jueves, 19 de septiembre de 2013

Sabino, el otro Cristo



Lo que sabemos de la vida de Sabino es, casi todo, lo que contaron de él sus adeptos.  Del anecdotario sabiniano se puede extraer una semblanza hagiográfica, al estilo del bíos neoplatónico, con el héroe como ‘varón divino’ (theîos anér). Las historias pueden ser auténticas o apócrifas, da lo mismo, lo que cuenta es la enseñanza.
Siendo la empresa sabiniana religiosa por encima de todo, los gestos del Maestro son tan religiosos como políticos. Y siendo su religión cristiana, para entenderlos hay que recurrir constantemente al Evangelio entre líneas, con la figura de Cristo como ‘el Rabí con autoridad’, el provocador y escandalizador de fariseos, el mártir redentor.  La imitación va unas veces en serio; otras más, como parodia o bufonada, a lo ‘Vida de Brian’. En este artículo propongo algunos ejemplos.
Sabino Arana –lo hemos visto– pensaba que un líder político como él, sin enemigos no es nadie. No enemigos personales, sino de la causa: enemigos de Dios y de la Patria, enemigos de JEL [1]
Recibida la revelación, que ya conocemos, Sabino, tras un retiro preparatorio, es tentado por la duda. ¿Será capaz? Él mismo se confiesa su decepción, porque los enemigos no asoman por ningún lado. Tendrá que ir él a buscarlos, a provocarles. Y esa será  siempre su estrategia, la provocación. Llamar la atención, escribir grueso, crispar y (esto sobre todo) pisar la raya de la legalidad española. Actuar ‘como si ya’, en virtud de la legitimidad que él mismo se confiere.
En la rebotica de una farmacia de la bilbaína Plaza Circular, a un paso de su casa, se da a conocer y recluta a sus primeros discípulos. Con ellos fundará su iglesia, el Bachoqui [2]; pero primero fue la farmacia:
«A veces entraba Sabino con las manos en los bolsillos, severo y melancólico el semblante, la mirada soñadora, y su cabeza de Cristo humildemente inclinada sobre el pecho. Comenzaba a circundar su noble frente la dorada aureola del heroísmo.»
Así que pronto hubo Sabino/Cristo. Un Cristo con las manos en los bolsillos, ¿y qué?: también la aureola era de heroísmo, no de santidad. Todavía.
Como cuando el cristianismo era una peña de amigos, así también los socios del primer Bachoqui son pusillus grex (el rebañito), donde el número importa menos que la calidad, la entrega total, el sacrifico del ‘yo y mi patrimonio’ a la causa, entrar por la puerta estrecha; en fin, portar al hombro la bicrucífera y seguir al Maestro sin chistar, hasta el fin.
En ‘El Bachoqui’, Navarth da un repaso al articulado del Reglamento de lo que pasaba por ser una sociedad recreativa. Sólo que aquel pequeño club, en la mente de Sabino, era el embrión, no ya de un partido político, sino del partido único en su futuro Estado vasco; y el reglamento, el boceto de la Constitución que pensaba imponer a tal estado.
El primer Bachoqui de Bilbao fue, como la primera Iglesia de Jerusalén:
«Una sociedad cerrada,
1) por dificultades para el ingreso;
2) por la abundancia de penas de exclusión; y
3) por las condiciones exigidas a los no socios para la estancia en los locales sociales.
Además, el poder estaba concentrado en la Junta Directiva y, sobre todo, en el Presidente.» [3]
Presidente –Sabino, ¿quién si no?– que acumulaba en su persona la función de Calificador o Gran Inquisidor, con poderes discrecionales para marcar la línea política y salvar la ortodoxia doctrinal y moral.

