miércoles, 7 de marzo de 2018

Madrid, Madrid, Madrid


Andoni Ortuzar e Íñigo Urkullu en preening recíproco
No es el chotis de Lara, no. Es la murga del Partido, la murga de Urkullu y de Ortuzar.
El nacionalismo vasco –así se llame ‘moderado’, con oxímoron, o ‘radical’, con pleonasmo– suele proyectar a su eterno Adversario político (‘ellos’) sobre un punto en el mapa: Madrid [1].
Esto no es de ahora, ni de hace un siglo, cuando se fundaba el PNV, ni tampoco es original del mismo. Es un resabio heredado de tiempos anteriores. En especial, desde el XVIII, cuando la burguesía de las Provincias Vascongadas y Navarra tenía sus respectivas agencias en Corte, para defender sus intereses y privilegios, a veces arcaicos, frente a los gobiernos de un Estado que procuraba absorber la modernidad igualadora de la Ilustración.  
Aquellos ilustrados caballeros vascongados de tricornio sobre peluca también se referían a ‘Madrid’ como eventual contratiempo. Lo suyo, sin embargo, era muy diferente de este tranquillo nacionalista. ‘Madrid’ era como hoy la sede del gobierno y el Gobierno mismo. Frente al cual y a sus intentos niveladores, la burguesías vascas de cada territorio por separado y hasta con rivalidad, buscaban y encontraban una defensa segura: el Rey. “Llegar hasta el Trono”, era la consigna. La lealtad reconocida de los vascos a la Monarquía española bajo el antiguo régimen les abría las puertas de la Real Cámara, para ventilar sus diferencias con los ‘secretarios’ o ministros de turno. “Los ministerios pasan, la Monarquía y sus Provincias Exentas permanecen”.
Desde aquel absolutismo regio, la democracia ha ido progresando en España. Hoy el País Vasco goza de amplísima autonomía, que a algunos siempre les parecerá poca, mientras a otros les satisface, y no pocos la vemos excesiva. ¿Excesiva, por qué? Una razón de peso es la forma patrimonial con que esa autonomía, mucha o poca, es administrada por los partidos creados con el objetivo de alcanzar la secesión del país, empezando por aquél que fundaron los hermanos Arana, el PNV.
Huelga recordar la confesionalidad extraña del Partido de JEL (o de DYF: Dios Y Fuero). Cristiano pero ultra católico ortodoxo, nacido de un odio teológico a España y todo lo español, empezando por las personas y detestando sus símbolos. En alarde patrimonialista (y por qué no decirlo, totalitario), sin referéndum ni consulta que valga, el PNV impuso al territorio que llama suyo sus propias señas identitarias: nombre,  bandera, himno, léxico y jerga político-administrativa, toponimia, ideario educativo, folclore... La consigna de Sabino [2]:
«Que todo cuanto vean nuestros ojos, oigan nuestros oídos, hable nuestra boca, escriban nuestras manos, piensen nuestras inteligencias y sientan nuestros corazones, sea vascongado.»
Inmersión no sólo lingüística sino total, totalitaria. Y esto tampoco es de ahora. Se hizo al comienzo de la Guerra Civil, cuando las Cortes de la II República –reducidas en número a su cuarta parte– aprueban por aclamación, y sin tiempo casi para leerlo, el primer Estatuto Vasco (Madrid, no todavía Valencia, 1 de octubre de 1936) según texto acordado entre el socialista Indalecio Prieto y el peneuvista José Antonio Aguirre. Incluía una disposición transitoria cuya mecánica ponía el nuevo ente presidencialista en manos del PNV, en la persona del propio Aguirre como lendakari (que no presidente). El mismo día la Junta de Defensa Nacional investía en Burgos a Francisco Franco como Generalísimo y Jefe del Estado.
La situación bélica hacía imposibles unas elecciones normales para formar la cámara vasca. La solución fue delegar en los ayuntamientos vascos todavía bajo control de la República la elección de Presidente provisional que formase el Gobierno de Euzkadi.
La máquina funcionó de maravilla. Las izquierdas entraron en el juego. El 5 de octubre de 1936 todos los partidos del Frente Popular (menos el sindicato anarquista CNT) emiten un comunicado conjunto:
«Estimando que el presidente de este gobierno provisional del País Vasco, esté revestido de la máxima autoridad, los partidos que integran el Frente Popular han acordado unánimemente que todos los concejales de las provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava voten sin excusa alguna a don José Antonio Aguirre Lecube para ocupar la presidencia del referido Gobierno.»
Aun así, los electores de derechas no nacionalistas fueron sustituidos por miembros del PNV. El resultado de la farsa fueron, para José A. Aguirre, un millar de votos edilicios, en representación de 291.471 votantes; y para su contrincante simbólico republicano Ramón Madariaga la consolación de 100 votos de su circunscripción [3].
De un estatuto de mínimos (como el catalán, su modelo), Aguirre hizo una aplicación de máximos, convirtiendo una región autónoma en un estado casi soberano, mientras el Diario Oficial del País Vasco no paraba de crecer, decretando a troche y moche. Y aunque aquel Estatuto nada decía del nombre, bandera o himno de este pedazo de España, una vez formado gobierno pluricolor o ‘de concentración’ –aunque todo era provisional por causa de la maldita guerra–, entre los primeros decretos promulgados no faltó la imposición identitaria nacionalista, y el nuevo ente político se bautizó como Euzkadi y se distinguió por la ikurrina como bandera, con el Gora ta gora como himno (o Abendaren ereserkia, en sabiniparla).  Caso único entre todas las democracias, si es que aquello lo era [4].
También se prodigaron las esvásticas curvas y rectas, dextrorsas y levorsas, tan del gusto nacionalista de entonces, y hasta veo en el recuerdo infantil aquellas trenzas postizas rubio-walkiria que se ponían las nescas asomando del pañuelo para bailar folclore vasco. Al mismo tiempo, la literatura oficial vasca competía con la franquista en el ensalzamiento de la raza, cada cual la suya, naturalmente, y ambas a dos al rebufo del eugenismo en versión  fascistoide [5].
Aquella autonomía duró meses, y su avatar como República de Euzkadi fue un fantasma visto y no visto. Cuarenta años bíblicos de travesía por el desierto llevaron a España al Jordán de la transición democrática (1975-1978). Y vuelta a cocinar el II Estatuto Vasco, y vuelta a los mismos errores, ya sin la eximente de la guerra, y agravados por la primera paz estable conocida por cualquiera de los españoles vivos entonces. Paz institucional, a pesar de la violencia ejercida por grupos de signo vario, incluido un intento de golpe de estado militar y el terrorismo implacable de ETA.
El nombre de las cosas
A la muerte del primer lendacari José Antonio Aguirre, en 1960 asume el cargo en el exilio Jesús María Leizaola, hasta febrero de 1978, cuando se constituye el I Consejo General Vasco, previo al futuro Gobierno autonómico. Su primer presidente, acordado entre PSEE y UCD, fue el socialista histórico Ramón Rubial (febrero 1978-junio 1979), quien por algunos respetos se llamó presidente, no lendacari, que para el PNV siguió siéndolo Leizaola a título honorario. Aquel I CGV decidió por su cuenta y sin consulta alguna que la bandera oficial del territorio fuese la icurriña (BOPV, 15-01-1979).  
Nuevas elecciones propiciaron un II Consejo General Vasco, presidido por Carlos Garaikoetxea, que a la vez seguía siendo presidente del PNV, no a gusto de todo el partido, porque contravenía las normas. Aprobado el Estatuto de Guernica (1979), el mismo Garaikoetxea  salió elegido lendacari del Gobierno Vasco (abril de 1980-marzo de 1985).
