A mi admirado amigo Benjamingrullo
El domingo 2 de septiembre, como coda de un veraniego Festival de Cine monográfico, ‘Los Malos de Película’, ofrecido en Argos –la bitácora del capitán Santiago González–, abría Benjamingrullo una miniserie de artículos magistrales bajo el lema ‘Los otros malos’, con (hasta ahora) los siguientes títulos:
1. Los otros malos, I (Introducción)
Des sol a sol, a puerta franca, Bg trabaja en su propio taller y oficina de investigación sobre su tema sociológico preferido: ‘Identidad’ [1]. Con especial querencia, aunque no exclusiva, por los modelos identitarios nacionalistas. Un alarde de dialéctica y buena escritura, aunque también descubre su punto débil. Es cuando se refiere a
«la estupidez mimética, que ni siquiera es genuina, sino gregaria porque está fundamentada en el instinto de pertenencia» (‘Los otros malos, I’)
Marco el adjetivo genuina por ambiguo y tal vez contradictorio. Lo gregario no quita lo genuino, en el doble sentido de ‘estupidez genuina’ y ‘estupidez fundada en el instinto de pertenencia’. Genuino nunca se opone a institivo o natural, todo lo contrario.
Pero no me he puesto a disecar tesis que me atraen y en buena parte comparto. ¿Qué digo, comparto? Yo mismo me veo incluido en una afiliación identitaria. El ‘sabio Belosticalle’ –como dicen por chufla algunos amigos– tiene que jugar a tal, con toda la servidumbre y riesgo que comporta la mimesis de ese riguroso gremio sapiencial de la estricta observancia: saber siempre de lo que se habla, callar cuando se ignora, y en brete de necedad jamás abrir el pico y disipar la duda. Justo lo contrario a mi instinto natural y a lo que practico en la vida real, cuando estoy fuera de servicio y de la disciplina del arcano o seudónimo. Una bipolaridad nada cómoda, lo juro, y lo demuestran mis violaciones obstinadas de la regla.
El motivo de mi entrada de hoy es aprovechar que el Pisuerga no pasa por Soria para disfrutar con música concertante en compañía. Los artículo in crescendo de Bg alcanzaron el sábado 8 un clímax esperable con los ‘bodyboinas’, con intervenciones de Jon Juaristi y de Sursum corda!...; las que unidas al autor en sus réplicas, más la voz blanca de Catalina, me dieron pie a esta metáfora lírica:
«La escritura Benjamín Grullo – Sursum Corda – Catalina – Jon Juaristi, una vez leída en sucesión, la releo como voces de una partitura, y es así como le saco más gusto y provecho:
Catalina, soprano
Jon Juaristi, tenor
Sursum corda!, barítono
Benjamingrullo, basso ostinato »
Jon Juaristi, tenor
Sursum corda!, barítono
Benjamingrullo, basso ostinato
A lo que replicó el último aludido: «Don Belosti, lo de Ostinato se lo guardo.»
¿Amenaza velada? Por la que pueda tronar, mejor adelantarme con un rito de apaciguamiento, dejando claro que, en la metáfora musical, lo de ‘bajo obstinado’ no es reproche. Muy al contrario, entre mis piezas preferidas, algunas ocupan lugares de primera gracias al ostinato, y mejor si lo lleva el bajo.
Qué sería la música sin canon e inversión, sin motivos y contramotivos, retornelos, da capos…; y por supuesto, sin ostinatos. Variación en todas sus formas, arquitectura modular: eso es la Música. Quitádselo a Bach y no hay Bach. Las piezas divagantes pronto aburren, donde nada se recuerda ni se anticipa, y que sólo te enteras de que han concluido cuando el director se vuelve al público mendigando la ovación.
¿Por dónde empezamos?
Tras la tocata o fanfarria que hemos escuchado del Orfeo –mucho más eficaz que los tres avisos de timbre para llamar e imponer silencio al auditorio–, teatralizada por Jordi Savalla y su gente, entramos en materia con el Canon de Pachelbel. Esta versión para tres guitarras está muy bien para hacernos idea de lo que es bajo obstinado:
Atrapada la cual, ya no se nos escapa y la seguimos reconociendo en ejecución mas brillante y barroca. A los caballeros, cuidado, no nos distraiga en exceso la bella de la blusa roja:
Chacona, folía, bolero, son sólo algunas de las muchas formas musicales con base en el ostinato. Como ‘La Folía’ por excelencia, de Martín y Coll, aquí otra vez con don Jordi:
Monteverdi de nuevo. Magistral bajo obstinado en Laetatus sum, salmo gradual de las ‘Vísperas de la Virgen’. (Más despacio me gusta más. Lo mismo le pasaba a Ravel con su propio Bolero, cuando lo dirigía Toscanini.):
«La fuerza humana más revolucionaria: el aburrimiento»
Un profe que tuve de Historia del Pensamiento solía decir (sin pretensión de original) que los filósofos nos convencen, más que por filósofos, por pelmas. Tienen una idea, la formulan, le dan vueltas y más vueltas, la repiten, la retocan, la reformulan y otra vez da capo. Así hacen discípulos y hacen escuela, dedicada al culto del maestro y de su tema. Pues bien, la obstinación musical puede cobrar proporciones hasta competir con la filosófica muy dignamente. Es lo que ocurre en la forma llamada punto de órgano.
Aquí propongo que oigamos –alguno quizá por vez primera– a un maestro célebre del siglo XIII en Notre Dame de París, que por algo le llamaron Perotino el Grande. Nótese su obstinación, casi diríamos benjamingrullesca, en este ‘Punto de órgano triple sobre un Aleluya gregoriano’. Verán que, aunque rudimentario y simple, no es lo que se dice la flauta de Bartolo. Adelante, maestro:
Son textos en el Blog de Santiago González. Háganse un favor, vale la pena.
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Mas, como bien ha escrito Benjamingrullo, la flauta de Barto…, perdón, la mayor fuerza revolucionaria –y reaccionaria, podríamos añadirle– es el aburrimiento, también llamado tedio o hastío, fruto de la repetición monótona. De modo que, así como maese Perotinus Magnus con sus tritonos y demás diablejos musicales no es para todas horas, y su tiempo ya pasó, así también los filósofos y sus escuelas languidecen y otras les suceden, gracias a tan paradójico motor del cambio en el pensamiento: el tedio de lo viejo cuando va uncido a la curiosidad por lo nuevo.
No aburro más. Hasta aquí mi modesto obsequio a la diosa Obstinación, la bien aparecida que se me revela en un amigo al que siempre me agrada leer, esta vez en contrapunto. Entre dos muelas cordales nunca metas tus pulgares, aconseja el refrán. Con mayor razón, si son cuatro, y qué cuarteto. Maestro Juaristi en su tesitura habitual, siempre en clave de hechos, la obstinada memoria. Eso sí, el cantus firmus o voz cantante se lo atribuyo por esta vez a Sursum, el barítono. Apreciación subjetiva de biólogo, eso es todo. En cuanto a la dialéctica de Bg, valga para sugerir belleza potente este ‘Basso ostinato’ de R. Shchedrin:
Son textos en el Blog de Santiago González. Háganse un favor, vale la pena.
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[1] Cfr. su propio blog Benjamingrullo.




