martes, 4 de noviembre de 2014

Tríptico del rodaballo




1. Tabla central
En los últimos tiempos de un acabado emperador Domiciano (81-96 d. de JC), un pescador de Ancona en el Adriático atrapó un rodaballo descomunal. Exhibido en la playa llamó la atención y lo normal habría sido sacarlo a subasta. Pero el marino discurrió algo mejor: presentarlo al Sumo Pontífice para una de sus cenas a lo grande.
Las ‘cenas pontificias’ fueron famosas bajo algunos de los emperadores que, desde Augusto, detentaban también la pontificatura [1]. En este sentido, el pontificado de Domiciano fue proverbial. Cenas copiosas, surtidas,  exquisitas, donde uno de los ejercicios de los comensales era identificar para el anfitrión experto, no sólo las especies y variedades, sino hasta las aguas y playas de origen de los pescados, moluscos, equinodermos etc., traídos en trirremes de la flota hasta de las fronteras del Imperio.
Regalar al déspota aquel pescado con la esperanza de recompensa era lo más prudente, se dijo el pescador. ¿Quién iba a comprarle una pieza así? Incluso había jurisprudencia de que tales capturas pertenecían al fisco. De pronto, el pobre hombre se cree rodeado de chivatos. Sin la menor duda, aquel rodaballo era un viejo fugitivo de los viveros imperiales. ¡A la corte con él!
Aunque era otoño y entraban los fríos, el pescador  con su tesoro se dio tanta prisa como si soplara el viento sur, y a marchas forzadas se puso en Alba Longa, donde el emperador tenía su finca de recreo, Villa Albana. En aquel núcleo de la tradición latina más añeja solía Domiciano convocar a los senadores, que le temían con razón, pues en ellos sobre todo apagaba el tirano su sed de sangre, eligiendo a sus víctimas entre los mejores.
Y allí estaban, en efecto, reunidos no se dice para qué, ni falta que hace, pues todo el interés se volcó en el prodigio. Aquel rodaballo estaba a punto de convertirse en cuestión de estado.
El primero en dar ejemplo de zalamería fue el pescador, que admitido sin dificultad y haciéndole calle la turba, entre ¡ahes! y ¡ohes!, presenta su regalo:
«Tómalo, César, te lo ruego. Esto no es para cocinas de particulares. Festeja. Vacía de alevines tu estómago y consume, guardado para tus días, este rodaballo. Él mismo se dejó coger para tí».
(«Esto último saltaba a la vista, con las aletas del pez todas erizadas  –ironiza el poeta–. Pero nada resulta increíble de uno mismo, cuando a ese uno se le alaba el poderío semejante al de los dioses.»)
Ahorremos detalles. El problema se resumía en cinco palabras:

Sed deerat pisci patinae mensura
(No tuvo el pez patena a su medida)

En todo el ajuar de aquel templo de la glotonería no se halló fuente, bandeja ni plato trinchero capaz de contener al monstruo. Me remito a Juvenal, que es quien cuenta la historia en su Sátira IV, parte segunda [2].
Lo que sigue es esperpento tragicómico. Unos próceres, presuntos amigos y consejeros imperiales, muertos de miedo van dando su parecer. Los que se atreven. Allí estaba Pegaso, una lumbrera del Derecho, para quien todo era tratable, incluso en tiempos difíciles; eso sí, con la Justicia desarmada.
A su lado, Crispo, anciano jovial y dicharachero, dispuesto siempre a aconsejar al amo del mundo; pero eso sí, hablándole solo del tiempo. Jamás nadó contra corriente, cuando decir la verdad era jugarse la vida. Con esas armas se defendió de muchos inviernos en la corte, y ahora contaba su 80 solsticio.
Así sucesivamente. De vergüenza. El final de la sátira es abrupto. Cinco hexámetros resumen una década larga de abyección moral, que sólo acabará con el asesinato de Domiciano:

«Y ojalá todo aquel tiempo de sevicia lo hubiese gastado en estas patochadas, mejor que en quitarle a Roma tantas vidas preciosas, con impunidad y sin vengador alguno. Sólo cuando los recolectores de nueces empezaron a sentirse hartos de él, selló su perdición. Entonces dejó de ser bueno el que tenía las manos empapadas de tanta sangre inocente.»


