domingo, 26 de julio de 2009

Hoy, Santa Ana


A mi Ana, y a todas las Anas.

Vergine madre, figlia del tuo figlio. Con este par bien puesto de oximorones abre San Bernardo su panegírico en honor de María, desde el púlpito del empíreo, ante la Corte Celestial. Al menos, eso dice Dante que vio y oyó, al abrir el último canto de su Comedia.

Entre los oyentes del Doctor Melifluo, una Matrona reventando de orgullo pasea la vista por aquel excelso auditorio, como diciendo a todos los inmortales: «¿Qué os parece? Maravilloso, ¿verdad? ¡Pues la madre y la abuela SOY YO…!»

En efecto, la Matrona no se sienta en un lugar cualquiera, sino a juego con San Pedro, nada menos:

Di contr' a Pietro vedi seder Anna,
tanto contenta di mirar sua figlia,
che non move occhi per cantare 'Osanna'.

Disculpable ripio: Ana… 'Hosana'. ¿Y por qué había de virar los ojos una santa para entonar el 'hosana'? Quiere decirnos el divino Alighieri, que tan embelesada estaba la buena Señora oyendo las alabanzas de su Hija, que ni se acordó de volver la vista al trono del Dios Trino para rendir alabanza. Disculpable ripio en el poeta, y disculpable falta de protocolo en la Santa.

En la mitología cristiana, Santa Ana vino a ocupar el lugar de alguna diosa desplazada. Lo que no sabemos es de quién. Teniendo en cuenta su función parental, se ha pensado en distintas divinidades genésicas, patronas de la fecundidad, la gestación y el parto.

Pero por la fonética del nombre, la figura más parecida sería la itálica Anna, si ésta misma no fuese un misterio. Anna Porenna se hizo más popular como Perenna, porque en latín daba juego de palabras: la 'Patrona de Todo el Año, y de Todos los Años'.Mejorando el desiderátum de Alicia, que se conformaba con celebrar el no-cumpleaños, Anna no descansaba un solo día, aunque sin renunciar a su fiesta propia. Noche gozosa de plenilunio, plazas y descampados florecidos de tenderetes de ramaje, más bien indiscretos, donde las parejas se encuentran, retozan, se invitan, brindan todos por todos, tantos años de vida cuantos vasos de vino aguante el cuerpo… Así lo pinta Ovidio, bien como descripción de lo real o sólo como propuesta de futuro. Porque no lo olvidemos: la Roma preautonómica de Augusto ya practicaba el deporte de inventarse tradiciones propias.

El matrimonio Joaquín/Ana vino a ser una protesta lógica contra los evangelistas Mateo y Lucas, que por motivos políticos se limitaron a recoger supuestas genealogías de Jesucristo sólo por parte de su padre José. Al afirmarse la idea de Jesús sin padre carnal, hijo virginal de María, se hizo inevitable dar nombre a una pareja de la tribu de Judá y linaje de Jesé por David. Ana, la abuela de Jesús, recibe el nombre bíblico de la madre del gran profeta Samuel, el artífice de la monarquía hebrea y el que finalmente consagró a David como rey dinástico.

Todavía hubo algún forofo que, rizando el rizo, imaginó concepción virginal también para la madre de la Virgen. Vade retro! Contra semejante idea, el clero encarga a los imagineros que representen a Joaquín y Ana en casto abrazo. Así les vemos en equilibrio subidos sobre el Árbol de Jesé, de la mano maestra de Gil de Siloé, en la catedral de Burgos, Capilla de la Concepción o de Santa Ana.

Ya tenemos dos nombres, dos personajes; sólo falta la novela. Nos la cuenta el apócrifo Protoevangelio de Santiago. Con intriga desde el principio; porque la pareja elegida, gente importante entre los primates de Israel, lleva muchos años estéril. ¿No sufrieron el mismo contratiempo Abraham y Sara? Así se muestra mejor el poder divino, anunciándose por una señal.