Así se inauguró el Bachoqui
La inauguración del primer Bachoqui (15 de julio 1894) fue una provocación en regla, con su paralelo bíblico. Domingo a mediodía, en el Arenal, golpe de gente silenciosa, porque empieza el concierto de la Banda Municipal.  Lo evocaba Rafael de Picavea (1931) para el diario Euzkadi:
«En aquel instante salieron al balcón del ‘batzoki’ los bravos txistularis. Las notas de unos aires vascos acompañados de tamboril, hindieron, atrevidas, el ambiente apacible.
¡Dios mío, qué fue aquello! “¡Están locos!”, gritaban los más benévolos.  “Esto es retroceder varios siglos”, oí que decía don Pablo de Alzola, al ver las atrevidas manifestaciones del bizkaitarrismo naciente.» [4]
Cuando el público se vuelve hacia la música intrusa, en el balcón de la Calle del Correo ondea la gran bicrucífera. Junto a la bandera, no menos llamativos el rótulo y escudo, más las colgaduras a juego.
El mismo Picavea, al que más de una vez se le pidieron anécdotas de Sabino, o no recordaba muchas, o las iba improvisando. El año siguiente (1932) y para el mismo periódico vuelve a contar la misma historia, con ligeras pinceladas de retoque. Se asoman, pues, al balcón los chistularis, «heraldos del ‘bizkaitarrismo’ que llamaban al pueblo»:
«¡Qué estridencia. En aquel momento iniciaba un pasodoble torero la Banda Municipal en el quiosco. ¡Simbólico! Los txistus pudieron más. La gente, abandonando la música del Arenal, corrió a situarse al pie del balcón. ¡Curioso espectáculo! En Bilbao apenas si se sabía de los ‘txistularis’. Ni siquiera de su existencia en el mundo.
En seguida se nos explicó la ocurrencia. Era que se inauguraba el primer Centro político separatista (!). Un loco andaba en ello.
No se oyó el menor grito en la calle.  No se conocía el ‘gora’. Mucho menos el ‘azkatuta’. Ni había más ‘bizkaitarras’ en Bilbao que los reunidos en fiesta en el Círculo de la pequeña casa de vecindad. Allí quedó sembrada, a voleo desde el balcón histórico… la simiente… » [5]
La evocación de Pentecostés habría quedado más transparente si, en medio de la barahúnda musical y humana, hubiese aparecido en el balcón del Cenáculo Sabino en persona, como nuevo san Pedro:
«Varones vascos, y todos los que vivís en Bilbao, sabed y oíd: No es lo que pensáis, éstos no están beodos, pues es la hora de tercia, etc. etc.» (Hechos, 2: 14-15).
Pero no. Sabino, que desde Larrazábal se conocía como mal orador, no pondrá paño en púlpito –nunca lo hizo–, reservándose para la pluma y la tinta, en las hojas volantes que iba a lanzar, precursoras de su arma definitiva, El Bizkaitarra.
Si me he permitido la metáfora de Pentecostés, no se tome a ligereza irreverente. Ese juego retórico sacro-profano pronto se hizo tradición en los bachoquis. Volvamos al autor del relato, Picavea.
Sin ser para nada entusiasta –era hombre de empresa, capitalista, liberal y político oportunista–, este periodista cedió a la costumbre de espolvorear dulcedumbre cristiana, grata a los jelzales. Ahora mismo acaba de hacerlo, evocando la parábola del sembrador [6].
En el mismo artículo, Picavea se presenta como un converso del 94. Secuaz del Maestro, «pero a honesta distancia. A la manera cautelosa de Pedro respecto de Cristo en la noche trágica. ¡Pero no le negué jamás!».
Aunque, mejor que Pedro, un Nicodemo: «Metido en la vorágine de los negocios industriales de Bilbao, no puse mucho empeño analítico en la doctrina Vamos, un simpatizante regionalista, «al que las vibraciones de mi alma vasca arrastraron…»
Le arrastraron, hasta el punto de no percibir en aquella manera de estreno un acto de gamberrismo, reventando un concierto público, alterando el orden.

Estampas evangélicas del Maestro
Picavea se ha comparado con san Pedro. Y así como san Pedro tentó a Cristo  hasta exasperarle ( “vade retro!”), también Rafael tentó a Sabino en lo más sagrado: la exigencia de cuatro apellidos vascos para ser socio pleno del Bachoqui.
«Un día discutí con Sabino… Me parecía contraproducente esta exigencia de los apellidos. Poco en armonía con la democracia característica del país. ¿Qué vasco no tendría algún apellido ‘erdérico’? Sería humillante para muchos la condición diferenciadora. “Mas tarde lo quitaré, según vaya la cosa”, me contestó.» [7]
El manso Sabino no se irrita contra Rafael; al contrario, la da la oportunidad de ser, mejor que un Pedro, un nuevo san Pablo, como el que libró a los cristianos gentiles de la circuncisión y les permitió comer cerdo:
«Bien metida en la médula del pueblo la doctrina…, llegó aquel “más tarde lo quitaré” [¡?]  Los nacionalistas de hoy pueden tener los apellidos que quieran.»
Mérito que se apunta Picavea. Pues mil gracias, caballero. Sólo que el Picavea/Pablo omite citar la fatwa sabiniana correspondiente, porque no la hubo. Fueron los Euskalerríacos los que, hechos los amos del cotarro, iniciaron la deriva paulina de la secta.
Y vuelta al Sabino alter Christus. Sabino, el Maestro a secas (sin ‘divino’, menos mal):
«Pronto surgió en el ‘Batzokija’ el incidente. Un paqueño grupo de los que acudían… se destacó por su poca frugalidad: merendolas, vinazos… Un día estalló la indignación del Maestro: “¡Señores, aquí no queremos borrachos! ¡A la calle!”. Y a la calle los arrojó. Como Cristo a los profanadores del lugar santo [8]
La parábola del sembrador ya la hemos recordado. ¿Pues y la de la levadura en la masa? Pues eso será el primer Bachoqui: levadura. Bueno, no exactamente en el pan, sino más en el espíritu vinario de la dipsómana casa, la ‘solera’ que daría aroma a las cosechas sucesivas. El vino/sangre. Porque también la muerte de Sabino fue sacramental, tras «su lento martirio por la Causa»[9]
La ambivalencia Sabino/Cristo para sus discípulos de la primera hora llegó hasta los extremos cómicos que rodearon su inopinada y secreta boda con doña Nicolasa, pues como a Cristo, ellos le querían virgen. Pero esto último mejor que nos lo cuente Navarth.

