lunes, 10 de junio de 2013

La doma blanda



A don Cándido, que escribió:
«Veo que termina Vd. la serie ‘Udaltop’, y sin embargo me gustaría saber cuales son las técnicas de seducción que se van a poner en marcha; aparte de los dionisíacos ibillaldis».



Mi reflexión sobre ‘UdalTop’ y sus topaketas subvencionadas con nuestro dinero público, al objeto de normalizarnos la vida en eusquera, ha suscitado comentarios coincidentes en calificar el tema de penoso, irritante, lamentable..., a lo que añade mi apreciado don Cándido, «repugnante (e ilegal, claro)».
Lo de ilegal, no quepa duda. Todo el montaje de la ‘normalización’, toda la política lingüística vasca en las últimas tres décadas, se fundamenta en un fraude de ley, como puede comprobar cualquiera que se moleste en leer el Preámbulo de la llamada ‘Ley del euskera’ emanada del Parlamento de Euskadi en 1982. Después hablamos de ello.
Pero hay otro juicio de valor explícito e implícito en las entradas y los  comentarios: «abocado al fracaso». Y esto no lo decimos nosotros, lo auguran las estadísticas, lo delata el apretón de tuercas frenético en Bildustán, lo reconoce UdalTop, al contratar a un experto en Psicología Social para que aporte soluciones... Y, lo que es más significativo, el mismo experto lo prevé para la nueva generación de euscaldunas:

«Hay que pensar otra vez en otras cosas. Todo es más dinámico de lo que creemos, y es difícil saber cómo serán los euskaldunes de dentro de 50 años, quiénes serán y qué pensarán de sí mismos.»

Ahora bien, como ya hemos visto, el experto de turno no se plantea si el proyecto normalizador es ético, o si es racional. «Es legal, y punto»: el argumento de todo aberchale, sea de a pie o de a caballo, gobernante o gobernado, lego o experto psicosociólogo. El problema es cómo llevarlo a efecto, cómo meter por el aro a toda una sociedad sumisa en apariencia, aunque cerviguda en la práctica.
Y aquí entra en juego la Psicología social y sus métodos, unos duros y otros blandos. ¿De qué se trata?
Aunque lego en Sociopsicología —me va más la Sociobiología [1]—, tengo entendido que esa disciplina se vistió de largo tras la II Guerra Mundial. Y lo hizo mayormente bajo el impacto de la Shoa‘ (el Holocausto), y el gran silencio cómplice que hizo posible aquel horror.  ¿Que mecanismos de influencia y cambio social funcionaron en el III Reich, para inducir tales extremos de sumisión y conformismo?
Por supuesto, la ‘nueva’ ciencia no se quedó ahí, ni se redujo al tema de los influjos sociales. Pero el recordatorio del rapto y secuestro de Alemania por la minoría nazi nunca es intempestivo en una situación como la vasca donde, desde hace 35 años —toda una generación y algo más—, la mayoría social reconocida por todas –repito, ‘todas’– las estadísticas se ve sometida a una minoría que la quiere ‘normalizar’ a su gusto, sobre todo en asunto tan sensible como es el cambio de hábitos lingüísticos.
Esas circunstancias no pueden olvidarse. Como tampoco un detalle nada casual: el interés sobrevenido por las técnicas de la psicosociología en el mundo de la ‘construcción nacional’ vasca.


Psicología social, para qué?
Una definición de la Psicología social sería ésta: Disciplina científica que busca entender y explicar cómo la psicología del individuo es influenciable por su entorno social. Algunos precisan que ese entorno puede ser real o imaginario. Y desde luego, la influencia (asimétrica) puede ser espontánea o procurada, pasiva y/o activamente.
La especialidad cubre, entre otros tópicos sociales, la percepción social, el comportamiento grupal, liderazgo, agresión, prejuicio... «No todo se reduce a estudiar influencias sociales». De acuerdo, pero en definitiva, es a lo que vamos. Sobre todo, de la mano de los patronos políticos y de los gobiernos [2].

De esa Psicología, aquí nos interesa en especial lo que pueda enseñarnos sobre cambios sociales de gran calado, concretamente el experimento realizado aquí con una sociedad cobaya, sometida a un cambio lingüístico masivo, como seguramente se han visto pocos, salvo el caso especialísimo de la implantación del hebreo en Israel.
Al hablar de cambio social, y a pesar de la mención al ‘Holocausto’, el psicólogo social pretende ser objetivo y aséptico. De hecho, hay cambios aceptables y aceptados, como la educación en los valores y saberes tradicionales, a diferencia de las educaciones totalitarias, con sus modelos de ‘hombre nuevo’, normalizado desde arriba.
Los psicólogos sociales insisten en el carácter empírico y científico de su disciplina y método. No lo pongo en duda, aunque deberían ser más explícitos en cuanto a una nota tan carácterística de las ciencias experimentales como es la correlación causa/efecto y la consiguiente predicibilidad de resultados. Dado un proceso de cambio social —en proyecto o en curso—, ¿qué previsiones ofrece la sociopsicología, a corto y a largo plazo, según los varios modelos de influjo?
Dicho más llanamente: Para inducir a la sociedad vasca a que hable y viva en vascuence, ¿qué funciona mejor?: ¿Palo, zanahoria, un combinado científico de uno y otra? ¿Doma dura? ¿Doma blanda? ¿O mejor el ‘susurro’ mágico, el encantamiento que nos induce una voluntad irreversible, individual y colectiva, de pasarnos todos y cada uno al vascuence?
No hablo de casos triviales, sencillitos. Por ejemplo, cuando Patxi López se vio investido lendacari le entraron unas ganas sinceras de dominar el vascuence y volverse euscalduna. Sin embargo, no hacía falta ser psicosociólogo, ni siquiera psicólogo a secas, para adivinar que el gasto enorme en inculcarle unos rudimentos de eusquera era dinero tirado, y que una vez desalojado el sujeto de Ajuria-Enea no tardaría 24 horas en arrojar por la borda el liviano lastre. En cambio, no cuesta imaginar a un Juanjo Ibarretxe infligiéndose a sí mismo la penitencia de practicar en vascuence cuando el cuerpo se lo pide. Y es que Juanjo es un deportista, y el deporte lleva su parte de masoquismo.
Pasando del individuo al grupo, la cuestión es diseñar el modelo más eficaz de influjo para el cambio que nos atañe, con estimación predictiva de para cuándo y hasta cuándo.
Y aquí, a falta conocimiento psicosociológico, me atengo a la Sociobiología para augurar una travesía nada fácil, desde el cautiverio en Egipto (la impronta cuasi genética del español en la gran mayoría de los vascos y, sobre todo, de las vascas), hasta la conquista de la Tierra Prometida (la euscaldunización total, obviamente).
Difícil, aunque no imposible, e incluso mucho más fácil de lo que parece a primera vista. Trataré de explicar la paradoja.
Hablamos de un cambio social relativo al idioma. Un idioma, de entrada, sin afinidad con el español. Entremos en las motivaciones para un cambio tan fatigoso:

