viernes, 30 de octubre de 2009

De Brian por la vida


Uno de los aspecto más irritantes de la política de Ibarretxe tocante a nuestro 'conflicto' ha sido su empeño en darle aire internacional, contratando a expertos foráneos, como si aquí no nos conociésemos todos. En eso, el ex lendacari no hizo más que seguir a ciegas la estrategia diseñada por Batasuna para internacionalizar la cuestión vasca, presentada al mundo como conflicto entre el Pueblo Vasco oprimido y el Estado Español opresor.


El último episodio (por ahora) de la campaña ha sido, ayer mismo, la conferencia –'charla', según Gara– de Brian Currin en el Kursaal de San Sebastián, sobre «¿Cómo reactivar el proceso de paz?».
Organizaba el evento Lokarri, no el Gobierno Vasco presente ni pretérito. Lejos la sombra de sospecha de un acto oficial ni oficioso, pagado con dinero público. Aun así, no sería curiosidad malsana querer saber si el acto ha contado con ayuda económica a cargo del presupuesto. De hecho, allí estuvo en persona Ibarretxe, que ha contado en su panel de asesores políticos con este Currin, que lleva ya «cinco años trabajando en el conflicto vasco». ¿Quién se lo recomendó? Sin aventurar juicios temerarios, hay que recordar que otro cliente de Currin ha sido Arnaldo Otegi, siempre en torno al mismo monotema del 'conflicto', y siempre con la misma idea fija de sacarlo a foros internacionales.

¿Quién es Brian Currin? Si uno es de buen conformar, por ahí anda su ficha oficiosa que suelen reproducir los medios aberzales. Copio al azar:

Brian Currin es uno de los más activos mediadores internacionales en procesos de paz. Ha participado en los procesos de paz de Sudáfrica e Irlanda. En su país de origen formó parte de la Comisión de la Verdad de Sudáfrica y posteriormente ha sido coordinador de la Comisión de Revisión de Sentencias de Irlanda del Norte. Desde entonces Currin también ha trabajado en los procesos de paz de Sri Lanka, Ruanda y Oriente Próximo.

Así mismo, Brian Currin es un perfecto conocedor de la realidad vasca. Un ejemplo de ello es que distintos medios de comunicación, como el diario El País y los que conforman el Grupo Noticias, afirman que Brian Currin tiene un papel de mediación destacado en el intento por reactivar un proceso dialogado de paz y que mantiene intensos contacto con la Izquierda Abertzale representada por Batasuna.

Os dejo algunos ejemplos de lo que se dice sobre él en los medios:

«Al mediador Brian Currin le encarga Otegi la elaboración de un texto, muy similar a la propuesta de Anoeta de 2005, que, con su apuesta por las vías pacíficas, sirva de base para un debate dentro de la izquierda radical, previsto para los próximos meses. (El País).»

[Más adelante, sobre una intervención concreta de Mr. Currin:]
«Los mediadores pertenecen al Grupo Internacional Para el Diálogo y la Paz. En los encuentros mantenidos "a mediados del mes de septiembre", participó como máximo interlocutor del grupo el abogado sudafricano Brian Currin, que incluso abrió un canal de comunicación directo con ETA para convencerle –afirma el documento– de la necesidad de un alto el fuego permanente. (Noticias de Gipuzkoa).»

Todas las menciones a Currin en estos medios coinciden en alabarle como «perfecto conocedor del conflicto vasco». No lo pongamos en duda, aunque sorprende un poco que su wiki no diga palabra de una especialidad que tanto nos importa a los vascos, de un señor no sólo experto, sino 'ingeniero de canales con ETA'.

Ahora bien, si alguien quiere saber más, y sobre todo, mejor, sobre la Vida de Brian (Currin), puede consultar con Google, aunque es posible que encuentre más ruido que información propiamente dicha. De golpe, 145.000 páginas en inglés, que se dice pronto. Luego viene la rebaja, la repetición, la interferencia pertinaz de otro homónimo mucho más solicitado, a lo que se ve: un mercader de música, también en Suráfrica (Ciudad del Cabo).
Pero en fin , ¿a qué más, si tenemos ya lo que importa? Nuestro hombre es un abogado particular, un profesional o caballero de la 'industria del conflicto y  la mediación', contratado por Otegi y por el Gobierno de Ibarretxe como asesor, interventor o 'mediador' (¡!), en su visión particular del 'conflicto vasco'. No le demos más vueltas. ¿O sí le demos?
Por mí,sí. Hoy tengo la tarde más libre.

Brian Currin en el Kursaal

Recordemos el título de la intervención: Cómo reactivar el proceso de paz. Se da por supuesto que ha habido cierto 'proceso', hoy desactivado (por las razones que sea); y Mr. Currin, como experto, ofrece su reflexión y, quién sabe, tal vez hasta su fórmula o receta para reactivarlo. Pero, ¿de qué proceso se trata?

Me gustaría conocer el texto de la conferencia, pero hasta el momento no lo he hallado. Ciñéndome, pues, a reportajes y extractos, más alguna entrevista concedida a la prensa, saco en limpio que el conferenciante, más que dar una lección magistral, recitó una lección aprendida. Lo demás lo dijo en parábolas y enigmas, dando a entender que por discreción él no podía decir todo lo mucho y bueno que sabe.

Esa autocensura aviada de 'discreción' la viene practicando Currin, al menos desde 2001, cuando  por jugar sucio tuvo que dimitir, rabo entre piernas, en una mediación en Irlanda del Norte, dañada su credibilidad de broker independiente honesto.
Aun así, «la conferencia tuvo más concreción de la que se podía prever », según el diario Gara. Por ejemplo,

Currin «confirmó que conoce la nueva estrategia política propuesta por Batasuna, y garantizó al auditorio que se trata de un planteamiento novedoso, que si se lleva a la práctica "podrá tener un efecto profundo en la escena política de Euskal Herria"».

Así mismo, «admitió que, hace meses, realizó un trabajo encargado por la izquierda abertzale sobre la conformación de un bloque anti-apartheid en su país en los años 80

Precisando más, «en julio de 2008 "líderes de la izquierda independentista" le pidieron un informe que describiera cómo las fuerzas anti- apartheid sudafricanas se unieron y lograron operar legalmente en política.
Le consta también que después, entre setiembre y noviembre del año pasado, hubo "amplias consultas" sobre aquella estrategia y sus posibles aplicaciones en Euskal Herria.
"Ese documento provocó un proceso que desarrolló una vida propia. Yo no busco ningún mérito. Se examinaron las estrategias y las consecuencias.
En diciembre leí que Arnaldo Otegi empezaba a hablar de un nuevo proyecto político distinto al del pasado. Sé que hubo más consultas entre diciembre y abril de este año, y que se desarrolló una posición sobre la violencia"».


Hasta aquí, todo luz, lo ve un ciego. Pero era sólo el principio:

«Currin fue muy explícito al resumir cuál ha sido su participación en trabajos que situó "en los últimos dieciséis meses". Mantuvo más discreción, lógicamente, sobre otras cuestiones que permanecen abiertas, pero de las que se declaró bien informado, como las opciones de apoyo internacional a un eventual proceso de paz.
"No les puedo decir que Gordon Brown o Barack Obama harán declaraciones sobre lo que ocurra en el País Vasco, pero sí les digo que la comunidad internacional no se quedará callada si ve una oportunidad de lograr la paz en el último conflicto violento en Europa Occidental"».


Deslumbrante, ¿a que sí?. Y por cierto, nada más necesario que esta confianza en la 'comunidad internacional' (¿?), pues lo que hasta ahora se tenía entendido es que el gobierno de España hace un mes desbarató una maniobra de Batasuna para llevar nuestro conflicto al Parlamento Británico, donde este 3 de noviembre se abriría un debate para «reiniciar el diálogo», con intervención de… Mr. Brian Currin, of course!

Pues bien, ese mismo Gobierno que boicotea iniciativas tan loables ad extra, también sabotea las operaciones ad intra:

Ante «las detenciones de Arnaldo Otegi, Rafa Díez y sus compañeros, [Currin] admitió su asombro: "Claramente, el Gobierno español parece saber que hubo consultas entre la izquierda independentista y ETA; pero si esas consultas tienen que ver con un proceso de paz, ¿cómo se va a procesar a esas personas?", se preguntó.»

