jueves, 29 de enero de 2015

Qué dijo Mahoma (1)





«El Islam ofrece dos caminos seguros para guía de la humanidad: Uno de ellos es el Corán con sus versículos manifiestos. El otro camino, consistente con el primero, es lo que nosotros llamamos la Sunna o Hadîth.»
Así empieza el prólogo de una edición moderna del Hadith, esa senda alternativa, aunque consistente con el Corán y no menos fiable, pues la meta es una misma: la salvación del creyente [1].
No hace falta ningún motivo especial para que Occidente se interese por el Islam, y menos que ninguno la reciente masacre yihadista, bajo pretexto de supuestas ofensas a Mahoma y su religión. Tampoco hay que mezclar ese interés con la islamofobia, aunque la relación exista, pero es otro problema.
Nadie debe poner en duda la buena fe de muchos creyentes musulmanes, como la de muchos cristianos y judíos, por ceñirnos a la llamadas ‘Tres Religiones del Libro’. Pero la buena fe no está reñida con el examen crítico de lo que se profesa. Si una religión preconizara el sacrificio humano y el canibalismo, la necrofilia, el robo a mano armada y la opresión del débil por el fuerte, sería cosa de investigarla, a la religión y a sus líderes, para proscribirla y ponerlos a buen recaudo, en una sociedad civilizada.


Religiones y razón crítica
El hecho es que en los libros sagrados de las tres religiones se leen cosas chocantes con la idea laica moderna de lo que es aceptable. La Biblia pone en boca de Dios preceptos de violencia, esclavitud e incluso exterminio del ‘otro’. El Nuevo Testamento fomenta el antisemitismo, tolera la esclavitud y consagra cierta inferioridad de las mujeres. Las religiones judía y cristiana tienen amplio historial de intolerancia y violencia, consecuente en parte con sus contenidos doctrinales.
Sin embargo, tanto el judaísmo como el cristianismo han aceptado para sus libros sagrados, sus instituciones y toda su ejecutoria religiosa y cultural,  una autocrítica racional liberal, con el resultado de una entente entre creyentes y no creyentes, admitiendo todos que la convivencia se basa en el laicismo político.
Muy otro es el caso del Islam. Esta religión todavía no ha pasado su sarampión crítico y por lo mismo no ha entendido el valor del laicismo. El Islam ortodoxo sigue tratando de imponer su norma religiosa (sharica) como base del ordenamiento civil –que en rigor no es ‘civil’ allí donde el Islam manda [2].
«Lo que uno cree es irrelevante para la Física», dice el protagonista de ‘La Teoría del Todo’. Cualquier creencia es irrelevante para la realidad. Incluso (y esto sí que es paradoja) lo que uno crea es irrelevante para la Religión. Desde un punto de vista racional laico, ninguna religión es más verdadera que otra, y ninguna está por encima de la libertad individual, lo mismo si se trata de aceptar o no aceptar religión, que de cambiarla o renunciar a ella. Esta es una de las cosas que, por falta de auto crítica, los musulmanes no han entendido.
El Islam en teoría no se impone por la fuerza. En la práctica, ese principio se ha violado muchas veces. Allí donde el Islam gobierna, la apostasía se castiga con la muerte, y en todo caso, con un rechazo equivalente a muerte civil. En cuanto a las demás religiones, se las contempla desde una superioridad nada proclive a las comparaciones, y las críticas que se hacen de ellas, para uso de los fieles, suelen ser muy displicentes.
En este sentido, como en otros más, es excepcional la secta islámica heterodoxa Ahmadiyyah [3]. Son proselitistas estudiosos que no rehúsan la confrontación y aprovechan todos los recursos de la crítica contra la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) o contra los Vedas del hinduismo.
Desde hace muchos años tengo una edición ahmadiyyah del Corán [4]. En un estudio introductorio bastante extenso, presentando el Islam y su revelación , se entabla un análisis bastante racionalista de la Biblia y algo se dice también contra los Vedas.  Por supuesto, a los autores ni se les ocurre aplicar la misma criba a su propio texto sagrado. Tal proceder es normal en la divulgación y catequesis islámica que podríamos llamar más ‘abierta’. Es como decir que el Islam, el Corán y Mahoma no admiten crítica porque no tienen tacha, son intocables; cosa que el no creyente no tiene por qué admitir bajo palabra.
Aquí conviene prevenir un malentendido. Nadie niega que dentro del Islam en la Edad Media se aplicaron métodos críticos en el estudio de textos y tradiciones. Eso mismo ya existía también entre judíos y cristianos, discutiendo por ejemplo si una frase de la Biblia pertenece al texto ‘original’, o si es glosa interpolada, o cómo se interpreta. Aquí no se trata de esas ‘críticas’ internas de tipo técnico, usadas desde siempre en filología, derecho, medicina etc. La crítica racionalista, cartesiana, es otra cosa. Aquellas críticas buscaban la depuración y la concordancia interna del sistema. Esta otra busca contrastar el sistema con la razón más pura y objetiva a nuestro alcance.