1) El vascuence es imprescindible para trabajar en la Administración.
2) El vascuence es necesario para la integración y convivencia plena en la C.A.V.
3) El vascuence es un patrimonio cultural común que debemos conservar entre todos.
4) El vascuence es nuestra principal seña de identidad nacional vasca.
5) La euscaldunización total es nuestro mejor instrumento para la construcción nacional.
       Podríamos alargar la lista de pros, pero con lo dicha basta para atisbar las posibilidades del método psicosocial.
De todas las cinco tesis, sólo la 1) es evidente por sí misma. Y en ese sentido, es percibida más bien como una imposición odiosa y prescindible, al menos mientras no se haya alcanzado la euscaldunización plena.
La 2) es falsa, en cuanto que choca con la realidad cotidiana. La mayoría de ciudadanos vascos que se expresan habitualmente en español se sienten suficientemente  integrados en la sociedad en que conviven. A menos que esta tesis implique una amenaza de segregación futura, para los desgraciados que no acepten la integración y asimilación a gusto de la minoría dominante. Y entonces sí que se pondría difícil la conviencia.
La propuesta 3) es equívoca. Si se toma al pie de la letra, ya nos vemos todos obligados, quieras que no, a contribuir con nuestro dinero y aguante, no sólo a la conservación, sino al derroche y capricho de la misma minoría beneficiaria de ese dispendio. Pero si se trata de conservar yo esa bendita lengua en mis propios labios y en mi propia boca, entonces no, gracias. Semejante ‘conservación’ de lo que nunca hubo ni fue no me concierne.
Por último, las tesis 4) y 5) son ideológicas partidistas, y como tales no tienen por qué ser compartidas por la ciudadanía en general, ni mucho menos impuestas por la brava.  Tan descaradamente ideológicas, que ellas dan la clave para entender el sentido falaz y coactivo de las tres primeras tesis, más ‘blandas’.
En resumen: lo que se pide a la gran mayoría social es un esfuerzo altruista importante, en beneficio exclusivo de la minoría. Una minoría que ya se ha revelado egoísta, ya que sólo de ella se reclutan los beneficiarios políticos y económicos de la bonanza del eusquera.
¿Causa perdida, entonces, la del vascuence? Ni muchísimo menos. Expertos psicosociólogos, déjennos de historias, con sus ‘nuevas identidades en torno al euskera’, el ‘confort psicosocial’ en su su uso, o la creación de ‘espacios confortables’ para hacernos ‘cambiar de actitud’ y ‘convertirnos’ a esa lengua. Eso suena a música celestial.
Mi propuesta es mucho más simple: hagan ustedes que todos los ciudadanos participemos  en la tarta del vascuence. ¡Sí, hombre (o mujer)! Vascuence para todos, para el bolsillo de todos.
Sin poner en tela de juicio el amor inmenso al euskera que profesan sus ‘normalizadores’, resulta ser que todos ellos, aunque de forma desinteresada, cobran por hacer su trabajo. Pues ea, extiéndase el beneficio a todo ciudadano de buena voluntad. Como en los antiguos telegramas, como en los anuncios por palabras, a tanto la palabra: que cada sílaba hablada en eusquera reporte beneficio al canto. Con la tecnología actual, no parece imposible diseñar algún chip registrador que, a fin de mes, arroje el montante por el eusquera hablado. Pueden incluso idearse bonificaciones, en función de la proporción eusquera/castellano. En brevísimo tiempo, hasta los sordomudos serán euskolocuaces, y entonces sí que el vascuence será nuestra lengua propia.
¿Que “vamos, anda”? Pues si no hay trato, no hay trato. ¿Por qué ni para qué voy a sumarme (¡como ‘protagonista’, nada menos!) a una causa que no es la mía? ¿Por qué  he de ser yo el altruista sin beneficio adaptativo, y tú en cambio el beneficiario sin altruismo? Porque la Sociobiología lo dice: el vascuence identitario nos mete en temás de territorialidad, agresividad y dominancia. Se impondrá una jerarquía, habra castas, habrá vencedores y habrá vencidos no convencidos. Y como dice el axioma, «lo violento no dura».
Pero sobre todo, como dice el especialista Eduardo Apodaka: «qué sabemos, cómo serán los euskaldunes de aquí a 50 años».
Yo se lo digo, don Eduardo. Con una anécdota de chiste, contada por san Agustín:
«Hubo un histrión famoso, ídolo del público a teatro lleno. Un día terminó su actuación invitando a la gente a no perderse la próxima. Y para más efecto les dijo:
—Mañana leeré el pensamiento a cada uno de vosotros.
Al día siguiente el espectáculo transcurría como de costumbre. El público empezó a silbar y patear, recordando al artista su promesa. El se les encaró. Pasó revista con la mirada y el índice al graderío en silencio, y les dijo:
—Todos estáis pensando lo mismo: comprar barato y vender caro.
El teatro se vino abajo, concluye el santo.» [3]
Pues eso. A cortísimo plazo, mi método de evaluación cremato-lingüística creará un reflejo condicionado («sonó el euro en el plato, a vascongarse tocan»); el euscaldumberri salivará cual perro de Pavlov, y vascuence llamará a vascuence. Sin esa perpectiva de la lengua como realmente ‘propia’ y auténtico ‘patrimonio común’ estimable en dinero contante, de aquí a 30 o 50 años el problema —si es que es  problema— seguirá igual que hoy, o peor. Si en cambio se hace lo que propongo, hasta sería posible que para entonces el vascuence se haya integrado en las neuronas límbicas de nuestra subespecie vascongada, como un virus, y ya ni haga falta el reflejo condicionado.