Digresión: Sabino enamorado
Con todo, no me privo de revelar aquí a quienes lo ignoren, que ya antes  de «Nikole maitia» el corazón de Sabino latió muy fuerte por una chica de Bilbao, guapa y de la buena sociedad. Pero, ¡ay dolor!, no era neska digna de él, ni de nadie del Bachoqui: ¡maqueta perdida pura sangre, con apellidos «del erderismo más furibundo»! Esta última expresión es de Rafa Picavea. Dejemos que él nos lo chismorree a su estilo [10]:
«Años antes de conocer a la que fue su esposa, se entusiasmó de [sic] una señorita que vivía calle arriba de Hurtado de Amezaga. Llegó a mí la versión del drama por conducto de pariente muy próximo de la damisela.  Buena moza ésta. Figura gallarda que vi, en el paseo del Arenal, muchas veces. Acabó la cuitada, como vulgarmente se dice, en enamorada perdida.
Sabino quiso inquirir,  prudentemente, antes de dar un paso en firme. Resultó que la muchacha no era vascongada. Además tenía los apellidos del erderismo más furibundo, por todos los costados.
Acababa de ponerse en circulación el Consejo Político: sería preciso que los buenos ‘jelkides’ procurasen mantener la pureza de la raza. ¿Cómo iba él a dar el mal ejemplo?»
[El Calificador, nada menos. Por suerte, Sabino tenía el corazón con freno y marcha atrás, que diría Jardiel Poncela.]
«Hubo un retroceso en la iniciación [sic] de los amoríos: violento, cruel, enérgico, por parte de Sabino. Un retroceso más fundamentalmente doloroso para la muchachita… No necesito describir la angustia de la joven, en quien se trocaron los afectos en oleadas de ira, de ansias de venganza contra los bizkaitarras.
Sabino deploró el lance infortunado.  En su reciedad de atleta no faltaron lágrimas de ternura para ella. ¡Pero tenía que ser un euskeldún, al modo de sus prédicas! ¡Antes que nada! ¡Fue acaso éste, el primer sacrificio que hubo de ofrendar en homenaje a la doctrina
Tales sentimientos del Maestro para con una maketa, bonita ni fea, allá quien los crea, bajo fe de Picavea. Máxime una maketa que por poco no le puso en ridículo, la comidilla del bachoqui; y él tan ciego y cornudo, el último en enterarse.
¿Y qué pasó luego? Tras un signo de suspense, Rafa larga su versión inédita:
«Andando el tiempo, una circunstancia inopinada volvió a recordarme el episodio. La señorita de… [puntos suspensivos] se había casado en Buenos aires. Tuvo hijos. ¡Convirtiose en una bizkaitarra furibunda! Los nombres de Sabino [sic], de Miren, de Koldobika, andan mezclados entre ciertos criollos, con extrañeza de quienes no conocen esta historia. ¿Delicado homenaje femenino al recuerdo de un amor que pasó? La paradoja me dio que pensar.»
Una vez más, el narrador pone a prueba nuestra candidez. Porque hasta pudiera ser que esta segunda parte de la historia esté inspirada en habladurías sobre Unamuno, a quien le salió una cuasi novia espontánea en Buenos Aires, casada y madre, que a pesar del desvío de don Miguel no decayó en su entusiasmo, acosándole con cartas y hasta oferta económica. La relación de Delfina Molina de Bastianini con don Miguel la cuenta Jon Juaristi con su sorna envidiable. Eso sí, la Molina tenía al menos el segundo apellido vasco: Vedia [11]. Sea como fuere, en el caso de la novia de Sabino, una evocación de la Magdalena resulta inevitable.