El Libro y la Palabra
En su día escribí un artículo, ‘Qué dice el Corán’. Hoy toca escribir este otro, ‘Qué dijo Mahoma’.  Los títulos marcan una diferencia: si el Corán se autoproclama  palabra de Dios, la sunna quiere ser la palabra de su Profeta.
Ya antes de Mahoma, entre los árabes regía la sunna: la regla de conducta marcada por la tradición de los antepasados. Al implantarse el Islam, junto con el Corán se implanta una nueva sunna: el ejemplo de Mahoma en sus hechos y sus dichos. Esa vida ejemplar se conocía gracias al hadîth, que en árabe significa ‘relato’ o ‘dicho’. En sentido técnico, es el conjunto de dichos, relatos o anécdotas de o sobre Mahoma, que no se escribieron entonces, sino que circularon como tradición oral.
Los hadithes [5] se citaban de memoria en la vida diaria, en la predicación, en la enseñanza, en el juzgado, según venían a cuento para ilustrar un tema, una situación concreta. Dado  que muchas veces se ventilaban temas conflictivos, aparecían nuevos hadithes como de encargo, incluso contradictorios. Muchos conversos al Islam eran judíos o cristianos de sectas muy diversas, o de otras religiones con sus tradiciones propias, y así no era raro sacar a Mahoma opinando sobre materias que en vida nunca llegó a conocer.
Pronto se sintió la necesidad de compilar y poner en orden tanta mole no escrita.  Las primeras colecciones se formaron con dichos sobre todo de origen medinés (Medina, la ‘Casa de la Sunna’). Esto ya marcaba un sesgo, el mismo que tomó el Profeta en su etapa de mayor autoridad y prestigio hasta su muerte.
El primer problema era distinguir lo auténtico de lo apócrifo, seleccionando además las variantes más seguras. Para la mentalidad de los tradicionistas musulmanes en el siglo III de la Hégira (siglo IX de la Era Cristiana), el requisito de garantía era la ‘cadena de transmisión’. Por eso, en todo hadîth se distinguen dos elementos: el texto (matn, cuerpo, sustancia) y el isnâd o cadena de testigos por orden ascendente, hasta el primero que citó el texto en cuestión.
Insisto aquí en lo dicho sobre ‘crítica’. Los especialistas en hadîth debatieron ásperamente la autenticidad, pero en su mentalidad les preocupaban sobre todo las minucias técnicas de la transmisión o isnad. Aquella crítica se cebó más en la cáscara que en el meollo.  
De tantas colecciones, algunas alcanzaron gran prestigio por su riqueza y método, sobre todo la de Al-Bujari y la de Muslim (siglo IX). Ambas pasan por sahih (sano, auténtico) y están disponibles en la red en texto bilingüe árabe-inglés. El Sahih de Muslim cubre 7 tomos. El Sahih de Al-Bukhari, 9 tomos, pero hay también una edición resumida bilingüe en un tomo de más de 1.000 páginas [6]
Quede bien entendido que en estas ediciones  lo ‘sano’ es el original árabe. El inglés, a menudo desconcertante, es responsabilidad del traductor, aunque sin duda alguna un doctor de Universidad Islámica conoce bien su trabajo, y así lo acredita el revisor parcial del resumen [7]. No en vano dijo Mahoma:
«Quien quiera que de mala fe me atribuye algo falsamente, ya puede ir  buscando su asiento en el Infierno».
Toda esta mole –y es sólo una parte del edificio– criba más de 5.000 anécdotas distintas, cada una con su cadena de transmisión oral. El material se distribuye en libros con sus títulos, y los libros en capítulos, pero los hadîthes llevan numeración correlativa propia .
El texto o sustancia suele ser un hecho o un dicho del propio Mahoma, o bien algo que dijo sobre Mahoma un testigo privilegiado: Aixa, la mujer y viuda del Profeta (conocida como ‘la Madre de los creyentes’); o bien alguno o varios de los ‘compañeros’ del Profeta etc.
Lo importante para el musulmán es el valor normativo de la vida y la palabra de Mahoma, como modelo de conducta y de interpretación práctica del Corán. En este sentido, también los cristianos primitivos recogieron sentencias (lógia) atribuidas a Jesucristo, y que no constaban en el Nuevo Testamento. La gran diferencia es que el magisterio de Jesús se recoge ampliamente en los Evangelios, mientras que el Corán dice poco del magisterio personal de Mahoma [8].

¿De qué trata el hadîth?
El Sajij de Bujari comprende 88 libros. Desde un punto de vista profano, ofrece una panorámica de la cultura árabe en los siglos I-II de la Hégira, y para el antropólogo es una mina de información, pues el anecdotario cubre todos los aspectos de la vida privada y social, incluidos hábitos higiénicos, dietéticos, sexuales e indumentarios, buenos y malos modales, preocupaciones y supersticiones, eclipses, sueños, cuestiones éticas y rituales, deberes religiosos etc.
Según eso, llama la atención el ‘orden’ –o la falta de él, según nuestra lógica–, cuando a los tres primeros libros religiosos sobre Revelación, Fe y Conocimiento sigue un cuarto sobre Abluciones (incluidos problemas de retrete y sexo), un quinto sobre Baños (con otro  tanto de sexo), y en fin, un libro sexto sobre la Menstruación, antes de pasar a la Ablución en Seco (tayammum) y, de nuevo, al tema propiamente religioso de las Oraciones, cómo, cuándo y dónde hacerlas.
Ni la Biblia, ni el Talmud ni los moralistas judeocristianos se han librado de fantasmas sexuales y lustrales. Pero en general esos temas de pureza ritual ya sólo preocupan y definen a la ultra-ortodoxia. En el Islam en cambio, todo el mundo es ultra-ortodoxo en ese sentido. Un tema fisiológico como la menstruación sigue figurando entre las grandes preocupaciones del buen creyente, porque esa misma importancia tuvo para Mahoma.
Es hora de asomarnos a un pequeño muestrario de la Sunna. Desde luego, los dichos no los he tomado al azar, pero tampoco buscando el morbo. Téngase en cuenta que el lenguaje es de lo más escueto y desinhibido, sobre cualquiera materia por escabrosa que parezca. Hay un tema de actualidad, que es el yihad o ‘guerra santa’, la violencia en pro del Islam. No tiene entrada en este artículo [9].
Por lo demás, que el lector pruebe y saque sus consecuencias.



Sobre la Revelación
Mahoma pasó por ser un místico que recibía información revelada. ¿Cómo y en qué condiciones? Veamos:
Crisis de angustia  MSB, 1, 1, nº 2 (p. 49):
De Aixa:
En cierta ocasión, Al-Harith ibn Hixam preguntó al Apóstol de Alá:

–Apóstol de Alá, ¿cómo te sobreviene la revelación?
–A veces me sobreviene como el tañido de una esquila. Esta es la forma más difícil para mí, porque hasta que no se me pasa no me doy cuenta de lo que se me ha dicho. Otras veces el ángel se me aparece como un hombre que me habla, y yo entiendo lo que dice.

Añadió Aixa:
–También he visto sobrevenirle la revelación en día de frío intenso, que daba dientes con dientes del frío, mientras su frente  se cubría de sudor.
Los accesos no fueron iguales desde el principio. Diríase que Mahoma va adquiriendo técnica, y en el culmen de su carrera profética las revelaciones se vuelven oportunistas,  incluso previsibles, determinadas por la situación concreta. Aquí entran las famosas dispensas y contra órdenes respecto a lo ya revelado. Pero los comienzos fueron más trabajosos. El joven Mahoma estaba entonces casado con su protectora la viuda Jadicha, y lo que la joven Aixa, aún no nacida, pueda contar de entonces es de segunda mano:
Comienzos difíciles  MSB, 1, 1, nº 3 (pp. 50-51):
De Aixa:
–En los comienzos, la inspiración del Apóstol de Alá consistía en una visión feliz en sueños. Realmente no veía cosa concreta, sino algo así como el despuntar del alba, y entonces le entraba gran deseo de retiro y se encerraba en la cueva de Hira, donde pasaba en adoración noches seguidas, antes de querer volver a su familia. Al efecto, tomaba consigo ración de comida. Luego volvía a casa de Jadicha y tomaba la comida igual que ella, hasta que venía a él la Verdad, y de nuevo él a la cueva de Hira.

