lunes, 17 de septiembre de 2012

Prevaricar, divaricar




… et instar fornicantis Hierusalem,
omni transeunti divaricet pedes suos  [1]

       En la última entrada alguien recordó que venía buscando otra cosa, algo que yo habría prometido y no cumplido: «buscaba el ‘varicar’…». Promesa o mero propósito, quitémonos el cuidado.

       Todo vino de aquel jueves 23 de agosto, cuando el ministro del Interior Jorge Fernández  justificó el tercer grado otorgado por el Gobierno a un preso, con esta razón aplastante por lo estrambótica: «Hacer lo contrario hubiera sido prevaricación».
       Alguien con buen acuerdo y mejor humor abrió el Diccionario:
Prevaricar.
(Del lat. praevaricāre).
1. intr. Der. Cometer el delito de prevaricación.
2. intr. Cometer cualquier otra falta menos grave en el ejercicio de un deber o función.
3. intr. coloq. desvariar ( decir locuras).
4. intr. desus. Hacer prevaricar. 

       No sé cómo andará de latines el señor ministro, para entender la etimología. Dediquemos un rato a esta curiosidad.
       Varicar. El verbo latino de base es varicare: abrirse de piernas (como un compás). Es adoptar el aire y andares propios del varicus, el despatarrado o el zanquilargo. «Abrirse de piernas en exceso, estando parado es cosa fea, y al andar no digamos, roza lo obsceno», según nuestro Quintiliano [2].
       Otra forma de ‘abrirse’ es salir por piernas. «Irse de un lugar, huir, salir precipitadamente», según el mismo DRAE (Abrir, 31), sea coloquial como hasta ahora, o jerga, según el Avance de la próxima edición 23ª.
       En fin, varicare es también saltar una valla, como hacen los corredores o los toreros, y figuradamente también los que delinquen.
       Con dicho verbo se relaciona el adjetivo varus, (pati)tuerto, sobre todo ‘zambo’, pues para el ‘estevado’ se prefiere valgus. Apodo en origen, Varo fue cognomen  de romanos ilustres.
       Como adverbio, varicus, a horcajadas, aparece en El Asno de Oro de Apuleyo (libro 1), en aquel pasaje tan truculento y divertido de las dos mesoneras brujas, Panthia y Méroe, que tan limpiamente y sin despertarle del sueño degüellan y desangran al pobre Sócrates, el amigo del protagonista, mientras éste despavorido se esconde bajo el catre, «cual galápago en su concha». Pero las viejas le descubren, se mofan de su terror, le retiran la improvisada cubierta protectora, y «abiertas de piernas, a horcajadas sobre mi rostro, descargan la vejiga, hasta dejarme empapado en su asquerosísima meada». Operación tan simple, al célebre humanista Beroaldo le inspiró un comentario de lo más erudito, y tan copioso como el riego en cuestión, que aquí nos ahorraremos [3].
       Otra idea de la misma raíz temática es ‘torcedura’, rodeo, vericueto. Se aprecia en la palabra varix,  variz (varice o várice): vena tortuosa y nudosa; con sus derivados, varicoso, varicosidad, varicocele etc. Y esta misma idea la volvemos a encontrar en el compuesto siguiente.
       Prevaricar. El prefijo latino prae- implica anterioridad pero también exceso. Así en praevaricare, prevaricar, en cualquiera de las acepciones de varicare. Por alguna razón, el uso prefirió la forma deponente: praevaricor, praevaricari, andar haciendo eses, perderse en vericuetos o pegar grandes brincos. Metáfora que en la jurídico vino a significar saltarse la barrera de la legalidad, tal y como el sabio Kalikatres lo enunció de maravilla en una de sus viñetas: Dura lex, sed torerum saltare [4].
       Divaricar. Otro prefijo para el mismo verbo es di-, que refuerza la idea de separación forzada. Si ya el simple varicare le parecía feo al retórico de Calahorra, divaricare ni lo menciona. Despatarrarse: eso sí que era inelegante, y de hecho se escribe muy poco, aunque se pintaba bastante, pero esto último en las paredes de los burdeles.
