lunes, 4 de mayo de 2009

LA Tierra Prometida


La despedida escenificada por Ibarretxe ha dado pie a dos artículos simultáneos en El Correo de ayer. Uno, de mi paisano el periodista y profesor César Coca, El soberanista inesperado. El otro, Diez años, del ex rector de la UPV Pello Salaburu.
Ibarretxe nos vino con el euro (recuerda Coca). Venía con marbete de gestor, cuando el PNV quitaba importancia a la ignorancia del vascuence en cargos públicos, por haberse «terminado el tiempo de los símbolos». Ahora se va, conociendo él mismo su lengua propia bastante mejor que a su llegada.
¿Seguirá practicándola? ¿Lo hará también fuera del teatro político? ¿Incluso en la intimidad doméstica, como a todos nos recomienda l'homme qui rit, el pertinaz Baztarrika? La adaptación del adulto a una segunda lengua requiere esfuerzo sostenido, y nadie se violenta en algo si no le ve utilidad, aunque sólo sea deportiva. Podría ser el caso de Ibarretxe.
Ya no hará falta que Miren Azkarate certifique que el lehendakari se comunicaba con ella en la lengua milenaria. Ocasión habrá de comprobar hasta qué punto un euskaldunberri de vocación tardía se adapta a un bilingüismo de por vida, gratis y por amor. Aguantando accidentes, como el que aquejaba a Tontxu Campos recién nombrado Consejero de Educación … Lo recuerdan, ¿verdad?... ¡Sí, hombre, aquello de que "no le salía" cómo se dice zenbaki parea en castellano, o sea, 'número par'! ¿Llegará día en que al ex lendacari tampoco le salga "derecho a decidir", en su lengua materna de Llodio?
El artículo de Coca es certero. Sólo me ha chocado el título. ¿Cómo que "soberanista inesperado"? No he tenido curiosidad de ir recogiendo datos y referencias puntuales, pero creo muy compartida la impresión de que, desde muy pronto, Juan José mostró querencias hacia la izquierda abertzale, tal vez ávido de fagocitarla y sumarla a sus propias huestes. Si hubo deriva, fue muy rápida y decidida, siempre en el pelotón de cabeza soberanista. Sólo así se entienden sus desafíos a la legalidad del Estado y, en definitiva, el órdago de la Consulta que llevará a la Historia su nombre.



Pello Salaburu evoca explícitamente 'la foto': la despedida política del lendacari y sus socios de gobierno. Ayer me permití bromear con el abrazo de los Triarcas. Hoy, en plan más serio, me estoy figurando a Saturno engullendo como postre las últimas sonrisas de sus dos criaturas que acaba de devorar.
Para Salaburu, si le entiendo bien, Ibarretxe sería el paradigma de 'morirse de éxito'. Su gestión técnica ha sido buena, y su propuesta política –el Plan– tampoco le parece equivocada, si como él mismo dice, «yo también lo apoyé, y probablemente más de la mitad de la población habría respondido de forma afirmativa». Tan es así, que para explicar el fracaso, Salaburu aventura «no haber sido capaz de suscitar más adhesiones, carecer de un 'plan b'», y un etcétera donde para nada se habla del traumatismo radical irreversible que todo un Lehendakari, con frialdad y sin temblor de pulso, estaba dispuesto a aplicar a la sociedad encomendada a su gobierno por la Constitución de España y el Estatuto vasco.
En su despedida, un Ibarretxe nada contrito se ha reafirmado con orgullo en su ejecutoria, coronada por su Plan, que ha puesto unos mojones eternos a la Historia del Pueblo Vasco. Grandilocuencias aparte, Salaburu comenta: «Mucho me temo que no, aunque esto se aclarará con la perspectiva de unos años».
Menos prudente que mi amigo Pello, a diferencia suya, mucho me temo que ese Plan va a planear sobre el abismo vasco por largo tiempo. No sé si el último califa legítimo resucitará como fénix en su propia persona, o tras una fase de 'imanato oculto' se reencarnará en alguna estatua, sea de carne y hueso, o más probablemente de bronce. Su retorno, o no, en persona dependerá mucho de cómo se desenvuelva el nuevo gobierno socialista y por supuesto, de la política general.
De lo que estoy convencido es de que, para el partido Jeltzale, la era del pragmatismo y de la 'doble alma' es pretérito. El estilo Ibarretxe –fondo y formas– ha marcado, me temo, a un partido distinto de cualquier otro, como si llevara grabada a fuego la divisa jesuítica del general Lorenzo Ricci (1773): Sint ut sunt, aut non sint; 'Sean como son, o no sean', antes muertos que cambiados. Porque no soy jeltzale, procuro meterme en la piel y el alma de quienes sé que lo son, y por poco que me guste, me da que en la marcha nacionalista un partido guía no podrá nunca ir en la cola.
Lo que el tiempo dirá, buen Pello, es si Juan José es el que ha de venir, o habrá que esperar a otro. Lo que yo me digo, es que su caída ha sido providencial. De haber repetido legislatura, creo que el hombre impasible nos habría partido en dos de un solo tajo. De momento se ha parado el mandoble. Pero el espadón sigue en alto. ¿Por cuánto tiempo? López y la Fortuna tienen la palabra.

