jueves, 30 de julio de 2015

Abriendo el baile



Un profesor que tuve de filosofía solía decir que «muchos filósofos convencen no tanto por filósofos como por pelmas». Uno de esos debe de ser Juan José Ibarretxe, siempre con su tamborrada del ‘derecho a decidir’.
Insinuar lo de ‘pelma’ sobre quien negoció con Rodrigo Rato el nuevo Concierto Económico vasco y su ‘cupo’ (1997) no es ofensivo ni temerario: «él mismo reconoce que negociando puede llegar a ser un ‘pelma’», dice su biografía en la Wikipedia. Discutible sería, si acaso, llamarle ‘filósofo’; pero no le escatimaré un título que de suyo significa hombre estudioso y ‘amigo de saber’.
El Prof. Ibarretxe, «de orientación nacionalista vasca» –eso dice a fecha de hoy la misma Wikipedia–, se presenta como especialista en ‘the Basque Case’, desde que defendió su tesis doctoral,  Principio Ético, Principio Democrático y Desarrollo Humano Sostenible: fundamentos para un modelo democrático (octubre 2010).
Aunque su licenciatura la hizo en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Bilbao, y la tesis pivotaba sobre el tópico del ‘desarrollo humano sostenible’, el doctorado lo obtuvo en la Facultad de Derecho de San Sebastián, ante un tribunal de cinco juristas. Es notable esa elección de Facultad, así como el esfuerzo preparatorio de la tesis, teniendo en cuenta que el doctorando había sido lendacari del Gobierno Vasco los once años anteriores (1998-2009). Además, en ese tiempo hubo de emplearse a fondo para cumplir su propósito de hacerse con el vascuence, coronando este logro con la práctica del inglés, lengua que le es querida.
De hecho, ya doctor y en la línea de su tesis, Ibarretxe ha creado su propio instituto de estudios político-sociales, dentro de la Universidad del País Vasco, llamándolo en euskinglish Agirre Lehendakaria Center for Social and Political Studies (ALC). Inaugurado en octubre de 2013 y financiado por Kutxabank, a razón de un cuarto de millón cada año, y van tres anualidades. 
Por otra parte, el ex lendacari, identificado vitalmente con su ‘Caso Vasco’, se ha volcado en la divulgación del mismo y de sí mismo como su nueva forma de profetismo político, de forma  que hoy en día no hay título más grato y caro al Dr. Ibarretxe que el de ‘profesor’.
Un profesorado, insisto, que no empaña para nada su calidad de filósofo, con una filosofía rusticana expresada en aforismos, apólogos, parábolas, a juego con la estética de su nuevo look aldeano, algo impostado, a gusto de algunos. También habla en binomios y polinomios, como cuadra a un experto en economía. Una filosofía muy de expresión y gestual, como cuando al hablar de su cosa –la Cosa Vasca–, la mira y remira dándole vueltas como si la tuviese entre los dedos.
Al profesor Ibarretxe en esta excursión de campo le sigue un discipulado muy peculiar. Se llaman Gure Esku Dago (GED), que significa ‘Es Nuestro Derecho’. Peculiar, porque no se trata de discípulos al uso. Es más, los de GED seguramente no reconocerán para nada el magisterio de Juan José, por lo que vamos a ver:
En la Wiki, los GED se definen (porque el artículo es de ellos mismos) como «movimiento popular, presentado en Irún en junio de 2013, en pro del  derecho a decidir de Euscalerría»; añadiendo que tuvo su precedente en Nazioen Mundua (El Mundo de las Naciones, o Un Mundo de Naciones), movimiento nacido en Idiazábal (2007). La estética arco-iris y ‘jatorra’ de GED, su relación con el otro avatar y otros más eiusdem farinae –plantas propensas a reproducirse por estolones en el Goierri profundo, a favor de riego generoso de dinero público–… todo apunta a vástagos batasunos, y por tanto adamitas primigenios. Gente, pues, que nació aprendida y jamás fueron discípulos de nadie.
Ibarretxe lehendakari con EGIkides (miembros de EGI), 2007 - Jkarteaga
Pero aunque ellos no le reconozcan, Juan José se reconoce en ellos y les adopta. De hecho siempre ha sabido entenderse con la izquierda abertzale, sin cuyo apoyo ordenado por Otegi y teledirigido por ETA mediante carta del prófugo Josu Ternera no habría salido adelante en el Parlamento vasco su soberanista ‘Plan Ibarretxe’ (diciembre, 2004).
Así que, del bracete con GED, el Profesor salta el charco para presentar su nuevo libro, en inglés of course. Se titula The Basque Experience. Constructing sustainable human development, y lo firma Ibarretxe como adscrito o respaldado por el Center of Basque Studies de la Universidad de Nevada, Reno.
La cubierta del libro es inelegante. Sin querer, ridiculiza la egolatría de un autor cuya firma descomunal parece el título del libro, y que con ella enaniza su propia obra. Verdad es que al gallo Ibarretxe  fuera de su corral no le conoce nadie; pero tampoco eso se arregla pegando voces, «¡ESTE SOY YO!» (cuando ni siquiera se es de Bilbao).
Ocupa el centro de la cubierta un polinomio: r+d+i+k. Se reconoce el trinomio canónico, ‘Investigación + Desarrollo + Innovación’, sólo que en inglés; mejor dicho, vuelta al euskinglish, porque Ibarretxe añade por su cuenta el elemento k de Kultura. La kultura baska, obviamente.
La expresión matemática es de lo más elemental,  como conviene al pedagogo de un pueblo:
«La mirada esperanzada hoy reside [sic] en el polinomio I+D+i+K»
Polinomios como el citado. O su nuevo binomio (esta vez lógico), « Voice .OR. exit». O los monomios sobre todo, mucho monomio: YO, el más recursivo.