Cualquiera de los presentes de «un auditorio que no perdía detalle» podría haberle explicado al experto el por qué de esas detenciones, a la luz de una sentencia de Estrasburgo. Tampoco habría estado de más una aclaración sobre el contenido de las supuestas consultas con ETA –en particular, si era para invitarle o intimarle a dejar la lucha armada–, pues esa información habría sido preciosa (en realidad, la única pertinente) para comprobar la naturaleza pacífica del contacto. No fue así, y el charlista avanzó su propia explicación:

«Sé que hay una desconfianza mutua entre la izquierda independentista y la mayoría de los partidos, si no todos. Lo sé porque he sido testigo de ello. Puede que Madrid, y no digo esto a la ligera, desee profundizar en esa desconfianza porque no quiere que esa iniciativa tenga éxito. ¿Por qué? ¿Quizás porque el PSOE encabeza ahora el Gobierno Vasco?».

Aunque la inculpación de 'Madrid' es bastante clara, algún oyente la quiso más explícita, en el turno de preguntas:

–¿Cree Usted realmente que el Estado español está dispuesto a dar una solución al conflicto político en Euskal Herria?
–«Esa pregunta es muy interesante, porque es precisamente la pregunta que ETA se está haciendo en este momento, y la pregunta que podría estar haciéndole a la izquierda abertzale».

No estaría de más una investigación de posibles ancestros galaicos de esta esfinge surafricana. Podría darse alguna sorpresa.

Larga vida a ETA

En todo caso, si hay alguien que no desea ni recomienda la desaparición de ETA, al menos a corto plazo, ese es el propio abogado 'mediador' y ex asesor de Ibarretxe:

«Una de las ideas que reiteró Currin es que no cabe pedir a la izquierda abertzale una condena de ETA. Alertó de que en ese caso podría ocurrir que otra formación política ocupara su lugar: «Y habríamos retrocedido diez años». En su opinión, tiene que ocurrir justo lo contrario: «La izquierda independentista tiene que hacer este viaje con ETA».

Por si alguien no lo había entendido bien, o se figuró que era broma, Brian remachó esta filosofía:

«Habrá mucha gente impaciente que querrá cosas rápidas, pero un edificio que se construye sobre malos cimientos se desmorona. La paciencia es esencial.»


Paciencia, pues. Pero no de brazos cruzados, no señor. Todos a una con Otegi. Como suena: «un último mensaje que (admitió Currin) podía entenderse "ingenuo" al formularse ante rivales políticos de la izquierda abertzale:


«Creo sinceramente que ese movimiento está verdaderamente comprometido con una estrategia alternativa. Apoyen esta iniciativa. Con ello no apoyan a la izquierda abertzale, sólo apoyan un proyecto que necesita ser incluyente. Si no empiezan a confiar unos en otros, no hay ninguna posibilidad de encontrar una solución».

Varias veces repitió Currin que él no habla a la ligera. ¿Alguien ha podido pensar tal cosa? Todo lo contrario. A juzgar por los extractos, él ha medido y pesado sus palabras con precisión, para que encajen con lo que sus oyentes ya han dicho. Porque, a decir verdad, todo lo que se cita de la conferencia o charla del Kursaal parece un cosido de retazos, una rapsodia de declaraciones ya pronunciadas con anterioridad por el frente soberanista, a tenor de las detenciones y acusando al Gobierno central de querer perpetuar el conflicto y la existencia de ETA. Todo lo demás es adobo de insinuaciones y medias palabras, dándose de misterioso enterado. Gran alforja para corto viaje.



Cheer up, Brian,

You know what they say
Some things in life are bad,
they can really make you mad
other things just make you
swear and curse

When you're chewing on life's gristle,
don't grumble, give a whistle,
and this'll help things
turn out for the best
and… always look
on the bright side of life

If life seems jolly rotten,
there's something you've forgotten
and that's to laugh and smile
and dance and sing
and… always look
on the bright side of life

When you're feeling in the dumps,
don't be silly chumps,
just purse your lips and whistle
--that's the thing.

Come on!
For life is quite absurd
and death's the final word,
you must always face
the curtain with a bow

Forget about your sin,
give the audience a grin
enjoy it – it's your last
chance anyhow
so, always look
on the bright side of death



lunes, 26 de octubre de 2009

Territaifas Históricos y Gansos de Capitolio





Mi 'Ajuria Eneida' crece muy despacio. El poema heroico burlesco que dedico a ese gran palacio fortaleza, Ajuria-Enea –su modernidad milenaria, su pujanza, su caída súbita en poder del enemigo y la profecía de su reconquista, purificación y restauración– se mueve con vertiginosa lentitud, y a duras penas corono el canto quinto (de los diez proyectados); lo que quiere decir que mi musa se ve desbordada por la vorágine del tiempo varado.
¿Por qué esa sequedad, esa acedia? No me lo pregunten, porque yo mismo lo hago, y no me respondo. No se me ocurre otra cosa que echarle la culpa... ¿a quién ha de ser?: al PP. Casi ni me atrevo a decirlo, tanto suena a tópico, y lo es. Pero no en el caso presente.
Recapacitemos: un Partido Popular vasco, que de la noche a la mañana, al ir a sonarse las narices, toca en el bolsillo, con el pañuelo, un objeto duro. ¿Pero qué es esto? Diosss… ¡El talismán de Ajuria Enea! La ciudadela ha caído. Paso franco al centro neurálgico del poder vasco, hasta la sala salísima de la chimenea con el chipendale de oír música… «¡Tenemos las llaves de Ajuria-Enea!», proclamaba como para autosugestionarse un todavía incrédulo Basagoiti…

«Bien, ¿y qué?», rezonga mi Musa; «¡Habrán quemado Troya, qué menos!» Pues no. Con crueldad tan mezquina como inútil, estos peperos de la llave en mano han entregado la casa a Patxi López. Se habrán reservado alguna habitación, si no en la planta noble, al menos downstairs. Pues no eso. Ni siquiera en la portería, como San Pedro, a guardar la entrada del paraíso. Raro ejemplo de altruismo en la jungla política. ¿Generosidad, ingenuidad, miedo escénico? De todo un poco.

El hecho es que se han conformado con esa profanación. Inútil, repito; porque no se habrán figurado que el dueño legítimo y natural del palacio, vuelto del exilio, sea quien le pegue fuego, evocando aquello del Tenorio: «Mas, con lo que habéis osado, / imposible la heis dejado / para vos y para mí». Ni hablar. Los del PNV son gente práctica, y un rito lustral será suficiente. El chipendale, ese sí, habrá que mandarlo al tapicero.

Dejado yo, como digo, de la épica Calíope, recurro a su hermana gemela Clío, que escribe las mismas historietas, sólo que en prosa. Busco para mi poema un episodio que rasgue la niebla ominosa que nos envuelve. Y aquí el reencuentro con los latines de la infancia, las perícopas de Tito Livio y el Breviario de Eutropio, el relato del primer 'Saco de Roma' por los galos de Breno.

El episodio, tan doloroso que dejó huella imborrable en la memoria romana, se inserta en la ejecutoria del cónsul y dictador Furio Camilo, a fines del siglo IV a. de JC. Este personaje, en el filo de la navaja, por haber excedido sus atribuciones tuvo un revés de la Justicia, y en la siguiente campaña sus enemigos, que eran los enemigos de Euskadi, digo, de Roma (disculpas por el lapsus), vieron el momento de acabar con él y, lo que realmente les importaba, acabar con Euskadi, vuelvo a decir, con la Urbe.

Una horda de galos secuanos acaudillados por el régulo Breno, ayudados por otra tribu de galos cisalpinos, marchan contra Roma. El patriciado –el PNV de entonces, para entendernos–, ha blindado sus intereses en puestos seguros para sí y su clientela. En Roma queda el Senado, que ante el empuje españolista, digo, galo, llama a somatén (tumultus) del frente patriótico. Todo en vano. Los bárbaros, mejor situados, tienen su primer éxito cerca de Roma.

A los patriotas el despecho no les dejaba ver la realidad. «Adeo non fortuna modo sed ratio etiam cum barbaris stabat», que decía mi Livio ('con que no sólo la buena suerte, también la razón estaba con los bárbaros'). Los galos irrumpieron en la Curia, donde encontró a la mayor parte de un Senado antes campante, ahora medroso, al que arrebataron la mayoría absoluta. (Bueno, en realidad aquellos bárbaros les quitaron algo más. La Historia, afortunadamente, nunca se repite al pie de la letra.)

Dueños de aquella Cámara, Breno y su gente van a lo suyo, el saqueo y la destrucción de todo lo conseguido hasta entonces. (Galos, al fin; sucursalistas de los enemigos seculares de Roma allende la muga, a los que someterá un día Julio César.)


Puestos en seguro muchos patricios con toda su hacienda, los pobres plebeyos con el hatillo buscan en vano refugio en el Janículo, donde caen como ratas. En cambio, lo más granado de las fuerzas patrias se ha enrocado en el Capitolio con sus familias, armas y vitualla, junto con sus símbolos identitarios, pero sobre todo, con el tesoro de Roma en oro puro. Allí se disponen a la resistencia. «Seguiremos gobernando en la oposición, desde las instituciones», repiten a quien les quiera escuchar, es decir, a su propia gente.

