jueves, 26 de febrero de 2009

Omnipresencia del miedo


El incidente de Lazcano, protagonizado por el joven Emilio Gutiérrez, es otro botón de muestra para el debate sobre la respuesta adecuada al terrorismo.

No tengo criterio formado sobre el caso, salvo mi oposición por principio o prejuicio a la respuesta violenta motu proprio, aparte de la imprudencia de acometerla en solitario y a cara descubierta. Dicho eso, añado que en mi opinión, no ha sido un calentón sobrevenido de ira, sino el reventón de un absceso acumulado, largo e insufrible, efecto de la provocación y humillación de una parte del vecindario por los prepotentes. En ese sentido, han de contemplarse todas las eximentes, así como la prestación de auxilio jurídico a quien sería víctima, no sólo de sus agresores directos, sino de la pasividad social, y esto es más grave.

Entre lo bien escrito sobre el particular, me ha gustado el artículo de Hermann Tertsch, 'El miedo y la gentuza'. Y me ha gustado (una vez más) porque toca un punto del que se discute demasiado poco. Al margen del tema central, pero en su contexto, es oportuna la observación de Tertsch:

"Lazcano, ese pueblo que algunos llaman ahora Lazkao -vayan ustedes a saber por qué-"

¿Qué por qué? Muy sencillo: por imposición de la Academia Vasca. Una imposición arbitraria, irracional y absurda, que deja en la miseria la riqueza toponímica del País, aparentemente en aras de la construcción nacional. Terminaciones latinas como -ano, -ana delatan quizá demasiado una temprana romanización.

Una cosa es unificar la lengua, otra muy diferente atropellar la geografía unificando topónimos hasta hacer irreconocible su relación con apellidos. Afortunadamente, ninguno de los Lazcano que conozco se ha cambiado a Lazkao (aunque alguno cede a escribirse Lazkano. Tampoco sé de ningún Bilbao tan dócil, que haya pasado a firmarse Bilbo. Y esperemos que nuestros euskaldunberris no sean los únicos en ignorar quién fue el almirante Oquendo, sustituido tal vez por un Okondo imaginario.

¿De dónde se han sacado nuestro euscalzainos esa regla de oficializar hipocorismos? No digan que lo han visto escrito en documentos antiguos, oficiales o no, pues la verdad es que se puede investigar en cualquiera de nuestros archivos históricos forales, y aun ser archivero director de cualquiera de ellos, sin conocer media palabra de vascuence.

Uno de los paladines del Bilbo fue el inefable Knörr, Endrike o como se escribiese finalmente. De nada sirvió meterle por los ojos a Garibay, que tanto en castellano como en su colección de refranes vascos escribe Bilbao. Knörr llegó a desbarrar sugiriendo que el refranero antiguo deformaba Bilbo ¡por mor de la rima!… Con esa mentalidad, no es de extrañar la afición del académico a los engendros de Veleya, contribuyendo así a esta vergüenza todavía por aclarar. Pero paz a los muertos. Menos mal que, por ley 'normalizadora', Sestao no es (todavía) Sesto; y de Ascao ni digo.

La seudotoponimia se marcó un jalón egregio en Pedernales, suplantado por un Sukarrieta de nuevo cuño, convertido en nombre oficial. Por cierto, pudo elegirse la forma más antigua y correcta, su(h)arri (pedernal) para derivar Suharrieta. Según eso, los de Pedernales de toda la vida se llaman sukarrietarrak, pero sólo desde final del siglo XX, según el Euskal Hiztegia de Sarasola (pág. 925).

Por supuesto, filología no es ética…, pero a veces no le anda tan lejos.



miércoles, 25 de febrero de 2009

Coherencia socialista


El artículo de Ruiz Soroa, Curioso consenso, citado aquí el viernes 20, no ha pasado inadvertido. Hoy El Correo publica juntas dos cartas al director, las dos de Guecho: Política lingüística, de Pedro Iñarritu Sainz de Baranda, y En el programa, que firma Alejandro Sota Aira.

Ambas son favorables, pero la segunda con esta reserva:

Me ha extrañado el reproche que hace a los socialistas vascos: «Y que al socialismo vasco le parezca perfecto». Inmediatamente hice lo que yo le habría recomendado al autor, ir al programa electoral del PSE, a su web. Creo que se habría llevado una agradable sorpresa al comprobar la manera responsable y seria con que está tratado el tema lingüístico. Habría leído algo que contradice su reproche, como por ejemplo: «Modificaremos la normativa por la que se rige el Consejo Asesor del Euskera para que, con denominación diferente, se dé en él cabida a representantes cualificados del ámbito castellanohablante y del euskaldun». También habría leído: «un Consejo que queremos dé entrada, también, a monolingües, dado que la mayor parte de la planificación de sus políticas se refiere a éstos». También algo como «nunca con políticas de carácter impositivo que conlleven el arrinconamiento de los ciudadanos vascos que se expresen únicamente en castellano»; o que «nadie podrá ser discriminado por razón de lengua»; o «especialmente no debe convertirse el euskera en un elemento que impida el acceso a un puesto de trabajo». Los socialistas vascos no se merecen el reproche que el autor les hace.