Problemas con las citas
Voice or exit: «o puedo hablar, o me largo».  Pintoresca interpretación de una lectura mal digerida, o una referencia de segunda mano. Añadiendo él de su cosecha que ese es «el concepto británico que centra hoy el mundo de la teoría política».
A muchos nos sorprendió tanto desparpajo creativo, cuando el Profesor soltó el dislate, nada menos que en el Ilustre Colegio de Abogados de Bilbao. Me remito al brillante artículo-varapalo de José Mª Ruiz Soroa, ‘Exit, Voice and Loyalty’ (El Correo, 4 de mayo de 2014), título que a su vez remite a la expresión genuina de Albert O. Hirschman (1970):
«La ignorancia es muy atrevida. O muy desvergonzada, como prefieran. Lo primero que podría preguntarse a Ibarretxe es en dónde está reconocido como principio positivo eso que él califica de “concepto central del mundo de la teoría política”…
Aunque sólo sea por un mínimo respeto al científico social que construyó con mucho estudio y reflexión esa alternativa teórica que Ibarretxe aplica ahora desprejuiciadamente a la cuestión de la autodeterminación, es preciso contar su historia. Para ver el grado de carroñería intelectual que supone aplicarla como el exlehendakari lo hace.»
[Sobre la tesis de Hirschman puede verse el trabajo de Scott Gelbach (2006), donde se ve que aquella nada tiene que ver con el delirio de Juan José.]
Sin excluir a priori el juicio severo de Ruiz Soroa, también podría ser que Ibarretxe tuviera problemas de comprensión con el inglés, porque un error semejante padece cuando cita a Joseph Stigliz sobre«los países que se hicieron cargo de su propio destino» –entendiéndolo como los que se declararon independientes–; o a Ernst F. Schumacher sobre «lo pequeño es hermoso», como una invitación a la desmembración de España, empezando por Euskadi y Cataluña:
«El viejo paradigma de “lo global anula lo local” no se cumplió, ha dado paso un nuevo paradigma en el que es “lo local mueve el mundo”. De hecho son, en palabras de Joseph Stiglitz, los países “que se hicieron cargo de su propio destino” [luego vemos lo que dijo Stiglitz]  los que más se han beneficiado de la globalización. Así  se hicieron realidad las proféticas palabras pronunciadas en los años 70 del siglo XX por E. F. Schumacher: “small is beautiful”, convirtiéndose en la afirmación realizada, ya en el siglo XXI por el Profesor Etxenike: “El gran reto de lo pequeño”, o en otras palabras: mirar al mundo sin olvidar las raíces [¿!].»
No sé lo que opinará Stiglitz (de la Columbia) sobre ‘derecho a decidir’. Hay judíos a favor y en contra de la independencia palestina. Lo cierto es que la frase de este Nobel de Economía (2001), sacado de contexto de su libro ‘La globalización y sus descontentos’ (2002), no se refiere a independencia de países, sino a los que manejaron su propia economía con dirigismo gubernamental. Estados existentes de derecho, no los de aluvión. Seguro que vale también para comunidades con autonomía económica amplísima, como ‘el Caso Vasco’ –el caso único de las haciendas forales en  España. Pero se trata de economía, no de empeños separatistas.
¿Es que JJI no sabe citar? Bueno, también es posible que ni siquiera esté citando; digo, citando directamente del libro de Stiglitz. A ver si va a ser que Etxenike se encarga de pasarle las citas. Estos quidprocuós suele traer el citar de segunda mano. Yo diría que es el caso, citando por ejemplo a través de un reportaje de la ONU, ‘The humanitarian decade : challenges for humanitarian assistance in the last decade and into the future’ (United Nations Publications, 2004), donde se toca de pasada la doctrina Stiglitz.  
La consecuencia de esa hipótesis no sólo  no favorece en nada la tesis de Ibarretxe, sino que la refuta. Si en un mundo global todo está entrelazado, no es sólo la economía, también la política. En particular, la creación de nuevos estados independientes a base de desmantelar los existentes es de efectos imprevisibles, o previsiblemente catastróficos. Hoy nuestros nacionalistas venden el ideal de una Europa cantonalizada en miniestados, todos ellos extrañamente ilusionados por una fraternidad idílica. Lo más probable es que mañana, si Euskadi (también Cataluña) se van de España, cambien el disco y digan que ya está bien, que nuestro derecho era ‘histórico’[1].


