lunes, 1 de junio de 2015

ISIS en Palmira


Palmyra-Ruinas y Castillo-Joseph Eid.jpg


A Juan A. Zubillaga Esperanza, ‘Zubi’,
que me dio aviso de cierto viaje maravilloso
por  Siria y Jordania, con etapa en Palmira


Palmira ha caído. Desde hace dos semanas, la antigua ciudad-oasis de Tadmor (Siria) es parte del naciente Estado Islámico (ISIS).  Una conquista cantada, confirmación de la impotencia indolente de dos regímenes árabes muy distintos: el sirio, autóctono, y el iraquí, resultado de una ocupación militar occidental.
El movimiento ISIS proclama un estado confesional nuevo, para lo cual empieza borrando las fronteras que el colonialismo europeo trazó de la manera más torpe posible, mediante líneas rectas, que a su paso por el ‘desierto’ dividen etnias, pueblos, tribus y hasta familias. De momento, ISIS aspira a unificar Iraq y Siria, sin los Altos del Golán anexionados por Israel, todo se andará. Este era su mapa, a 19 de mayo.

ISIS proclama su intención de restaurar el Califato. El califa ya lo tienen:  como tal se proclamó, o fue proclamado (en junio pasado), un hombre todavía joven –o lo que quede de él, tras reciente ataque americano que lo dejó malherido–, cuidadoso de su apariencia en público, con cierto toque Jomeini. Lo de ‘el Califa’ es sólo un apodo por ahora, igual que el sobrenombre de guerra, Abu Bakr al-Baghdadi, cuyo nombre civil es Ibrahim Awwad y otras hierbas. El Califato de Bagdad, mucho antes que la Casa de Austria española, adoptó el negro como color de etiqueta, y así es como actúa y posa este trasunto del primer sucesor de Mahoma.
¿Teocracia? No tan claro. Por el momento, ISIS es una fuerza militar de ideología religiosa aspirante a Estado Islámico sunita, aunque su fundamentalismo y la mención del califato evidencian una vocación universalista, ‘católica’.
Sin entrar en ello, lo más preocupante es la trayectoria victoriosa de ISIS y su aparente arraigo popular, gracias a una pedagogía eficaz no fácil de entender, pero resumible en la expresión ‘palo y zanahoria’. Una pedagogía siniestra, que en algunos aspectos recuerda la de ETA-Batasuna en el País Vasco: adoctrinamiento escolar y juvenil, politización de festejos populares, impuesto revolucionario, consignas, inducción al chivataje, en una población donde no falta el susurro comprensivo ante los asesinatos («algo habrán hecho»); adanismo redentor de faz austera y a la vez amigable, festiva, ‘nuestra’ (jatorra, que decimos por aquí).
Dejemos de lado la ‘zanahoria’ para centrarnos en el ‘palo’. Un palo multiforme en su uso y propaganda, según se dirija a la población local y regional, al mundo islámico o a Occidente. Sus dos aspectos más relevantes han sido el terror de las ejecuciones y la liquidación de patrimonio arqueológico. El terror, en nombre de lealtades y traiciones. La destrucción patrimonial, a título de religión agraviada.
En este sentido, para el Islam iconoclasta Palmira es un objetivo especial: sus ruinas son de las más populares y visitadas, y a la vez concentran el legado de toda una cultura desaparecida. Palmira es al pueblo mítico de Odenato y Zenobia, como Petra lo es al pueblo nabateo. Dos culturas árabes únicas, vulnerables por estar concentradas en sus capitales respectivas.
Petra, en Jordania, de momento no corre ese peligro, Palmira sí.  ISIS se ha cargado a Nimrud y el Museo de Mosul, reliquias de Asiria condenadas a nombre del Islam. Condena y ejecución con efecto retroactivo, sólo por ser anteriores al Profeta.
Vandalismo en el Museo de Mosul
Destrucción de un relieve asirio con inscripciones
Pero al fin, Asiria Babilonia, Sumeria, son culturas extrañas al pueblo árabe, y la última ni siquiera fue semita. Repetir lo mismo con Palmira sería cebarse, por la misma razón y retroactividad, en la propia cultura árabe. Destrucción estúpida, por otra parte, ya que si los otros monumentos más antiguos son (o eran) Patrimonio de la Humanidad, Palmira es también patrimonio y principal fuente de ingresos para la ciudad de Tadmor y para el propio Estado Islámico. Son zelotas, no idiotas, y harán según les interese.

