la Concepción o de Santa Ana.

Ya tenemos dos nombres, dos personajes; sólo falta la novela. Nos la cuenta el apócrifo Protoevangelio de Santiago. Con intriga desde el principio; porque la pareja elegida, gente importante entre los primates de Israel, lleva muchos años estéril. ¿No sufrieron el mismo contratiempo Abraham y Sara? Así se muestra mejor el poder divino, anunciándose por una señal.

Esta vez, la señal para Ana mientras oraba en su huerto fue ver una pajarita incubando en un nido. «¡Ah, si yo fuese como ella!...» Sólo decirlo, y hete aquí al ángel de turno, portador de buena esperanza...

Mas no todo iba a ser así de simple. Aquella preñez tardía levantó murmullos. En situaciones tales se aplicaba una ordalía peligrosa: beber ambos sospechosos la 'copa maldita'. Por supuesto, el veneno letal no hizo efecto.

«¿Fue monógama Santa Ana? ¿Tuvo sólo a la Madre de Dios?» Valientes preguntas. Pues valientes o no, se las hacen sin rodeos los padres 'bolandos', es decir, los jesuitas autores de la saga monumental Acta Sanctorum.

Entre los siglos XV-XVI santa Ana estuvo muy de moda, sin que su devoción impidiera entre los sabios disputas furiosas, con algún insulto que otro, de rigor entre humanistas teólogos. La opinión más exagerada quería que la santa fue trígama consecutiva, con una hija María de cada marido. Lo resumen estos versos del siglo XIV:

Anna tribus nupsit, Joachim, Cleophæ, Salomæque;
Ex quibus ipsa viris peperit tres Anna Marias,
Quas duxere Joseph, Alphæus, Zebedæusque.
Prima Jesum, Jacobum Joseph cum Simone Judam
Altera dat, Jacobum dat tertia datque Joannem.

[Ana, con tres casada, Joaquín, Cleofás y Saloma,/ de sus tres maridos parió Ana a las Tres Marías,/ que unidas a José, Alfeo y Zebedeo, respectivamente,/ a Jesús la primera tuvo; a Santiago, a José y a Simón Judas / la segunda; la tercera a Santiago y por último a Juan.]

Por si había dudas, intervino una célebre visionaria, santa Nicolette, conocida popularmente como Coleta († 1447). Esta santa franciscana tenía por costumbre invocar a muchas santas, siempre que fuesen vírgenes. Quiere decirse que Ana no era santa de su devoción. Tales descuidos se pagan, aunque en este caso no hubo castigo, sólo una advertencia. En una de aquellas invocaciones, se le aparece Santa Ana en toda su pompa y gloria, mostrándole a sus tres hijas como tres soles, junto con todos sus nietos, todos santos: a María la de Santiago, llevando en brazos y de la mano a sus cuatro vástagos Santiago el Menor, Simón, Judas, y José llamado el Justo; a María Salomé, llevando igualmente a Santiago el Mayor y a san Juan Evangelista; pero por delante de ellas, a María con el niño Jesús. «Para que te enteres (le dijo), cómo no hace falta ser virgen, ni siquiera tener un solo marido, para hacer las cosas como Dios manda. Toma nota.» Muchos propagandistas y buenos tuvo en aquel siglo santa Ana. Sin embargo, a santa Coleta en este aspecto se la recuerda sobre todo por el detalle de los tres maridos.

Santa Ana ha inspirado una iconografía muy singular. Hay figuraciones 'normales' de la santa con la Virgen María niña –a veces enseñándola a leer la Biblia o a rezar el rosario, o simplemente mostrándola, o llevándola de la mano en sus primeros pasitos−. Las que muestran a Santa Ana con la Virgen en brazos vienen a ser réplicas de la Virgen con el Niño, salvo que en aquéllas muchas veces María ya no es tan niña. Pero la forma más curiosa es la trinitaria, en serie portante y casi siempre hierática: Santa Ana llevando a María, y ésta al niño Jesús. Es frecuente que María sea una adulta en pequeño, y a menudo Ana es joven, casi como hermana de su hija. Leonardo llevó el modelo a extremo de extravagancia equívoca. (¿Es realmente pintura religiosa?)

En suma, nuestra Santa del día se presta al oximorón y a la paradoja casi irreverente. Ocurre siempre, en los misterios demasiado sublimes. Si la dantesca «hija de su hijo» tiene madre, ésta bien puede llamarse la Abuela de Dios. De Dios-Hijo, por supuesto; y por pura lógica (aunque cuesta imaginarlo), Madre de Dios Padre, y también de Dios-Espíritu Santo. Si todo cupiese en la lógica no habría misterios.

Aunque santa imaginaria –¿o quizá por eso?−, Santa Ana ocupa lugar de honor en la lista de Auxiliadores (el nombre en hebreo significa 'favor', 'gracia'). Tomemos nota también nosotros, aleccionados por santa Coleta.

Ma perchè'l tempo fugge che t'assonna,
Qui farem punto, come buon sartore
Che com'elli ha del panno fa la gonna.

 (Paradiso, 32: 138-140).