En efecto, va siendo hora de extraerle el meollo al cuento del rodaballo.
La Sátira tiene sus recovecos, sus problemas de interpretación. Eso nos permite perdernos en ella, replantear situaciones. Sobre todo, el rodaballo que nunca acaba de caber en la bandeja. La paradoja de Marcial [3]:

Quamvis lata gerat patella rhombum,
Rhombus latior est tamen patella.
(Por más ancha que sea la paella,
el rodaballo siempre sobra de ella.)

La paradoja de Marcial y el rodaballo de Domiciano son una parábola de lo que ha significado la tutela de ETA. Una ETA que dejó de ser útil para convertirse en estorbo y amenaza para sus colegas utilitarios y prácticos (cerdonibus: grecismo que significa ‘los de la ganancia’; «recolectores de nueces» es, obviamente, una traducción libre). Aun así, a los ‘cerdones’  interesa también una Justicia inerme para el borrón y cuenta nueva.
Tras lo siniestro, pasemos a lo bufo. El rodaballo y su bandeja son, para nuestro caso, la Autonomía vasca y el Estatuto de Guernica, respectivamente. Desde el momento en que el nacionalismo vasco –y lo mismo el catalán– colaron en la Constitución de España unas autonomías privilegiadas a su gusto, sin precisar su compromiso con el Estado y el límite de pulsión centrífuga, la cosa estaba cantada. Por más que se ensanchara el plato, siempre se quedaba pequeño para tal rodaballo. Crecía el continente, a golpe de transferencias, siempre interpretadas por el nacionalismo a su favor; pero el rodaballo no es que creciera más de prisa, es que desde el principio era inmenso, ‘como si ya’. Por su parte, el terror ha puesto también su granito de arena.
Por eso nos toca a todos darnos por contentos, desde que ETA dejó las armas. Descansen en paz las víctimas del ‘tiempo de sevicia’, «arrebatadas en la impunidad y sin que nadie las vengue». Demos gracias, y reconozcamos, cuánto más bonito hubiese sido, en vez de tanta sangre, todo nuestro esfuerzo invertido en juegos identitarios. Vale. Aunque también queda en el aire la pregunta: sin tanta sangre, ¿habría llegado el nacionalismo por sí solo a donde está?

Domiciano.jpgTermino con dos palabras sobre Domiciano.
La Historia convencional que aprendí decía que de joven fue un tipo elegante inteligente y culto. Que de visita a Alejandría animó aquella academia con ciclos de conferencias doctas. Que enriqueció la Biblioteca. Que ...
Pero el hermano de Tito pronto se torció, se volvió suspicaz y cruel y los vicios le estropearon. El escritor cristiano Tertuliano le llamó Subnerón, algo así como Neroncillo, o Nerón de segunda. El Juvenal de nuestra sátira ni le nombra: sólo dice el ‘Nerón calvo’, el ‘último de los Flavios’, que lo fue en orden cronológico, pero también como insulto. Los Flavios, al menos etimológicamente, eran rubios. Así que Domiciano, un Nerón rubio pero calvo, con un barrigón enorme sobre piernas como palillos. Fealdad física como reflejo de fealdad moral.
Esto me enseñaron.
Pues he aquí que ahora leo que algunos historiadores modernos andan empeñados en rehabilitar al monstruo, al menos como administrador competente. Esto de reescribir la Historia sin aportar fuentes nuevas y frente a testimonios tan sentados da repelús. Sin embargo, es lo que se lleva.
Ἒσται πάντα καλῶς.
«Todo irá estupendamente». Eso es lo que dijo en griego una corneja romana en el Capitolio, pocos meses antes de la caída de Domiciano. Lo mismo que repitió aquí en el País Vasco, no sé si la misma corneja, en vascuence y en castellano, hace tres años. El propio Domiciano soñó que le brotaba debajo del cogote una joroba de oro: –«Detrás de mí, buena fortuna», interpretó [4].
Por hoy, aquí me planto.