¿Hombres, o piedras?
Aquí viene a interrumpir el discurso una duda: ¿Preocupa más en Occidente esta barbarie contra-cultural, que la otra barbarie sanguinaria? Eso se ha dicho en medios de comunicación de por allí, al hilo de los comentarios vertidos por aquí. Mientras unos pronosticaban una reproducción inmediata de las hazañas anteriores de ISIS, otros recomendaban no hablar tanto de los monumentos palmirenos, que es como provocar a los bárbaros o darles ideas. ¡Como si las necesitaran!
Comparar masacres y voladuras es confundir lo incomparable. La vida humana es una unidad monetaria que lo mismo sirve para costear revoluciones infames que guerras justas y gloriosas. Con una ventaja sobre otras especies de cambio: es un bien renovable. «Bah!, todo lo más, una noche de París». Comentario cínico atribuido falsamente a Napoleón tras su victoria de Eylau a costa de muchas bajas (1807). Pero no una falsa ‘frase histórica’ más, pues el mismo Napoleón la daba como de Condé tras la carnicería de Senef (1674) [1]. Se aventura incluso que el presidente sirio Bashar al-Asad, maquiavélico él,  habría sacrificado Palmira como gambito, para implicar más a Occidente contra el Estado Islámico.
¿Qué va a ser de Palmira?
Van ya dos semanas de especulaciones, y todavía no hay noticias fiables de destrucción patrimonial. La voladura de la gran prisión estatal fue un gesto simbólico sin relación con el tema. Prisión vacía, por lo demás: el Gobierno sirio se había llevado  a los presos, junto con  las piezas más valiosas del Museo.

Las matanzas en cambio se han cumplido religiosamente. Incluso en clave de humor macabro, si un elemento de las ruinas como es el Teatro palmireno ha sido teatro de un baño de sangre y escenario de cadáveres mutilados. El propio monumento, en cambio, sólo habría sufrido impactos de la metralla.
Además, a efecto de destrucción, tanto da un bombardeo como un precepto de la Sharia, y consuela poco saber si hubo de por medio una fetua religiosa o una decisión estratégica. Las dos Guerras Mundiales no fueron piadosas con el patrimonio cultural europeo; la II GM, sobre todo, nos ha dejado una Europa de copias, por mucho que se parezcan a los originales destruidos. En Alemania, reproducciones de barrios y de ciudades enteras, como Lübeck. Más antiguo, recordemos el caso de la Acrópolis de Atenas. En 1656 una explosión deja en esqueleto los Propileos. Fue como un ensayo. Tres décadas después, en 1687, el Partenón, convertido por los turcos en polvorín, salta en pedazos por un tiro de mortero veneciano.
Por lo demás, aunque Palmira tiene de sobra para destruir, no olvidemos que hasta un pasado reciente ha sido vandalizada y depredada por propios y extraños: árabes y turcos, pero también europeos y americanos. Los árabes culpan a los turcos, pero donde ellos dominaron tampoco se hizo mayor aprecio del legado cultural de la yahiliyah, la que para ellos fue ignorancia o barbarie hasta que vino el Islam. Los sillares antiguos eran aprovechables, las columnas de mármol eran buenas para levantar mezquitas; las estatuas en cambio sólo servían para el horno de cal, si no las compraba algún excéntrico faranchi.
Vino luego la era romántica de las ‘misiones arqueológicas’ y el mercadeo de piezas para los museos de Occidente, en compensación por las excavaciones y tesoros recuperados. Mucho se ha criticado el sistema, y no digamos las transacciones dudosas como la de los mármoles Elgin del Partenón. Benditos expolios, por lo que estamos viendo y temiendo.
Visité Palmira hará cosa de 25 años por lo menos. También Petra. Fueron etapas de un viaje increíble, de la mano de ‘Años Luz’. Llegamos al atardecer, lloviendo, y nos hospedamos en el ‘Hotel Zenobia’, un fondaco pegando a las ruinas. Desde la terraza se veía muy cerca el templo de Balshamín, una preciosidad que no me habría dejado dormir sin hacerle una ronda nocturna.
Palmira-Templo de Belo.jpg
La mañana siguiente, con buen tiempo, la dedicamos sobre todo al gran templo de Belo o Baal. El nombre es singular, aunque los dioses propietarios fueron tres: Belo, Aglibol y Yarihbol. Pero sería impropio hablar de ‘trinidad’, porque esa Tríada Palmirena, aun siendo tres personas distintas, que participaban de una misma naturaleza divina y eran objeto de una misma representación antropomorfa, no eran sin embargo la misma sustancia. Demasiado abstruso para la mentalidad de sus adoradores árabes, politeístas de espíritu abierto. Tal vez fue al revés: el sistema de tríadas, repetido aquí con otras divinidades y conocido en otros panteones, pudo inspirar el misterio de la Trinidad cristiana.
El templo de Belo es un edificio todavía grandioso, a pesar del tiempo y las agresiones. Como en Delfos y otros lugares arqueológicos, aquí estuvo un barrio de la población, con su mezquita en el propio santuario –todavía queda el mihrab en la capilla a la Meca–, que gracias a eso se salvó, no quepa duda.
Lo que menos esperaba, y me dejó estupefacto, fue encontrarme con una casi réplica del  Templo de Jerusalén, el III Templo construido por Herodes el Grande. La disposición es de lo más parecido, en pórticos, atrios, altar y santuario.  Yo los creía entonces más o menos contemporáneos, aunque parece que cuando en Jerusalén desaparecía el templo judío (año 70 de JC), este otro palmireno estaba en rodaje. Casualidad, uno de los personajes históricos del lugar, un príncipe hijo del rey de Palmira Odenato, se llamaba Herodes.
Palmyra-Templo de Belo-Cella Norte.jpg
También aquí, como fue en Jerusalén, el santuario propiamente dicho es de tamaño discreto dentro del conjunto. Allí el ádyton o  Sancta Sanctorum, sede del Dios invisible, estaba vacío. Aquí la pieza equivalente (cella) tiene doble ádyton, a los lados norte y sur. El de la izquierda o lado norte presenta en la pared el ‘tálamo’ o alcoba de la Tríada divina también vacío, sólo que por otra razón: los dioses han desaparecido. De pronto recordé que una Tríada Palmirena de ese tipo ya la tenía vista hacía mucho en el Louvre. Tal vez fue el precio de un trabajo arqueológico; o tal vez los jeques de Palmira, en intercambio cortés de presentes, cedieron con mucho gusto a Francia aquellas figuras despreciables para todo buen musulmán. Sea como fuere, entonces me pareció mal el expolio, me dió vergüenza ajena. Ahora lo veo de otro modo, O felix culpa! Porque si los de ISIS echan el guante a ídolos como estos, puede que ni los saquen a subasta.
Tríada palmirena – Baalshamín entre Aglibol y Malakbel
Hallada en Bir Wereb, carca de Palmira
(c) Museo del Louvre