[Aquí el relato pasa de tercera a primera persona.]
Entonces le venía el ángel y decía:
–Recita [mejor que ‘Lee’].
–No soy capaz de recitar.
Entonces el ángel me agarraba y me apretaba hasta dejarme sin fuerza. Luego me soltaba y decía:
–Recita.
–No soy capaz de hacerlo.
Por segunda vez me agarraba y apretaba el ángel, hasta dejarme exhausto, soltándome otras vez mientras decía:
–Recita.
–Imposible.
Entonces me agarraba y apretaba por tercera vez, y soltándome decía:
–Recita: “en el Nombre de tu Señor que creó al hombre de un cuajarón”. Recita: “y tu Señor es el más Generoso”.

¡Por fin! Cobraban cuerpo las primeras aleyas o versículos del Corán. Como se ve, Mahoma compartió con profetas más antiguos (Moisés, Jeremías) las primeras angustias y la dificultad para expresarse.  

El Apóstol de Alá volvía a reunirse con Jadicha, y entrando a ella con el corazón palpitante decía:
–¡Tapadme, tapadme!
Y le tapaban, hasta que se le iba el espanto.
Entonces dirigiéndose a Jadicha le manifestaba:
–Temo por mi vida.
–No quiera Dios, por Alá, Él nunca te hará daño. Tú estás a bien con todo el mundo y te llevas bien con todos, ayudas al indigente, blasonas de hospitalidad, acudes a los desasistidos.

Entonces Jadicha le acompaña a donde Waraqa ibn Naufal Ibn Asad ibn Abdul-Uzza, un primo de Jadicha, que eventualmente había sido cristiano en tiempo de la ‘ignorancia’ [antes del Islam], y se dedicaba a copiar la Biblia Hebrea, como también textos del Evangelio, a la buena de Dios. Era muy anciano y estaba ciego.

Jadicha le dijo:
–Primo mío, escucha esto de tu sobrino.
–¿Qué has visto, sobrino?, preguntó Waraqa.
El Apóstol de Alá le refirió su visión. Waraqa le explicó:
–Se trata de la Ley, que Dios hijo bajar sobre Moisés. Ojalá vuelva yo a trabajar en ella, ojalá esté yo vivo cuando tu pueblo te expulse.
–¿Cómo, que han de expulsarme? –dijo el Apóstol de Alá.
–Sí. Nadie vino nunca con cosa como la tuya, sino a las malas. Si me indicas tu día, cuenta conmigo.
Sin embargo, Waraqa no tardó en morir, y entonces cesó la Revelación.

Pero la carrera del Profeta sólo había empezado. Tras una pausa, la Revelación se reanuda de repente y con nuevo brío:

Por fin, el Corán  MSB 1, nº 4 (p. 52):

De Jabir ibn Abdalá al Ansari: Esto es lo que narró [Mahoma] sobre la pausa de la Revelación:

–Iba yo andando cuando oigo una voz del cielo. Levanto la cabeza, y he aquí el ángel que vino a mí en la cueva de Hira, sentado en un trono entre el cielo y la tierra.
Yo me asusté de él y volví sobre mis pasos:
–¡Tapadme, tapadme!
Entonces Alá hizo bajar [los versículos] (Azora 74), «¡Oh tú el tapado, levántate y despierta, y a tu Señor engrandece. Purifica tus vestidos y abstente de versificar» etc.

«Abstente del ruchz»: lo que suelen traducir como ‘abominación’ (ídolos, manjares impuros etc.), también puede referirse a expresarse en verso, como los oráculos paganos. Aunque el Corán está compuesto en prosa rimada, Mahoma  siempre insistió en que él no era ‘poeta’.

El sello de la Profecía
Hemos visto al anciano copista cristiano Waraqa descifrando el primero las revelaciones confusas de su joven pariente, como reminiscencias oídas del Evangelio y de la Historia Sagrada. También según la tradición, Waraqa fue el primero que buscó y descubrió en Mahoma el  sello de la profecía.
En todo el folclore universal se ha conocido el sello,  la señal corporal o el amuleto que permite reconocer al héroe elegido. En el caso de Mahoma, la señal se refería a su calidad profética. El anciano buscó y rebuscó, hasta dar con un quiste abultado, del tamaño de un huevo de paloma, localizado en la espalda entre los omóplatos del visionario.
Sin embargo, una interpretación más elevada hará caso omiso de aquel estigma corporal, y se hablará de ‘el Sello de los Profetas’, como título del propio Mahoma. El último de los profetas después de Jesucristo, con él se cierra y sella la serie de enviados de Dios. El Islam, la religión definitiva.

Exclusivas de Mahoma, según Mahoma MSB 7, 1, nº 224 (p. 151)

Dijo el Profeta (ruegue Alá por él y tenga paz):

–Cinco cosas se me han dado, no concedidas a nadie antes de mí:

  1. Soy victorioso por el terror en 30 jornadas de distancia [literalmente, un mes = unos 1.000 kms a la redonda].
  2. La tierra me ha sido puesta como mezquita [lugar de oración] y como  medio de purificación [ablución seca con tierra].
  3. A mí me es lícito hacer presas, cosa no permitida a nadie antes de mí.
  4. También se me ha dado la abogacía [facultad de intercesión, el Día del Juicio].
  5. Cada profeta fue enviado a su pueblo en particular, pero yo he sido enviado a la humanidad en general.

La parábola del árbol perenne  MSB 3, 3, nº 56 (p. 83)

Dijo el Apóstol de Alá:

–En verdad, entre los árboles hay uno al que no se le cae la hoja, y es la semejanza del musulmán. Decidme, cuál es.
Todos se pusieron a discurrir sobre los árboles del desierto.
Luego dirá Abdalá:
–A mí se me ocurrió que era la palmera, pero me dio corte [y callé].
Finalmente dijeron:
–Dinos cuál es el árbol, Apóstol de Alá.
–La palmera.

