jueves, 18 de febrero de 2010

Peluquería Francesa



       Hay un paraje en Bilbao... ¿no dais con él?: 
       es la peluquería de Carbonell.

        A ese ladino*  francés,
        le cayó la lotería
        y en la Plaza Nueva ha puesto
        una gran peluquería.

        Peluqueriaco soloya
        emen erosten da,
        ule balsa ta suria,
        ji-ji, ja-ja.

          *) Ladino: judío, prestamista usurero.


       Itziar Monasterio, de la Universidad de Deusto, me ha hecho un regalo espléndido: tres tomazos frescos de la gran serie que ella dirige, Colección de Jurisprudencia Civil Foral' (Siglos xvii-xix). Ahora acabo de hojearlos. Dos sobre 'Régimen Económico de Comunicación Foral de Bienes (1687-1870) y uno sobre 'Vecindad vizcaína y Procesos sobre Sociedades Civiles' (1630-1886). ¿Interesante? Y hasta divertido. Abro al azar (lo juro o prometo):

Resolución de 14 de diciembre 1786.
Vecindad vizcaína: Expulsión del Señorío (frustrada)
(Tomo V, págs. 137-158).

¿De qué va la cosa? Una bilbainada, seguro. Se trata de

«los autos obrados a instancias de Juan Antonio de Udondo y consortes vecinos peluqueros en esta Noble Villa, contra Luis Guillermo Vixer y otros del mismo oficio, naturales del reino de Francia, sobre que fuesen expulsos del distrito de este Ylustre Solar, por estar exerciendo actos de vezindad, sin haver acreditado su nobleza o limpieza de sangre, conforme a Fuero, Reglamento y acuerdo de Juntas y Diputaciones Generales... con familia y casa, sin contentarse con la que ocupaba, subarrendando una tienda con conocido perjuicio de los naturales de este Señorío y vezinos de esta Villa, por cuyo medio suben considerablemente de precio y estimación los alquileres de las casas; todos los cuales fueron motivos que concurrieron para haverse decretado su expulsión, y consentídola el mismo Vixer.»

O sea que ya antes que el ladino Carbonell, y sin tocarles la lotería, otros peluqueros franceses habían pretendido establecerse aquí, haciendo la puñeta a los nativos. El proceso se arrastraba al menos desde 1783, complicado lo estrictamente profesional con supuestas maniobras especulativas.

No se entienda que tomo partido por los intrusos (lo que me faltaba), si digo que mis paisanos, los maestros peluqueros de la Villa, su corregidor o alcalde y el Diputado General del Señorío, no exhibieron sus mejores modales, si como protestaba el francés,

«sin motibo ni causa justa, introduxeron... la pretensión de que se me obligase a filiar, o que en defecto se me expeliese de este Señorío; lo que pudieron lograr, a causa de mi corto influxo y notoria pobreza...; y después de haver sido arrestado a la cárzel pública de esta Villa, lograron también estos maestros peluqueros con notoria nulidad –que lo digo hablando cortésmente–, el que se me extrañase de este dicho Señorío; lo que puse en execución, por evitar los rigores con que se me amenazaba».

Con que filiar. Qué pronto se decía esa palabrita tan corta, que implicaba todo un proceso largo y caro de limpieza de sangre, demostrando ser hijo y nieto de hijosdalgo notorios, sin mancha de judíos, moros, herejes ni penitenciados por la Santa Inquisición. Una pasta, que el pobre Vixer –y por ahí deduzco que no le había tocado la lotería– no se podía permitir, por el gasto, y quién sabe si por el peligro. Porque a ver si resultaba que Vixer, como el Carbonell, era 'ladino', o sea de ascendencia hebrea, un marranete o un hugonote, que no sabe uno qué es peor. Así que el peluquero se volvió a su tierra, dejando a su señora Catalina Cotter guardando la casa, mientras él planteaba recurso.

