miércoles, 7 de noviembre de 2012

‘Gamaliel’, o el dilema de Mas



«Sí, o sí, referendum de autodeterminación catalana. Con la ley o sin la ley.  Ni tribunales ni constituciones: este proceso no lo para nadie. La  fuerza de la democracia y el civismo se acabará imponiendo.»

Ante tales propósitos o despropósitos de todo un Presidente de Comunidad Autónoma española, me viene a la memoria un axioma bíblico: «Si esto es cosa de hombres, ello solo se hundirá; pero si es de Dios no hay quien lo derribe.» [1]  
Es lo que se llama a veces ‘dilema de Gamaliel’, por el político judío del partido fariseo que lo planteó en el Sanhedrín, cuando el apóstol Pedro lanzó un desafío muy parecido al de Artur Más: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».

Repasemos la situación.
Tras la ejecución de Jesús como falso mesías, el judaísmo se enfrenta al fenómeno de una secta pujante, merced a un proselitismo basado en la asistencia social y el curanderismo. Por lo demás, una secta como todas, con sus mitos y ritos, eso era lo de menos, salvo que imputaban al Parlamento judío la responsabilidad de aquella muerte. El partido saduceo, sobre todo, tenía la culpa, liderado por el alto clero. 
El Sumo Sacerdote hace arrestar a los apóstoles, y lo hace con publicidad, gran torpeza. La misma noche un ángel abre el calabozo, no para que los detenidos huyan como ratas a esconderse, sino para que a la mañana den un gran mitin en el Templo, justo a la misma hora en que el Parlamento se reúne para juzgarles.
Cuando los alguaciles van a la cárcel en busca de los presos, el chasco sólo cede en magnitud al ridículo de los jerarcas y de la institución parlamentaria en toda la ciudad. Vuelta a detenerles, con interrogatorio sobre la marcha:
–«¿No se os prohibió la  propaganda? ¿Cómo os atrevéis a hacer apología de un criminal ajusticiado por sus fechorías?»
Es entonces cuando Pedro, portavoz del grupo, responde desafiante:
–«Señores, esa orden no va con nosotros. Por encima de vuestras normas está Dios. Nosotros obedecemos a Dios».
Intolerable. Se habló incluso de aplicar a los insolentes la pena máxima («quitarlos de en medio», para ser exactos). Este era el parecer de los saduceos.
Entonces se levantó Gamaliel, del partido fariseo y persona de gran prestigio. Pidió sacar de la sala a los acusados y dijo:
«Señores Israelitas, pensadlo mejor.»
Y tras un repaso a la historia reciente de los falsos mesías, gente inofensiva todos ellos, pidió para los detenidos  la libertad sin cargos:
–«Soltadles. Si su empresa es sólo humana fracasarán. Si es divina, toda oposición será en vano.»
Este dictamen fue el que se impuso. Los apóstoles sufrieron un correctivo de azotes, con prohibición de seguir con su propaganda utilizando la sigla JHS. Una vez libres, obviamente, hicieron caso omiso de la advertencia. Ahora ya se habían convertido en mártires.

La lógica de Gamaliel era un tanto peculiar, hay que reconocerlo. Empezó como digo, trayendo una serie de casos de revoltosos judíos que al principio metieron bulla para acabar en nada, sin pena ni gloria. Desde este campo empírico, el orador daba el salto dialéctico: ¿Por qué fracasaron? Porque todo aquello ‘no estaba de Dios’. Conclusión: laissez passer, laissez tomber; no hacer nada, y sea lo que Dios quiera.
No hace falta ser muy laico para sonreír ante un discurso tan de corte providencialista (o fatalista, tanto da), pasando por alto el papel de la policía en aquellos fracasos y la represión del ocupante romano. Gamaliel razona como lo haría un simpatizante de los nuevos ‘jesuitas’ –llamados más tarde ‘cristianos’–, cuya secta saldrá adelante porque ‘estaba de Dios’, desde luego, claro que sí; pero también porque en el propio Sanhedrín tenían un lobby cripto-cristiano, encabezado por nombres poderosos, como Nicodemo y José de Arimatea, amigos del difunto Jesús.