No voy a reescribir lo ya pergeñado en otros artículos, como ‘De patria y bandera’ (20-04-2017), del que sólo copio este párrafo, sobre la icurriñitis-anti-rojigualditis que nos aqueja [6]:
«Increíblemente, esa bandera partidista nos la colaron como oficial para la Comunidad Autónoma Vasca, sin consulta popular alguna, con el argumento especioso de que se usó como tal durante el Estatuto Vasco (1936) bajo la II República, silenciando que fue finalmente la bandera de una República de Euzkadi golpista y fantasmal, con lo que debió quedar deslegitimada para siempre dentro de un Estado español. Y más increíblemente aún, la misma bandera se está infiltrando en la Comunidad Navarra, como seña de su identidad vasca. ETA-Batasuna y su cuerpo político-social, que repudia el término Euskadi, con buen sentido práctico ha exaltado en cambio la ikurriña, hasta el punto de hacerla inviable como bandera neutral de una comunidad autónoma vasca española. [...] Ese logro del PNV, de imponer su enseña particular como la oficial de un territorio, sin renunciar a ella como tal partido, es otra de las anomalías pardillas de la Transición. Y aun suponiendo que fuese legal –ahí ni entro ni salgo, doctores tiene–, da un toque totalitario al régimen vasco, haciendo recordar el caso del estandarte nazi, que Adolfo Hitler diseñó de su mano para su partido, y finalmente lo impuso como bandera de Alemania. Algo parecido había ocurrido en la Unión Soviética y otros países con la bandera del PC.»  
Este pasado 18 de febrero celebraban los socialistas vascos el XL aniversario de aquel I CGV que presidió su compañero el difunto Ramón Rubial. Entre los asistentes figuraba José Antonio Maturana, miembro socialista de aquel primer Consejo.
Este Maturana publicó en Berriak (23-02-1977) un artículo titulado ‘Alternativas socialistas para Euzkadi’ [7] Lectura sin desperdicio, típica del funambulismo que en los momentos más críticos los socialistas hispanos, vascos incluidos, saben lucir en las cuerdas más flojas. Unos extractos bastarán para hacerse cargo de cierta babel en la testa de un socialista en vísperas del I Congreso Socialista Vasco del PSOE:
«Euzkadi como nacionalidad de fuerte personalidad se encuentra… en situación muy diferenciada y especial respecto a cualquier otra nacionalidad o región, precisamente porque los graves problemas que afectan al pueblo vasco están todavía sin respuesta inmediata, como la amnistía total, las libertades autonómicas, la cooficialidad del euskera, etc, etc, añadiendo a todo esto que la situación de tensión permanente en que ha vivido el país durante tantos años no ha desaparecido del todo y ahí tenemos los perennes controles policiales en pueblos ciudades y carreteras, la suspensión de reuniones y manifestaciones y la descarada actuación de la extrema derecha…» [El abogado donostiarra por lo visto no ha oído hablar de ETA.]
Los partidos de masas vascos, socialistas, comunistas o nacionalistas ... han iniciado el camino de la negociación con el poder para conseguir la solución de los problemas que actualmente más sensibilizan al pueblo vasco y previo a cualquier planteamiento de democracia. Negociar …  es conducir un asunto pensando en la solución más favorable, en este caso la amnistía total y las libertades autonómicas …
Los socialistas no hemos renunciado a los principios marxistas … y seguimos luchando para que las libertades nacionales vascas sean una realidad, primero por el restablecimiento de un Estatuto de Autonomía para Euzkadi y más tarde por una conformación federal del Estado, sin olvidar el derecho de autodeterminación del pueblo vasco y la legitimidad del Gobierno Vasco en el exilio como depositario de la voluntad popular en tanto ésta no pueda manifestarse libremente.
Pensamos que este I Congreso Socialista Vasco del PSOE va a ser importante … para todos los trabajadores de Euskadi, como alternativa socialista no dogmática, ante el hecho nacional vasco y las exigencias … económicas y sociales de una sociedad democrática.
Cualquier extraterrestre que aterrice por aquí un día de estos, y se haga leer la Constitución Española y el Estatuto de Guernica, más algunas leyes orgánicas de aplicación, de entrada se imaginará que el PNV ha de ser gran entusiasta de esos dos textos legales que tanto le favorecen. Profundizando más y comparándolos, se le caerá la baba ante la sutileza de las cabezas políticas pensantes de ese partido, pues arte de magia es casar el uno con la otra, el Estatuto con la Constitución, y ambos en pareja con todo el desarrollo legal y práxis vigente.  «Nunca tan poco dio para tanto», se dirá al cotejar lo muy poco y lacónico que la Carta Magna dice sobre la singularidad y exención del País Vasco, y lo muy mucho y profuso que sus ojos ven, incluido lo que no ven, porque aquí como que no existe: la presencia del Estado, de su bandera y símbolos, de la lengua oficial común por delante siempre de la cooficial lengua vasca.
Pero a nuestro hipotético y ya perplejo alienígena todavía le aguarda la mayor de las sorpresas. El nacionalismo vasco está a disgusto con su Estatuto. Y en cuanto a la Constitución, no es que no la haga suya o no la aprecie, es que la desprecia como algo ajeno, un yugo a sacudir.
–¡Pero cómo!, ¿no fueron los negociadores del PNV los que, a favor de una tormenta atroz de presión terrorista, lograron en su provecho exclusivo introducir en la Constitución el germen de sus futuras libertades, estirables como la goma?
Así fue, en efecto; y para muestra de su idea de lealtad a lo pactado, después de tamaños  logros, todavía en el referéndum de la Carta Magna el PNV propugnó la abstención entre sus disciplinadas huestes.
2009: ¿Puede ser lehendakari un no nacionalista?
Cuando se habla de patrimonialismo nacionalista sobre su terruño conviene aclarar que no es metáfora. Las elecciones autonómicas vascas en febrero de 2009 vuelven a dar al PNV la victoria, pero esta vez amarga, porque a los partidos constitucionalistas PSOE y PP les cuadró la aritmética de proponer al socialista Patxi López, para quitarle la vara a Juan José Ibarretxe.
Los nacionalistas no se hacían a la idea. Al estupor siguió el berrinche. Se habló de un gobierno paralelo de las Diputaciones, en manos del PNV y con las llaves de la Hacienda. Puenteando a López –como si fuese un delegado de su Partido y Gobierno de Rodríguez Zapatero–, ellas y el PNV se entenderían directamente con Madrid, Madrid, Madrid...
Daba igual que el PSE fuese más antiguo aquí que el PNV, o que el candidato fuese un natural del país, y no un maqueto. López no era vasco del PNV, y con ese defecto, ¿cómo podía ser lendacari?
Lo recogí en este blog (‘El gran fetiche: Lehendakaritza’):
«La semana pasada, un burukide excelso proponía que si finalmente Patxi López sucede en el cargo al lehendakari Ibarretxe, no se le llame así, lehendakari, sino presidente
Mi referido era Andoni Ortuzar –presidente entonces del BBB, y hoy más excelso que entonces, como cabeza del PNV–; y la razón de su propuesta era muy propia de su humorismo desangelado: «porque el bilingüismo se va a poner de moda». En efecto, López no poseía el vascuence.
Con todo, la ocurrencia del cambio de nombre no fue sólo de Ortuzar. Iñaki Anasagasti insinuó que incluso el enemigo español pensaba igual, y que el «antivasco Martín Ferrand… y algunos fachas de Madrid» también recomendaban dejar lehendakari por presidente.
Obviamente, el motivo de cualquier «facha de Madrid» para repudiar el título de lehendakari no podía ser el mismo que alegaban los nacionalistas. Lendakari –o Lehendakari (desde 1977)–, fue un muy prescindible palabro de regusto sabiniano, para decir en vasco algo que no sonara a presidente. Aparece en 1911, empleado luego  como sinónimo de buruzagi (caudillo) en este ejemplo de 1919 [8]:
Kristoren gudarosteko gudari lendakari ta buruzagiak
(Adelantados militares y caudillos  del ejército de Cristo)
Pero fue más tarde, a raíz del I Estatuto Vasco, cuando el término adquiere marchamo técnico, «calcado sobre los vocablos fascistas de los años treinta que se referían al caudillaje de masas, como führer, duce, conducator y, por supuesto, caudillo, de los que es estrictamente sinónimo», en palabras de Juaristi. Jon Juaristi, de los «fachas de Madrid», según Anasagasti.
