martes, 24 de marzo de 2009

«Habrá que cambiarlo…»


En la Pedagogía clásica, el libro de texto escolar era la quintaesencia de lo que se daba por cierto y comprobado. Como el catecismo. No eran lugares de acogida para las quaestiones disputatae. Tampoco para 'novedades' –término que siempre llevó a cuestas un remoquete desconfiado, peyorativo–.

Sólo en algunos atascos de la Ciencia, la duda generalizada llegaba al escolar a través del libro de texto. Por ejemplo: «Combustión. En la actualidad, los sabios discuten si en ella interviene un principio o substancia llamada flogisto.» Era el máximo permisible.

La aceleración del descubrimiento científico no violó, en principio, ese compromiso con la honestidad informativa de cara al niño, especialmente en la selección y exposición de los 'rudimentos', o dicho con más finura, 'elementos' (στοιχεα) de conocimiento útil y culto; de ahí lo de 'enseñanza elemental'.
Eso no va con nosotros. En Euskadi, un 'descubrimiento' importante, qué digo, 'revolucionario', entra en los manuales escolares con más prisa que la que se da la ciencia para desmentirlo.
En efecto, dos años y pico han mediado entre el anuncio de la glíptica veleyana y su rechazo oficial por fraudulenta. Demasiado tiempo, en opinión de muchos, para lo que desde el principio se reveló un camelo, se mire por donde se mire. Pero aun así, un intervalo insignificante, para lo que suelen tardar en decantarse las nuevas 'verdades' llamadas a integrarse en el bagaje de la instrucción primaria.
Pues bien, todavía está el país que no sale de su sonrojo por el escándalo de Iruña-Veleia, y he aquí que unos particulares descubren estupefactos que la gran mentira ya está en letras de molde (¿con ilustraciones, tal vez?) en manuales de enseñanza escolar.
El hecho ha sido denunciado el 23 de marzo por la Federación de la Enseñanza de Comisiones Obreras. Según los denunciantes, la referencia a Veleia recibió el plácet de los responsables de supervisar los textos de los libros el 14 de febrero del pasado año, es decir un mes después de ponerse en marcha la comisión de expertos y cuando las sospechas sobre la falsedad de las inscripciones de temática cristiana y sobre las primeras palabras del euskera eran 'vox populi' desde hacía más de doce meses.
«Los responsables»; sí, pero ¿cuáles? «La Dirección de Innovación Educativa y los Berritzegunes.» Los berritzegunes (centros de innovación) son fáciles de localizar en el mapa. Menos fácil es determinar en qué proporción combinan tecnología y pedagogía con adoctrinamiento. Es un caso más de la afición nacionalista por la jerigonza organizativa a su aire. Habría que ver a título de qué esos centros ejercen control sobre los contenidos de la enseñanza escolar. En este caso, sería ingenuo preguntarse por qué ese afán de poner 'a la última' los libros que ha de manejar la infancia vasca. Todo vale, si es para hacer patria.
«El libro –de la editorial Anaya y, en concreto, de su sello Haritza, especializado en la elaboración de materiales educativos en euskera– sirve de texto para el estudio del área denominado Ingurunea (Conocimiento del Medio). En su página 82 hay un capítulo dedicado al tratamiento de la información y a la tecnología digital en el que textualmente se dice (traducido al castellano): "Aquí también, en nuestro pueblo, se utilizan diferentes materiales para escribir... Las primeras palabras se escribieron en piedra... En Iruña-Veleia, a 10 kilómetros de Gasteiz, se han encontrado palabras en euskera. Están escritas en letra mayúscula como 'JAN, LO, EDAN, ZURI, GORRI, URDIN'..."».
COMER, DORMIR, BEBER; BLANCO, ROJO, AZUL… No se olvide que estos 'hallazgos' tuvieron lugar –siempre según la fantasía del arqueólogo en jefe– en un paedagogium, una especie de ikastola, o tal vez un berritzegune, que por lo visto funcionaba allí, ya en el siglo III-V, dirigido nada menos que por un maestro de importación. Egipcio, por más señas.
Formulada la denuncia de lo que es, más que un error, un atropello sin paliativo, un portavoz del consejero de Educación en funciones, Tontxu Campos (EA), se limitó a señalar que «habrá que cambiarlo». Elocuente laconismo. «Habrá que» (¡?) ¿Quién, cuándo, cómo? ¿Responsabilidades?... ¡Pues y lo de «cambiarlo». ¿Cambiarlo por qué? ¿Cómo se 'cambia' una mentira?
Claro que si sólo se tratara de esta única mentira, tal vez el 'cambio' ocuparía poco espacio. Pero, ¿y de Geografía, de Historia, cómo están los libros escolares?
Con estos misioneros de la construcción nacional, ni la tabla de sumar está a salvo.

3 comentarios:

  1. el medico de rubalcaba25 de marzo de 2009, 20:42

    ya lo dijo un parlamentario vasco:"En el País Vasco la historia es impredecible".

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  2. Nueva Matemática Nacionalista (NMN): 2+2=pnv

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  3. HERR DOKTOR, LUIGI: SOBRE ESTOS TEMAS, SUGIERO QUE ELEVEMOS UNA CONSULTA EN EL BERRINTXEGUNE MÁS PRÓXIMO.

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