Sueño del conocimiento  MSB 3, 14, nº 73 (90)

De Aben Omar. Dijo haber oído al Apóstol de Alá decir:

–Estando yo durmiendo, se me dio una copa de leche y bebí, hasta que ví que me salía el líquido por las uñas. Entonces pasé el resto a Omar Inb Jattab.
Dijeron [los compañeros]:
–¿Y cómo lo interpretas, oh Apóstol de Alá?
–El conocimiento.

Los portentos de la Hora  MBR 3, 13, nº 71-72 (p. 89-90)

Como tantas otras religiones, también el Islam tiene prevista su ‘hora baja’. De ello y sus síntomas habló el Profeta, en distintas versiones:

–He aquí algunos de los síntomas de la Hora:

  1. Faltará la ciencia y cundirá la ignorancia.
  2. Se beberá vino.
  3. Se fornicará abiertamente.
  4. Se multiplicarán las mujeres y escasearán los hombres, hasta llegar a cincuenta mujeres por cada marido.

Otros relatos precisan que la pérdida de ciencia no será porque Dios la borre del corazón de los creyentes, sino porque los sabios se irán muriendo sin reemplazo hasta no quedar uno, y el pueblo seguirá el magisterio de ignorantes.

Los mandamientos de Mahoma son cinco   MSB 2, 9, nº 18. (p. 62)
Dijo el Apóstol de Alá, rodeado de un grupo de compañeros:

–Convenid conmigo en que:
  1. No adoraréis cosa alguna además de Alá.  
  2. Ni robaréis.
  3. Ni fornicaréis.
  4. Ni mataréis a vuestros hijos.
  5. Ni levantaréis falso testimonio

La perfidia de las mujeres  MSB 2, 17, nº 27 (p. 67):
Dijo el Profeta:

–He visto el Fuego [del Infierno], y he aquí que la mayoría que lo puebla son mujeres pérfidas.
–¿Pérfidas a Alá?
–Pérfidas al marido; y pérfidas al bien que se las hizo.  Si te portaste bien con una de ellas algún tiempo, basta con que ella vea en tí algo [negativo] para que diga: «Nunca vi de tu parte cosa buena» .

No concluyamos de ahí a la ligera que el Cielo sea un refugio masculino. Según otro  relato, tal vez procedente de círculos sufíes y con tufo de apócrifo, un santo varón fue invitado al Paraíso y allí había pocos hombres:

–¿Quiénes son estos?
–Los maridos sabios, los que desconfiaron de sus mujeres.
–¿Y los demás?
–Ellos y ellas están en el limbo.

Asentimiento tácito  MSB 60, 14, nº. 1848-1849
Según Abu Huraira, dijo el Profeta:
–Una matrona no debe darse en matrimonio sin antes ser consultada; y lo mismo una virgen, sin pedirle su consentimiento.
La gente preguntó:
–¡Oh Apóstol de Alá! ¿Y cómo se sabe si consiente?
–Si calla, consiente.

Lo mismo, según Aixa:
Yo le dije:
–¡Oh Apóstol de Alá! Una virgen es tímida.
–Si calla, consiente.

Crimen y Castigo
La siguiente terrible historia procede de uno de los compañeros de Mahoma. El título del capítulo en la colección de Bujari es así de simple:
«Orines de camello, de ovino y ganado menor, y sus apriscos.»
Un título perplejizante para el lector moderno ajeno al Islam. Porque el relato dice así:
      MSB  , p. 131 (c. 51, Nº 173):
Cierta gente de los Ukal o de los Uraina vino a Medina, pero como no les pintaba el aire, el Profeta les mandó al rebaño de las camellas, y que bebieran de su orina y de su leche, pues con eso mejorarían. Pues bien, una vez sanos, mataron a los pastores del Profeta y secuestraron el ganado.
A primera hora de la mañana llega la noticia. El envió gente tras sus huellas, y a medio día se los trajeron. Él mandó cortarles las manos y los pies y vaciarles los ojos [otra lectura: quemárselos con hierro candente], y fueron confinados en El Harra, donde pedían de beber pero no se les daba.

Por hoy, más que bastante. Que aproveche.



[1] Sahîh Muslim. Darussalam, Riyadh, 2007; t. 1, pág. 16.
[2] «El Islam es un sistema (o régimen) celestial para todos los moradores de la tierra… En el mundo entero, la humanidad sufre muchos desastres, calamidades y guerras, por causa de sus diferencias en la fe y de organizaciones que la han fracturado de la peor manera. Así pues, no queda otro camino de seguridad, de salvación y de paz, si no es con el Islam, es decir, poniendo en práctica las Leyes de Alá su Creador (a saber, el Corán y la Suna).» Muhtasar Sahîh al-Bukhâri / Summarized Sahîh al-Bukhâri. Arabic-English. Darussalam, Riyadh, 1994, pág. 12 (‘A Note from the Publisher’).
[3] La Ahmadiyyah, fundada en la India por el visionario Mirza Gulam Ahmad (1876), debería considerarse ‘ortodoxa’ por su origen sunita y porque su intención primaria fue refutar críticamente el cristianismo y sus contradicciones. Sólo cuando Ahmad se declaró mahdi (caudillo), profeta, califa y mesías, se puso enfrente a propios y extraños. Como profeta, no se le daba mal, pues las calamidades que anunciaba a sus contrarios se cumplían con exactitud, irritando por igual a musulmanes, cristianos, hindúes, sijs y, por supuesto, a las autoridades británicas, aunque él muy juiciosamente recomendó la sumisión al poder colonial. Esta actitud no violenta le convirtió en hereje. La Ahmadiyyah es muy proselitista y misionera, y representa una variante abierta y liberal dentro del Islam, rechazando la pena de muerte para los apóstatas.
[4] Al-Qur’ân al-Hakîm / Der Heilige Qur-ân. Arabisch-Deutsch. Ahmadiyya-Mission des Islams, Wiesbaden, 1954.
[5] El plural de hadîth es ahâdith; el plural españolizado, hadithes, es para entendernos.
[6] Sahîh al-Bukhâri / The Translation of the Meanings of Sahîh Al-Bukhâri. Arabic-English. Darussalam, Riyadh, 1997; 9 tomos (SB9). Sobre el Muhtasar o Resumen, v. nota [2] (MSB). Sahîh Muslim. Darussalam, Riyadh, 2007; 7 tomos (SM7).
[7] M. Amin al-Misri, de la Univ. Islámica de Medina: «He revisado una porción de esta traducción, encontrando que el traductor ha salido airoso expresando el sentido del original en un inglés sencillo y comprensible sin complicaciones. He observado también que ha sabido escoger la mejor interpretación y la más auténtica de algunos hadithes interpretados de distinto modo por los estudiosos… Estoy perfectamente seguro de que la traducción, con el favor de Alá…, raya la perfección» (MSB, pág. 6).
[8] El propio Mahoma prohibió a los escribas del Corán interpolar en él nada que hubiesen oído sobre el Profeta. Cada cosa en su sitio (SM7, Nº 7510).
[9] En SB, el libro 53 se titula el Jihad. En MSB ocupa las págs. 580 y sigs. Este mismo Resumen lleva un apéndice final explicando el yihad, pág. 1081.



