domingo, 15 de septiembre de 2013

El parásito inseparable


«El año en que Francisco I de Francia hizo las paces con Suiza  se señaló por un monstruo nacido en Alemania.»


Así abría el gran cirujano francés Ambrosio Paré su descripción de un fenómeno humano que él pudo examinar y representó en un dibujo célebre.
El año en cuestión era 1516. La derrota de Marignano (1514) llevó a los ya no invencibles suizos a entrar en razón con Francia, y dos años después, el 20 de noviembre, las dos naciones firmaban una ‘paz perpetua’. Paré no da la fecha, sencillamente porque el dato cronológico le importa menos que la coincidencia de aquel nacimiento anómalo con un hecho histórico.
En efecto, los monstruos y prodigios, tanto terrestres como celestes (cometas, eclipses, conjunciones múltiples etc.) se tenían desde siempre como avisos de eventos buenos o malos, según la calidad del fenómenos. Lo difícil era interpretarlos.
¿Por qué se me ocurre hablar de esto?
He aprovechado la resaca de la ‘Diada monstruo’  para revisitar un museo de monstruosidades, que si ya no dan miedo siempre hacen pensar.
En mi vida académica, al explicar la Embriología comparada no podía faltar un excursus al mundo de la Teratología, la ciencia de las malformaciones mayores, que llamamos monstruos. Uno de los objetivos era familiarizar al estudiante con esos fenómenos vistos como lo que son ante todo: nada de horrores, sólo errores de programa. Nada pueden decirnos del presente o el futuro; nada que no tenga que ver con ellos mismos y los accidentes que los produjeron.
Ya de entrada, el término monstruo tiene poco de científico. En latín monstrum se relaciona con monstrare, mostrar: lo que la gente señala con el dedo. Pero este verbo  nos lleva a monere, avisar. Si del latín vamos al griego, Teratología viene de téras, cosa rara, que ya en Hesíodo y Homero significaba señal o presagio preocupante: monstruo.
Para el embriólogo, que estudia la formación del organismo vivo, ¿qué es un monstruo? Aristóteles dejó una definición clásica (Generación animal, 4, 4):


«El monstruo es algo para-físico, al margen de la naturaleza; pero no absolutamente de toda ella, en lo que tiene de norma fija, sino algo que se da en cosas que normalmente son así, pero susceptibles de ser asá».
Al Estagirita no le dicen nada las historias fantásticas, los diablos íncubos ni súcubos, etc. O son seres naturales, o no son, sin más. Lo que sí cabe tener en cuenta es el grado de rareza. Y aquí entran los rarísimos monstruos humanos viables, como el que describió Paré. Otro más raro todavía y mucho mejor documentado fueron los Colloredo.


Los hermanos Colloredo
En la primera mitad del siglo XVII anduvo exhibiéndose por Europa un individuo de buena presencia, inteligente y elegante; un tal Lázaro Colloredo, de ilustre apellido genovés, que se dejaba tratar de conde. De  ordinario usaba capa, cubriendo con ella un gran bulto delante del pecho, nada de llamar la atención.
Actuando ante su público, tras los preámbulos de rigor, el Lázaro anunciaba que iba a presentar a su hermano gemelo, Juan Bautista. Retiraba el ala de la capa, y el hermano aparecía, éste sí que monstruoso. Pero cedamos la palabra a otro científico ilustre, el médico Tomás Bartholin, que examinó un par de veces a los Colloredo, en Copenhague y luego en Basilea, cuando ellos tenía 28 años, trazando el correspondiente dibujo.


