jueves, 24 de septiembre de 2009

El Ganso de Praga (3)



Con Carlos IV en Chequia ocurre un poco como aquí con Carlos V: hay que precisar, «Quinto de Alemania y Primero de España». También su Carlos es I de Bohemia y IV de Alemania. Más difícil todavía: el nombre de pila del bohemio era Wenceslao. El Carlos se lo pusieron en París, donde vivió desde los 7 a los 17 años (1323-1333) en la corte de su tío Carlos IV de Francia, su padrino de confirmación. Él mismo lo cuenta con estas palabras: «El rey de los franceses me hizo confirmar por el obispo y me puso su nombre equívoco, o sea Carlos». Equivocum(nomen): que suena igual, homónimo. Pero equívoco también porque no iba ni por el padre ni por el tío, sino por 'San' Carlomagno, el santo patrón del tronco imperial.

Todo esto lo cuenta él, ya digo, en su Autobiografía. Porque Carlos de Luxemburgo escribió una de las pocas que han quedado de aquella época, donde narra su juventud. Era por igual francés, alemán y bohemio, además de latino, y conocía de primera mano la cultura y lengua italiana. Pero a diferencia de su padre Juan el Ciego, que anduvo casi siempre de viaje y mirado en el país como 'advenedizo' (advena), Carlos se portó como uno más (ut alter Bohemus) y como rey fijó su corte en Praga (1347), donde le llamarán 'Padre de la Patria'. «Padre de los bohemios, que lo que es de los alemanes, padrastro», ironizará después otro emperador más 'alemán' que él, Maximiliano I.

En 1348 Carlos funda la Universidad de Praga –la Carolina–, hermanada con la de Oxford. No sé que horóscopos darían los inevitables astrólogos. Serían buenos, pues en aquel entonces nadie hacía nada con mala estrella, y menos una aventura como crear la primera universidad de Europa Central. Sin embargo, el momento no pudo ser peor, por culpa de unas pulgas saltarinas que, de rata en hombre y viceversa, como jinetes del Apocalipsis, sembraron la peste por todo el continente.

Pasada la Muerte Negra (1348-1351), el buen gobierno y la buena fortuna hacen próspera a Praga, y Carlos para repoblar su amada Carolina atrae a extranjeros que hacen de ella una de las mejores. La Carolina era ante todo un plantel de funcionarios para el reino y el Imperio. El arzobispo de Praga era canciller nato de la misma, mientras que el rector era electivo cada año (luego cada semestre), aunque el rey como patrono magnífico obviamente podía 'ayudar' en la elección.

Estudiantes y maestros (muchos universitarios eran ambas cosas a la vez), a la hora de votar se repartían entonces, como en París, por 'naciones', típicamente 4 (como los puntos cardinales): aquí se llamaban bávaros, bohemios, sajones y polacos.

Esto no debe engañar. Aquellas 'naciones' no eran etnias, ni entraban en la 'confusión de lenguas' –el idioma universitario oficial era el latín–, ni obedecían a los anacronismos pintorescos tan caros a la especulación nacionalista de todo pelo. Se parecían mucho más a partidos políticos o sindicatos, y eran grupos de presión política. De hecho, nación se aplicaba incluso a los gremios y categorías profesionales: la 'nación' de los herreros, comerciantes, etc.; 'la nación de los físicos', hoy 'la clase médica'.

Bien, ¿pero al menos había una nación bohemia, o checa, en la Universidad? Pues no. Una 'nación checa', de etnia eslava y lengua bohemia (o checa), era sencillamente inviable. La Bohemia de entonces era mayormente germánica o germanizada, empezando por la capital Praga. Con la 'nación polaca' en Praga sucedía lo mismo: casi toda formada por silesios, prusianos y pomeranios, es decir, alemanes, nada de polacos.

Así las cosas, en aquella sociedad contaba mucho la condición de 'natural' frente a 'extranjero'. Naturales (del reino) eran por igual los eslavos y los germanos súbditos de la corona bohemia, así como los judíos, que entre sí hablaban yiddish, y en el caso raro de que algunos estudiasen en la universidad entrarían en la nación bohemia. La cual en solitario se enfrentaba a las otras tres 'alemanas', no por la lengua o la etnia, sino porque siendo todas cuatro del Imperio Germánico, tres de ellas no eran del Reino Bohemio. Pero aun esta nación Bohemia tenía como lengua materna ampliamente mayoritaria el alemán.

En fin, la Universidad de Praga, que debutó con cuadros magistrales foráneos, seguía destacando sobre todo por el elemento 'alemán', extranjero, en la cantidad de alumnos y la calidad de profesores. Algunos dicen que, gracias al sistema de voto en bloque, los 'alemanes' siendo minoría numérica tenían fuera de juego a la gran mayoría eslava. Más cierto es que incluso en 1390-1408, en el apogeo de la Carolina que precedió a la ruptura y abandono masivo de extranjeros, la nacio Bohemica sumaba sólo un quinto de toda la población universitaria. Sólo en aquellos años empiezan a destacarse maestros checos en puestos de relieve. La situación no sería ideal, ni siquiera justa, pero no era en rigor antidemocrática, como a veces se lee.

