viernes, 11 de febrero de 2011

Vascuence maternizado



He aquí una noticia para que rabiemos los enemigos seculares del euskera. El Servicio Vasco de Salud, Osakidetza,  a todos los bebés “nacidos en su red” (sic) les receta gratis un libro-CD con nanas, canciones, juegos infantiles, cuentos y poesías; todo ello en vascuence, y sólo en vascuence.
¿Y qué hace un recién nacido con esa joya en el paritorio? Calma: los papis, por su parte, recibirán material didáctico e instrucciones de uso sobre «la importancia de trabajar las lecturas y canciones en euskera desde el instante mismo del nacimiento del bebé». ¿Entendido ahora?
Al enemigo secular y acérrimo del euskera le viene de inmediato al pensamiento y a la boca una palabra: melonada. Aunque luego lo piensa más a fondo y entiende que, sin dejar de ser en efecto una ‘melonada de libro’ (en el doble sentido de la expresión), entra perfectamente en el esquema de la política lingüística vasca: bilingüismo de pomada, y pasta gansa para euscaldunas y construcción nacional.
¿A quién se le ha ocurrido la parida, dicho en término de paritorio? Busquemos la respuesta en la dirección del cui prodest. El beneficiario inmediato de los dineros que vale la idea –tasada en 147.162 €– es Galtzagorri,  compañía guipuzcoana promotora de literatura infantil y juvenil en euskera.
Nada tiene de malo llamar a la puerta de la Administración ofreciendo ideas a cambio de subvenciones. “Mayor pecado tiene” –es un decir– el responsable de los fondos públicos, si los malgasta. Esta vez, la ocurrencia ha tenido un padrino y madrina en las personas del Consejero de Sanidad y la Consejera de Cultura del Gobierno Vasco. Ellos han presentado lo que llaman algo pomposamente ‘programa’, con el título Bularretik mintzora (‘Del pecho al habla’).
Este título precisamente, gráfico y provocativo, es lo que más nos da dentera a los enemigos seculares acérrimos y viscerales del euskera. Cualquiera entiende que se trata de una inocentada metafórica y hasta si se quiere poética; cualquiera, menos nosotros. A nosotros sencillamente nos parece una tomadura de pelo, sin mayor efecto que encauzar gasto, hacer como que se euscalduniza, pero y sobre todo, hacernos rechinar de dientes a los enemigos seculares acérrimo-viscerales irreducibles de una lengua que, en nuestro odio vatiniano, llamamos ‘vascuence’. Por lo demás, perder el tiempo y el... euskera.
En principio, el regalo es para todos los nacidos “en la red de Osakidetza”. Esta expresión adquiera grafismo especial, cuando venir al mundo en Euskadi es como entrar en una almadraba donde (¡tranquilo, neonato, tranquilo!) no te van a escabechar en sentido literal, aunque sí figurado. Porque sin tú comerlo ni beberlo, te van a marinar en una salsa lingüística, donde «desde el instante mismo de tu nacimiento» te vayas euscaldunizando.
Pero vamos a ver, ¿de veras creen los padrinos del invento que su CD-ROM obra ese milagro?
Doña Blanca Urgell es filóloga vasca, personalidad sin reproche para el nacionalismo, a la que precisamente por eso los socialistas han metido en el gobierno, para que les haga los deberes del euskera. A doña Blanca ya me he referido varias veces, siempre con respeto en la crítica, y con mayor comprensión desde su nombramiento para el cargo. No estoy con ella en casi nada, y menos en fantasías como la presente, o en su apostolado euscalduna transpirenaico, siempre con dinero público. Pero la verdad, tampoco me conviene propasarme, ahora que yo también tengo un par de ideas para venderle, en cuanto se me ponga a tiro. Así que prefiero apuntar hacia el sanitario.
El Dr. Rafael Bengoa es gran persona y médico, saludado como padre, o uno de los padres de Osakidetza. Este Servicio sólo puede interesarnos aquí bajo el aspecto que nos ocupa: el vascuence y la euscaldunización. Las críticas son de dominio público, sobre exigencia de perfil lingüístico, premio excesivo a la lengua sobre la ciencia y praxis médica, oposiciones trucadas etc. etc. No entro en ello.
Eso sí, como visitante de enfermos y como paciente, veo descabellado el montaje seudo euscalduna en espacios donde sólo las paredes y suelos ‘hablan’ la lengua propia, y eventualmente algún megáfono apostrofa en ella a un público sordo, distraído con otras preocupaciones que la de aprenderla o practicarla. Nos pasa a casi todos los enemigos seculares etc. del vascuence, que no alcanzamos a entender que la euscaldunización es una prioridad nacional, incluso con menosprecio a las personas y peligro de las vidas, especialmente en “redes” como la de la salud pública para mayores; y no digamos la red viaria, donde la siniestralidad lingüística es secreto de estado, inaccesible a las estadísticas.
Pues bien, al Dr. Bengoa yo le preguntaría dos cosas: si el medio aplicado tiene alguna eficacia para euscaldunizar al bebé; y segundo, en caso afirmativo, si le parece ético, en los nacidos de padres no euscaldunas, el experimento de suplantarles la lengua materna genuina por un sucedáneo de grabaciones, un ‘vascuence maternizado’. Esta pregunta sobre ética al Dr. Bengoa, médico y a la vez consejero, toca dos ámbitos: el deontológico profesional y el político.
1. No hablo de estética, del mundo sensible asociado a la maternidad y paternidad, al abrirse a la vida y todo eso. Hablo de fisiología del aprendizaje, y pregunto, no si el Dr. Bengoa cree, sino si sabe con base científica cierta que el recién nacido y el bebé cobaya, a la vez que se aficiona al vascuence, todavía discierne lo genuino de lo impostado; si sigue reconociendo y recibiendo la impronta materna natural, o si por el contrario, el trampantojo le engaña. A menos, claro, que esto sea lo que se busca con el experimento.
2a. De ser así, y producirse suplantación de impronta, o peligro de ella, ¿tiene alguna justificación deontológica? ¿algún sentido ‘médico’? ¿para ‘curar’ exactamente qué? A menos, claro, que el castellanismo primario en este país se considere enfermedad o defecto.
2b. En la vertiente política, me pregunto y pregunto al Consejero Dr. Bengoa si estas prácticas de ‘adoctrinamiento’ y ‘aclimatación’ no tienen ellas mismas cierta impronta y parecido con otros experimentos de gobiernos totalitarios, o también de aculturación en épocas pasadas.  ¿Qué derecho tiene una Consejería, un Gobierno, un Estado, a invadir esa área, al parecer crítica, de la intimidad personal-individual indenfensa? ¿Qué ‘beneficio’ cabe esperar, aparte de una asimilación probablemente irreversible? Que, por otra parte, coincidiría con el desiderátum del nacionalismo, algo no muy propio de un gobierno socialista. A menos, claro, que este gobierno mimetice al nacionalismo.