Un recuerdo de viaje
Hace cosa de 20 años subí con un grupo de amigos vascos al monte Nebo, en Jordania. En la cima, que la Biblia llama Pisgá, ante una basílica paleocristiana, está el 'Mirador de Moisés'. Desde allí contempló el profeta, por encima del Mar Muerto, toda la Tierra Prometida, de la que Dios le dijo: «La verás, pero no entrarás en ella, ni serás tú el caudillo que la gane para Israel».
«Allí murió Moisés… y Yahvé le enterró en un valle, sin que nadie hasta hoy sepa el lugar de su tumba. Ciento veinte años tenía Moisés cuando murió. No se había apagado su vista, ni perdido su vigor. Los israelitas le guardaron treinta días de luto en las estepas de Moab… No ha vuelto a surgir en israel otro profeta como Moisés, a quien Yahvé trataba cara a cara. No hubo otro como él.» (Deuteronomio, 34).
Arriba, en el mirador sobre la Tierra Prometida, se alza una escultura que a primera vista evoca una gran culebra de Esculapio, aunque también podría ser una serpiente enroscada en el mango de un hacha doble. La inscripción en árabe al pie disipa el equívoco: « Así como Moisés alzó la serpiente en el desierto, así también será alzado el Hijo del Hombre…» (Juan, 3: 14). Se trata por tanto de la Serpiente de Bronce (Números, 21), en versión cristiana. Respiramos. ¡Ninguna hacha serpentaria pasó por el magín de los buenos francisanos vascos, promotores del monumento!






sábado, 2 de mayo de 2009

TETRARCAS Y TRIARCAS



 

Test de agudeza visual:
Adivinar, en medio segundo, con qué mano empuñan el paraguas los euskotriarcas

 Los Tetrarcas

Chorizos famosos de Venecia. Se encuentran, a modo de marmolillos, en una esquina de la basílica de San Marcos, decorando el ángulo externo de la Cámara del Tesoro. Son una de tantas piezas valiosas robadas por los venecianos de Bonifacio de Montferrato, aprovechando la IV Cruzada contra la Medialuna. Grupo en pórfido rojo oscuro (siglo IV), representa, dos a dos abrazándose, a los Cuatro Jefes supremos del Imperio, según la reorganización de Diocleciano.

La IV Cruzada, guerra santa que culminó en el gran saco de Constantinopla (1204), rindió a la Serenísima rico botín profano y sagrado, incluidas reliquias santas. Éstas, con otras piezas de valor, se guardaron bajo mármol como en caja fuerte, con los Tetrarcas como custodios.

Ahora bien, quis custodiet custodes? La leyenda urbana hizo de aquellos guardas simbólicos personas de carne y hueso, prevaricadores rapaces, conjurados para desvalijar el tesoro. No tanto por devoción a las reliquias, sino a las tecas preciosas que las envolvían.

No era la primera vez que unos cacos se fijaban en aquel objetivo. Pero que hasta los propios celadores tentasen fortuna, colmó la paciencia de los sufridos huesos de santos. No les costó mucho persuadir a su jefe San Marcos para que hiciese un escarmiento.

Y así fue. Cuando los conjurados sellaban su felonía, cada emperador abrazandose con su augusto respectivo, una maldición helada petrificó a los malhechores.

