jueves, 28 de octubre de 2010

Motores inmóviles


«Algo se mueve en el mundo de ETA-Batasuna.»

¿Nos suena de algo? Consultado el oráculo Google, escupe de golpe 8.000 respuestas. Ocho mil, que luego resultan menos, muchas menos, eso sí, repetidas hasta el tedio.


¿Desde cuándo diz que se mueve algo en ese entorno? En febrero pasado, Antonio Basagoiti decía que lleva «15 años escuchándolo». Esto nos remonta a 1995, cuando ETA presentó en sociedad la Alternativa Democrática para Euskal Herria (publicada en Egin, 26 de abril 1995), que Batasuna hizo suya de inmediato, y formalmente en enero de 1996 con su Presentación popular de la Alternativa Democrática.

Entre las referencias al supuesto movimiento radical recordemos una antigua de Gorka Landaburu (1998), comprensible y entrañable por tratarse de una víctima de ETA, pero también de un candor muy poco realista y nada clarividente. El bueno de Gorka (Cambio 16, 04/09/1998) volcando el anticasandrismo de su gran corazón, no daba una a derechas, incluido el consabido «en ETA algo ha comenzado a moverse».
Ocho años después, el mismo optimismo animaba sus declaraciones en Diario Vasco (24/03/2006) saludando la tregua de ETA como «un primer paso importante de cara a un proceso de paz »: un texto para las antologías del ‘pensamiento deseoso’.

Declaraciones de este tipo contrastaban con otra anterior de Ramón Jáuregui en 1996 (entrevista a El País, 19/08/1996). Entonces un Jaúregui pesimista lamentaba:
 
«Llevamos demasiados años engañándonos con la esperanza de que algo pasa dentro del mundo de ETA. Llevamos así desde los tiempos de Argel, cuando lo cierto es que ahí no pasa nada que no sea lo de siempre. No pasa nada.»

‘Los tiempos de Argel’: conversación directa a principios de 1989, pero con contactos ya desde 1986. Lo que ha llovido desde entonces, la de movimientos que se han denunciado.
Sin embargo, ETA-Batasuna no han hecho más movimientos que los que les ha obligado a hacer el Estado, los tres poderes del Estado, de los dos estados Español y Francés. Eso es todo lo que se ha movido ese mundo, y ese es el único motor capaz de seguirles moviendo.

¿Se anuncia el fin de ETA? El trofeo es de lo más apetecible, la pieza está quieta y visible. ¿Es el momento de cobrarla? Tal vez José Ramón pueda decirlo, ahora que es ministro.

Doctor Ibarretxe

Este lunes 25 Juan José Ibarretxe se recibía de doctor por la Universidad del País Vasco. Bueno, doctor ya era, y por partida múltiple, pero sólo honoris causa. Esta vez nada de honor, él se lo ha currado, y por derecho propio luce los atributos doctorales a la española, los únicos ¡ay! que de momento ofrece la Universidad del País Vasco. Añorando aquellos otros de Tiflis y demás, Ibarretxe habrá pensado, quién sabe, algún día no lejano acabaremos con esta humillación, crearemos el tradicional birrete vasco, la foral muceta vasca, las ínfulas aquellas que hicieron famosos entre los primates a nuestros ancestros. De hecho, algo por ahí iban los tiros de su tesis.

Ibarretxe, como ETA-Batasuna, tampoco es de los que se mueven. El ex lendacari, desde la propuesta y fracaso de su Plan, que le llevó al ostracismo, hasta la defensa de su Tesis cum laude, no se ha movido un milímetro en su pensamiento político. A juzgar por la defensa pronunciada ante el tribunal, el doctoral mamotreto presentado como tesis no contiene más que el mismísimo Plan Ibarretxe, ni siquiera desarrollado, sólo aviado con la parafernalia propia del trámite académico. Con liripipio y sin él, Ibarretxe sigue siendo el mismo que llegó a lendacari gracias a ETA-Batasuna, y su tesis la misma que salió adelante en el Parlamento Vasco con idéntica colaboración. Esa es la verdad matemática, lo demás es retórica.

En su tesis Ibarretxe decide doctoralmente que el Estatuto de Autonomía vasco

«está agotado, … porque la tela de araña legal y jurisprudencial que se ha tejido, y aún continúa tejiéndose en torno al mismo, ha conseguido encorsetar su interpretación, impedir su desarrollo y anular una buena parte de sus potencialidades», así como «poner en cuestión la palabra dada de considerarlo un pacto entre dos partes.»

Tremendo, pero ahí queda eso. Y no sólo eso, que al fin sólo toca al minimalista Estatuto, sino lo otro, el cerrojazo del Parlamento Español a la decisión soberana de la Cámara Vasca. Esto sí que fue grave, un bofetón al Pueblo Vasco en la faz augusta de Juanjosé.

La coincidencia de fines no implica coincidencia de medios, y ahí puede estar la frontera entre lo moral y lo inmoral. Pero vuélvase el enunciado del revés, ¿y qué resulta? Pues esto: que el repudio de la violencia por sí solo nunca impedirá que el violento siga persiguiendo el mismo fin que el demócrata. La violencia –llámese ETA, llámese GAL– se puede repudiar por inmoral, por intempestiva, por inútil, por antiestética, por impolítica, etc. etc. Al final, los dos bandos antagónicos no resultan ser ‘violentos’ frente a ‘demócratas’, sino patriotas de una y de otra bandera.

Suena duro decir que el demócrata Ibarretxe está más cerca de ETA que de los demócratas españolistas (me refiero a la tesis que acaba de defender cum laude); tan duro como sugerir que el españolismo simpatiza de suyo con los GAL (cosa que también se oye de tarde en tarde). Pero no imagino a nadie tan ingenuo que imagine que un mismo parto político –la independencia vasca– pueda venir sin sangre, pues con todo el angelismo que se le quiera echar, implica la liquidación política de media población del País Vasco.

Ibarretxe, en su tesis-mitin (cito por la prensa), se habría dirigido a ETA de la forma más comedida, en los términos en que se apostrofa a un inminente aliado político:

«ETA debe comprender la terrible brutalidad, inutilidad e inmoralidad de su violencia y dar muestras inequívocas de su disposición a abandonarla definitivamente para siempre, y sin reservarse papel garante de proceso político alguno.»

Una vez que ETA haya comprendido todo eso tan simple que Ibarretxe le indica –o al menos la primera parte, lo de «la brutalidad e inutilidad de su violencia», ya podrá dejar de esconderse tras el escudo humano de quienes comparten sus mismos fines, y muchos también sus mismo medios.

Cuando eso ocurra, cuando toquen al reparto de nueces, nada hace pensar que no estén los primeros los sacudidores del árbol. ¿No se han jugado la libertad, la vida y hasta la honra? A Ibarretxe le preocupa el reparto con éstos. Mucho más que con el verdadero adversario político, que al fin no ofrece más que un mísero Estatuto tramposo y con telarañas.

Si un día de estos la tesis de Ibarretxe se pone en práctica, ese día los violentos de hoy serán por definición demócratas. Demócratas por un día, cabe suponer, porque el talante democrático no se improvisa, ni los feos modales se pierden de la noche a la mañana. Puede que lo que salga de las urnas no les guste, y deseen makillarlo a su estilo [*]. O mejor, desde el comisariado político siempre podrá seguir siendo útiles a la causa, aplicando el correctivo que los eternos descontentos se merecen. Éstos se lo habrán buscado.
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*) Makilaka, a bastonazos; de makila. Por etimología, el vascuence unificado distingue makilatu, dar de palos, y makillatu, maquillar, pero la pronunciación es la misma.



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