(Todavía en el taller:)

2. Tabla de la izquierda  
3. Tabla de la derecha  
4. Predela


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[1] Domiciano no fue sólo Pontifex Máximus vitalicio, también se auto nombró Censor perpetuo, para espiar so pretexto de moralidad las vidas privadas de potenciales enemigos.
[2] La situación no era del todo nueva. El predecesor de su padre Vespasiano, Vitelio Germánico, en sus ocho meses del año 69 que vistió la púrpura tuvo tiempo de ganarse un mote: Patinarius (el del Trinchero), a cuenta de una bandeja colosal que encargó y bautizó el ‘Egidopoliujo’ – el Escudo de Minerva Protectora de la Ciudad. «En aquel plato se sirvieron revueltos hígados de escaro, sesos de faisán, lenguas de flamenco y huevas de lamprea; todo ello traído en barcos de la flota, desde el país de los partos hasta el mar de España». Porque, según Suetonio, Vitelio era un glotón del género repulsivo (Césares, 'Vitelio', 13).
[3] Epigramas, 13, 81. Por alguna razón o tabú, la etiqueta romana siempre vio mal la tacañería en el tamaño de recipientes. Sobre todo para el pescado fresco. Horació critica «la enormidad de dejarse un dineral en la plaza, para luego arruinar los peces apretujados en un cuenco como arenques en banasta» (Sátiras, 2, 4, 77):

Immane est vitium dare milia terna macello,
   Angustoque vagos pisces urgere catino
Me gustaría alguna vez entretenernos con esta muy comentada ‘Sátira Catiana’, sobre la gastronomía como placebo de la filosofía.
[4] Suetonio, Césares, ‘Domiciano’, 23.





miércoles, 22 de octubre de 2014

ETA, la derrota pírrica




A Parmenio el Viejo y el Grande,
con quien comparto convicción de que ETA ha ganado.
A ver, si no, quién marca estilo en el País Vasco,
quién dicta  aquí las normas de la ‘normalización’,
y las condiciones para la ‘convivencia’ (que llaman).