Aplicación al caso Mas
Una versión secularizada del ‘dilema Gamaliel’ aplicado a la coyuntura catalana sería: «Esperar y ver, si es sólo un delirio de Mas, o si hay algo de más sustancia. Algo catalán de verdad. Aunque sea también otro delirio, pero colectivo y tal vez irreversible.»
Hasta ahora, la actitud y el comportamiento del Gobierno de España para con el presunto delincuente en que se ha convertido el Presidente Mas ha seguido esa filosofía. Más o menos, la misma que con el caso vasco, donde a Bildu se le avisa que ha pisado la línea roja de la ilegalidad, bien entendido que mientras no la pise con aplomo y pertinacia suficiente, a juicio del Ministro del Interior, pierda la coalición toda esperanza de verse ilegalizada.
En tal supuesto, la conducta de Bildu, como la de Artur Más (si revalida su mandato) es previsible, igual que fue la de Pedro y los apóstoles: seguir a su bola. Y encima sin un palmetazo como el que recibieron éstos. Bueno, Bildu sí que tiene una especie de mártires vicarios, los etarras presos, y hay que ver lo que sufre por ellos, con ellos, en ellos. Mas en cambio ni es mártir ni tiene quien le haga las veces.
Tal vez por eso, porque el catalán se ve desnudo de toda legitimación martirial, él mismo se la toma al fiado y profetiza: «Vendrán por mí». ¿Quiénes irán por usted, don Artur? Su sueño dorado sería que fuesen los militares (una vez puesto a salvo el Honorable con su familia en Cataluña Norte), la artillería visando a Barcelona y los bombarderos sobrevolando la ciudad. También a Xabier Arzallus le ha gustado mucho fantasear con los tanques de la ‘Brunete’ sobre Euskadi, a sabiendas de que esas brevas no caen, a diferencia de las nueces.
«Tratarán de desestabilizarme», añade un Mas que ya canta victoria, y preñado de su Cataluña a término está a punto de ingresar en el paritorio de Europa. «Tratarán de hacerme que aborte».  Pero oiga, ¿quién va a intentar algo tan feo? El Gobierno central no, desde luego.  Rajoy hasta ahora ha sido un Gamaliel para Mas, y no un Sumo Sacerdote dispuesto a lapidarle, qué digo, ni siquiera a mosquearle con el azote. Y mira que Mas le ha chuleado a modo.
En cuanto al Parlamento de Cataluña, en todo él no hay una fuerza política que haga el papel de los saduceos y pida la cabeza de Mas. Al contrario, paradójicamente tiene a su favor al lobby fariseo socialista, que aunque vaya de rival político le hace el juego. Porque no otra cosa es sacar ahora la quimera de España federal, una metamorfosis inviable a corto plazo, ademá de inútil para frenar la loca aventura.

«Vendrán por mí, tratarán de desestabilizarme» ¿Desestabilizar a un tipo que hace el pino al borde del acantilado más alto de la Costa Brava? Vamos, eso no tiene mucho sentido. Pero quietos todos, que pronto llega el día de la verdad, y sea Cataluña la que estabilice o desestabilice, y nos resuelva el dilema de Gamaliel respecto al caso Mas.
Porque Cataluña es un problema, y su estrafalario Mesías es otro problema. No son el mismo problema. Aunque hay un hombre que cada mañana se saluda al espejo: «¡Buenos días, Cataluña!», Cataluña no es ese hombre. Y si Cataluña no es Mas ni se cree Mas, el 25-N es su ocasión de demostrarlo.
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[1] Hechos de los Apóstoles, 5: 38-39.


4 comentarios:

  1. Profesor Belosticalle
    Muy optimista le veo.
    ¿ De verdad cree que la gente en Cataluña es tanto más cultivada, racional e inteligente que en el resto de España, y que va a haber una mayoría de votantes, el día 25, que vayan a votar después de pensar las consecuencias de su voto ?
    Porque si en Andalucía, volvieron a ganar los corruptos, si en el País Vasco, acaban de ganar los secesionistas, ¿ como puede usted estar tan convencido de que los catalanes vayan a rechazar a los rupturistas ? ¿ Si hay incluso blogs de ingleses y norteamericanos residentes en Cataluña defendiendo la secesión? ( Claro, a ellos les divierte mucho, porque si la cosa se pone fea, no tienen más que irse de vuelta a su país, y luego forrarse contando sus experiencias, y analizando lo que fue mal ).

    Ya siento, pero es que, a mí, estos anglos que vienen a dar consejos y a postularse de modelos me ponen de los nervios.
    ( Es que con eso de que haya vuelto a salir Obama en USA, estoy con una depresión...)

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    1. Amiga mía, ¿optimista yo? ¿convencido del rechazo catalán al rupturismo?... No, en absoluto. O me he expresado mal, o puedo invitarle a releer mis palabras. Empezando, si gusta, por el último párrafo: «Cataluña es un problema», etc. Como también verá que admito, junto al «delirio de Mas», otro posible delirio catalán colectivo e irreversible. Y este sí que sería cosa seria, no la payasada mesiánica del muy honorable.

      Mi experimento mental con el ‘dilema Gamaliel’ pretende resolver el arduo problema de reciprocidad identitaria, ‘Cataluña/Mas, Mas/Cataluña’. Irónicamente, por supuesto. Un amusement a espera de lo que diga la margarita el 25-N.

      En realidad, mi reflexión me vino de improviso, distrayéndome del tema que tengo entre manos para una próxima entrada.

      Participo de una cultura clásica en la que entra la Biblia y el cristianismo histórico, disfruto con ello, y esta vez me he entretenido sacándole punta a un midrash judeocristiano releído en presente, eso es todo.

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  2. ¡Ah! Doña Viejecita, tampoco se atormente con Obama.
    A nuestra edad, cuatro años se van volando.

    Piense en el País Vasco, con el sociata este que no ha podido pagar la hipoteca de Ajuria Enea, y se la queda el Banco.

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    1. Pues tampoco me consuela mucho la idea de que Ajuria Enea sea ahora de un banco. Ni me consolaría pensar que La Sagrada Familia, se convirtiera en propiedad de La Caixa, o del Sabadell.
      Y sí, cuatro años se van volando, pero a nuestra edad, pueden ser también un porcentaje grande del tiempo que nos quede...

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