El poder de la imaginación

 El tópico de las improntas o impresiones genésicas es viejísimo y pintoresco. Los antiguos especularon mucho sobre aspectos fisiológicos y psicológicos de la concepción, gestación y crianza, en que las alteraciones maternas modificaban caracteres de la criatura. Dejando de lado los influjos astrales, la postura parental en el coito, las fantasías, emociones, sensaciones, todo podía tener efecto para bien o para mal. El lecho de la gestante se adornaba de imágenes supuestamente hermosas de angelotes, con otras imágenes placenteras o santas. Los antojos maternos, ya se sabe, dejaban marcas indelebles, etc., etc. No tengo aquí a mano los textos de autores renacentistas que, como Montaigne o su primo carnal el jesuita Martín del Río, recogieron ejemplos y reflexiones sobre esas capas misteriosas del yo, la génesis de las señas de identidad.
También la dietética. La leche mamada. Leche materna, leche de nodriza (nutritia). Luego vino la famosa ‘leche maternizada’ –mejor que la materna, según los prospectos de época–. Y ahora que nos reímos de tanta antigualla, ahora nos viene el Dr. Bengoa remedando a los viejos charlatanes, neoplatónicos y neopitagóricos, con el ‘vascuence maternizado’, de la teta a la boca. (Discúlpeme don Rafael la comparación. Sólo porque sé que no le cuadra puedo permitírmela.)
¿Es esto serio? Yo también quiero ceder al poder de la fantasía, imaginando que personas tan sensatas y tan sabias se acomodan a la corriente euscaldunizadora imparable, deseando por otra parte, con toda buena fe, exorcizar el clamoroso fracaso de tanto escolar en eusquera y su lógico rechazo a esa lengua que no es ni será jamás la suya. De ahí esa parodia de ‘maternizar el vascuence’, a ver si por ahí termina cayendo simpático. Y de paso ellos mismos se hacen perdonar por los nacionalistas la ocupación de Ajuria Enea.
Pues de eso nada. Pasen, señoras y caballeros, pasen y lean a la Gran Tarasca Corrupia echando lumbres contra “el Gobierno de López” y su “nueva nacional” (¿?). Así agradece el nacionalismo, por boca de doña Arantza Aurrekoetxea, el esfuerzo de ustedes por euscaldunizarnos  incluso más allá de la ley, que ni en la letra ni en el espíritu prevé la ‘maternización’ del vascuence y la  euscaldunización llevada hasta el puerperio.
“Hacer simpático el euskera”: ¡más Baztarrika no, por caridad!
Muchos como yo, enemigos seculares etc. del vascuence, tuvimos la buena fortuna de venir al mundo en otra “red” natural hoy desaparecida. Me refiero a las zonas de contacto lingüístico en la primera mitad del siglo pasado. De un lado, quedaban muchos vascongados unilingües. Del otro, el aprendizaje ocasional era espontáneo, se oía mucho la jerga mixta (nada que ver con el ‘euskañol’ de hoy), y en todo caso la música del dialecto hablado, y bien hablado, mayormente por gente aldeana conocida, era familiar y muy agradable de oír, incluso para quienes no lo entendían, o apenas.
La aversión al vascuence, como fenómeno social relevante, es cosa de hace poco. La han generado ustedes, los normalizadores, los euscaldunizadores y (yo no lo veré, pero mucho me temo), los oleadores y enterradores del eusquera. Al tiempo, como no rectifiquen.
Para entonces, los enemigos seculares etc. del vascuence ya no tendremos dientes que rechinar contra la estupidez de ustedes, los falsos amigos del eusquera. Una belleza tan delicada, costosa e inútil no se cuida así.
A menos, claro, que el objetivo sea usarla como arma política de dominio totalitario; en cuyo caso no se entiende qué pintan ustedes haciendo ese juego. A menos, claro, que…



