viernes, 10 de abril de 2009

JORNADAS PARA LA PUBLICIDAD

Interrumpo el discurso sobre el euskera durante estas fechas, en que vivo marginado de la Red, sin un acceso que merezca ese nombre. Con velocidades de hasta 14 kb/seg, el vértigo de las esperas me traslada a los tiempos de lejana juventud, con aquellos protocolos de 'conferencia' telefónica y enlaces rigurosamente aleatorios. Por cierto, en Guipúzcoa las conexiones se hacían a través de operadora (nunca operadoro). Otro tema de rechifla para el buen vecindario.

En realidad, poco trabajo cuesta colgar un post, como este mismo, o la continuación del comenzado, que tengo escrita. Pero debo pensar también en mis prójimos. Unos estarán en situación precaria como la mía, o todo lo contrario, felices en una desconexión total. De vuelta a la normalidad, volveremos sobre el 'Euskera como fetiche'.

Además, el corazón me canta que el próximo Aberri-eguna toca caño libre de inspiración, sobre lo que de verdad nos concierne como a vascos, nuestra identidad en crisis agónica permanente. Seguro que no han de faltar chalapartituras de alarma, ante la deseuscaldunización rampante que nos amaga, auspiciada por los enemigos de nuestro pueblo, ebrios de pírrica victoria. Venga todo a enriquecer el identitarium vasco: ese catálogo de señas de identidad, por el que, en el Armagedón…−digo mál− en el Arrigorriaga autodeterminista, Aitor reconocerá a los suyos.

De todos modos, la cortesía para con mis amables visitantes me sugiere proponer algunas reflexiones sobre 'el santo del día'. Esta tarde, concretamente, algo así como una homilía sobre Jesús de Nazareth. Recordemos que homilía significa coloquio, charla, conversación. Y entre los sinónimos no pongo 'diálogo', porque esta palabra me está cayendo aburrida, de tiempo a esta parte.

Luego homiliamos, si les parece. Un saludo.

lunes, 6 de abril de 2009

EL EUSKERA COMO FETICHE (1)



1. Introducción

Hace tres años (febrero de 2006) una mujer árabe siro-palestina, Wafa Sultán (Baniyas, 1958) mantivo en la TV Al-Jazeera, frente al profesor islámico egipcio Ibrahim al-Khouly, un debate sobre conflicto y choque de civilizaciones. Como siempre, llegó el momento de ajustar el sentido de las palabras, concretamente, qué es lo que está en conflicto. A partir de ahí, la cuadratura del círculo se reveló imposible, y el debate cedió paso a un alegato de 5 minutos, que desde entonces circula en la Red Mundial.

«No es un choque de religiones ni de civilizaciones. Es el choque entre dos contrarios, dos eras: Una mentalidad medieval, y otra del siglo XXI. El choque entre civilización y primitivismo, entre lo bárbaro y lo racional, entre libertad y opresión, entre democracia y dictadura. Es el choque entre los derechos humanos, por un lado, y la violación de esos mismos derechos por el otro… Las civilizaciones no chocan, compiten.»

Eso dice Wafa. Sin duda, el momento más impactante es cuando el clérigo la interrumpe para anatematizarla por hereje, y ella impávida le espeta:

Hermano mío, tú puedes creer en las piedras, si gustas, con tal que no las lances contra mí.

Esta réplica, a primera vista algo incoherente, la entiendo en función del término traducido por 'hereje' en femenino: muljida (مُلحدَە). 

En la jerga islámica hay diversos términos para designar la disidencia religiosa. Muljid en principio significa 'apartado', pero una de sus acepciones se refiere al 'enterrado aparte', eufemismo para indicar lo que la inquisición islámica reserva al disidente. Wafa, por supuesto, ha cogido al vuelo la insinuación de enterrarla en un hoyo hasta la cintura para la pedrea.