Señor Sota: Si eso dice el Programa Socialista –y no lo pongo en tela de juicio–, habría que explicar, entonces, por qué los eurodiputados socialistas se han unido a los nacionalistas, en contra de los populares (PP), para tumbar una propuesta europea sobre lenguas minoritarias, porque en la misma se defiende el derecho de las familias a elegir lengua vehicular para la enseñanza de sus hijos.

Lea usted, si no ha tenido ocasión de hacerlo, lo que publicaba El Correo (18 de febrero), hace una semana solamente:

La comisión de Cultura del Parlamento europeo aprobó ayer un informe de iniciativa propia en el que exige que se respeten los derechos de los padres y de los estudiantes a la hora de escoger una lengua vehicular para la enseñanza cuando coexistan en el país varios idiomas oficiales.

El documento es obra de un ponente popular portugués, Vasco Graça Moura, pero su compañero de formación política, Luís Herrero -expulsado de Venezuela por Chavez esta semana pasada-, consiguió endurecerlo más con una enmienda en la que se especifica «el error de promover una lengua a costa de los derechos de los hablantes de otra, o a través de cualquier forma de coacción o discriminación que los ignore o los lesione».

Herrero, además, introdujo otras mociones en el informe, como una que valora especialmente la enseñanza en la lengua materna, de manera que «ningún escolar podrá ser privado de la enseñanza en la lengua oficial del Estado». Otra más reclama garantías de plena interacción de las lenguas, «en especial en los ámbitos relativos a las personas de edad avanzada y en los sectores de la justicia, la sanidad, la administración y el empleo».


(Ver también 'Blog de Santiago González', aquí y aquí.




lunes, 23 de febrero de 2009

LECTURA Y EVOCACIÓN

Hay artículos que me gustan aunque no me digan nada nuevo. De ellos, los hay que me gustan precisamente por eso, porque nada añaden a lo que ya sé, salvo confirmarme en que estoy en lo cierto y no estoy solo.

A todos nos gusta que nuestras ideas y convicciones se difundan. Y en lo que uno no aspira a ser original, da gusto que otros con autoridad y destreza nos ahorren a los demás la faena de expresarlo. En estos casos, el aplauso puede ser, algo más que un cumplido, un eco leve, que sumado a otros ecos leves haga efecto de resonador y pregón. Como la gedeonada infantil de "los Trescientos de Cacharrería", que cuenta la Historia Sagrada (Jueces 7: 16 y sigs.).

Me estoy refiriendo al artículo de Jon Juaristi, País Vasco: ¿Fin del ciclo nacionalista?. No a todo por igual. Me quedo más con lo que tiene de anamnesia y diagnóstico, que en el pronóstico final, necesariamente ambiguo.

Juaristi empieza remitiéndose a la situación en San Sebastián hace 50 años, para concluir que "el nacionalismo resultaba ser, por entonces, un fenómeno muy minoritario, o casi imperceptible". En Bilbao la situación no era distinta, y en todo el País Vasco "la sociedad estaba tan despolitizada como toda la España del franquismo, y ni siquiera la aparición de ETA le otorgaba una excepcionalidad".

ETA se fundó en 1959, tras depurar el PNV a algunos miembros de sus juventudes, que propugnaban la resistencia vasca activa y violenta contra la dictadura. Por entonces, yo residía en las afueras de París y tuve algún contacto con el nacionalismo en el exilio. La idea que saqué sobre el "trío de los viudos" (como me dijo el canónigo Onaindía que se llamaban a sí mismos Aguirre, Leizaola y el propio don Alberto) fue la de unos figurones de secano, sedientos de ósmosis con una realidad vasca lejana, y con el pueblo que supuestamente presidían y dirigían, aunque ese pueblo les conocía tan poco como ellos a él.

En mi carpeta tengo borradores en torno a una idea que me ha parecido poco compartida, aunque es de común alcance. Ahora resulta que es la misma que expresa Juaristi: "Si la resistencia nacionalista no se había hecho notar hasta entonces, no se debía a que la sociedad vasca hubiera dejado de ser nacionalista, sino a que nunca lo había sido." Bien es verdad que "El PNV de los años cincuenta y sesenta tampoco se parecía mucho al actual."