jueves, 3 de febrero de 2011

La cópula de ETA



No; no es juego de palabras, no voy a incidir en salacidad impropia de mis canas. Alguna vez se ha bromeado sobre ‘cópulas etarras’, dado que la banda recluta a criaturas de ambos sexos (y aunque fuesen del mismo), con sus instintos y lo que pueda quedarles de afecto humano.
Pues no, no voy por ahí. Me refiero exclusivamente a la cópula gramatical o conjunción copulativa vasca, representada por la T en el acrónimo de ETA: Euskadi Ta Askatasuna (‘Euskadi Y Libertad’).

Uno de los fenómenos más notables en la neo parla batúa es la impresión que causa al foráneo, como que el vasco parlante en cuanto abre la boca se pone a hablar de ETA y no para.
– Oigo hablar en vuestra lengua propia, y no falla: todo el tiempo, ETA por aquí, ETA por allá, y a veces a pares: ‘ETA… ETA…’ ¿Es que los vascos no tenéis otro tema de conversación?
Explicamos al foráneo que, en efecto, a veces toca hablar de la ETA; pero mucho más a menudo la gente ni piensa en ella. Que eso que tanto le llama la atención, aunque suene igual, no tiene nada que ver. Es la conjunción copulativa eta (equivalente a y), tan necesaria y frecuente en vascuence como en cualquiera otra lengua, sea propia o mostrenca.
Ante esta explicación, el asombro del foráneo lejos de amainar crece hasta proporciones de pasmo:
– ¿Cómo es, entonces, que la sigla de ETA es ETA, y no EEA (Euskadi Eta Askatasuna)?
Hay que seguir explicándole que eso es porque ETA se crea en 1969, cuando la conjunción era todavía ta. Precisamente por entonces los académicos andaban ocupados en cómo iba a quedar el nuevo diccionario, y por lo visto no habían llegado a la letra T. Allí estaba esperándoles la dichosa cópula. Mejor dicho, las diversas formas de cópula.
Porque, en efecto, sin ser el eusquera dialectal un kamasutra copulativo, el hecho es que el instrumento u órgano de acoplamiento entre palabras adopta –adoptaba– varias formas y tamaños: ta, da, eta y alguna otra. Las más usadas eran ta y eta. Para una autoridad como Azkue, la forma primitiva es ta, y eta sería “variante eufónica, detrás de oclusiva”.
Así es –era– en los dialectos occidentales, vizcaíno y guipuzcoano. Sin embargo, los vascos franceses la prefieren larga, eta, y es lo que prevalece en el habla pirenaica. Se da la circunstancia de que la imprenta vasca se estrenó allí, en el Pays Basque, quedando fijada así una forma de cópula ‘a la francesa’. Una forma que no era la más natural, en la idea de Azkue, quien después de todo no dejaba de ser un presbítero, y habría oído aquello de “la forma del misionero”, para describir otro género de cópula sencilla, sin complicaciones.
Paso por alto la especulación etimológica. A los filólogos sagaces la t de (e)ta no se les ha pasado desapercibida en relación con el griego τέ, τα etc., o con el latín et, etiam etc.; pura especulación, como digo. Lo que hay de cierto es que los académicos de Euskaltzaindia se enfrentaron a las formas dialectales disponibles, y se quedaron con eta.
Sería de malpensados maliciar que en dicha opción pesó algo más que el criterio filológico; que, por ejemplo, a los académicos llegaron cartas de extorsión con determinado remite, sugiriéndoles una cópula determinada; o menos aún, que entre ellos o sus asesores hubo nadie que se acordó para nada de que ETA existía. Ellos a lo suyo, en materia de cópulas decidieron que mejor la larga. Eso sí, a hurtadillas autorizaron las variantes de siempre, abreviadas –hablar de formas precox o interrupta parece menos propio–; el monosílabo ta, e incluso da, en determinadas posiciones (a saber, después de ‘lanzarse’, que curiosamente es la palabra mnemotécnica para recordar las consonantes en cuestión).
