viernes, 24 de julio de 2009

Niños malos (1)




 

'Cálido julio andaluz': así podría pasar éste mes veraniego de 2009 a los anales de la delincuencia juvenil española, con dos episodios de violación colectiva, como variantes de un mismo guión de cine negro y porno.

El 16 de julio, un joven y cinco menores eran detenidos, acusados de violar a una niña de 13 años, en los vestuarios de la piscina municipal de Baena (Córdoba).

Apenas dos días después, en la madrugada del sábado 18 de julio, otra presunta violación colectiva se producía en una playa de Isla Cristina (Huelva), en peculiar celebración de la fiesta patronal de la Virgen del Carmen. Esta vez los agresores, en número de siete, eran todos menores.

Tanto en el primer caso como en el segundo, la corta edad (por debajo de los 14 años cumplidos) supone para algunos la exención penal y, tras ser detenidos y prestar declaración, la libertad inmediata.

No entramos en detalles, salvo dos de especial interés para tasar los crímenes. La víctima de Huelva, niña de 13 años, es deficiente mental. También la de Baena tiene 13 años, y su agresión se realizó en dos etapas o sesiones consecutivas, como detallaba el Diario de Córdoba el día 20 en su sección de Sociedad.

Estos hechos, cualquiera de ellos, encogen el ánimo, provocan repulsa, pero sobre todo obligan a plantearse preguntas de urgencia: 1. ¿Cómo y por qué? 2. ¿Qué hacer para prevenir casos futuros? 3. ¿Qué hacer con los agresores convictos y con sus víctimas?

Demasiada materia para despacharla a la ligera. Por eso voy a repartir mi reflexión en tres capítulos, los mismos que sugieren las preguntas. Y vamos con la primera:


1. ¿Cómo y por qué? Si tuviésemos la respuesta cabal a esta doble pregunta, las demás resultarían mucho más fáciles. ¿Qué expertos son competentes para abordar tales cuestiones?: ¿Filósofos, antropólogos y psicólogos, sociólogos, juristas…? ¿Teólogos y pastores de almas? En los políticos ni se me ocurre pensar.

El filósofo Gabriel Albiac (Perversa infancia, ABC, 22 de julio), de la mano de Freud, y antes que éste, de Espinosa, encuentra la clave en el 'deseo': «el deseo es la esencia misma del hombre» (Espinosa). No parece casualidad la coincidencia entre dos pensadores judíos, y muchísimo antes que ellos la de otro judío, Juan el Apóstol –al margen de que su nombre coincida con el del más antisemita de los evangelistas, y aun de todos los escritores del Nuevo Testamento−, quien en su 1 Epístola, 2: 16, condensó la esencia del 'mundo' en el deseo desenfrenado. Todo aquí abajo se reduce a codicia de sentir, de ver, de poseer.

En cuanto al por qué, la raíz del 'mal', es lógico que haya diferencias entre pensadores religiosos y laicos. Siempre en la tradición judía, con punto de partida religioso, encontramos un concepto primario, llámese 'naturaleza', 'índole', 'impulso', o como se traduzca el hebreo yetzer. La antropología judaica admitía en el hombre hecho una pulsión antagónica entre yetzer bueno y yetzer malo. Con un detalle notable: el 'impulso malo' en cada persona es (¡mire usted por dónde!) 13 años más viejo que el bueno. Sólo a partir de los 13 años empieza a despertar el 'impulso bueno' o positivo, que guiado por la pedagogía legal, es capaz de elegir lo bueno y rechazar lo malo; la edad por tanto de la discreción. Conviene saber que el 'impulso malo' (yetzer ha-raa) forma parte de la naturaleza humana como criatura de Dios, y por tanto no es ningún mal absoluto. Como tampoco su contrario, el 'impulso bueno' (yetzer ha-tov), es un bien absoluto, nada de angelismo. Es el equilibrio compensatorio, el doble juego de impulsos, como las riendas bien templadas, lo que se traduce en actos positivos.