Recomiendo repasar el vídeo. Para hacernos una idea de la situación: Es como si alguien, en el País Vasco y en la EITB de Andoni Ortuzar, se atreviese a decir que el dilema que se abre aquí ahora no es entre dos opciones políticas compitiendo en democracia moderna, sino el choque entre (a) un identitario vasco abertzale mitológico, excluyente, opresivo y obsoleto, con una política lingüística retrógrada; todo ello frente a (b) otra opción social también vasca, pero racional, integradora, liberal y moderna. Y que, ante el reproche de 'mal vasco' y 'enemigo del euskera', replicase que esta lengua, más entrañable que útil, se devalúa y desprestigia convertida en fetiche:

–Amigo mío, hable usted la lengua que le plazca, mientras no me la imponga como bandera de discriminación.

La cuestión lingüística es uno de los puntos clave del reciente acuerdo PSOE-PP; también motivo de reticencias y críticas nacionalistas. Es cuestión que no deja indiferente, y aprovecho el momento para ir poniendo en limpio unas reflexiones que me atrevo a compartir, no desde tribuna pública, sino en este discretísimo rincón, para mí mismo y para los pocos que tengan a bien leerme.

Agradezco de antemano cualquier puntualización, comentario, crítica, discrepancia. Todo será bienvenido y útil, para dar forma al borrador que voy perfilando.

2. Vascuencemente ágrafos
El euskera o vascuence es una lengua singular en sí misma y extraordinaria por diferentes razones. Endémica, relíctica y ágrafa pertinaz, sólo mediado el siglo XVI un clérigo vasco-francés la pone en letra de molde en un librito, verso y prosa, para presentarla en sociedad, de la mano del latín.

En 1545, Bernardo Dechepare daba a luz Linguae Vasconum primitiae («Las primicias de la lengua de los vascones»). Hasta la ortografía merece mimo del autor, que (siempre en latín) dicta normas para la composición y corrección de pruebas. El latín era más que la lingua franca, la lengua referencial en una Europa donde ya muchas lenguas vernáculas alternaban, a favor de la imprenta.

A aquel baile de lenguas literarias, el cura de San Miguel el Viejo sacaba orgulloso la suya, como doncella sin par, a la faz del mundo entero. Nada menos:

Ezein ere lengoajerik,ez franzesa, ez bertzerik;orai ezta erideitenheuskararen parerik

«Ninguna entre las lenguas, sea el francés, u otra cualquiera, le es comparable» Ea, pues,

Heuskara, / ialgi adi kanpora…Heuskara, / ialgi adi plazara…Heuskara, / ialgi adi mundura…, habil mundu guzira…Heuskara, / ialgi adi danzara.

Precioso. ¿Sublime? Hombre. tanto como sublime… Pero como pieza inaugural, impecable y valiente. No entramos ahora en el trasfondo histórico-político del evento.
Porque esto era, repito, en 1545.

¿Tuvo mosén Dechepare el éxito apetecido? Lejos de eso, su propio libro cayó en olvido, al hacerse poco inteligible. La lengua vasca como tal siguió ágrafa, salvo retazos impresos de literatura religiosa, y poco más. La agrafia propició el divorcio de dialectos que, con el calibre actual de la lingüística autonómica, serían otras tantas lenguas propias diferentes. En la década de los 60 del siglo XX, el voluntarismo de la construcción nacional los redujo a norma unificada como euskara batua.*

Esta labor ingente y desinteresada se hizo en cenáculos académicos y literarios, entre el desconocimient o la indiferencia del público, que seguía hablando sus dialectos y/o el castellano o francés, según el mapa lingüístico de entonces. Fue una empresa tenaz y discreta a la vez. 

Discreta, digo, más por el autismo de sus gestores que por otra cosa. Licencia épica sería compararla a una destilería clandestina bajo un régimen de ley seca, pues los supuestos moonshiners no corrían otro peligro que el de perder su tiempo y dinero en nada. El Gran Pretor de Madrid no hacía caso de esas pequeñeces.

Finalmente, el Gran Pretor desaparece, en 1975. Fue un punto crítico para muchas cosas, también para el euskera unificado. Mientra el otro vascuence –el de los dialectos– seguía su curso natural, como cualquier lengua viva, el batua estaba en el dilema de ser o no ser, morir tal vez, casi sin haber nacido.