¿Fue acertada la opción de la Real Academia Vasca? Yo diría que no fue prudente. Desde entonces, el habla de los vascos se colmó de ETAS. O lo que es lo mismo, la relación entre el euskera y esa palabreja es muy, pero que muy anterior a la última y denostada declaración del lendacari López, afirmando que sin ETA el vascuence saldría ganando.
Y vaya que sí. Porque para los etarras fue como tocarles la lotería, una propaganda gratuita a todas horas.
Y eso no es todo. Desde que nació ETA, el número de euscaldumberris no ha cesado de aumentar, por las razones que todos sabemos. Esta buena gente tal vez no domina su nueva lengua propia todo lo que fuera menester, de modo que a cada paso se atascan en vocablos de parada o apoyatura: bueno, vale, esto, mmm…, pero sobre todo, eta. Lo sufrimos a cada paso en ETB; los hablantes premiosos, que en llegando a la cópula vacilan, quedones, alargando el trance de forma exagerada, con puntos suspensivos y hasta con repetición y jadeo: ETA… ETA… ETA… Una obscenidad.

“¿De la Francia, qué te esperabas, pues?”  Ya la Grammaire basque de Pierre Lafitte (pág. 395) daba cuenta del mismo fenómeno copulativo ‘a la francesa’, y le cita el gran Orotariko Euskal Hiztegia (Diccionario General Vasco), en su artículo sobre la conjunción de marras, tomo 7 (Ere-Fa), pág. 552, n. 8; veamos:

8. "Eta a souvent en basque un sens suspensif, il marque l'hésitation, le mot qui ne vient pas, la construction embarrassée, l'ellipse qui précède ou qui suit: a) Hésitation: Errozu eta... ez girela eta... nehundik jiten ahal, dites-lui, heu!.. que nous ne sommes pas... heu! en état de nous y rendre"; etc
  
Sea como fuere, tenemos un problema. Ahora, cuando hay más euscaldunes vivos que los que hubo jamás desde el paleolítico hasta la prohibición del vascuence por ‘decretazo’ del Generalísimo Franco, suenen voces de alarma, porque ese gentío nuevo que sabe eusquera no lo usa en la vida diaria. Se barajan diversas razones, y yo me pregunto si no habría que añadir esta otra: que a muchos tanta ETA-ETA-ETA se les atraganta.
(Por lo demás, aquel Diocleciano del vascuence que fue el Caudillo era un poco despistado. Recuerdo que, allá por lo años 60 del siglo pasado, el servicio público de autobuses Madrid –El Pardo lo cubría la ETA, ‘Empresa de Transportes Automovilísticos’, con terminal en Moncloa.)
Para terminar; con la venia de Euskaltzaindia, he aquí mi modest proposal copulativo: comernos cruda la E de ETA y volver al TA de toda la vida. Más aún, prescindir por completo de ETA, incluso en las posiciones en que antes se usaba, como por ejemplo (y mira tú por dónde), “después de explosiva”. ¿Con que explosiva? Pues razón de más, aunque hablemos de letras, que el diablo las carga.
Recordemos el caso del alfabeto cirílico, cuando la letra ѣ (yat) fue barrida por la Revolución de Octubre. Aquel signo redundante sólo servía para llenar de cruces las páginas de los libros, que parecían devocionarios, y su desaparición supuso un ahorro apreciable de papel. La reforma que aquí propongo ahorrará papel (no tanto), ahorrará sonsonete (de eso mucho), y por supuesto, ahorrará preguntas como las de los foráneos visitantes, por qué los vascos hablamos tanto de ETA.


