martes, 16 de noviembre de 2010

Los Señores de la Paz



El licenciado Otegui –o bien Otegi, pero entonces nada impide pronunciar Oteji, hablando en castellano–;  don Arnaldo, digo, delante del Tribunal que le juzga se levantó de su silla y compuso la siempre ensayadísima figura para recitar su monólogo:
«Quiero volver a decir y a reseñar, con carácter absolutamente nítido, prístino, clarí[s]…, claro, que nosotros hemos hecho una apuesta por las vías pacíficas y democráticas, que nosotros rechazamos el uso de la violencia para imponer un proyecto político, que nosotros abogamos por un proceso de soluciones democráticas … »

¿«Prístino»? ¿ha hablado de «decir y reseñar con carácter prístino» no sé qué? La moviola lo confirma, es lo que ha dicho. A saber, dónde habrá oído ese adjetivo este hombre nada sobrado de léxico.

Al grano. Lo lógico, lo coherente al menos, habría sido recusar en forma al tribunal de un estado opresor, incompetente para juzgar a un patriota vasco que reniega de la nacionalidad española. Otros patriotas lo hacen. Esta vez el guión no pedía eso, sino compostura. Tocaba mitin.

Lo que no podía faltar en un discurso de parquedad retórica rayana en inopia eran las palabras favoritas: ‘conflicto’, ‘democrático’, ‘apuesta’, ‘escenario’... El actor en su escenario, eso era el demagogo Otegui protestando ante la Sala su apuesta como demócrata, quién sabe si de toda la vida.

¿Por qué me entretengo con Arnaldo Otegui? No tengo fijación por este personaje, de biografía bastante explícita, salvo en algún detalle, como su grado académico, dónde, cuándo, en qué y cómo lo consiguió. Licenciado en Filosofía y Letras. O en Sociología, dicen también. La cárcel ha sido fecunda en titulaciones de abertzales por cuenta de una UPV/EHU que no frecuentaron, algunas portentosas.

Otegui me vale de paradigma de esa gente que podemos llamar «señores de la paz», como otros –o los mismos, para el caso– son «señores de la guerra». Condotieros, filibusteros de la pacificación que ellos mismos provocan, inducen, gestionan, escamotean.

Proceso de paz, resolución del conflicto, etc.  A fuerza de machacar en frío, terminan metiéndonos en la cabeza que «todos necesitamos la paz», que la paz está ahí, aunque no de balde, sólo si sabemos negociarla. Esa milonga no se entiende, o es que se entiende demasiado, veamos:

«El Pueblo Vasco, Euskal Herria, está en conflicto con el Estado Español, con el Estado Francés». No es verdad. Hay políticos que lideran grupos y partidos desde ese supuesto, es su problema, que no les da derecho a usurpar la voz de este país. Aquí somos muchos los que no necesitamos esa paz de que hablan los señores y profesionales del ‘conflicto’. Por una sencilla razón: nosotros no estamos en conflicto –en ese conflicto–, no estamos en guerra civil con nuestro propio estado ni en guerra con el vecino del norte.

«Los enemigos del nacionalismo vasco lo son en nombre de su nacionalismo español excluyente», otra falacia. De todo habrá en la viña del Señor, y tan legítima es la opción de una España centralista como cualquier opción separatista o federalista, pasando por toda la gama de autonomías nacionalistas periféricas. ¿Quién teme al lobo feroz? Por ahí no nos van a pillar en renuncio.

Aquí el único conflicto es el que tratan de imponer los que de tiempo acá se comportan como señores de la paz, mientras niegan la única realidad política pacífica que hay, la firmada por los demócratas al sacudirse la dictadura y otorgarse una Constitución reformable y expresiva de la soberanía nacional española.

Los que no estamos en el conflicto de Otegui, o de Ibarretxe (que tanto monta), debemos tomar conciencia de ello y decir bien alto que su guerra no es la nuestra, y por tanto no necesitamos ni queremos para nada la paz que nos venden. Tan así es, que sólo desde una gran miopía, o un oportunismo político inconfesable, se puede estar colgado de los gestos o las palabras de ETA-Batasuna. o de ETA, Batasuna & Cía, como si la paz dependiera de ellos.

Señores de la Paz hay muchos y de muy variados pelajes. Eguiguren es otro de ellos. ¡Pero Eguiguren es demócrata  y nunca ha sido señor de la guerra! ¿Y qué? Es de los que saben como se cocina la paz, como se dialoga con el mismo diablo, como quien reza el rosario, para que la paz sea con nosotros. ¿Y Mr. Currin? Experto en resolver conflictos, mediador entre ETA y no se sabe quién, un soldado mercenario de la paz. Señor de la Paz es cualquiera de tanto espontáneo o comisionista para lavarnos el cerebro con la misma monserga de que nosotros tenemos un problema y alguien tiene la solución.

Claro que tenemos problemas. Entre otros, la delincuencia de todo tipo, incluido el terrorismo. Soluciones a debate, entre ellas no figura para nada la pacificación, el logro de un arreglo negociado de igual a igual entre la sociedad y las bandas de malhechores traficantes, proxenetas, ladrones, chantajistas, pistoleros. Menos todavía, la integración social de esa gente tal cuál y con atropello de la justicia, su infiltración en el Parlamento y las instituciones, por aquello de que «a nadie se le puede obligar a que renuncie a sus ideas, a su modelo de convivencia». Vaya si tenemos problemas. Uno especialmente molesto es la Caravana de la Paz.

Volviendo a Otegui. Primero en Anoeta, luego en el ‘Festival de Venecia’, ahora en la Audiencia Nacional, este ‘hombre de paz’ como que va de paloma de Noé con el ramo de olivo en el pico. El efecto irremediable es de arrogancia, un perdonavidas a lo Quinto Fabio, cuando abolsando un pliegue de su toga dijo a los cartagineses: «Aquí os traigo la paz y la guerra. Elegid» (T. Livio, 21, 18).

Encima, sin venir a cuento. Porque Roma y Cartago sí eran dos iguales en conflicto. Aquí, en cambio, ¿quién es ningún particular, ningún portavoz de grupo o partido político, para imponer a toda la sociedad su conflicto partidario, con dilemas de olivos y togas?


«Quiero que sepan que el pueblo trabajador vasco, que la clase obrera y las capas populares de este país, las que estamos organizadas para construir un proceso de liberación nacional y social en este país, no olvidaremos jamás el ejemplo que habéis dado, el compromiso que habéis adquirido, y el compromiso que además habéis planteado para buscar una solución dialogada y política al conflicto que enfrenta a Euskal Herria con el Estado Español.» (A. O.)

–¿Y la paz?

–Un momento, que para todos hay. En seguida me dirijo a los payos. Ea, vamos allá: Damas y caballeros, aquí les traigo el ramo de olivo. La Pazzz...

El crecepelo mágico…

Sólo un problema: en toda esta feria, el charlatán es el único calvo.

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