Esta vez, la señal para Ana mientras oraba en su huerto fue ver una pajarita incubando en un nido. «¡Ah, si yo fuese como ella!...» Sólo decirlo, y hete aquí al ángel de turno, portador de buena esperanza...

Mas no todo iba a ser así de simple. Aquella preñez tardía levantó murmullos. En situaciones tales se aplicaba una ordalía peligrosa: beber ambos sospechosos la 'copa maldita'. Por supuesto, el veneno letal no hizo efecto.

«¿Fue monógama Santa Ana? ¿Tuvo sólo a la Madre de Dios?» Valientes preguntas. Pues valientes o no, se las hacen sin rodeos los padres 'bolandos', es decir, los jesuitas autores de la saga monumental Acta Sanctorum.

Entre los siglos XV-XVI santa Ana estuvo muy de moda, sin que su devoción impidiera entre los sabios disputas furiosas, con algún insulto que otro, de rigor entre humanistas teólogos. La opinión más exagerada quería que la santa fue trígama consecutiva, con una hija María de cada marido. Lo resumen estos versos del siglo XIV:

Anna tribus nupsit, Joachim, Cleophæ, Salomæque;
Ex quibus ipsa viris peperit tres Anna Marias,
Quas duxere Joseph, Alphæus, Zebedæusque.
Prima Jesum, Jacobum Joseph cum Simone Judam
Altera dat, Jacobum dat tertia datque Joannem.

[Ana, con tres casada, Joaquín, Cleofás y Saloma,/ de sus tres maridos parió Ana a las Tres Marías,/ que unidas a José, Alfeo y Zebedeo, respectivamente,/ a Jesús la primera tuvo; a Santiago, a José y a Simón Judas / la segunda; la tercera a Santiago y por último a Juan.]

Por si había dudas, intervino una célebre visionaria, santa Nicolette, conocida popularmente como Coleta († 1447). Esta santa franciscana tenía por costumbre invocar a muchas santas, siempre que fuesen vírgenes. Quiere decirse que Ana no era santa de su devoción. Tales descuidos se pagan, aunque en este caso no hubo castigo, sólo una advertencia. En una de aquellas invocaciones, se le aparece Santa Ana en toda su pompa y gloria, mostrándole a sus tres hijas como tres soles, junto con todos sus nietos, todos santos: a María la de Santiago, llevando en brazos y de la mano a sus cuatro vástagos Santiago el Menor, Simón, Judas, y José llamado el Justo; a María Salomé, llevando igualmente a Santiago el Mayor y a san Juan Evangelista; pero por delante de ellas, a María con el niño Jesús. «Para que te enteres (le dijo), cómo no hace falta ser virgen, ni siquiera tener un solo marido, para hacer las cosas como Dios manda. Toma nota.» Muchos propagandistas y buenos tuvo en aquel siglo santa Ana. Sin embargo, a santa Coleta en este aspecto se la recuerda sobre todo por el detalle de los tres maridos.

Santa Ana ha inspirado una iconografía muy singular. Hay figuraciones 'normales' de la santa con la Virgen María niña –a veces enseñándola a leer la Biblia o a rezar el rosario, o simplemente mostrándola, o llevándola de la mano en sus primeros pasitos−. Las que muestran a Santa Ana con la Virgen en brazos vienen a ser réplicas de la Virgen con el Niño, salvo que en aquéllas muchas veces María ya no es tan niña. Pero la forma más curiosa es la trinitaria, en serie portante y casi siempre hierática: Santa Ana llevando a María, y ésta al niño Jesús. Es frecuente que María sea una adulta en pequeño, y a menudo Ana es joven, casi como hermana de su hija. Leonardo llevó el modelo a extremo de extravagancia equívoca. (¿Es realmente pintura religiosa?)

En suma, nuestra Santa del día se presta al oximorón y a la paradoja casi irreverente. Ocurre siempre, en los misterios demasiado sublimes. Si la dantesca «hija de su hijo» tiene madre, ésta bien puede llamarse la Abuela de Dios. De Dios-Hijo, por supuesto; y por pura lógica (aunque cuesta imaginarlo), Madre de Dios Padre, y también de Dios-Espíritu Santo. Si todo cupiese en la lógica no habría misterios.