Éste mismo recordaba también  que
«cuando [el socialista Ramón] Rubial fue elegido Presidente del Consejo General Vasco, a nadie se le ocurrió llamarle Lehendakari, ya que el Lehendakari era Leizaola, que seguía presidiendo un gobierno vasco en el exilio, y así lo ratificó Rubial yendo a visitarle a San Juan de Luz».
En fin, pasado el sobresalto, un programa humorístico de la ETV quitaba hierro al desalojo de Ajuria-Enea, donde unos del PNV retiraban todas sus pertenencias, incluida la icurriña y demás señas de identidad. Mostraban así, entre bromas y veras, el carácter patrimonial de esa Casa para el partido, ¿pasa algo?
Autonomía bicéfala: el Partido no gobierna, pero reina
Estos días –que van para meses–, los independentistas catalanes han admirado al mundo con su idea de una doble Presidencia: Puigdemont, President legítimo desde Bruselas teledirigiendo Cataluña, y otro president legal para cubrir el expediente y quitarse de encima el Art. 155 de la Constitución.
Por ingenioso y novedoso y hasta inviable que parezca –como tantos monstruos–, tomen nota los listillos y sepa el mundo que eso ya está inventado.  La Comunidad Autónoma Vasca, predestinada al PNV en el origen de los tiempos, funciona así desde que nació como un becerro de dos cabezas.
El partido de Sabino ha incrustado en la CAV su peculiar norma interna de ‘separación de poderes’. Aquí tenemos un Lendacari  del Gobierno Vasco, y un Super Lehendakari o Presidente del PNV, los dos frente a Madrid, la Villa Eterna, con su Parlamento y sus Gobiernos en tránsito con los que hay que negociar, ahora que ‘llegar hasta el Trono’ ya no tiene sentido.
La función primaria de todo buen lendacari es trasegar poder del Estado a la CAV, en forma de ‘competencias’, ‘cupo’ y en general todo lo que resulte ventaja. Viene a ser lo que  antes se decía ‘fueros’, aunque este término histórico se reserva en la santabárbara, como proyectil de efectos especiales. Ahora bien, un lendacari como Dios manda, o sea del PNV, debe mirarse bien al espejo del EBB y su presidente, un superlendacari que dirige su orquestina parlamentaria, pero sobre todo negocia en directo con Madrid.
Así no es raro leer cosas como esta: «Ortuzar y Rajoy desbloquean el Cupo y dan impulso al acuerdo presupuestario». O bien: «Ortuzar asegura que el Parlamento Vasco votará el derecho a decidir». El lendacari Urkullu es más modoso, dubitativo; su Superlendacari es tajante cuando se le atraviesa Madrid: «Madrid tendrá que aceptarlo».
(A propósito, fue gracioso de ver, bajo el lendacarichato de Patxilo –¿o se debe decir lendacarichasco?–, cómo los buruquides puenteaban al ‘coitau’ para sacarle ellos a Madrid competencias, a cambio de pocos pero necesarios votos.)
Y así seguimos. Ibarretxe, después de todo, lo hizo bien dando la cara en Madrid por su proyecto de independencia, o del derecho a ella, que le costó el cargo de lendacari y el protagonismo nacionalista vasco. Cabe la duda, si el PNV se dejó llevar de un carismático ‘Juanjo’ –cosa improbable en máquina tan segura–, o si más bien le largó cuerda para que él mismo se ahorque. La experiencia de aquel otro lendacari Carlos Garaikoetxea, que rompió el partido en dos, podría hacer pensar en lo segundo.
De poder a poder
Sabino Arana no perdió de vista al nacionalismo catalán, aunque mantuvo distancias porque su Euzkadi era diferente. Sin embargo, desde que los estatutos de autonomía bajaron de las musas al teatro, Cataluña y el País Vasco no han dejado de mirarse de reojo, a ver quién da un paso al frente. El ‘derecho a decidir’ –eufemismo para maquillar la bicha– se lo pudieron disputar Juanjo Ibarretxe y Arturo Mas, ambos del bracete en San Sebastián  en febrero del año pasado. No sé qué vendría a enseñar el catalán aquí, pero algo sí que pudo aprender del vasco: modales. Nuestro ex lendacari nunca pierde de vista que alavés rima con cortés.
Al  lado del desbarajuste catalán, aquí la burukidetza es la vera effigies de la Cordura en mármol de Carrara.
[¿‘Burukidetza’ he escrito? Al no encontrar el término en mi versión del OEH –el gran Diccionario General Vasco en 16 tomos–, pensé que era modesta contribución mía al acervo del idioma, pero no. La versión actual del Hiztegia en línea lo registra con la acepción un tanto extraña de ‘Consejería’,  y con dos únicos ejemplos en cultiparla sabiniana de aquel Diario Oficial del País Vasco (1936-1937). He aquí uno de ellos:
Guda Burukidetza eta Euzkadiko Gudarozte Burutza notin batengan izango diran bitartean.
(Mientras la Consejería de Guerra y la Capitanía del Ejército de Euzkadi estén concentradas en una persona [9])

El ‘notin batengan’ suena divino, tagalo como más cerca. Y nótese el púdico gudarozte, por gudaroste, que la gente euscalduna y la erdelduna o bárbara de entonces, nacionalistas y no nacionalistas, pronunciábamos y entendíamos gudarostia. Lo que fue.]

Siempre que el paciente catalán se revuelve en su cama, el vasco tuerce el cuello. «No somos iguales, su mal no es nuestro mal, su remedio no es el nuestro». No obstante, todo lo que parezca favorecer al independentismo catalán, y sobre todo, lo que debilite o moleste al estado Español, es bueno para el nacionalista vasco.
Además, ahora Madrid está de presupuestos, buena ocasión para chincharle con lo nuestro. Los ‘aberchales radicales’ (como les llama el DRAE) estarían dispuestos a hacer puenting sin soga. El PNV se conforma con una reforma del Estatuto, pero seria. Que reconozca al Pueblo Vasco como sujeto político con «derecho a decidir su futuro» . ¡Ya salió aquello! Vamos, un III Estatuto que permita a Euskadi tratar de igual a igual con Madrid, y le convierta de hecho en estado confederal voluntario, mientras el PNV no disponga otra cosa. Todo ello «dentro de los márgenes de la Ley y de la Constitución Española».
–Hombre, si no es más que eso…
–Sí que lo es. El Estado tiene que asumir la obligación de negociar y acordar los ajustes constitucionales y legales.
–Pero eso no depende sólo del PP. Y tal vez ni siquiera sea posible sin hacer saltar la Constitución.
–No es problema nuestro. Además, en el caso particular vasco, el derecho a decidir encaja en la Constitución, si se profundiza lo suficiente en nuestros Derechos Históricos, que la misma Constitución y el Estatuto de Guernica amparan en sendas disposiciones adicionales.
Disposiciones adicionales, letra menuda. ¿Lo ven, cómo era un trampa? Derechos históricos: otra vez los fueros, lo nunca escrito, el ‘abretesésamo’.
El argumento lo exponía el mes pasado Josu Erkoreka. Erkoreka es oficialmente portavoz del Gobierno Vasco, pero en este Parnaso bicúspide también habla por el Partido. Lo cual no impide al Partido hablar por boca de Ortuzar:
«Andoni Ortuzar, ha asegurado que su propuesta de "nuevo estatus" para Euskadi es legal, y ha emplazado a llegar a un acuerdo en la Comunidad Autónoma Vasca porque ahora en Madrid hay una resurrección del espíritu del Cid Campeador, hay un nacionalismo rampante españolista que lo está contaminando todo, y es un intento baldío intentar ir por allí e intentar que entiendan” el planteamiento jeltzale para reformar el Estatuto de Gernika.»