       Por lo mismo, resulta significativo que el término se repite sobre todo en la literatura monástica, ya desde san Jerónimo, que en carta a un amigo monje no duda en aplicarlo a un contexto bíblico (Ezequiel, 16: 25), donde su propia traducción Vulgata no es tan cruda: « como la furcia Jerusalén divarica, se abre de piernas a todo el que pasa» [5]. Se ve que a los antiguos ascetas semejante porte en el sexo contrario les llamaba la atención. 
       Un ejemplo gráfico de divaricación mujeril lo hallamos en la leyenda de san Arelefo o Carilefo (Saint-Calais, siglo VI).  Este oscuro monje o ermitaño, que jamás permitió a mujer alguna el acceso a su retiro, ya desde su entierro se hizo notar con alarde de milagros. Multitud de peregrinos acuden al reclamo, todos varones, pues parece que el santo en su testamento se reafirmó en su misoginia.
       «¡A mí con ésas!» –se dijo Gunda, una mujerzuela que ya en vida de Carilefo había intentado en vano meterse hasta su alcoba– «Ésta es la mía». Y disfrazada de hombre se pierde en la multitud, pensando que podía engañar a Dios. Ilusa: ni a Dios, ni tampoco a su siervo san Carilefo. Escuchemos a Notker el Tartamudo (siglos IX-X), monje de San Galo, cómo ella misma se puso en evidencia: 
       «A punto de traspasar la clausura la tramposa, presa de enajenación mental, se desnuda los muslos, se abre de piernas (crura divaricare) y se pone a mostrar sus partes pudendas, llamándolas por su nombre, más una sarta de sinónimos soeces; incluso (bochorno da el decirlo) invitando a besar sus vergüenzas.»
       «No se volvió estatua de sal como la mujer de Lot» –termina su relato el monje hagiógrafo–, pero su castigo, a modo de sal para condimento de sosinecios,  sirvió a presentes y ausentes, incluso a los venideros, de escarmiento para no entrometerse donde no se debe.» [6] 
       Una forma especialmente odiosa de prevaricación era, entre los romanos, cuando el abogado, a espaldas de su cliente, se entendía con la parte contraria. Pero aún había otra peor vista, cuando el magistrado tergiversaba la ley en beneficio del reo. Por ejemplo, con autos por  este tenor: 
       «Aunque en principio, el artículo X del Código Penal está pensado esencialmente para el caso A; sin embargo, el concepto de A no se debe interpretar tan restrictivamente que excluya toda equiparación con el caso B; o lo que viene a ser practicamente lo mismo, con el caso C. Pero además…, lo que permite entenderlo como si… En consecuencia…, siguiendo siempre la interpretación más favorable al reo.»
       Así de epiqueya en epiqueya, de rebaja en rebaja, lo que en principio parecía como de caerse el pelo, al final del regateo se queda en una palmadita en el colodrillo, con un «que no te vea más por aquí, chaval».
       Extraño dilema: o atropellar la ley dolosamente, o abrirse de patas.
       Rara prudencia jurídica: para no prevaricar, divaricar.
________________________________________
[1] San Jerónimo, Epíst. 125 (al monje Rústico), 11; PL  22: 11.
[2] Quintiliano, Instrucción de Oradores, 11, 3, 125.
[3] Filippo Beroaldo. Comentarios al Asno de Oro de L. Apuleyo (Venecia, B. de Zanis, 1504, fol. 20 v.): «remoto grabattulo, varicus super faciem meam residentes vesicam exonerant, quoadme urinae spurcissimae madore perluerent».
[4] Cito de memoria, y valga de homenaje al propio ‘Kalikatres’, el humorista donostiarra Ángel Menéndez, fallecido este mismo año (12/01/2012).
[5] Jerónimo, l. cit.
[6] ‘Martirologio’ de Notkero Bálbulo (el Balbuciente o Tartamudo), al 1 de Julio; PL 131: 1114-1115.