La teología cristiana, por su parte, elaboró una teoría más bien pesimista que condujo al postulado de un 'pecado original', con todas las consecuencias que conocemos, en particular una teoría de salvación mediante la redención y la gracia.

De los pensadores cristianos, el más el más influyente ha sido san Agustín. También el más original, al menos en cuanto a exposición temática, muy atractiva, si no fuese por el exceso de sofistería y juegos florales. Sus 'autobiográficas' Confesiones son obra de madurez y excelente broche literario que cierra el siglo IV. El autor se atiene a la división clásica de la vida humana en 'edades', y concretamente por lo que atañe a la primera infancia y niñez, frente a los entusiastas de la inocencia infantil, Agustín es pesimista. Hasta en el niño de pecho cree descubrir un esclavo de los apetitos, que no son otra cosa que la degradación pecaminosa de las necesidades e impulsos naturales primarios, con egoísmo feroz, hasta la destrucción física de quien se interponga. Este bruto humanoide es la materia prima en que opera la educación, con los instrumentos adecuados a la capacidad del sujeto. Lo que quiere decir que el santo obispo de Hipona no tuerce el gesto ante una azotina bien aplicada a tiempo. Dicho sea adelantando materia del capítulo 2, donde toca hablar de educación.

Hemos rozado el tema de las 'edades' de la vida humana. Es una distinción presente en todas las culturas, menos en la nuestra, que tiende a borrarla a favor de un continuo vital, a saber con qué ventaja. Tradicionalmente, las edades del varón (al menos las anteriores a la aetas constans, la madurez estable) venían separadas por ritos de paso, generalmente 'pruebas' o exámenes de aptitud básicamente bélica, aunque también sexual, por supuesto. San Agustín lleva su artificio literario al extremo de referirse a las primeras edades de la vida como a muertes sucesivas, ya que o no dejan recuerdo, o sólo muy borroso.

También es notable el paralelismo clásico entre edades de la vida humana y edades de la humanidad. También en esto hubo optimistas que soñaron una primitiva 'Edad de Oro', frente al pesimismo democriteo, cuya expresión consagrada se encuentra en Lucrecio:

Arma antiqua manus, ungues dentesque fuerunt,
Et lapides et item sylvarum fragmina rami;
Posterius ferri vis est aerisque reperta;
Sed prius aeris erat quam ferri cognitus usus.

[Las primeras armas fueron las manos, uñas y dientes; también piedras y trozos de ramas de árboles. Más tarde se descubrió la fuerza del hierro y del bronce; pero en cuanto al uso, el bronce se supo emplear antes que el hierro.]

Según eso, la evolución de la guerra es el trasunto de la evolución humana. El progreso colectivo se tradujo ante todo y sobre todo en la gestión de la violencia.

Si algún crédito se merece este híbrido cultural nuestro, una antropología de raíz judía, injertada en tronco indoeuropeo, la conclusión es doble:

  • Cada individuo comparte una misma naturaleza específica. Nada hay nuevo, sólo combinatoria genética al azar. La humanidad ha devenido sociedad gracias a la ley, cuya pedagogía tiene por objeto integrar al individuo en sociedad, o en su defecto repudiarlo.
  • El niño no es de mejor condición moral que el joven o el adulto. Su potencialidad para el bien o el mal es la misma. El niño y el joven son de suyo educables y educandos. La autoeducación –el hallazgo y aceptación por el individuo de los principios y normas que marcaron el progreso social de la especie−, es una hipótesis aceptable como excepción, nunca como regla.

Nuestros mitos sobre la edad juvenil de la especie contienen historias poco edificantes, a base de violencia –desde los bíblicos Caín y Abel, o Lamec etc.−, eventualmente sazonada de sexo. La idea del niño bueno, del buen salvaje, de la bondad natural del ser humano y de su corrupción por la sociedad, es moderna(Rousseau). Nuestros antepasados se habrían burlado de ella, como se rieron con la fantasía de la Edad de Oro. ¿Quién tiene razón?