Otro gran recuerdo de Palmira es la gran necrópolis con sus torres funerarias típicas, lo primero que ve el viajero  antes de llegar a la ciudad. Recorrimos luego el paraje, con visita a un par de torres y algún hipogeo. Aquí no se trata de hacer una descripción, sólo notar que entre tanto banquete funerario hay muchas figuras decapitadas, y entre tanto nicho hay multitud de ellos vacíos. Las figuras que faltan andan dispersas por museos y colecciones particulares.
Pues bien, la misma impresión desagradable sentí años después en el Ermitage, admirando una gran serie de retratos funerarios, al conocer su procedencia: Palmira.  Hoy celebro que estén allí, en San Petersburgo, a buen recaudo.
Volviendo al parecido entre ambos templos, de Jerusalén y Palmira, aquella sorpresa mía era efecto de ignorancia. Palmira la misteriosa salió de su oscuridad a una luz espléndida poco antes de la Era cristiana, para volver a la sombra del olvido en los siglos III/IV, por lo que respecta a Occidente. En aquella etapa tan breve como fulgurante, su posición de oasis grande y único en mitad del desierto sirio la convirtió en paso obligado de caravanas, centro bancario y aduana recaudatoria. Y quien dice recaudación y banca dice judíos.
Los hubo en Tadmor desde los tiempos bíblicos. Aquí arraigaron, viendo pasar a conquistadores, subir y caer reinos, y aquí seguían en el siglo XII, cuando Benjamín de Tudela se detiene en Baalbek o Baalat (Líbano), ponderando su ‘palacio’ colosal –el templo de Baal–, «que sólo el diablo Asmodeo pudo levantar, eso dicen». Y prosigue:
«En Tarmod (Tadmor) del Desierto, edificada por Salomón, hay construcciones semejantes, de grandes piedras. La ciudad de Tarmod está cercada de murallas. Se encuentra en el desierto, lejos de los lugares habitados, a cuatro jornadas de la citada Baalat. En Tarmod hay como 2.000 judíos, valientes en la guerra, lo mismo con los cristianos que con los árabes…, y ayudan a sus vecinos ismaelitas. Dirigen la comunidad el rabino Elí Hakohen, el jeque Abu Gálib  y Mujtar…»
Los propios judíos hicieron correr la leyenda de que Palmira/Tadmor había sido fundada por el Rey Salomón, con o sin ayuda de diablo Asmodeo. Prueba al canto, citaban la Biblia. Dice, en efecto, hablando de la fiebre constructora de este rey, que también «edificó a Tamar (o Tamor) en el desierto» (1 Reyes, 9: 18). Tamar en hebreo es lo mismo que en castellano La Palma o El Palmar, lo mismo que Palmira. Por si hubiera duda, el autor de Crónicas precisa: «y edificó a Tadmor en el Desierto, así como todas las ciudades-almacén que edificó en Hamat» (2 Crónicas, 8: 4). Hamat –la Émesa helenística y actual Homs sobre el río Orontes– era primera estación de caravanas al oeste de Palmira/Tadmor. (De Homs vinimos nosotros aquí, si mal no recuerdo).
Sobre esos textos,  el historiador judío Flavio Josefo afirmó –y san Jerónimo le copió– que la Tamar/Tadmor bíblica era Palmira, fundada por Salomón (o tal vez sólo reconstruida) mil años antes de la Era cristiana. ¿Por qué aquí precisamente? En honor de su padre David, triunfador por estos pagos, con una gran victoria sobre los arameos «en el Valle Salado», que debió teñirlo de rojo, pues las bajas del enemigo fueron 18.000 (2 Samuel 8: 13) ¿Y quién ignora que al sur de Palmira se extiende un amplio valle de sal?
Por si fuese poco, el cronista bizantino Juan Malalas (siglo VI) hizo crecer la bola, afirmando que Palmira fue el palenque donde David venció al gigante Goliat. Un disparate, pues todo el mundo sabe que eso fue en el Valle del Terebinto (1 Samuel, 17: 2), en Israel.