Donde la Ley atropella la legalidad
Este método de persuasión tiene además una virtud nada despreciable: es perfectamente legal y legítimo. No como lo de ahora. Prometí demostrar esto último y voy a intentarlo, sin alargarme repitiendo lo ya escrito en otros artículos. Tampoco me pago de original, ya que a falta de conocimientos jurídicos he de acogerme a la letra y al sentido común.
¿Qué título colorado exhiben las autoridades vascas y los grupos de presión patriótica para justificar su pretensión? ¿Cuándo, cómo, y en qué medida la sociedad vasca ha expresado en forma legítima e irrevocable su decisión de euscaldunizarse?
En 1980 el Gobierno Vasco promulgó la ‘Ley del Euskera’. Más exactamente, ‘Ley de normalización del uso del euskera’. La traducción al batúa [4] es horrorosa: ‘Euskeraren Erabilpena Arauzkotzesko Oinarrizko’ Legea (sic, con Legea fuera de las comillas) —algo así como Ley ‘de base para regular el manejo del vascuence’.
Dicha ley nuestra es muy diferente de la equivalente navarra. Esta ‘Ley Foral del Vascuence’ (1986) tuvo la coherencia de reconocer un mapa lingüístico real, estableciendo una zonación lingüística: zonas vascófona, no vascófona y mixta. Ello le ha merecido el rechazo frontal del abertzalismo. Por el contrario, nuestra ‘Ley del Euskera’ hizo tabla rasa de esa realidad, a beneficio sobre todo de los guipuzcoanos, que con mucha ventaja coparon las amplias áreas del castellano.
El Preámbulo de esta Ley contiene una serie de afirmaciones que no se ajustan a la verdad. De entrada:
«La Constitución y el Estatuto de Autonomía confían a los poderes públicos de la C.A.V. la adopción de las medidas encaminadas a asegurar el desarrollo y la normalización del uso del euskera.»
Mentira. En la Constitución, la palabra ‘normalización’ ni siquiera existe. El Preámbulo de la misma sí habla de «proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de... sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones». Pero la Carta Magna nada dice de que esa defensa se confíe o encomiende a los poderes públicos de la C.A.V.
La misma Constitución en su Art. 3. 3. dice:
«La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.»
‘Modalidades lingüísticas’, en su conjunto. Yo diría incluso que ese texto excluye la suplantación de los dialectos eusquéricos por la lengua unificada o batúa artificial, porque eso va en contra de la riqueza modal lingüística.
Y ojo al Art. 148:
«Las Comunidades Autónomas podrá asumir competencias en las siguientes materias:
17ª: El fomento de la cultura, de la investigación y, en su caso, de la enseñanza de la lengua de la Comunidad Autónoma.»
Esa es toda la competencia lingüística transferible, según la Constitución: la enseñanza de la lengua, digamos, propia. Nada de lo que implica el Preámbulo pretencioso e ideológico de la ‘Oinarrizko Legea’. Sólo la enseñanza de la lengua; lo que tampoco es lo mismo que controlar el uso de la misma. Y una enseñanza que, por pura lógica, sea respetuosa de los hechos y derechos lingüísticos, en una comunidad con mapa lingüístico complejo (vasco, castellano, mixto). Así lo entiende la Ley Foral Navarra del Euskera, justo lo contrario de la euscaldunización/normalización salvaje de la C.A.V.
Y sigue explayándose nuestra dichosa Ley:
«Se trata de reconocer al euskera como el signo más visible y objetivo de identidad de nuestra Comunidad y un instrumento de integración plena del individuo en ella a través de su conocimiento y uso
¡Pero de dónde ha sacado el legislador autonómico tamaños despropósitos! Si lo primero era falso, ahora esto de atribuir a la Constitución y al Estatuto esa  intencionalidad, ese reconocimient identitario, esa virtud de ‘integración plena’ del individuo en la Comunidad Vasca... ¡Hasta ahí podíamos! O sea que quien no sabe vascuence, o sabiéndolo no lo usa, no está plenamente integrado, es una especie de meteco o ciudadano marginal... Pues dale que dale, en pleno delirio ideológico, impropio de la ecuanimidad legislativa:
«Reconocida la lengua como elemento integrador de todos los ciudadanos del País Vasco» etc.
Trampa. En el País Vasco coexisten dos lenguas, no una; y buena parte del mismo País no es euscalduna desde hace generaciones, incluso siglos, donde alguna vez lo fue. Y digo trampa, porque aunque este párrafo habla del «derecho a expresarse en cualquiera de las dos lenguas oficiales», a renglón seguido se centra en
«la garantía de la defensa de nuestra lengua como parte de un patrimonio cultural, del que el Pueblo Vasco es depositario.»
¡Vaya! Hemos saltado del País Vasco y su ciudadanía al ‘Pueblo Vasco’, depositario de ‘nuestra lengua’: el eusquera, obviamente. Imparable, el ligislador deriva hacia la asimilación lingüística y a la integración plena de la ciudadanía en un Pueblo Vasco euscalduna.
¿Cómo es que nos han colado todo este alijo de matute?  Díganlo los pasteleos entre políticos. «Reconocida la lengua como elemento integrador de todos». ¿Reconocida por quién y dónde? ¿Ha habido algún referéndum, algún sondeo al respecto? Sólo el compadreo político y el desparpajo de unos ‘recolectores de nueces’ explica que textos legales de esta laya pasen así como así, ante una sociedad amedrentada por el terror de ‘los que sacudían el árbol’. No es de extrañar que, en el XXX aniversario de la ley, Íñigo Urkullu la declaraba (Julio, 1212)
«uno de los pilares ‘básicos’ [sic] de la convivencia y de la ‘construcción nacional’ de Euskadi en los últimos 30 años... Mucho más que una simple ley: es un acuerdo político y social, que refleja un modelo de convivencia.»