sábado, 29 de enero de 2011

Euskera Ta Askatasuna (Eusquera Y Libertad)



La respuesta unánime y airada de las fuerzas vivas aberzales a lo que toman por insulto del lendacari a la lengua vasca pone en evidencia la visión patrimonialista del nacionalismo sobre todo aquello que se imagina le pertenece por natural derecho.
De los partidos políticos era esperable, y ni siquiera en un sindicato como STEE-EILA choca tanto. Más curioso es que se escenifique un desplante institucional, conchabándose las tres diputadas de cultura para apostrofar al Gobierno Vasco en la persona de su presidente: “Nos, que cada una de nosotras vale tanto como vos, y todas tres juntas valemos el triplo que vos…”
¿Y qué dijo López para fastidiar a tanta gente? Algún registro tiene que haber, pero por lo que cuenta hoy el testigo Pello Salaburu en El Correo, nadie entre los presentes hizo muestra alguna de haber escuchado nada reprobable. Sólo a posteriori surgen los comentarios que la prensa reproduce, que si dijo tal, que si cual, todo sobre supuestas frases en castellano. Y ahora resulta, según Salaburu, que Patxi López “de hecho habló solo en euskera”. (Aquí echo de menos el viejo acento ortográfico en sólo, ya que el lendacari no habló a solas, sino en público, aunque en vascuence solamente, como cuadraba dirigiéndose a un Consejo Asesor del Euskera.)
Pero vamos, en una lengua o en otra, ¿qué es lo que dijo?  «“El fin de la violencia permitirá que el euskera se una, definitivamente, con la libertad”, vino a decir. No sé si fueron esas las palabras exactas» (P. Salaburu).
El testigo no lo sabe, pero los críticos feroces del día siguiente diríase que estuvieron allí, oyendo y entendiendo lo que Patxi decía, tal vez sin entenderse él mismo del todo, a falta de traductor simultáneo. En suma: en una misma oración gramatical parece que el infortunado asoció las palabras ‘eusquera’ y ‘violencia’.
¿En qué sentido? Se admiten exégesis:
1. Si realmente dijo que la desaparición de la violencia (ETA) “unirá definitivamente el eusquera con la libertad”, lo más lógico es entender que la banda terrorista tiene de algún modo secuestrada la lengua vasca, o bien que la pervierte para sus fines liberticidas. Nada digno de un Demóstenes, pero tampoco para tocar a rebato. Porque, aparte de ser verdad, no es nada probable que, con ETA o sin ETA, la lengua vasca se vea libre de secuestradores y tutores nacionalistas más o menos radicales.
2. Cabe otro sentido igualmente lógico: que si toda la política vasca está de algún modo contaminada y mediatizada por la presencia opresiva de ETA, la política lingüística no ha sido excepción. Cosa que también es cierta, pero que tampoco dejará de serlo porque ETA se vaya, pues los mismos censores de Patxi López vienen monopolizando el eusquera como fulcro para su construcción nacional.
3. Quizá por todo eso, la exégesis del nacionalismo para el discurso de López ha ido por una pretendida conexión entre conceptos, eusquera y violencia. Que es como meter en un morral un hacha y una serpiente vivas. Ese habría sido el ‘insulto’ gravísimo del lendacari al vascuence; y (añade por su cuenta el sindicato) a los vascos. Algo así como “mientras haya ETA, el vascuence es lengua de violentos, lengua de violencia”. Una expresión donde lo único que sobra es el inciso condicional primero: ‘mientras haya ETA’. Porque la verdad, por más que duela, es que con ETA y sin ETA, el eusquera es y será lengua de contradicción y de guerra, mientras haya nacionalismo empeñado en hacerlo patrimonial. 
Hasta Salaburu lo reconoce: “Es evidente que el euskera está más ligado a los sectores nacionalistas que al resto. Y dentro del nacionalismo está aún más ligado a los sectores de la llamada izquierda abertzale”. Vamos, que ellos son los amos, que el eusquera es suyo. Tan suyo, que sólo ellos saben cómo tratarlo y como implantarlo en la sociedad; y quien lo vea de modo diferente insulta al eusquera y a sus propietarios naturales, los vascos nacionalistas, o simplemente los vascos.