¿Tiene futuro el Estado Islámico?
Sobre el futuro del Califato, hay para todos los gustos. El hecho es que por ahora nadie les para los pies, y el pesimismo lleva la voz cantante. Pero no todos concuerdan en el mal pronóstico. Rastreando la marcha   triunfal de ISIS y las claves de la misma, hallo este artículo de febrero pasado, donde por el contrario se afirmaba que esa fuerza, lejos de ganar, «está perdiendo» (‘ISIS is losing’) :
«ISIS has lost the element of surprise… ISIS is congenitally incapable of making allies… ISIS's self-destructive ideology is its greatest weakness...»
Totalmente de acuerdo en lo primero: ISIS ha perdido el factor sorpresa. Sus victorias vienen cantadas, a nadie sorprenden y cualquier día dejarán de ser noticia.  Ésta misma habría pasado inadvertida, o casi, de no tratarse de Palmira.
De acuerdo también en lo segundo, aunque menos: «Incapaz de hacerse aliados». ¿Y para qué los quiere? ¿sólo para compartir ganancias? Una fuerza que crece en sí y por sí misma no necesita alianzas, ella sola se lo guisa y se lo zampa.
En cuanto a eso de la «ideología autodestructiva», no entiendo qué quiere decir. ISIS tiene de autodestructivo lo que el cáncer. Su mapa no dibuja un estado consolidado todavía, pero es lo más parecido a una metástasis cancerosa. ¿Autodestructivo, el Islam radical? No veo que el autor explique por qué; y menos como «un hecho fundamental».
«Su modelo de gobernanza es insostenible, y corre peligro de colapsarse a la larga.» «Como ISIS no empiece a adaptarse, es muy posible que su llamado califato vaya camino de desintegrarse.» Sin ánimo de polemizar, porque ya digo que no lo entiendo. Confiar en que este yihadismo fanático pero astuto y sinuoso, económicamente firme, capaz de ensanchar su base popular, mientras pueda abastecerse de armas y combustible se venga abajo por sí sólo, gracias a su vis autodestrutiva y sin que nadie le ayude a caer, es de un optimismo admirable.
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[1] «Bah! c’est tout au plus une nuit de Paris»; cfr. Ch. Doris, Chagrins domestiques de Napoléon Bonaparte à l’isle Sainte-Hélène. Paris, 1821, págs. 25-26. En casos parecidos, parece que Bonaparte se limitaba a decir: «Voilà, un consumo grande de hombres».