Recurso que no supuso la suspensión cautelar que pedían los demandantes, pues el Corregidor del Señorío autoriza a Vixer

«el que use y exersa su oficio de peluquero en calidad de residente, sin que sea visto por ello adquirir derecho de vezindad, ni se le tenga por tal para gozar de las regalías y privilegios de los vizcaínos

Ya tenemos a Vixer de nuevo en Bilbao. Contra él quedaba sin embargo aquel primer cartucho inédito: el forastero seguía sin filiar. Por lo cual, el 7 de septiembre de 1784 le vemos acusando recibo de un auto del Señorío, conminándole que

«dentro de 24 horas salga del distrito de este noble Señorío, a causa de no haver acreditado su nobleza o limpieza de sangre». Él está pronto a acreditar al menos la limpieza, pero no tiene medios. Alega que en Portugalete acaban de nombrar diputado a uno sin tal acreditación, y eso que era para oficio público; y que lo mismo se ha decretado para los guipuzcoanos que se establezcan en este Señorío, «siendo así que ni el Fuero ni el Real Reglamento último distingue de personas ni provincias». En fin, que lo suyo es «mera residencia sin la qualidad de vezindad... como practican los vizcaínos en todas partes de Castilla y demás dominios de Su Magestad».

¡Cuidado, mosiú, cuidado! Ese lenguaje. Asoma por el horizonte la Revolución Francesa, y usted francés se atreve a predicarnos aquí a los vascos la igualdad ciudadana ante la ley y el fuero. Usted, amén de sospechoso, es un tipo peligroso. ¡Vaya, él se lo ha buscado! Vixer ha dicho sentirse discriminado, y con las ínfulas que se gasta el Diputado General de Vizcaya, eso le ha sonado a

«osadía con que encrepa la conducta de V. S. Ylustrísima, en distinguir las personas y tolerar la ynfracción de sus Fueros para con algunos, siendo notoria y nunca alterada la exactitud con que ha procedido en tan importante asunto.»

Así que, por no atender a nuestro aviso, el siguiente memorial al Señorío ya lo escribe Vixer como huésped de nuevo «en su Real Cárcel».

A todo esto, ¿que era de los otros peluqueros franceses? Eran dos, Alejandro Bott y Juan Salas. Salas, que vaya usted a saber si no sería Salles u otro apellido tuneado, como tuneaban los nombres de pila. Porque también el cabecilla, «Luis Guillermo Vixer según su firma», ahora sonaba «Luiz Fuie, según exposición de Cathalina Cotter, que se titula su muger». Pues bien, para todos tres hubo decreto de expulsión «a costa de sus bienes»

Ya estamos en 1786. Y ya tenemos al maestro apelando al Supremo, digo, la Chancillería de Valladolid. Todos al supremo. Como expone su apoderado Juan de Aramayona, Vixer,

«reducido a prisión... acudió a ymplorar en justicia la humanidad y protección del Correxidor de dicha Villa de Bilbao, quien compadezido de la injusta bejación que padecía, le mandó poner en libertad; pero la Diputación, siempre constante en su propósito, no ha cesado de molestarle...
En hora buena que los vizcainos no quieran admitir por combezinos a ningún extranjero, sin acreditar previamente la limpieza de su sangre o su nobleza; aunque esto tiene sus excepciones...» (Y aquí sale de nuevo a relucir el escándalo del diputado de Portugalete, de los guipuzcoanos campando a sus anchas por el Señorío, etc.)

¿Final feliz? Eso suele ser en la otra vida. En la presente, bastante alivio fue el auto de Madrid, 14 de diciembre 1786, dejando el asunto en tablas hasta el día del Juicio:

«En el interin mandamos así mismo no se impida a dicho Guillermo Vixer exercer su oficio en esa referida Villa... Que así es nuestra voluntad... »

Firma el primero Don Pedro Rodríguez de Campomanes, conde de Campomanes desde 1780, este mismo año de 1786 había ocupado la Presidencia del Consejo de Castilla.
¡Ah! y el Diputado General que no siga molestando al alcalde.




Este botón de muestra, de una botonera de 1.600 páginas, creo que dará idea de mi gratitud a la profesora Monasterio, y de cuán felices me las prometo con su lectura. Gracias, Itziar. Menudo monumento, el que habéis levantado.

Un botón de muestra sobre lo que va de ayer a hoy. Del Antiguo Régimen, al Siglo XXI. Del Despotismo Ilustrado, a nuestro Paraíso de Democracia en Libertad. ¡Qué abismo!

¿Pero en qué país vivía aquella buena gente? Todo un Diputado General comportándose como un jaunchu. En vísperas de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, alguien osando abrir peluquería sin colgar enmarcada en la pared su ejecutoria de hidalguía y limpieza de sangre.