El asedio se alarga, el hambre aprieta. Entre los enseres emblemáticos guardados en el castillo figura una diosa de reciente importación. Se llama Junón o Juno, y pasa por avispada. Apenas tiene devotos, por ahora, siendo popular sobre todo por un corral que posee de gansos sagrados. Aves orondas y despectivas, ahora corren peligro bajo las miradas sacrílegas de los sitiados famélicos. «Malesuada fames», la llama el poeta, «mala consejera». El racionamiento, que ya se ha impuesto hasta a los perros guardianes, se hace extensivo también a los gansos de Juno, que ahora tienen el sueño más ligero.

A unos bárbaros galos qué les importa Roma, lo que ambicionan es su oro. Así pues, tras varios intentos por la vía fácil y bien defendida, una noche se dispone al asalto del Capitolio por lo más escarpado. Y aquí leyendo a don Tito veo yo la primera descripción literaria de una colla de xiquets haciendo el castell.

Discúlpese, pues, mi extravagancia de traducir el pasaje de Livio, pero es que en su día me valió un notable, y demás de ser curioso, algún catalán de Valls o de Tarragona me lo puede agradecer. Dice así:


«Alterni innixi subleuantesque inuicem et trahentes alii alios, prout postularet locus, tanto silentio in summum euasere… Turnándose se apoyan y se van encaramando unos sobre otros, ayudándose entre sí según lo pidiera el lugar, hasta alcanzar la cumbre en el mayor silencio, burlando a los centinelas, más aún, sin despertar siquiera a los perros, animal atento a ruidos nocturnos. Mas no burlaron a los gansos, que por su condición sagrada, a pesar de la gran carestía se libraron del puchero. Lo cual supuso la salvación, pues su voz trompetera y el batir de sus alas despertaron a Marco Manlio, cónsul que fuera el trienio anterior y guerrero distinguido, que a todos da la alarma tomando él las suyas, y mientras los otros tiemblan, va él y de un umbonazo hace tambalear al galo», que sobre la cassola / haciendo el enxaneta  / asomaba la jeta / sin musitar ni '¡hola!'...

 Hasta aquí don Tito (menos el final, de mi minerva).

 
¿Milagro? Aunque la diosa se mostraría locuaz, eso fue más adelante. Aquella vez Juno, como dicen los filósofos escolásticos, «se valió de causas segundas», o sea los gansos, ánsares u ocas. Sea como fuere, aquella divinidad de importación, saludada desde entonces como Moneta (Juno Moneda, la Avisadora), ganó puntos ante los romanos, que le confiaron la custodia del erario público. Y al pasar Roma al sistema capitalista, el templo de Juno convertido en ceca fue la primera Casa de la Moneda. Gracias a esa circunstancia, Juno es la divinidad que más devotos ha tenido y tiene (sin saberlo ellos ni ella) en un mundo monetizado.

El Capitolio resistió, mientras Roma se rendía. Conocemos el desenlace. Se compra la retirada de los intrusos por 1.000 libras de oro. Breno pesa en libras galas, más pesadas que las romanas. Roma protesta, y el bárbaro les replica cargando con su espada en uno de los platos mientras dice aquello tan sonado: Vae victis!

¿Qué fue de los grandes protagonistas de esta leyenda tan titoliviesca? Pues verán, según mis noticias:

Tanto el galo como Manlio acabaron mal. El primero en un ataque de despecho, bien mamado en vino puro, se tiró al río y se ahogó. Manlio, también beodo, pero de triunfo, se erigió en tribuno popular, tanto así que le denunciaron de querer restablecer la monarquía (en su persona, obviamente), por lo que fue ejecutado.

También fueron ejecutados los perros por no cumplir su obligación, y lo que es peor, el sacrificio canino se hizo consuetudinario. Las ocas en cambio, de maravilla. Todos los años, el 3 de agosto, las sacaban en procesión, llevándolas a ver crucificar perros, para escarmiento; tras lo cual, recibían ración extra de grano.

Ahora queda justificada la perplejidad de mi musa, en la coyuntura histórica presente. También aquí la Historia se ha repetido, pero por tres, pues recordemos que nuestra Roma una es también trina en Diputaciones blindadas, ocupadas por tropa de choque, los verdaderos amos del tesoro. También aquí los gansos sagrados han clamado a voz en grito. Y ahora que Roma está en poder de los bárbaros, nuestros Manlios Capitolinos halagando el patrioterismo más cerril reniegan del Estatuto y apelan a no sé qué Ley de Territaifas Históricos para proclamarse reyezuelos y decidir lo que se hace o deja de hacer en cada taifa autónoma. Con eso, y con retener la Cuarta Taifa, alias EITB, todo se va cumpliendo según el programa.
Por eso llama la atención la flema del PP, que pudiendo exigir su taifa no lo hace con más convencimiento. Y yo, entre tanto, esperando el retorno de mi musa con oráculos frescos, a ver cómo acaba mi Ajuria Eneida.


miércoles, 21 de octubre de 2009

'deber' y 'tener': pues sí que es diferente, tiene gracia...




Hay frases que empiezan a oírse un buen día, se ponen de modo, y terminan siendo familiares. «ETA debe desaparecer». He aquí una de ellas. Muy repetida en los últimos años. ¿Cómo cuánto de repetida? Teste Google: 97.900 resultados, hallados en 50-90 milisegundos.

Una oración gramaticalmente perfecta. Oración: expresión de un juicio; aquí también de un deseo; una orden tal vez... Pero sobre todo, una expresión inquietante. Yo al menos siempre la he percibido con inquietud. Preguntándome siempre –y eso es lo malo–: «¿quién lo dice?»

Ese quién se despliega en amplio espectro social. Famosos y desconocidos, patricios y plebeyos, clérigos y seglares. Todos coinciden. Obispos 'vascos-vascos', como el de San Sebastián monseñor Uriarte; 'vascos-maquetos', como el de Bilbao monseñor Blázquez; 'no vascos-no maquetos', como el cardenal Cañizares, arzobispo de Toledo. Éste último justificaba ese deber de ETA, porque «con el terrorismo no se negocia», y en vez de ofrecerle algo en contrapartida, le imponía un segundo deber: «pedir perdón públicamente».

También del mundo seglar tiene ETA muy oída la misma antífona. A veces también con apostillas, algunas pintorescas. Así a principios de este año, Miren Azkarate, portavoz del Gobierno de Ibarretxe escribía: «ETA utikan, ETA debe desaparecer para siempre». Contundente, ¿verdad?...

No; creo que no me hago entender. Lo de contundente no se refería al «para siempre» (que nunca sobra), sino al utikan. Interjección imperativa donde las haya: ¡fuera!, sí, pero en vascuence, bien por ser este idioma más expresivo que el español, o porque así lo entiendan mejor los interesados. Es una palabra decimonónica, que muchos puristas prefieren, porque no suena tan a castellano como ese viejo kanpora , que usa el vulgacho, y lo entienden todos los canes de este país. ¿Qué digo? ¡hasta en Castilla funciona! Pues bien, volviendo al tema: Algún día las pintadas y pancartas se pasarán del kanpora al utikan. Y cuando eso suceda, siempre podrá doña Miren sonreír con sus claros ojos: «Yo fui la primera». Ahí queda eso.

Pero veo que se me va la olla. Lo que antes he dicho del pintoresquismo azkarateño iba por otro lado. La definición que la entonces Consejera de Cultura daba de ETA: «el último resto del franquismo». No creo que esas cosas a ETA le hagan efecto, y en cambio más de un prócer superviviente político del régimen anterior se habrá sentido ninguneado de forma injusta y gratuita.

Otro que por supuesto hizo uso de la frase de marras fue el lendacari Ibarretxe durante su mandato. No me tienta aproximar las veces que lo repitió. Eso sí, a cuál más preocupante. Serán figuraciones, pero cada vez que el de Llodio decía «ETA kanpora», o de otro modo la invitaba a desaparecer, jamás fue para abominar del día en que unos vascos malaconsejados eligieron el camino de la violencia terrorista. En su discurso, las condenas de la banda siempre sonaron a muy cerebrales y ponderadas, incluso sacrificando la moral y la decencia cuando así convino a la jugada política. Sólo en su última etapa, cuando la estrategia etarra interfirió y puso en jaque su plan soberanista, Ibarretxe llegó alguna vez hasta perder los nervios, expresando con demasiada franqueza su decepción y amargura, ante la insolidaridad de unos patriotas que, a fin de cuentas, iban a lo mismo. ETA, misión cumplida, servicios prestados a la causa, la paz de los valientes.

