martes, 10 de noviembre de 2009

La Fragua de Vulcano



A intervalos regulares, una consigna se nos repite, machacona: «No politizar el euskera». Uno mira a su alrededor y se dice: «¡Cómo! ¿Más todavía?» Porque lo urgente es lo contrario, despolitizarlo. No andar por ahí diciendo, por ejemplo, que «el conocimiento del euskera por todos los ciudadanos es imprescindible para la convivencia.» Lo que nos faltaba.

Conque «despolitizar el euskera.» El euskera, y tantas cosas más, que formando parte de un patrimonio supuestamente común, figuran también en el identitario nacionalista. Empezando por la escuela.

La cuestión es si esto último es posible.

El adanismo nacionalista abrió su camino inventando nombres, unas veces para cosas que no existían, otras rebautizando las existentes. ¿Actividad anodina? Ni tampoco inocua. Dar nombre a las cosas ha sido una forma de apropiárselas. Se las vacía de contenido viejo, y el día menos pensado ya están llenas de sustancia propia. Un ejemplo.

Una escuela siempre ha sido una escuela. Incluso una escola, en el vascuence escrito del siglo XVI, y muy probablemente en el hablado medieval y hasta romano. Escola: ni del español ni del francés; del latín (grecolatino clásico schola, también escrito scola sin hache).

¿Lo quieren ustedes más vasco? Un vasco fino del XVIII, Larramendi, crea icastegui, algo así como 'estudiadero', que no está nada mal, claro y expresivo. En la misma lógica creó lantegui, para decir obrador. También para esto había, en castellano y vascuence, la palabra latina fabrica, que para entonces ya tenía el sentido moderno de «el parage destinado para hacer siempre alguna cosa; como la fábrica del tabaco, de los paños» (Academia, Autoridades, t. 3, 1732). Antes, sin embargo, 'fábrica' era sinónimo de edificio, en especial si era grandioso o suntuoso (recordar, 'La fábrica del cuerpo humano', obra maestra de Vesalio, 1543). La misma idea arquitectónica hizo llamar 'fábrica de navíos' al astillero (sitio de apilar astillas o maderos), afrancesado como a(s)telier, y de ahí > taller.

En el mismo Siglo Ilustrado, al lado de icastegi, probaba suerte icasteche, casa de estudio. O sea que no faltaba en vascuence cómo decir 'escuela', desde la elemental y de primeras letras, hasta los estudios superiores,

Pero viene Adán-Sabino al Paraíso Terrestre –o mejor, como en la Apocalipsis, «ecce nova facio omnia»–, y venga neologismos en cadena. De igual modo que una cosa es bandera (cualquier bandera), y otra exclusiva nuestra la ikurriña, así también hay que distinguir de la escuela común, o escola, la nuestra propia, que será otra cosa diferente si le ponemos otro nombre: ikastola.

En este nombre que parece compuesto, fijémonos en el segundo elemento, ola. En rigor significa ferrería o fragua, y por extensión, a comienzos del siglo XX se aplicó a talleres y fábricas. Que, por cierto, todo el mundo llamaba ya así, fabricac (fabrikak).

Nadie discute la propiedad y belleza de la metáfora fabril aplicada a la escuela: no mero dispensario frío de nociones y saberes, sino forja de hombres y ciudadanos. Y ojalá esa hubiese sido la inspiración que guió al patriota que creaba ese término (1897), más vivaz que otro neologismo suyo de entonces, el insípido ikastetxe (1899).

Aunque crear, Arana por esta vez no creó de la nada. Incluso dicen que estropeó con esa letra t lo que ya existía, ikasola, otro de los inventos del ingenioso Larramendi. Por otra parte, desconozco si el lexicógrafo jesuita pensaba en la misma metáfora, o si en vez de la ferrería vascongada, su -ola era simplemente la terminación de esc-ola.

Sea como fuere, lo que se impuso fue la ikastola sabiniana. Bien entendido que en sus primordios no era todavía 'escuela vasca'. Sólo un sucedáneo de eskola. Se llegó a decir por ejemplo erdal ikastola, un lexema casi contradictorio hoy en día.