Frente a eso, ¿qué? 'Una filiación', es todo lo que se les ocurre a aquellos bilbainos obtusos, que me avergüenzo de haberles llamado paisanos. De acuerdo, es un peluquero francés. No dice que de París, pero sí «del interior de aquel Reino». Las damas y damiselas bilbainas, que se lo rifan. También los caballeros. Salón abierto y servicio a domicilio. Negarle altura profesional seguramente era imposible. Pero, ¿y el perfil lingüístico? El EGA, qué menos... ¿No podían pillarle por ahí, el Udondo y demás palurdos? Tanto gremio preocupado del blasón y la sangre limpia, cuando lo que hacía falta era un buen sindicato, o mejor dos, despejando a la competencia, sólo con puntuar el euskera como es debido.

Y aquel Consejo de Castilla, ¿quién se creía que era, para decirnos a los de aquí cómo se interpretan y aplican nuestros Fueros? ¿Quién era ese Campomanes, para enmendarle la plana en nombre del Rey a todo un Diputado General del Señorío? Y encima, todo en castellano, ida y vuelta, lo de aquí a Madrid, y lo de Madrid aquí.

Porque esa es buena. Las 1.600 páginas de estos tres tomos, más todo el resto de la serie, todito en castellano. ¿Elegido adrede? No. Es que se da la circunstancia de que la masa ingente documental de nuestros Archivos Forales está en esa lengua, salvo algo de latines. Exagerando, sólo para que se me entienda: no sólo investigador, hasta director de Archivo se podría ser aquí tranquilamente, sin saber la lengua propia.

Es así porque así es. Aunque también pudo haber sido de otro modo. Y puestos a decidir, a tiempo estamos para que lo sea. De nosotros depende. No hay más que meter horas y dinero público, hasta poner todo ese papelamen en pulcro batúa.

¿Superfluo? Para algunos sí, desde luego. Pero tampoco nos cogerá de susto, si un buen día quien pueda hacerlo decide poner manos a la obra. En nombre del derecho que nos asiste a investigar nuestros archivos en euskera, y vivir en euskera nuestra Historia.


 

5 comentarios:

  1. Genial,un abrazo o como se diga en watusi

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  2. Genial del todo, don Belosticalle.
    Y qué bien que ha vuelto.
    Otro abrazo de mi parte para la señora Monasterio.

    PD. Me ha encantado lo bien que se entiende el vascuence de nuestros antepasados. También me ha gustado mucho que nuestros regidores exigieran el perfil a la Revolución Francesa. Pues no sé que se creería esta señora.

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  3. Beno, interesgarria, baina euskeraz balego hobe, batez ere zure azken komentarioa irakurri ondoren. Koherentzi falta, arlo hontan sarritan gertatzen dena.

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  4. Estimado Belosticalle:
    (En realidad, a estas alturas de mi lectura de usted, y como ya ha dicho un Topillo, ¡adorado Belosticalle!). No sé si le llegan estos comentarios extemporáneos o por lo menos tardíos, pero me voy por aquí, he visto que a veces otros lo hacen, y es que casi me muero de risa con el genial remate que le ha puesto este Anónimo o Izenbaco (?), que, nombre aparte, por lo visto carece de alguna otra cosilla importante más, aunque seguro que no lo echa en falta.
    Y ya que estoy, le diré que en mi casa ⎯ gente de Churdínaga City, cuando era Churdínaga Fields⎯ se decía (a mí, bastante), por cierto, sinsumbaco, lochabaco y penabaco, además de ganorabaco y, naturalmente, sinsorga; que se lo leí comentar con Pussy Cat hace unos días (para mí) y me habría gustado entrar, pero ya llegaba yo un par de años tarde a la conversación.
    Le mando un gran abrazo, este blog es un tesoro y usted es increíble.

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  5. Por supuesto que me llegan los comentarios, por su orden cronológico, gracias sean dadas a Blogger.
    Y este suyo, querida Elefante de Guerra, (aparte los elogios) tiene algo que yo echaba muy en falta. Nueve meses ha estado el Izenbaco este pidiendo a gritos una carcajada como la suya. Una respuesta que, obviamente, no me tocaba a mí dar.

    Sinsumbaco, esa es y ha sido de siempre la palabra. Dos líneas sin desperdicio, le dan hasta para un exordio condescendiente ("B[u]eno, interesgarria..."), como quien acaba de leer una curiosidad, un susedido. Y el empaque con que ensarta su conclusión.

    Bienvenidos siempre los comentarios. Aquí no hay cierre de edición ni fecha de caducidad. Y si un día algún sabio descubre estas oscuras páginas caídas en olvido, que al menos vea que cayeron con las notas puestas, no como soliloquios de misántropo.

    Un abrazo.

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