En el PNV, como en cualquier familia política numerosa, hay gente para todo. Hay bocas para todas las ocasiones y de todos los tamaños. Hoy toca boca, mañana boquilla, ayer bocaza. Como partido, eso da más juego.

Entre las bocas grandes del PNV, en este momento dan como chapeldún a Joseba Egibar, que además es todo un jatorra. Ahí se le ve, cómo se retrata departiendo con amigos, cómo inmortaliza un encuentro, qué estampa de familia. ¡Y cómo la goza el abuelete de la boina, con la lengua que se le sale de la boca! Unos años atrás, lo mismo va y les dice: «ego vos absolvo, ego vos coniungo». Otros tiempos. Hoy todo está muy secularizado.

Y bien, ¿qué estará diciendo Egibar a los colegas? Se adivina más fácil lo que no les está diciendo: que ETA debe desaparecer. ¡Cómo! ¿Es que este hombre no conoce la expresión de moda?

A mí no me cabe duda, es más, estoy seguro de que Joseba también ha pronunciado alguna vez la frase sacramental. Sólo o acompañada de otra frase, pero apostaría a que la ha pronunciado. También es verdad que no puedo demostrarlo. He picado en Google: 'Egibar dijo que ETA debe desaparecer'; y el buscador me responde con un «no se ha encontrado ningún resultado», añadiendo piadosamente: «Quizás quiso decir: "Egibar dijo que ERA debe desaparecer".» Pues no, admirado Google. De todas formas, muchas gracias.

Insisto, no obstante. ¿Qué tal así?: 'Egibar dijo: «ETA debe desaparecer»' Tecleo… y aquí Google pierde su flema proverbial y me larga con cajas destempladas a tres entradas:

1. Una que no habla de Egibar ni de ETA.

2. Otra es de una bitácora (Etimologías), preguntando «por qué Egibar dijo, hace ya unos cuantos años, que España le daba más miedo que la ETA». ¿Y que hay del verbo 'desaparecer'? Pues que, por lo visto, «las almadrabas pueden desaparecer de Cádiz».

3. Sólo esta cita añeja de Mikel Azurmendi ('La cuestión', ABC, 2002): «Hace cinco años Egibar dijo: "No aceptaremos la derrota militar de ETA ni la derrota política de HB"… Esta misma semana dijo que ilegalizar al brazo político de ETA es preparar "un escenario de tintes diabólicos.

Ahora bien, es notorio que el buriquide guipuzcoano, alguna vez, ha deseado, rogado, recomendado, pedido o exigido que ETA desaparezca. Pero, ahora que caigo, no lo dijo como un deber, sino un tener: «(ETA) tiene que desaparecer por decisión propia», decía en mayo. Y un año antes pensaba lo mismo, para dar paso a la consulta del Plan Ibarretxe, etc.

Y ahora sí. Cruzando a Egibar con la ETA, en 90 milésimas de segundo Google encuentra hasta 1.000 veces en que el buruquide de la boca grande ha dicho eso mismo, al pie de la letra.

Aunque tampoco nos engañemos. Casi todo ese millar de referencias se reduce a unas mismas tres o cuatro veces, bastante recientes. Y siempre con apostillas, peros, condiciones y contrapartidas. Por ejemplo:

«Para que "el futuro de este pueblo sea sostenible…,ETA tiene que desaparecer", pero además el PP y el PSE tienen que"reconocer, desde el respeto, la existencia del pueblo vasco y su derecho a decidir".» Todo intento de acabar con ETA sin darle nada a cambio son ganas de que ETA se perpetúe y no desaparezca.

Según eso, aunque Egibar es capaz de repetir la frase, Google demuestra que no la prodiga. Y tanto Google como la foto de familia indican que en ese encuentro no la gritó ni coreó. Todo lo más, el ambiente distendido y jocoso podría dar esta lectura de labios:

 –Anda, Joseba, suéltalo de una vez, aquí, si te atreves.
–¿Soltar, lo qué?
–Eso. Que ETA debe desaparecer.
–Yo nunca he dicho tal cosa.
–¿Qué pues?
–ETA tiene que desaparecer. Deber, tener: no es lo mismo.
–Anda la hostia, pues es verdad. Apunta: deber…, tener… Muy bueno.

La misma foto demuestra que el jeltzale no fue personalmente mal recibido, como algunos han dicho. «Ayer no oí ni un sólo grito en contra del PNV, ni a favor de ETA», asegura Biturie, nacionalista, en 'La estrategia de E(T)A'. ¿Tapones en los oídos? Porque a otros sí les zumbaron los suyos. Por ejemplo a Urkullu, ausente de una «marcha que terminó, por cierto, siendo un clamor a favor de ETA», según Tonia Etxarri.

Sea como fuere, por propia voluntad o de encargo, Joseba ha sido de nuevo el celador de los derechos de la izquierda abertzale, el hombre de los contactos con ese mundo, para la nueva alianza, frente común, akordión o lo que suene. Con él, por él y en él, su Partido estuvo allí:

–Así que el PNV estuvo en Donostia.
–¿El PNV de Egibar?
–El PNV.

domingo, 18 de octubre de 2009

El Nobel de la vejez



El 5 de este mes era noticia: Nobel de Fisiología y Medicina 2009 para E. H. Blackburn, C. W. Greider y J. W. Szostak, por haber descubierto «cómo los cromosomas están protegidos por telómeros y la enzima telomerasa».
 


Noticia de obligada inserción en la prensa mundial, por tratarse del premio más prestigioso y conocido. Pero (salva la circunstancia de ser dos de las premiadas mujeres, y una de ellas la descubridora principal), un titular poco indicado para interesar a casi nadie. «¿Telo- qué?», habrá farfullado la mayoría; y a otra cosa.

Tal vez por eso, y algo también por inercia, el comunicado de la Real Academia Sueca que adjudica el premio cerraba la noticia con este estrambote: «un descubrimiento que abre perspectivas frente al cáncer o el envejecimiento humano», entre otros problemas.

Lo de mentar el cáncer es ya un latiguillo, en noticias de investigación biológica. Se supone que a la gente le gusta ver que su dinero se gasta en cosas prácticas de interés general, y un cáncer le puede tocar a cualquiera. Mucha gente piensa incluso que, en el reparto de fondos, la investigación del cáncer se lleva la parte del león, cuando es más cierto que otras áreas menos urgentes están mejor tratadas; por ejemplo, ese solapado mundo de la cosmética.

Esta vez, al consabido reclamo del cáncer se junta otra calamidad de la que nadie se libra, si vive lo bastante: la decrepitud. Hoy vivimos más, en parte porque vivimos mejor, y también porque se sabe más. Pero hoy como ayer y siempre, la vida humana individual pasa por un clímax, inicio del declive irreversible, inexorable. No hace falta dramatizar para entenderlo. No al menos por lo que toca a los directamente implicados, la 'gente mayor' que todavía esté en condiciones de darse cuenta. Porque muchos, ni eso.

Y bien, ¿qué promesas concretas trae el nuevo Nobel respecto al cáncer, que interesa a muchos, y a la vejez, que interesa a todos? Promesas, ninguna. Los heraldos suecos ejercen de suecos y no hablan de promesas, sólo de perspectivas.

Si esto fuese un blog como Dios manda, aquí vendría bien resumir en dos palabras qué son los telómeros y cómo funcionan. Lo primero, la palabra lo dice: telo-mero = segmento terminal. El descubrimiento de la señora Blackburn fue que los cromosomas –esas microscópicas salchichitas donde cada célula lleva empaquetada su dote o herencia biológica en forma de ADN– no se acaban de cualquier modo, sino que en cada extremo llevan una pequeña pieza especial, o telómero. No de adorno, precisamente.

1. Las células se reproducen por división, generación tras generación, y eso debe hacerse de forma correcta, equitativa.

2. Pero, por otra parte, en los organismos complejos, formados por muchísimas células, no todas (afortunadamente) son iguales y se dividen a su aire, sino que la inmensa mayoría se especializan, y en general pierden capacidad de dividirse. Sólo dos clases de células se mantienen 'inmortales' (linajudamente hablando, bien entendido): la células germinales sanas, y las células cancerosas. Les siguen en vitalidad las células embrionarias y juveniles. Las demás células del organismo forman linajes con 'fecha de caducidad', y las hay que como las neuronas del sistema nervioso, una vez maduras ya no se multiplican.

Pues bien, los telómeros son decisivos para lo uno y lo otro. Aseguran el que la división celular sea correcta en cuanto al reparto genético, y a la vez fijan el número de divisiones para cada linaje celular.