Bien. Pues con la bonanza económica que nos vino de la Gran Guerra, hacia 1916 la filantropía nacionalista se vuelca en las ikastolas ya como pequeños talleres de recuperación del vascuence. Y años después (1922), abnegadas señoritas se transmutan en andereños o maestras de las nuevas escuelas vascas.

El sueño de Arana llenará su palabra, ikastola, plenamente bajo la II República. Una vez me llevaron mis padres a ver las nuevas ikastolas estrenadas en unos barracones, junto al Parque de Bilbao creo recordar. Me parecieron bonitas, pero no las cambiaba por mi escuela municipal de Concha. Ni hablar.

(¡Ah, 'la Concha'! Con aquellas duchas públicas debajo del patio de recreo. 'Mi' escuela. Nuestra maestra doña Elvira... Aquella mañana, a la entrada de clase, la maestra estaba terminando de escribir con la tiza en la pizarra: «Hoy es el primero de mayo de 1935». Letra inglesa, elegante. Como la propia doña Elvira... Asistí a su homenaje muchos años después. Ella dijo que me recordaba; pero vaciló, creo que no era cierto...

Antes, en las Escuelas de Ibaizábal, había tenido otra maestra excelente, doña Antonia. Represaliada luego por nacionalista. Si lo era, en la escuela se lo reservó. El día que se izaba bandera –la española republicana, obviamente– la buena señora estuvo junto a nosotros poniendo silencio, ejemplo mudo de civismo… Doña Antonia era corpulenta en la foto que nos sacaron a todos endomingados… ¡Ay Señor, pero si estoy divagando!)

La República de Euzkadi no tuvo oportunidad de implantar su ideario, aunque lo aireó a su gusto con todos los medios de la propaganda de entonces. Después, en la escolaridad del franquismo, la verdad es que no eché en falta una educación positiva hacia lo vasco. Todos los niños estábamos orgullosos de ser de Bilbao, de Vizcaya, vascos, y nadie nos lo afeó o nos indujo a no estarlo. Fuera de aquí, como aquí o incluso mejor. Los vascos estábamos bien vistos entonces, cuando el nacionalismo no tenía el poder.

El giro autonómico ha mostrado a toda una generación la cara oculta de un nacionalismo poderoso. El área de Educación ha sido aquí el Jardín de las Delicias para el nuevo frente patriótico. Jardín o huerto experimental de extremistas sedicentes 'de izquierda', con impulso desde la propia Consejería. Y con dinero. Antes el que creía y quería era nacionalista, gratis y por amor. Ahora es cobrando, o sea que a lo mejor ni se cree.

Ni extraña ni espanta que el nacionalismo haya usado ese poder para sus fines, que haya sacado provecho. Lo que deja atónito es la frescura de repetirnos que todo, absolutamente todo cuanto han hecho –hasta los experimentos más aventurados, o el currículo vasco del último consejero– ha sido por consenso de la ciudadanía, y poco menos que a remolque de «esta sociedad».

¿Que en estas tres décadas de euforia se haya podido colar de matute algún episodio de adoctrinamiento, en alguna que otra ikastola, y en otra, y en doce docenas?... Tampoco generalicemos. Nos referimos tan sólo a los que toman la metáfora fabril de la ikastola demasiado al pie de la letra. Como aquel abogado de LAB que repite, y vuelve a repetir: «Las ikastolas deben tomar parte en el debate por la construcción nacional».

De ahí el enfado de nuestros pintorescos sindicalistas patriotas, al percibir que se les enfría un poco la fragua. Nuestro reportero gráfico de hoy recoge la escena. El dios laureado, el alcahuete del Olimpo, hace saber al buen Herrero que su señora doña Consejería, le ha cornificado:

–¿Con el PNV?
–¡ Con el PP!
Madarikatua! ¿Zer deabrua, qué hago yo ahora con esta armadura a la medida, que concertamos? Ahí la ves, lista para probar.
–Pues lo siento, amigo Vulcano, pero es lo que hay.
Arraioa! ¡Te va a ver esa sorra, cuando yo le eche el guante!