«Lázaro llevaba a su hermano más pequeño pegado por el esternón, concretamente por el hueso xifoides, si no me equivoco. Éste, bautizado como Juan Bautista, tenía una sola pierna colgante y dos brazos con tres dedos en cada mano. Sus genitales eran vestigiales. Movía las manos, orejas (sic) y labios, y tenía pulso en el pecho.
No comía ni defecaba, pero emitía secreción por boca, nariz y oídos. Sin duda tenía sus partes animales y vitales diferenciadas,  pues dormía, sudaba, se movía, independientemente del ritmo de vigilia y sueño del mayor. Tenía los ojos casi cerrados. Respiración tenue, que apenas movía una pluma; y al tacto parecía más bien frío. De la boca entreabierta asomaban los dientes y fluía babeo casi continuo.  
Su desarrollo fue sobre todo a cuenta de la cabeza, que la tuvo enorme, mayor que la de Lázaro, aunque deforme, cubierta de pelo rubio, que en posición normal colgaba en desorden. Tenían en común el hígado, bazo etc. Los dos desarrollaron barba, la de Lázaro bien cuidada…»


El boceto de Bartholin sirvió de modelo para muchos grabados de la extraña pareja, que circularon en hojas volantes, con noticias más o menos fantásticas. Esta hoja alemana (Estrasburgo, 1645) recoge el bulo de que Lázaro era de estirpe condal, pero por lo demás da noticias ciertas y datos interesantes. Llevando el gemelo menor, Juan Bautista, su vida propia –aunque  «sin entendimiento, voz ni habla»–, Lázaro comulgaba por él. La misma hoja, entre otros detalles, precisa que Bautista tenía miembro viril, los ojos abiertos a intervalos, la mano derecha con 2 dedos (la izquierda con 3, lo mismo que el único pie deforme), y que el hermano mayor proveía a los desempeños naturales de entrambos.
Otro científico especialista en monstruos fue Fortunio Liceti. Para su trabajo, y en relación con los Colloredo, un corresponsal de Genova, Dr. Pincet,  le informó de que los inseparables habían nacido en Génova, el 20 de marzo de 1617, hijos de Bautista Colleredo y Pellegrina, su legítima mujer. Matrimonio sano, con otros hijos normales, aunque la madre murió pronto (1620).
Este Pincet, habría sido el primer médico que examinó al ‘monstrum novissimum’,   la inseparable  pareja, observando la malformación de Bautista. Sólo Lázaro mamaba por los dos, y sólo él producía deyecciones. Sin embargo, si a Bautista se le goteaba leche a los labios, los movía como queriendo chuparla. Éste nunca pudo hablar, sólo gritar.
Otro experto que les examinó fue el célebre Zacchias o Zaquías, sumo pontífice en medicina legal. Los vio en Roma de bebés, 1617, luego en 1623. Sin duda dictaminó sobre la dualidad física del monstruo y el estatus legal de cada componente.