Tornando a los esquemas judío y cristiano, sobre las raíces de la acción y de la conducta individual (sean dos, o sólo variantes de un mismo sistema), no tengo gana de pronunciarme sobre las ventajas y excelencias de esto o lo otro. Sólo se trataba de apuntar a la raíz judaica de los pensadores aducidos por Albiac, de cuyo artículo debo señalar esta conclusión contundente:

Decenios de «educación no represiva» -ese oxímoron- trajeron esta sociedad enferma. De infantilismo. Esto es: de crueldad. De vez en cuando, nos abofetean cosas horribles: niños que violan, torturan, asesinan... Fingimos asombrarnos. Y es mentira. Violar, torturar, asesinar es lo propio de la cría humana no domada: nuestro más sombrío invento.


 

(Continúa)

lunes, 20 de julio de 2009

Re-tractación




A propósito de la entrada anterior (jueves 16 de julio), preguntaba Navarth:

«¿Realmente existe una palabra en eusquera para designar la "aversión u hostilidad al vascuence"? Me parece muy revelador

Se refería obviamente a la 'nota' mía sobre la palabra vasca erdaltzaletze, según el 3000 Hiztegia, 'acción de aficionarse al erdara', es decir, 'a lengua no vasca'.

Demos por bueno eso de «acción de aficionarse». No sé quién ni cuándo se inventó la palabra, que el lexicógrafo Ibon Sarasola refiere lógicamente al verbo erdaltzale(tu) y al adjetivo erdaltzale, 'aficionado al no-vascuence'.

Ya la existencia de tales palabras es reveladora, amigo Navarth. Reveladora de retorcimiento mental, ante todo, porque ese 'no-vascuence', esa lengua que sólo se designa por negación –como los atributos divinos, sí, pero aquí más bien como las cosas nefandas−, es la española, aunque también la francesa; pero sobre todo la primera, el castellano.

Sería interesante saber cuántas lenguas del mundo tienen palabra equivalente; por ejemplo, como se llaman en holandés los holandeses que prefieren conocer y usar el alemán o el inglés, antes que su lengua propia, el holandés. Y quien dice holandés, dice chino, catalán o gallego. Ni siquiera en griego, lengua tan rica como puntillosa, se halla nada que lo valga. Un philobárbaros no tiene nada que ver con nuestra joya eusquérica. Vamos, que alguna mente aviesa puso su granito de arena al 'conflicto', discurriendo esas palabrejas.

En esa vena contra humorística iba mi 'nota', parodiando una entrada de diccionario con acepciones numeradas, empezando por la analítica general, concretando luego para las dos lenguas en contacto con el vascuence, para terminar con la acepción 'intencional' o 'victimista', que ciertamente no figura en los léxicos, pero es perfectamente imputable al que ideó el singular vocablo.

¿Y quién fue esa mente creativa? Digamos al menos cuándo floreció. En Sarasola, la datación más antigua es 1879 para la forma erdarazale, 'aficionado al no-vascuence' (erdeltzale, 1896-1897; erdaltzale, 1914), lo que nos sitúa en un momento histórico de la lengua en que ésta evoluciona aceleradamente, a la vez que se preña de carga nacionalista. La 'afición al no-vascuence', erdaltzaletasuna, es más reciente aún (1977), y el término 'definido' por mí podría ser recién salido del horno léxico-generativo.

El vascuence es lengua amiga de formar voces compuestas por aglutinación de otras o de sus raíces, como lo era el griego antiguo, o lo es el alemán moderno. El latín es más limitado en ese aspecto, y más todavía los romances. Claro que muchas de esas palabras compuestas y derivadas son raras o rarísimas, incluso singulares (lo que se llama técnicamente hápax legómena, 'expresadas una sola vez'), y a menudo sólo presentes en diccionarios, inventos lexicográficos sin aplicación escrita, y menos oral. De esto hay también demasiado en el moderno euskera batua, –permítase la redundancia−, con profusión de neologismos de utilidad muy desigual.