     Crédito foto de cabecera: Joseph Eid

miércoles, 13 de mayo de 2015

Sobre jamón presuto (Disquisición marrana)


¡Qué coincidencias se dan en la vida!
Anteanoche, el amigo D. Remero Becario se retiraba de la tertulia en el Blog de Santiago González,  dejando en el plato un pincho de jamón ibérico de lo más apetecible. Un terceto de Lope de Vega sobre el jamón serrano de Aracena

Jamón presunto de español marrano
De la Sierra famosa de Aracena
A donde huyó del mundo Arias Montano


«¿Podría ser que estos versos, más que un elogio al jamón de Aracena no fueran sino una crítica, no muy sutil, hacia el señor Arias Montano?». «Una duda… que creo algún remero ilustrado (¿quizás D. Belosticalle?) me puede aclarar.»

Pues bien, justo a la misma hora, el interpelado Belosti andaba buscando por la red cierta información sobre Arias Montano y su supuesta marranía.
Coincidencia, eso es todo. Pero tan graciosa, y sobre tema tan ameno, que me dije:  «Hay que contestar». Es lo que hago. Pero tal vez convenga primero presentar en dos palabras al aludido.

Benito Arias Montano (1527-1598),  extremeño de Fregenal de la Sierra, fue un sacerdote y humanista español, graduado por Alcalá, hebraísta y sabio polifacético, contemporáneo de Felipe II, a quien sirvió especialmente como coordinador de la edición de la Biblia Políglota Regia (Plantin, Amberes, 1568-72),  y como organizador de la gran Biblioteca de El Escorial (desde 1577). Hombre ejemplar, admirado de todos, pero celoso de su intimidad, rechazó una mitra y eligió para sí el retiro en una cueva de su propiedad en término de Alájar (Huelva), hoy Monumento Natural Peña de Arias Montano. Su figura, pronto esfumada, crecerá con el tiempo; su misterio también, en especial tocante a su debatida estirpe hebrea.
Con esta ficha por delante, vamos ya con el terceto.
El mismo contertulio en el mismo blog lo había citado días atrás:
« ...aprovecho para dejar aquí el primer buen anuncio hecho del jamón de mi tierra… El publicista fue un tal Lope de Vega».
Con que ya conocemos la fuente: El ‘Museo del Jamón’, del Ayuntamiento de Aracena, que con esa cita culta acierta al pleno en su reclamo. Aunque fuerza es añadir, con la pedantería propia de los dómines, que no cita bien del todo, porque Lope no escribió ‘presunto’, sino ‘presuto’:
Jamón presuto de español marrano
A medio camino del portugués presunto y del italiano prosciuto, el español presuto viene a ser lo mismo en origen: del latín perexuctus, desecado, ‘chupado’; con el prefijo per- expresivo de plenitud y cuidado minucioso. Aunque el portugués presunto pediría  perexunctus, referido, bien a un adobo externo, o  tal vez al vaciamiento de las venas del pernil fresco exprimidas con el dedo. Minucias, más para comentario mientras se degusta el jamón, a ser posible como recomienda el mismo Lope:
Vino aromatizado, que sin pena
beber se puede, siendo de Cazalla,
y que ningún christiano le condena:
¿Sólo, o con pan? Al gusto. Pero un buen cristiano y buen andaluz nunca prescindiría del pan, condimento universal y manjar por sí mismo. Por ejemplo,
Pan de Sevilla regalado y tierno,
massado con la blanca y limpia mano
de alguna, que os quisiera para yerno.
¿A quién va dirigido todo esto? Todavía no hemos dicho que los tercetos lopescos son de la Epístola ‘Al Contador Gaspar de Barrionuevo’ [1]:
Gaspar, no imaginéis que con dos cartas
avéis cumplido con dos mil deseos…
El amigo Gaspar,  al servicio del Marqués de Santa Cruz como contador de la Armada, y  también poeta a ratos libres, por motivo de trabajo ha de pasar el invierno a bordo, y no puede acudir a la cita y reunión de la Academia Sevillana. Él se lo pierde. No sólo la buena compañía, también lo que acompaña la buena compañía: el pan tierno, el jamón presuto, el cazalla bautizado; la Ribera y Arenal del Guadalquivir. Incluso el agua fresquita de alcarraza:
¿Agua del Alameda en blanca talla
dexáis, por el vizcocho de galera
y la zupia, que embarca la canalla?