Aunque santa imaginaria –¿o quizá por eso?−, Santa Ana ocupa lugar de honor en la lista de Auxiliadores (el nombre en hebreo significa 'favor', 'gracia'). Tomemos nota también nosotros, aleccionados por santa Coleta.

Ma perchè'l tempo fugge che t'assonna,
Qui farem punto, come buon sartore
Che com'elli ha del panno fa la gonna.

 (Paradiso, 32: 138-140).

viernes, 24 de julio de 2009

Niños malos (1)




 

'Cálido julio andaluz': así podría pasar éste mes veraniego de 2009 a los anales de la delincuencia juvenil española, con dos episodios de violación colectiva, como variantes de un mismo guión de cine negro y porno.

El 16 de julio, un joven y cinco menores eran detenidos, acusados de violar a una niña de 13 años, en los vestuarios de la piscina municipal de Baena (Córdoba).

Apenas dos días después, en la madrugada del sábado 18 de julio, otra presunta violación colectiva se producía en una playa de Isla Cristina (Huelva), en peculiar celebración de la fiesta patronal de la Virgen del Carmen. Esta vez los agresores, en número de siete, eran todos menores.

Tanto en el primer caso como en el segundo, la corta edad (por debajo de los 14 años cumplidos) supone para algunos la exención penal y, tras ser detenidos y prestar declaración, la libertad inmediata.

No entramos en detalles, salvo dos de especial interés para tasar los crímenes. La víctima de Huelva, niña de 13 años, es deficiente mental. También la de Baena tiene 13 años, y su agresión se realizó en dos etapas o sesiones consecutivas, como detallaba el Diario de Córdoba el día 20 en su sección de Sociedad.

Estos hechos, cualquiera de ellos, encogen el ánimo, provocan repulsa, pero sobre todo obligan a plantearse preguntas de urgencia: 1. ¿Cómo y por qué? 2. ¿Qué hacer para prevenir casos futuros? 3. ¿Qué hacer con los agresores convictos y con sus víctimas?

Demasiada materia para despacharla a la ligera. Por eso voy a repartir mi reflexión en tres capítulos, los mismos que sugieren las preguntas. Y vamos con la primera:


1. ¿Cómo y por qué? Si tuviésemos la respuesta cabal a esta doble pregunta, las demás resultarían mucho más fáciles. ¿Qué expertos son competentes para abordar tales cuestiones?: ¿Filósofos, antropólogos y psicólogos, sociólogos, juristas…? ¿Teólogos y pastores de almas? En los políticos ni se me ocurre pensar.

El filósofo Gabriel Albiac (Perversa infancia, ABC, 22 de julio), de la mano de Freud, y antes que éste, de Espinosa, encuentra la clave en el 'deseo': «el deseo es la esencia misma del hombre» (Espinosa). No parece casualidad la coincidencia entre dos pensadores judíos, y muchísimo antes que ellos la de otro judío, Juan el Apóstol –al margen de que su nombre coincida con el del más antisemita de los evangelistas, y aun de todos los escritores del Nuevo Testamento−, quien en su 1 Epístola, 2: 16, condensó la esencia del 'mundo' en el deseo desenfrenado. Todo aquí abajo se reduce a codicia de sentir, de ver, de poseer.

En cuanto al por qué, la raíz del 'mal', es lógico que haya diferencias entre pensadores religiosos y laicos. Siempre en la tradición judía, con punto de partida religioso, encontramos un concepto primario, llámese 'naturaleza', 'índole', 'impulso', o como se traduzca el hebreo yetzer. La antropología judaica admitía en el hombre hecho una pulsión antagónica entre yetzer bueno y yetzer malo. Con un detalle notable: el 'impulso malo' en cada persona es (¡mire usted por dónde!) 13 años más viejo que el bueno. Sólo a partir de los 13 años empieza a despertar el 'impulso bueno' o positivo, que guiado por la pedagogía legal, es capaz de elegir lo bueno y rechazar lo malo; la edad por tanto de la discreción. Conviene saber que el 'impulso malo' (yetzer ha-raa) forma parte de la naturaleza humana como criatura de Dios, y por tanto no es ningún mal absoluto. Como tampoco su contrario, el 'impulso bueno' (yetzer ha-tov), es un bien absoluto, nada de angelismo. Es el equilibrio compensatorio, el doble juego de impulsos, como las riendas bien templadas, lo que se traduce en actos positivos.