Más parábola
Lo dicho da idea de por dónde iba la cosa. Los ejemplos de semántica evangélica saltan a cada paso. A menudo, con ribetes de tartufismo.
«¿Quién pecó, éste o sus padres?», preguntan al Señor los apóstoles, ante un ciego de nacimiento (Juan, 9: 2). Pues, ¿y qué más ciego que el vasco degenerado, que no ve el origen de su miseria? Este fue el caso.
Una tarde lluviosa en un bar bilbaino, Sabino entre sus amigos, desgranando su monotema:
«El Maestro hablaba lentamente. Ante el cariño de los fieles que le rodeaban se sentía feliz… Inculcaba la idea de Patria.
De golpe se abrió la puerta. Una cabeza desmelenada y unos brazos sarmentosos se adelantaron. Un desgraciado que apenas podía tenerse sobre los pies penetró en el bar… Su figura era grotesca.
Los que estaban junto al Maestro comenzaron a reírse ante aquel tipo raro de aldeano y callejero corrompido, que zurcía sus palabras con giros castellanos. Comenzó a hacer payasadas. Todos se reían, menos Sabino. La figura del Maestro se puso seria… Arana y Goiri se puso muy triste. Una lágrima brilló en sus ojos. La raza que degeneraba al contacto con los extraños pasó por su mente.» [12]
Como en el Evangelio: «Ni pecó él, ni sus padres». –La culpa la tiene el de siempre, el maqueto.– Sólo faltó añadir: «Y estas cosas pasan, para que se manifieste la gloria de JEL».
¿Recordamos el ejemplo evangélico del joven rico? Sí, hombre; aquello de «si quieres ser perfecto, da cuanto tienes a los pobres y sigueme». El chico torció el gesto, porque era un capitalista (Lucas, 18: 23). Pues bien (se dice el pecado, pero no el pecador):
«Cuando J. de A. acudió… para la fundación del Euzkaldun Batzokija, había cuatro o cinco apuntados antes que él, y se fijó en el nombre del que encabezaba la lista… Aquí le llamaremos X.
Este X era un joven hijo de familia muy rica; pero su padre, viudo y casado en segundas nupcias, … jamás le proporcionaba ningún dinero, y por fin el muchacho hubo de abandonar la casa paterna. Se acogió a un pobre empleo …, y entonces Sabino comenzó a pasarle una pensión.
Murió el padre, y X. entró en posesión de una gran fortuna, y continuó entre los nacionalistas amigos de Sabin. Éste, al cabo de pocos años, había gastado su fortuna en la propaganda patriótica y se encontraba frecuentemente en dificultades económicas. En una de ellas acudió a X. para obtener de él un pequeño préstamo, que garantizaba, además de disponerse a pagarle un interés módico. Pero X. le negó el favor, que había sido pedido por tercera persona amiga de ambos, alegando que sacaba mejor provecho a su dinero en otras inversiones.»
Porque en verdad, más fácilmente pasaba una maroma por el ojo de una aguja, que entraba un rico en el reino de JEL (hasta el desembarco de los hombres de Ramón de la Sota, se entiende) [13].
Bandera de discordia… y de negocio
Y para terminar de verdad, tal vez nos suena de algo, «no he venido a traer paz, sino guerra y división» (Mateo, 10: 34; Lucas, 12: 51). Pienso que esa fue la máxima evangélica preferida de Sabino. En los jesuitas de Orduña, alguna vez hizo sin duda la meditación ignaciana de los dos ejércitos y las dos banderas, el bien contra el mal.
Él también alzó su bandera, para enfrentar a vascos buenos y malos, y a vascos contra maquetos o españoles. Conocemos la ikurriña como la «santa bandera» (Luis Arana), cargada de simbolismo religioso-patriótico. En parodia cristiana, signo de discordia. Padres carlistas contra hijos nacionalistas, y viceversa, veamos: la casa de los Arana tenía amplia terraza cubierta, al jardín y a la campa de Albia.
«El techo de la terraza tenía por decoración pintada una gran bandera tricolor. Era la enseña bicrucífera… “¡Un atrevimiento, una estridencia inaguantable, esta axhibición de la bandera!”, gritaban manoteando en los círculos muchos padres de los que, afiliados o simpatizantes entusiastas, llevan como distintivo en el ojal de la chaqueta la miniatura que reproduce, precisamente, la enseña misma de la estridencia. La que crispaba los nervios sensibles de sus buenos papás[14]
Padres contra hijos. También ciudadanos contra ciudadanos. Construyéndose una casa en Arteaga, al llegar a la altura del tejado hay que enarbolar una bandera, como es de costumbre. Ángel Zabala (‘Kondaño’) tuvo una idea brillante: que sea una ikurriña, para provocar al personal, mayormente carlista. (En la vecina Guernica tuvo lugar la ‘Sanrocada’, cuando los del Bachoqui, al grito de «¡Muera España!»,  arriaron y quemaron la bandera española  izada en el Ayuntamiento:  «una provocación», según Sabino.)
A todo esto, la sagrada bandera se trivializaba y amonedaba. No sólo en forma de insignias de solapa, también en variantes a cual más ingeniosa. Así El Correo Vasco (7 de septiembre 1899) insertaba este anuncio:
«Un acreditado alpargatero bermeano ha puesto a la venta en Bilbao, calle de la Esperanza, 24. 1º, alpargatas blancas que llevan en su parte superior una bien hecha bandera bizkaitarra o nacionalista».
_______________________________________________
[1] Es lo propio de las encarnaciones totalitarias. Tambien Franco en su testamento político negaba tener otros enemigos que los de España.
[2] ‘La cuna del nacionalismo’, Euzkadi, 23-12-1905; HNVD, 1: 158-161. La rebotica de Benigno Cortina, entusiasta nacionalista y admirador de los Arana, fue durante algún tiempo saludada por los jelzales como ‘cuna del nacionalismo.  Cosa que luego algunos rechazarán airadamente, porque era hacer de menos al Bachoqui, y porque a dicha tertulia concurría gente de vario pelo.
[3] HNVD, 1: 78, citando al historiador labortano Jean-Claude Larronde, El nacionalismo vasco.  Su origen y su ideología en la obra de Sabino de Arana-Goiri. (Tesis doctoral). San Sebastián, Txertoa, 1977, págs. 186-187.
[4] HNVD, 1: 221.
[5] Euzkadi, 26-11-1933; HNVD, 1: 223.
[6] Rafael de Picavea Leguía (1867-1946) fue un empresario guipucoano, fundador y propietario de ‘El Pueblo Vasco’, periódico de San Sebastián. Al escribir esta memoria era recién electo diputado del PNV en su provincia.  Admiraba a los nacionalistas: «un partido de gran porvenir, de acción radical. Y como radical, reclutador de juventud. ¡Fuerza de choque! para los radicales de enfrente… »
[7] HNVD, 1: 224.
[8] Ibíd.; HNVD, pág. 224.
[9] HNVD, 3: 620.
[10] Euzkadi, 25-11-1931; HNVD, 3: 621-622.
[11] Cfr. J. Juaristi, Miguel de Unamuno, Taurus, 2012; ver Índice onomástico, pág. 508, y fotos 10 y 11.
[12] ‘El gesto’, por Adolfo de Larrañaga; Euzkadi, 25-11-1932; HNVD, 3: 622.
[13] El cotilleo de bachoqui puso nombre a la X.: Juan de Aramburuzabala, que fue directivo del Recreativo y del Partido. Es notable que este tesoro de recuerdos se iba enriqueciendo con los años, al revés de lo que ocurre con las memorias normales. Ésta y otras anécdotas aparecieron en ‘Alderdi’, en noviembre de 1957; cfr. o. cit., ibíd. pág. 623.
[14] Rafael Picavea (‘Alcibar’), Euzkadi, 25-11-1931; HNVD, 3: 621.