Los científicos no desdeñan explicarnos las cosas a los profanos mediante símiles fáciles de entender. Así Miss Blackburn comparó gráficamente sus telómeros a los manguitos protectores que protegen los cordones de zapato para que no se deshilachen con el uso. No estaba mal para explicar la primera de las dos funciones, la conservadora; pero nada más.

Esa campechanía a la hora de comparar me anima a mí también a ayudarme en mis cortas luces con otra parábola, para ilustrar el otro papel de los telómeros, como reguladores de la viabilidad celular.

Imaginemos un gran comedor de beneficencia, donde a cada reparto de comida accedemos la pobre gente presentando una tira de bonos personales intransferibles, de la que nos cortan uno por menú. Una tira larga, larga, significa una mayor esperanza de seguir comiendo, mientras que una tira corta de tres o cuatro bonos no augura gran porvenir.

¿Y los 'inmortales', esos privilegiados del bufé libre? Su telómero, digo, su tira debe de ser larga de verdad… Pues no. Su privilegio consiste en que llevan en el bolsillo un sellito de imprimir bonos, y así cualquiera. Ese 'sellito' con su tampón y tinta es la telomerasa, la enzima de hacer telómero. Sólo las células germinales y las cancerosas gozan de esa ventaja, que en parte también alcanza a las células embrionarias y células troncales de los tejidos en formación.

No hay símil perfecto. Mi comedor y sus bonos de comida resuelven a su modo la supervivencia individual, no la social. Aplicado a la realidad, no se trata de 'mesa' sino de 'cama': no es la comida, sino la reproducción celular. Cada individuo somos una gran república de células repartidas en clases y linajes sociales, donde la desigualdad social es la base y la clave del todo.

Obviamente, este plan orgánico no lo ha diseñado ningún 'progre' igualitario, enemigo del clasismo. Afortunadamente. Porque en Biología Celular, ese carácter y comportamiento 'progre', igualitarista –«¡vida eterna para todos!»– tiene nombre poco simpático: cáncer.

Todo esto es apasionante y nadie dirá que el premio Nobel no ha estado justificado. Un hallazgo modesto en principio abre un gran capítulo de la Biología Celular. ¿El cáncer? La telomerasa es un marcador de células tumorales, y por tanto un blanco para inhibirlas o destruirlas de forma más selectiva y segura. Por ahí, las perspectivas podrían traducirse en promesas a medio plazo. Lo mismo la obtención masiva de células troncales y células cuasi-embrionarias, sorteando el problema ético de utilizar embriones humanos.

 

Otra cosa es la cuestión del envejecimiento humano, la posibilidad de retrasar la decrepitud, o prolongar la vida a base de telomerasa. El organismo es una máquina compleja donde no todos los sistemas y piezas envejecen a ritmo igual. Pasa como en los coches: neumáticos, carrocería, motor, frenos, cada cosa tiene su desgaste y recambio.

Las mismas palabras 'viejo', 'envejecer', significan cosas muy variadas y complicadas. No todo es cuestión de telómeros y divisiones celulares. Las neuronas, por ejemplo, son células que, una vez diferenciadas, no se dividen de forma apreciable, son para toda la vida y sin recambio. Con la edad se alteran también las relaciones entre células del mismo organismo, apareciendo autoagresiones y enfermedades autoinmunes.
Cuentan de un predicador que  desde el púlpito decía: «Hermanos, como dice el apóstol san Pablo, todos hemos de morir una vez.» Más allá del chiste de citar la Biblia o cualquier autoridad en apoyo de una verdad trivial, quedan los interrogantes: ¿por qué? ¿tiene que ser así, o se puede hacer algo?
Todo indica que la morbilidad, el envejecimiento y la mortalidad vienen escritas en nuestro programa biológico. Hasta se dice que las familias longevas, vistas al microscopio, andan mejor surtidas de telómeros que la gente caduca. Veremos lo que hay de verdad en ello, y hasta que punto se puede manipular. Eso sí, una buena herencia biológica personal es una ventaja de partida, y en eso no todos somos iguales, con un premio general relativo a favor del sexo femenino.

Expresiones como «mujer enferma, mujer eterna», o «tener una mala salud de hierro», marcan la distinción entre longevidad y vida sana. Por otra parte, entre personas de la misma edad y forma física se aprecian diferencias muy grandes en las facultades mentales, que no sólo interesan a la lucidez, sino también a la memoria y la afectividad.

Y para terminar. Ante un incremento de la población provecta, con una buena proporción de individuos in bona senectute, todavía hay que tener en cuenta el rol social que se reserve a esas personas. La edad de jubilación administrativa no se corresponde con la edad fisiológica del jubilado. Además, el sistema de jubilación, a la vez que ofrece bienestar, promueve la marginación del mayor, independientemente de la edad fisiológica. Un mismo club de 'tercera edad' reúne a personas activos y a carcamales pasmarotes. Esto se traduce en pérdida de autoestima, depresión y en definitiva un desapego vital ya conocido entre los antiguos. Y eso que antes por lo general la influencia social de los ancianos lúcidos era mayor que hoy.

Una vida interior rica y a la vez abierta al mundo y al prójimo es el mejor complemento que se puede dar a la dote genética que a uno le haya tocado en suerte. Súmese a ello un régimen saludable, más cierto grado de seguridad económica, un razonable bienestar, integración familiar y social; en fin, todas esas cosillas que hacen la vida agradable y dichosa –que tampoco es tanto pedir–, y olvidémonos de contar telómeros.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Miret





Al conocer la noticia de la muerte de Enrique Miret Magdalena me ha venido a la memoria la primera acepción de eutanasia (buena muerte), en boca del emperador Augusto:

Nam fere quotiens audisset cito ac nullo cruciatu defunctum quempiam, sibi et suis euthanasian similem (hoc enim et verbo uti solebat) precabatur.

«Cada vez que oía de alguien haber fallecido con rapidez y sin dolores, pedía para sí y los suyos una eutanasia semejante (incluso solía emplear esa misma palabra).»

(Suetonio, Augusto, 99)

Enrique Miret ha muerto «tras larga enfermedad» y eso implica sufrimiento físico. Pero no estoy pensando tanto en una vulgar eutanasia física. Ni me refiero tampoco al yogui autoeducado en la disciplina de la meditación, con su panoplia de endorfinas de efecto psicosomático. Hablo de un hombre de 95 años lúcidos, que deja una vida plena y una obra cumplida.

A nadie le sorprende que se muera un anciano de casi un siglo. Y menos que nadie, al propio difunto. Aunque quién sabe, conociendo a Enrique, tal vez le sorprendió saber que se moría. O, si no sorpresa, al menos habrá sentido curiosidad, quien tardó en sentirse viejo, por no acabar de creerse la edad que le imputaba su partida de nacimiento.

Yo he sido amigo de Enrique Miret desde que nos conocimos, o sea hace 40 años. Amigo esporádico, porque nuestros encuentros no han sido frecuentes, aunque eso sí, bien aprovechados. Le conocí en la redacción de Triunfo, como a Luis Carandell y, por supuesto, a Eduardo Haro, y la primera relación fue profesional, ya que esos nombres vivían de su pluma, aunque Miret era también hombre de empresa.

No voy a contarme aquí a mí mismo su obituario. No le voy a honrar con nada. Voy a honrarme y felicitarme a mí mismo de haber tratado a este hombre ejemplar, cuya honestidad venía realzada por una gran cortesía. Podía hacerte esperar un rato, si por casualidad le pillabas en su ejercicio de yoga y meditación zen; pero ni un minuto más, el resto era todo disponibilidad y diálogo.

No voy a repetirme tampoco las cosas buenas ni malas que se han dicho y dicen de Miret. Sólo por excepción, esta murmuración contra él, por lo que tiene de simplona. Leo en alguna parte:

«(P.S.: Ha muerto Enrique Miret Magdalena. Solo una persona capaz de definirse como católico agnóstico ha podido tener tantísimo espacio para publicitar sus simplezas de supuesto heterodoxo en el diario El País. De él, quedará eso.)»

No sé si existen heterodoxos 'supuestos'. Al menos yo no sé distinguirlos de los reales; lo que me lleva a sospechar que tal vez los heterodoxos ni existen. No voy a mejorar al clérigo del chiste (atribuido al obispo anglicano Berkeley): «Orthodoxy is my own doxy; heterodoxy is another man's doxy» («Ortodoxia es mi propia doxia; heterodoxia es la doxia ajena»). ¿Y que dice el IX Mandamiento del Decálogo? «No desearás la Doxy de tu prójimo.» Pues eso, todos ortodoxos. Inquisidores del mundo: disolveos.