Sigue la epístola jocosa atormentando al pobre contador con el recuerdo de las ‘comodidades’ de la vida en galera, incluidos ciertos polizones a bordo [vv. 40-42]:
¿Y a quién no causa (¡oh Contador!) espanto,
que aya en vuestra galera pulga, o chinche,
que cuente la batalla de Lepanto?
En este contexto, y volviendo al terceto que nos ocupa, la pregunta era, si Lope alaba el jamón, o si critica a un marrano, un cristiano nuevo o converso, como podía serlo tal vez el sabio hebraísta. Pues bien, mi modesto parecer es que no hay contradicción entre lo uno y lo otro. El poeta aprovecha una alabanza para, a favor de consonante, asestar una puya.
¿Tenía algún motivo? Para un poeta como Lope, como digo, un buen consonante era razón para enemistarse con un vivo, cuánto más para lucirse a costa de un difunto. Porque la Epístola forma parte de las Rimas publicadas en 1602-1604. Esta producción poética ocupó su ingenio durante un período de sequía teatral, cuando Felipe II, de luto por su hija Catalina, Duquesa de Saboya, cierra el Teatro, primero en Madrid (noviembre 1587), luego en toda España (2 de mayo 1588).
Motivo personal, no, ninguno. Años más tarde, Lope de Vega se revelará gran admirador de Arias Montano, cuya erudición exprime por ejemplo para su epopeya, la  Jerusalén Conquistada (1609), aunque evitará nombrarle en el poema. Sin embargo, cuando el sabio muere en Sevilla casi en olor de santidad, Lope de Vega se suma al velatorio con un epitafio como ablución de conciencia, por lo que antes no dijo [2]:
Aquí Montano reposa,
de la Biblia Sacra un Sol,
un Gerónimo español
y un David en verso y prosa.
No se acabará jamás,
aunque en estas losas cupo:
que si muchas lenguas supo,
son las que le alaban más.
Pero al tiempo de escribir la Epístola ‘del jamón’, el poeta era un bohemio amoral, y por supuesto, todavía no era sacerdote ni familiar del Santo Oficio. Sin embargo, toda su vida presumió de linaje montañés y cristianismo viejo. Aquí mismo, sin ir más lejos [vv. 236-237]:
Pobre nací: bien hayan mis mayores;
dezinueve castillos me an honrado  
Y el admirado Arias Montano, que desde luego no era hidalgo de cuna, para muchos tampoco era limpio de sangre, con tanto Talmud a cuestas. Hasta su nombre, Benito como su padre, escondía malamente un Baruch original.
Curiosamente, el padre de Benito era un oficial escribano y relator del Santo Oficio. Por su parte, Benito hijo recibió el hábito de la Orden de Santiago en 1560, a la edad de Cristo, en San Marcos de León. El ingreso en toda orden militar iba precedido de riguroso examen de limpieza; y por otra parte, cualquiera no entraba en una orden, y menos en Santiago.
Ahora bien, todo eso, más que cristianía vieja, lo que demostraba es buena sombra protectora de gente importante, que no era sinónimo de gente limpia.  Protegido, sobre todo, por el Rey, que en definitiva maneja la Inquisición española como instrumento político. Esto es muy sabido y no hace falta insistir.
La Peña de Arias Montano - Mirador y Cuevas
(No sé cómo estará aquello, después de tantos años)
Porque este divertimento en respuesta a una invitación amable sólo cubre el compromiso de comentar la intención de un terceto. En este caso, la intención de lucir agudeza con el tópico de los conversos.
Por si fuese poco, la misma malicia veo repetida luego en otro terceto del mismo poema, donde dice de los que escriben sin propiedad [vv. 119-120]:
peores que la dama de mi tierra,
que dijo (en un baptismo) birlo, al volo.
Aquí el anotador de la Epístola explica cómo en el bautismo, al preguntar (en latín) el sacerdote al neófito si quiere ser bautizado, responden los padrinos en su nombre, «volo» (sí quiero). A la madrina del cuento, volo y bolo le sonaba igual, todo juego de bolos, y lo confundió con birlo.
La nota explicativa se detiene ahí, pero yo diría que hay más. Cómo ya vimos aquí, en otra historia (‘Insultar en Valdivielso’), el bolo o birlo por su forma peculiar se prestaba a tropos obscenos, alusivos a la circuncisión. En suma, el candidato de la historia era un judezno, y así lo confiesa al trabucarse la propia madrina.