Por su parte, Catalina se queja del rigor que supone castigar a su reeuskaldunizada aldea, amenizándoles las fiestas con una mascarada suletina de las de nunca acabar. Paradojas, amiga mía. O reciprocidad, según se mire. Usted sabe bien cómo en este tiempo de crisis y penuria gastamos dinero en Iparralde ayudando a la extinción de los dialectos locales a cambio de imponerles el batua. Es como cuando en los pueblos aparece el listo que ofrece limpiar las casas de antiguallas a cambio de cosas modernas, un arca venerable por una práctica mesa de formica y tubo, un llar por una batidora, una vieja herrada de castaño por un cubo de plástico, y así por el estilo. El plástico para el caso es el batua, que poco a poco va 'degenerando' en el dialecto dominante, de modo que todo el mundo terminará hablando en guipuze. Al tiempo.

Precisamente iba a resumir aquí otra suletinada contada por Taine en su ya citado Viaje a los Pirineos (1858) . Pero en atención a usted, Catalina, y a la pareja de Gatos a quienes tanto debo, especialmente a la querida Pussy, me remito a otro texto de la misma obra, de no poca sustancia: Vida y opiniones filosóficas de un gato. He aquí una muestra, no sin valor para nuestro caso, según suelen ser las parábolas, ambiguas y polivalentes, y con más moralidad que moral:

Pronto hice amistad con una oca, animal estimable por tener el vientre tibio. Yo me acurrucaba debajo, mientras iba aprendiendo de sus discursos filosóficos.

Decía la oca que el corral era una república de aliados; que el más industrioso, el hombre, había sido elegido jefe, y que los perros, aunque turbulentos, eran nuestros guardianes. Yo lloraba de enternecimiento, siempre debajo del vientre de mi buena amiga.

Una mañana, la cocinera se acercó con un aire bonancible, enseñando en la mano un puñado de cebada. La oca alargó el pescuezo, que de pronto la cocinera agarró con una mano, al tiempo que con la otra blandía un gran cuchillo.

Un tío mío, filósofo aplicado, acudió puntual y se puso a exhortar a la oca:

−Querida hermana, el granjero alimentado con vuestra carne verá todo más claro y velará mejor por el bien común. También los perros, nutridos con vuestros huesos, estarán más listos para la defensa.

A todo esto, la oca murió de un corte de cabeza, brotando la sangre a chorro del pescuezo. Mi tío, expeditivo, corrió a llevarse la cabeza. Por mi parte, algo asustado, me acerqué al charco de sangre y sin pararme a pensarlo mojé en él mi lengua. La sangre estaba riquísima, de modo que fui a la cocina, por si me daban alguna cosa más…

Lo de la chupinera parece tan imparable como su chupinazo. Lanzado el cohete, Sonia Polo entrará en los fastos de los fastos bilbaínos. Alguien algún día publicará una Historia de las Fiestas de Bilbao, donde saldrá a la luz por qué diantre la eligieron; y en previsión de ello, debo retractar y retractarme de lo que escribí: que los comparseros proponentes de la Polo «hablan de 'caza de brujas' (aunque Sonia no tiene aspecto de tal)».

Metido ahora en retractación, rectifico que no han sido los comparseros los que han hablado de "caza de bruja"; ha sido el señor Azkuna, traicionado tal vez por algún subconsciente. Por otra parte, no siendo yo experto en brujas, y sin conocer a la chupinera de nada, no sé por qué me metí a llevarle la contraria a nuestro querido Alcalde. Caza o no caza, juzgue cada cuál.

jueves, 16 de julio de 2009

¡Las fiestas, sálvese quien pueda!



Si alguien duda de la gravedad del 'mal vasco', no tiene más que asomarse a la sección de comentarios sobre cualquiera de las noticias periodísticas que tengan algo que ver con nuestro identitario, el 'conflicto' y la 'construcción nacional'. El antagonismo vasco-español (y viceversa) se expresa demasiadas veces de forma bronca y, lo que es peor, amenazante. La cota del desencuentro parece superada irreversiblemente.

−Pero, caballero, ¿qué se le ha perdido a usted por los cubos de la basura? Ya debería saber que esa literatura no es precisamente buena.
−En efecto, señora mía. Ni buena ni mala; no es literatura. Uno no busca ahí el talento, ni siquiera la información.
−¿Entonces?...
−El manicomio se visita por ver a los locos, no para aprender de ellos.