A Ortuzar no le hace gracia que su idea –«el planteamiento jeltzale»– se venda por ahí como ‘Plan Urkullu’, refrito del ‘Plan Ibarretxe’, «a rebufo del proceso catalán». ¡A rebufo, nosotros! «La vía vasca es la vía vasca», tautologizó.  Así pues, y si es preciso fumando
«espero que, cuando en Euskadi hayamos llegado a un acuerdo…, podamos ir a Madrid… para poder hablar… Nadie ha puesto sobre la mesa un proceso de ruptura, sino de permanencia, en determinadas condiciones, en el Estado español.»
Este Andoni. Va y dice, «Gran parte de la clase periodística y política madrileña están desquiciados». Qué obsesión con Madrid y su ‘clase periodística’: ¿a qué otra clase pertenece él mismo, si es que se reconoce en su titulación académica, y en el uso que hizo de ella como director de los grandes medios de comunicación vascos?
Pues sí. A la clase de los políticos serviciales. Hágase el experimento. Puesta la mirada en una foto suya (cualquiera sirve), pensar en el sacrificio inherente al servicio público. Y no lo diga yo ni nadie, que lo diga él mismo. Porque el hombre goza de vena histriónica, y en su comparsa carnavalera suele mimetizar ante los suyos los papeles que él se atribuye, según la política del momento. En 2010 debutó en la Aldea Vasca frente al invasor imperialista hispano-romano, como Obélix. Luego ha ido haciendo otros figurones, a cual más ingenioso, aunque alguno rayó lo obsceno: cuando se hizo retratar de Braveheart rodeado de niños (1912), pidiendo la anexión de Euskadi a Escocia. Por favor, nada de pederastia política, no es broma.
Este año salía en el ya ‘tradicional’ (¡nueve años, un heptamilenio!) carnaval’ peneuvero disfrazado de Bruce Springsteen,‘The Boss’, parodiando la matraca, ‘Born in the U.S.A.’. En ‘Born in the peneuvé’, evocaba el buruquide sus mocedades:
Yo tuve melena y un cuerpo estilizau,
luego fui al batzoki y buena tripa he sacau

No está mal, aunque el Falstaff de Verdi-Boito tenía más gracia:
Quand’ero paggio del Duca di Norfolk
ero sottile,
ero un miraggio vago, leggero,
gentile…


«Nacido en el P.N.V.». Muchos vascos pueden presumir de lo mismo, Andoni, aunque luego en el bachoqui no llega tanta tripa para todos, que este mundo es un valle de lágrimas.
Allí mismo Ortuzar (¿o es Otuzar?) anunciaba su intención de vivir siempre en Euskadi; eso sí, como un Diógenes:
Me compraré una pequeña mansión
tipo Waterloo, como Puigdemont.

Pues hala ya, y que sea en alguno de nuestros pequeños parques o reservas naturales. Y si le añade alguna altura para mejores vistas no pasa nada, la finca es toda suya.
E le voilà, un Antxon rejuvenecido entre las vedettes ‘Adele’, Isábel Sánchez, diputada, y ‘Shakira’, la Presidenta del BBB Itxaso Atutxa. Atutxa… qué apellido tan raro, ¿verdad? Otra born in the peneuvé, pues «su relación con EAJ-PNV comenzó prácticamente desde la cuna. “Yo he vivido el partido desde que ama me vestía con ropita de perlé”, suele bromear». Nacida en 1967, sin embargo «fue en 1984 cuando formalizó su entrada en el partido». Hasta entonces militó en EGI, la organización juvenil vasca. Eso es biografía. Si la Atutxa fuese tan gansa como su protector Ortuzar, también ella podría cantar:
Yo sí que soy nacida en el peneuvé,
cuando ama me ponía ropita de perlé.
De muy joven en EGI yo me matriculé
y allí de Aitor Esteban me enamoré.
Mi aita burukide presidió el Bé-Bé-Bé:
como ovejita latxa, a balar me enseñé,
y una vez embalada, el cargo heredé.
Si era cosa de machos, yo lo feminicé.
Unos chalos a Itxaso. («Vivir el Partido», sin la d, tiene mérito.)
Volviendo a Ortuzar. El recurso al inglés para ningunear el español, un humorista que lo tiene como su lengua materna y se confiesa euscaldumberri, hace recordar un evento ocurrido poco antes de aquel show Ortuzar-Obélix.
En enero de 2010 –Patxi López lendacari– el contribuyente vasco no tuvo más remedio que contribuir a una feria  que se montó el PNV en América: Hidden In Plain Sight: The Basques (‘Ocultos a simple vista: Los Vascos’). Se eligió como escenario la Isla Ellis, Ellis Island, la que fue puerta de América en la bahía de Nueva York, con su descomunal y hoy turística Oficina de procesamiento de inmigrantes, que allí mismo podían renacer, trucarse  nombre y personalidad, con tal de convertirse en americanos, como en el cine.
De los más de 20 millones de individuos que pasaron por aquel torniquete, más bien rudo para nuestra idea del canon humano, una minoría fueron vascos de abajo y de arriba, legendario pueblo de pastores. Pescadores también, pero esta vez no tocaba El Labrador ni Terranova. ‘Ocultos a simple vista’ –lo decía muy bien el título de la Feria–, los más de ellos tenían por destino el lejano Oeste: California, Nevada, Idaho, Oregón. Su especialidad era el ganado, sobre todo la oveja.
«Los vascos raras veces han sido reconocidos por sus contribuciones históricas (¡!) o por su diferencia cultural (¿?). Así también, cuando pasaron por Ellis Island, los por lo demás voluntariosos funcionarios ignoraron su nacionalidad, apellidos y origen (heritage). Muchas veces se les inscribió simplemente como españoles o franceses.» [10]  
¿Muchas veces? Todas. ¿Pues cómo había que inscribir, sino por el pasaporte, a todo un aspirante a ciudadano americano? Personas todo lo vascas que se quiera, pero que por entonces las más ni sabían quién era Sabino Arana, ni estaban en deuda con el PNV. Y eso de que a los vascos no se les ha reconocido debidamente su contribución a la Historia es una majadería solemne, que Ignacio de Loyola y Francisco Yaso de Javier desde el cielo pueden desmentir, si les vale la pena prestar atención a discípulos tan torpes.
Todo emigrante merece respeto, supongo, como el emigrante que fui. Pero de ahí a ensalzar y mitificar aquella aventura compartida por gentes de toda ralea, a ‘hacer la América’, o por lo menos a huir del hambre, como si aquello fuese la eclosión de la raza vasca al mundo, media un trecho.
Eso de apropiarse el PNV indebidamente como la ‘diáspora’ vasca –sus votantes de los bachoquis de ultramar–  revela estrechez de mira, pues mucho antes de los Cenarrusa y otras hierbas de Boise (Idaho) hubo vascos inquietos, y alguno tan universal que hasta dio la primera vuelta al mundo, en servicio de la Corona de España. Tu primus circumdedisti me, fue la divisa que ganó Juan Sebastián Elcano. Y de aquel navegante tomó nombre el viejo bergantín español, casi tan antiguo como el PNV, que ha medido diez veces la barriga, no la de nuestro ‘Boss Springsteen’, sino del Globo terráqueo.
El ferial de Ellis, tan concurrido como muestra la foto, tuvo su minuto épico, cuando los danzantes vascos se humillaron ante dos banderas: la icurriña y la de barras y estrellas. Homenaje a las banderas, y homenaje también al anfitrión, el vasco-americano Pete Thomas Cenarrusa y Gardoqui (1917-2013). El padre de Pete, de soltero, entró en América por aquella puerta, y de ser José Cenarruzabeitia pasó a llamarse lo que el funcionario, con la mejor voluntad del mundo, registró de oído:  Joe Cenarrusa. Ni el anónimo oficial ni su joven inmigrante vizcaíno podían adivinar entonces que la escritura ‘normal’ de Cenarruza sería, andando el tiempo, Zenarrutza. Tampoco a la madre, Dª Ramona Gardoqui, igualmente inmigrante pero más alfabetizada que los varones (era muy corriente), le pasó por la cabeza desfigurar con k un apellido que con qu ya era ilustre [11].