Kultura en Boise
«Presentación del nuevo libro de JJI». Generalmente los libros que se presentan son nuevos, salvo excepciones, como podría ser el caso. 
El evento ocurre hoy mismo, en Boise, Idaho, promovido por el ALC de la UPV, la ‘plataforma’ GED  y, como tercera pata del trípode oracular, la Universidad de Columbia, donde funciona AC4, centro de contacto «para promover ideas, prácticas y tecnologías incisivas, para la resolución constructiva de conflictos, prevención de violencia, desarrollo humano sostenible y paz». Es justa y literalmente lo que investiga y promociona Ibarretxe. De modo que si alguien cree que toda esta ensalada mixta es de la minerva y menú del chef de ALC, sepa que la receta original es de la Columbia.
Nuevo libro que a lo mejor no es tan nuevo. Porque el autor es prono a repetirse, y de hecho se repite, centrando su paradigma vasco en el período de su mandato, cuando eso se acabó hace más de un lustro, y nos lo tiene más contado que la batalla del abuelo. Como también le ocurre volver siempre sobre el mismo estribillo. Y así el debate sobre todo un polinomio versará sobre… Pues claro: el derecho a decidir.
Este tándem de conveniencia, ALC-GED, que reviste sus tejemanejes políticos con los capisayos y las puñetas de la investigación universitaria, ha elegido para su puesta en escena el Festival Vasco (Jaialdia) de Boise, Idaho, USA.
Boise es una ciudad «como Vitoria o Pamplona», nos explican en ETB-2. Pues vaya.  En este lugar mítico de los míticos ‘pastores vascos’ se celebra cada quinquenio ese Jaialdia, exponente de la k de Ibarretxe, la kultura baska en sus múltiples aspectos, con predominio de coros y danzas, por una parte; y por otra, deporte rural, versolaris y otros concursos. Más nuestra K mayúscula, el kalimotxo: feliz coyunda de la cocacola americana con el tinto de pasto de Rioja. El Jaialdia es un feria amable para un público sencillo, de eso que llaman ‘la diáspora vasca’. Gentes que ya son de allí, pero tal vez con derecho de voto, aquí. De eso va la feria.
A la misma acude el actual lendacari Urkullu con su séquito numeroso. Todavía nos suena su voz de gola regañando al Rey: «Un respeto para la singularidad vasca.» Felipe VI nos ha ninguneado, y Urkullu le llama al orden. Misión cumplida.
Urkullu viaja a Boise por el Festival, no por el libro de Ibarretxe, a diferencia del rector Iñaki Goirizelaia, que va por ambas cosas, y como es danzari es muy posible que ejecute algún paso o figura.
A Ibarretxe le habría parecido lo más natural abrir él todo el baile, pero tanto no ha podido ser, porque en estos encuentros la gente busca el solaz, no el bostezo. No viajas desde los cinco continentes a una ciudad como Vitoria para que un pelma te hable de su libro.
Pero es que tampoco todo se reduce a eso. Tampoco los de GED van por el «qué hay de mi libro». En realidad, entre todos pagamos a estos anfitriones-invitados, en la celebración de su catapulta internacional, tras haber hecho demostración de sus aptitudes para el  movimiento de masas (enlace a blog). Un miembro de GED y «miembro de la diáspora vasca de EE. UU.»  hablará de ‘Futuro, Decisión, Juntos’ como presentación de esta fuerza separatista. (Y dale con la diáspora, ni que fuésemos judíos.)
De una cosa no se quejará Ibarretxe: su viaje promocional de su libro y de GED ha sido bien anunciado y será bien cubierto por lo medios vascos. De El Correo, hago merced de los comentarios (también de los de Deia, si es que siguen ahí). Y para terminar, de un medio oficial como es EiTB he visto uno de esos  anuncios, una entrevista en vídeo que no he conseguido incrustar porque me borra la página. Preocupante. Por el personaje, digo
No hace falta ser muy psicólogo para captar el gesto y alma de un resentido y a la vez maníaco. Porque, oiga, es fuerte eso de decir de un tirón y sin despeinarse:
«Mi objetivo, el mismo  que he tenido a lo largo de mi vida: en definitiva, poner a nuestro pueblo, a nuestra cultura, poner nuestra lengua en los mapas del mundo, no solamente en el mapa de Europa».
Pues excuse el trabajo, buen hombre; porque la gente vasca desde su incorporación a España y sus empresas históricas es harto conocida en Europa y en el mundo entero. Y casi siempre mucho más para lo bueno que para lo malo. Hasta la hora negra del nacionalismo desintegrador, con sus esbirros terroristas que han envilecido el nombre vasco.  A uno de sus capos convicto y hoy prófugo de la justicia tuvo usted y su gobierno en la Comisión de Derechos Humanos, profesor Ibarretxe.
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[1] Téngase en cuenta que aunque todo el mundo habla de ‘globalización’, «no existe una teoría única de la misma, si bien hay diversos discursos que buscan identificar su dinámica causal subyacente» (David Held, Anthony McGrew, David Goldblatt & Jonathan Perraton, 2000: Global transformations: Politics, economics and culture. Cambridge, Polity Press, Blackwell Publ., p. 436).