La teología cristiana, por su parte, elaboró una teoría más bien pesimista que condujo al postulado de un 'pecado original', con todas las consecuencias que conocemos, en particular una teoría de salvación mediante la redención y la gracia.

De los pensadores cristianos, el más el más influyente ha sido san Agustín. También el más original, al menos en cuanto a exposición temática, muy atractiva, si no fuese por el exceso de sofistería y juegos florales. Sus 'autobiográficas' Confesiones son obra de madurez y excelente broche literario que cierra el siglo IV. El autor se atiene a la división clásica de la vida humana en 'edades', y concretamente por lo que atañe a la primera infancia y niñez, frente a los entusiastas de la inocencia infantil, Agustín es pesimista. Hasta en el niño de pecho cree descubrir un esclavo de los apetitos, que no son otra cosa que la degradación pecaminosa de las necesidades e impulsos naturales primarios, con egoísmo feroz, hasta la destrucción física de quien se interponga. Este bruto humanoide es la materia prima en que opera la educación, con los instrumentos adecuados a la capacidad del sujeto. Lo que quiere decir que el santo obispo de Hipona no tuerce el gesto ante una azotina bien aplicada a tiempo. Dicho sea adelantando materia del capítulo 2, donde toca hablar de educación.

Hemos rozado el tema de las 'edades' de la vida humana. Es una distinción presente en todas las culturas, menos en la nuestra, que tiende a borrarla a favor de un continuo vital, a saber con qué ventaja. Tradicionalmente, las edades del varón (al menos las anteriores a la aetas constans, la madurez estable) venían separadas por ritos de paso, generalmente 'pruebas' o exámenes de aptitud básicamente bélica, aunque también sexual, por supuesto. San Agustín lleva su artificio literario al extremo de referirse a las primeras edades de la vida como a muertes sucesivas, ya que o no dejan recuerdo, o sólo muy borroso.

También es notable el paralelismo clásico entre edades de la vida humana y edades de la humanidad. También en esto hubo optimistas que soñaron una primitiva 'Edad de Oro', frente al pesimismo democriteo, cuya expresión consagrada se encuentra en Lucrecio:

Arma antiqua manus, ungues dentesque fuerunt,
Et lapides et item sylvarum fragmina rami;
Posterius ferri vis est aerisque reperta;
Sed prius aeris erat quam ferri cognitus usus.

[Las primeras armas fueron las manos, uñas y dientes; también piedras y trozos de ramas de árboles. Más tarde se descubrió la fuerza del hierro y del bronce; pero en cuanto al uso, el bronce se supo emplear antes que el hierro.]

Según eso, la evolución de la guerra es el trasunto de la evolución humana. El progreso colectivo se tradujo ante todo y sobre todo en la gestión de la violencia.

Si algún crédito se merece este híbrido cultural nuestro, una antropología de raíz judía, injertada en tronco indoeuropeo, la conclusión es doble:

  • Cada individuo comparte una misma naturaleza específica. Nada hay nuevo, sólo combinatoria genética al azar. La humanidad ha devenido sociedad gracias a la ley, cuya pedagogía tiene por objeto integrar al individuo en sociedad, o en su defecto repudiarlo.
  • El niño no es de mejor condición moral que el joven o el adulto. Su potencialidad para el bien o el mal es la misma. El niño y el joven son de suyo educables y educandos. La autoeducación –el hallazgo y aceptación por el individuo de los principios y normas que marcaron el progreso social de la especie−, es una hipótesis aceptable como excepción, nunca como regla.