No hagamos chiste fácil con el Cenarrusa graduándose en Moscow, Idaho (1936). Casado Pete con la escocesa Freda, nacida Coates, del mismo gremio ovejuno y muy identificada con el nacionalismo escocés, él también  oyó un día las ‘voces ancestrales’. Y siendo como era en los años 70 un veterano político en su estado de Idaho, donde el lobby vasco tiene peso, pronto fue objeto de deseo para el PNV, que desde entonces no dejará de cortejarle.  
Y termino, que va siendo hora. Los danzantes de Ellis Island, en presencia de Cenarrusa, se reconocían en dos banderas, una la icurriña. Llegará el día –palabra de Yahweh– en que los vascos se humillen bajo dos banderas, una rojigualda. Y eso será en la Era Mesiánica que profetizó Isaías, «cuando las ovejas pasten con el lobo, y la vaca con la osa, mientras sus crías se acuestan juntas, y cuando el león coma paja como el buey». Cuando Madrid, o Madril, se quite del Mapamundi. O sea.
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[1] No va tan descaminada la Real Academia cuando define en su DRAE, sin distingos: aberzale (Del vasco abertzale 'patriota') 1. adj. Nacionalista radical vasco. Apl. a pers., u. t. c. s.
[2] Sabino Arana, ‘Regeneración’; El Correo Vasco, nº 8 (11-06-1899).
[3] Véase la documentada relación de Carlos Mª Olazabal Estecha en Negociaciones del PNV con Franco durante la Guerra Civil. Fund. Popular de Estudios Vascos, 2014, págs. 139-142 (“El PNV se decanta por el Estatuto»).
[4] Lo mismo que icurriña sólo hay una, siendo todas las demás bandera, en vascuence los demás son himno, salvo el ereserkia. Con este término quiso traducir Arana algo así como ‘poema musical’, en principio para su ‘Gora ta Gora Euzkadi’, aunque luego lo extendió también a otros poemas suyos, sobre todo religiosos (el mismo Gora ta Gora lo es). En ese sentido es paradoja que sigan llamándolo ereserkia incluso después de suprimida la letra original. Huelga decir que D. Resurrección Mª de Azkue no incluyó esos neologismos de Sabino en su Diccionario.
[5] La gimnasia escolar –obligatoria en Euzkadi desde enero de 1937– «derivará automáticamente en una superación de nuestras aventajadas características raciales». Un Consejo de Higiene Rural se había creado en noviembre del año anterior, «por ser en la zona rural donde con mayor pureza se conservan las características raciales del pueblo más viejo de Europa, Euzkadi; y nuestra obligación primordial, bajo los puntos de vista higienistas y vascos, es conservarla, por medio de la ciencia higienista, lo más pura y robusta posible, fuera de las taras sociales y patológicas, esta raza que ha podido llegar hasta este siglo con su peculiaridad propia».
[6] Este artículo tuvo el honor de verse reproducido en ‘Fundación para la Libertad’ el día siguiente, 21-04-2017.
[7] Iñaki Anasagasti lo reprodujo en su Blog con regodeo (09-06-2012) sin otro comentario que éste titular sarcástico: Cuando Maturana creía en la autodeterminación.
[8] OEH, Gud-Jab, s. v. Gudaroste, p. 5 (sólo el vascuence).
[9] A falta del original, la retraducción tentativa es mía.
[10] Hidden In Plain Sight: The Basques (Febrero-Mayo 2010). El párrafo siguiente dice: « Hoy en día, si bien los Vascos, políticos, científicos»  etc. Pues menos mal, y gracias a la feria.
[11]  Su Eminencia D. Francisco Antonio Xavier de Gardoqui y Arriquíbar (1747-1820), hermano menor de Diego María de Gardoqui (1735-1798), Secretario del Consejo de Estado de Carlos IV y primer embajador de España ante los Estados Unidos.



martes, 6 de febrero de 2018

San Carlomagno en España


El culto a San Carlomagno
En la entrada anterior vimos como el emperador Carlomagno, fallecido en 814, tres siglos y medio más tarde y de forma anómala fue ‘canonizado’ al alimón por un emperador germánico, Federico I Barbarroja, y un antipapa, Pascual III (1165).
El papa legítimo, Alejandro III, no aprobó aquel desaguisado, aunque tampoco lo anuló expresamente. Estando el papa a buenas con Francia, que ya tenía a varias personalidades regias reconocidas como santas, ¿qué sentido tenía borrar del calendario a otro santo rey franco? Eso sí, el fino canonista que fue aquel pontífice reforzó la exclusiva papal en este negocio, y al modelo de santo imperial gibelino opuso su propio modelo de santidad güelfa, en la persona de un mártir de la Iglesia frente al Estado: santo Tomás de Cantorbery.


Del Martirio de Sto. Tomás Becket  - Tarrasa
A fines de diciembre de 1170 caía asesinado Tomás Becket en su propia catedral de Cantorbery. Un pique de jurisdicción le había puesto en desgracia de su rey y antiguo amigo Enrique II. Cuatro años más tarde Alejandro III le declaraba santo, en otra canonización política de signo contrario a la de san Carlomagno. Y este nuevo santo Tomás sí que fue pronto popular, con su tumba como meta de peregrinos, y con pinturas de su martirio en muchas iglesias. Una de las primeras, Santa María de Tarrasa (Cataluña). Los Cuentos de Cantorbery (h. 1387) son una serie narrativa inmortal, vertebrada en el encuentro del autor, Jofre Chaucer, con otros treinta personajes en la ‘Posada del Tabardo’, peregrinos todos a Tomás de Cantorbery.
El destino santoral de Carlos fue muy diferente. Por de pronto, con su canonización en el siglo XII, era de rigor escribirle una biografía nueva, ajustada a su nuevo papel de santo. La que le hicieron al buen hombre como santo de hornacina o de lectura piadosa es tan absurda, que los padres Bolandistas, en su gran colección Acta Sanctorum, se negaron a reproducir el texto, sólo los títulos de capítulos, para dar idea [1].
La implantación de una fiesta implicaba un oficio litúrgico, que incluía una o tres lecciones (lecturas) de carácter ‘histórico’, entiéndase, en sentido puramente formal, sin la menor criba crítica. Por eso la palabra legenda –literalmente, ‘lo que se debe leer’– dio en leyenda, ‘lo que no se puede creer’. Para la leyenda oficial de Carlomagno se eligieron sobre todo dos temas imaginarios:
1º. Su misión divina como campeón de la Fe cristiana contra los musulmanes o ‘sarracenos’.
2º. Su misión divina como peregrino, desde Oriente a Occidente.
Del mismo siglo XII es la Historia Carolina del falso Turpín. El supuesto «arzobispo de Reims y asiduo compañero del emperador Carlomagno en España», dedica su obra a Leoprando (Luitprando), deán de Aquisgrán, que le ha pedido le cuente
«cómo nuestro famosísimo Carlos el Grande liberó el suelo hispánico y gallego del poder de los sarracenos españoles…, y los triunfos que yo mismo vi en catorce años de andanzas por España y Galicia».
Y tras enumeración pasmosa de conquistas por toda la Península y Baleares, añade el novelador:
«Algunas de las ciudades citadas ya las habían conquistado, antes que Carlomagno, otros reyes galos y emperadores teutónicos (sic); las cuales luego se convirtieron al rito de los paganos, hasta que él vino… Carlomagno en su tiempo sometió a España entera».

Dicha Historia de Turpín se insertó tal cual en el Libro de Santiago (Códice Calixtino), porque Carlomagno también peregrinó a Compostela, como había peregrinado a Jerusalén y Constantinopla, con cosecha de notables reliquias. Pura fantasía, por supuesto. Y es que todo un Carlomagno tenía sus medios de seducir la imaginación popular [2].