martes, 30 de junio de 2015

La caza del Espejismo: mercaderes, astrónomos, anticuarios



Desde que Palmira cayó en manos del Estado Islámico, hace mes y medio, las noticias llegan con cuentagotas y muy confusas sobre lo que está ocurriendo allí. Últimamente se ha hablado de un par de monumentos volados con explosivos. Por experiencia, los más vulnerables al fanatismo inconoclasta de ISIS son los santuarios y las tumbas, focos de ‘idolatría’ (sic). Y algún escarmiento –lo dijimos– había que hacer.
Palmira la monumental es para sus conquistadores de hoy un refugio más seguro que la más segura fortaleza. Por eso instalaron sus reales en el corazón del yacimiento, utilizado como escudo arqueológico, a sabiendas de que el enemigo respetará lo que a ellos parece tenerles sin cuidado. Aunque tampoco es eso, pues conocen el valor de cualquier pieza vendible en el mercado, y lo mismo que se financian con la extorsión, no desdeñan el tráfico de antigüedades. El contrabando desde Siria se viene denunciando desde hace más de dos años, sin que cosas tales sean allí ninguna novedad, con tanta riqueza en descampado o confiada a custodios corruptos.
En estas circunstancias, una estrategia de combate moral que se me ocurre contra los desalmados es repasar la historia del redescubrimiento de aquel lugar maravilloso. La aventura de aquellos curiosos que nos devolvieron lo que el nuevo Califato nos vuelve a quitar para hacerlo añicos.