En efecto, a la primera convocatoria de consenso, Vulcano y sus Cíclopes sindicales aberzales, como un solo herrero, darán plante a la Consejera infiel.

–Ah, y otra cosa (Apolo haciendo mutis): que con la crisis, este curso se llevarán armaduras ultraligeras, sin yelmo ni coraza, coselete, coquillera y demás panoplia. Tampoco hay pasta para armas ofensivas ni defensivas.
–¿Y la fragua?
–Educando, que para eso se paga.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Están que [adoc]trinan




No sé si es ya correcto seguir diciendo 'Gobierno Vasco', desde que el de Patxi López tira a dar en la mismísima diana de la vasquidad. La Consejera de Educación Isabel Celaá ha declarado su intención de acabar con el «adoctrinamiento nacionalista».

Ayer veíamos cómo el nacionalismo vasco en bloque rechazaba la imputación y se la devolvía airadamente: No, señora, eso una provocación y una excusa para imponer su «adoctrinamiento español». Hoy leemos que «el PNV convertirá el euskera y la educación en dos de los ejes de su labor opositora». Más destemplados, «Los sindicatos nacionalistas plantan a Celaá por su gestión "autoritaria"».

No entremos a esos trapos, que es pérdida de tiempo y humor. Por mi parte, aprovecho la ocasión para mi deporte favorito, el significado y sustancia de las palabras.

¿Qué es adoctrinar? Según la Real Academia Española, «instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o creencias.»

Ese verbo fue reconocido por la Academia desde 1780. Antes se decía doctrinar, que hoy se usa menos: «enseñar o disciplinar a alguno que se pretende instruir». Tampoco es muy usado el moderno indoctrinar, seguramente prestado del inglés indoctrinate. Todo viene a ser lo mismo, y se refiere a doctrina.

El sustantivo doctrina (del latín doctrina) tiene varias acepciones, las más corrientes estas tres:

1. f. Enseñanza que se da para instrucción de alguien.
2. Ciencia o sabiduría.
3. Conjunto de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas por una persona o grupo. Doctrina cristiana, tomista, socialista.

En la disputa que nos ocupa, nos quedamos con la tercera, enriqueciendo los ejemplos del Diccionario con los dos de palpitante actualidad: doctrina nacionalista(vasca, española) y doctrina españolista.

Cualquiera ve que esas definiciones no tienen carga peyorativa. Adoctrinar, como enseñar, no es en sí bueno ni malo, verdadero ni falso. Decir que se adoctrina a los escolares no es ningún reproche, es sólo pura tautología. La edad escolar es, por definición, la etapa de la vida más adecuada para la instrucción y adoctrinamiento. ¿Puede eso ser malo? Depende del contenido o doctrina, así como de las circunstancias de personas, tiempos y modos de adoctrinar.

Y aquí es donde se empieza a percibir un tufo abusivo, y hasta un pestazo, cuando el adoctrinador importuno invade la intimidad, explota la buena fe, recurre a la extorsión etc., sobre todo si lo hace desde posiciones de ventaja o adoctrina a menores. Creo que por ahí van los tiros en esta querella del adoctrinamiento.

Llevo en este mundo –sin mérito por mi parte– bastantes más años que la gran mayoría de disputantes en activo. Quiere decir que, también sin merecerlo (tampoco buscarlo) he sido adoctrinado en ideas y opiniones de lo más variopinto, desde mi primera escolaridad republicana laica y catequesis católica, pasando por la República de Euzkadi y las etapas de una dictadura larga y cambiante. La nueva democracia me alcanzó en edad bien madura, pero en edad de escuchar y seguir siendo adoctrinado, ahora sobre todo por los políticos, todos ellos adoctrinadores profesionales. Y aunque todavía me queda mucho por aprender, tengo bien claro lo que es un adoctrinador, es más lo huelo a doscientas leguas.