El culto al nuevo santo estaba pensado sólo para la capilla palatina de Aquisgrán. De allí se extendió a la ciudad y a otras iglesias de Alemania, Francia, Bélgica, Suiza…; pero no por  Italia ni Inglaterra. Luis XI, el San Luis de Francia, fue gran devoto de su antepasado e implantó la fiesta en todo el reino de forma perentoria. En 1488 los estudiantes de la nación alemana de la Universidad de París eligieron como su patrono a San Carlomagno, supuesto fundador de la Universidad, la que ya en el siglo XVI declaró su fiesta como de guardar, y esto se confirmó en 1661. El movimiento católico francés del XIX rescató también esta antigualla, nombrando a San Carlomagno patrón de los escolares.
En España, Carlomagno fue sobre todo el héroe de gesta, y como tal entra en la cultura popular. Lo refleja muy bien el Quijote en el episodio del Retablo de Maese Pedro [3]. No entró en cambio en la devoción del pueblo, salvo excepciones. Carlos V le nombró protector de su real Casa, junto a San Luis (25 de agosto), y en el pomo del centro imperial, rematado por la figura de Carlomagno, hizo grabar su condición de santo: SANCTUS KAROLUS MAGNUS.






San Carlomagno en El Escorial
La recuperación de San Carlomagno para el culto cortesano español, en su más descarada función política, fue empresa de mi admirado Esteban de Garibay, que se empleó a fondo en sus habilidades de genealogista para demostrar los derechos de Felipe II al trono de Francia [4]. En 1591, Garibay  presentó al rey el manuscrito de sus Descendencias Reales, donde las líneas de entronque del rey de España con la realeza gala eran 80 («cosa no vista ni oída hasta hoy»), aunque ofreció «subir aquellas líneas a ciento, y así lo hice». En efecto, ahí están los raros ejemplares de las Ilustraciones genealógicas, publicadas a expensas de don Felipe II y dedicadas al príncipe don Felipe III [5].  
Pero nuestro autor era lo bastante discreto para no apropiarse la idea de festejar a San Carlomagno. Según él, «la que en España ha comenzado a introducir la celebración de su santa fiesta» era la emperatriz Dª María de Austria (1528-1603), hermana de Felipe II, mujer que fue del emperador Maximiliano II, la que desde 1580 vivía su viudez con las monjas de la Consolación de Madrid (‘Descalzas reales’).
Lo que sí pretendió el mondragonés –y esto lo cargamos a su cuenta– fue el imposible de hacer comulgar al pueblo llano con la devoción áulica a un personaje tal vez santo, pero más bien gracioso y divertido en sus heroicas peripecias. El pueblo quiere santos útiles, sanadores, protectores, socorristas. ¿Que Carlomagno «hizo bautizar tres millones de hombres y mujeres de varias naciones»? Pues qué bien; pero sin olvidar que otras tantas bajas, más o menos, causó en la morisma. ¿Que «el día de su ‘rotura’ (derrota) de Roncesvalles se detuvo el sol a la tarde casi tres horas, por sus oraciones, hasta que pudo enterrar a los muertos en ella»? Hombre, mejor y más original lo de Josué, que hizo parar el sol y también la luna para seguir matando enemigos, según la Historia Sagrada [6]. Al pueblo no le movía un san Carlomagno de estampita, «que en su gloriosa muerte se oyeron cantos de ángeles» [7].
Volviendo al empeño de Garibay con este santo, él mismo dice que recomendó a Felipe II
«fuese servido de tratar con Su Santidad, que cada año perpetuamente se celebrasen en su corte real en estos reinos, en 28 de enero, la fiesta del glorioso emperador san Carlos Magno».  
También dijo al rey –con evidente hipérbole sobre la magnitud de la basílica de El Escorial–,
«que en aquel su gran santuario, el mayor que la Iglesia católica había tenido, desde San Pedro hasta hoy, debía dedicar un altar a los santos canonizados, sus progenitores: … el segundo, el glorioso emperador san Carlos Magno...»
Y como cinco imágenes valen cinco veces más que una sola, el propio Garibay con su acostumbrada prontitud facilitó al arquitecto Francisco de Mora, colaborador de Herrera,
«cinco trazas de retablo conveniente a mi parecer para los dichos santos progenitores de su Majestad… Añadí en ellos al santo rey de Castilla y León don Fernando III, como descendiente del emperador san Carlos Magno, y a la santa reina de Aragón doña María…, mujer del rey don Pedro II, como progenitores de su Majestad. Y señalé», etc. etc. [8] .
Nunca me acuerdo de mirar en El Escorial si se hizo algo de estas propuestas de Garibay. El único san Carlomagno que recuerdo allí está pintado en la bóveda del coro, en una banda lateral de la sosísima gloria de Luca Cambiasso (1583), inspirada tal vez en la Cámara de los Lores de aquel tiempo, sustituidas las bancadas por fardos de lana como el que servía de asiento al Lord Speaker británico [9].
El Gran Carlos está allí sentado  junto al papa san León III, que le coronó emperador, y al lado de un ángel músico que rasca el cello. Todos tres un piso encima de Carlos V, que ni arrodillado cabe en su cuchitril sin darse de cabeza contra aquellas nubes sólidas. Garibay vivió para verlo, pero como no iba con él, nada dijo, según su costumbre.
San Carlomagno en Gerona
De toda España, la ciudad más vinculada a Carlomagno por razón de culto litúrgico fue sin duda Gerona. Una tradición basada en el Carlomagno épico y apócrifo le atribuía la reconquista de la ciudad y la fundación de su catedral. Fue el obispo don Arnaldo de Montrodón (1335-1348) quien decidió sacar partido de San Carlomagno para mayor lustre de su iglesia. Este prelado estaba convencido de que Carlomagno había sido el creador de la diócesis, «nuestra amada esposa», y «fundador de casi todos los conventos de ella» [10].
El edicto del obispo de Gerona se produjo en abril de 1345. Con la fiesta, mandó componer un oficio litúrgico y dispuso que la Capilla de los Cuatro Mártires en la catedral estuviese presidida por una estatua del emperador Carlomagno. De todo esto, lo más interesante es la estatua, como también la parte más peculiar del oficio propio: las ‘lecciones históricas’ de los maitines.
Estas lecturas dan una versión convencional sobre la pura y vaga reminiscencia de una conquista carolingia de Gerona en 785, inicio de lo que será la Marca Hispánica. Aunque en ella no pudo intervenir Carlos en persona, su presencia es imprescindible –incluso como el emperador que todavía no era–, para un relato que  se adorna con motivos legendarios y apariciones: De Santiago apóstol, urgiéndole a reconquistar España y «subyugarla a la fe católica»; visión de María con el niño Jesús, con san Andrés y Santiago («primo de Cristo»); y durante el cerco de Gerona, visión de una gran cruz roja y goteo de sangre, como anuncio de que la ciudad va a caer.
Por otra parte, el relato de las lecciones se ajusta a un plan estratégico de campaña, partiendo de la toma de Narbona («donde comienza España»), hasta la última etapa previa al cerco de Gerona, con la victoria de Amer, a 4,5 leguas del objetivo. Amer, recordemos: la patria chica de eso otro Carlos, de cuyo apellido mejor ni acordarnos. Lo que importa más al que compuso esas ‘lecciones’ es que Carlomagno iba marcando cada etapa con la fundación de una iglesia o un convento. ¡Ah!, casi olvido que en esta expedición venían Rolando y el arzobispo Turpín, que también dejaron fundaciones piadosas.
Pero ojo, porque la leyenda fundacional pudo no ser toda inventada. Como advirtió Fidel Fita, las noticias del breviario se tomaron de la Crónica de Ripoll, con un relato similar compuesto en el siglo XII y relativo a la catedral de Tarragona, no la de Gerona.
¿Apropiación indebida? Pues tal vez no. La Curia Episcopal de Gerona en tiempos del obispo Montredón todavía poseía uno de los cartularios y registros más ricos del mundo, según dicen, comparable al de papas y reyes. Por desgracia, todo ardió en la noche del 22 de diciembre de 1469, por la mano de los payeses remensas sublevados contra sus señores, entre los que se contaban obispos y cabildos. El vicario general Andrés Alfonsello levantó atestado del desastre, y por el sabemos que allí hubo documentos y títulos que hablaban de la reconstrucción y dotación de la catedral por Carlomagno. Auténticos o falsos, eso ya no se puede determinar. Sin embargo, el mismo Fita, citando a Pedro de Marca, remite a una capitular franca de Luis el Piadoso (834), donde se habla de donaciones de Carlos a la Iglesia de Gerona [11].