Nuestros mitos sobre la edad juvenil de la especie contienen historias poco edificantes, a base de violencia –desde los bíblicos Caín y Abel, o Lamec etc.−, eventualmente sazonada de sexo. La idea del niño bueno, del buen salvaje, de la bondad natural del ser humano y de su corrupción por la sociedad, es moderna(Rousseau). Nuestros antepasados se habrían burlado de ella, como se rieron con la fantasía de la Edad de Oro. ¿Quién tiene razón?

Tornando a los esquemas judío y cristiano, sobre las raíces de la acción y de la conducta individual (sean dos, o sólo variantes de un mismo sistema), no tengo gana de pronunciarme sobre las ventajas y excelencias de esto o lo otro. Sólo se trataba de apuntar a la raíz judaica de los pensadores aducidos por Albiac, de cuyo artículo debo señalar esta conclusión contundente:

Decenios de «educación no represiva» -ese oxímoron- trajeron esta sociedad enferma. De infantilismo. Esto es: de crueldad. De vez en cuando, nos abofetean cosas horribles: niños que violan, torturan, asesinan... Fingimos asombrarnos. Y es mentira. Violar, torturar, asesinar es lo propio de la cría humana no domada: nuestro más sombrío invento.


 

(Continúa)

lunes, 20 de julio de 2009

Re-tractación




A propósito de la entrada anterior (jueves 16 de julio), preguntaba Navarth:

«¿Realmente existe una palabra en eusquera para designar la "aversión u hostilidad al vascuence"? Me parece muy revelador

Se refería obviamente a la 'nota' mía sobre la palabra vasca erdaltzaletze, según el 3000 Hiztegia, 'acción de aficionarse al erdara', es decir, 'a lengua no vasca'.

Demos por bueno eso de «acción de aficionarse». No sé quién ni cuándo se inventó la palabra, que el lexicógrafo Ibon Sarasola refiere lógicamente al verbo erdaltzale(tu) y al adjetivo erdaltzale, 'aficionado al no-vascuence'.

Ya la existencia de tales palabras es reveladora, amigo Navarth. Reveladora de retorcimiento mental, ante todo, porque ese 'no-vascuence', esa lengua que sólo se designa por negación –como los atributos divinos, sí, pero aquí más bien como las cosas nefandas−, es la española, aunque también la francesa; pero sobre todo la primera, el castellano.

Sería interesante saber cuántas lenguas del mundo tienen palabra equivalente; por ejemplo, como se llaman en holandés los holandeses que prefieren conocer y usar el alemán o el inglés, antes que su lengua propia, el holandés. Y quien dice holandés, dice chino, catalán o gallego. Ni siquiera en griego, lengua tan rica como puntillosa, se halla nada que lo valga. Un philobárbaros no tiene nada que ver con nuestra joya eusquérica. Vamos, que alguna mente aviesa puso su granito de arena al 'conflicto', discurriendo esas palabrejas.

En esa vena contra humorística iba mi 'nota', parodiando una entrada de diccionario con acepciones numeradas, empezando por la analítica general, concretando luego para las dos lenguas en contacto con el vascuence, para terminar con la acepción 'intencional' o 'victimista', que ciertamente no figura en los léxicos, pero es perfectamente imputable al que ideó el singular vocablo.

¿Y quién fue esa mente creativa? Digamos al menos cuándo floreció. En Sarasola, la datación más antigua es 1879 para la forma erdarazale, 'aficionado al no-vascuence' (erdeltzale, 1896-1897; erdaltzale, 1914), lo que nos sitúa en un momento histórico de la lengua en que ésta evoluciona aceleradamente, a la vez que se preña de carga nacionalista. La 'afición al no-vascuence', erdaltzaletasuna, es más reciente aún (1977), y el término 'definido' por mí podría ser recién salido del horno léxico-generativo.