Deseoso de ver hasta qué punto ha podido excederse la Consejera en su expresión, no puedo evitar entrar en el otro objeto de reproche a su proyecto de reforma educativa: el euskera. Porque el adoctrinamiento real o supuesto, en la etapa escolar, se ha hecho mayormente en lengua vasca.

Cualquier progenitor o abuelo que haya ojeado los textos escolares de hoy ha podido notar cómo adelantan las ciencias, pero sobre todo qué disfraces extraños adoptan entre nosotros para el público infantil. Hojeando una vez un libro de mi nieto, me quedé perplejo ante un río llamado allí Ebro, aunque más parecía Guadiana, según se comportaba a su paso por las autonomías, aflorando en Euskadi, Navarra, Cataluña, pero sin nacimiento ni tramos intermedios. Más que cosa de indocumentados, parecía de beodos o sonados. Luego vi de qué se trataba: adoctrinamiento.

Y así en otras materias. En un libro de lengua castellana casi todas las lecturas o textos para análisis eran traducciones. Traducciones del inglés, y hasta del catalán. Por lo visto, carecemos de clásicos. Todo era tan absurdo, que hasta pensé si sería una pedagogía nueva, en la línea mayéutica socrática, como en el juego de descubrir errores. ¡Qué va! Adoctrinadores en el peor sentido, y encima sonados.

Apreciación o aprensión mía, ahí lo dejo para remitirme a fuentes más enteradas. Por ejemplo, este Informe sobre Libros de Texto de Educación Primaria en el País Vasco. 'El adoctrinamiento nacionalista entre los 8 y los 12 años' (septiembre 2006).

– ¡Alto ahí! Ese documento emana de la Secretaría de Educación del PP…

– Bien, ¿y qué? Del Partido Popular del País Vasco. Gente de aquí, no un «enemigo secular del Pueblo Vasco», que diría Tasio Erkizia. En todo caso, lo que nos importa son los datos, sin los comentarios o juicios de valor. Además, se comparan textos escolares de distintas editoriales, aprobados todos por la Consejería.

Recomiendo el documento porque lo veo objetivo. He aquí algunos hechos:

«El mapa de Euskal Herria es convertido en mapa político, en mapa del paleolítico y en mapa del tiempo atmosférico…»

«Mapas de la península ibérica (no de España) –físico, de ríos, de climas, densidad poblacional...– en los que únicamente se establecen las fronteras de Portugal, Francia y Euskal Herria (sin decir siquiera qué diferencia a Euskal Herria de Portugal)…»

«Mapas políticos de la península ibérica en los que aparecen las comunidades autónomas españolas y Portugal pero en ellos se evita escribir la palabra España que continúa proscrita…»

«Finalmente, aparecen dos mapas políticos de Europa en los que, por vez primera, se cita España. Esto ha de tener un efecto extraño en alumnos que llevan cuatro años estudiando Euskal Herria en exclusiva. Por ello el editor se permite corregir el mapa de la Europa Política con la presentación de un mapa étnico en el que Europa y España quedan divididas en distintas etnias.»

El área de Historia no sale mejor parada. Sí; esa Historia que la Consejera quiere convertir en Historia de España. Resumiendo, para no cansar: «Se trata de plasmar la existencia –ininterrumpida- de Euskal Herria a lo largo de la Historia. En unas ocasiones solo existían –en Francia y la península– francos, euskaldunes y visigodos. En otras, al parecer, tan sólo árabes, euskaldunes y francos.»

Las aberraciones históricas y geográficas se complementan con otras lingüísticas, siempre en la misma corriente de exclusivismo identitario:

«Señales de tráfico exclusivamente en euskera, sin traducción al castellano, como exigiría una voluntad real de implantar el bilingüismo.»

«La balconada de un ayuntamiento presidida por la ikurriña, en ausencia de la bandera nacional, y por lo tanto incumpliendo la Constitución y las leyes en materia de símbolos nacionales».

En suma, hay textos con visto bueno oficial que, unos más, otros menos, según la clientela, adoctrinan a los escolares en clave nacionalista vasca. Algunos lo hacen con descaro sectario, concretamente los de las editoriales Erein y Elkarlanean. También, aunque «en menor grado», Edelvives. ¡Edelvives! Me lo profetizan hace 50 años, o unos pocos más, cuando la editorial de los Maristas se llamaba F.T.D., y no me lo creo.