Ingleses tenían que ser. Todos hemos tenido una vez la idea de avanzar hacia el arco-iris hasta pasar por debajo. Pero eso fue porque éramos niños. Aquellos ingleses debía de ser como niños grandes, cuando se propusieron andar por el desierto hacia el Espejismo hasta cogerlo con las manos, recorrerlo, medirlo y llevárselo a casa como recuerdo, en forma de notas y dibujos.
Cuando el Espejismo se hizo Piedra
En 1678 Timothy Lanoy y Aaron Goodyear, dos negociantes ingleses de la Compañía de Levante con base en la factoría de Alepo (Siria), picados por los relatos fantásticos que corrían sobre las ruinas de Tadmor/Palmira en el Desierto, organizaron una excursión con otros colegas y compatriotas para comprobarlo. No era cosa fácil entonces. Aunque la distancia se cubría en cuatro a seis jornadas, los caminos eran inseguros, e impredecible la recepción a la llegada.
No eran los únicos ingleses en Alepo, «ciudad llena de ellos desde 1632 hasta 1745» [1]. Pero ningún otro al parecer se había interesado en probar puntería en el Gran Desierto, conformándose con los cotos de caza de la Factoría en Sagkha Jebbul, cerca de la ciudad. Como tampoco nadie más dio razón de la Gran Ruta Caravanera del Desierto. Las iniciativas siempre son de individuos; como el joven Timothy, hijo del cónsul Benjamin Lanoy, con su colega y amigo Aaron.
Otros 14 compatriotas se les juntaron, «16 ingleses en total», más los servidores y mulateros, hasta 40 personas. Alguno de los gentlemen se alistó, más que otra cosa, por darle gusto al gatillo, a pelo o a pluma. Bien entendido que cualquier alarde armado por el desierto era desaconsejable.
Salieron con mal pie, la madrugada del 18 de julio. El 23 por la mañana, ya cerca de su destino, tras un primer contacto con un espía árabe, les salen al encuentro dos embajadores de parte del emir Melkam, príncipe de Tadmor. Zalemas de cortesía y mensaje del emir: «Sois mis amigos, y mi país es todo vuestro». Malo.  
Total, que habiendo ellos pedido protección por escrito durante su viaje «de pura curiosidad por las ruinas antiguas y sus inscripciones», la respuesta igualmente escrita fue que, sabiendo ellos descifrarlas, bien podían ser buscadores de tesoros; y que siendo los primeros francos (europeos) que visitaban Tadmor, su curiosidad les hacía peligrosos. Lo cual tenía arreglo previo pago de una ‘compensación’ por valor de 2.000 dólares, a elegir eso o la muerte.
Finalmente el emir se conformó con una rebaja del 25 % –todo lo que se pudo juntar–, y vueltos los ingleses por donde habían venido, el 29 de julio por la mañana entraban en Alepo. El único trofeo de aquella triste caza fue el texto griego de una inscripción monumental que copiaron.  
En cuanto al pérfido Melkam, devolviendo a los ingleses con lo puesto había firmado su propia sentencia. El bajá de Alepo, que valoraba mucho a la Compañía, no tardó en deshacerse de aquel emir-bandido abusón, atravesado a medio camino en la ruta del Éufrates.
Trece años después, en 1691, aquellos valientes no han olvidado el proyecto. Al contrario, aquella breve vista de las ruinas les animó a tentar la suerte de nuevo, en condiciones algo más seguras, con salvoconducto del reyezuelo «Assyne rey de los Árabes». Además, esta vez contaban con un experto en cultura clásica y curioso de inscripciones: el Rev. William Halifax, capellán en la colonia británica, tal vez animador de la aventura. Partieron el día de San Miguel, 29 de septiembre, y el 4 de octubre se pusieron en su objetivo.
De esta visita de cuatro días, el clérigo envió a un amigo profesor de Astronomía en Oxford, con carta dedicatoria en latín, una relación que anduvo traspapelada, hasta que finalmente vio la luz en las Philosophical Transactions de la Royal Society de Londres. En el vol. 19 (1695-97), tras la «Relación sobre cierta Ana Taylor, niña muy extraordinaria de unos seis años de edad, que en rostro etc. era tan grande como una mujer adulta; y de lo que apareció en la disección de su cuerpo» (págs. 80-82), inmediatamente figura la Relación de un viaje de Alepo a Palmira en Siria» (págs. 83-110), del reverendo. Era nada menos que el primer informe escrito sobre la Palmira monumental, y la primera noticia de visu.