Terminemos a lo Lopillo:

Ya no es razón para que más me extienda,
pues vuestro tiempo y mío tiene precio:
Quedad con Dios, Becario, y no os ofenda
este discurso tan prolixo y necio.
Biblioteca de El Escorial, organizada por Arias Montano
_____________________________________________
[1] Lope de Vega, Rimas, II (Segunda Parte). Edición crítica y anotada de Felipe B. Pedraza Jiménez. Univ. de Castilla-La Mancha, 1944, págs. 277-305.
[2] Ibíd., pág. 331.








domingo, 10 de mayo de 2015

Ayelet Shaked, Ministra de Justicia de Israel



Maquetada y a punto de colgar nueva entrada sobre el viaje a Palestina, lo dejo para mañana, ante el estupor de la noticia. Acabo de leer que, desde ayer sábado, 9 de mayo, la Cartera de Justicia de Israel es para Ayélet Shaked.
En realidad yo debo de ser uno de los pocos sorprendidos. El deseo optimista de una solución negociada para el conflicto me engaña infaliblemente.
Ayélet, o su variante Ayalah, que en hebreo significa cierva, gacela, corza y en general hembra de cérvido, es nombre de cariño. De mucho cariño. Es uno de los piropos que dedica Salomón en sus Proverbios (5: 19) a la esposa legítima: Ayeleth ’ahabim,  «Cierva de amores», o queridísima cierva (con c). El otro piropo es llamarla Ya‘lat-hen, «cabra montés graciosa», disponible también para interpelar a una señorita. Que por supuesto, ella misma puede llamarse Ya‘lah, castellanizado Jaela.
Todo el mundo conoce una de las Siete Palabras de Cristo en la cruz. Aquello de, «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». Es el primer versículo del Salmo 22 hebreo (21 de la Vulgata). Lo que no todo el mundo sabe, o muchos no lo recuerdan, es la indicación musical que figura en el título del salmo, harto curiosa: 
«Al director del coro: con la tonada de ‘La Cierva de la Aurora’».
Nada cuesta imaginar, en el lenguaje florido de los orientales de antes, que la tal cierva sería alguna Ayélet muy madrugadora. Y muy bella también, sí señor. Como lo es la Sra. Shaked, una belleza deslumbrante. Cosa por lo demás nada rara entre el derechío femenino del entorno del Primer Ministro Israelí Benjamín (Bibi) Netanyahu.
Por cierto, nada de chistes fáciles con el apellido. Shaked (acento tónico en la e) no es inglés, sino hebreo bíblico castizo, y significa Almendro/a, aunque también puede entenderse como persona tenaz, aplicada. Lo primero le va más con los ojos; esto segundo, con el corazón.
Pues ahí la tienen. Madrugadora, más bien que tierna, la flamante y flameante faz de la Justicia Israelita. De esas carambolas caen, cuando los gobiernos débiles tienen que mercadear con un partido minoritario que les regala el favor, a cambio de la cartera. Bueno, tres carteras, tratándose de un partido caro como ‘el Hogar Judío’ (Ha-Bayit ha-Yehudi), las tres importantes: educación para el jefe del partido, el religioso Neftalí Bennett –que ya ha sido ministro de Economía–, agricultura para Uri Ariel, y Justicia para la Shaked.
¿Carambola? Puede que con A. S. no sea el caso. Netanyahu la conoce y se entiende con ella perfectamente, pues por algo la eligió para jefa de personal de su gabinete y coordinadora del partido, cuando ella militaba en el Likud.
Dicen que a Bibi le han impuesto esta ministra, y que él pidió por lo menos recortarle atribuciones. No lo sé.  Lo que todo el mundo sabe es que el hombre está muy bien dotado para las tablas. Donde tampoco ella es corta. Preguntada en una entrevista por la personalidad de su jefe, Ayélet ponía su mejor mirada cervuna al calificarle de «cruel, sí, muy cruel».
La cartera de Justicia de Israel es de las más importantes y muy disputada. Su titular preside el comité supervisor de nombramientos de jueces, que tanto tienen que ver allí con los palestinos y sus propiedades o tierras. De la misma depende también la fiscalía que defiende el derecho del Estado a decidir el estatuto y destino de territorios ocupados y ocupables, o a recortar las libertades de activistas palestinos reales, sospechosos o supuestos. Además, el cargo le otorga un asiento con voto en el importantísimo gabinete de Seguridad.
Pero es que, en el caso presente, el nombramiento es un nuevo paso firme hacia la negativa a todo entendimiento con los Palestinos. La nueva ministra es partidaria incondicional de una política de asentamientos irreversibles, y expresamente contraria a la existencia de Palestina como nación… salvo condiciones que hagan este supuesto inviable. Partidaria también de que el nacionalismo estatal judío tome fuerza de ley, a expensas de la democracia igualitaria moderna.
No es cosa de repetir lo que dicen las entradas wikipédicas sobre Ayélet Shaked (nacida Ben Shaul, 39 años, cumplidos el  viernes pasado), casada con un piloto de combate y madre de dos hijos, ex ingeniera de alta tecnología en la ‘Texas’, militante de extrema derecha y muy militarista ella misma. Ambiciosa, reconoce que su meta no está por debajo de la Jefatura de Gobierno de Israel. Aunque milita codo con codo con la Ortodoxia, ella personalmente es laica y no se priva de conducir, ni de desgranar espigas (si le aprieta el hambre), en día de sábado.
El verano pasado, el Primer ministro turco Erdogan se refería a A. S. comparándola nada menos que con Hitler. La verdad es que la ya polémica dama levantó ampollas el 1 de julio, durante la campaña de Israel contra Gaza, colgando en su Facebook extractos de un artículo del periodista de extrema derecha y consejero político de Netanyahu, Uri Elitzur, fallecido hacía poco.