Una guinda para la tarta:


«Cartel de bienvenida al pueblo de Usurbil, instalado por el propio ayuntamiento, con intenciones y resultado amenazante: "Cuidado, aquí somos euskaldunes". Resulta tan sorprendente la presencia de semejante cartel en un libro escolar, que lo hemos llevado a la portada de este informe.»

Yo también lo traigo aquí. Es impropio para libros escolares autorizados por un Gobierno. Pero es que, además, el informe del PP Vasco se queda corto con el cartelito. Olvida la doble admiración del Kontuz!!, y suaviza una expresión algo fuerte, por no decir desagradable. No dice simplemente hemen euskaldunak gara (aquí somos euskaldunes), sino euskaldunak gaituk, interpelando de tú (masculino), algo así como «Aquí nos tienes tú, tío, vascohablantes». Lo que con un hemen no bien definido y, sobre todo, con ese kontuz!! armado con dos estacas surte efecto inquietante. Forastero, ya sabes cuál es la lengua que aquí se gasta. ¿Dónde? ¿en Usurbil, en el País Vasco...? Aquí.

La que se gasta, o la que se debe gastar. Ayer un lector nos dejaba aquí mismo un comentario muy interesante sobre ciertos usos de policía interna en centros de enseñanza guipuzcoanos, donde los hábitos lingüísticos individuales son objeto de seguimiento especial. Un seguimiento digno de comisariado político, y no menos digno de juzgado de guardia. Algo similar se da en ayuntamientos, pero quédese para otra ocasión. Baste por hoy haber argumentado que lo del adoctrinamiento nacionalista escolar no son figuraciones.


miércoles, 4 de noviembre de 2009

Con iglesia hemos dado, Consejera.





No sé si doña Isabel Celaá estará contrariada; lo que supongo no estará es sorprendida por el chaparrón de intolerancia nacionalista. Anuncia un plan, y todo son reproches, ni una palabra buena, ni un aplauso. ¿Qué esperaba? La prensa acierta al hablar de 'reforma' y 'contrarreforma' educativa. Porque ya no se trata de mera política, sino de religión. Me explico.

La palabra 'reforma', en sí y por sí sola, es aséptica. En especial, es religiosamente aséptica. Todo lo contrario del término 'contrarreforma'. Éste se creó ex profeso (en el siglo XVIII, creo recordar) para significar un movimiento religioso católico frentista anti protestante. La Contrarreforma, con mayúscula. Gracias a ella, todo el maremágnum de movimientos y grupos reformadores, dispares e incompatibles entre sí, se funden como por milagro en un ente de razón: la Reforma, también con mayúscula.

De ese modo, la pareja de términos 'reforma-contrarreforma' nos mete en un coto religioso, donde el identitario se sacraliza. Reparto de papeles aquí: Contrarreforma Vasca, frente a Reforma Españolista. El Bien (nosotros), contra el Mal (los otros).

El aberzalismo –el patriotismo vasco– no es una opción política como las demás, es una fe en una iglesia. La cual, además, es la Iglesia 'Verdadera', con sus notas o señas de identidad: una, santa, católica y apostólica. Traducido a romance vulgar: única, sagrada, totalitaria y la de siempre. Frente a ella, «las puertas del Infierno-España no prevalecerán».

1. Iglesia única. El baile de siglas partidarias no debe confundir. Son estrategias para la toma del poder. También la Iglesia católica ha tenido sus huestes frailunas, a la greña entre sí, pero todas a una contra el enemigo. La Contrarreforma tuvo como abanderados a los jesuitas, orden religiosa fundada por un vasco. Análogo papel asumió en la iglesia nacionalista el partido jeltzale, los 'nacionalistas' por antonomasia, hasta que otros grupos han venido a disputarles la primacía, lo mismo que le ha pasado a la Compañía de Jesús. Hasta los sindicatos son aquí cuasi religiosos. Más que la promoción social y laboral del trabajador les preocupa su nivel de euscaldunización o su compromiso con la patria vasca. Son como cofradías, y su celo recuerda mucho el de los familiares del Santo Oficio.