Pronto vio Lázaro que su monstruosidad era rentable. En 1638 emprende gira por Francia. En París se interesó por él Henri Sauval, que incluso le invitó a unas manos de pelota en el Jeu de Paume, con la sorpreso de que aceptó el envite, defendiéndose bien con el hermano a cuestas [1]
Ya en confiaza, Lázaro confesó  a Sauval haber pasado apuros en un burdel, cuando alguien le acosó y él le sacudió tal puñetazo que lo dejó en el sitio. Condenado a muerte, siempre según dijo, opuso un argumento perentorio: ejecutar al reo era asesinar a su inseparable inocente. Los jueces no tuvieron más remedio que indultarle.
– Y de salud, ¿qué tal?, pregunta el entrevistador.
Bien, en general; aunque Lázaro confesó haber estado enfermo tres veces, y en ocasiones le aplicaron sangrías (como a todo el mundo). En cambio tuvo la suerte de que nunca le purgaron, cautos los médicos por los efectos de la purga en un tubo digestivo compartido.
Lázaro y su inseparable visitaron Inglaterra dos veces. La primera les recibió la real pareja, Carlos I y Enriqueta. La segunda fue en 1639.
En 1640, en Polonia, manifestaron su intención de hacer gira por Turquía. Sin embargo, en 1642 estaban de vuelta a las Británicas, donde les iba divinamente, visitando Escocia. De esta estancia se recogieron datos sabrosos. Por ejemplo, Lázaro Colloredo certificó ser casado y padre de varios colloreditos.
Lázaro llevaba consigo dos criados de librea. También disponía de un gran retrato a modo de cartel, que colgaba ante su posada como reclamo. La sesión se anunciaba a toque de trompeta por un criado, mientras el otro a la puerta cobraba la entrada de visitantes.
Todo el mundo se hacía lenguas de lo bien parecido, discreto y educado que era Lázaro Colloredo, y con qué piedad fraternal cuidaba del friolero hermanito, abrigándole bajo su capa. Frente a eso, no tiene mayor importancia el que se ahorrara en barbero y peluquero los cuidades capilares del pobre colgajo que llevaba a cuestas. Y es que, el infeliz vivió angustiado (en exceso, según Bartholin) por algo tan obvio como que la muerte eventual de su hermano sería fatal para él [2]
En agosto de 1645 se exhibió en Estrasburgo. Allí volvió a reconocerle el Dr. Bartholin. El año siguiente pasa a Italia, actuando en Verona y otras ciudades. A partir de ahí se pierde la pista de los Colloredo.
Leo que estuvieron en España;  y en verdad, ¿qué destino más indicado que el reino de Felipe IV y Velázquez para tamaña monstruosidad? No dispongo de datos sobre ello [*].
Con toda la curiosidad de este caso realmente único, algunos comentaristas han negado la existencia del fenómeno Colloredo, mientras para otros fue impostura, o exageraciones de Bartholin. 