lunes, 16 de septiembre de 2013

El Bachoqui

por Navarth
El Euzkeldun Batzokija en la calle Correo de Bilbao

En julio de 1894, con sede en el número 22 de la calle Correo de Bilbao, Sabino funda una sociedad recreativa: el Euskeldun Batzokija (Círculo Euskeriano). A pesar de su carácter declaradamente festivo, el bachoqui es una organización política destinada a convertirse en el embrión del futuro partido nacionalista vasco. Así lo declara expresamente el artículo 2 de sus estatutos: “Una vez fundada la Asociación General de Bizkaya, cuyo nombre será Bizkai-Baztarr y cuyos estatutos serán redactados por A. eta G. 'tarr S. [1], Euskeldun Batzokija se someterá a ella”.
Estos estatutos han sido obviamente redactados por Sabino. Constan de 110 artículos de los cuales 44 son considerados ‘irrevocables’, lo que les confiere una gran rigidez. En el capítulo II se exponen los pilares de la doctrina sabiniana basada en el lema Jaungoikua eta Lagi-zarra (Dios y ley vieja):


CAPÍTULO II. Doctrina Política.
Art. 3º Jaungoikua. Bizkaya será católica-apostólica-romana en todas las manifestaciones de su vida interna y en sus relaciones con los demás pueblos.
Art. 4º Lagi-Zarra. (Bizkaya) Se constituirá, si no exclusivamente, principalmente con familias de raza euskeriana.
Art. 5º Eta. Bizkaya se establecerá sobre una perfecta harmonía y conformidad entre el orden religioso y político, entre lo divino y lo humano.
Art. 7º Anteposición de Jaungoikua a Lagizarra. Bizkaya se establecerá sobre una completa e incondicional subordinación de lo político a lo religioso, del Estado a la Iglesia.