Hasta la última etapa del franquismo y hasta la transición democrática, el nacionalismo vasco tenía arraigo ralo y superficial. Su 'militancia' folclórica era cosa sobre todo de ambientes clericales. La conseja tan inculcada, y aparentemente generalizada, de que la cosecha nacionalista de hoy es fruto de la pujanza combativa de la Guerra Civil, sostenida en las catacumbas durante el franquismo, es un producto artificial y falso de la propaganda mediática. Desde la desbandada de Bilbao (si no antes), el nacionalismo peneuvista llegó a la conclusión de que se había equivocado de bando. El espejo de Álava y de Navarra permitía a un PNV fantasmal soñar lo que habrían sido Vizcaya y Guipúzcoa alineadas con la gente de orden, confiadas a sus desvelos por Franco, como en las otras dos provincias campaba el carlismo. ¡Cuánto se nos habría perdonado y consentido, de haber dado antes la espalda a la República! Guipúzcoa se acomodó muy bien a los veraneos del Dictador en San Sebastián, rindiéndole homenaje con danzaris e hilanderas, ante la mirada algo torva (no demasiado) de los vizcaínos que hacían caso de tales fruslerías.

"El paso de ETA a la violencia política actuó como un poderoso catalizador en la formación de una nueva comunidad nacionalista durante la última etapa del franquismo… La cuestión… se planteó en términos de legitimidad de la respuesta violenta a la violencia represiva del régimen, y el asentimiento a la misma creció en forma espectacular a medida que el franquismo crepuscular se endurecía y se atrincheraba. La no reprobación de los atentados de ETA equivalía a una aprobación tácita, tanto entonces como ahora. Un mínimo ejercicio de memoria permite certificar que el consenso legitimador fue mucho más amplio que el campo de las fuerzas que entonces se definían explícitamente como nacionalistas… En definitiva, podría afirmarse que en vísperas de la transición española a la democracia, una parte mayoritaria de la sociedad vasca se había vuelto nacionalista, fuera o no consciente de ello."

Aquí me viene a la memoria aquello de san Jerónimo: Ingemuit orbis
terrarum et se Arianum esse miratus est
. Parodiando al mismo padre de la Iglesia, podríamos decir que la sociedad del País Vasco se quedó estupefacta al despertarse nacionalista de la noche a la mañana. ¿Gracias a ETA?

Vino luego la transición con sus "equívocos". Buscando la sociedad española al vasco bueno y honrado de toda la vida, creyó verlo en el nacionalismo que se ofrecía como moderado. De error en error, se otorgó al PNV una confianza nunca correspondida, llegando el buenismo al extremo kafkiano de imponer a la nueva Comunidad Autónoma una lengua "propia" oficial absolutamente minoritaria, una bandera diseñada en origen para distinguir a abertzales de maketos, un himno partidista, y la licencia absoluta para borrar cualquier memoria histórica ingrata al nacionalismo.

"El PNV fue el principal beneficiario del cambio democrático, que favoreció en toda España a las opciones moderadas. No significa que el PNV lo fuese. Entre los partidos nacionalistas que transigieron con la reforma política, ha sido el más acendradamente anticonstitucional…
Fue un error. El PNV no se responsabilizaría jamás de una Constitución que no había votado y que no consideraba suya, sino de la nación opresora. Además, los dirigentes nacionalistas fueron muy conscientes de que la inhibición de los partidos «españolistas» se la debían, en el fondo, al miedo que ETA provocaba en toda España, y de ahí que se instalaran en la lógica diabólica del árbol y las nueces. El PNV no era terrorista, pero necesitaba del terrorismo para mantener su ventaja política."

El resto del tema –lo que toca a las perspectivas de solución– admite distintas escrituras. Todas a cuál más pesimista. El uso desaprensivo de la propaganda mediática y del poder han puesto a toda una generación de los más jóvenes bajo secuestro del nacionalismo. Gran parte de ella, en un experimento brutal sin precedentes en democracia, ha adquirido como lengua "propia" el vascuence, aunque prácticamente todo el "contacto" verbal se siga manteniendo en español. ¡Y qué vascuence! Una neoparla cargada semánticamente, porque no es un lenguaje neutro, sino una jerga tribal.

Esa generación se ha visto imbuida de ideas disfrazadas de nociones u objetos sobre historia, geografía, cultura, todo con vistas a puentear todo lo español. Nosotros, lo nuestro, aquí, son términos marcados.

La cosa es grave. ¿Remediable? En todo caso, concluye Juaristi, "el vasquismo rampante del candidato socialista no augura maravillas".