«Derrota de ETA por el Estado de Derecho»: esta expresión, que hoy forma parte del lenguaje políticamente correcto, tiene la pega de no corresponder a ninguna realidad contrastada, al menos en el País Vasco. Es cierto que su contraria es falsa, porque la banda terrorista no ha puesto al Estado de rodillas, no le ha derrotado ‘militarmente’ –por decirlo en jerga etarra. ¿Entonces?
Lo que muchos creemos, y yo diría ser también moneda corriente en el nacionalismo vasco, es que el Estado ha desistido, se ha rendido. Con condiciones, pero se ha rendido. Una condición sería salvar la cara ambas partes: «Nosotros cantaremos victoria sobre ETA, mientras vosotros cantáis una paz sin vencedores ni vencidos». Como los críos tras la pedrea, gritándose los unos a los otros: «¡Os hemos ganao!».
El PNV y lo mismo EA, siempre han mantenido que la derrota de ETA no era deseable. Ahora bien, que una cosa así la diga el nacionalismo arzallusiano, aspirante a albacea y beneficiario del esfuerzo etarra,  eso se entiende. Más cuesta arriba se hace que lo reconozca y lo ofrezca como suyo la parte contratante gubernamental, en una hoja de negociaciones con la banda: «El objetivo final del proceso no es la rendición de ETA». Luego vemos el dislate al completo, pero de entrada, mal se puede alcanzar sobre el enemigo una victoria que ni siquiera es ‘objetivo final’ (?) de una guerra. ¿De que va esto? ¿un tongo?
Lo recuerdo como si fuese hoy. A fines del 83, un buen amigo socialista, colega de la Facultad, paseando conmigo y con mi señora entre clase y clase, nos revelaba el plan de la guerra sucia contra ETA. Después de todo, Ricardo Damborenea era gran admirador del industrial Luis Olarra, aquel que se jactaba de tener sicario pagado, si la banda se atrevía a tocarle a él o a los suyos. Estupefactos, preguntamos a nuestro amigo si los socialistas estaban locos. Y eso dando por supuesto que la cosa resultaría ‘bien’, para entendernos. Una guerra sucia podía ser el preámbulo de una rendición moral.
La rendición ante ETA, planeada por el Sr. X como consecuencia de la gran chapuza de su GAL y saqueo de la caja reservada para la lucha antiterrorista, la diseñó y materializó el socialista Zapatero, secundado por su correligionario el lendacari Patxi López. Todo vino por sus pasos, mediante el ritual de los contactos y capeas en tentaderos rocambolescos. Por supuesto, al mismo tiempo se apretaban las tuercas policiales tanto en España como en Francia en buena sintonía, como ya se venía haciendo desde 2001/2002. Era lo correcto y era lógico, pues en ningún caso se trataba de una rendición a lo ‘militar’, sino de un apaño político.
Sin ser experto en la materia, para eso están los expertos como Florencio Domínguez o Ángela Escrivá, entre otros, con sus relatos donde hallar pistas y llegar a conclusiones.
No sé si experto o no, aquí tengo abierto a Joaquín Leguina por las páginas 136-137 de su libro subtitulado, muy a cuento, ‘Zapatero, el gran organizador de derrotas’. El título también se las trae: ‘Historia de un despropósito’ [1]
Casualidad, esas páginas que ahora me interesan marcan  la mitad del libro exactamente. Y digo ‘casualidad’ porque no soy cabalista, que de serlo pensaría que lleva gato encerrado.
En esas páginas leo entre líneas que la rendición del Gobierno ante ETA se fraguó en cosa de un año, entre mediados el 2004 y 2005, consumándose en Ginebra el 14 de julio de este año cinco. He aquí el texto fundamental para la Historia. Es la introducción o preámbulo a un acuerdo firmado entre una representación del Gobierno Español (socialista) y otra de ETA, y dice así:
«Aun con diferentes consideraciones ideológicas, y aunque no compartamos el modelo estratégico y de construcción política, estamos de acuerdo con que existe una realidad con vínculos sociopolíticos, culturales, lingüísticos e históricos llamada Euskal Herria[2]
Tal vez la sancta simplicitas de algunas personas no vea en todo este párrafo nada parecido a una entrega a rendición. Puede que incluso vean aquí un inocente desarrollo de algo que el Estatuto de Autonomía vasco, erigido en intérprete de la Constitución, proclama como principio pre- y supra-constitucional por su naturaleza: la singularidad histórico-jurídica de la nación vasca.
Bien, en ese sentido, es posible que la derrota del Estado ante el separatismo vasco venía cantada de mucho antes: desde el «café para todos», aunque para algunos más cargadito y completo, con copa y puro y lo que ustedes manden. Que era borrar con el codo lo escrito con la mano, la igualdad de todos los españoles ante la Ley.
Los ciudadanos de aquí, con alguna experiencia sobre el jesuitismo y restricciones mentales del nacionalismo clásico, pronto entendimos que aquella distinción y premio a vascos y catalanes no significaba límite alguno para ellos; al contrario, lo tomarían como una invitación a más de lo suyo, la construcción nacional hasta la independencia. Pero no vayamos tan lejos.
«Estamos de acuerdo… »: el arte del mal negocio