Desde la malhadada Ley de Normalización del Euskera –treinta años, una generación, que se dice pronto–, toda la política lingüística ha sido de imposición y trágala, culminando en los desmanes del anterior consejero Tontxu Campos. Con los socialistas como cooperadores necesarios, esa es otra. Antes y ahora, el gobierno de turno insiste en la monserga del imperativo legal, por consenso mayoritario de un parlamento intérprete de una sociedad que un buen día se desperezó deseosa de ser euscaldunizada.
Tanto consenso en una cuestión tan compleja y peliaguda como es el cambio lingüístico, partiendo de un concepto tan borroso y equívoco como es el de ‘normalización’ (o ‘normalización de uso’, más difícil me lo ponéis), hace pensar en las dictaduras y sus ‘normales’ índices altísimos de consenso plebiscitario. ¿Qué digo? Más que eso. En dictadura se evita la unanimidad, por no sé qué pudor. Aquí no, aquí todos como un solo hombre/mujer dijimos que nuestra lengua propia es el eusquera, exigimos su implantación en todo el país, la quisimos como requisito y mérito preferente para la función pública y, en fin, dimos carta blanca a los poderes públicos para interpretar esa voluntad y aplicar a discreción los recursos para llevarla a efecto, in saecula saeculorum, amen.
–Decisión grave, en verdad.  Y dígame, ¿qué resultados arrojó el referéndum?  
–¿Mande?...
–El referéndum. ¿Se votó en bloque, o cada punto por separado? Esto último es más aconsejable, en asuntos tan escabrosos.
–No sé de qué referéndum me habla, señor mío. Aquella decisión perpetua, irrevocable e irreformable no se sometió a referéndum; se votó en parlamento y se ganó, repito, por amplia mayoría.
–Ya, pero luego ha habido nuevos comicios, la gente cambia…
–En esto del eusquera, no. El eusquera no es opinable. La euscaldunización es intangible. Podrá discutirse el ritmo y poco más; aunque, ojito, sin escaqueos. La meta es que aquí todo el mundo sepa hablar y escribir vascuence y que se use lo más posible, semper et ubique, domi militiaeque, en la ciudad y en el campo, de claro en claro y de turbio en turbio, haga calor o frío, en la labor y el ocio, en el amor y  el odio. También el inglés, por supuesto, la lengua global.
–¿Y el español?
–Si se está usted refiriendo a la lengua del Estado, le recuerdo que el castellano o erdera “es aquí la única lengua impuesta por imperativo legal”. Con todo lo que esto tiene de odioso, y haber sido la lengua de Franco, traída expresamente para ahogar nuestra lengua propia, la única de los vascos.
–Y después de todo eso, ¿todavía ofende que alguien relacione eusquera con violencia? ¿que alguien añore un eusquera en libertad?
Pero veo que nos desviamos de la cuestión. Cuando el testigo Salaburu habla del binomio ‘eusquera-violencia’ se está refiriendo a ETA expresamente: “Al final, nos guste o no, en parte de la ciudadanía se produce esa identificación, que maldito favor nos hace a quienes hemos abogado por utilizar un idioma que debería estar al margen de situaciones coyunturales y tendría que ser percibida como un bien cultural y un factor de cohesión social.”
Aquí es donde me pierdo, o es Pello el que se pierde. Diríase que el ofendido es él y los ‘polis buenos’ del eusquera. Y por otra parte, ¿qué tiene que ver ETA para que muchos no logren ver en el eusquera ese deseado facto de cohesión social, porque se lo impide la violencia impositiva euscaldunizadora?
¿Habré leído mal? Ya ni me aclaro, y estoy al final del artículo: “A veces, un perdón a tiempo, por haber utilizado una afirmación que ha molestado a sectores que tienen mucho que ver con la lengua y nada con la violencia, deja las cosas mucho más claras.” Pues no, amigo Pello. Si lo dices por tí, allá tú, que nunca fuiste violento, ni siquiera cuando por narices fijaste un premio exorbitante al euskera en tu Universidad. Pero no olvides que también existen otros ‘sectores’. Esos precisamente, que se han escandalizado como fariseos, los que desde que vino López denuncian que el vascuence no avanza. Esos violentos del eusquera son los que te hacen maldito favor a ti y nos lo hacen a todos los que pedimos libertad lingüística. No quieren ni oír hablar de ella. ¡Libertad lingüística, qué blasfemia! Lenguas en libertad.