Se acercan esas fechas temibles en que, como ante las tentaciones carnales, la mejor resistencia es la fuga. Las fiestas de Bilbao, la 'Semana Grande' de toda la vida, transfigurada hoy en Aste Nagusia, con su esperpento neo-tradicional, la Marijaya, a los sones autóctonos de nuestra chalaparta de importación. La Invicta Villa se dispone a ser bombardeada por la carlistada de siempre, ahora en versión aberchale. A los refugios. O mejor, huyamos.

Las fiestas son de todos y para todos. "Sin color ni grito", como los viejos Auxiliares. (¿O era, "de color negrito"? ¡Hace tanto de aquello!...). De la desprivatización o nacionalización del evento público se encarga de forma desinteresada el kolektibo de konpartsas, frente a las insidias de los fatxas, que todo lo politizan. De hecho, raro es el año en que no surge algún incidente despolitizador de lo naturalmente apolítico.

Esta vez, con los socialistas en el macho, ya no será uno, sino dos incidentes por lo menos:

1. Una pareja de payasos, tan tradicionales como todo en nuestra fiesta, de la que casi son ya funcionarios en nómina –no por nada especial, sólo por pura ley de mercado: su 'relación calidad/precio'−, ha sido objetada por considerandos morales.

Se veía venir. Pirritx y Porrotx, militantes de la izquierda aberchale, tienen mano con los niños. Tanta mano tienen, que hasta se les encargó para nuestra infancia un cursillo de ética social humanitaria, en relación con los presos del 'conflicto' vasco y sus familiares. Los payasos entienden de maravilla sus papeles, y con habilidad realmente circense logran lo que parecía imposible: escamotear a la vista de las criaturas cualquier referencia y condena del terrorismo etarra. Ahora bien, esta es la salsa y condimento en que tales presos se cuecen, según los objetantes; y siendo así, había que decirlo de modo que las mentes infantiles lo capten.

No piensan lo mismo estos clones. Hay cosas que no se deben decir ni a niños ni a grandes. Como que ETA es mala y hace algunas maldades. En marzo de 2001 cayó asesinado por ETA el concejal de Lasarte (Guipúzcoa) don Froilán Elespe, lo que provocó un pleno de repulsa de los ediles. No de todos. Aiora Zulaica (alias Pirritx), concejala de HB como sustituta de su compañero de partido y de pista, José Mari Agirretxe (o sea, Porrotx), se negó a condenar el asesinato. Nadie que vio el vídeo podrá olvidarlo. Aquel rostro pétreo de Aiora, donde ningún niño, ni siquiera explicándole los secretos del maquillaje o afeite, podría reconocer a la Pirritx, tan expresiva siempre y cariñosa. Desconozco el precio o caché de la artista; su calidad 'humana' (¡!) es esa que digo. Y por algún rara asociación de ideas, me viene a la memoria, que el régimen nazi mimó a sus payasos, algunos de mérito profesional.

¿Actuarán de nuevo estos cómicos en el Aste Nagusi? ¡Qué pregunta! De algún modo, ya han actuado. ¿Sus censores les achacan silencio cómplice con el terrorismo? Ellos replican que en su contrato con el Ayuntamiento de Bilbao no hay ninguna cláusula donde se hable de condena alguna. Un chiste morrocotudo, el mejor de toda su carrera. Lástima que el humor sea tan "de color negrito", demasiado para un público infantil. Pero es que estos payasos no sólo ríen, como es su obligación. También lloran (siempre de risa, por supuesto, a cuenta de Bilbao), lamentando verse perseguidos y acosados por… Adivinen… ¡Por su compromiso con el euskera! Bilbotarras maketos de la erdalchaleche*.

* (Nota: erdalchaleche; más correctamente, erdaltzaletze: 1ª acep. Estado y condición del que ama cualquier lengua distinta del vascuence. 2ª acep. Preferencia del castellano sobre el vascuence. 3ª acep. Aversión u hostilidad al vascuence. El orden de las acepciones puede invertirse, atendiendo a la importancia semántica de las mismas.)