Cierto es que en estos cuatro siglos sólo una vez se ha visto algo parecido al monstruo de Paré, y eso en el cine de ficción científica. En ‘Total Recall’ (Desafío total, 1990), toda España se maravilló, no tanto por la evaginación pectoral del enano Kuato como por su celebrado parecido.


En lenguaje técnico, estos monstruos se han clasificado como Thoracopagus parasiticus. El primer término alude a la unión de los gemelos por la región torácica, un hecho objetivo; mientras que el segundo, más subjetivamente, describe como parasitismo la asimetría de la pareja. [3]
La diferencia entre uno y otro caso, el de Paré y el de Bartholin, es tan clara, que para el monstruo de Paré, sólo cabeza, se ha acuñado el término Prosopopagus parasiticus. Más discutible aquí el parasitismo, ya que el gemelo menor, según dicen, comía por su boca, y vaya usted a saber quién de los dos era el propietario principal del aparato digestivo.


Catalonipaga parasitica
Los monstruos descritos no son sólo una parábola moral de nuestra condición social. Son sobre todo una analogía. Invitan a meditar sobre las causas y efectos de unas malformaciones que también se dan en las sociedades humanas. En todo caso, hay que entenderlo como un accidente compartido. No vale que una de las partes implicadas culpe a la otra de la desgracia, ni que se haga ilusiones de una separación (siempre traumática) resuelve sin más el problema. Se está donde se está, porque ha habido un error de programa en el desarrollo conjunto.
Por fortuna, a diferencia de la teratología biológica, la social tiene marcha atrás. Detectado el punto de error, con objetividad y sensatez, tal vez se consiga equilibrar el desarrollo. Sólo entonces podrán los gemelos más o menos iguales, pero bien desarrollados, considerar serenamente la utilidad de separar sus destinos. Y hasta es posible que entonces comprendan que no les conviene.
Lo insensato es que un parasiticus sociopolítico pretenda decidir por sí el destino necesariamente compartido, o que ante su eventual suicidio o salto al vacío, la otra parte renuncie a protegerse.


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[1] Sigo en esto a Jan Bondeson, (ed.), The Two-Headed Boy, and Other Medical Marvels. Cornell Uni. Pres, 2000; Prólogo por el mismo J. Bondeson, ‘The Two Inseparable Brothers’  (págs. vii-xxi)). Es una interesante relación del caso Colloredo, con referencias bibliográficas a Paulo Zacchias, Henri Sauval y J. Spalding, entre otros.
Sin embargo, Sauval no dice que el homicidio de Lázaro Colloredo fuese de un puñetado o fuerte golpe en la cabeza («a mighty blow on the head»), sino de una cuchillada. Como tampoco se ve que tal revelación se la hizo Lázaro a él después de un envite al juego de pelota, pues tampoco dice Sauval que jugaron, sino que Lázaro podía jugar.  Cfr. Henri Sauval, Histoire et recherches des antiquités de la ville de Paris. Paris, 1724, t. 2, págs. 564-565.
[2] John Spalding, Memorialls of the Trubles in Scotland and in England. A. D. 1624-A.D. 1645. (Aberdeen, 1850-51), 2 vols.; vol. 2, págs. 125-126.
[3] Si como parece, la unión es por el ombligo, es más correcto hablar de Omphalopagus (parasítico en todo caso).