No sin cierto desorden, en el mismo volumen de la revista se publicaba Un extracto de los Diarios de ambos viajes [1678 y 1691] de los Comerciante Ingleses de la Factoría de Alepo a Tadmor, llamada antiguamente Palmira» (págs. 129-160), seguido de una Relación sobre el estado antiguo de Palmira con breves observaciones sobre las inscripciones encontradas allí» (págs. 160-165). Este último artículo tiene de notable la firma: E. Halley.
Edmond Halley (1656-1742) es hoy, para los concursos de televisión, un astrónomo, aunque su doctorado era en Leyes, y su cargo universitario en Oxford el de profesor de Geometría. Cargo perfectamente compatible con la Secretaría de la Royal Society, que desempeñaba cuando escribe su reseña palmirena complementaria de los viajes susodichos, con énfasis en la epigrafía griega. Vamos, que el matemático Halley disponía de una cultura bastante general. ¿Quién dijo que los sabios universales del Renacimiento se acababan con Leibniz (1646-1716)?
Como astrónomo aficionado, Halley pocos años después caería en cuenta de que los cometas observados en 1531, 1607 y 1682 eran uno mismo, que volvería a principios de 1759, y sigue volviendo, lo hemos visto en 1986. El prestigio milenario de los cometas como mensajeros celestes ad hoc quedó muy tocado por aquella indiscreción de Halley. La revolución mecánica del cosmos era imparable.
Acabamos de ver también cómo el reverendo Halifax dedicó su trabajo sobre inscripciones palmirenas a un astrónomo, y ahora es otro astrónomo-geómetra el que las comenta. No era casual que estos entendidos en cielo entendieran en calendarios, cronología y toponimia antigua, donde aparte de fechas y fechos se habla mucho de eclipses, cometas, novas  y otros fenómenos celestes. Halley era además un calculista fenomenal de longitudes y latitudes terráqueas, y le interesa saber, comparando sus resultados con los de los del árabe Albatén o Albategnio (Al-Battani, m. 929), si las diferencias en las tablas antiguas y modernas permiten deducir que el eje de la Tierra ha variado desde entonces.
Halley admite la conseja bíblica sobre el origen de Tadmor fundada por Salomón, y sigue la opinión de Josefo, que la identifica con la Palmira de los griegos. ¿Pero de qué griegos? El primero que habló de Palmira fue el romano Plinio el Viejo, que por los años 70 de JC le dedicó esta breve entrada en su enciclopedia (Historia Natural, 5, 25):
«Palmira, ciudad notable por su situación, por las riquezas del suelo y sus aguas amenas, encierra sus campos en vasto entorno de arena, y como aislada de otros países por la naturaleza, a su propia suerte, entre los dos máximos imperios, el de los romanos y el de los partos: eterno quebradero de cabeza para unos y otros en discordia.»
Un oasis-isla en un mar de arena. Un paraíso que siempre tuvo algo de espejismo. Un sitio afortunado, a las distancias justas, a medio camino entre el Éufrates por el este y las grandes ciudades sirias, Émesa, Alepo, Damasco, en la ruta de la India abierta por Alejandro Magno.
Citada como Tadmor en documentos de Asiria y de Mari (II milenio a. de JC), así como en la Biblia, Palmira/Tadmor entra en la Historia el año 41 a. JC., al chocar Roma en su frente oriental con los Partos (el nuevo imperio Persa), pero no se somete hasta el año 14 de JC, bajo el emperador Tiberio, y eso con amplia autonomía. En este siglo I se produce la primera transformación de una estación caravanera en ciudad monumental, gracias al comercio y su posición, como resume muy bien Plinio.