2. Otro incidente 'fortuito' tiene que ver con el chupinazo de arranque de las fiestas. Por lo visto, las comparsas (o konpartsak) que protagonizan las fiestas se turnan en el privilegio de presentar a la persona que dispara el fuego de artificio. Este año la propuesta aprobada por la Comisión de Festejos es una tal Sonia Polo. Muchos se han escandalizado, porque resulta que la Polo es hermana de un preso de ETA. Los proponentes replican que el parentesco no es culpable, y hablan de 'caza de brujas' (aunque Sonia no tiene aspecto de tal).

Eso aparte, ¿por qué ella? Alguien tenía que ser, eso lo sabemos; pero, ¿por qué ella entre todas? Honor est in honorante, dice el axioma; y aquí el 'honorante' es el Ayuntamiento de Bilbao, en nombre de todos los bilbaínos, siempre "sin color ni grito". Según eso, ¿qué méritos ha contraído Sonia con la Villa, para ser su 'honorata'?

Respuesta: Con la Villa, lo que se dice con la Villa, sólo consta su condición de miembra de un kolektibo opuesto al tren de alta velocidad (TAV), con una terminal prevista en Bilbao. Una oposición tan respetable para mí, que incluso la comparto. Por tanto, he ahí algo que podría llamarse meritorio para con Bilbao. Con una condición: si todo el mundo, o sea toda la villa, o la mayoría, o al menos la mitad más Sonia, estuviésemos de acuerdo en que ese tren y esa terminal no es conveniente. Lo cual está muy por demostrar, sintiéndolo yo mucho. Incluso hay quienes opinan que más cierto es justamente lo contrario.

Bien; ¿algún otro mérito de Sonia Polo? Aquí no cabe más respuesta que (a) el no, o (b) el sí.

  • Supongamos que no. El brocardo latinesco antes citado –honor est in honorante− tiene una segunda parte que dice: iniuria in iniuriato. Si el honor depende y se valora por el que lo otorga, la injuria se mide por quien la recibe. En este caso, Bilbao. Si la candidatura de Sonia no se sustenta en otro mérito que eso que dicen 'por los huevos', poco respeto les merece a esos comparseros la Villa, y no estaría de más quitarles un privilegio del que abusan para insultarla con desprecio.
  • A menos que confiesen que sí, que hay eso otro que todo el mundo sabe, aunque se disimula. Se le elige por su apellido y parentesco, por ser la hermana de Sergio Polo, un etarra convicto que cumple condena por asesinato. ¡Acabáramos! Pero si ese es el 'mérito' o el motivo, pues vale (o no vale); pero entonces no se hable más de inquisición y caza de brujas, y olvidémonos del TAV, del ecologismo y del signo zodiacal de Sonia Polo.

Dicen que la chupinera sólo lanzará el cohete, sin arenga, sin pancarta, sin color ni grito, fuera del 'viva Bilbao', 'gora Bilbo' o como digan ahora. Pues no faltaba más. Aunque también podría ser que la propia chupinera, o algún espontáneo apolítico de su cuerda, lea también un manifiesto igualmente apolítico contra la dispersión carcelaria, etc. etc.

¿Y por qué no? Como decía un profesor que tuve de Filosofía: possibilia sunt infinita; «esto es, todo lo imaginable es posible, y muchísimo más que a ustedes sobre la marcha se les vaya ocurriendo», glosaba.

¿Y de los comentarios, qué? Vaya, ni me acordaba. Nada de particular, lo de siempre: Que por qué no se empieza por condenar el franquismo, y todo eso. Que aquí hay un conflicto, tanto si son fiestas como en días de labor. Que lo que hay es odio a lo nuestro, a la cultura y a la lengua vasca. Que los descontentos se vayan de veraneo a España (mejor, sin billete de vuelta). Y por supuesto, que las fiestas son de todos y todas, por más que los fatxas las quieran politizar.

Lo peor de nuestro manicomio vasco es que ni siquiera tenemos locos interesantes.