Créditos de figuras:
Mahoma instruyendo a su gente. De Vestigios del Pasado, de Al-Biruni. Miniatura persa (s. XIII). Edinburgh University Library, Scotland.
Mahoma recibe la primera revelación del ángel Gabriel. De la Crónica de Rashid al-Din (1307). Miniatura persa. Edinburgh University Library, Scotland.
Fuente:   ‘Islamic Depictions of Mohammed in Full’



miércoles, 21 de enero de 2015

Ambigüedad



Una vez probado en la entrada anterior que el País Vasco/Euskadi tiene Abuela, queda por ver quiénes son los nietos y nietas de Amona: quiénes son ellas y ellos, las vascas y los vascos. Los auténticos.
Ante las ocurrencias de cualquiera que se declare patriota solo o en compañía de otros de igual vena, es sano tomárselo con tranquilidad, sobre todo si la cosa va de seguir el juego. Porque todo nacionalismo, en lo que pueda tener de sincero, es como una religión mistérica entusiasta, y esos entusiasmos enrollan.
El entusiasmo es griego, y no sólo por etimología.  Palabra muy venida a menos, hoy la gente se entusiasma con cualquier bobada. El entusiasmo de verdad era un estado anímico que sólo se alcanzaba en la práctica de una determinadas religiones, llamadas mistéricas porque su contenido esotérico se expresaba en forma de ‘misterios’ que se reservaban para los iniciados, los cuales juraban guardar secreto.
Los misterios se enunciaban y acataban, pero sobre todo se vivían en ritos a modo de psicodrama, donde el iniciado llegaba a sentirse poseído por lo divino: tò én-theon, ‘el dios dentro’; de ahí, ‘endiosado’. Entonces el nuevo entusiasta se convertía en un frenético religioso, un fuera de sus cabales, cuyo impulso interior le hacía prorrumpir  en expresiones y gestos extraños e incomprensibles para el individuo normal y corriente, sereno y sobrio. Por lo demás, los síntomas del trance podían prestarse a confusión con la embriaguez etílica o alucinógena [1]. De hecho, los primeros entusiastas pudieron ser las devotas y los devotos de Dioniso. El remedo del entusiasmo mediante drogas lo practicaron impostores, pero también investigadores de la mente.
Misterios dionisíacos (Villa de los Misterios, Pompeya)
Mucho se discutió si el entusiasmo místico divino podía extenderse también a otras áreas de inspiración más baja (el estro poético, por ejemplo). Hoy en día se procede al revés, por economía occamiana, ahorrando la idea de lo divino cuando el poder de la ilusión se basta y sobra para explicar esos transportes. Con todo, debemos seguir hablando de entusiasmo para analizar fenómenos como el del aberzalismo o patriotismo vasco; y debemos hacerlo, porque todo entusiasmo es potencialmente peligroso, germen de totalitarismo y violencia.
El propio entusiasta es mal juez para evaluarse objetivamente. Por definición, él se siente como en un estado de conciencia superior, intuitiva y clarividente. En ese estado, la intercomunión se restringe a los entusiastas del mismo grupo. Sólo ellos, los endiosados, comulgan con el sacramento de la vasquidad, en cuerpo místico también con el alma ancestral vasca que palpita y jadea desde las oquedades bajo tierra y las raíces del tiempo. Los propios vascos entusiastas nos dirán que para comprender lo suyo hay que ser vasco. Sólo ellos poseen el Euskarabajo Sagrado. Profanos, abstenerse.