Una Vizcaya de raza vasca en la que lo político se subordina completamente a lo religioso. Los componentes de la ideología política de Sabino, el racismo y el fundamentalismo religioso, quedan oficialmente establecidos.
Esta delimitación de la ciudadanía en función de criterios racistas será repetida unos meses más tarde, en marzo de 1895, en Bizkaitarra:


“¿Qué es, pues, lo que respecto de la pureza de raza se contiene en el programa nacionalista? Puede reducirse a los puntos siguientes:
1º Los extranjeros podrían establecerse en Bizkaya bajo la tutela de sus respectivos cónsules; pero no podrían naturalizarse en la misma. Respecto de los españoles, las Juntas Generales acordarían si habrían de ser expulsados, no autorizándoles en los primeros años de independencia la entrada en territorio bizkaino, a fin de borrar más fácilmente toda huella que en el carácter, en las costumbres y en el idioma hubiera dejado su dominación.
La ciudadanía bizkaina pertenecería por derecho natural y tradicional a las familias originarias de Bizkaya, y en general a las de raza euskeriana, por efecto de la confederación; y, por concesión del poder (juntas Generales) constituido por aquéllas y éstas, y con las restricciones jurídicas y territoriales que señalaran, a las familias mestizas o euskeriano-extranjeras.


Ciudadanía plena para la ‘raza’ vasca. El resto de españoles expulsados, al menos durante los primeros años. Los ‘mestizos’, lo que decida el poder político. Puede decirse que Sabino es un adelantado a su tiempo. Concretamente se adelanta cuarenta años a las Leyes de Nuremberg.
Siguiendo los criterios de raza, el Capítulo V de los estatutos regula las restrictivas condiciones de admisión en el bachoqui estableciendo tres categorías de socios: originarios, adoptados y adictos. Los primeros son aquellos que pueden acreditar cuatro apellidos vascos. Los demás tienen que presentar algún apellido vasco, que sus abuelos han nacido “en territorio euskariano”, o una mezcla de ambas cosas. Las diferencias de estatus entre las tres categorías son muy relevantes: sólo los socios originarios son elegibles para los puestos directivos, y sólo ellos tienen voz y voto en todos los asuntos que se plantean en las juntas generales.
Todos los socios además deben ”profesar la doctrina contenida en el Capítulo II, con exclusión de toda otra que sea anticatólica, españolista o personal” . Para que no queden dudas Sabino, dentro del mismo artículo (que le queda así un poco largo) [2], se enfrasca en describir cada una de estas tres categorías prohibidas. Por ejemplo, son políticas anticatólicas “todas las liberales: la anarquista, la socialista, la republicana en todas sus formas y la monárquica en sus distintos grados; el liberalismo radical, el moderado y el catolicismo liberal.” No se le da bien sistematizar a Sabino: en la categoría ‘todas las liberales’ incluye a los socialistas, anarquistas, monárquicos y republicanos, pero deja fuera el liberalismo radical y el moderado, sean lo que sean.


Junta directiva del bachoqui en 1895
Obsérvese como Sabino emerge, imponente y con gesto torvo, desplazando a los socios de las fotos laterales que quedan con aspecto de tentetieso. 

Ante la unanimidad en la boina llaman la atención dos consejeros, uno vestido elegantemente con un canotier, y otro disfrazado de guerrillero cubano
(Juaristi comenta acertadamente que la foto evoca a Cristo rodeado de sus apóstoles)
El férreo control político-religioso-festivo que el Fundador pretende ejercer sobre sus asociados se muestra también en el Capítulo III:


CAPITULO III. REGIMEN PRIVADO
Art. 11º Se prohíbe el emitir y el recitar, en las veladas, frases o conceptos anticatólicos o españolistas.
Art. 12. Se prohíben: la blasfemia, los cantares impíos y obscenos, los juegos de azar y los cantos genuinamente españoles.
Art. 13. Se prohíbe toda discusión sobre puntos religiosos, por juzgarse indiscutible la Religión Cristiana y su Doctrina.
Art. 27. Queda absolutamente prohibida la entrada en el local de la Sociedad a extranjeros que profesen otra religión o que procedan de nación enemiga de Bizkaya.
Art. 29. Se suplica a los socios hablen en euskera a los sirvientes de la Sociedad, y prefieran en sus conversaciones el uso de su propia lengua.
Art. 30. Los socios se conducirán en el mutuo trato con la fraternidad e igualdad propias de bizkainos (salvo lo dispuesto en el artículo anterior) [3]


El esquema se cierra con la creación de una figura singular, el calificador, que será el encargado de velar por la ortodoxia e impedir las desviaciones. El calificador es elegido con carácter permanente, y sus competencias abarcan desde la evaluación de los méritos de los aspirantes al bachoqui, hasta la elección de los libros que éste debe adquirir y los diarios a los que debe suscribirse. Como es previsible, Sabino reúne en sí los cargos de Presidente y calificador del Euskeldun Batzokija.
Un afán de control tan estricto produce sus frutos, y en sólo cuatro meses Sabino expulsa a siete socios fundadores del bachoqui. Antes de que transcurra un año casi la tercera parte de los socios originales lo habrán abandonado, la mayoría de ellos expulsados.
El 14 de julio de 1894, en el balcón del Euskeldun Batzokija, se iza por primera vez en el mundo la Ikurriña diseñada por Luis de Arana. Sobre un fondo rojo, que quizás representa la sangre de los invasores, una cruz blanca simbolizando a Jaungoikua se superpone a una cruz verde de San Andrés [4]. A continuación tiene lugar una celebración:


”Al poco tiempo comenzó dentro del local la fiesta, amenizada por los albokaris, los txistularis y el piano: cantáronse multitud de zortzikos, marchas y otros cantos genuinamente euskarianos, ya por notables solistas miembros del orfeón, ya en coro por todos los socios; y se bailaron el aurresku y el ariñarin; caracterizándose la fiesta por tal orden, tal entusiasmo, tal franqueza y un sabor tan marcadamente euskariano, que todos salimos declarando no habernos encontrado jamás en una fiesta de gente tan jovial y de corazón tan noble y sencillo, de cualidades tan características de nuestra raza.”


En conjunto los hitos del relato parecen señalar la secuencia de una patriótica curda, con los invitados emergiendo finalmente del local en la fase de exaltación de la amistad (la de ‘emisión de cantos regionales’ ha tenido obviamente lugar en el interior). Hay que recordar que el bachoqui se encuentra en pleno centro de Bilbao, en una casa de vecinos que no soportan con ecuanimidad la euskariana celebración. Uno de ellos se queja a Sabino del ruido alegando tener a su madre enferma, pero su requerimiento es rechazado por los intereses superiores de la patria. Este vecino interpondrá posteriormente una denuncia, y Sabino reaccionará como acostumbra cuando alguien se interpone en su camino: señalándolo como maketo o maketófilo según sus apellidos [5]. En este caso le dedica un artículo en Bizkaitarra titulado Un fino maketófilo. La serie de denuncias y artículos acabarán llevando al calabozo a Sabino por primera vez.
El Euskeldun Batzokija se prodigará en celebraciones alegres y ruidosas, dedicando por el contrario escasa atención a la programación cultural. En toda la etapa sabiniana no se le conocerá presentación, ponencia o conferencia alguna: únicamente una cena para celebrar el estreno de una obra de Resurrección María de Azcue. En realidad el Euskeldun Batzokijaes el antecesor de lo que más tarde se conocerá comoherrikotaberna, institución patriótica en la que los adeptos aportan dinero a la Causa obteniendo a cambio satisfacción por el deber cumplido y bebidas alcohólicas.
Tanta alegría racial multiplica las denuncias sobre el bachoqui, y las multas comienzan a llegar. Sabino refunfuña ante la situación:


“Como ya en Maketania no nos permiten tocar el tamboril ni cantar, no tenemos otro remedio que salir fuera de Bilbao cuando queramos divertirnos a lo bizkaino.”


En general a Sabino le molesta profundamente que pongan límites a su capacidad de producir ruido [6]. Por ejemplo arremete contra un bando del alcalde de Busturia en el que se prohíbe cantar, silbar y gritar en la calle a partir de las ocho de la tarde diciendo“¡Puede estar satisfecha la anteiglesia de Busturia con esa libertad del liberal españolísimo!”
Más tarde dará una versión gazmoña de sus actividades en el clausurado bachoqui:


”tomar tranquilamente café, conversar tranquilamente entre nosotros, leer algún libro, jugar al billar, al ajedrez o al mus, tocar el piano y cantar sólo de día para no molestar a los vecinos.”