Sorprendente. En lo de ‘acuerdo político’, no entro, porque ya he salido. Lo del ‘acuerdo social’, dígasenos dónde y cómo se expresó. La expresión «mucho más que un simple ley» está reconociendo una decisión política de tan gran calado, que no se entiende (o se entiende demasiado) por qué jamás se ha sometido a referéndum en toda regla.
Comparando los magros textos de la Constitución y el Estatuto relativos a la cuestión lingüística, el gran salto adelante que implica la Ley del Euskera y su posterior  regulación práctica ha sido una transgresión y prevaricación, con absoluto desprecio a la legitimidad y al supuesto acuerdo social que preconiza.
Lo demuestra el atribuir a la Ley el carácter de ‘pilar básico de la construcción nacional’ —expresión original de la izquierda patriótica—, ya que en ningún momento el Parlamento Vasco ha podido recibir de nadie mandato alguno de tal naturaleza. Y lo confirma la alusión cínica a los efectos benéficos en la convivencia ciudadana, cuando esa Ley ha sido todo lo contrario, un botón de fuego a la convivencia. A menos que se entienda como ‘consenso’ el silencio de los corderos, y el ‘modelo de convivencia’ aquí sea el trágala de los menos impuesto a la mayoría.
Lo corrobora aún más el que, promulgada la Ley del Euskera, la política en torno a la  lengua se ha señalado por el maximalismo y el apremio, unidos a la opacidad en cuanto a los costos materiales de la aventura.
Para terminar. El Estatuto Vasco de Autonomía —éste sí (a diferencia de la Ley del Euskera) aprobado en referéndum, según B.O.E. de 9 de noviembre 1979—, en comparación con la Constitución, es naturalmente más explícito y más generoso en lo nuestro. Aun así, nada que ver con la desaforada Ley de Base para el uso del Eusquera, amplificada luego a mansalva a golpe de decretos [5].
_______________________
[1] Sobre todo en el sentido de Edward O. Wilson, Sociobiology: The New Synthesis (1975). Hay traducción española.
[2] Como digo, en mi currículo no figura dicha ciencia. El programa de mi tiempo sólo incluía un curso de Psicología experimental, que estudiábamos por el texto híbrido de La Vaissière y Palmés, dos autores jesuitas (desde 1924). El padre Fernando Mª Palmés,  pionero de esta ciencia en España, por su cuenta publicó un texto notable, Psicología (Barcelona, 1928) aprobado como ‘edición oficial’ en el plan de la Dictadura de Primo de Rivera. Allí dedicó amplio espacio a la ‘Psicología diferencial’ (según W. Stern, 1911), especialidad precursora de la Psicología social.
Debo decir que la Psicología experimental me gustó mucho más que su homóloga filosófica-escolástica, no porque el dato en sí interese a nadie, sino por el impacto de lo positivo, material y concreto. Cuestión de mentalidad, deformación de biólogo, tal vez.

[3] San Agustín, Sobre la Trinidad, 13, 3. La  historieta es muy citada en libros de economía, por el principio del histrión, comprar barato y vender caro’ (vili vultis emere et care vendere).
[4] No es lapsus. La redacción castellana es a todas luces el original. Y eso ocurre no sólo en esta ley, ni muchísimo menos. Yo diría que aquí lo normal ha sido pensar los textos legales en castellano, y luego pasarlos a expertos puristas que los pongan en batúa tan rebuscado como incomprensible. La obligación de publicar dichos textos a dos columnas ha sido acertada, y no sólo por respeto a la cooficialidad lingüística, sino por sentido práctico.
       [5] Cfr. Art. 6; cap. 3 (‘De la Administración de Justicia’), Art. 35, 1. y 3. En cuanto al Título I (‘Competencias del País Vasco’), el Art. 10 define taxativamente las materias en que esta comunidad autónoma las tiene exclusivas, sin perjuicio de determinados textos de la Constitución (¡pues faltaría más!). Aquí es donde el Parlamento y Gobierno vasco puede fijar normas para su funcionariado propio, concretamente en cuanto al conocimiento de la lengua vasca. El Art. 16. se refiere a la enseñanza, siempre sin perjuicio de otras disposiciones de rango superior. Tan sólo una vez se menciona la ‘lengua propia’, y en ningún caso la expresión ‘lengua vehicular’ o similares.



viernes, 31 de mayo de 2013

‘Udaltop’: edilicias topaketas (y 2)

Euskosusurros


«Una noche fría, muy fría, un grupo de puercoespines se apiñaban para darse calor. 
Ahora bien, si lo del calor funcionaba, en cambio sus espinas les hacían el contacto insufrible, pinchándose unos a otros. De modo que se separaron,  y separados sintieron frío.
Vuelven  a apiñarse y, en consecuencia, a pincharse.
Así aquella masa animal se contraía y dilataba rítmicamente, por efecto del frío y del contacto molesto.
Hasta que aquel conjunto palpitante alcanzó un equilibrio: una distancia crítica satisfactoria entre individuos.
Sólo así pudieron descansar y, lo que era más importante, sobrevivir hasta el día siguiente.