«Somos de ayer»
Lo más notable de ese patriotismo vasco es que, con todo su recurso a raíces y a fuentes milenarias, es religión mistérica de nuevo cuño. Viene bien citar aquí lo que Tertuliano, recién converso al cristianismo, decía a la sociedad pagana del año 197:
«Somos de ayer y os tenemos invadidos: ciudades, islas, castillos, municipios, conciliábulos, campamentos militares, tribus y decurias, el Palatino, el Senado, el Foro. Todos vuestros espacios son ya nuestros. Sólo os hemos dejado los templos» [2]. «De momento», pudo añadir.
Muchos jóvenes nacionalistas –sin perjuicio de un adanismo congénito–  están convencidos de que siempre hubo nacionalismo aquí en el País Vasco, y otros muchos se resisten a creer que toda esta movida tuvo su origen hace sólo cosa de 130 años. Fue en el ‘Discurso de la Cena de Larrazábal’ (3 de junio 1893) cuando Sabino Arana sorprendió a sus comensales y a la Historia declarando que un día del año anterior, por la mañana, paseando con su hermano mayor Luis, recibió por medio de éste la verdad revelada: el vasco no es español, del mismo modo que el español no es ni puede ser vasco: son dos esencias incompatibles auto excluyentes. Y quien dice español dice francés, catalán, gallego… Vasco y No-vasco se contradicen como el Ser y el No-ser, por lo menos.
Este mito, que es la base de la fiesta anual del Aberri Eguna (el Día de la Patria Vasca), no se remonta a edades remotas. Mis abuelos, a los que conocí, salían entonces de la infancia o entraban en la juventud. Es verdad que jamás oyeron entonces hablar de aquello, pues el mito se refundió muchos años después, en 1932.
Para entonces yo era una criatura que me soltaba a hablar en castellano en un caserío vasco del Valle de Ayala, confiado a una familia –matrimonio joven y abuelos–, que me consideró como a hijo único. De aquel entorno guardo los primeros recuerdos de mi existencia, una vida aldeana de lo más primitiva, en torno a la labranza y los animales, la molienda y la panificación casera, el ordeño, ir a la fuente por agua, gobernar la lumbre... sin la menor idea relacionada con el nacionalismo ni con la política en general. Allí viví mis tres primeros años, hasta que me trajeron a Bilbao para escolarizarme. Pero la impronta y la llamada del caserío fue permamente. Es un modesto orgullo para mí.
«Somos de ayer y lo llenamos todo».  El ‘milagro cristiano’ se atribuyó al carácter divino de la nueva religión mistérica y entusiasta. También a la forja de valientes en la palestra del martirio: «Sangre de mártires, semen  de cristianos». El ‘milagro abertzale’ tiene explicación menos noble: terrorismo de ETA, afrontado con amplia comprensión por el nacionalismo ‘democrático’, y corrupción sistemática de menores en toda la enseñanza, copada por el magisterio patriótico, «que arranca del movimientos de las ikastolas surgido en los años 50 y 60 del pasado siglo» [3], es decir, a ciencia y paciencia del régimen franquista. Una bonanza económica prácticamente sin tasa ha regado una política lingüística de ‘palo y zanahoria’, impositiva y siempre extensiva.
¿Y antes de Sabino? Pues antes, nada. Mejor dicho, antes de Sabino, la idea dominante aquí,  compartida por muchos de fuera, era que  los vascongados eran la quintaesencia de lo español.
Otro error común entre nacionalistas jóvenes es creer que el partido de Sabino Arana tuvo desde el principio un auge ascendente hasta su cenit, cuando una coalición neoabertzale de izquierdas le disputa la hegemonía. Ese ascenso del PNV no habría tenido más contratiempo que la funesta Guerra Civil con la victoria del Franquismo y el Estado Nacional, hasta la muerte del dictador. Con todo, en esos largos 40 años el nacionalismo no habría estado en vida latente, sino florida y fecunda en las catacumbas y el exilio. Esa es su versión, su mito.
Desde luego, el Caudillo no simpatizó con otro nacionalismo que el suyo propio. Pero esa idiosincrasia no le impidió en absoluto ser  gran vascófilo. Oigamos a Juaristi:
«Como toda la derecha española, Franco padecía de un vasquismo congénito. El vasquismo es un achaque común del nacionalismo español, que se empeñó siempre en ver en los vascos lo que quedaba de la raza española genuina y primitiva… Al revés que los republicanos del sexenio, Franco creía que los vascos eran españoles por naturaleza, una visión simétrica a la de Sabino Arana.»
«En cuanto a la cultura, el tópico de una persecución enconada del euskera debe revisarse. Por supuesto, se prohibió todo lo que sonase a nacionalismo…, pero no el uso de la lengua vasca en la vida cotidiana… Se publicaron gramáticas y vocabularios de dialectos vascos… Desde 1948 la revista Egan… comenzó a admitir colaboraciones en vascuence, y desde 1950 su contenido era ya totalmente eusquérico… En general, ni la filología, ni la etnografía ni la poesía vasca, mientras fueran puramente líricas, molestaban lo más mínimo al régimen.» [4]

En fin, un mito muy difundido por el propio PNV es el de su carácter prístino democrático, olvidando simpatías germanófilas, incluso filonazis y fascistas, así como etapas de autoritarismo de derechas, como en la Alcaldía de Bilbao bajo la dictadura de Primo de Rivera.
Como botón de muestra de antidemocratismo cerril, aquí va uno. En 1930, nacionalistas y tradicionalistas se ponen de acuerdo y encargan a la Sociedad de Estudios Vascos un primer proyecto de Estatuto de Autonomía para el Estado Vasco-Navarro. El resultado fue el Estatuto de Estella (31 de marzo), que podría haber concitado amplio consenso incluso entre liberales y socialistas etc. Pero el bizcaitarrismo rural católico lo dio al través (14 de junio) aprobando dos enmiendas:
Por una de ellas, se facultaba al Gobierno autónomo a entablar relaciones diplomáticas y concordato con el Vaticano [5].
La otra enmienda elevaba de dos a diez años el «período mínimo de residencia en el país para tener derecho al voto en las elecciones autonómicas» [6]. Sencillamente, se trataba de dejar fuera al maketo inmigrante, excluyéndole de intervenir en lo que no le concernía. La comisión de las Cortes republicanas encargada de debatir el Estatuto lo rechazó por anticonstitucional, con base en las enmiendas (septiembre 1931).

Ser español por la Constitución, y qué otras cosas puede uno ser, a tenor de la misma