“Vista de las Ruinas de Palmira, alias Tadmor, tomada hacia el Lado Meridional»

(Parto la panorámica en dos para que se aprecien mejor los detalles)

Los diarios de viaje publicados por la Royal Society, y en especial el grabado panorámico de Palmira, revelaron a la sociedad culta que el mito era real y valía la pena. Pero no se produjo una avalancha de exploradores, no digamos turistas. Las condiciones para viajar allá eran heroicas. Lo que sí hubo fue una ola de comentarios con revisión de las fuentes antiguas.
   
        Una monografía a nombre de un tal Abednego Seller (1646?-1705): The Antiquities of Palmyra etc., Londres, 1696, se vendió muy bien y se tradujo por lo menos al alemán.


Y eso fue todo, o casi, por entonces; por un largo entonces. Tan largo, que invita a preguntar si el gran público se tomó muy en serio la famosa panorámica palmirena [2].
Los trabajos generados bajo aquel estímulo se centraron sobre todo en la crítica de aquel momento histórico del Imperio Romano en su choque con la gran potencia oriental de entonces, la Nueva Persia. Un choque donde Palmira pudo quedar aplastada y absorbida sin pena ni gloria. Sin embargo, contó con dos figuras de gran visión política: el rey Odenato y su viuda la reina regenta Zenobia. Todo ello destilado de fuentes tan turbias como la Historia Augusta, y tan confusas como los cronistas bizantinos. Dejémoslo así.
Y de pronto, la ‘palmiromanía’
Medio siglo después de los viajes de Lanoy, Goodyear y Halifax, y como fruto de medio mes de exploración febril in situ, sale a luz en francés y en inglés la primera obra arqueológica ilustrada sobre Palmira.
Uso la edición francesa: Les ruines de Palmyre, autrement dite Tedmor au Désert. Paris, 1819. La uso, e invito a usarla. No voy a detenerme en este álbum magnífico, pues lo único que me interesa es poner enlace directo a esa edición de F. Didot, para que los  lectores disfruten de sus láminas hojeando por sí mismos el libro que puso de moda la ‘palmiromanía’, en Arquitectura y Artes Decorativas.
Los emprendedores eran, una vez más, tres ingleses con gran experiencia viajera en el Grand Tour continental. Sus nombres: Robert Wood,  James Dawkins y el amigo de éste John Bouverie. Zarpan de Nápoles en mayo de 1750 para regresar allí mismo en junio de 1751. Un año, un mes y un día de viaje, en que se incluyó la visita a Palmira y otra también obligada a Baalbek. Por desgracia, Bouverie murió accidentalmente en Turquía (septiembre 1750), sin llegar a ‘descubrir’ la Maravilla del Desierto.
"Dawkins y Wood descubriendo las Ruinas de Palmira"
Óleo de G. Hamilton (1758)

Estos viajeron eran ya románticos de verdad que, por ejemplo, perciben la lectura de los clásicos de manera distinta si la hacen en los lugares de los relatos, contemplando los mismo paisajes bajo la misma luz y captando las mismas sensaciones que percibieron los personajes de historia o de ficción. Al menos, eso afirma Wood con todo candor en el  prefacio de la obra.
Sin embargo, su principal interés era arquitectónico. En este sentido su maestría salta a la vista. Cierto que se tomaron libertades reconstructivas, pero siempre con respeto, o siquiera con formalidad. Así por ejemplo, en la plancha 4: “Elevación de la gran entrada del patio del Templo”, explican:
«Se ha advertido (ver la explicación de la plancha precedente) que este pórtico ha sido destruido por los turcos. Aquí, sin autoridad alguna, se restablece el frontón; pero las columnas y su distribución particular se han copiado según el pórtico anterior (ver planchas 13 y 14).»
Por esos y otros detalles fueron objeto de críticas –hoy perdonadas–, mientras aquellas planchas desataban cierta epidemia y hasta furor, que podríamos llamar ‘palmiromaníaco’ para las incidencias más graves. A propósito, veo citado el elegante Palacio de Wörlitz, obra neoclásica de F. W. von Erdmannsdorf, aunque no veo mención de Palmira en la wiki-biografia del arquitecto.