El día 26 de abril de 1895, se elige la nueva Junta Directiva delEuzkeldun Batzokija y se aprueba su reglamento definitivo. El día 31 de julio se crea sin publicidad en Bilbao el Bizkai Buru Batzar(BBB) [7]. Esta fecha se considerará la fundacional del Partido Nacionalista Vasco.


Sabino en la prisión de Larrínaga.  
El gran Parmenio nos insta a que nos fijemos en 
a) lo mal que queda la levita con las alpargatas y 
b) que a juzgar por el candado abierto 
no parece tratarse de una prisión de máxima seguridad
Entretanto, a comienzos de 1895 ha renacido el movimiento independentista cubano, y en abril se aprueba en el parlamento español la inclusión en el Código Penal de una sección dedicada a reprimir el separatismo. Se castiga asimismo su publicidad, y se declaran “ilícitas y sujetas a las penas generales del Código todas las asociaciones en que de cualquier manera se fomente la propaganda de las ideas separatistas”. La norma está dirigida contra el separatismo cubano, pero puede ser aplicada contra el vasco. Dados los incendiarios artículos que Bizkaitarra ha publicado en ese sentido, a partir de ese momento Sabino realiza penosos esfuerzos por desvincular las actividades del periódico de las del bachoqui. En una junta extraordinaria convocada a tal se declara expresamente:


“Bizkaitarra ni es órgano del Euskeldun, ni mantiene las ideas del Euskeldun, porque esta sociedad no tiene ningún fin político, ni guarda relación ninguna con ella porque aquél periódico es político y esta sociedad es puramente recreativa


Se inicia así la costumbre de compartimentalizar artificialmente una organización, encargando a una parte las acciones ilícitas y preservando otra que se dedica solo a las legales. En este caso no sirve de mucho: el 12 de septiembre de 1895 el gobernador civil ordena “la suspensión de las funciones y clausura o cierre del círculo denominado Euskeldun Baztokija”. En ese momento Sabino se encuentra ya en Larrínaga, cumpliendo una pena de un mes y once días de arresto mayor por injurias leves a su vecino.


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[1] Suena bastante futurista, pero estas son las iniciales con las que firma Sabino. Resulta por lo demás muy singular (y significativo) que unos estatutos contengan un nombre propio.
[2]. En realidad el artículo 60 de los Estatutos del Euskeldun Batzokija es aún más largo, porque se enreda en una diatriba al describir las ‘políticas personales’:


“Art. 60 (...) Desígnase aquí con el nombre de políticas personales, las que no tienen más ideal que los honores o las riquezas de determinadas personas, de quienes esperan alcanzar sus prosélitos su propio bienestar, postergando el bien general de Bizkaya y sacrificando los intereses morales de esta nuestra Patria en aras de intereses materiales que sólo resultan prácticos y verdaderos para aquellos caciques y sus partidarios; no designaremos aquí estos modernos partidos feudales mencionando a sus señores, porque todo el mundo conoce los nombres de los que en estos ultimes tiempos pretenden embaucar al pueblo bizkaíno y envilecerlo hasta el más bajo servilismo.”


[3] El comentario entre paréntesis es mío.
[4] Sabino ha decidido que la batalla de Arrigorriaga tuvo lugar el día de San Andrés del año 888, y que en conmemoración suya se erigió la iglesia de San Andrés de Pedernales. Esto resulta muy conveniente, pues cerca de allí nació Jaun Zauría (a pesar de ser legendario) y Sabino tiene allí una casa, lo que produce una sugestiva conjunción simbolica.
[5] Sabino emplea sistemáticamente técnicas de señalamiento y matonismo contra sus oponentes. Los ejemplos son innumerables: he aquí uno de ellos. En 1894 decide repartir 1.000 ejemplares deBizkaitarra por toda la provincia, y uno de los receptores, un boticario de Mundaca, comete la osadía de devolvérselo. Inmediatamente Sabino le dedica uno de sus insidiosos artículos: “Pues bien, ¿quién les parece a ustedes que es el único de Bizkaya que ha devuelto el periódico? Un grandísimo maketo establecido en Mundaka (...) Es también boticario y no sabemos si alguna otra cosa más (...) Su gracia es Don Natalio Sanz y Lorente, para lo que ustedes se dignen disponer.”
[6] Y aún cree que no es español.
[7] El Bizkai Buru Baztar será el órgano ejecutivo del PNV en Vizcaya. Más tarde surgirán otros similares en otras provincias.
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