[*] No disponía, cuando escribí. Ahora, gracias a la pista de Dª. Alejandra, he aquí el texto del padre Nieremberg en su Curiosa y oculta Filosofía, libro III, pág. 63.


lunes, 9 de septiembre de 2013

“Solo JEL basta”




«Tenemos de religión justo la bastante para hacernos odiar, aunque no la suficiente para hacernos amar el uno al otro.»




La cita es de Swift, y encima auténtica: inicio de su folleto, ‘Pensamientos sobre asuntos varios’ [1]. La extensión de este opúsculo viene a ser igual que la de los ‘Pensamientos’ más los ‘Apuntes íntimos’ de Sabino Arana [2]. De las sustancias respectivas nadie dirá lo mismo.
Por desgracia, ahora toca Sabino, no Swift. Y ya que hemos rozado su mitomanía religiosa aplicada al plano político, veamos de profundizar en el fenómeno, con su consecuente mística del odio como virtud política teologal.

El Tratado Teologiko-Politiko sabiniano
Los hermanos Arana, Sabino sobre todo, impregnaron de verbo religioso su proyecto político. Esto no lo inventan ellos, era bastante normal entonces en la retórica de partidos confesionales: integristas, carlistas, neocatólicos…  Trasladaban a la palestra política la peor apologética católica del siglo XIX, olímpica y agresiva, con ramalazos de odio teológico.
La novedad del tándem Arana-Goiri fue su extremismo histriónico paranoide, con una visión pseudo-cósmica maniquea, religiosa y bélica. Su mitología patriótica y su automito profético-redentor no escaparon a ese dualismo militante, asimilado en la familia y en el colegio. Su política es religión, en versión católica integrista. Su mito ‘Euzkadi’ es historia sagrada. Euzkadi es el pueblo de Dios, regido por su Ley Vieja.
Para Sabino, la finalidad del hombre es Dios, la salvación eterna. Esto en el plano individual. Pero todo individuo pertenece naturalmente a un linaje y pueblo, que en cierto modo es vehículo de salvación colectiva: «Caminar a Dios: este es el fin de todos los pueblos» [3].
Lo singular del fenómeno vasco deriva de la singularidad de este pueblo, superior a cualquier otro de la Península, y del mundo entero, por su antigüedad de origen y solar, pureza de sangre, religión, lengua, libertad y leyes propias.
Allá otros pueblos y su destino; la única patria/iglesia de los vascos es Euskadi. Y así como la Iglesia de Cristo se define por cuatro ‘notas’ –una, santa, católica y apostólica–, cuatro también definen la patria/iglesia terrenal Euzkadi. Cito al pie de la letra:
«Dios, Ley, Raza, Lengua: he aquí los cuatro elementos inseparables de la entidad de nuestra Patria.
1. Dios, esto es, la Religión Católica Apostólica Romana íntegramente manifestada en la teoría y en la práctica, en las leyes y en las costumbres y usos.
2. Ley, esto es, la ley tradicional, pura, sin sujeción a Estado alguno, absolutamente independiente, sólo dependiente de las leyes divina y natural y de las buenas costumbres y usos del pueblo como determinantes inmediatos de la ley positiva.
3. Raza, a saber, la euskeldun pura y sin mancilla o mezcla de extraña raza, y determinada por la naturaleza de los apellidos.
4. Lengua, esto es, el Euskera perfectamente definido y depurado de parásitos que le afean.
Los tres últimos elementos, Ley, Raza y Lengua, que pueden reducirse a uno como positivos que son, e ir incluidos en la idea de ‘Ley’, forman el cuerpo del Estado. El elemento Dios, constituye su espíritu.
Y así como el cuerpo debe sujetarse al espíritu, y los fines inferiores subordinarse a los superiores, así también el segundo elementos de nuestro lema, Ley, debe subordinarse al primero, Dios.
En la idea de Dios se encierra, pues, nuestro ideal, el objeto de nuestro amor patrio.» [4]
Dios, Patria, Ley, tríada indivisible:
«No se puede atacar a Dios en Euskelerría sin atacar la existencia de este Estado, ni se puede destruir éste sin atentar contra Dios.
Y esta idea de Patria, que es aplicable de deber a toda otra nación, lo es a la nuestra de hecho; pues desde el origen de nuestra raza, los elementos de Ley y Dios han sido inseparables, y de la naturaleza indicada.» [5]
Y termina este pensamiento (y ‘Pensamientos’) con esta efusión patrio-devota, digna de un libro de lectura escolar:
«¡Cuán grande es nuestra Patria! ¡Gracias, Dios mío!»