Ahora sí. Palmira y Baalbek van a formar la pareja estrella del turismo en Siria, hasta que para formar la indispensable Tríada Siríaca –creo que estoy a punto de escribir una tontería– se les une San Simeón Estilita, aunque sólo tenga en común la grandiosidad.



Sobre estas ruinas venerables, en especial las dos primeras, caerá luego un diluvio de textos declamatorios filosófico-románticos, que nosotros dejaremos pasar hasta que escampe, repasando las láminas del W&D, comparándolas con fotos actuales.
En particular pongo aquí su panorámica, para comparación con aquella primera de la Royal Society. Salta a la vista la impresión de que el reverendo Halifax y compañía vieron demasiadas columnas en pie. Esto decepcionó e incluso irritó a más de un viajero, tal vez harto de la molestia. Así el Honorable Charles L. Irby y James Mangles, comandantes de la Royal Navy, que visitaron Palmira en 1818. 
Tras reconocer la innegable impresión del conjunto visto desde las torres funerarias, comentaba Mangles que los dibujos de W&D hacen demasiada justicia a unos restos arquitectónicos de baja calidad dispersos por un cementerio de ruinas sin títere con cabeza. ¡Encima, los árabes siempre ávidos de lucro les sacaron por la entrada 600 piastras! Y a dar gracias, porque aquellos jeques convertían con la mayor facilidad su hospitalidad en secuestro con fuerte rescate.


W&D, Pl. 19. Artesonado monolítico de mármol con plafón zodiacal
Por supuesto, en el álbum de visitas palmireno no todos los comentarios eran así de negativos. Gente mejor atendida, seguramente. En particular, por aquellas fechas, reinaba en Siria una Zenobia a lo moderno: dama disfrazada de hombre, sin escándalo de los árabes que la saludaban como la ‘Malike’ (la Reina), precisamente por su extravagancia ...
Han acertado. Estamos a punto de conocer a Lady Hester Stanhope. Visitante gozosa de Palmira, y monumento ella misma visitable, de carne y hueso. Pero no son horas, y ya vamos pasados de kilobites, así que para próxima lo dejo.
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[1] D. Carruthers, The Desert Route to India. Asian Educational Services, 1929, pág. xxv.
[2] Las Philosophical Transactions se reimprimieron, en entero y en abreviado. También otras revistas reprodujeron aquellos primeros apuntes de viaje. Sin ánimo bibliográfico, y sólo para dar idea de cómo circularon estas noticias en sus fuentes primarias, como es la línea de esta bitácora, enlazo esta edición de 1722: The Philosophical Transactions of the Royal Society of London ..., 3ª ed., Volumen 3, London, 1722.
Cap. 2 (Cronología, Historia, Antigüedades), XL. 1. A Voyage of some English Merchants a Aleppo to Tadmor; by Mr. Timothy Lanoy, and Mr. Aaron Goodyear, 489. 2. A second Voyage to Tadmor; by . . . communicated by Mr. Tim. Lanoy, and Mr. Aaron Goodyear, 492. 3. An account of Tadmor; by Mr. Will. Hallifax, 503. 4. Remarcks on these Antiquities; by Mr. Edm. Halley, 518. Sigue: XLI. An Inscription in the Language of the Palmyreni; by Mr. Octavian Pulleyn, 526.

[3] Ch. L. Irby, J. Mangles, Travels in Egypt and Nubia, Syria, and Asia Minor; during the years 1817 & 1818. London, 1823, págs. 267 y sigs.