Hago hincapié en todo esto, porque por ahí empezaron las tribulaciones de Hus.

En cualquier decisión de alcance general, el 3:1 alemán era una apisonadora harto molesta para cualquier checo ambicioso y de extracción social media o baja, o sea para la minoría que reflejaba al checo medio o típico, como Juan Hus. Era como si el buen rey Carlos hubiese creado su universidad de Bohemia para dársela a los alemanes. Por supuesto, había checos nobles y de la alta burguesía, como un Jerónimo de Praga que será amigo y discípulo de Hus; pero en general estaban germanizados, y los checos netos no pesaban nada en el sistema.

Hus era checo campesino, y su carrera de 'estudiante pobre' tuvo mérito, sin duda. También consta por su expediente que fue una medianía, a juicio de los profesores que le calificaron. Él lamentará sobre todo haber perdido de mozo tiempo y paciencia en partidas de ajedrez. Sin negarle sensibilidad hacia su lengua materna, que es la cosa más natural del mundo, o hacia la situación deprimida de muchos paisanos, como es propio de buen cristiano, nada de eso fue determinante para su destino fatal. La Gran Peste, el Gran Cisma, el Gran Otoño de la Edad Media: demasiado 'ruido' de fondo, para poder distinguir sutiles melodías nacionalistas que, desde luego, nadie de entonces, músico, danzante o mero espectador, se molestó en anotar.

En 1393 Hus obtiene su primer grado, bachiller en Artes, el siguiente, en Teología, y en 1396 es maestro en Artes. Todo con calificaciones medias, como queda dicho.

Por entonces llegan a sus manos escritos del inglés Wyclef. Lo más interesante era su referencia a un cristianismo primitivo según el Nuevo Testamento, una comunidad idealizada en su sencillez evangélica, muy ajena al tinglado y negocio de la Iglesia Romana. ¿Y qué, acaso el franciscanismo espiritual no iba también por ahí? Todo el mundo pedía reforma. La de Wyclef, con la Biblia como base, era radical, pero podía limitarse a sus aspectos prácticos, orillando los dogmáticos, que admitía lecturas diferentes. Tambien en el terreno filosófico tenía Wyclef su 'novedad', curiosamente por profesar un realismo rancio. En Praga eran 'modernos' y seguían el nominalismo. Cierto que el profesor ingles, ya fallecido, tuvo problemas con su Iglesia de Inglaterra y con el Estado, en especial por su presunta relación (nunca demostrada) con la agitación social y campesina de 1381 (los lolardos). Pero aquello parecía agua pasada y caía lejos.

¿Algo más? Sí; en la división de la cristiandad por efecto del cisma con dos papas, las naciones alemanas obedecían al papa de Roma frente al de Aviñón, mientras la nación bohemia, siguiendo la política del rey, se mantenía neutral.

En 1398 Hus obtiene plaza de profesor público en la Universidad. Como todo profesor, tiene que reclutar alumnos. La Carolina se pagaba de gran libertad docente, donde no asustan novedades. Su novedad será explicar a Wyclef. Y como cualquier profesor nuevo, se autopublicita organizando algún evento que llame la atención. En 1399 Hus defiende en disputa pública algunas tesis de Wyclef . Eran defensas académicas convencionales, donde un mismo disputador, en vena de virtuosismo dialéctico, podía salir airoso a favor de una tesis y luego en contra de ella. En aquellos torneos de lucimiento, con suerte se podía uno ganar admiradores, pero lo que sin falta ganaba era enemigos. A lo germánicos en particular les parece ridícula la nueva moda o manía de los checos por aquel inglés desconocido. Ellos también se interesan por Wyclef, y no como admiradores.

Ahí tocó techo académico el nuevo maestrillo. En Teología no pasó del bachillerato, y desde luego nunca lució el liripipio doctoral. Recibirse de doctor era un trámite caro para un clérigo pobre como el aspirante a predicador.

Lo que si junta en el curso siguiente (1400) son las condiciones académicas y económicas para ordenarse sacerdote. Recibir el sacramento, en teoría era gratis. Los extras de rigor, con ocasión de la ceremonia, se podía pagar de fiado obteniendo un beneficio, pues el obispo (o en su caso, el papa) se quedaba sin más con la anatala 'añada' o sueldo de la primera anualidad. En ese tiempo, el nuevo beneficiado se suponía vivir de algún otro beneficio anterior acumulado, de sus rentas, de algún empeño o préstamo judío, de sablazos a los amigos, de pan y queso traídos, como a san Antón en el yermo, por una corneja ladrona, o sencillamente del aire, como la beata Cristina de Stombel y otras beguinas. A veces los obispos se conformaban con media annata.
Tales exacciones fueron uno de los blancos de crítica para Wyclef.