La afirmación resaltada en negrita, en una negociación con ETA, es de una ingenuidad sólo comparable a su temeridad. Es concederle al asesino que, sólo por dejar de matar, se le reconoce la legitimidad de todo aquello por lo que él dice haber matado. Porque no quepa duda, la exégesis de esa negrita la hacen ellos, no los pardillos gubernamentales. «Euskal Herría, una realidad con vínculos sociopolíticos e históricos», menudo regalo. De nada sirve marcar distancias, que si «consideraciones ideológicas diferentes», que si «no compartimos el modelo estratégico y de construcción política», ¡pues eso faltaba!
¿Quién era este estratega de la rendición ante ETA? No voy a presentar de nuevo a Jesús Eguiguren, ‘El Amigo Socialista’: «el socialista con más amigos en la Izquierda aberzale», según entrevista de 2011 con Jordi Évole. Mucho antes, en mayo de 2005, había concedido otra, también en San Sebastián y en un hotel, a Ángeles Escrivá, para revelarse el aprendiz de brujo que él ha sido en todo este despropósito. Porque la inepcia venía desde el milenio (el segundo, se entiende). Por lo visto, el presidente de los socialistas en su etiqueta vasca llevaba cuatro años reuniéndose en secreto con Otegi y compañía, por nada y para nada especial, sólo como Txus y por su condición de amigos de siempre. Pese a lo cual,
«–Todo dentro del ámbito constitucional –insistía»[3]
«Ámbito constitucional». Cómase como se coma ese sintagma, mejor que ámbito sería ‘escenario’, al gusto de Otegi, y tal como cuadraba a una comedia. Comedia de enredo, pero sin enredo. Un baile de máscaras con la máscara en la mano, a cara descubierta entre ellos. Amiguetes, coleguis, vecinos de abrevadero. Enmascarados sólo para el público. A ver, si no:
« Según dijo [Eguiguren], en sus encuentros no se abordaba de manera concreta la situación de ETA porque, en ese caso, Otegui estaría asumiendo que hablaba en su nombre o que tenía alguna relación con la banda terrorista. Por su parte, Eguiguren tampoco se arrogaba la representación del Partido o del Gobierno, para que nadie pudiera decir que alguno de los dos estaba involucrado. [4]
Pues vamos ahora con el estado de la partida en mayo de 2007, rota la « tregua permanente» que ETA había puesto como trampa el año anterior. Fue la última reunión entre Eguiguren y Otegi como cabezas de representación del Gobierno y ETA, y esto figuraba en los puntos gubernamentales (cito en extracto):
«1. Al Gobierno tampoco le gusta la Ley de Partidos… Esa ley responde a los asesinatos cometidos por ETA contra cargos políticos».
« 5. La situación política no permite un pacto de Estado con la oposición».
« 6. El objetivo final del proceso no es la rendición de ETA… El objetivo final es que la izquierda abertzale y ETA puedan defender su proyecto político en igualdad de condiciones, y que ETA desaparezca porque existen esas vías políticas. Finalmente desaparecerán los presos y los exiliados, porque ya no habrá motivo para que los haya» [5]
Pasan dos semanas:
«El 5 de junio de 2007, ETA anunció que daba por terminado el alto el fuego. A esas alturas, unos 34 ayuntamientos estaban ya en poder de ANV (la marca blanca que Batasuna utilizó en las municipales de ese año) … , y el etarra De Juana Chaos había salido de prisión… por una decisión del Ejecutivo que resultó ofensiva para las muchas víctimas de este matarife» [6].
Vamos ganando, pues. La contención política de Batasuna fue hábil. Mientras el brazo político se consolida, aprovecha (si no es que propicia ella misma) la que Florencio Domínguez ha llamado «la agonía de ETA». A finales del año se abre una grieta enorme en la cúpula, con excomuniones mutuas:
«‘Thierry’, que controlaba los zulos y el dinero, le cerró la espita al aparato militar. ‘Txeroki’ reaccionó expulsando de ETA … a quienes tachó de incompetentes; y éstos a su vez echaron de la organización al aparato político… Unos y otros se movieron … y así cavaron su tumba» [7].
En un odio tan africano, los ‘movimientos’ pueden ser de lo más ingeniosos para desbancar al contrario. Porque curiosamente en mayo de 2008 el brazo militar sufre uno de sus peores reveses, al caer en Francia el cabecilla ‘Thierry’ con otros tres de la banda, incautándose la policía francesa de documentos valiosos.
El Gobierno tuvo entonces la mejor ocasión para jugar sus bazas, también contra Batasuna en su incursión política –bajo nombres de conveniencia, Sortu, Bildu–, cuando el PNV como abogado del diablo fue a Estrasburgo por lana, denunciando la Ley de Partidos que estorbaba a la Izquierda radical, para salir trasquilado con una sentencia apabullante (30 de junio 2009):
«Por unanimidad, el Tribunal de Derechos Humano declaró que la ilegalización de Batasuna, de HB y de Euskal Herritarrok era “una necesidad social imperiosa…, porque su compromiso con el terror puede ser considerado objetivamente como una amenaza para la democracia».
El Tribunal Supremo –reforzado por esta sentencia y con pruebas contundentes suministradas por las fuerzas de seguridad– mantuvo la ilegalización de Bildu. [8]