La Verdad es única: «Jaungoikua eta Lagizarra» (‘Dios y Leyvieja’), abreviado JEL. El profeta de JEL es Sabino. La salvación de los vascos como pueblo pasa por JEL. Los fieles de JEL  forman un cuerpo místico, Euzkadi, en el seno de una iglesia militante visible, el Bachoki primero, el PNV después. Por lo demás, «Solo JEL basta.» [6]
La jerarquía de valores fundamentales reza así:
«Nosotros, para la Patria, y la Patria, para Dios»
Esa es la voluntad de Dios, descubierta por los hermanos Arana.


Teología del odio salvador
El lema sabiniano JEL sería inocuo si no fuese maniqueo de origen. La fórmula en sí es la expresión de un plan divino, que versa sobre un mito cósmico dualista, de buenos y malos.
Tal mito y lema obliga a odiar cordialmente todo lo que se oponga o se interponga en esa «unidad  de destino en lo universal», por decirlo en fórmula no menos rimbombante, aunque ya de la siguiente generación [7].
Como cristianos devotos, los Arana saben que el mandamiento primero es amar; pero como integristas católicos saben también que la Verdad/Bondad absoluta está en guerra con enemigos mortales irreductibles. A éstos hay que odiar, si no para destruirlos –empresa imposible–, para tenerlos a raya, pero sobre todo para no hacerse como ellos.
Euzkadi, conjunto de los vascos en su tierra vasca, está en guerra con el enemigo invasor, España/Maketania. El enemigo tiene un plan diabólico y un arma no menos diabólica. Su arma: un virus letal encapsulado en cada maketo, portador de semen maldito, de apellidos nefandos, instintos bestiales, costumbres infectas.  Su plan: invasión masiva de maketos, hasta la degeneración total y la extinción del pueblo vasco.
Con su tesis conspiranoica, los perfectos adanitas que son estos hermanos Arana irrumpen como misioneros autoenviados por Jaungoikua para gestionar en exclusiva la salus populi. Ellos en exclusiva, esto es, no sólo contra el maqueto, sino también frente al maketófilo, llámese carlista, fuerista, regionalista, euskalerríaco etc.; nada digamos del liberal, socialista etc., que mayormente coinciden con el maketo.
Sabino Arana ha dejado tras de sí fama de gran sembrador de odio. Habría que tener a mano unas concordancias de su obra escrita, o mejor la obra completa en OCR, para contar las veces que invadió el campo semántico del odio, desprecio, rechazo, enemistad…; en primera persona y enfilando a ‘enemigos’ nada ideales, todos de carne y hueso.
Por lo demás, de tal siembra, tal cosecha. Si su odio fue sólo retórica, si sus adeptos han tomado el rábano por las hojas, qué más da: el odio que practican es sincero, incluso mortal.
Pero vamos a ver, ¿tan malvado, requetemalvado, era el buen Sabin? ¡Qué va! Su odio era, por así decirlo, profesional. Fuera de su horario de trabajo como hombre público, en la intimidad era todo bondad, con efusiones de amor universal. ¿Odio, él?:
«Nunca debe el hombre odiar o aborrecer al malo; porque es ilícito todo ataque a la personalidad. Pero sí se debe aborrecer y odiar el vicio y el error del hombre malo…  […]  Haz siempre todo el bien posible a tu prójimo…»
Otra cosa es que, por sus grandes amores, le guste ser odiado. Era la medida de su importancia social:
«¡Feliz, dichoso yo si llego a tener muchos enemigos que lo sean de la Iglesia, muchos que lo sean de Bizkaya! Sólo entonces podré llamarme con razón católico y patriota.»
Esto escribía Sabino en enero de 1889. En mayo, con la Naturaleza en flor de promesas, los ansiados enemigos no brotaban por ninguna parte. Seguía siendo un Don Nadie:
«Nada he debido de hacer a favor de Bizkaya, pues aún no tengo enemigos. Esta idea me apena profundamente.»
Sabino no odia por gusto, aunque necesita enemigos que le odien a él.  Quiere la paz,  pero el cuerpo le pide lucha:
«Si mi Patria fuese feliz, iría a buscar la lucha entre los leones del Atlas, el oso gris y el tigre de Bengala . Pero los enemigos de mi Patria son en verdad más indomables que el león, el tigre y el oso.»
Este pujo cinegético inspiró a Juaristi unas páginas hilarantes sin odio, sobre ‘Tartarín en Vizcaya’ [8]. Pero a lo nuestro: ¿Qué Sabino no odió? He de conformarme con un espigueo aleatorio:
«Nosotros a ningún maketo, a ningún españolista odiamos tanto como al español que, conociendo de alguna manera la historia de Bizkaya, se la da falseada, adulterada y españolizada al pueblo bizkaino…» [9]