Aunque Enrique me habló a menudo de su Doxy, nunca llegó a presentármela, ni siquiera vestida. Por mi parte, desde el principio le expliqué que era soltero y sin compromiso. No puedo decir si Miret profesaba el Credo Niceno en sus XII Artículos. Si se declaraba católico, es de suponer que era creyente, aunque lo fuese desde el agnosticismo, o sea lo opuesto o ajeno a todo gnosticismo. (Y recuérdelo el murmurador: ciertas formas de gnosticismo se consideran heréticas.)
Toda teología es gnosticismo, especulación sobre el misterio trascendente. Miret está encasillado como 'teólogo'. Teólogo reconocido y habilitado en la docencia universitaria. Con todo, por alguna razón él mismo se declaró antiteólogo. Como quien dice 'antignóstico'. ¿Por qué? Precisemos lo de teólogo: fue teólogo autodidacta. Un diletante, un 'aficionado teólogo', con todo lo que eso marca al rojo vivo como estigma académico. Tal vez por sentirse así él mismo, se declaró 'antiteólogo'. (Ateólogo habría sido una palabra equívoca, que seguramente se habría vuelto contra él. De hecho no faltan quienes le tienen por ateo.)


En ese sentido, Miret se encuadra, pienso yo, en la escuela de pensadores a lo Erasmo, otro autodidacta teólogo sin grado facultativo, que ponía enfermos a los teólogos e inquisidores de su tiempo con sus simplificaciones y sus apotegmas. Como aquel demoledor: Quae supra nos, nihil ad nos. Una frase que va desde el agnosticismo puro y duro («lo que nos supera no nos importa nada») hasta el sano agnosticismo anti-teológico («lo que nos supera no nos incumbe»). Erasmo, Miret, son de los que piensan que la doctrina original de Cristo se ha ido complicando a la moda bizantina, en lo dogmático y lo moral, el derecho, las instituciones y demás parafernalia.

Desconozco, repito, el credo completo de Enrique. Lo que puedo asegurar es que siempre que hablamos escuche a un pensador preocupado por la sencillez. Sencillez, o simplicidad; que no las simplezas que el murmurador critica. Pero una sencillez despierta y abierta, precisamente porque lo poco que se sabe por la fe se enfrenta a una realidad muy compleja, donde la razón tiene la responsabilidad y la palabra.

¿Retorno al catecismo? Despacio. Volver al Catecismo desde una Teología, como quien trata de meter toda la Suma Teológica en el Astete, eso sí que es una simpleza. De hecho, a Miret le intrigaba ese mundo de los catecismos, objetos de colección, y alguna vez en su casa me mostró la suya muy notable, señalando algunas ejemplares realmente curiosos y raros (y me refiero a contenidos, no a las ediciones o rareza bibliográfica).

Sin emular ni de lejos toda una vida plena como la de Enrique Miret, por lo menos llegar a término con su lucidez, serenidad y equilibrio, lo más tarde posible: esa es la eutanasia que para mí deseo.

En paz descanses, amigo y hermano Enrique.

lunes, 12 de octubre de 2009

Programa doble: '¿Qué es la Verdad?'



El sábado por la noche, por pura casualidad, encendí el televisor justo a punto de comenzar una película que no conocía de nada. Rusa, con letreros en español, pronto advertí que era una obra nada vulgar.

La verdad, tenía ganas de ver cine. La misma tarde había ido a ver la recién estrenada Ágora, y tal vez por eso estaba dispuesto a encajar cualquier cosa aceptable. Y '12', gran película de Nikita Mijalkov, fue una compensación más que suficiente.

El cine es arte –al menos se le supone–, y en la apreciación estética lo último que cuenta es el precio. De todos modos, suelen llamarme la atención los buenos resultados artísticos conseguidos con parsimonia de medios materiales.

En este sentido, el cine-teatro de interior sale con ventaja, de modo que la tarea del director queda reducida a extraer de su equipo una obra de arte. Al revés que en las superproducciones, donde al rodaje se suele llegar con un trabajo excelente de documentalistas, diseñadores y técnicos, más la imposta musical, un guión depurado y un reparto de lujo, quedando todo ello a merced del director, para bien o para mal: para exprimir todo el jugo de una fruta en sazón, o para desgraciarla firmando una pomposa medianía, o un fracaso.

La obra del director ruso desafía otro riesgo, es un refrito rancio. O si la expresión parece grosera, es un cincuentenario, sí, el homenaje a un original en sus bodas de oro. Porque '12' (doce) es el número de los miembros de un jurado, los clásicos 'Twelve Angry Men'.

No es obra breve. De hecho, con sus 153 minutos, dura algo más que el filme de Amenábar. Con todo, y a pesar de lo avanzado de la hora, mi atención no decayó, tal vez porque el espectáculo de la tarde no me la cansó demasiado, como que me dio tiempo de dar algunas cabezadas. De principio a fin, todo en Ágora me pareció banal y soporífero. Hasta lo más ambicioso del filme, la encarecida perspectiva planetaria, se resuelve de modo trivial, ahora que todos en bata y zapatillas –aunque algunos todavía con un pálpito de admiración impenitente– es así como descendemos con Google desde las esferas armónicas a este suelo.

Mijalkov se permite el lujo de contar no una historia sino 12 historias más una, sin que le sobre ni le falte un minuto para hacerlo. La historia-pretexto es la de un joven checheno, acusado de apuñalar a muerte a su padrastro, un oficial ruso que le adoptó durante la guerra de independencia de Chechenia. Las otras historias son las de los jurados, relatos autobiográficos que van dando un vuelco a la inicial presunción de culpabilidad.

Como se ve, un encaje ajustado al modelo de Sidney Lumet. Ni siquiera se ha planteado turbar la cosmovisión exclusivamente masculina introduciendo a alguna dama 'jurada'. También el veredicto es el mismo, 'inocente', aunque el último de los jurados en intervenir (el propio director) aportará un punto de vista original y sorprendente. En el caso del joven checheno, la cárcel es más segura para él que la libertad. Y en la alternativa de dársela, como es de justicia, queda el deber moral de ayudarle a resolver su conflicto de forma correcta.

Con ritmo ágil, endiablado a ratos, con los respiros justos para dejar pensar, para dejar ver un álbum de instantáneas de la memoria. Los actores, estelares todos, 'actúan' en el pleno sentido del término, luciendo habilidades motrices. El acusado, el primero, en la danza chechena del puñal, ritualización de un estilo de vida. Y luego la actuación del jurado cirujano, blandiendo el mismo puñal con virtuosismo que parodia a la vez el de la danza y, humorísticamente, el del bisturí en el quirófano. Los actores actúan, con su punto de histrionismo, o no serían rusos. Pero todos cuentan, y no sobra nada.




Muy otro el espectáculo de la tarde. Si Amenábar quería contar una historia, parece que nada le ha faltado para hacerlo, salvo la propia historia. En la narrativa (lo mismo en novela que en teatro y cine), una historia no se suple con anécdotas, y menos con tesis, qué digo tesis, consignas, consejos y consejas. La narrativa 'histórica' tiene sus licencias, y a nadie le escandaliza que Hipatía salga a escena encarnada en una actriz joven y sin aquella voz hombruna de bajo, que al parecer llamaba la atención. Aun así, parece que el autor-director ha querido hacer constar que la película es de ficción. Asombroso. ¿A quién se lo cuenta? Porque mira por dónde, la impresión es la contraria: que Amenábar ha hecho un descubrimiento histórico trascendental, algo así como sorprender in fraganti la escena del Pecado Original de nuestra cultura.

Pero una cosa así, o es cierta y se cuenta como tal, o es gratuita y vana. A menos que sea lo que parece ser, otra cosa diferente: un personal ajuste de cuentas.

Muchas personas tienen, tenemos, la convicción de que la historia del Cristianismo no es ejemplar. Si algunos quieren hacer fama y dinero demostrándolo, reconozcan al menos que hay poco juego para lo originalidad; y luego pasen a la acción, demostrando ante todo que saben su oficio. Todo está permitido, salvo hacer trampas. Ahí está, por ejemplo, La Vida de Brian, parodia genial del 'Cristo de la Historia', y a la vez educada y respetuosa con el 'Cristo de la Fe'.

Educados nosotros en una cultura y fe concreta, podemos tener experiencias traumáticas con ella, y cualquiera tiene derecho a su ajuste de cuentas. ¿Que uno quiere hacer el suyo? ¿como escritor, como cineasta? Muy fácil: cuente su caso. Hágalo con realismo autobiográfico –como lo hacen 'los doce' del jurado–; o si prefiere, salga a escena personatus, larvatus, en parábola. Pero cuente su historia. Por ejemplo, la del joven Alejandro Amenábar en un colegio religioso. Sin peplo y coturno, sin colar como alejandrinas sus milongas amenabarinas.