Coincidió que, el día siguiente de publicar aquello, extremistas israelitas raptaron al adolescente palestino Muhammad Abu Khdeyr y lo abrasaron vivo. Este crimen bárbaro, sin relación causal alguna con lo publicado, hizo más sensible, si ello cabía, lo intempestivo de estampar expresiones como estas:
«El pueblo palestino entero es el enemigo», al que hay que destruir, «incluídos sus ancianos y sus mujeres, sus ciudades y aldeas, su propiedad e infraestructura».
«Esta no es una guerra contra el terror, ni una guerra contra extremistas, ni siquiera una guerra contra la Autoridad Palestina. Es una guerra entre dos pueblos, esta es la realidad. ¿Quién es el enemigo? El pueblo palestino. ¿Por qué? Pregúntenlo a ellos, ellos empezaron.»
Ante las protestas y las críticas, A. S. retiró el texto, no sin antes protestar ella que lectores predispuestos y desconocedores del hebreo distorsionaban las frases sacandolas de contexto (!). Todavía una semana antes había vuelto a copiar esta otra  cita de su admirado Elitzur:
«Detrás de cada terrorista están docenas de hombres y mujeres, sin los cuales aquél no podría embarcarse en el terrorismo. Todos ellos son combatientes enemigos, cuya sangre caerá sobre todas sus cabezas. Ahora eso incluye también a las madres de los mártires, que con besos y flores los envían al infierno. Deberían seguir a sus hijos, nada sería más justo. Deberían ir tras de ellos, igual que los hogares físicos que criaron a las serpientes. Si no, más crías de serpiente nacerán allí.»
Pues sí. El nombramiento de Ayéleth Shaked no ha debido sorprenderme, ya no me sorprende. Creo que, sin confesarlo, sin darme yo mismo cuenta, hasta me esperaba algo así. Después de todo, Netanyahu repitió jefatura bajo promesa de abortar el posible nacimiento de un Estado Palestino.
No puede, o mejor, no debería extrañarme, que en la puerta del Infierno de Mahmud Abbas haya algún póster de la Shaked mirándole fijamente a los ojos, debajo de aquel letrero: Lasciate ogni speranza.


Entrevista a A. S. para Jewish Journal, por Yoel Meltzer (15-08-2012).
En Mondoweiss, traducción inglesa del texto hebreo publicado y luego borrado por A. S. en Facebook (cortesía de Dena Shunra).

Crédito de foto de A. S.: Wikipedia.