Si la transición política del franquismo no hubiese sido favorable al autonomismo, es muy probable que el euskaranto –reproche de su carácter artificial–, a merced de la ley de bronce lingüística, y mirado de reojo por muchos euskaldunes, habría languidecido como un intento más de 'restauración' del euskera. En estas cosas, ya se sabe, la subvención, la pasta gansa, es a vida o muerte.

Pues bien, la transición fue como fue, y el espíritu de reconciliación nacional trajo la nueva España de la Autonomías, donde Cataluña y Euskadi brillaban con la luz de sus 'lenguas propias'.

Para el batua fue golpe de suerte, lo nunca visto. Con la adopción oficial, una lengua que poquísimos euskaldunes usaban, y apenas conocían, empezó a crecer de modo exponencial.

Y con la difusión oral vino la literaria. Literatura copiosísima que, acumulada en estanterías y rimeros, ahí queda para la posteridad como milagro de la generación presente, que se ha volcado sobre todo en un género literario: los boletines, edictos y demás papelamen oficial, donde la lengua milenaria con acta de nacimiento en 1968 se empareja con la lengua española de toda la vida, repitiendo lo que esta dice, como traducción que es mayormente de la misma. Ejemplar hermanamiento de ambas lenguas oficiales. El vascuence como lengua propia, de todos los vascos, incluso de aquellos que la desconocen, y a su lado el castellano, común a todos, y lengua materna de la mayor parte de la ciudadanía vasca.

A esta literatura le sigue, en extensión o cantidad, un segundo género representado por letreros, carteles, rótulos, boletos. También aquí suelen hermanarse las dos lenguas, aunque ya no tanto en columnas parejas, sino la una encima de la otra, en mayor cuerpo y dominancia del vascuence, cual corresponde a la lengua más débil.

Fuera de eso, el euskera ha prosperado también en otros géneros literarios, por los que ya empieza a salir al mundo. Todavía no es el Contrapas de mosén Bernat, pero todo se danzará.

El resto del cuento lo conocemos, hasta el estallido de la supernova Tontxu Campos, uno de los meteoros más insólitos e increíbles en un país en libertad. Claro que libertad, libertad, sólo relativa en el País Vasco, en todos estos años. Ahora Campos se va como por un agujero negro, no sin antes emitir sus últimos destellos como Júpiter sobre Dánae, lluvia de oro, al higuí, al higuí.
(Continúa)
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*) La tesis de la modernidad dialectal ha tenido un éxito superior a su mérito científico, como más favorable a la unificación nacional.