Si aun así insiste en descubrirnos el Mediterráneo y el Faro de Alejandría que lo alumbró, no sea al menos tan elemental y tan tosco, como para un público infantil y de cortas luces. No basta con un 'power point' a todo lujo, mostrando la ubicación de dicho mar en el globo gugueliano, o la reconstrucción arqueológica exacta 3D de dicho faro, o unos maniquíes vestidos con trajes de museo. Que tampoco es eso. Porque para eso, mejor una serie a lo Yo Claudio. ¿Qué tal Yo Hipatía? (Mejor que Yo Ágora, o Agora yo.)

Si fuese posible comparar lo incomparable, cabría señalar cierta semejanza entre ambos directores, como signos de contradicción. Los dos son 'divinos', los dos reconocidos en su oficio y controvertidos en su ideología. Mijalkov es para muchos rusos una bestia negra, y su película una Apología de Putin (Zoya Svetova dixit, 0ctubre 2007).

Desde nuestras coordenadas, ciertos ruidos del tráfico ruso apenas se oyen, y nada nos estorban para meternos en la obra como un jurado más, mejor que como el soñoliento agente de la policía judicial. Pues bien, el comprometido y controvertido director ruso se atreve con un tema candente de actualidad nacional, como es el conflicto ruso-checheno, como pivote de un tiovivo de caracteres todos diferentes, uno por uno intentando dar, de una misma realidad, una versión necesariamente distinta, porque es la propia subjetividad de cada cual.

Con Amenábar, no sé si por demasiado próximo, creo que sobra ruido para pocas nueces. Por decirlo en una sola frase: la próxima (si ¡ay! hay próxima) intente algo como Golfus de Roma. Era más inteligente, más instructivo y nada aburrido.



miércoles, 7 de octubre de 2009

¡Pero si es muy fácil!



Todavía hay gente que cree que comer con palillos es casi imposible, o muy complicado. Los hay que ocultan su complejo de incapacidad diciendo que esas modas exóticas son extravagancia. Otros entran a los palillos, pero sólo para platos convencionales. Bueno, también para tocar el tambor; y si son pequeñitos y aguzados, como mondadientes.

Pamplinas. Con un par de palillos y entrenamiento se puede comer de todo. Y no sólo comer, sino pescar. Como en la foto. Tomada en el océano Índico, pero lo mismo podría verificarse frente a la costa vasca, capturando bonito del Norte, o incluso en aguas de Bermeo, beneficiando la trivial merluza. De igual modo que hay merluza de anzuelo, por qué no puede haber atún de palillos.

Por cierto, nuestras especies y variedades piscícolas de la CAV (Comunidad Autóctona Vasca) son incomparablemente las más sabrosas del mundo. En todo caso, son las que más nos gustan a los autóctonos. Y si nuestros arranchales se van al Cuerno (de África), a faenar en áreas remotas, infestadas de corsarios (que no piratas), no es por hacer de menos lo nuestro, sino porque en la variedad está el gasto.

El mar es una fuente de recursos inagotable. ¿Y cómo no ha de serlo, si cubre casi las cuatro quintas partes de la superficie de nuestro globo? Sí, nuestro, de todos. Es decir, de nadie; del primero que llegue y los ocupe. Dios ordenó a los peces: «Multiplicáos sin tasa, de modo que la mar esté siempre llena.» Lo dice el Génesis, capítulo primero, día quinto. La misma fecundidad atribuyó al ser humano, y para mantanella (y no emendalla), Dios le hizo dueño absoluto de la pesca y de la caza; ibíd., día sexto.

¿Algunas especies recomendadas en particular? Pues no. Moisés no era ictiólogo, y a ejemplo suyo los escritores bíblicos sólo saben decir pez, o su femenino peza (en hebreo, dag y dagah). Sólo si se trata de piezas muy grandes, entonces se llaman atunes (tannin en hebreo; pronúnciese con entonación de asombro mezclado de espanto).

Volviendo a los palillos. Si uno es tan decidido que quiere empezar a usarlos para tomar directamente atunes de la mar y llevárselos vivos a la boca, eso sí puede resultar algo difícil. Los peces, a favor de una secreción mucosa que descargan en caso de apuro, se deslizan coleando y saltan de nuevo al agua. Natural, es su elemento. De ahí el dicho: «como el pez en el agua». Por eso también el Talmud recomienda, después de comer pescado, beber agua (Moed Katan, 11a).

Es esencial que los palillos de pescar sean reciclables, para que si caen al agua no la contaminen. Con ellos entre los dedos de la mano, se aplicará la presión justa para retener al pez sin despanzurrarlo. Es lo que se llama sostenibilidad. Por debajo de la 'presión sostenible' no hay capturas; por encima de ella no hay pesca, y este cuento se ha acabado.

Que aproveche.

(Foto adaptada de © panda.org/tuna)


A ojo de pez

Yo era un atún que hambriento de sardina,
a tres nudos y medio de crucero,
surcaba mi nativo caladero,
al largo de la costa somalina.

Un extraño alakrán que allí trajina
(no sé si por deporte o por dinero),
me prende con sus artes de atunero
y corta en seco mi inquietud marina.


Mas hete que del índico horizonte
un barco emerge, al parecer pirata…
¿o es corsario? Da igual: es un secuestro.


En mi atunesca piel, humano, ponte:
un mero pez ser casus belli vuestro,
y todo por meterme en una lata.



lunes, 5 de octubre de 2009

El Ganso de Praga (y 4)




Aquel torneo académico de 1403 en la Universidad Carolina de Praga, entre maestros alemanes y checos sobre 'Wyclef sí / Wyclef no', nunca debió celebrarse, porque sin resolver nada enconó la hostilidad entre 'naciones'.

Ya vimos cómo la universidad de Praga, creada sobre la pauta de París y Bolonia, se dividía en cuatro naciones y votos: aquí, Bohemia más otras tres que votaban en bloque como una sola 'nación alemana'. ¿Cómo así, si la auténtica tradición parisina era que los naturales y súbditos del rey de Francia tuviesen tres votos, y las naciones extranjeras uno sólo entre todas? Aquella inversión y anomalía se debió, como vimos, al poco peso cultural de los checos, como también al carácter imperial y germánico de la Carolina. Y no sólo los votos, todas las ventajas habían ido quedando entre las uñas alemanas.

Claro que los votos eran para cuestiones académicas. Pero lo académico podía tener alcance político (como las propuestas de Wyclef), y de hecho las universidades eran referentes políticos, empezando por París. En una crisis sin precedente ni modelo, cuando la Iglesia no sabía quién era el verdadero papa, ni siquiera si lo había, o cómo salir del atolladero, los sabios de París hacían papel de oráculo. En 1408, para resolver el cisma, el viento francés soplaba en la dirección de la neutralidad entre los dos rivales, Benedicto XIII y Gregorio XII. Se prepara un concilio en Pisa (marzo 1409), y los reinos deben pronunciarse.

Al rey de Bohemia Wenceslao no le parece mal, y lo mismo a los checos, pero no a las otras 'naciones' universitarias ni al alto clero, todos alemanes o germanizados, obedientes al papa Gregorio. A todo esto, la Carolina está en su apogeo, con no menos de 30.000 estudiantes, 500 bachilleres, 200 doctores…

¿Cómo conseguir que la Universidad de Praga se declare neutral, con mayoría alemana? Cambiando el estatuto de votos. Se ha repetido mucho que fueron Hus y Jerónimo de Praga quienes indicaron al rey esta salida, aprovechando nueva elección de rector. Incluso se cree saber que Wenceslao se dejaba querer aceptando dádivas de ambos bandos: «Este Hus es la oca. Sí, la oca de los huevos de oro», dicen que dijo el ocurrente monarca. Como dicen también que, mientras se resolvía el pleito del rectorado, nombró rector al chef de la Real Cocina.

Para otros, la idea brotó de debajo de la corona. Wenceslao en sus momentos sobrios bien pudo descubrir por sí lo evidente. Aquel sistema no era fiable ni para su propia política nacional, reducida ya a conservar la corona de Bohemia. Da igual. Lo cierto es el real decreto de Kutna Hora (18 de enero 1409). En adelante, los cuatro votos universitarios se repartirían así: tres para la nación bohemia y uno solo para las otras tres germánicas (sajones, bavaros y polacos).

El decreto tuvo respuesta inmediata: la consabida protesta ante notario, y un mes más tarde asamblea de los alemanes que, «por razones de conciencia», acuerdan salir del país antes que aceptar el trágala. Hubo emigración en masa de estudiantes con sus profesores.

Así Hus fue rector por segunda vez, el primer rector de la universidad checa. Lo pagará en la hoguera.