10 comentarios:

  1. Muchas gracias Profesor,
    nueva magnífica entrada.
    Lo que no me gusta es que he quedado en evidencia una vez más. Enlaza mi comentario a su anterior entrada en la que uso el verbo inferir de modo inadecuado. Yo pensaba en la infidencia (supuesta) de don Lindo y me salió infirió.Gracias al Patrón lo podemos achacar a las prisas pero yo sé que fue una cantada no achacable a las prisas.
    Muchas gracias profesor y siga, siga.

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  2. ¡Gracias, Maestro, por tanta jovial erudición!

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  3. Excelente, documentado y ddáctico artículo. Le felicito

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  4. ¡ Cualquiera se atreve a escribir nada aquí !
    Solamente diré que me ha encantado la sabia cita de Kalikatres (añoro muchísimo La Codorniz), y que no tenía ni idea de que fuera de San Sebastián. ¡Para que luego digan que los vascos no tenemos sentido del humor !

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    1. ¡Para que luego digan que los vascos... !

      ¿Quién lo dice? Viejecita, usted sabe que La Codorniz la inventó Mihura, madrileño donostiarra, para insuflar humor nada menos que a la sociedad del ‘movimiento’, por la vía más auténtica, la lógica del absurdo; y en ella publicó el donostiarra madrileño Chumi Chúmez, ademas de Kalikatres...

      Y a propósito del ‘movimiento’, diga usted si no fue humorismo componer el ‘Cara al sol’ en una tasca vasca madrileña, poniendo la música el donostiarra madrileño Tellería.

      Los reinventores, monopolizadores e inquisidores de la vasquidad, éstos sí que reniegan del humor y hacen lo que pueden por asesinar el humorismo vasco. Sin conseguirlo del todo, porque a veces a ellos mismos (vascos al fin) se les escapa.

      Quítese a lo vasco el humorismo y no diré que no queda nada de nada, pero de vasco, nada.

      Por lo demás, mi querida señora, atrévase usted como cualquiera a escribir aquí lo que le pete; más aún, anímese, no me dejen solo con mis devaneos.

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    2. Siempre me dio mucha pena que el Cara Al Sol fuera el himno oficial de los "camaradas" de mi juventud, a los que, como es lógico, no podía tragar, porque tanto la letra como la música me parecían preciosos. Ahora me entero de su origen donostiarra, y lo voy comprendiendo mejor.
      ( Conste que también me encantan el himno de San Ignacio, La Internacional, Giovinezza, el God Bless América... soy público fácil )

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  5. El siempre elegante Belosticalle ha renunciado a incluir alguna ilustración mostrando a alguien en trance de divaricar (o, peor aún, representando la perturbadora escena del asno de oro) y ha optado por mostrarnos en su lugar un compás.

    Viejecita anímese. Si aquí me dejan escribir incluso a mí.

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    1. Navarth, me empavonece lo de la elegancia, pero sin falsa modestia reconozco también falta de recursos.
      No he tenido la potra de sorprender a ningún juez ni ministro en plena faena divaricante, que si lo pillo aunque sea en un yutubo de esos semiclandestinos, no me resisto, tiro la elegancia por la borda, y alla que te va.

      Ahora bien, si la imagen que usted recibe es la misma que yo emití, observará que detrás de los emblemas de la pre- y la di-varicación (balanza desequilibrada y compás abierto, respectivamente), hay una figurita algo más expresiva.

      Ahora le dejo pero no le dejo, que voy a ponerme al día en su serie apasionante, ‘Escenas del populismo ruso’. Nos vemos.

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  6. "Si aquí me dejan escribir incluso a mí."

    Hombre, Don Navarth
    Justamente, es usted uno de los que más complejo de brutita me da.
    Y no me diga lo que le decía el médico aquél, al tipo que iba a su consulta para que le quitara el complejo de inferioridad
    " Caballero, usted no tiene ningún complejo, Es que es usted inferior "

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    1. Vaya, no le di al responder donde debía
      ¡Ya siento!

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