lunes, 16 de marzo de 2009

BROCARDOS


De mi somero barnizado jurídico, me queda sobre todo una pequeña colección de brocardos de aplicación general. Ayer mismo, chez Santiago González, a propósito de un documento supuestamente demostrativo de filonazismo en la cúpula jeltzale, allá por los años 40 del siglo pasado, me acordaba del brocárdico, distingue tempora et concordabis iura («distingue tiempos y concordarás leyes»), fundamental en el caótico derecho antiguo, y casi olvidado por superfluo en nuestro tiempo de claridad jurídica deslumbrante.

Ante todo, no estaría de más decir qué es eso de brocárdico y brocardo.

Un barbarismo, deformación de Burcardo de Worms, decretista de los años 1000. El sabio era una mina de máximas jurídicas de alcance, a las que sin querer dio nombre. También lo dio a una de las formas del silogismo "de la tercera figura" (Darapti, Disamis, Datisi, Bocardo, Ferisson)


Esto de los brocardos como recurso argumental ha tenido sus más y sus menos. El que fue profesor mío, fallecido hace ya una partida de años, casi centenario, y muy brocardesco él mismo, nos solía decir que los brocardos eran armas de dos filos, comprándolas otras veces a pelotas rebotantes. Pelotas de doble filo, si fundimos ambas metáforas.


El abuso del brocardismo en la Baja Edad Medio trajo su descrédito, que todavía duraba en la Ilustración. La diatriba entre Leibnitz y Kestner (hacia 1710) volvió a resucitar el tema, con dictamen a favor, sí, pero "siempre que", como debe ser en cosas del Derecho. Un brocardo bien traído puede ser apodíctico. Por ejemplo, quien no parece perece. En boca de mi admirado Garibay va a misa. En boca de otros, es un refrán como cualquiera, quien fue a Sevilla perdió su silla, ¿notan qué diferencia?


Con el mismo aplomo garibayesco quisiera traer yo mi brocardo de hoy: Qui abutitur [iure suo], privari meretur. «El que abusa [de su derecho] merece que se le quite.» Este es de los buenos. Hasta santo Tomás de Aquino lo aplicó a la humanidad entera, que por abusona cayó en desgracia de Dios.


Volviendo a Leibnitz, conviene recordar el contexto de la cuestión: la situación caótica del derecho en aquella Alemania dividida y subdividida. Triste ejemplo, que tanto debería preocupar a quien le interese el porvenir de nuestra "España de las Autonomías", con eventual retorno a los reinos de taifas.


Entre nuestros caudillos de taifa, sobresale hoy como el más afortunado y carismático – también el más audaz– Ibarretxe. Este hombre ha tenido hace muy poco tiempo la oportunidad rarísima de entrar en la Historia como el partero de una nación. Él mismo ha sufrido una metamorfosis estupenda, que todavía en este momento puede consumarse, o más probablemente abortar. Tomando por vía de ilustración el modelo de los insectos holometábolos, vendría a ser algo así:


De una primera fase larvaria como vicelendacari, bien alimentado del árbol de Arzalluz, se tranformó en lendacari de partido, como lo fueran los anteriores. Una vez en ello, el propio Ibarretxe crecido se metamorfoseó en el Moisés vasco, predestinado a sacar a las tribus del cautiverio y, refundidas en pueblo, guiarlas a su destino. Un nuevo mandato habría traído para él la transformación definitiva en el eusko Josué, conquistador de la Tierra Prometida.


Efectivamente, Ibarretxe ha vuelto a revalidar su carrera y su caudillismo. «El ganador soy yo», proclama con verdad y con razón; «el otro ha perdido». Pero he aquí que el perdedor, en virtud de las reglas del juego, está en vías de desbancarle, de erigirle tal vez un mausoleo político.


Para entenderlo conviene retomar la parábola entomológica. La metamorfosis definitiva de insectos es un fenómeno que se dispara cuando la hormona juvenil (ecdisona) se bloquea o reduce. Normalmente eso ocurre con la madurez sexual. Si se adelanta el proceso, el cambio se da igualmente, pero el insecto queda estéril. Es un modo de combatir plagas, sustituyendo larvas devoradoras por adultos sobrios que pronto desaparecen sin dejar descendencia.


Pues lo mismo aquí. Cuando todo parecía ir rodado, con la larva Ibarretxe/Moisés lista para otra muda y legislatura suficiente para madurar y pasar a imago Juanjo /Josué, va y se cruza Doña Aritmética, y como en las modernas plagas de Egipto, manipula el proceso, dejando al candidato nacionalista hecho una pupa sin futuro.


Ibarretxe no es de los que cejan. Y menos ahora, que ha ganado. Se lo decía su hija, la noche de la victoria: «Aita, la gente te quiere». (¡Ay, estas hijas de los jefes de gobierno, sibilas de sus papis! Como la hijita de Zapatero, cuando en pregunta socrática le mostraba magistralmente lo que distingua a las gentes de derecha y de izquierda.). ¿Qué camino tomar? Ante todo, interpretar lo sucedido.


Manipulación. El nacionalismo no habla de otra cosa: 100.000 votos sustraídos al frente abertzale.


–«Que no son tantos», replica Doña Aritmética, antes de reintegrarse a las páginas de la Margarita philosophica de Reisch. «Hay bastante redondeo por arriba. Y desde luego, muchos menos votos que los 200.000 hurtados a la diáspora vasca por el terror y la discriminación.»


En todo caso, la exclusión de aquellos votos se ha hecho en aplicación del brocardo procesal de marras. Un partido político ha abusado, y justamente se le ha privado del derecho a ser votado.


Pero… los caminos de Euskadi no son los de Madrid, dicho sea en brocárdico. El nacionalismo tiende a crear y creerse su propia legitimidad, su propio derecho. Se acata, pero no se cumple, reza un brocárdico vasco de pura cepa. Al propio Ibarretxe su brocardismo le ha sentado ante la Justicia, sin que él se sienta para nada deslegitimado. «Dialogaré hasta el amanecer», brocardiza.


Fiado en su propia legitimidad, el partido-guía se prepara ahora para seguir sirviendo a su patria y gobernando desde la oposición. Lo que este último brocardo quiera decir, pronto se verá. Fair play, desde luego no va a ser; no en esta galaxia. Aquí fair game, y gracias.


El contrincante candidato y probable lendacari ha prometido reformar el Estatuto. Mejorándolo, se supone. Pues si ha de ser así, mejor si se anda con el brocárdico del principio siempre cargado encima de la mesa. Ya se ha abusado bastante en cuanto a banderas, lenguas y mucho más. Sólo faltaría ahora la fronda contra el propio Gobierno Vasco desde diputaciones y ayuntamientos, desde la maquinaria toda de la administración, en sabotaje patriótico.


El que abusa, es traidor. Y como tal, merece ser privado de sus brocardos más sabrosos y suculentos.



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