Moraleja:
Fue una solución de compromiso, no por empírica menos ‘racional’: algo menos de calor que apretujados, pero con el beneficio de no herirse unos a otros.
Por añadidura, la cultura puercoespinesca había ganado un concepto inédito: lo que en lo sucesivo  se entendió por ‘distancia de cortesía’, integrada a perpetuidad en las normas de  ‘Convivencia’ de la especie.»

Cuando leí por vez primera este (supuesto) apólogo alemán, en la Sociobiología de Wilson (1975, pág. 257) [1], no se me ocurrió pensar que el grupo de ateridos animalejos pudiera beneficiarse de algún espontáneo ‘susurrador de puercoespines’, que les soplara con suavidad la solución correcta. Se habrían ahorrado pinchazos y malos humores.
Además, qué más da. Mejor no correr el riesgo de un susurrador imaginativo, sugiriendo (por ejemplo) ponerse a bailar todos a lo suelto un zapateado frenético para entrar en calor. O peor aún: que dos de cada tres puercoespines se arrancaran sus púas para calentar mejor al otro tercio sin causarles enojo.

La V Topaqueta


       El pasado día 13 me ocupé de Udaltop, esa genialidad del Ayuntamiento de Lasarte-Orio, para ir ‘normalizando’ el vascuence en la zona a base de topaketas anuales.
Este año iban por la quinta edición. La V  Topaketa (abril 25/26) versaba sobre “¿Cómo activar a los paisanos para platicar con el ayuntamiento en vascuence? ¿Qué y cómo hacer, para que nos veamos en vascuence?” [2]
«Vernos y hacernos ver en euskera»: otro hallazgo expresivo complementario del «vivir en euskera».
Este año han sido en total 11 ponencias –todas en vascuence, menos una en catalán, doblada al batúa; ni una concesión al castellano–, con 17 ponentes ante un público como de 70-80 personas. 

Abrió la topaketa el Dr. en Psicología social y Prof. de la UPV Eduardo Apodaka Ostaicoechea, con la ponencia “Activación para hablar en euskera: algunas ideas desde la Psicología Social”.
El texto escrito, mayormente teórico y revestido del empaque que suele envolver las obviedades y rudimentos, para mejor inteligencia del público fue traducido por su autor a un vascuence más coloquial y atractivo, hay que reconocerlo. Atractivo, dicho sea con toda la ironía necesaria, tratándose de tema tan sórdido como es la manipulación social de la mayoría ciudadana por una franca minoría, para que cambie sus hábitos lingüísticos en el sentido fijado por la Administración Vasca, bajo el eufemismo de ‘normalización’ y eso de ‘vivir en euskera’.  

       ‘Activación’: otro eufemismo, para designar una manipulación impresentable. Y en reconocer esa ecuación, esa sinonimia, el psicosociólogo no se corta un pelo.
En ese supuesto, no era de esperar del ponente ni un asomo de crítica o de llamada a la honestidad. No le pagaban para eso. Su única crítica fue para las técnicas ineficaces y las prácticas contraproducentes. Es sabido que al funcionario municipal se le exige un vascuence de alto nivel. Lo cual no quiere decir que deba hacer alarde del mismo a través de la ventanilla, apabullando al  ciudadano que sólo chapurrea. Pues eso.

Más curiosas y de alcance fueron sus declaraciones en entrevista para la prensa.

P. «Concienciar, sensibilizar, motivar… ¿‘Activar’, es más de lo mismo?»
R. «Si ‘concienciarse’ es adquirir un conocimiento y ‘sensibilizarse’ adquirir sentimientos positivos, cuando hablamos de ‘activar’ decimos que, además, actuará de una manera determinada

¡Caray, profesor, eso suena un poco fuerte!
En efecto, él mismo es consciente de ello, sabe que lo sabemos y que estamos sensibilizados, aunque no sea positivamente. Por eso él mismo se cura en salud:

R. «Yo, de todas maneras, empecé mi intervención poniendo un poco en tela de juicio el concepto de activación [¡!], porque, para que un cambio de comportamiento sea durable, es el sujeto –la gente, en definitiva– quien tiene que tener el protagonismo.»

Pues menudo susto que nos ha dado, a lo que se ve, para nada.

P. «Mientras eso no se produzca, ¿seguiremos dando vueltas y más vueltas a la paradójica relación entre conocimiento del euskera y su uso?
R. «Claro, esa es la claveSuponemos, y es mucho suponer, que las actitudes hacia el euskera y su uso son favorables, pero luego hay un abismo entre los resultados de esos estudios y el uso real… »

O sea, que sin la bendita ‘activación’ no hay nada que hacer. En las encuestas, la gente tiende a lo políticamente correcto, y luego va y hace lo que le da la gana. La Administración ya tiene sus estadísticas para la galería, y como instrumento de presión. Si encima se las cree es problema suyo. La realidad social va por otro lado. A menos, claro, que intervengan los ‘activadores’ sociales –cobrando, por supuesto–, según los modelos que plantea Apodaka. Si la cosa funciona, la ciudadanía tomará el relevo y –esto ya gratis, sin dinero de por medio– y se convertirá en protagonista de su propio sacrificio altruista. A esto le llamaban los místicos ‘conversión’. ¿Estaremos hablando de mística?
Maleducado de mí, he interrumpido a don Eduardo. ¿Decía…?

R. «Decía que el problema en Ciencias sociales es que siempre hay un gran salto entre la sensibilización y la concienciación, y la práctica.»