En suma, el Pueblo Vasco, Euscalerría, es el 'cuerpo místico' formado por todos y solos los elegidos aberzales. Fuera de ese Pueblo no hay salvación. Iglesia una y trina al mismo tiempo. La iglesia militante intercede por la iglesia purgante (presoak etxera, presoak kalera) y honra a la triunfante de los mártires gudaris en sus imágenes y onomásticos.

2. Iglesia santa. Las esencias sagradas no se tocan. La estrategia aconseja a veces hablar de 'sociedad vasca'. Nadie se llame a engaño, no hay tal sociedad, sólo el Pueblo. Una sociedad digna de ese nombre expresa su voluntad libremente en las urnas, en el marco de una Constitución. Aquí no se reconoce más constitución que nuestra gana soberana. Lo que demuestra que el lexema 'sociedad vasca', en boca de aberzales, es un oximorón y una contradicción en los términos. El verdadero Pueblo Vasco no puede elegir su propio destino, porque esa Constitución española, que él nunca asumió, se lo prohíbe.

Todo lo relativo al identitario vasco se aureola de sacralidad, por muy de laico que lo vista la estrategia. Se puede execrar y hasta ridiculizar al 'otro' en sus símbolos y expresiones identitarias reales o supuestas. Lo 'nuestro' es otra cosa. Es lo que tiene ser Iglesia y estar en la Verdad.

3. Iglesia católica. 'Totalitarismo', 'integrismo'… son palabras que suenan mal, y sólo por eso se evitan, aunque su contenido es moneda corriente. Aquí no se toca nada. «Ni una jota, ni una tilde»: he ahí la clave del integrismo sacro.

¡Pobre Isabel! ¿Con que vascuence y castellano, igual de importantes? ¿Con que 'Historia de España', 'Constitución Española', en la escuela? ¿'Violencia terrorista', sin explicar su porqué, sin contrapesarla con la otra 'violencia institucional'? Y para colmo, Euskal Herria en entredicho, fuera del mapa, sin mugas, y hasta sin mapa del tiempo. «Ha blasfemado. Todos vosotros habéis oído la blasfemia»…; y aquí corto la cita bíblica por lo sano, para 'no dar ideas', como suele decirse.

4. Iglesia apostólica. Desde muy pronto la Iglesia cristiana (si se permite el galicismo) se reclamó de una tradición ininterrumpida hasta las raíces. No importa si los hechos confirman o desmienten esa continuidad, porque se trata de un postulado, una 'nota'. Algo semejante se da en la iglesia aberzale.

En tiempos de Sabino Arana, 'apostólico' era sinónimo de tradicionalista, con esa nube de incienso y vaguedad que envuelve el contenido y sustancia de la famosa 'Tradición'. El fundador de la iglesia aberzale pudo ser un disidente de otra iglesia anterior, el Carlismo tradicionalista y foralista, pero los mitos esenciales se guardaron. Pasó aquí como con el cristianismo, que debutó como secta judía para acabar adoptando toda la Biblia antigua. También Arana recibe una herencia mítica, que él reinterpreta y completa con un 'nuevo testamento'. La santa Tradición, esa savia vital ajena a la memoria, inmune al tiempo, sigue nutriendo los tejidos del árbol milenario que el fundador acaba de plantar.

Con esa iglesia ha topado usted, doña Isabel. Con que no se extrañe, todos a una contra usted y su reforma. Desde los portavoces de los partidos nacionalistas, hasta la turba de patriotas que cuelgan sus comentarios al pie de la noticia. Éstos últimos interesan por el valor testimonial que puedan ofrecer, con sus exabruptos y sus dislates ingenuos y sinceros.