Si algo se aprende de los fallos del Tribunal Constitucional y de su jurisprudencia (más la parafernalia de rigor, los votos particulares), es que la Carta Magna no es lo que parece o lo que debería ser –un texto claro y coherente al alcance del ciudadano medio–, sino un desafío a la inteligencia, pero sobre todo un pretexto corporativo para humillar, ningunear y hasta casar al Tribunal Supremo, y de paso ir poniendo más y más en brete la viabilidad de España.
Es verdad que los próceres constituyentes ya se encargaron de preparar el terreno, privilegiando «los derechos históricos de los territorios forales». Con toda la imprudencia, y hasta nulidad, que supone referirse a unos «derechos históricos» jamás definidos, se pasaba por el  manto de la Carta Magna la consagración de la desigualdad entre comunidades españolas. Como ‘Disposición Adicional Primera’, lo que aquí se coló fue una enmienda de efecto retardado, que puede acabar dinamitando la propia Constitución. En efecto, el nacionalismo vasco siempre apeló a sus fueros más o menos concretos, pero nunca soñó con la bicoca de una mina ‘histórica’ inagotable, que desde 1978 no cesa de rendirle derechos y más derechos en rampante victimismo. El último derecho histórico será salir con que Euskal Herria como ente político es muy anterior a España.
Un principio de exégesis es interpretar lo oscuro o menos claro a partir de lo claro. Tomemos como ejemplo el Art. 2:
«La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española».
Se trata de un texto perfectamente claro. Habría podido decir ‘España’, en vez de ‘Nación española’; pero leído el Preámbulo de la misma Constitución, donde es la Nación española la que se otorga este documento, queda claro que es la misma idea y es la misma cosa.
Y siendo así, lo que no se entiende es cómo puede ser legal en España ningún partido político independentista. El Art. 2 lo excluye tajantemente. Cualquier disposición adicional o transitoria debería ceder ante el Art. 2., como lo accesorio cede ante lo principal. Sin embargo, el mismo Art. 2 incurre en la imprudencia de reconocer ‘nacionalidades’ como partes integrantes de la Nación española, todas con su derecho a la autonomía; y eso para los nacionalistas puede significar cualquier cosa y más.
Aquí vendría la regla de explicar lo oscuro por lo claro, recodando además que según el mismo Art. 2 la Nación española es «patria común e indivisible de todos los españoles». Sin embargo, hace ya mucho tiempo que los fiscales del país dejaron de preocuparse por las declaraciones y conductas de nacionalistas, incluso líderes políticos y autoridades constituidas, que contravienen a cada paso esa unidad y sus implicaciones. Y el Constitucional no les desautoriza, al contrario, garantiza la legalidad y legitimidad de ciudadanos, grupos políticos y partidos con intención declarada de separarse de España cuando les convenga.
También el Art. 1. 2 es meridianamente claro:
«La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.»
Sin embargo, se tolera un proceso separatista como el que viene promoviendo el President de Cataluña, y en general todo separatismo que se promueva por vías pacíficas y democráticas, con exclusión de la violencia terrorista. En la práctica, los independentistas proceden ‘como si ya’, interpretando las libertades autonómicas siempre a su favor y en sentido maximalista, como si el destino de esas comunidades fuese la declaración de independencia incluso unilateral y, como gustan de repetir las izquierdas patrióticas, «sin pedir permiso a nadie».
Pues bien, cuando parece imposible estirar más un hilo de permisividad en el límite de ruptura, los expertos en Derecho Constitucional nos sorprenden con la jurisprudencia realmente creativa del alto Tribunal. Veamos:
Si comparamos normas, de una parte la Constitución del Estado, de la otra un Estatuto de Autonomía, se nos dice que rige un principio de subordinación jerárquica, en cuanto que todo Estatuto, aprobado por ley orgánica, forma parte del ordenamiento estatal.
Si de ahí pasamos a comparar los respectivos poderes, de una parte el Poder del Estado, y de otra un Poder autonómico cualquiera, ya no rige el mismo principio. Las Comunidades Autónomas no están subordinadas jerárquicamente al Estado-institución, sino que actúan con independencia del mismo, en el reparto de funciones constitucionales y estatutarias. Lo dice la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, órgano inapelable de control en ese punto:
«La autonomía exige en principio que las actuaciones de la Administración autonómica no sean controladas por la Administración del Estado, no pudiendo impugnarse la validez o eficacia de dichas actuaciones sino a través de los mecanismos constitucionales previstos. Por ello el poder de vigilancia no puede colocar a las Comunidades Autónomas en una situación de dependencia jerárquica respecto de la Administración del Estado, pues [...] tal situación no resulta compatible con el principio de autonomía y con la esfera competencial que de éste deriva» [7]

Este pronunciamiento se basa en el Art. 153 de la CE, que determina el control de las actividades de los órganos de las CC. AA., siempre de carácter jurisdiccional: Tribunal Constitucional, Tribunales de los Contencioso-Administrativo y Tribunal de Cuentas.
Hay una excepción, sin embargo: «Se ejercerá b) por el Gobierno, previo dictamen del Consejo de Estado, el [control] del ejercicio de funciones delegadas». Estas funciones constituyen a su vez otra excepción contemplada en el Art. 150, 2:

«El Estado podrá transferir o delegar en las Comunidades Autónomas, mediante ley orgánica, facultades correspondientes a materia de titularidad estatal que por su propia naturaleza sean susceptibles de transferencia o delegación. La ley preverá en cada caso la correspondiente transferencia de medios financieros, así como las formas de control que se reserve el Estado

Aquí hay que referirse a los Arts. 148 (Competencias de las Comunidades Autónomas) y 149 (Competencias exclusivas del Estado). Este artículo da una lista de hasta 32 materias, todo un campo de Agramante para los gobiernos autonómicos nacionalistas en su eterna polémica frente al Estado. De toda esa lista, aquí podríamos fijarnos en la 1ª  competencia exclusiva del Estado, a saber:
«La regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de los deberes constitucionales.»
Sería interesante saber cuántas intervenciones ha tenido el Estado o Gobierno Central en favor de esas garantías de igualdad, frente a los atropellos cotidianos del nacionalismo en política lingüística y otras formas de discriminación sociolaboral, educativa y de oportunidades. Está muy bien que se apele a principios éticos como la solidaridad, lealtad institucional y otros valores; bien entendido que todo es música celestial si no se plasma en reglas de juego a prueba de tahures, y reglas que se apliquen.
Cosa muy conveniente porque (¡atención al autonomismo creativo!): los expertos nos revelan «un tercer significado de la autonomía política»:
«Las instituciones autonómicas tienen capacidad autoorganizativa; es decir, poderes para regular sus instituciones propias. Pero además tienen poderes de un mayor alcance: poderes para llevar a cabo políticas propias en la esfera de las competencias asumidas; es decir, poder utilizar estas competencias para actuar de forma diferenciada y con finalidades diferentes de otras Comunidades Autónomas. En definitiva, esto es lo que significa tener capacidad de autogobierno.
La anterior capacidad de crear un ordenamiento, y la capacidad de autogobernarse, tienen un fundamento común: la democracia. En efecto, los parlamentos y gobiernos autónomos tienen legitimidad democrática, tanto de origen como de ejercicio, ya que son los ciudadanos quienes eligen al Parlamento autonómico… Por tanto, el órgano primario de las comunidades es el pueblo, en tanto que cuerpo electoral, que es libre de elegir formaciones políticas de signo diferente, de las que espera que lleven a cabo orientaciones diferentes[8]
Hay que hacer aquí cierto esfuerzo de autocensura, para no ver una coartada a los desmanes de un Artur Mas, legitimado democráticamente en las urnas. La culpa la tienen los electores. En fin, uno sólo se ha asomado de puntillas al aula de los expertos, con ánimo de aprender de quienes más saben. Y como vamos viendo, la Constitución Española es realmente generosa, incluso contra sí misma. Un garantismo que acojona.

¿De qué país habla el Lendacari?
Volviendo ahora al Lendacari Urkullu, él está convencido de que habla para todos, y lo que es más serio, que para todos gobierna. Sin embargo, sus últimas declaraciones no avalan esa pretensión. La niña de sus ojos, su prioridad como socialcristiano en la izquierda del PNV, es la prestación social, cuya prueba del nueve está en la Renta de Garantía de Ingresos (RGI):
-Priorizar y garantizar lo básico
-Atender más a quien más lo necesita.