¿Cuántos alemanes se fueron? Se barajan cifras sensatas, entre los 2.000 (Tritemio, Cocleo) y 5000 (Eneas Silvio), aunque otros exageran hasta 40.000 y más. Esto se explica porque la emigración no fue exclusivamente académica. La xenofobia de los radicales no perdonó a los nacionales tachados de tibios. Los bohemios, por su parte, dueños del terreno, mostraron proclividad a pelearse entre ellos y, por supuesto, con los moravos y demás checos. A esto se sumó la complicación del cisma. El mismo año 1409, el concilio de Pisa declaraba herejes a los dos papas y los deponía, para nombrar en 26 de junio a Alejandro V. Con lo que la Iglesia se hizo tricéfala.

Entre tanto, aquí y allá, se han registrado revueltas rurales. Por ejemplo, en Dithmarsch (provincia danesa de Holstein), los mal armados insurrectos de aquella peculiar 'república campesina libre' en 1404 derrotaron al ejército regular del condado. Tambien en Chequia eran de temer movimientos sociales, siempre animados por predicadores y curas, como los antiguos lolardos que se reclamaban de Wyclef. Era sólo el trueno avisador de lo que serían luego las terribles Guerras Husitas, cuya barbarie cargó injustamente sobre la memoria del predicador de Belén.

En Pisa el hombre fuerte era Baltasar Cossa, ´napolitano sin escrúpulos, del que se dijo y es creíble que envenenó a Alejandro para sucederle como Juan XXIII (mayo 1410). Por su parte, Segismundo fue elegido Rey de Romanos en lugar de su hermanastro Wenceslao, así como rey de Moravia. En su nuevo papel, decide acabar con el cisma, y de paso meter en cintura a los díscolos bohemios. Juan XXIII tampoco es santo de su devoción. Si lo que se lleva es el conciliarismo –el concilio general es una institución por encima del papa–, celébrese una asamblea definitiva en una ciudad germánica: Constanza. Así lo hace a regañadientes el papa de Pisa, como dejándose engañar por Segismundo, que con su autoridad imperial y diplomacia ha puesto a sus pies a la mayor parte de la cristiandad. A la orden imperial, en diciembre de 1413 Juan XXIII convoca concilio general para el año siguiente

La fuga germánica de Bohemia fue irreparable para el reino y desde luego para la Carolina, que entró en declive, mientras Alemania recuperaba cerebros, y ya el mismo año se fundaba la universidad de Leipzig. Los alemanes difundieron por Europa una opinión de Hus muy negativa. En cabeza de los emigrados estaba el último rector, el silesio Juan Hofmann, que luego fue obispo de Misnia (1413). Los dos rectores se verían de nuevo las caras en Constanza, donde Hofmann coreado por otros viejos colegas de Praga se despachó a su gusto contra el 'hereje'.



El Concilio de Constanza fue un evento que puso en el mapamundi a una ciudad provinciana. De aquella bonanza da una idea la cifra de huéspedes conciliares y asociados. Así (dejando por obvios a los cardenales, obispos, abades y clérigos), leemos en el registro de hostelería: «…72 banqueros y cambistas (campsores de florenis), 65 boticarios con sus mancebos, 336 barberos, 505 menestrales, 718 rameras, 27 embajadas de reyes, duques y condes…» El objetivo de la cita: resolver el cisma y reformar la Iglesia.

El emperador, a lo suyo, emplazó a Hus con garantía de salvoconducto. También Hus, como Juan XXIII, se dejó engañar a sabiendas. Tal vez estaba de Dios servirse de él, desconocido bachiller teólogo, para predicar la reforma a la asamblea.

Hus se presentó en Constanza el 3 de noviembre, y el 28 el Concilio decretaba su prisión, en ausencia de Segismundo, que no llegó hasta el 24 de diciembre, y no movió un dedo para hacer honor a la fe dada. El curso de los hechos hace pensar que todo lo tenía previsto, contra Hus como contra Juan XXIII. Y lo mismo que había hecho tiempo mientras prendían al checo, luego se irá de Constanza sin aguardar el desenlace.

El 6 de julio de 1415 Hus fue quemado vivo, en un momento excepcional de la Historia de la Iglesia. Depuesto Juan XXIII el 29 de mayo anterior por aquella asamblea de talante conciliarista, y tras la renuncia de Gregorio XII, no había más 'papa' que el español Pedro de Luna, el Benedicto que 'se mantuvo en sus XIII'. En tal coyuntura, la fogata de Hus, por muy hereje que fuese (lo que nunca se demostró), era un espectáculo gratuito, fuera de programa, y ya entonces para muchos un crimen de impulso político. Como para darles la razón, el año siguiente Jerónimo de Praga era puesto a disposición del Concilio para correr la misma suerte.

Tampoco puede interpretarse en clave de líder nacionalista. Otra cosa es que la muerte de Hus hizo vibrar la fibra nacionalista de sus seguidores bohemios, empezando por Jerónimo, que antes de ser quemado hizo profesión de chequismo. Pero tampoco como programa nacional, sino en el contexto de una querella académica; o sea, nacionalismo en sentido universitario. Con algún toque pintoresco, por cierto:



«Nadie me condena sino mis colegas bohemios, los bohemios germanos.

La razón de su odio es esta: Los checos son descendientes de los griegos; y así como hubo odio entre griegos y teutones, así siguió hasta que el reino vino a manos del emperador Carlos IV.

Este mismo Carlos, siendo rey de Bohemia, vio que era un país rico, no carente de alimento, oro o plata. Sólo estaba falto de gente educada, teniendo sus súbditos que salir del territorio para instruirse, a París y otros lugares, a conseguir el grado de maestro o doctor.

Por eso el señor don Carlos, deseoso de aumentar el reino de Bohemia y la ciudad de Praga, fundó y levantó allí una Universidad.

En ella, muchos alemanes se aseguraron prebendas y colegiaturas, dejando a los checos sin nada. Cuando un checo se graduaba de artes, si carecía de recursos tenía que ir a ciudades y villas a ganarse la vida enseñando en alguna escuela privada. Los alemanes tenían todo el control de la Universidad. de Praga y de todos sus beneficios. Tenían el sello de la fundación y todas las insignias.

Tenían así mismo tres votos en la Universidad, a saber, el bávaro y el sajón y más de la mitad del voto polaco, porque los silesios, incluidos en la nación polaca, eran todos alemanes, de modo que los verdaderos polacos eran minoría.

Los alemanes en la Universidad hacían cuanto querían. Los bohemios no pintaban nada...»




Hus se portó como un valiente, con dignidad pero sin arrogancia. Nadie pudo convencerle de que aquel concilio de reforma que le condenaba por reformador sin haberse juzgado y reformado a sí mismo era la verdadera Iglesia de Cristo. Marchó al suplicio invocando a Jesús, proclamando su inocencia y perdonando a sus enemigos. Según una leyenda hagiográfica, habría muerto cantando como el cisne, con una tonada en la boca a la Virgen María. Más aún, jugando con su propio nombre, Hus, leído en público con la sentencia, habría dicho con humor: «Asáis el ganso, pero el cisne no lo podíes asar». El cisne y el ganso eran él mismo, obviamente. Pero no era cosa de echar en saco roto, y aquella frase se tornó profecía: «Dentro de cien años cantará un cisne blanco que no podréis asar». Lutero pensará que iba por él y, en vena libre de metáfora aviar, esa fue la versión adoptada por el Ruiseñor de Wittemberg.

Los checos en general y los husitas en particular siempre han reclamado la rehabilitación del personaje. Juan Pablo II de visita a Praga tuvo una ocasión de oro. Sin embargo, esto es lo que de momento vino a decir: «De veras que lo siento. No se debió dar a este hombre un trato tan cruel». Sólo en vísperas del año 2000, en un Simposio internacional sobre Jan Hus en la Universidad Pontificia de Letrán, el mismo papa abrió vía a la rehabilitación plena, a la luz de una investigación histórica objetiva.

La verdad, eso de las rehabilitaciones no se le da muy bien a la Iglesia. Rehabilitar a Hus, a Galileo…, ¿cómo se come eso? Ya el propio Hus dijo de los papas que llamarles infalibles es blasfemo. Eso no era herejía entonces, porque la infalibilidad del Papa no fue dogma de fe hasta 1870.

¿Y de entonces acá? Yo no sé si un día las señoras podrán quedar medio preñadas. Lo que no puede ser ni hoy ni nunca es que los papas sean infalibles a tiempo parcial. Sobran por tanto las rehabilitaciones y las palinodias. Además, cuando condenaron a Hus no había oficialmente papa en la Iglesia.

La muerte de Hus y Jerónimo de Praga no sólo fue una salvajada y un crimen, peor que eso, fue un craso error de calculo político. Si alguien necesita de rehabilitación no son las víctimas, sino sus verdugos.