Ahora sí, cualquiera diría que el Estado de Derecho había vencido, no sólo a la ETA moribunda, sino a su nuevo avatar político, muy crecido por sus perspectivas electorales. Hacía falta un milagro de incompetencia y felonía para perder la partida. Zapatero hizo ese  doble milagro, «con la ayuda impagable del Tribunal Constitucional y de su Presidente, Pascual Sala». En fallo memorable, enmendando la plana a Estrasburgo, al Supremo español e incluso a sí mismo, el TC anula de hecho la Ley de Partidos y legaliza a Bildu, que irrumpe triunfal en las instituciones democráticas.
Nadie ha sabido dar explicación convincente al comportamiento de  Zapatero, con su doble juego de acumular pruebas contra a disposición del Supremo, para luego tumbar al Supremo utilizando al Constitucional. La jugada le costó al partido su hundimiendo, ante una opinión pública casi unánimemente hostil. Insuflar gas en el globo de Bildu vaciando el propio es una generosidad tan estúpida, que sólo cabe atribuirla a motivaciones a cuál más negativa. La más obvia sería que Zapatero obró en cumplimiento de un pacto con ETA/Batasuna. Un pacto que Zapatero traspasará como herencia a su sucesor Mariano Rajoy.
ETA, por su parte, el 20 de octubre de 2011 –acaba de conmemorarse el trienio–, declaró de forma unilateral «el cese definitivo de la actividad armada». Esto viene a confirmar la hipótesis del pacto, ya que la banda, Bildu y todo su mundo esperan contrapartidas, en especial respecto a los presos de ETA, que ellos califican pertinazmente de ‘políticos’ y de ‘rehenes’ para el chantaje y la venganza.
Uno que se retrata
Uno de estos etarras es Josu Zabarte, preso hasta hace poco y liberado en aplicación de la sentencia de Estrasburgo, contraria a la ‘Doctrina Parot’. Asesino múltiple en serie –el ‘Carnicero de Mondragón’ le llaman– ha concedido a Ángeles Escrivá una entrevista publicada en ‘El Mundo’, que ha levantado ampollas sobre todo por el despliegue mediático, al aprovechar el estreno de un nuevo formato y portada.
Dejando esto aparte, el discurso de Zabarte es tan duro, tan desalmado, tan obsceno, que también se ha criticado su publicidad:

–¿Qué distingue a una persona que ha matado a 17 personas de un asesino en serie?
Yo no he asesinado a nadie, yo he ejecutado. Matar para mí es: nos enfrentamos a hostias y éste cae y muere; ahí, yo no quería ni tenía intención. Asesinar es cuando tú buscas lucro personal. Y cuando ejecutas es cuando lejos de obtener un lucro personal, encima, vas a tener que pagar con la cárcel o con lo que sea. Por tanto, yo no he asesinado a nadie. Y un asesino en serie será algún psicópata.
Y si me preguntas, ¿lo hacías para hacer daño? Yo te digo, sí. No tengo ningún reparo en reconocer el daño causado pero que él (el Estado) me reconozca sus hechos porque el que me ha empujado es él. Yo no he tomado esa decisión porque me ha caído polvo de Marte. He nacido aquí, he vivido aquí, he estado en la escuela ahí abajo, he tenido que cantar el cara el sol... Y llegas a un punto en el que dices, esto no puede ser y dices ¿cómo? ¿qué?: ETA. Y luego vas evolucionando.
Yo te digo, sí. Hacer daño. Ese era su objetivo.
La entrevista revela por parte del etarra un incapacidad para la reinserción, que no deja en buen lugar la coherencia del Tribunal de Estrasburgo exigiendo la libertad inmediata de los afectados por la Parot, por el principio de no retroactividad de la pena, sin tener en cuenta la peligrosidad social de un colectivo de malhechores orgullosos de sus actos: enemigos por tanto de derechos humanos que el alto Tribunal debe defender prioritariamente. No parece equitativo dejar a posibles, y aun probables víctimas a merced de un verdugo suelto, dispuesto a reeditarse, llegado el caso.
Algunos se han apresurado a decir que se trata de un caso singular, poco o nada representativo, y que no representa peligro alguno para el proceso en marcha. Esto lo he escuchado incluso chez Klaudio Landa, a algún contertulio siempre crítico para con el Gobierno, y siempre dispuesto a entender los motivos de ETA «y de todas las víctimas de un Estado torturador convicto».   
En cuanto a mi opinión personal, el discurso de Zabarte no me llama la atención. Es más, tengo la impresión de que en el fondo lo comparte mucha gente. No sólo etarras presos y ex presos, sino muchísima calle, simpatizantes del nacionalismo radical y del otro, el no tan radical.
Cuando decimos que Zabarte se revela incapaz de reinserción, podemos expresar lo mismo de otro modo: el individuo se siente perfectamente insertado en su sociedad, en su mundo; y esa sociedad, ese mundo, le corresponde acogiéndole como a uno de los suyos. No un hijo pródigo, ni una oveja que vuelve al redil. Un patriota, un gudari que ha dado mucho de su ser por la causa común vasca, al que se le debe gratitud, atenciones y reconocimiento. No se trata de un enfermo. El problema es la epidemia, toda una sociedad enferma.
Prueba de que ETA no ha sido derrotada. Nosotros hemos claudicado.
¿Estoy solo? ¿Seré yo el raro? Bueno, Ángeles Escrivá decía presentando su libro: «No conozco a ningún etarra que se haya arrepentido». Yo no digo tanto.
Sobre la derrota: matices y buenos deseos
No puedo terminar llevando en el zapato un escrúpulo. He tomado como una de mis autoridad sobre el tema a Florencio Domínguez. Florencio es autor del libro ‘La agonía de ETA’. Libro al que dediqué aquí un comentario, ‘ETA en agonía’, con la satisfacción de recibir su amable visto bueno. El libro habla de ETA derrotada. Florencio Domínguez participó en Bilbao en la presentación del libro de Ángeles Escrivá
En fin, ayer mismo publicaba un artículo en ‘El Correo’ (21-10-2014, La paz era esto). En todos estos textos se percibe el mensaje de una ETA derrotada. Yo no puedo llevar la contraria a quien sabe mucho más. Sin embargo, aun en mi reseña de su libro me permití dar a entender que me siento poco optimista sobre la evolución del proceso.
En las circunstancias presentes es muy difícil un repunte de actividad terrorista, cuando un brazo político afortunado controla al otro brazo militar en sus horas más bajas. El problema es, qué ocurrirá cuando, inevitablemente, la izquierda radical pierda el favor de las urnas. O bien, que ocurriría si un día el Gobierno de España se creyese obligado a tomar medidas de excepción, como surprimir la autonomía vasca. O si el Parlamento aprueba cambios en la ley electoral que rebajen la representación territorial; o un cambio constitucional que implique, qué sé yo, la abolición del sistema de Concierto Económico, o de la Policía autonómica, etc.
Hipótesis políticamente incorrectas. ¿Y…?
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[1] Planeta-Temas de Hoy, 2014.
[2] J. Leguina, o. cit., pág. 137.
[3] María Á. Escrivá, ‘Maldito el país que necesita héroes: Cómo los demócratas acabaron con ETA’.  Planeta-Temas de hoy, 2012; pág. 14.
[4] Escrivá, ibíd.
[5] Leguina, o. cit., págs. 139-140.
[6] O. cit., pág. 141.
[7] Escrivá; cit. por Leguina, pág. 142.
[8] Leguina, págs. 158-159.


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