Qué bonito suena. Y qué orgulloso está el hombre de cómo le funciona:

–¿Admite fallos en la gestión del sistema?
–Admito ámbitos de mejora. Si tuviera que hablar de fallos tendría que remontarme a legislaturas pasadas, cuando se amarró la competencia de las políticas activas de empleo, y no quiero mirar al pasado.

Es evidente que Urkullu no frecuenta las colas y ventanillas de Lanbide: el «vuelva usted mañana», para recuperar ayudas perfectamente merecidas, pero retiradas de golpe por el desbarajuste competencial, hace cosa de un par de años. Ayudas que ahora se van devolviendo con cuentagotas, y con harto sufrimiento (sobre todo para las personas discapacitadas), por una conjunción funesta: caos informático-administrativo, falta de liquidez,  y pose defensiva ante críticas como las del Alcalde de Vitoria Javier Maroto.
Esta parsimonia real en lo imprescindible contrasta con el derroche en lo suntuario, como es la asignación navideña de partidas extra a la promoción del vascuence, concretamente a su uso en la vida diaria. Felicidades, Baztarrika.
Chapurrear cuatro frases en eusquera, ¿es eso lo básico? No reconocer la renta básica a un minusválido de aquí, y ofrecerle en cambio una plaza de euscaltegui, ¿es eso atender a quien más lo necesita? Claro que no; la prioridad de este Gobierno es la construcción nacional.
¿Y eso quién lo dice? Mucha gente, desde luego. Pero el primero, el propio lendacari, cuando se refiere a «la arquitectura institucional»:
–En otras palabras, Euskadi está lejos de un acuerdo PNV-Bildu como pide la izquierda abertzale.
–Aspiro a que pueda haber entendimiento con la izquierda abertzale para la construcción de un comunidad, una nación o un pueblo; pero partiendo de que primero hay que construir sociedad, sentar las bases de una sociedad que es muy plural, muy heterogénea. Hay que fijar prioridades, y en esas prioridades la izquierda abertzale tiene todavía muchas tareas por hacer.

«¡Construir sociedad!» ¡Pero si la sociedad está ahí, señor mío!: plural y heterogénea como ella sola, con los desfavorecidos de siempre bajo la mesa, a recoger las migajas de los hijos de Sabino, y no a que nadie les construya como sociedad que ya son, paso previo a reconstruirlos como nación o pueblo, que ni son ni tal vez lo deseen!
Decidir quién es o deja de ser vasco no puede ser monopolio en manos de abertzales. Cierto que ellos son muy dados a impartir patentes de vasquidad, y suelen a tribuirse una sobre representación patética: «este pueblo ha dicho que ya está bien»; «los vascos no estamos dispuestos a que nadie decida sobre nosotros por nosotros»; o bien, «este pueblo está maduro para el autogobierno en plenitud».
La conciencia de no ser uno vasco tiene una función personal no menos importante que la conciencia positiva de serlo. Incluso siendo nativo de segunda o tercera generación, incluso conociendo la lengua vasca, incluso llevando tal vez algún apellido vasco, un individuo puede llegar a la conclusión de que no es ni se siente vasco, sin que ello le suponga frustración alguna. Puede ser una constatación de hecho, más o menos sobrevenida. Puede también tratarse de una decisión voluntaria. Puede ser de alcance general, como renuncia a toda vasquidad. O sólo el rechazo a una formas concretas de definirse y manifestarse vasco: «como éstos, nada de nada». Recordemos, bajo el franquismo se daba una forma análoga de repudio a cierta forma de españolidad, identificada con grupos afectos a aquel régimen.
Personalmente, y sin perjuicio de la experiencia que he contado arriba, la alternativa vasco/no-vasco me resulta irrelevante. Me parece incluso una limitación de posibilidades, frente a lo que representa, por ejemplo, ser socio de número y activo de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, cuyo II Sesquicentenario celebramos.
Frente a una realidad noble, racional y antigua como ésta –La Bascongada–, es imposible olvidar que toda la otra novedad patriotera entusiasta se la sacó de la chistera un sujeto de mentalidad paranoide, marcando señas de identidad precisamente para excluir al maqueto, para excluirme a mí y a la gente como yo. Que ese individuo tenga calle, tenga estatua en la villa de Bilbao y dé nombre a premios patrióticos, eso es lo que hay.
Me estoy acordando de la película Goodfellas (‘Uno de los nuestros’, 1990). Cada uno es dueño de elegir sus parecidos y modelos, y hay gente con quienes uno no desea identificarse para nada. Los del ‘Jaque mate a la Guardia Civil’, por ejemplo. O los del séquito de despedida-homenaje a Bolinaga, en Mondragón. O los patriotas que han pintado en un cartel, y en las paredes: «Josu, Agur ETA Ohore». Si para ser vasco hay que pasar por eso, que aproveche. 

Amigos del País: ¿para qué más?

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[1] Es lo que le ocurrió a san Pedro y demás apóstoles en Pentecostés, cuando el cristianismo naciente se presenta en sociedad como religión mistérica, hablando cada uno en lenguas extrañas.
«Algunos bromeando decían: ‘Estos están beodos’» (Hechos 2: 13). Este comentario molestó en particular a Pedro, siendo tan temprano (a eso de las 9 de la mañana). La explicación que dio fue que entonces se estaba cumpliendo una extraña profecía de Joel (3: 1-4):
«En aquellos días (palabra de Dios),
derramaré mi espíritu sobre toda carne
y profetizarán vuestros hijos e hijas,
y vuestros jovencitos verán visiones
y vuestros ancianos soñarán sueños.
Daré portentos en el cielo arriba,
y señales en la tierra abajo,
sangre, fuego y vapor de humo;
el sol se tornará en sombra
y la luna en sangre ...»


[2] Apologético, 37.
[3] Jon Juaristi, Historia mínima del País Vasco, Madrid, Turner, 2013, pág. 331.
[4] Juaristi, o. cit., pág. 300.
[5] La Santa Sede, tras el cautiverio que a sí misma se había impuesto al ser despojada la Iglesia de sus estados en Italia con la unificación nacional, al fin se declaraba libre desde el año anterior, 1929, gracias a los Pactos de Letrán suscritos por Pío XI con el Gobierno de Mussolini.
[6] Juaristi, o. cit., pág. 286.
[7] Sentencia del TC, 76/1983); cfr. FES-ILDIS, Descentralización en perspectiva comparada: España, Colombia, Brasil. La Paz, Bolivia, Plural Editores, 2005, pág. 31.
[8] Descentralización…; o. cit., pág. 32.