jueves, 2 de abril de 2009

Logomaquias


       Nadie sabe lo que esto dará de sí. Pero hasta los no optimistas, llegado el día, podremos decir que nos quiten lo bailado. Sólo con pensar lo que sería el escenario vasco –por usar la metáfora teatral tan trillada del léxico aberchale– de haber prosperado la candidatura de Ibarretxe, saludamos con alborozo el cambio de cartel y la animación del espectáculo.
       Y no es porque los nuevos empresarios vengan con un cartel de lujo, qué va. Es la nueva oposición la que corre con el gasto, la que aporta ingenio y sal como nunca lo había hecho hasta ahora. El PNV, en especial, se supera de día en día. Urkullu, Ortuzar, Azkarate, hasta Egibar, hasta el mismo Ibarretxe derrochando humor, a ver quién cuenta el chiste más gracioso, la anécdota más divertida…
       Vendrán luego sus adversarios políticos a redondear, a bordar sus ocurrencias. Pero el mérito es suyo, y la Historia en su fallo imparcial e inapelable les reserva el copirray de casi todo el humor del bueno que se derrocha esta temporada.En este espacio tan competido, hay un cómico de popularidad envidiable. Si caigo en la vulgaridad de aludir a su tupé, no tiene mérito, todo el mundo adivina que se trata de Iñaki Anasagasti, caracterizado siempre en escena por el 'tupé' o desparapajo descaradillo y picante de su verbo.
       Hoy mismo, en El Correo, hace una exhibición con un artículo hilarante, ya desde su título: El lobo feroz enseñó su patita Su objetivo es demostrar la rabiosa actualidad de los viejos hermanos Grimm, que «en 1812 escribieron uno de sus cuentos dedicado a un lobo que quería comerse a siete cabritillos» etc.; y aquí Anasagasti cuenta el cuento.
       ¿Qué dónde está la gracia? Pues en que uno de los animalitos del cuento no era en realidad un cabritillo, sino una niña llamada Caperucita de Bermeo. Ya saben, el cuento de Grimm, 'Caperucita o los Siete Cabritillos', escrito al alimón de una sentada en 1812.
       Sólo ha faltado explicitar la moraleja. Añadiendo, por ejemplo, que el supuesto cuento era en realidad una parábola, un panfleto en clave de propaganda política contra Napoleón. Actualizando: a ver si, como José Bonaparte, también el actual intruso Patxi López pierde su atambor en Vitoria. Sería un centenario memorable.
       Aplaudo el bien traído cuento, aunque permítame el maestro ponerle una tilde: demasiado 'prólogo' para tan corto epílogo. Mucho espacio dedicado por don Iñaki a mostrar que los socialistas vascos no van por buen camino, reprochándoles entre otros defectos recurrir a la logomaquia.
       Otra vez esta palabreja. Fue ayer mismo y aquí, en la página dedicada al obispo de San Sebastián monseñor Uriarte. Al hilo de un comentario perspicaz de Cristalina sobre perversión del lenguaje, le dediqué una nota que en su sitio está, aunque voy a destacarla también aquí:

La perversión del lenguaje –decía ella– tanto en el sentido de hacer ambiguos los términos como lo contrario, ceñirse a la literalidad con el fin de omitir significados inconvenientes, es un arma torticera de todo aquél que carece de argumentos. Los adolescentes la utilizan con admirable habilidad...
       Interesado por esa observación sobre el lenguaje en la adolescencia, que invitaría a «calar un poco, lo que tiene de 'adolescente' residual el lenguaje de muchos clérigos (y ex clérigos, obviamente)», me fijé en la misma palabra-insignia, para decirle:
«Es curioso, la palabra logomaquia (guerra verbal, disputa de palabras), tan conocida y usada, me parece que la inventó uno de los autores del Nuevo Testamento, uno que finge ser San Pablo, escribiendo precisamente a un obispo ("Timoteo"), para recomendarle que evite ese vicio a todo trance. Tengo aquí los textos:  
1. Una primera vez habla de la logomaquia, literalmente, como una "patología" dialéctica (1 Timoteo, 6: 4). 
2. De nuevo lo emplea (esta vez como verbo, si se me permite, 'logomaquiar'), para declararlo pernicioso porque lía a los oyentes (2 Timoteo, 2: 14).»
       El término hizo fortuna, aunque tuvo su historia particular. En los siglos III-IV, al plantearse las disputas pre bizantinas en torno a la naturaleza y ser del Verbo de Dios –el Logos–, un primer conflicto dialéctico pasó a mayores y corrió la sangre. Ante este segundo conflicto violento, con sus caleborrocas, atentados y terrorismo por extensas áreas del Imperio , surgieron los konpondus de entonces, empeñados en no distinguir entre ambos conflictos, con una distorsión del lenguaje increíble.
       Ni la misma palabra logomaquia se libró. De su sentido original, que como define Anasagasti admirablemente, «se centra en engañar con palabras para no ir al fondo del asunto», pasó a significar «disputa o guerra sobre el Logos», y por extensión, cualquier 'discusión teológica'. Se abrió la era –también de vez en cuándo la veda– de los logómacos.
       Pero de todo esto más sabe don José Antonio Pagola.
       La palabra como expresión del pensamiento, pero también como envoltura y ocultación del mismo. La mentira como caso límite de una transformación afín a través de la figura retórica. La Retórica, como arte de la persuasión y la disuasión por medio de la palabra… 

       Apasionante, curioso, divertido; y a la vez, demasiado serio para dejarlo a merced de mercaderes de toda laya. Caveat emptor ('ojo, el que compra').