 Ante tan hondo pensamiento, impávida la entrevistadora insiste en el caso concreto del euskera. De nuevo Perogrullo inspirando al interpelado:

R. «Hay que abordar otros aspectos como, por ejemplo, las competencias lingüísticas… »

Dicho en román paladino: los euscaldumberris prefieren hablar en castellano porque no se fían mucho de su batúa, y hacen bien, porque casi siempre aciertan, y aun suelen ser muy optimistas.  
Un profesor, un científico serio, debería sentir piedad por esa pobre gente, y no torturarla con experimentos de ‘activación’ inhumanos. Pero ¡quiá!, en Udaltop lo que se pide son resultados.  Así, tras reconocer Apodaka que las encuestan mienten, él mismo como que hace otro tanto y halaga a los patronos:

P. «¿Sugiere eso que muchos diagnósticos y políticas se basan en verdades a medias?
R. «O que se ha hecho un trabajo social de adaptación al entorno. Hay un estado general favorable al uso del euskera, y luego hay una pragmática (sic) y una serie de normas tácitas sobre el uso, que distan mucho de apoyarlo.»

Como no se refiera don Eduardo a una conspiración generalizada contra el uso del vascuence, de verdad que no le entiendo muy bien. Pasemos por alto esa ‘pragmática’ (que debe de ser ‘práctica’ o ‘praxis’, supongo), ¿a qué normas tácitas se refiere? Tal vez a ésas del tipo, «donde haya dos o tres reunidos en nombre del euskera, en llegando un castellano hablante se pasará al  castellano».  Si es así –y excluída la supuesta conjura anti eusquérica–, será cuestión de averguar, a quien le importe, el sentido de esas ‘normas’: cortesía, conveniencia, o incluso comodidad de quienes dejan con alivio una conversación algo larga en eusquera, que también ocurre.  
Pero más me sorprende la afirmación, «hay un estado general favorable al uso del euskera». ¿De veras? ¿Cómo lo sabe? A ver si también el sociólogo se cree sus encuestas…
No, claro que no:

R. –«A veces nos hemos engañado con la idea de que había un consenso general, pero yo creo que nunca ha existido un consenso sobre lo que se quería hacer…»

A punto de romper en un aplauso, lo que sigo leyendo me deja perplejo:

R. –« … Más bien ha habido un consenso sobre dónde se quería dejar el tema de la lengua, y de dónde se quería sacar. »

¡Consenso! Como ya toqué eso del consenso o ‘asenso taciturno’ en los inicios de este blog, allá me remito. No se confundan los consensos y trapicheos entre políticos y el consenso ciudadano sobre un tema tan sensible como la modificación del mapa lingüístico y la euscaldunización forzosa de toda una generación (que se dice pronto), sin un referéndum ni consulta al respecto.

El resto de la entrevista es un sí,  pero no, una ensaladilla de sensatez y cinismo, en torno al euskera. Se reconoce la realidad de

«diferentes grupos y posiciones de interés…, y que se expresen también las posiciones absolutamente contrarias a su extensión»
«La gente está implicada de forma muy integral en el uso de la lengua [de la propia, se entiende], por lo que modificar sus costumbres en esa materia es modificar a las personas y construir nuevas identidades»
«Durante un tiempo, el fundamento de esa identidad ha sido la identidad nacional, la construcción de un sujeto nacional vasco individualizado. Se iba a la contra, era una reacción a la homogeneización nacional española que se había construido mediante la escuela y otras instituciones. Pero esos modelos yo creo que van cediendo… »

¿Libertad lingüística, por fin? Y naranjas de la China:

P. «Hay que buscar nuevos caminos y nuevas perspectivas para avanzar en la normalización del euskera. »

R. «Creo que de eso somos todos conscientes. Hemos pasado de una fase en la que imperaba un modelo de intervención social clásico… Ahora vemos que… el cambio social es un cambio de las personas.  Tiene que ser asumido por ellas mismas, y ‘asumido’ quiere decir que tienen que ser las protagonistas.»

Mi gozo en un pozo, maestro. ¿Algún alivio siquiera? Sí:

R. «Reivindico para la lengua [vasca] que se creen ambientes confortables para cambiar actitudes».

Porque cambiar, eso de todas todas. Y puesto que el cambio está decidido de arriba abajo y no es negociable, que a lo menos ese cambio, la euscaldunización, la imposición y el trágala para la construcción nacional nos sea leve, en espacios confortables, donde los implantes de masa encefálica programada nos activen las áreas placenteras, y disfrutemos en nuestra nueva identidad.



       Idílico y etílico
Coincidencia, hoy mismo nos hablaba la prensa de uno de esos espacios idílicos de reencuentro en el implante ancestral. El Ibillaldi de este año –esa fiesta del euskera para el euskera– se ha celebrado este año en Portugalete. 
Precisamente ‘Portugalete, «donde el vascuence fenece» (Garibay, siglo XVI). Un espacio confortable para miles de euskaltzales (amantes del vascuence), bajo el lema bíblico, «Aldapa leunduz», ‘Suavizando la cuesta’: 

       «Todo valle se terraplenará,
todo monte y cuesta se suavizará,
los caminos sinuosos se enderezarán,
y los vericuetos se allanarán» (Isaías, 40: 4)

Un paisaje confortable para «vivir en euskera» y para «dejarse ver en euskera». Aunque también para dormir la mona en euskera la turba de borrachuelos. Más de 30 casos de coma etílico advertía el Ayuntamiento, contando sólo los atendidos por la DYA. «Morir en euskera», no por esta vez, a Dios gracias.

–¿Y qué culpa tiene de eso el vascuence?
–Ninguna. Ha sido toda del alcohol. Como lo de aquel simplón del barrio bilbaino de La Peña, que habiendo hecho un estropicio con ácido se disculpaba:
Yo n’ha sío, ha sío al ásio.