«Los bizkainos que queremos la restauración de nuestra antigua Patria aborrecemos a España… por cualquier lado que la miremos. Y este mismo odio nos tienen los españoles.»
«Ya ve El Basco que en odio al español como invasor, andamos muy cortos los bizcainos patriotas de hoy, comparados con aquellos de otros siglos.» [10]
Y no es que en el ardor de la polémica política al periodista Sabino se le caliente la pluma. También en frío, en sus catecismos como en las orientaciones de partido, fue un atizador de odio. Por ejemplo, en los ‘Deberes fundamentales del Nacionalismo Bizkaino’ se dice que todo afiliado
«trabajará diligentemente… por mantener la pureza de la raza en su familia y en aquellos a que alcance su influencia, y dificultar la invasión española, haciéndole aborrecible al español la vida en Bizkaya mediante el desprecio y el aislamiento». [11]
No es menester acumular más y más textos, siempre reiterativos. El mandamiento del odio al ‘otro’ es explícito y universal, motivado básicamente por motivo religioso, en cuanto que ‘el otro’ interfiere con el proyecto salvífico sabiniano y se opone a la voluntad de Dios.
Los textos donde Sabino predica el amor y parece excluir el odio entre humanos sólo pueden entenderse como un desiderátum para cuando la Patria sea libre. Y esa contradicción aparente de textos salidos de su misma pluma viene a confirmar que el antimaquetismo  preconizado no es circunstancial, coyuntural o abstracto, sino esencial y necesario, con base religiosa. Odio que no distingue entre España y el Estado español, provincias, grupos o individuos.
«Haz siempre todo el bien posible a tu prójimo». Sí, pero, como en la parábola del Buen Samaritano, ¿quién es mi prójimo? Uno de los textos más debatidos sobre el particular se titula ‘Egundokua’.  
Es el cuento del jebo o bato –el aldeano vascongado puro–, que llegando a Bilbao se dirige al alguacil maqueto, preguntando en vascuence por el hospital, donde tiene al hijo enfermo. El guardia enfadado le replica que deje de ladrar y hable en cristiano. «Baña nik ezdakit erderaz!» (¡pero si no sé en otra lengua!), se excusa el rústico.
El chascarrillo es aquí apólogo, con su moraleja:
«Si algún español te pidiera limosna, levanta los hombros y contéstale, aunque no sepas euskera: nik eztakit erderaz (yo no entiendo el español).
[…]
Si algún español que estuviese, por ejemplo, ahogándose en la ría, pidiese socorro, contéstale: nik eztakit erderaz
La conclusión no puede ser más cristiana: «ojo por ojo y diente por diente» [12].
La cáscara vacía
En el sistema  teológico-político sabiniano, el único ‘elemento’ definido con claridad es, paradójicamente, Dios. Lo trascendente se hace palpable aquí como familiar Jaugoikua, y en su avatar más integrista y ‘carca’ habita en Euzkadi. La fe católica y los dictados de la Iglesia regirán la futura patria libre. El primer elemento del lema JEL, o sea, Jaungoikua, implica:
«la constitución de Bizcaya como Estado esencialmente católico-apostólico-romano, que encamine derechamente a las familias y a los individuos, sus elementos, a la consecución del fin último del hombre, que es el mismo Dios… Bizkaya, pues, ha de acatar y obedecer cuanto la Iglesia Cristiana de Roma enseña y ordene, y ha de rechazar cuanto ésta repruebe y condene.» [13]
Por el contrario, lo que debería estar más claro para todo el mundo, creyentes o no,  que es la ‘Ley’ o constitución de ese estado Euzkadi, se queda en la inconcreción más desoladora, sin precisar siquiera la forma de gobierno y participación social, poderes y separación de los mismos… Lo dejo así, porque la República Sabiniana merece estudio aparte, donde se discutirá también el papel relativo de los otros dos elementos, Raza y Lengua.
Ahora bien, decir que Sabino Arana ha dejado claro y concreto un concepto, aunque sea uno solo en toda su vida, es hacer de menos su condición proteica irracional. Cierto que ha escrito, en otro ‘pensamiento’, «dad a Dios lo que es de Dios, a la Patria lo que es de la Patria» [14]. Pero El Reglamento del Bachoqui, ya desde su boceto, establecia para Bizkaya:
1.  «Una clara y marcada distinción entre el orden religioso y el político, entre lo eclesiástico y lo civil».
2. «Una perfecta harmonía y conformidad entre el orden religioso y el político, entre lo divino y lo humano».
3.  «Una completa e incondicional  subordinación de lo político a lo religioso, del Estado a la Iglesia».
Inquietante, incluso para los nacionalistas.