De las voces oficiales partidistas, señora Consejera, no espere cosa buena. Con todo, las más hipócritas son las que repudian su reforma educativa so pretexto de que, al presentarla en público, usted ha pronunciado una expresión muy fea. Sí, señora. Usted ha hablado de «adoctrinamiento nacionalista». Y eso aquí no se dice ni con los niños acostados. Adoctrinamiento sólo hay uno, el españolista, o sea el de ustedes los socialistas y sobre todo el de los populares.

Es cierto que su antecesor Tontxu Campos se comportó como talibán y sectario, hasta para el baremo del nacionalismo 'moderado'.  Por otra parte, ya se ha visto en las urnas a cuánta 'sociedad vasca' representaban él y su colega de partido en el gobierno, Joseba Azkarraga: cuatro gatos. Sí, pero felinos con pedigrí, miembros todos de la verdadera iglesia, en la comunión de los santos (currículo vasco), el perdón de los pecados (de la violencia aberzale) y la vida perdurable, amén.

¡Adoctrinamiento nacionalista, habrase visto! Por eso la prensa desempolva para usted las fotos de un ya amarillento 11 de mayo. Haga memoria, doña Isabel. En el traspaso de poderes, usted dejó caer no sé qué expresiones de cortesía, reconociendo la labor de Campos. O su buena intención, da lo mismo. Eso no se hace. El mismo error de bisoñez ha repetido el caballero lendacari López, admitiendo que Ibarretxe no lo hizo todo  mal. ¿En qué nube flotan ustedes? Aquí las cortesías pasan factura, y hasta de la última palabra dicha por cumplido se les pedirá cuenta.

He dejado para postre, señora mía, la más grave de sus transgresiones. ¿Necesito decirla? No se nos haga la ingenua, que todos sabemos el futuro que le espera al vascuence, con su reformita de marras. «En menos que canta un gallo se puede ir al traste todo lo logrado hasta ahora.»

¡Imposible! ¿O sea que en las contadas fechan que nos quedan de sufrir gobierno socialista, toda la generación joven va a olvidar de repente la lengua propia? ¿Un buen día nos despertaremos para ver que todos los carteles bilingües del País se habrán vuelto castellanos puros, borrándose por ensalmo el vascuence? ¿Volverá la ortografía española a las aulas, hinundando de paso los documentos oficiales? ¿Dejará de oírse en nuestras calles y plazas, o en la intimidad hogareña, la jerigonza aljamiada vasco-castellana?

Cuesta imaginar escenario más lúgubre. En el taller, en la oficina, los trabajadores comunicándose en lengua española. En tiendas y mercados se compra y se vende, se anuncia y regatea, pero ya no en el batúa escandido. Hemos gastado una fortuna, pero por lo visto en alfileres y en hilo de hilvanar. Hemos hecho un esfuerzo titánico para levantar un castillo de naipes. Lo teníamos todo medio normalizado, y aparece usted, doña Isabel, con su proyecto desnormalizador.

Consejera, usted sabe que su decreto no va por ahí. Más aún, hay quienes piensan que es un decreto tímido, inocuo. «Concesión al PP, para que les mantengan a ustedes en Ajuria Enea» (Belén Greaves, PNV). El decreto que realmente daría miedo a los patriotas es otro que, con ustedes socialistas, a Dios gracias no se producirá. Un decreto que iguale no sólo lenguas, sino personas. Donde nadie pueda ser discriminado por razón de su idioma materno, cualquiera de los dos oficiales. Mercado de trabajo abierto a todos, eso sí que sería un salto a la modernidad.

Y eso no sería todo. Sin la barrera laboral que se ha hecho del vascuence, se vería la demanda real de modelos lingüísticos escolares. Y sin imposición lingüística, yo no digo que se acabaría el adoctrinamiento españolista –esa gente ya sabemos cómo es–; pero sospecho que el otro…, vamos, eso que no es adoctrinamiento, sino catequesis para la construcción nacional, o como se diga, jugaría con menos ventaja. A lo mejor entonces el porcentaje de escolares vascos con ideas claras sobre terrorismo iba a más, mientras el fruto del nogal pierde puntos y deja de cotizar en bolsa.
Desde la insignificancia de esta página, mis mejores deseos para la señora Consejera.