Allí siguen, ocho siglos después, los Tetrarcas venecianos, lección muda para todos los descuideros de la cristiandad, y para sus víctimas.


Los Triarcas

Entretanto, a 1.200 km de Venecia, en la ciudad de Vitoria, se espera otro milagro parecido. Aquí no hay tetrarcas, sólo triarcas, porque el Gobierno es tripartito. Pues bien, los pérfidos Triarcas vascos, al agotar su mandato en funciones, se han conjurado para exprimir el presupuesto. Y aunque Patxi López no sea devoto creyente, si el cielo escucha el clamor de quienes sí lo son, tal vez tenga oportunidad de saludar a otro grupo petrificado, a su entrada en Ajuria Enea.

miércoles, 29 de abril de 2009

BLANCA URGELL, NOMINADA PARA CULTURA

Parece que la Consejería de Cultura ya tiene nombre: Blanca Urgell, Catedrática de Filología Vasca, especialista en lexicografía eusquérica.

Urgell entraría al gobierno como independiente. Eso le merece un respeto especial en las presentes circunstancias. Y quiero expresarle el mío, ya que alguna vez hice de la profesora mención más considerada que admirativa. Concretamente el año pasado, el 1 de noviembre, a propósito de su candidatura a la Real Academia de la Lengua Vasca – Euskaltzaindia, escribí en el Blog de Santiago González:

«Nunca he dudado de la competencia profesional de Blanca Urgell. Es más, aguardo los resultados de su trabajo en equipo, con la edición definitiva del manuscrito Lazarraga.»

Urgell no resultó elegida académica, y eso ni me va ni me viene. Ahora se la anuncia como Consejera de Cultura, y con toda franqueza digo que no me gusta. Por varias razones –ninguna personal (no conozco a doña Blanca)– que se encierran en una primera:

1. Para muchos, seguirá vigente la ecuación Cultura = Cultura Vasca = Cultura Identitaria Vasca = Cultura en euskera. No afirmo, porque no lo sé, si la nominada va por ahí. Hablo de un efecto previsible. Hemos sufrido a otra filóloga vasca al frente de Cultura, incluida la política lingüística. Ayer mismo, Ramón Zallo publicaba un artículo (envejecido ya en 24 horas), donde sólo le faltaba postularse él mismo para seguir en el puesto de asesor de Cultura, pero sobre todo, donde la ecuación identitaria era manifiesta. Otrosí,

2. Blanca Urgell es la misma persona que dijo en una entrevista:

–¿Qué piensa del Manifiesto por la Lengua Común?

Es ridículo. El castellano es una lengua pujantísima en cuanto a difusión, número de hablantes, literatura... Quien diga que el castellano está en peligro, no sabe de lo que habla.

Así de rotundo: «Es ridículo». Algo se echa en falta: sindéresis, o sinceridad, a elegir.

3. Por cierto, Urgell pasa por adalid crítica frente a la impostura de Iruña-Veleia. Y en esa misma entrevista, de agosto 2008, como tal se revelaba. Sin embargo, en 2006 –cuando el 'Calvario' veleyano y demás infundios provocaban estupor, indignación y risa; o peor, cuando unas declaraciones del profesor Gorrotxategi venían a romper no sé que pacto de silencio sobre las inscripciones euskéricas–, todavía la profesora, en la órbita del crédulo Knörr, había hecho otras declaraciones mucho menos contundentes.

4. Este último punto es el más subjetivo, lo reconozco. Blanca es euskaldunberri. ¿Y bien? Yo respeto a los euskaldunes, como respeto a los ricos en general. Eso no quita para que los nuevos ricos me inspiren cierta reserva, frente a los ricos de toda la vida, los ricos por herencia (los que también prefería Marcial). Algo así me ocurre con algunos de los otros berris. Sospecho que ese esfuerzo tan meritorio puede inducirles a una sobreestima, a desarrollar celo de conversos misioneros, y por qué no decirlo, a pasar factura.

Con todo, reitero mi total estima personal a la nominada, con el testimonio de mi admiración por su temple, en esta coyuntura trágica. Ayer precisamente el presidente del Bizkai BB, Andoni Ortuzar, volvía a hacer alarde de miseria moral, despreciando el problema añadido a Patxi López para configurar un gobierno a su gusto.

Mucha suerte y acierto, doña Blanca.