Ya en los últimos años del fundador aparecen textos más tajantes en cuanto a separación e independencia Iglesia-Estado [15]. La realidad es que «en la práctica, la separación entre lo político y lo religioso no se tuvo en cuenta» [16]. ¿Para qué? En caso de conflicto con la jerarquía eclesiástica, Sabino siempre tenía a mano el ‘pase foral’ («se obedece, pero no se cumple»).
La consecuencia de semejante engendro se veía venir. Con la secularización, cualquier sociedad racional desecha o fagocita la exuvia religiosa, y tras un reajuste discreto y poco o nada traumático de su estructura laica sigue su andadura. Aquí no. La sacralización y divinización del mito Euzkadi con sus «elementos inseparables» –en la medida en que se ha mantenido en serio el mito–, se ha traducido en una transferencia de la sacralidad al nuevo espíritu seglar de Euzkadi. Del totalitarismo de derecho divino, al totalitarismo de derecho sabino, cuya implantación está en marcha [17].
Queda por ver por dónde y hasta dónde llevamos el experimento patriótico, sin descuidar cómo se nos gestiona nuestro deber vasco de odiar.
____________________________________________
[1] ‘Thoughts on Various Subjects’. The Works of Dr. Jonathan Swift. Edinburgh, A. Donaldson, 1761. Vol. 4, págs. 383-392.
[2] J. Corcuera y Y. Oribe, Historia del Nacionalismo Vasco en sus Documentos (HNVD), 1: 107-116 (‘Apuntes íntimos’), 117-120 (‘Pensamientos’).
[3]  ‘Pensamientos’; HNVD 1: 117.
[4] Ibíd., pág. 120] El lema carlista-fuerista era ‘Dios y Fueros’ (traducido como ‘Jaungoikoa eta Foruak’.
[5] Sabino extrae este corolario práctico: «Luego no puede ningún euskeldun ser fuerista siendo liberal, pues peca contra Dios; ni puede ser católico siendo carlista, pues peca contra su Patria.»
[6] La máxima, calcada de santa Teresa («Solo Dios basta») sirvió de título al folleto de propaganda nacionalista de Ceferino de Jemein, ‘Amandarro’, Solo JEL basta (Bilbao, E. Verdes, 19**).
Este heredero espiritual de Sabino se habría escandalizado ante la estatua del Maestro erigida en Bilbao, cuya peana silencia lo esencial para quedarse con lo accesorio de su doctrina:
«Hay que destruir esas modernas teorías pseudo-nacionalistas que afirman que el eje central de las enseñanzas de Arana-Goiri estriba en esta afirmación: EUZKADI ES LA PATRIA DE LOS VASCOS. Porque esto no es así. Porque el eje central, y la idea madre, y el programa íntegro, netamente nacionalista, vasco y además humano –ya que tanto se habla hoy de humanismo- es este otro: JAUN-GOIKUA ETA LAGI-ZARRA.» (O. cit., pág. 6)
[7]  A los nacionalistas vascos les molesta que se les apliquen marbetes ajenos, soy consciente y lo entiendo, porque todo nacionalismo por definición se siente único, irreducible. En particular, los aberchales afectan repulsa total al ideario de un ‘fascista’ como José A. Primo de Rivera y su ‘Falange Española’. Desde fuera, sin embargo, al no nacionalista se le escapa esa supuesta singularidad, sea del nacionalismo español, catalán, etc., salvo en el énfasis religioso del nacionalismo sabiniano. ¿O será que los nacionalistas vascos de hoy no se reconocen en Sabino? Es lo que estamos examinando.
[8] El bucle melancólico, Espasa, 1997, págs. 143 y sigs.
[9] Bizkaitarra, nº 22. El tipo del maisu, el maestro de escuela maketo, fue para los vizcaitarras muñeco del pimpampún, cabeza obtusa en competencia con el tonto del pueblo, pero siempre un malvado antivasco. Lo mismo hizo el reverendo Azcue con su personaje de Vives, en su zarzuela ‘Vizcaitic Bizkayra’, tan aplaudida por el bando de Sabino, hasta que se pelearon con aquel cura de los euskalerríacos, vendido al capital, el capellán de postín entre las damas de la sociedad bilbaina.
[10] ‘El Basco’ (Bizkaitarra, nº 22, 24-02-1895)
[11] Hoja autógrafa de Arana, 5 de mayo 1896;  HNVD 2: 43 y 97.
[12] Bizkaitarra, nº 29 (20-06-1896). El título del chascarrillo, egundokua, pertenece a la neoparla sabiniana, con el sentido más o menos de ‘barbaridad, enormidad’.
[13]  Directrices de Sabino Arana para el reglamento del ‘Euzkeldun Batzokija’; HNVD 1: 74.
[14] «… y al pueblo tirano lo que se merece», añadía a guisa de coda, aunque arrepentido lo tachó.
[15] Algunos se incluyeron en las Obras Completas de S. A., aunque su autenticidad es dudosa para Javier Corcuera y Yolanda Oribe; HNVD 2: 46-49.
[16] Ibíd. 2: 49.
[17]  

«Pero ha llegado la hora de la propaganda sabiniana, del NACIONALISMO INTEGRAL, que no es, como algunos creen, solamente INDEPENDENCIA VASCA, para que luego haga el pueblo lo que quiera de esa independencia… » (‘Amandarro’, Solo JEL basta, l. cit., pág. 6; cfr. nota [6]).