La fiesta de San Carlomagno en Gerona se hizo rutinaria, como tantas, y para animarla y hacerla popular en 1473 se introdujo un sermón panegírico. Así fue hasta 1484, año más o menos, en que un breve del papa Sixto IV ordenaba suspender sine die el oficio de San Carlomagno en Gerona.
Dicho breve nunca se ha encontrado, ni siquiera se conoce su texto. Es por tanto difícil saber el motivo de una prohibición tan inusual. Seguro que no fue por las ‘lecciones’ fabulosas de maitines, pues infundios tales estaban a la orden del día en todo el calendario. Cabe la hipótesis de un malentendido a cuenta de algún diezmo. Sin llegar a lo de que «el Papa nos roba», tal vez el cabildo gerundense se permitió algún trabacuenta, y Sixto se enfadó. No hubo manera.
En adelante, la fiesta se redujo al sermón de San Carlomagno en su capilla, que siguió conservando la estatua en su sitio. Hasta que otro obispo de Gerona, don Tomás Sevilla y Gener (1878-1906), abolió por decreto todo resto de culto, retirando incluso la estatua del ‘santo’. El erudito francés J. Coulet dice que la vio (1902), ya retirada, en un armario de una sala vecina a la Capitular. Muy conspicua no debía de estar, cuando la describe como «una estatua de madera pintada, de arte bastante naíf y torpe, sin gran interés» [12].
La estatua en cuestión, de alabastro policromado, se muestra en el museo de la Catedral de Gerona. Más bien pequeña (85 cm), le falta la mano derecha desde el antebrazo, y con la izquierda se agarra el cinturón del tahalí, de donde cuelga la espada envainada. Detalle significativo: los pies se apoyan sobre cuatro animalejos monstruosos, en representación del ‘áspid y el basilisco, el león y el dragón’, según  texto que ya vimos del Salmo 90.
Carlomagno en Navarra
No he visto información sobre el culto a san Carlomagno en Navarra. Leo vagamente  que se celebró su fiesta hasta el siglo XVIII. Podría ser influencia francesa.
El derribo de las defensas de Pamplona por Carlomagno (778) es un hecho histórico, aunque adobado de leyenda: no pudiendo demoler muros tan fuertes, se cayeron solos, como los de Jericó [13]. Lo hizo con la mejor intención, para que no fuesen cobijo de sarracenos. Aun así, la verdad, no parece razón para ponerse una ciudad bajo el glorioso patrocinio del santo que la arrasó.
Desde Pamplona, camino de Francia, nos espera Roncesvalles con la bajada de Valcarlos hasta San Juan de Pie de Puerto. En este trayecto se sitúa otro hecho histórico, igualmente magnificado por la epopeya: la batalla de Roncesvalles (778).
Roncesvalles es la primera etapa española del Camino Francés a Compostela. El lugar, la antigua abadía-colegiata de Santa María, con su iglesia y hospital, está todo lleno de recuerdos de Carlomagno y su leyenda. Este rincón del mundo, que irradia serenidad, para los nuevos conquistadores de la Navarra irredenta, los nacionalistas, es otra manzana de discordia; y como de costumbre, lo es ya desde su mismo nombre ‘verdadero’: Orreaga. Como si Roncesvalles no pudiese ser topónimo vasco, en opinión de algunos.
Conquistadores-depredadores, esta gente arrambla con todo, en plan victimista y redentor: «La historia real de nuestro pueblo nos ha sido escondida y manipulada, pero no ha sido olvidada. Nos la han falseado, y es hora de recobrar la memoria de lo que fuimos».
«¿Y ustedes, cómo lo saben?» Es la primera pregunta, ante tal denuncia y reclamación.  Cualquier persona sensata es consciente de que la Historia de la humanidad, la de cada etnia, la de cada facción o partido –aun disfrazada de proyecto político– hunde sus raíces en el mito y se nutre de su sustancia. Clío, la musa de la Historia, corre además con la Épica y con la Mítica. Siempre y en todo lugar, esto ha sido parte de una pedagogía de autoestima – pedagogía sana, mientras no nazca de complejos ni derive en odios; como, me temo, es el caso de este nacionalismo aberchale.
¿Quiénes nos han ocultado y falseado la historia de Navarra? Las fuentes de conocimiento histórico, los archivos, los libros y revistas de Historia están abiertas, con mucho material incluso en la Red; donde se hallan igualmente las crónicas antiguas hispanas y francas, a disposición de quien quiera acceder a ellas… Quien quiera y pueda, pues algún trabajo pide su estudio y alguna preparación.
Uno de los puntos sensibles para este nuevo género de historiografía vasco-navarra –junto con otros más modernos, como la Guerra Civil, o la Conquista de Navarra por Fernando el Católico–, es este más remoto de la intervención de Carlomagno en Navarra, rematada en el desastre de Roncesvalles-Orreaga (o viceversa) y su posible relación con el origen del Reino de Pamplona/Navarra.
Otra tradición de estreno
Hace dos años y medio –el sábado 8 de agosto de 2015– tres ‘kolektibos’ patrióticos navarros estrenaban  un show conmemorativo de la demolición de las murallas de Pamplona por Carlomagno, de paso para Francia, el año 778. Promovía el acto la Fundación ‘Orreaga’, en colaboración con la Asociación Cultural ‘Etxabarregoa’ y el Grupo de Trabajo ‘Ibañeta-778’, y entre los tres y alguno más reunieron hasta un centenar más que largo de personas, incluido el público, en torno a animadores, versolaris, músicos y danzantes, en el Mirador del Caballo Blanco, sobre uno de los baluartes de Pamplona. Era también un homenaje a los navarros muertos en aquella destrucción y en la subsiguiente batalla de Orreaga-Roncesvalles.

En realidad se trataba de un primer acto añadido al que ya se venía haciendo una semana después –el 15 de agosto– en Roncesvalles y en el alto de Ibañeta, supuesto lugar de dos batallas sucesivas entre navarros y francos, los años 778, y 824. ¿O fueron tres? Contando, digo, la de 812 que quedó en tablas. Incluso hay quien escribe, «Orreagako bataila: 778-824». La Batalla de los Cincuenta Años.
Un portavoz se encargó de mantrizar ante el público aquello de «la historia ocultada y manipulada»; pero esta vez, adelantándose a la pregunta («¿cómo lo sabe?»), él mismo explicó que «gracias a un grupo de investigadores, y por nuestro interés, se ha descubierto la verdad».   
En el acto intervino la escritora Arantzazu Amezaga Iribarren, que hizo su reconstrucción personal del episodio con todo lujo de detalles; el más estupendo, cuando Carlomagno ordenó incendiar Iruña –previamente «evacuada, una ciudad muerta»–, cómo «las llamas devoraron las viejas y resecas piedras de las murallas romanas que aún la protegían». «Cinco días después del incendio» vendría el desquite en la batalla de Orreaga.
«Los vascones carecían de hombres con entrenamiento militar y armas suficientes… Convertidos en improvisados guerreros, recolectaron y colocaron las piedras en montones… sobre las alturas del barranco… Aborrecían ser parte del imperio de Carlos. Querían forjar su reino propio
«Carecían de hombres», «improvisados guerreros»… Señora, ¿pues qué se hizo de aquellos  vascones indómitos, los que cada rey visigodo se jactó de haber domado? Con todo, estos adornos o licencias no eran nada ante la sorprendente revelación: el jefe y cerebro de la primera batalla de Orreaga se llamaba Eneko. «Líder de las tribus vasconas, él fue quien dirigió la retirada de la población, para que no sufriera el horror de la guerra…»
Eneco, Íñigo Jiménez… suena a nombre de caudillo navarro. ¿Pues cómo no? El Íñigo estratega  de Orreaga I (778) era ni más ni menos que el padre de Íñigo Íñiguez Arista, el héroe de Orreaga II/III (824). Cadena genealógica ideada como soporte de una causalidad y proyecto histórico, ya desde la primera batalla, cuando
«los vascones, comprendieron que si querían pervivir como pueblo, y tal era el deseo, habrían de forjar una entidad política que los resguardara de semejantes afrentas… En el 824, tras varios acontecimientos, proclamaron rey de los vascones a Íñigo Arista, que fundó el Reino de Pamplona, y luego pasó a ser Estado de Navarra».