El vascuence es lengua amiga de formar voces compuestas por aglutinación de otras o de sus raíces, como lo era el griego antiguo, o lo es el alemán moderno. El latín es más limitado en ese aspecto, y más todavía los romances. Claro que muchas de esas palabras compuestas y derivadas son raras o rarísimas, incluso singulares (lo que se llama técnicamente hápax legómena, 'expresadas una sola vez'), y a menudo sólo presentes en diccionarios, inventos lexicográficos sin aplicación escrita, y menos oral. De esto hay también demasiado en el moderno euskera batua, –permítase la redundancia−, con profusión de neologismos de utilidad muy desigual.

Por su parte, Catalina se queja del rigor que supone castigar a su reeuskaldunizada aldea, amenizándoles las fiestas con una mascarada suletina de las de nunca acabar. Paradojas, amiga mía. O reciprocidad, según se mire. Usted sabe bien cómo en este tiempo de crisis y penuria gastamos dinero en Iparralde ayudando a la extinción de los dialectos locales a cambio de imponerles el batua. Es como cuando en los pueblos aparece el listo que ofrece limpiar las casas de antiguallas a cambio de cosas modernas, un arca venerable por una práctica mesa de formica y tubo, un llar por una batidora, una vieja herrada de castaño por un cubo de plástico, y así por el estilo. El plástico para el caso es el batua, que poco a poco va 'degenerando' en el dialecto dominante, de modo que todo el mundo terminará hablando en guipuze. Al tiempo.

Precisamente iba a resumir aquí otra suletinada contada por Taine en su ya citado Viaje a los Pirineos (1858) . Pero en atención a usted, Catalina, y a la pareja de Gatos a quienes tanto debo, especialmente a la querida Pussy, me remito a otro texto de la misma obra, de no poca sustancia: Vida y opiniones filosóficas de un gato. He aquí una muestra, no sin valor para nuestro caso, según suelen ser las parábolas, ambiguas y polivalentes, y con más moralidad que moral:

Pronto hice amistad con una oca, animal estimable por tener el vientre tibio. Yo me acurrucaba debajo, mientras iba aprendiendo de sus discursos filosóficos.

Decía la oca que el corral era una república de aliados; que el más industrioso, el hombre, había sido elegido jefe, y que los perros, aunque turbulentos, eran nuestros guardianes. Yo lloraba de enternecimiento, siempre debajo del vientre de mi buena amiga.

Una mañana, la cocinera se acercó con un aire bonancible, enseñando en la mano un puñado de cebada. La oca alargó el pescuezo, que de pronto la cocinera agarró con una mano, al tiempo que con la otra blandía un gran cuchillo.

Un tío mío, filósofo aplicado, acudió puntual y se puso a exhortar a la oca:

−Querida hermana, el granjero alimentado con vuestra carne verá todo más claro y velará mejor por el bien común. También los perros, nutridos con vuestros huesos, estarán más listos para la defensa.

A todo esto, la oca murió de un corte de cabeza, brotando la sangre a chorro del pescuezo. Mi tío, expeditivo, corrió a llevarse la cabeza. Por mi parte, algo asustado, me acerqué al charco de sangre y sin pararme a pensarlo mojé en él mi lengua. La sangre estaba riquísima, de modo que fui a la cocina, por si me daban alguna cosa más…

Lo de la chupinera parece tan imparable como su chupinazo. Lanzado el cohete, Sonia Polo entrará en los fastos de los fastos bilbaínos. Alguien algún día publicará una Historia de las Fiestas de Bilbao, donde saldrá a la luz por qué diantre la eligieron; y en previsión de ello, debo retractar y retractarme de lo que escribí: que los comparseros proponentes de la Polo «hablan de 'caza de brujas' (aunque Sonia no tiene aspecto de tal)».

Metido ahora en retractación, rectifico que no han sido los comparseros los que han hablado de "caza de bruja"; ha sido el señor Azkuna, traicionado tal vez por algún subconsciente. Por otra parte, no siendo yo experto en brujas, y sin conocer a la chupinera de nada, no sé por qué me metí a llevarle la contraria a nuestro querido Alcalde. Caza o no caza, juzgue cada cuál.