Hizo gracia y le absolvieron. O sin ir tan lejos en el tiempo, como el otro simple que comentaba ayer la noticia en El Correo:

«¿Pero a dónde vamos a llegar?  31 comas etilicos, de más de 100.000 personas...  El porcentaje suele ser mas alto en Pozas un día de partido, por poner un ejemplo. ¿De verdad os parece tan grave, que sale a 3 de cada 10.000? ¿No estaremos exagerando un poquito con todo esto?...  He estado en la feria de Sevilla y Cordoba,  y alli los españoles de sobrios , silenciosos y respetuosos nada de nada. Y aqui el castellano parlante tampoco es mejor o peor que el euskaldun. .. A ver dime una sola fiesta donde no se haga lo mismo. .. Yo estuve todo el dia en los 4 gunes y si que vi chavales pasados, pero no eran la mayoria como quereis hacer creer.» (Ayer, 11:37 AM)
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       [1] Hay trad. españ. Edward O. Wilson, Sociobiología. Omega, 1980.
[2] “Nola aktibatu herritarrak udalarekin euskaraz jarduteko? Zer eta nola egin, euskaraz ikus gaitzaten?” ) 
No se fien mucho de este traductor. Fíense aún menos de los traductores automáticos de euskera. Por ejemplo:

Trad. automática:
1. Google multilingüe:
Cómo permitir que los ciudadanos actúen de? Lo que hay que hacer y cómo hacerlo, vea en nosotros?
2. Opentrad gratuito:
La activación de este objetivo se con el Ayuntamiento para adquirir competencias en euskera? ¿Qué y cómo hacer para hacer nos visibles en euskera?





viernes, 17 de mayo de 2013

Nobel fáustico (y 3)


Clonación humana


Audax omnia perpeti
Gens humana ruit per vetitum nefas  
  

En octubre del año pasado,  abrí una miniserie titulada ‘Nobel fáustico’, sobre el tema de la clonación por trasplante nuclear, a propósito del tardío premio Nobel al pionero John B. Gurdon.
Y tan mini. La miniserie se me quedó colgada en su capítulo 2, como anunciando un 3 que no escribí, donde pensaba explicar el adjetivo ‘fáustico’, aplicado a este tipo de experimentos. Posteriormente volví a tocar el tema, a propósito de un experimento mental de santo Tomás de Aquino sobre clonación humana por tejido corporal no sexual de individuo adulto, y su consecuencia teológica sorprendente: tales clones no heredan el pecado original.

Estos días es noticia otra première: la clonación humana aplicada a la obtención de células embrionarias de eventual utilidad  médica [1].
Desde luego, nada de clonar individuos humanos, ni siquiera fetos. De momento, todo muy  primario, sólo blástulas con su blastocisto o primera masa celular embrionaria, como semillero de células diferenciables en distintas estirpes prometedoras: células β de páncreas, productoras de insulina; diferentes tipos de células sanguíneas de reemplazo; células de miocardio para parchear necrosis por infarto; hepatocitos (las células principales del hígado), como sustituto ‘seguro’ del azaroso trasplante; neuronas, tal vez como recambios en dominio tan complejo como es el sistema nervioso, suponiendo que funcionen como se desea… El equipo investigador que acaba de publicar su hallazgo ni se plantea la producción más o menos seriada de individuos humanos.
Ahora bien, la clonación humana se conoce desde siempre como cosa natural, aunque accidental. Los clones espontáneos se llaman gemelos idénticos o uniovulares (no simples mellizos), y como norma no pasan de dos. Pero ahí tenemos el caso del armadillo (Dasypus novemcinctus,  D. hybridus), cuya hembra tiene de un mismo ovocito fecundado cuatro crías gemelas idénticas (poliembrionía).
¿Qué llama entonces la atención en un experimento  que, hoy por hoy, es sólo un torpe remedo de la naturaleza? 

Bromeando diríamos que el haber tardado tanto. Y aun hay quien culpa al presidente Bush Jr., por su veto timorato a la investigación en células troncales embrionarias. Lo cual no tiene mucho fuste, pues eso fue en 2006 y no todos los laboratorios del mundo, ni  siquiera todos los de aquel país, carburan con dinero federal norteamericano.
Ahora en serio. La reproducción humana es complicadilla y guarda muchos secretos. La investigación por tanteo y por ensayo y error no es la más productiva, aparte de ser la menos elegante. ¿Qué morbo tiene, entonces, esta carrera de obstáculos hacia la clonación artificial humana?
Yo diría que lo fáustico. El genio romántico de Goethe se apoderó de la leyenda de un tal Dr. Johan Faust (h. 1480-1540), nigromante que pacta con el Demonio para su propio mal, transformándola en mito filosófico bello, aunque un tanto atravesado. Por de pronto, su Dr. Fausto se llama Enrique, ávido de ciencia trascendental o mística, a lo que el diablo Mefistófeles, su antagonista, sólo aporta cinismo y maestría en el celestineo.
Pero aunque haya sido el héroe trágico de Goethe (1806)–y antes, de Marlowe (1604)– el que dio pie a hablar de lo fáustico, la idea en sí es de siempre. La Biblia y la Mitología recogieron nombres de audaces descubridores e inventores que cambiaron la vida de la humanidad, no sin daño:  los ingeniosos descendientes de Caín –a los hijos de Set les dio más por la Teología («Enós fue el primero que invocó a Dios por su nombre, Yahweh» (Génesis, 4: 26)–; Noé, el primer gran arquitecto naval y gran catador de vinos… Pero sobre todo, los arquitectos de la Torre de Babel.
El patriarca Noé, en lo naval, no puso mucho de lo suyo. El proyecto y hasta los planos con sus medidas se los pasó el Señor; por cierto, antes de la experiencia vitivinícola, que esa sí fue suya, y fáustica en la resaca.
La empresa babélica fue auténticamente fáustica, por la audacia y por la tragedia que como sombra inevitable sigue a aquélla. Un instinto nos dice que hay saberes prohibidos, inventos que jamás se debieran realizar. «Traernos Prometeo el uso del fuego, y volvernos pantufleros  enclenques, todo fue uno», viene a decirnos Horacio. Pero leamos la segunda mitad de su oda, donde ironiza sobre los inconvenientes del progreso:

En vano un dios prudente
puso entre tierras mar infranqueable,
si al fin naves impías
por senderos vedados la vadean.
Atrevida con todo,
la humanidad se arroja a lo prohibido.
El audaz Prometeo
del cielo el  fuego con astucia roba,
y con él los achaques
nos trajo y la cohorte de dolencias
que aceleran el paso
hacia la Muerte, que antes  era lento.
Prueba el vacío Dédalo,
y con alas no dadas al humano
el aire fuerza, como
Hércules el infierno en su trabajo.
Nada nos es difícil:
ahora nuestra locura atenta al cielo,
así el airado Jove
no dé, por nuestra culpa, paz al rayo [2].


Lo fáustico pasa por una etapa imitativa de lo natural, para luego tomar la iniciativa y crear lo que la naturaleza tal vez produce, pero no ha seleccionado. Porque, en su ceguera estadística y probabilística, eso no toca, no funciona.
Ahí está el problema y el peligro de jugar con fuego, cuando los no ciegos del todo, pero estadísticamente cecucientes y poco informados, aventuramos una partida. Si tuviésemos información bastante, si nuestra tabla de contingencias fuese completa… ¡Ah!, pero en ese caso seríamos ‘como Dios’. Y Di0s no existe, en el sentido de que ese hipotético Crupier ausente deja jugar, y jugar, y jugar, así salte el mundo.
Eso que la Biblia llama ‘el Dios escondido’, para los ateos tiene otro nombre: desinformación. Dios –lo que va quedando de Él es lo que todavía ignoramos. Nuestra Ciencia está en mantillas, y el linaje de Jápeto será todo lo audaz que quiera, pero es todavía un cegato a rastras de su palo.

La dimensión ético-estética de lo fáustico
No se trata (sólo) de moral, aunque también. Porque la normativa ética no la creamos nosotros, nos viene dada por una ‘selección cultural’. Llena de prejuicios y otro lastre, pero con dos virtudes muy de tener en cuenta: 

1) Se formó y evolucionó en una humanidad más en estado de naturaleza que la nuestra.
2) En muchos ámbitos ha funcionado. No a la perfección, pero ha funcionado. Y los que proponen cambiarla no siempre conocen los pros y contras.

A mí me gusta la sopa caliente y la calefacción en invierno. Pero debo reconocer que el confort excesivo me vuelve catarroso y más propenso a la neumonía. Tal vez haya unos parámetros térmicos que no me conviene traspasar. 
La clonación humana  estaba cantada. Algunos hasta pretenden haberla logrado hace años. Cuestión de paciencia y también  golpe de suerte. Esta vez ha sido un golpe de cafeína. No sé si golpe de diseño, o de ‘sonó la flauta’. La histología del sistema nervioso, que llevó a nuestro Ramón y Cajal al premio Nobel (1906) –injustamente compartido con un  pobre Golgi, que ni supo bien de qué iba el invento de la neurona–, sabe mucho de esos ‘toques’ empíricos, esos ‘secretos’, esos ‘trucos’. Por algo Cajal sabía también mucho de fotografía, de la de entonces.
Lo que queda por hacer en esta línea (y seguramente se hará, si es que no se ha hecho ya de forma clandestina) –la clonación de individuos humanos– jamás debería ser una carrera hacia la meta de la prioridad, la patente, la ganacia y la satisfacción de necesidades ficticias. Traspasa la frontera de la ética y de la selección cultural. Por eso,  la carga de la prueba de sus bondades tiene que pesar muy en serio sobre los hombros de los trasgresores.
Si un día ha de ser –y no hablo de partenogénesis inducida–, creo que me agradaría más una vía a lo Santo Tomás en su experimento imaginario: dejarse de óvulos naturales e ingeniarlos sintéticos. Bandearse con una bioscopia de glúteo, por ejemplo, todo células somáticas, nada de sexo. ¿Por qué? No lo sé, algo estético, más que racional. ¡Ah!, y el vientre materno sólo  para los casos de clonación filial o adoptiva. Para las clonaciones industriales, con destino a la militancia en partidos políticos, así como para la clase de tropa ciudadana identitaria, mejor incubadoras también industriales. A lo Aldous Huxley en Brave New World (Un mundo feliz, 1932). El feto y la gestante dialogan mucho, y eso sofistica una operación donde todos los individuos de cada serie deben venir al mundo limpios, «como la calva del viejo», que decía el otroquasi tabula rasa, in qua nihil est descriptum. 

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       [1] Masahito Tachibana et al., ‘Human Embryonic Stem Cells Derived by Somatic Cell Nuclear Transfer’. Cell, 153 (2013): 1-11; 6 de junio 2013.
       [2] Horacio, Odas, 1, 3, vv. 21-40:

Nequicquam deus abscidit
prudens Oceano dissociabili
terras, si tamen impiae
non tangenda rates transiliunt vada.
Audax omnia perpeti
gens humana ruit per vetitum nefas.
Audax Japeti genus
ignem fraude mala gentibus intulit.
Post ignem, aetheria domo
subductum, macies et nova febrium
terris incubuit cohors;
semotique prius tarda necessitas
Leti corripuit gradum.
Expertus vacuum Daedalus aera
pennis non homini datis,
perrupit Acheronta Herculeus labor.
Nil mortalibus arduum es.
Coelum ipsum petimus stultitia, neque
per nostrum patimur scelus
iracunda Jovem ponere fulmina.