La ordenación de Hus y su entrada plena en la vida pública coincide con una crisis en el Imperio, que también tiene su 'cisma', con dos y hasta tres Reyes de Romanos en pugna: Roberto de Baviera y los hermanastros Segismundo y Wenceslao, hijos de Carlos. La situación durará hasta 1411, en que se impone Segismundo como emperador.

Hus se ordena en edad algo tardía, aunque joven. Su primer empleo pastoral es como predicador en San Miguel, Esta iglesia, que existe aún renovada, estaba encastrada en la muralla sur de la Ciudad Vieja, cuyo bulevar era la actual calle Narodny. Como predicador, Hus es moralizante y más bien puritano. Enemigo declarado del baile. Su lenguaje es llano y directo, aunque sin las chocarrerías al uso entre predicadores populares. Lo que mejor se le da, predicar en checo, es viable desde 1391, cuando un grupo de clérigos y seglares ricos obtiene permiso para abrir el Belén, una hermosa capilla (no iglesia) capaz hasta para 3.000 oyentes.

En 1401, octubre, Hus es decano de la Facultad de Artes. Llega a la sazón Jerónimo de Praga, de vuelta de sus estudios en Oxford, entusiasmado con los escritos de Wyclef, algunos desconocidos en Bohemia. Pero también llegan noticias de otro signo: El nuevo rey de Inglaterra Enrique IV, movido por el arzobispo de Cantorbery Tomás de Arundel, viejo enemigo de Wyclef, ha desempolvado la vieja ley De quemar herejes, y hay cacería de lolardos y wiclefitas en aquel reino.

Wyclef es cada vez más bandera de guerra. Hus se presenta candidato a rector y lo consigue en 1402. Le ha apoyado el arzobispo canciller Sbinjek (Sbynko), que le aprecia como sacerdote y le nombra predicador sinodal, como también capellán de Belén, para que pueda lucir su oratoria también en checo. Sus sermones llenan la capilla de bote en bote. Incluso gente de posición llena la tribuna de respeto, y hasta la reina Sofía, mujer de Wenceslao, le oye con gusto.

Pero entre aquel público embelesado hay sujetos que siguen los sermones con atención especial, el ceño fruncido, tomando notas. Son espías de los alemanes, que no pierden palabra del rector para denunciarle cuando llegue el momento.

Una primera ocasión se presenta en 1403, cuando el rey Wenceslao, en conflicto con Roberto de Baviera por el Imperio, ve que el papa Bonifacio IX (1389-1404) le retira el apoyo que antes le prometió. Los maestros alemanes, partidarios tanto del papa de Roma como de Roberto, promueven una disputa pública sobre Wyclef. Uno de ellos, Hübner aparece con una lista de 24 proposiciones condenadas 20 años antes en Oxford, todas sacadas de los escritos de Wyclef. Pero eso no era todo. El propio Hübner llevaba una segunda lista con otros 21 errores detectados por él mismo. En realidad, cualquiera con algo de aplicación podía ir completando la cosecha, porque el maestro inglés era una mina.
El rector Hus tomó la palabra. También él había leído a Wyclef, y aunque no era adepto suyo, tenía la obligación moral de defenderle porque se le imputaban cosas que nunca dijo. Llegados a la votación, el claustro de Praga por la mayoría habitual de 3:1 condenó los 45 errores. Malo para el rector. Nunca es bueno conocer a un hereje, si el resultado es limpiarle de su herejía. Los de Oxford, por su parte, tomaron buena nota del éxito de Hübher. En 1411 ellos a su vez juntarán hasta 267 proposiciones de Wyclef censurables.


Tras la disputa académica, llega bula del nuevo papa Inocencio VII (1404-1406), instada por el arzobispo de Praga, prohibiendo enseñar los 45 puntos wyclefitas. La respuesta del partido bohemio, por boca del rector Hus, fue protestar vivamente contra aquel «atentado a la libertad de expresión universitaria». Un argumento que en nuestros días tiene alguna resonancia aquí, en el País Vasco. Una resonancia basta estridente, a fecha de hoy.

En todo caso, el pronunciamiento de Hus le enajenó el apoyo del arzobispo y dejó abierta en la Universidad una brecha que dividió a toda la ciudad y al país entero. Nos queda por ver cómo nuestro hombre, tan sincero como falto de tacto, convertido, más que en líder, en mascarón de proa de un barco a la deriva en la mar turbulenta, ganará una victoria pírrica que en breve tiempo acabará con él. Veremos también cómo se fabrica un mártir de la forma más inicua y al mismo tiempo más estúpida, como vino a demostrar la Historia.



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