viernes, 18 de septiembre de 2009

El Ganso de Praga (1)




'Ganso' en bohemio se dice hus, con esa h/g peculiar, como en Praha, Praga. El más célebre de todos los ciudadanos de Praga, o al menos de todos sus herejes, es Jan Hus, Juan Ganso. No sabemos si de apellido o por mote, pues su patria chica en el sur de bohemia se llamaba y se sigue llamando Husinec, algo así como Villagansa o Villaoca. Jan Hus fue siempre 'el Ganso', para amigos y enemigos; y sus teorías, para estos últimos, solemnes gansadas. Sin entrar en ello, es a este Hus al que busco en Praga.

Buscar a Hus en Praga es topar con el nacionalismo checo. Es algo que lo percibe cualquiera, aunque mucho más quien llega de un país como esta Vasconia Meridional, impregnada de nacionalismo militante.
Juan Hus es allí ante todo una propiedad estatal, el padre fundador de la patria y a la vez su santo patrón laico, con la fecha de su tránsito como fiesta de guardar.
Vemos al personaje falsificado en un monumento huero, donde se yergue con arrogancia que nunca tuvo en vida, con un perfil que a ráfagas me recuerda a Cherkasov encarnando a Iván el Terrible en el filme de Eisenstein (1944). Me refiero, por supuesto, a la fantasía en bronce del nacionalista L. Saloun, inaugurada en la Plaza de la Ciudad Vieja el 6 de julio de 1915, aniversario del 'martirio' de Hus, con notable retraso, pues la primera piedra llevaba puesta allí mismo 12 años y un día (el 5 de julio 1905). Monumento pagado por rigurosa suscripción popular.

¿Por qué aquí? Claro, es la Plaza Mayor; pero sobre todo, es la plaza donde en 1622 fue descabezada (literalmente) la revuelta de nobles protestantes, al recaer la corona de Bohemia en el ultra católico Fernando II de Habsburgo, hechura de los jesuitas y contrarreformista a macha martillo. Un florido 28 de mayo de 1618, como ya vimos, los rebeldes defenestran a los consejeros imperiales. Con lo cual, sin saberlo, inauguraban una guerra que ni ellos ni nadie imaginaban que iba a durar 30 años largos y terribles. Una guerra que, al parecer, tampoco nadie quería, regida Europa por gobernantes pacíficos y diplomáticos. De hecho, prendió localizada y se propagó perezosa. Pero ¡ya, ya! La mar era de fondo, y lo que los nacionalistas checos tiraron por la ventana fue una paz sujeta con parches y alfileres. Por cierto, no fue ninguna ocurrencia sobre la marcha. Tirar por la ventana era una forma tradicional de justicia popular en Bohemia, y concretamente en Praga ya se habían 'celebrado' defenestraciones otras veces.

La Guerra de los Treinta años, para los patriotas checos duró bastante menos. Tras un comienzo prometedor, el 8 de noviembre de 1620, Fernando II ya emperador les derrotó por completo en la Montaña Blanca, imponiendo el catolicismo y la cultura germánica. Era el año del Mayflower con los peregrinos puritanos ingleses rumbo a Norteamérica. El año de la Contrarreforma y recatolización forzosa para los protestantes bohemios. Bueno, no para todos. Unos guardaron sus convicciones en sus conciencias. Y de aquellos líderes del tumulto, ya hemos dicho que perdieron la cabeza en esta plaza, en 1621. Desde entonces, se comenta, todos los aniversarios por la noche, aquellos caballeros, o mejor dicho, sus sombras, se dan cita en el lugar, dirigiéndose en marcha silenciosa a la vecina catedral de la Virgen María en Tyn, donde oyen misa y sermón en checo, comulgando de rodillas bajo las dos especies de pan y de vino. Lo cual quiere decir que dichos caballeros, o sus sombras, llevan todos la cabeza sobre los hombros. Luego desaparecen hasta el año siguiente. Kafka tuvo necesariamente que verlos de niño, pues su cuarto de dormir daba a la calle Celetna, mirando al templo.

Pero yo había venido buscando a Hus. En Praga es facilísimo distraerse, como es fácil también engañarse. Por ejemplo, entras en la 'Casa de Hus' y luego te enteras de que ha sido (re)construida a mediados del siglo XX. O bien, preguntas por un tal Hus hereje y te indican el monumento de un patriota del mismo nombre.

En la ciudad de Constanza no ocurren esas cosas. Constanza es la ciudad alemana en el alto Rin, donde un Concilio hizo quemar al hereje Hus, arrojando sus cenizas al río. Hace muchos años, no recuerdo cuántos, busqué a Hus en Constanza y no hubo dudas.   La 'casa de Hus' es la casa de Hus, la misma donde residió en libertad vigilada, antes de caer definitivamente en el garlito conciliar. Parece moderna, y lo es; pero es lo que ocurre con casi todas las casas corrientes del siglo XIV, que si no han desaparecido se han tenido que remozar.


Del mismo modo, la plazuela o glorieta de Hus corresponde al lugar exacto de su suplicio, con la aproximación exigible dentro de las mudanzas urbanísticas desde 1415, pero en todo caso, con la garantía de una inscripción moderna y un peñasco en bruto colocado allí, sobre césped y flores cultivadas, descendientes de otras que ya existían en tiempos de Hus, aunque las variedades han cambiado.

Todo auténtico, no como en Praga. Tanto así, que ese mismo punto visitado por mí en Constanza como curioso particular, un siglo antes, en 1868, había sido la meca de una 'peregrinación nacional' checa de varios centenares de patriotas, entre ellos el compositor Smetana y su libretista K. Sabina. «Sí, señor, una peregrinación nacional checa. Lo recuerdo como si fuese ayer. Ya entonces Francisco José I de Habsburgo-Lorena era Emperador de Austria, Rey Apostólico de Hungría y Rey de Bohemia, etc. etc.», añadía el viejo de turno, antes de ir muriendo uno a uno, casi todos ellos antes que el tirano opresor de los checos y demás pueblos o naciones naturalmente libres.

Vaya, otra distracción mía. Vuelvo al hereje.
 Para mi caza particular de herejes utilizo un sabueso infalible. El padre dominico Francisco Van-Ranst escribió en latín una Historia de los herejes y las herejías, obra al alcance de todo el mundo, gracias a Google, en la misma edición que yo uso (Venecia, 1750, 468 págs. en 8º)

A todo esto, veo que se hace tarde. Mejor si lo dejamos para mañana, y así quien le interese tiene tiempo para bajarse el Van-Ranst con todos sus diablos y heresiarcas clasificados por orden de siglos. No tengan miedo, con el padre Ranst no corremos ningún peligro. Aquí cada hereje lleva su correctivo según la verdadera doctrina de la Iglesia. ¿Qué digo, la Iglesia? Muchísimo mejor, y más seguro: según los dogmas y doctrinas de santo Tomás de Aquino, que vale por todos los Padres, Papas y Concilios juntos.

Hasta mañana, si Dios quiere.

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