Así, en el más puro estilo sabiniano, el pasado –siempre al servicio del presente y futuro político– se construye sobre los cimientos de batallas imaginarias o… ¿manipuladas?,  no (fea palabra); digamos contadas de otro modo [14]. Todo para concluir: «Somos descendientes de lo que ellos forjaron en aquel año de gracia del Señor del 778».
No deben culparse por eso ni disculparse los promotores de estos actos. De hecho no lo hacen. Dineros tan jugosos como los que percibe la Fundación Orreaga, y tantas otras eiusdem furfuris, en algo hay que gastarlos. Y eso requiere imaginación, tanto en quitar como en poner y cambiar. Lo primero, quitar todo aquello que magnifique a Carlomagno y su hueste, otro enemigo del pueblo vasco.
Roncesvalles - Monumento a la Batalla de 778 (1978)
En Ibañeta, por ejemplo, les sobra el monolito llamado ‘Piedra de Roldán’ (la inscripción ya la han borrado, creo). Tampoco el monumento del XII Centenario de Roncesvalles (Diputación Foral de Navarra, 1978) les contenta. Nada que tenga que ver con la ‘Canción de Rolando’, donde como es sabido, la batalla de Roncesvalles se da entre 20.000 francos y 400.000 sarracenos, con olvido de los vascos y las vascas. Es raro que algo existente pueda tal cual gustar a estos adanitas.
No podía faltar lo más temible: el grupo de trabajo subvencionado anunciaba unas «unidades didácticas para servir a las escuelas», ¡kyrieleison!, qué manía pedófila de sobar el coco a los muchachos.
En fin, este verano tal vez haya ocasión de volver sobre el nuevo fenómeno metapsíquico recurrente. Cuando casi todos los pueblos del medioevo europeo sabían cantar y escribir, y muchos lo hacían, los vascones tuvieron a bien ser ágrafos y mudos pertinaces. Pero he aquí que un grupo moderno de historiadores tiene, por lo visto, el don de comunicarse directamente con sus ancestros para escuchar, desoyendo a Ranke, la “historia como debió ser”, o sea “nuestra historia”, a más de doce siglos de distancia, por la voz de la raza, más que de la lengua [15].
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Notas:
[1]  AA SS Enero 2: 874-91.
[2] Liber Sancti Jacobi. Codex Calixtinus. Edic. K. Herbers y M. Santos. Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 1998. Trad. y notas de A. Moralejo, C. Torres y J. Feo. CSIC, Santiago de Compostela, 1951, págs. 403-404.
[3] Parte II, cap. 26. Cfr. F. Bautista, “Memoria de Carlomagno: sobre la difusión temprana de la materia carolingia en España (siglos XI-XII)”, Revista de poética medieval, 25 (2010), p.109. https://core.ac.uk/download/pdf/58909135.pdf
[4] Esteban de Garibay, Discurso de mi vida. Ed. de J. Moya. Bilbao, Serv. Edit. UPV, Bilbao, 1991, pág. 327, 407 ; J. Moya, Esteban de Garibay: Un guipuzcoano en la corte del Rey Felipe. Bilbao, R.S. Bascongada de AA. del País, 2000, págs. 128-129, 150-151.
[5] No sólo a ciento: 110 líneas o linajes, exactamente. E. de Garibay, Illustraciones genealógicas de los Catholicos Reyes de las Españas etc. Madrid, L. Sánchez, 1596, Prólogo, p. 8; ‘Línea del glorioso emperador Sant Carlos Magno’, pp. 60 y sigs.
[6] Josué, 10: 12-13.
[7] Garibay, Ilustraciones,  pág. 62.
[8] Discurso, págs. 416 y 418.
[9] El ‘Fardo de Lana’ (Woolsack), en la Cámara Alta del Parlamento del Reino Unido es el asiento propio del Lord Canciller en las sesiones, y esto desde el siglo XIV, por orden del rey Eduardo III, para encarecer la importancia del comercio de la lana para Inglaterra en la Edad Media, cuando la lana de Castilla era la gran competidora.
[10] Joan Molina Figueras, ‘Arnau de Montrodon y la catedral de San Carlomagno. sobre la imagen y el culto al Emperador carolingio en Gerona.’ Anuario de Estudios Medievales, 34/1 (2004): 417-454. P. Rocher, Les rapports de l'église de Puy avec la ville de Girone en Espagne et le Comoté de Bigorre. Le Puy, 1875, págs. 44-46.Francesc X. Altés, ‘La institució de la festa de Sant Carlemany a la seu de Girona i els textes hagiogràfics del seu ofici litúrgic. Miscel.lània Litúrgica Catalana, 17 (2009): 211-272.
[11] Capitular de 2 de diciembre de 834: Wimer obispo de Gerona acude al concilio de Attigny, cerca de Reims, donde el emperador le favorece con esta confirmación: Wimer sancte Gerundensis ecclesie ep. nostram adiens celsitudinem petiit ut memoratam sedem cum villis et hominibus a domno et genitore nostro Karolo… eidem sedi collatis, quas nunc possidere dignoscitur, i. e. in pago Empuritano… in pago Gerundense..., in pago Bisuldunense… sub nostra tuitione et inmunitatis  defensione constituissemus… Data IV nonas Decembris anno, Christo propitio, vicesimo primo imperii Ludovici Imperatoris, etc. Pedro de Marca, Marca Hispanica, col. 772 s. Esos títulos ya existían en el archivo en 1345, a disposición de quienes redactaron el oficio. El atestado de Alfonsello se refería a documentos hasta del siglo VIII: Miro quodam modo processus originales omnium causarum que ducte fuerunt a mille annis citra. Cfr. Fidel Fita Los reys d’Arago y la seu de Gerona. Barna, 1872. No se olvide que en 882 se fundaron en la ciudad dos cabildos o ‘canónicas’, bajo la regla carolingia de Aquisgrán, lo mismo que otras de la provincia. La de San Félix de Gerona duró hasta 1806.
[12] Jules Coulet, Étude sur l’Office de Girone en l’honneur de Saint Charlemagne. Montpellier, 1907; pág. 41, n. 3. En el tradicional San Carlomagno de Gerona se quiere ver un retrato idealizado del rey de Aragón don Pedro el Ceremonioso, precisando algunos que sea obra de Jaime Cascalls, a mediados del siglo XIV.
[13] Josué, 6: 20.
[14] En el fundacional ‘Discurso de Larrazábal’ (3 de junio 1893), Sabino Arana presentó su libro, ‘Bizkaia por su independencia’, donde  justificaba su pretensión separatista en una serie de cuatro relatos románticos de batallas ganadas por los vizcaínos a Castilla en la Edad Media: Arrigorriaga (867), Gordejuela (1355). Ochandiano (1414) y Munguía (1471). La primera sobre todo, la imaginaria batalla de Arrigorriaga (o Padura), fue para Sabino mito de origen y legitimidad política: «En la victoria de Arrigorriaga es donde se decide la constitución del estado que propiamente puede llamarse Vizcaya».
[15] Frantz Leopold von Ranke (1795-1886) basó en su Teología de la Historia su metódico ‘ideal de objetividad’, cuya expresión clásica formuló por vez primera en el Prólogo a su Historia de los pueblos románicos y germánicos (1824): «A la Historia se le ha atribuido la función de enjuiciar el pasado, para instruir a la contemporaneidad en provecho de los años venideros. El presente ensayo no interfiere con tan alto cometido: se limitará a mostrar cómo fue propiamente